PODCAST

10 programas de VIAJEROS DE LA NOCHE

Así, paso a paso, se van construyendo algunas cosas. Sólo llevamos diez programas, pero estamos bien orgullosos de ellos. Otros podcast no hacen ni siete en tres años, y nosotros nos acercamos a la docena en seis meses.

Y creo que cada vez lo hacemos mejor, nos sentimos más sueltos y vamos mostrándonos más como somos, por mucho que JJ tenga ya mucha experiencia con La fosa del rancor, y que Carlos sea cualquier cosa menos un neófito en este tipo de lances, porque lo cierto es que hacer un programa de radio es cualquier cosa menos sencilla, hay que aprender y desarrollar muy bien los trucos del oficio, leer intuitivamente los tiempos de los otros y sacar lo mejor de uno mismo. Y eso no se hace en uno o dos programas (tampoco, me temo, en una sola temporada), pero creo que esta primera tanda de episodios nos está quedando cada vez mejor, y los oyentes están respondiendo.

Así que yo creo que con 10 programas ya podemos hacer una recapitulación para que nadie se quede sin escuchar ninguno. Aquí van, tanto en Ivoox, la web que aloja el programa, como en Spotify, donde también se puede descargar y escuchar con mayor facilidad:

Capítulo primero: presentándonos y haciendo un repaso de lo que fue nuestro año 2021

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Capítulo segundo: sobre las muuuchas películas de Marvel (nuestro programa más largo)

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Capítulo tercero: sobre Terminator y otras máquinas demasiado humanas

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Capítulo cuarto: sobre Vampiros varios, principalmente Drácula, pero no el único

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Capítulo quinto: sobre viajar al fin del universo y mucho más allá

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Capítulo sexto: sobre qué diablos es eso que llaman Literatura

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Capítulo séptimo: homenajeando a ese actor infravalorado llamado Bruce Willis

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Capítulo ocho: debatiendo de lo mejor manera posible sobre la trilogía original de Star Wars

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Capítulo nueve: sobre las aventuras gráficas y muy concretamente sobre la saga Monkey Island

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Capítulo diez: discutiendo malamente sobre la trilogía de precuelas de Star Wars (y haciendo que mis amigos caigan al lado oscuro…)

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Y bueno, ya los siguientes recopilatorios los iré haciendo cuando llevemos 50, 100 ó 1000 programas, que quizá algún día lleguemos, si la salud y las energías lo permiten, y si seguimos siendo buenos amigos por entonces…

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ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA

No hay tantas películas ni tantas obras literarias geniales

Escuchando o leyendo a algunos, desde luego lo parece: que estamos en una época gloriosa, en la que se suceden sin cesar obras geniales, excepcionales diríase, que una y otra vez revolucionan la Literatura y el Cine, en una danza incesante de grandes genios y monstruos poéticos. Basta que un tipo, o tipa, haga un par de películas que llamen la atención y que consigan un buen número de seguidores (y no me refiero a las redes, aunque también) o que un escritor o escritora consiga un par de éxitos editoriales, para que la palabra genio comience a bailar en la punta de la lengua de muchos en Twitter y en páginas web y en periódicos de la mayoría de idiomas y países. Es algo asombroso. Llega un festival de cine, o llega la Feria del Libro, y todo el mundo se agolpa y se emociona y clama a los cuatro vientos la venida de los héroes literarios y cinematográficos, de unos individuos e individuas que van a pasar a la historia. Más que asombroso yo diría pasmoso.

Sólo que no lo es.

No estamos, precisamente, en un momento álgido en lo que a genialidades cinematográficas o literarias se refiere, por mucho que seamos testigos de la emoción de tantos, si bien algunas cosas interesantes y quizá prometedoras (de esas que quizá sigan viéndose o leyéndose dentro de doscientos o trescientos años) aún tienen lugar. Es cuestión, supongo, de la exigencia de cada uno. La mía es altísima, como creo que debe ser con estas cosas, y la de muchos que incluso viven de escribir acerca de lo que ven o leen, me temo que es bastante baja, por no decir paupérrima. Por qué es así supongo que es cuestión suya, pero lo es. De este modo, cada vez que tiene lugar un festival de cine, o cada vez que un autor «prestigioso» presenta una nueva novela o un libro de relatos se supone que estamos ante un acontecimiento Literario o Cinematográfico de primer orden. Y yo era otro de los que pensaba así… cuando tenía diecisiete o dieciocho años. Ahora tengo los pies en el suelo.

Recuerdo que cierto día, hace ya quizá dos décadas, me puse a revisar todas las ganadoras al Óscar a la mejor película, en sentido ascendente, hasta llegar al ‘The Godfather’: ‘The Apartment’, ‘West Side Story’, ‘Lawrence of Arabia’, ‘Tom Jones’, ‘My Fair Lady’, ‘The Sound of Music’, ‘A Man for All Seasons’, ‘In the Heat of the Night’, ‘Oliver’, ‘Midnight Cowboy’, ‘Patton’, ‘The French Connection’… eran pocas, o ninguna, la que podía rivalizar con lo obtenido por Coppola en el primer padrino (no digamos ya en el segundo…), así que seguí tirando hacia atrás, pero no solamente entre las ganadoras o las nominadas al Óscar a mejor película o mejor director, también las mejores de cada año de ese país, EEUU, y muchas de las que habían ganado la codiciada Palma de Oro en Europa, y casi ninguna estaba a ese nivel, por no decir ninguna: ningún drama, o tragedia, o película histórica llegaba a las complejidades narrativas, a la inmensa influencia e importancia, a aglutinar tantos avances (si avances se les puede llamar) técnico-narrativos como el filme de Coppola. Y si miramos hacia adelante casi lo mismo.

