ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA

No hay tantas películas ni tantas obras literarias geniales

Escuchando o leyendo a algunos, desde luego lo parece: que estamos en una época gloriosa, en la que se suceden sin cesar obras geniales, excepcionales diríase, que una y otra vez revolucionan la Literatura y el Cine, en una danza incesante de grandes genios y monstruos poéticos. Basta que un tipo, o tipa, haga un par de películas que llamen la atención y que consigan un buen número de seguidores (y no me refiero a las redes, aunque también) o que un escritor o escritora consiga un par de éxitos editoriales, para que la palabra genio comience a bailar en la punta de la lengua de muchos en Twitter y en páginas web y en periódicos de la mayoría de idiomas y países. Es algo asombroso. Llega un festival de cine, o llega la Feria del Libro, y todo el mundo se agolpa y se emociona y clama a los cuatro vientos la venida de los héroes literarios y cinematográficos, de unos individuos e individuas que van a pasar a la historia. Más que asombroso yo diría pasmoso.

Sólo que no lo es.

No estamos, precisamente, en un momento álgido en lo que a genialidades cinematográficas o literarias se refiere, por mucho que seamos testigos de la emoción de tantos, si bien algunas cosas interesantes y quizá prometedoras (de esas que quizá sigan viéndose o leyéndose dentro de doscientos o trescientos años) aún tienen lugar. Es cuestión, supongo, de la exigencia de cada uno. La mía es altísima, como creo que debe ser con estas cosas, y la de muchos que incluso viven de escribir acerca de lo que ven o leen, me temo que es bastante baja, por no decir paupérrima. Por qué es así supongo que es cuestión suya, pero lo es. De este modo, cada vez que tiene lugar un festival de cine, o cada vez que un autor «prestigioso» presenta una nueva novela o un libro de relatos se supone que estamos ante un acontecimiento Literario o Cinematográfico de primer orden. Y yo era otro de los que pensaba así… cuando tenía diecisiete o dieciocho años. Ahora tengo los pies en el suelo.

Recuerdo que cierto día, hace ya quizá dos décadas, me puse a revisar todas las ganadoras al Óscar a la mejor película, en sentido ascendente, hasta llegar al ‘The Godfather’: ‘The Apartment’, ‘West Side Story’, ‘Lawrence of Arabia’, ‘Tom Jones’, ‘My Fair Lady’, ‘The Sound of Music’, ‘A Man for All Seasons’, ‘In the Heat of the Night’, ‘Oliver’, ‘Midnight Cowboy’, ‘Patton’, ‘The French Connection’… eran pocas, o ninguna, la que podía rivalizar con lo obtenido por Coppola en el primer padrino (no digamos ya en el segundo…), así que seguí tirando hacia atrás, pero no solamente entre las ganadoras o las nominadas al Óscar a mejor película o mejor director, también las mejores de cada año de ese país, EEUU, y muchas de las que habían ganado la codiciada Palma de Oro en Europa, y casi ninguna estaba a ese nivel, por no decir ninguna: ningún drama, o tragedia, o película histórica llegaba a las complejidades narrativas, a la inmensa influencia e importancia, a aglutinar tantos avances (si avances se les puede llamar) técnico-narrativos como el filme de Coppola. Y si miramos hacia adelante casi lo mismo.

Es un concepto clave: pon un modelo realmente válido en un soporte narrativo, este caso el cine, y luego mira hacia los dos lados, alrededor de ese modelo, a ver si algo se le acerca. Pero no hablamos de gustos, cuidado: hablamos de hechos. Coges la trilogía ‘The Godfather’, ‘The Conversation’ y ‘Apocalypse Now’ y no tienes nada que pueda situarse al mismo nivel, y las obras supuestamente «geniales» se evaporan como el humo… y del mismo modo que pasa con el Cine, pasa con la Literatura.

Tantos supuestos especialistas, intérpretes y críticos discutiendo sobre un montón de obras alemanas, británicas, italianas, estadounidenses… sobre todo estadounidenses, y sin embargo si cogemos el modelo de los modelos, ‘El Quijote’, tantos escritores supuestamente geniales se derriten como un azucarillo. ‘El Quijote’, el libro de libros, ese que tantos creen que se trata de una simple parodia del género caballeresco (del mismo modo que tantos piensan que ‘The Godfather’ es simplemente una película sobre la mafia siciliana) ese que muchos han leído pero no han sabido encontrar su verdadera esencia. Esto es una obra verdaderamente original, y si por definición esto lo es, muchas dejan de serlo. Algunas obras maestras (me refiero a Faulkner, a McCarthy, a Torrente Ballester, a Mann, a Hesse, a Dostoyevski…) en su lucha por intentar al menos sobrevivir frente a la monstruosidad de novela de Cervantes, consiguen ser realmente grandiosas… pero siempre mirándose en la sombra del genio de Cervantes, que los sobrepasa a todos.

Si se conoce el genio de Cervantes, sus tres novelas mayores, sus novelas breves, su teatro, su poesía, se le deja de prestar atención a tanto supuesto gran escritor actual, a tanto supuesto genio, porque te das cuenta de que estás perdiendo el tiempo. E, insisto, basta con coger un modelo, y quedarte con él. Yo recomendaría (aunque recomendar va en contrar de mis principios, por norma general), que se coja un buen modelo, porque esa va a ser la piedra catedralicia sobre la que sostener tu discurso, pero luego cada uno que haga lo que quiera. En mi caso, en Cine estadounidense tengo como modelo a F.F. Coppola, en europeo a Antonioni, Buñuel, Tarkovski, Bergman y Bresson, y en Literatura tengo a Cervantes. Y tengo a estos porque sé que son caballos ganadores, porque no me va a hacer falta cambiar de modelo. Está bien escogido y me va a servir para poder sobrevolar entre obras mediocres que por lo visto son portentosas a pesar de que hablan de lo mismo de siempre sin innovar en nada. Porque hay que ver cuántas obras portentosas se estrenan o se publican al año… pero de qué pocas nos acordamos pasados cinco o seis.

Pongan un modelo en su vida (o varios) y no dejen que les sigan insistiendo en tanta película y novela genial…que será justamente olvidada antes de que sus autores quieran darse cuenta.

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