ARTÍCULOS, CINE

La genialidad de cierto Cine Estadounidense

Esto no es una retractación del intenso artículo que publiqué ayer, más bien una disertación complementaria. Lo que dije ayer lo sigo manteniendo y posiblemente lo mantenga el resto de mi vida, nadie me ha amenazado en Twitter ni en comentarios anónimos, y no tengo dos personalidades que digan y piensen cosas opuestas. Por eso digo «cierto» Cine Estadounidense.

Porque a pesar de que EEUU es un chiste de país, a pesar de que sus élites muy probablemente acaben con la vida en el planeta tal y como lo conocemos por sus ansias de poder y por su espíritu belicista, Estados Unidos, como todo gran imperio, ha contado y sigue contando con verdaderos genios en las artes, especialmente en las narrativas (pues convendremos que en Música, Pintura y Escultura los pobres no tienen mucho que aportar…), y muy especialmente en Literatura y Cine. Y si en la primera han contado con gigantes de la talla de Walt Whitman, Herman Melvill, Edgar Allan Poe o William Faulkner, en la segunda ha habido algunos que han luchado contra el status quo, e incluso los hay que han triunfado sobre él… al menos durante un tiempo. Porque cuando quiere el Cine Estadounidense es muy crítico con la sociedad y las élites de su propio país. Quizá uno de los que más, y cuando sus creadores gozan de libertad, pueden hacer mucho daño y lograr levantar obras geniales.

En lo referente al Cine, el primero de todos fue Orson Welles, pero Welles nunca tuvo verdadero poder en Hollywood, sólo tuvo poder en lo que tuvo que ver con su primera película, Citizen Kane (1941), en la que tuvo algo que muchos no tuvieron en toda su carrera: el corte final. No les gustó el jovenzuelo bocazas y se lo cargaron antes de que pudiera dar mucho por saco. Su alumno más aventajado, Coppola, sí ostentó ese poder, y con ese poder consiguió el que en mi opinión es el Quijote del Cine, la trilogía El Padrino, y la que en mi opinión es la Divina Comedia del Cine, Apocalypse Now. Nadie, en toda la historia del CE ha sido más crítico, ni más sombrío, respecto a las instituciones, la política exterior, la corrupción endémica de esa sociedad como Coppola. Por eso aprovecharon el desatino de One from the Heart para cargárselo. Lo malo para ellos es que no se lo cargaron del todo, y aún ofreció la genialidad del cierre de su trilogía y alguna obra notable más. Coppola es el espejo en el que todos los cineastas combativos han de mirarse porque nadie ha conseguido un relato tan pesimista sobre el interior de los Estados Unidos…

Y nadie ha hablado con tanta ferocidad sobre la calamitosa política exterior y el belicismo de los Estados Unidos…

Y si la primera es El Quijote del Cine, y la segunda su Divina Comedia, tenemos que irnos con otros creadores (esta vez en peligrosa colectividad) y a otro medio para hablar de la que en mi opinión es La Odisea del Cine, aunque en formato televisivo, la magna The Walking Dead, que bajo mi punto de vista es, junto con las también geniales The Sopranos, The Wire, Deadwood y House, el relato más crítico con una sociedad desquiciada, suicida, que vive encarcelada en un entorno de western en el que ellos se sienten, patológicamente, más ellos mismos…

Y hay otros, como Terrence Malick, David Lynch, Martin Scorsese, el prometedor Sam Levinson… que cuando quieren y les dejan nos enseñan otro Estados Unidos, uno que no sale en ese Cine mentiroso y falaz que tantas patrañas nos ha dado y gracias al cual nos hemos tragado las mentiras más espantosas de la historia contemporánea.

Estándar