Es un concepto clave: pon un modelo realmente válido en un soporte narrativo, este caso el cine, y luego mira hacia los dos lados, alrededor de ese modelo, a ver si algo se le acerca. Pero no hablamos de gustos, cuidado: hablamos de hechos. Coges la trilogía ‘The Godfather’, ‘The Conversation’ y ‘Apocalypse Now’ y no tienes nada que pueda situarse al mismo nivel, y las obras supuestamente «geniales» se evaporan como el humo… y del mismo modo que pasa con el Cine, pasa con la Literatura.

Tantos supuestos especialistas, intérpretes y críticos discutiendo sobre un montón de obras alemanas, británicas, italianas, estadounidenses… sobre todo estadounidenses, y sin embargo si cogemos el modelo de los modelos, ‘El Quijote’, tantos escritores supuestamente geniales se derriten como un azucarillo. ‘El Quijote’, el libro de libros, ese que tantos creen que se trata de una simple parodia del género caballeresco (del mismo modo que tantos piensan que ‘The Godfather’ es simplemente una película sobre la mafia siciliana) ese que muchos han leído pero no han sabido encontrar su verdadera esencia. Esto es una obra verdaderamente original, y si por definición esto lo es, muchas dejan de serlo. Algunas obras maestras (me refiero a Faulkner, a McCarthy, a Torrente Ballester, a Mann, a Hesse, a Dostoyevski…) en su lucha por intentar al menos sobrevivir frente a la monstruosidad de novela de Cervantes, consiguen ser realmente grandiosas… pero siempre mirándose en la sombra del genio de Cervantes, que los sobrepasa a todos.

Si se conoce el genio de Cervantes, sus tres novelas mayores, sus novelas breves, su teatro, su poesía, se le deja de prestar atención a tanto supuesto gran escritor actual, a tanto supuesto genio, porque te das cuenta de que estás perdiendo el tiempo. E, insisto, basta con coger un modelo, y quedarte con él. Yo recomendaría (aunque recomendar va en contrar de mis principios, por norma general), que se coja un buen modelo, porque esa va a ser la piedra catedralicia sobre la que sostener tu discurso, pero luego cada uno que haga lo que quiera. En mi caso, en Cine estadounidense tengo como modelo a F.F. Coppola, en europeo a Antonioni, Buñuel, Tarkovski, Bergman y Bresson, y en Literatura tengo a Cervantes. Y tengo a estos porque sé que son caballos ganadores, porque no me va a hacer falta cambiar de modelo. Está bien escogido y me va a servir para poder sobrevolar entre obras mediocres que por lo visto son portentosas a pesar de que hablan de lo mismo de siempre sin innovar en nada. Porque hay que ver cuántas obras portentosas se estrenan o se publican al año… pero de qué pocas nos acordamos pasados cinco o seis.

Pongan un modelo en su vida (o varios) y no dejen que les sigan insistiendo en tanta película y novela genial…que será justamente olvidada antes de que sus autores quieran darse cuenta.

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CINE, PODCAST

Viajeros de la noche – Capítulo décimo: Airada discusión sobre la trilogía de precuelas de Star Wars

O eso pretendía yo, que fuera airada, como buen sith polemizador que soy, pero como Carlos y Juanjo llevan un tiempo aprendiendo el camino de los Jedi a soportarme, podemos decir que nuestra amistad sigue en pie… y lo más importante: el programa también. Así que nos hemos entretenido un buen rato a hablar de las trilogía de precuelas de ‘Star Wars’, que tanto dio que hablar hace ya la friolera de dos décadas (qué viejo me siento de pronto, joder…), y por un buen rato quiero decir tres horas (a hora por título tampoco es tanto), y además hemos introducido algunos efectos de sonido y mucha música del nunca igualado John Williams, para hablar de esos tres títulos para mí absolutamente mediocres e innecesarios que fueron ‘La amenaza fantasma’ (‘The Phantom Menace’, 1999), ‘El ataque de los clones’ (‘Attack of the Clones’, 2002) y ‘La venganza de los Sith’ (‘Revenge of the Sith’, 2005), con los que Lucas cerraba, o eso creíamos, la tan famosa saga galáctica…

Y para qué decir que tanto Juanjo como Carlos piensan no solamente que no son esas tres películas mediocres que yo veo, sino altamente defendibles y disfrutables, por lo que el debate está servido, pero creemos que por una vez hemos podido demostrar que los debates sirven para algo más que para decir paridas, para enfrentamientos de patio de colegio y para ver quién mea más lejos. Nos hemos comportado como personas civilizadas y de paso he hecho feliz a mis dos amigos, que eso también es importante (…no tanto como el enorme favor que me deben ahora, que me voy a cobrar en programas mucho más interesantes… no lo diré muy alto) así que todos contentos y felices vamos a hablar de las fenomenales escenas de amor entre Padme y Anakin, de la fabulosa conversión de Anakin al lado oscuro, y sobre todo de lo bien que se lo pasó Ewan McGregor declamando según qué frases.

