ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA

O buscando algo de verdad o yendo al parque de atracciones

Como dice el viejo chiste, o estamos a Rolex o estamos a setas. A veces se pueden encontrar ambas, pero es tan increíblemente difícil que no se debería contar con ello.

Continuamente se reaviva el tema de si el Cine «tiene» que ser esto o aquello, si está ahí para entretener o para algo más, si los que le piden ese algo más son una panda de gafapasters insoportables y si los que sólo le piden diversión son unos niñatos con poca exigencia. En el mundo hay muchos tipos de películas pero solamente un grupo perdura o resulta importante, mientras que otro grupo es el único por el que la gente pagaría una entrada de cine de manera masiva. No falta quienes esgrimen el argumento de que son esas películas, los parques de atracciones, los que hacen avanzar la industria y dan trabajo a mucha gente. Es el mismo tema de siempre.

Luego sale Scorsese diciendo que las películas de Marvel no son Cine, y el gallinero se pone como loco, se sube por las paredes y empieza a decir cosas sin sentido. ¿Hay que darle al público lo que quiere? No necesariamente. ¿Sabe el público realmente lo que quiere o necesita? Seguramente no. ¿Tenía razón entonces Scorsese? Bueno, al menos admite que Hitchcock era en parte el parque de atracciones de hace sesenta años. Habría sido un disparate no decir lo contrario. Él, por lo menos, no es un director de parques de atracciones, pero no creo que su texto aporte gran cosa al tema en cuestión. Y el tema es nada menos que distinguir de una vez entre filmes que busquen cierta forma de verdad, que todavía existen y seguirán existiendo, y filmes que no sean más que una forma de evasión. Y aunque hay filmes de evasión que por un azar resultan en una obra de arte, son tan escasos que pueden contarse con los dedos de las manos.

Existe un hecho fundamental: no se puede ser genial trabajando para el mercado. Es decir, siendo un profesional de la sociedad del espectáculo. Eso lo saben los más conspicuos entre los más inteligentes y afamados. Los que han logrado un espectáculo de masas y además han firmado obras maestras (F. F. Coppola, James Cameron, no muchos más….) lo que han conseguido es que algunos (espectadores o directores) crean que sí se puede lograr la genialidad mientras se gana mucho dinero. Pero la realidad es tozuda y la verdad, en minúscula, no le gusta a nadie. No le suele gustar. Hitch vendía trozos de pastel pero cuando Coppola filma El padrino, parte II o Cameron filma Titanic, te están dando trozos de vida tan desgarradora que sorprende que muchos vuelvan a probar de ese plato. ¿Cómo lo logran? Creando una historia tan atractiva, un evento tan insoslayable, que resulta inevitable tener que verlo. Pero su visión es cualquier cosa menos maravillosa. Son artistas enormes que además han logrado vender franquicias en las que han introducido ideas, mensajes e imágenes desoladoras. Un caso entre un millón.

Cuando un novelista o un cineasta se dedican a complacer al público con parques de atracciones, indefectiblemente se olvidan de contar la verdad. ¿Cómo van a hacer otra cosa? No pueden detenerse a pensar que tienen una misión como narradores, ni chorradas por el estilo. Están al servicio del público, como Spielberg, Bayona, Amenábar, Michael Bay y un largo etcétera. De muchas de sus películas pueden hacerse videojuegos porque son videojuegos en sí mismos. Pero Spielberg de vez en cuando se olvida de sus videojuegos, se pone serio, se acuerda de que es un cineasta, y te filma maravillas como Munich o Lincoln. ¿Se puede hacer un videojuego de eso? Me parece a mí que no. Ahí no hay mecanos con los que pasarlo bien. Ahí lo único que hay es dolor, desesperación y verdad. Para eso está el Cine más arriesgado, elevado e imperecedero.

Escribo esto aquí porque ponerme a defender tales ideas en Twitter resulta agotador. Pero el debate, ya estéril e hipertrofiado, seguirá allí dando la matraca, con ocasionales muestras de lucidez por parte de algún interlocutor, pero siempre encendido porque algunos no pueden, ni quieren entender, que no se puede meter a toda la narrativa en el mismo saco.

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