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El último Spielberg no remonta el vuelo

He hablado alguna que otra vez de Spielberg en estas páginas mías, y pocas veces para bien. Me parece que la cosa va a continuar por los mismos derroteros. No comparto la animadversión que muchos puristas tienen contra él, llegando a llamarle farsante, estafador o cosas por el estilo, pero tampoco la veneración que le tienen muchos otros. He oído decir la barbaridad de que este director es uno de los tres o cuatro más grandes de la historia del Cine, y he leído en muchos sitios que es un sinvergüenza, una catástrofe para el Cine, y un montón de disparates más. Parece que tenemos que estar polarizados en cualquier cosa. Y como sucede que cada dos por tres este hombre es Trending Topic, pues tenemos ensalada de tiros en Twitter, con unos y otros disparándose argumentos, la mayoría de los cuales tienen poca consistencia. Intentemos dar algunos argumentos algo más sólidos sobre los últimos años de la ya larga carrera del director de Ohio.

Me he visto casi de una tacada El puente de los espías (Bridge of Spies, 2015), The BFG (2016), The Post (2017), Ready Player One (2018) y West Side Story (2021), y con sus luces, que las tienen, y con sus sombras, que desde luego no les faltan, vienen a corroborar lo que algunos llevamos pensando de este caballero desde hace mucho tiempo: es un realizador portentoso. En eso sí es uno de los más grandes de todos los tiempos. Pocos mueven la cámara, sonorizan y montan como él. Además, es un director de actores ya experimentado y por momentos realmente excelente. Ya quisieran muchos directores venerados de hoy en día emplear la cámara con la fluidez, la energía vigorosa, la versatilidad con la que él la emplea. Ahora bien, corrobora otra cosa: que es un cineasta de escasas complejidades, y que para ver encontrar una verdadera gran obra en su dilatada filmografía hay que bucear bastante, quizá demasiado para un tipo de su talento visual. Y de eso se desprende el corto vuelo poético de sus magníficas realizaciones. Cualquiera que quiera aprender cómo se filma una película y a contar una historia con imágenes debería verse cualquiera de estas cinco y otras muchas de este cineasta, pero si de verdad se quiere hacer una gran película me temo que va a tener que zambullirse en otros ríos…

Tanto El puente de los espías como The Post, ambas con Tom Hanks como protagonista, se añaden al corpus spielbergiano de cine más denso, menos comercial, menos juguetón y más serio. Es decir, cine de prestigio con el que cimentar aún más su leyenda. Ninguna de las dos pueden compararse ni de lejos con las mejores películas de su clase dirigidas por él: Munich y Lincoln. La impresión que se tiene con esas cintas es que a pesar de que están filmadas con el pulso y la pericia casi exhibicionista del director, son filmes demasiado fáciles para él. Que no tiene ganas de hacer otro Munich ni otro Lincoln, sino algo a medias, que más o menos acabe bien, que no plantee demasiados dilemas morales. Por otro lado, The BFG y Ready Player One forman parte de su corpus más juvenil, más en apariencia ligero y desenfadado, a pesar de que hablen de cuestiones más importantes en su subsuelo argumental. El caso de Ready Player One es el colmo de la perfección técnica: es casi una virguería narrativa en la que una imagen prístina, un montaje escandaloso (otro más) de ese genio llamado Michael Khan, un diseño de sonido apabullante, parecen capaces de salvar una función desangelada, una historia que nada aporta al espectador y otra sci-fi (una más), en la que Spielberg no es capaz de aportar nada interesante al género.

Pero es West Side Story la más paradójica del lote. Nueva versión del famoso (y sensacional) filme de 1961, muchos nos preguntábamos si era necesario hacerlo. Y una vez vista, no puede uno sino quedarse maravillado de la destreza técnica de este señor, de su ritmo, de su colorido, de esas imágenes vibrantes… que sin embargo son incapaces de transmitir verdadera emoción, y que quedan muy por debajo del filme precedente. ¿Por qué parece que todos estos filmes, y unos cuantos más, no son más que juguetes, caprichos para este cineasta que cuando de verdad se lo toma en serio, como en Munich o en Lincoln, se acerca a los más grande de su generación? No se entiende. Pero ya parece que tiene poco remedio. Spielberg tiene ya 75 años. Como mucho le quedarán diez años más, si es que no se retira antes. Al final su carrera va a quedar con algunos títulos imprescindibles (Jaws, Catch Me If You Can, Munich, Lincoln… además de las tres iniciales de Indiana Jones, si se quiere), y el resto oscilando entre lo insustancial y lo mediocre. Un pobre bagaje para un tipo de su talento, y que viene a demostrar que la técnica magistral no lo es todo, que hay que tener algo que contar, una mirada artística y expresiva muy definida, un compromiso irrompible con uno mismo, o incluso la extrema brillantez cae en saco roto.

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