Animáos y dadle al click en ivoox, que es gratis y pasaréis un rato estupendo:

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O bien ponedlo en Spotify, que es igual de gratis e igual de disfrutable:

¡Y muchas gracias a todos por escucharnos y apoyarnos a seguir creciendo!

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ARTÍCULOS, CINE

Cannes no es la iglesia del cine

Cannes es el festival de cine más importante del mundo, eso nadie lo puede negar. Todo el mundo, cineastas y cronistas, se tiran de los pelos por estar ahí porque (en teoría) van los mejores artistas cinematográficos del mundo y porque (esto no es teoría) el famoseo y las estrellas mediáticas más deslumbrantes van a darse un garbeo por su alfombra roja luciendo sus mejores galas y sus joyas más caras. La Palma de Oro es el premio cinematográfico más codiciado que existe, y aunque Berlín, Venecia y San Sebastián (en otros certámenes de clase A) también dan prestigio y dan un empujón a que las películas de autor se estrenen y se vean y se comente sobre ellas, es Cannes sobre todo, por su historia, por su leyenda, el lugar en el que todo el mundo quiere estar. Y es normal. Cannes es un poco como los Oscar, con sus estrellas, sus miles de periodistas, su «glamour» y sus premios, pero a la europea.

Ahora bien: decía el otro día James Gray, cuyo filme ‘Armaggedon Time’ es uno de los que está a concurso este año por el dorado premio, que «Cannes es la iglesia del cine». Y yo creo que no. Es decir, entiendo que Gray, por lo demás un buen cineasta cuyas películas son a menudo demasiado obvias, que aspira al máximo galardón y que está complacido de haber sido seleccionado, diga eso, porque supongo además que si este año no lo gana querrá volver algunas veces más, pero Cannes de iglesia tiene poco. Es un enorme circo, un enorme «mercado» de películas que, una vez más en teoría, presenta un puñado de películas, a concurso y fuera de él, y es el festival con mayor presupuesto sobre todo porque es el escaparate cinematográfico más grande de Europa y todos los productores, asociados y distribuidoras quieren estar allí. Pero Cannes no es infalible. Se equivoca menos que los Oscar a la hora de premiar lo mejor del año, y desde luego tiene mucho más valor porque no es, como allí, una industria que se premia a sí misma, pero en Cannes han concurrido filmes nefastos, y han sido premiados filmes muy discutibles, del mismo modo que han sido ninguneados muchos otros realmente grandes.

Lo de la iglesia del cine… La verdadera iglesia del cine es simplemente un cine (siempre un cine, no tu casa, por muy magnífico que sea tu televisor o incluso proyector) en el que pongan una gran película. Ni más ni menos. Dentro de siete años nadie se acordará de quien ganó a mejor director o mejor actriz en esta edición de Cannes, ni quién ganó el Oscar en 2017, a menos que lo revisen en la wikipedia o en IMDb. Quizá si has estado en el festival (y si de verdad eres crítico o cinéfilo has de ir a algún festival grande aunque sea una vez en tu vida) te acordarás de quién ganó la Palma de Oro, o si esa película realmente te pareció enorme no te olvidarás de ese hecho, pero en caso contrario no le prestarás demasiada atención ni te parecerá algo tan importante. Porque no lo es. Los premios no son tan importantes. Quieren serlo, pero no lo son. La única forma de que un premio sea importante no es porque el festival o la academia que lo entrega lo sea, sino porque la película premiada sea realmente buena, sea una obra genial. Ahora bien, obras geniales, del Cine o de la Literatura, se han premiado pocas… Por algo será.

Se entregan demasiados premios, y se entregan todos los años. De aquí a 2032 se habrán entregado otras 10 palmas de oro, otros diez premios Óscar a la mejor película o mejor director o mejor guion. ¿Y si descansáramos un poco, y se entregase un Óscar al mejor filme del último lustro, o de la última década? Somos demasiado esclavos de la inmediatez, de lo actual, de lo contemporáneo. No miramos al Cine y a la Literatura de una manera universal, global, a futuro. No miramos al arte como algo que se va construyendo a lo largo de décadas y siglos, sino como algo que se cincela año a año, título a título… premio a premio. Los premios son sólo marketing y politiqueo. Y sí, en casos como el de Cannes tratan de premiar siempre a lo más importante, lo formalmente más arriesgado o lo conceptualmente más complejo e innovador. Pero al final muchas veces se premia lo que se considera que se tiene que premiar por condicionantes políticos y sociales, no por su excelencia, sino por su impacto mediático, en Cannes, en los Óscar, en el Nobel y en cualquier otra parte.

El premio auténtico para un artista es que le estrenen su película o le publiquen su libro. Nada más. Poder vivir de eso. Dice Lynch en el documental que podemos ver estos días en Filmin que la verdadera felicidad para él es su café, sus cigarrillos y estar en su taller. Y para un escritor tener tiempo y energía para ponerse a teclear. Y esto es algo que quienes no han nacido con una creatividad incontenible jamás podrán entender.

