ARTÍCULOS, CINE

La aventura desaprovechada

¿Qué ha hecho el subgénero de aventuras para verse relegado, en casi todas sus manifestaciones, a un divertimento para chavales de seis a doce años? Y yo no digo que no deban hacerse películas para ese rango de edad…supongo que hay que hacer todo en este mundo. Pero que todo sea así es para tirar la toalla. Y todo esto, claro, tiene que ver, con la enésima «aventura jurásica»…

¿A quién no pueden fascinarle los dinosaurios? Seres enormes (no todos, pero sí muchos de ellos) que vivieron hace millones de años y que fueron los vertebrados terrestres dominantes durante la friolera de ciento quince millones de años. Cualquiera con un poco de imaginación, siquiera residual (de esa con la que te evades de lo cotidiano) se habrá imaginado alguna vez cómo tuvo que ser ese mundo. ¿Y a qué amante de las aventuras y de los relatos de supervivencia no le apetece verse en ese marco en el que somos poco más que seres diminutos en comparación con colosos que valiéndose de un solo gesto te arrancarían la cabeza, en el que poder vivir en un entorno fastuoso, de vegetación y fauna exuberantes? Los dinosaurios son el monstruo definitivo en cierto sentido… porque existieron de verdad, y no hay límite a la hora de fabular una ficción, por lo que no hay motivo para no emplearlos siempre que sea posible.

Tampoco había motivo para convertirlos en una barraca de feria.

En su sexta aparición dentro de esta extraña saga que está siendo la que inició Steven Spielberg allá por 1993, y que ha conocido continuaciones en 1997 (todavía dirigida por él, pero ya la última), 2001, 2015 (en una especia de reboot, o recapitulación…), 2018 y 2022, la que ahora nos ocupa, la cosa ha ido de mal en peor por la sencilla razón de que cuando pones el listón muy bajo, y la cosa funciona, y existen muchísimos espectadores que van a ver en masa tu película, que además se convierte en una película «de culto» e incluso en una obra maestra para personas que incluso presumen de su exigencia, pues para qué vas a subirlo. Para nada. Lo mejor es dejar las cosas como están. ¿A quién le importa la verdadera aventura? ¿A cuatro frikis que se criaron leyendo ‘La espada salvaje de Conan’ o los cómics de Richard Corben? ¡Que les den morcilla y que vengan los niños (pequeños y adultos a mí) que aquí lo que importa es hacer caja a base de pasmosos efectos especiales (de esos que se quedan atrasados a los dos o tres años) y de guiones y personajes inverosímiles y/o directamente bobos, que no es cuestión de arriesgar una inversión millonaria y los ejecutivos de los estudios tienen que pagarse sus yates y sus vicios…

Que un talento como Spielberg, capaz de hacer maravillas en ‘Jaws’ (1975), se propusiera en 1993 convertir el cine de aventuras y supervivencia en un videojuego, no es óbice para que otros lo intenten también. Talento a raudales a disposición de la gran maquinaria hay de sobra, pero talento capaz de pasar de todo eso y de hacer un relato consistente y fascinador, al parecer muy pocos. Ahí queda Genndy Tartakovski con su portentosa ‘Primal’, en la que obtenemos un relato mudo perfectamente trenzado en el que un ser humano primitivo y una bestia de más de cuatro metros de alto establecen una improbable amistad. ¿No queríamos dinosaurios? Pues ahí tenemos esa maravilla animada, que nos plantea un mundo remoto absolutamente hipnótico, denso y creíble, en el que sentimos ese extrañamiento capaz de causarnos escalofríos porque sospechamos que así, más o menos, era este desgraciado planeta Tierra hace millones de años. Y si no tenemos ganas de ver series, podemos leer cosas fabulosas como el nunca suficientemente recomendado ‘Rip: Tiempo atrás’ (lo comentamos en el último Viajeros de la noche), del recientemente fallecido (¿ustedes se enteraron? yo tampoco) Richard Corben, en el que una vez más ofrecía una magistral paleta de blancos y negros emulsionados por él mismo, y un grafismo sencillamente espectacular con el que parece que estamos viendo una puta película de la perfección visual que nos regalan.

Y habrá más ejemplos, seguro, con los que escritores, dibujantes y cineastas no pretendan tomar al respetable por una panda de adolescentes ávidos de aventuras vacías. Pero, oigan, que no podemos dejar que el Cine se extinga. Hay que ir a ver grandes estrenos comerciales. Y por eso cumpliré 73 años y seguirán estrenando películas de la saga jurásica.

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