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ARTÍCULOS

Infiernos y narrativas: La III Guerra Mundial (I)

La gente que nos (des)gobierna en todo el mundo, las élites, están locas de atar. Por qué casi siempre los más cabrones, los sociópatas, llegan a puestos altos de la sociedad, es un tema para otro artículo (que prometo escribir, si no nos morimos todos antes), pero yo creo que esto está fuera de toda discusión. No se salva ni uno, si bien unos (los del otro lado) intentan protegerse de los de siempre, los de este, los poderosos, los imperialistas que creen que el mundo es suyo, que tienen potestad para hacer lo que quieran, que nadie puede toserles. En fin, el malote de la clase, el más chungo y el más cachas, que no sabe, en realidad, con quién se mete.

Y es que lo han conseguido. Ya está el camino allanado. El otro día, viendo una de las pocas películas realmente sólidas de Steven Spielberg, titulada ‘Los archivos del Pentágono’ (‘The Post’, 2017), no podía hacer otra cosa que sonreír a mi pesar: o sea que en 1971 la peña se escandalizó en EEUU porque se descubría que el Pentágono y la Casa Blanca sabían en 1965 que no iban a poder ganar la guerra de Vietnam y aún así siguieron enviando tropas, malgastando dinero público y llevando jóvenes al matadero. Ahora sabemos muchas cosas mucho peores y nadie se escandaliza. Para qué. Los últimos veinte años, los que llevamos de siglo XXI, han sido una catástrofe humana y sociopolítica tras otra. Ya estamos anestesiados. Ya todo da igual. O bien no nos creemos nada o bien nos lo creemos, que nos vamos a ir todos al diablo, y a nadie parece importarle. ¿Se da cuenta la gente de lo que está pasando en Ucrania? Y no me refiero a la guerra y al sufrimiento de civiles y a la crisis energética y alimentaria que se nos viene encima. No. Eso ya de por sí es para echarse a temblar. Pero no me refiero a eso. Ojalá fuera solamente eso. ¿Se da cuenta de lo que significa que Finlandia y Suecia dejen de ser neutrales en todo este carajal perpetrado por los yanquis? La gente… ¿es lela, ha sido estupidizada por las redes sociales y por décadas de comodidad en este frágil «primer mundo»? ¿Qué está sucediendo aquí?

Hasta hace pocos años teníamos un sólo, enorme, problema: dejar de envenenar el planeta (o sea a nosotros mismos) con la emisión de gases a la atmósfera y de vertidos tóxicos al mar. Eso ya de por sí era un reto considerable, porque como básicamente somos una especie imbécil, parece que es imposible dejar de tirar mierda a nuestro entorno. Pero ahora tenemos uno más: sobrevivir a los próximos meses sin llegar a descubrir el (breve) escalofrío que experimentaremos cuando se lancen varios miles de ojivas nucleares desde Eurasia a Europa y EEUU, y desde Europa y Estados Unidos a Eurasia. Unos al leer esto dirán «eso no va a pasar». Otros dirán o pensarán: «eso no va a ocurrirme a mí en el caso de que pasara».

Ya…

Estados Unidos, con la connivencia de Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, es el país más asesino de la Tierra (España también está en el ajo, pero al menos ha tenido la sensatez, o la falta de ambición, de no fabricar armas nucleares). Se ha creído eso de que son los amos del universo, y nadie puede hacerles sombra. El problema es que se la hacen: el gigante chino se lo está comiendo en el Pacífico, y como además está básicamente en quiebra económica técnica (para hacerle la guerra a China tendría que pedirle prestado a China…) necesita mucha pasta. ¿Quién se la va a dar? Pues nosotros, claro, que para eso somos sus siervos de la OTAN. Los países europeos estamos duplicando nuestro gasto militar, comprando armas a Estados Unidos en lugar de invertir en cosas tan tontas como sanidad y educación pública, que están para el arrastre. Se preguntan los analistas para qué diablos: si la cosa se pone fea de verdad no van a tener lugar combates con tanques y helicópteros, sino batallas de esas con ordenadores y miras láser a cientos de kilómetros, drones, misiles tácticos, contramedidas y devastación nuclear. Rusia y China saben que el objetivo de EEUU es destruirles para proclamarse, de una vez y para siempre, la dueña del mundo, y no van a permitir que eso pase, lógicamente. Luego, si los tontos quieren demonizarles por intentar sobrevivir, pues que lo hagan. Ellos sobrevivirán y los tontos no.

Bienvenidos al mundo del futuro, en donde se ha demostrado de una vez y para siempre que los gobernados son una panda de menguados mentales a los que no les importa que sus gobiernos se arruinen comprando armas a una potencia extranjera a la que le trae sin cuidado si vivimos o morimos mientras podamos ofrecerle dinero y carne de cañón. Bienvenidos a la inminente III Guerra Mundial, con Ucrania, Finlandia y Suecia servidas como primer plato, y al cielo nocturno como próximo mosaico de lucecitas de colores muy brillantes, mientras Biden se come un helado y mientras Putin y Xi Jinping aplastan sin piedad a este occidente decadente, terminal, comatoso, al que por fin van a cobrarle todas las deudas de su imperialismo, colonialismo y racismo salvaje, mientras suena la Novena Sinfonía de Beethoven.

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CINE

Los 7 directores «nómadas» más grandes

Me faltaba este grupo por comentar: los que a mi parecer son los siete directores que principalmente, por motivos políticos o económicos, han trabajado fuera de su país, y que pese a todo han triunfado, demostrando por cierto que el Cine, como todo Arte, no es cultura, no es identitario de cada país y sólo allí se puede entender, sino que es universal, como la Literatura y la Música, y sólo siendo universal es verdaderamente arte.

Supongo que en este exclusivo ramillete tendría que haber estado Luis Buñuel, pues desarrolló gran parte de su carrera fuera de España, en países como México y Francia, pero es difícil no considerarle simplemente uno de los grandes directores europeos de todos los tiempos… aunque ahora que lo pienso España no es Europa… También debería estar Orson Welles, pero lo incluí entre los grandes estadounidenses. Sea como fuere estos son los siete de este grupo:

WERNER HERZOG

Aguirre, la cólera de Dios (1972), Alemania
Nosferatu, vampiro de la noche (1979), Alemania
Grizzly Man (2005), Estados Unidos
La cueva de los sueños olvidados (2010), Francia
Into the Inferno (2016), Reino Unido

ROMAN POLANSKI

El cuchillo en el agua (1962), Polonia
Repulsion (1965), Reino Unido
Rosemary’s Baby (1968), Estados Unidos
Macbeth (1971), Reino Unido
Che? (1972), Italia
Chinatown (1974), Estados Unidos
Tess (1979), Reino Unido

PAUL VERHOEVEN

De vierde man (1983), Países Bajos
Flesh + Blood (1985), España-Estados Unidos
Robocop (1987), Estados Unidos
Basic Instinct (1992), Estados Unidos
Zwartboek (2007), Holanda

ANG LEE

Comer, beber, amar (1994), Taiwán
Sense and Sensibility (1995), Reino Unido
Tigre y dragón (2000), Taiwán
Brokeback Mountain (2005), Estados Unidos
Deseo, peligro (2007), Taiwán

ALFONSO CUARÓN

Y tu mamá también (2001), México
Harry Potter and the Prisoner of Azkaban (2004), Reino Unido
Children of Men (2006), Reino Unido
Gravity (2013), Estados Unidos
Roma (2018), México

RAOUL PECK

Lumumba, : La mort du prophèt (1990), Francia
The Man By the Shore (1993), Haití
Sometimes in April (2005), Estados Unidos
I am Not Your Negro (2016), Estados Unidos
Le jeune Karl Marx (2017), Francia

FRITZ LANG

Die Nibelungen I & II (1924), Alemania
M (1931), Alemania
Scarlet Street (1945), Estados Unidos
The Big Heat (1954), Estados Unidos

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ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA

No hay asideros… ni en Cine ni en Literatura

Cada loco con su tema, o cada maestrillo con su librillo, pero la mayoría tirando de lugares comunes, de conceptos y de ideas preconcebidas y manoseadas hasta la náusea, pero todos con una misma intención: demostrar a los demás y a uno mismo que «sabe mucho de cine» o que «ama mucho el cine» y y que por tanto todo aquello que escribe o que comenta o que deja en redes sociales está bien fundamentado, aunque carezcan de argumentos verdaderos y tiren de aquello que han oído repetido mil veces.

Esto de interactuar en Twitter tiene su gracia: me siento como cuando estaba en la escuela de cine, en cualquiera de las dos a las que fui, hace ya veinte años, y regresando a los mismos debates y a las mismas bobadas. Es como rejuvenecer dos décadas… pero también es un cansancio infinito, un constatar una y otra vez a las mismas trifulcas con individuos e individuas con graves carencias de personalidad, todos diciendo, sin saberlo, o quizá precisamente sabiéndolo y creyendo que por eso están diciendo verdades como templos, las mismas tonterías sobre las mismas películas, incluso gente que también tiene cierta formación audiovisual o incluso trabaja en ello de alguna u otra manera. Así nos luce el pelo.

Lo cierto es que no hay asideros… ni en Cine ni en Literatura, y por eso es crucial, imprescindible diría yo, construirse una sólida base teórica, que es lo más difícil en estos temas narrativos, y a partir de ella defender tus argumentos y tus ideas, si las tienes y puedes desarrollarlas con dialéctica y con racionalidad, y no como un niño de diez años ofendido por lo que piensen los demás. Algunos creen que citar los títulos de siempre (en sci-fi, ‘Blade Runner’ y ‘2001’, en Western ‘La diligencia’ y ‘Río Rojo’, en bélico ‘Objetivo Birmania’ y ‘Sin novedad en el frente’, por ejemplo…) les vendrá bien a la hora de un debate con otras personas. O que el éxito popular del filme certifica su calidad, o que lo divertida y entretenida que sea es suficiente compara considerarla una buena película (o una buena novela). Si todo eso falla aún quedan dos comodines: los premios que haya ganado (tanto Óscares como premios en certámenes y festivales), y lo que la crítica «profesional» haya dicho de ello. Todo eso, creen algunos, es suficiente, y basta como argumento para contrarrestar los mejores argumentos válidos y mejor construidos del mundo. Pero la realidad es muy diferente.

Porque lo que generalmente -no siempre, pero casi– es un éxito popular se trata de una narrativa de muy baja calidad, por definición, ya que el público no quiere grandes complicaciones a la hora de ver una película o leer un libro, y menos aún si le dan lo que quiere. Porque los premios no son ni mucho menos infalibles y demasiadas veces son políticos, y ni siquiera Cannes o Venecia aciertan siempre, ni llevan en sus secciones a concurso joyas absolutas en todas las ediciones, sino muchas veces verdaderos engendros que no se explica uno qué hacen ahí. Porque la crítica, me temo, ha desertado en muchas ocasiones de su profesión, y ni siquiera las cabeceras más leídas y con más predicamento tienen una sólida base teórica a la que atenerse, y suelen contradecirse o valorar filmes o novelas que son verdaderas calamidades que a los pocos años dejan ver el desastre encumbrando que fueron, mientras dejaron pasar o machacaron sin piedad las piezas más hermosas y revolucionarias…

Lo único que de verdad puede ayudarte, si estás decidido a indagar y a dejar tus ideas por escrito y a debatir con otros y a demostrar lo listo que eres y lo mucho que sabes, es usar la cabeza y el sentido común, es haber ido a una escuela de cine o desde luego tener un bagaje muy superior al que en general tienen muchos de los escriben y proclaman a los cuatro vientos cuando deberían callar y dejar hablar a otros, es ser original, no repetir lo que otros llevan cincuenta años diciendo, seguir un camino trazado y unas ideas y defenderlas como mejor puedas, aprender y aprender y aprender a lo largo de los años y de las décadas y no caer jamás en la autocomplacencia. Tal vez así, con mucho esfuerzo, muchas lecturas, mucha escritura, mucha reflexión, aprendiendo de los que sabes que son los mejores y son de tu cuerda, no dejándote llevar por modas o por el posmodernismo rampante, puedas aprender algo y llegar a algo y no hacer el más absoluto de los ridículos en Twitter.

De todas formas… la impresión que tengo en los últimos tiempos es que a la gente le encanta hacer el ridículo en Twitter y cada vez que abre la boca en temas relacionados con el Cine y la Literatura.

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PODCAST

Viajeros de la noche – Capítulo noveno: El secreto de ‘El secreto de Monkey Island’ y las aventuras gráficas

Pues sí, un día Ron Gilbert dijo: «estoy preparando la tercera parte que nunca hice de ‘El secreto de Monkey Island’, que saldrá este mismo año 2022″… y se me iluminó la cabeza: vamos a hacer un programa sobre este evento, porque Juanjo es un flipado de esta saga (y de las aventuras gráficas en general…) y se va a poner loco de contento si se lo propongo, además seguro que Carlos está de acuerdo. Y acerté. Así que aquí tenemos un nuevo programa, el noveno nada menos, de nuestro podcast, esta vez centrado en el que probablemente es uno de los juegos más famosos de todos los tiempos y el que marcó a toda una generación de individuos que ahora tendrán más de cuarenta años y que se quedaron (nos quedamos) alucinados con este y con otros títulos.

Sigo pensando, vaya por delante, lo de siempre: que a los videojuegos se les presta mucha más atención de la que merecen, que no son un arte tan elaborado como muchos no se cansan de decir, y que si alguna vez son narrativa lo son de muy baja condición. Pero eso no significa que no sean disfrutables, que no sean a veces maravillosos y evocadores, y desde luego la creación más famosa de Ron Gilbert lo es. ‘Monkey Island’, el juego en el que el atolondrado Guybrush Threepwood intenta ser pirata, y su segunda parte, en la que sigue siendo tan idiota y mequetrefe como siempre, y sigue intentando esquivar a LeChuck mientras busca el corazón de la gobernadora Elaine Marley. Anda que no le echamos horas y horas, cuando no había internet y no teníamos ni puta idea de cómo pasarnos según qué momentos, pero lo mucho que nos reímos con esta fauna de personajes a cual más estrambótico y subnormal perdido.

Y no, no hemos empleado para hablar de todo esto, y de alguna cosa más, las cuatro horas que empleamos con Marvel. Ni siquiera tres horas. Un poquito menos. Y con la colaboración de algunos amigos que no tuvieron el menor problema en dejar unas palabras grabadas para comentar qué les pareció este fenómeno social. Antes de que llegue el cruento debate de las precuelas de ‘Star Wars’… un pequeño divertimento con en el que nos lo hemos pasado muy bien y que creemos que le merecerá mucho la pena al que conozca este juego… y al que no lo conozca, ¡qué diablos! Seguro que os metemos el gusanillo en el cuerpo.

En ivooxxxxx:

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Y en espoti, of course:

Muchas gracias a todos por escucharnos.

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CINE

Batiburrillo de listas de películas

Otra vez con mis listas. Hay que ver lo que me gustan. Las dejo aquí para mí, sobre todo, para orientarme en mis reflexiones y en mis teorías, pero también para el lector, por supuesto, porque en caso contrario me bastaría con coger una hoja de papel y escribirlo allí (a pesar de mi mala letra). Con estas listas siempre espero que el que se acerque a estas páginas mías se haga una idea más certera de cuáles son mis ideas del proceloso mundo de la narrativa en el Cine, cada vez más hipertrofiado, absurdo, polarizado y falto de mentes preclaras que puedan discernir sobre él, establecer teorías y llegar a sitios interesantes…

Vamos allá otra vez:

Grandes filmes estadounidenses de las últimas tres décadas, de cineastas fuera de Hollywood y no muy conocidos:

One False Move, de Carl Franklin, 1992
Mud, de Jeff Nichols, 2012
Manchester by the Sea, de Kenneth Lonergan, 2016
Sideways, de Alexander Payne, 2004
Moonlight, de Barry Jenkins, 2016
Citizen X, de Chris Gerolmo, 1995
You Were Never Really Here, de Lynne Ramsay, 2017
Hell or High Water, de David Mackenzie, 2016
Shame, de Steve McQueen, 2011
Smoke, de Wayne Wang, 1995
Nurse Betty, de Neil Labute, 2000
In the Bedroom, de Todd Field, 2001
Fresh, de Boaz Yakin, 1994
I Am Not Your Negro, de Raoul Peck, 2016
The Three Burials of Melquiades Estrada, de Tommy Lee Jones, 2005
Quills, de Philip Kaufman, 2000
The Ice Storm, de Ang Lee, 1997
Lone Star, de John Sayles, 1996
Doubt, de John Patrick Shanley, 2008
Killing Them Softly, de Andrew Dominik, 2012

Magníficos filmes en lengua española de las últimas tres décadas:

No tengas miedo, de Montxo Armendáriz, 2011
Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín, 2003
Solas, de Benito Zambrano, 1999
La caja 507, de Enrique Urbizu, 2002
La vida mancha, de Enrique Urzibu, 2003
No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu, 2011
Martin (Hache), de Adolfo Aristaráin, 1997
Lo que Arde, de Oliver Laxe, 2019
Amores perros, de Alejandro Glez Iñárritu, 2000
Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993
Magical Girl, de Carlos Vermut, 2014
La soledad, de Jaime Rosales, 2007
El clan, de Pablo Trapero, 2016
La ciénaga, de Lucrecia Martel, 2001
El club, de Pablo Larraín, 2015
Éxtasis, de Mariano Barroso, 1995
Jamón, Jamón, de Bigas Luna, 1992

Obras maestras absolutas de género duro:

The Thing, de John Carpenter, 1982
The Terminator, de James Cameron, 1984
Aliens, de James Cameron, 1986
Prince of Darkness, de John Carpenter, 1987
Robocop, de Paul Verhoeven, 1987
They Live, de John Carpenter, 1988
Die Hard, de John McTiernan, 1988
Terminator 2: Judgment Day, de James Cameron, 1991
12 Monkeys, de Terry Gilliam, 1995
Mad Max: Fury Road, de George Miller, 2015
Spider-Man: Into the Spider-Verse, de Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman, 2018

Filmes magistrales o directamente obras maestras mundiales desde 1990:

Goodfellas, de Martin Scorsese, 1990
The Godfather, Part III, de Francis Ford Coppola, 1990
The Silence of the Lambs, de Jonathan Demme, 1991
JFK, de Oliver Stone, 1991
Breaking the Waves, de Lars Von Trier, 1996
L’Illusioniste, de Sylvain Chomet, 2010
El día de la bestia, de Álex de la Iglesia, 1995
El camino a casa, de Zhang Yimou, 1999
Dancer in the Dark, de Lars Von Tier, 2000
Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, 2001
La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou, 2004
The New World, de Terrence Malick, 2005
Melancholia, de Lars Von Trier, 2011
La vie d’Adele, de Abdellatif Kechiche, 2013


Children of Men, de Alfonso Cuarón, 2006
The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, de Andrew Dominik, 2007
Lost Highway, de David Lynch, 1997
Amour, de Michael Haneke, 2012
The Thin Red Line, de Terrence Malick, 1998
The Pianist, de Roman Polanski, 2002
Eternal Sunshine of the Spotless Mind, de Michel Gondry, 2004
Brokeback Mountain, de Ang Lee, 2005
Las flores de la guerra, de Zhang Yimou, 2011
Titanic, de James Cameron, 1997
En construcción, de Jose Luis Guerín, 2001
The Master, de Paul Thomas Anderson, 2012
El sol del membrillo, de Víctor Erice, 1992
The Girl with The Dragon Tattoo, de David Fincher, 2011
As I Was Moving Ahead Ocassionally I Saw Brief Glimpses of Beauty, de Jonas Mekas, 2004
4 meses, 3 semanas y 2 días, de Christian Mungiu, 2007
There Will Be Blood, de Paul Thomas Anderson, 2007
The Black Book, de Paul Verhoeven, 2006
Paranoid Park, de Gus Van Sant, 2007
Nader y Simin, de Ashgar Farhadi, 2011
Festen, de Thomas Vinterberg, 1998
El hijo de Saúl, de László Nemes, 2015

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ARTÍCULOS

Más sobre aborrecer una historia: ‘The Last of Us, Part II’

Al final siempre hablo sobre los mismos temas. Por algo será, realmente. Ahora me gustaría volver a algo que una y otra vez me sorprende, me impresiona e incluso me fascina, y es la costumbre que tienen no pocos espectadores/receptores de alabar los valores poéticos o visuales de una obra narrativa, pero aborrecer su historia, como buscando alguna excusa para considerarla una «basura». Y lo de basura es algo que también se repite mucho, porque cuando algo no convence a alguien, muchas veces no es algo poco interesante, cuestionable o irregular, es una ba-su-ra. Ese, me temo, es el nivel de debate en el que muchos están instalados y del que no salen jamás. Y aunque no cabe duda de que muchos productos narrativos son basura, no deja de ser irónico que se pueda elogiar la fotografía, la creación de personajes, los valores narrativos y estructurales e incluso algunos grandes momentos de una película, una serie, una novela o un videojuego, pero sin embargo considerar que la historia es una porquería y que por tanto ese esfuerzo creativo se merece un cero como una catedral.

Tal cosa sucedió con una de las escasas creaciones, y lo siento por el jugón que pueda acceder a estas páginas y tenga otra mentalidad al respecto, de videojuegos que pueden considerarse narrativa: la segunda parte del también portentoso ‘The Last of Us’ que a todos nos dejó noqueados allá por 2013. Con ‘The Last of Us, Part II’, en 2020, tuvo lugar uno de estos sucesos que tanto me fascinan: a pesar de que se alabó el acabado técnico, la atmósfera, el diseño de personajes, a una legión de seguidores les pareció inadmisible que durante gran parte del juego tuvieran que asumir el punto de vista de la antagonista, Abby, que además es vigoréxica y casi parece un hombre. Tampoco les gustó mucho que la protagonista, Ellie, fuera lesbiana, y que el protagonista, Joel, fuera brutalmente asesinado a las primeras de cambio. ¿Qué sucedió? Pues lo inevitable con tanta cabeza cuadrada: lo que se llama un «bombardeo de reseñas», es decir un aluvión de comentarios negativos en Metacritic (la web más importante en lo referente a los comentarios y notas de los jugadores) y un triste 5,7 como nota media final. Y leyendo algunos comentarios se puede uno imaginar la sonrisa socarrona de Nel Druckmann, máximo creador de estos dos títulos (y del también inolvidable ‘Left Behind’), viendo a toda esa panda de homófobos criticar su trabajo y retratándose a sí mismos.

Si es que Albertos Olmos hay muchos en este mundo, y la mayoría ni siquiera escriben columnas en un periódico o un blog, solamente escriben bobadas en Twitter y en sitios como metacritic, dejando claro su nivel de cuñadismo, su indignación y su ofensa porque un título en concreto les haya parecido repugnante aquello que aparece en pantalla. Y así, con su homofobia y/o con su miopía, todos esos «analistas» tienen una buena razón para hablar de agujeros en el guion, de una historia sin interés, de personajes más desarrollados, de inconsistencia en los personajes y un largo etcétera. Aunque al lector le sorprenda, tales cosas leí o escuché yo de un filme tan redondo como ‘Fargo’, de los hermanos Coen: a muchos, que eran capaces (¡milagro!) de ver muchas cosas buenas en el filme, les desagradaba la historia y por eso no terminaban de verla o directamente la rechazaban. Pero ¿qué es eso de no gustar la historia? Tal cosa me sucedía a mí cuando tenía quince o dieciséis años, que algo en la película, la serie, la novela o lo que fuera que estuviera entre mis manos, me producía un rechazo inexplicable que tenía que ver sobre todo, ay, con mi cortedad de miras, con una pila de prejuicios de la que tuve que librarme para apreciar algunas cosas como se merecen… o no como se merecen, sino como se debe, sin hacer el más espantoso de los ridículos.

Porque hay que decirlo sin ambages: ‘Fargo’ es una magnífica película (aunque no llegue en la carrera de los Coen a las alturas de ‘Barton Fink’), y ‘The Last of Us, Part II’ es una maravilla absoluta, un prodigio de inmersión en una historia sensacional, tan bien escrita como podría estarlo una gran película o una gran novela, con unos personajes que están tan vivos, son más creíbles y auténticos que muchas personas que conozco en la vida real. Habrá que decirlo las veces que haga falta: esta es una catedral indefectible de la historia de eso que llaman «videojuegos» pero que no son otra cosa, cuando lo son, que una película interactiva. Con su enorme influencia de ‘The Walking Dead’, la creación de Druckmann para Naughty Dogs es un prodigio visual capaz de conseguir entidad propia, con una capacidad para envolverte con escenarios superlativos y con momentos de tensión insoportable que no ha conseguido nadie desde, precisamente, ‘The Last of Us’. Despreciarla con inmenso asco porque su historia no te gusta no es que sea digno de un cuñado y de un bobo, sino que además te impedirá disfrutar de una experiencia inolvidable, casi catártica, que te habla de la depredación de unos seres humanos sobre otros, de la imposibilidad del perdón y del peso del pasado, además de proporcionarte algunos de los momentos más terroríficos que se pueden vivir delante de una pantalla.

Como hoy, además, es mi cumpleaños (sí, esto es una decadencia irreversible…) me voy a dar un auto-regalo: volver a escuchar su magnífica BSO, obra de Gustavo Santaolalla (que ya por ejemplo nos ha regalado joyas como la música de ‘Brokeback Mountain’) y volver a sentirme que estoy de nuevo viviendo la pesadillesca aventura propuesta por Bruckmann. De hecho este verano volveré a jugar los dos, junto con el Left Behind, por enésima vez, y será como sentirme en casa, ajeno a prejuicios y a tonterías con las que los espectadores y receptores medios tanto gustan de perder el tiempo en las redes sociales, que muchas veces son un estercolero precisamente por cosas como esta.

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