ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA, MÚSICA

Sobre la supuesta muerte de los críticos de Cine

Sólo hay una cosa de la que se hable casi tanto como de la supuesta muerte del Cine o de la Literatura: la muerte de los críticos, más concretamente la muerte de los críticos de Cine. Y es un tema, este de los críticos, que ya he tocado en varias ocasiones, y me temo que volveré a tocar siempre que sienta la necesidad de hacerlo, como una tesis a la que regresar y perfeccionar una y otra vez.

Con el inminente estreno en el Festival de San Sebastián del documental El crítico (Javier Zavala, Javier Morales Pérez, 2022), que por lo visto no solamente se centra en la figura del muy cuestionable Carlos Boyero, sino que lo toma como punto de partida para hablar de la decadencia de la «profesión», amén de la situación que llevamos arrastrando durante unos cuantos años con el cambio de paradigma que representan las redes sociales, muchos han aprovechado la oportunidad para, una vez más, dar por zanjado el mantra de siempre: que los críticos no sirven para nada, que si alguna vez sirvieron para algo fue para hundir estrenos o para conseguir éxitos de taquilla inopinados, pero que ya ha quedado claro que sus días están contados. Es decir, que como pasa con el Cine, la Literatura y otras artes narrativas, hay unos cuantos que parecen decididos a enterrar la figura del crítico de una vez, y si es en cal viva mejor que mejor.

Pero, y aquí voy a empezar a dar mi opinión, como suele pasar en estos casos la gente suele tomar la parte por el todo, a soltar cábalas sin hacer distinciones y a pontificar sobre cuestiones que son más complejas de lo que, quizá (al menos para ellos), pareciera. Porque de lo que se está hablando aquí no es de la (siempre supuesta) muerte del crítico o de la crítica, sino del reportero de Cine, que eso es lo que son, lo que han sido siempre, los Carlos Boyero, Carlos Pumares, Jordi Costa, Roger Ebert, Pauline Kael, y ahora la miríada de chavales que se ponen a dar teclazos y a dejar sus textos en blogs pseudo-profesionales, por mucho que algunos de ellos de vez en cuando escriban un libro, en solitario o en colaboración con otros. Reporteros de Cine, cuya decadente influencia tiene que ver, claro que sí, con la enorme decadencia de la prensa como creadora de opinión. Son los periodistas, entre ellos los reporteros de Cine, los que están en decadencia, no la crítica. Y no es que la crítica ande muy bien de lo suyo, pero es necesario, me parece a mí, llamar a cada cosa por su nombre.

Porque por lo que parece cualquiera puede ser crítico de Cine, no tanto de Literatura, y mucho menos de Música. Pero de Cine sí. Ahora bien, si quieres ser crítico de Literatura debes poseer amplios conocimientos en la materia, y no solamente haberte leído muchos libros. Y si quieres ser crítico musical has de tener grandes conocimientos del tema, no solamente haber escuchado muchos discos. Pero por la razón que sea, si te da por ser crítico cinematográfico, te sacas la carrera de periodismo, o de comunicación audiovisual, tienes la suerte de que te contrata un medio más o menos serio, y ya eres crítico. Pero los críticos son otra cosa bien distinta. Estos supuestos críticos, periodistas venidos a más, simplemente comentan las películas que ven los fines de semana, intentan crear opinión en base a sus gustos personales (en casos como Boyero, sin ningún tipo de subterfugio, como si fuera un tipo en la barra de un bar soltando sus poco elaboradas ideas), y ya les llaman, se llaman a sí mismos, críticos. Y no. Va a ser que no. Solamente algunos como Angel Fdez-Santos, por nombrar a uno que trabajara en un periódico, tenía algo de crítico, muy buena pluma y una intuición extraordinaria para maquillar sus muchas (y reconocidas) carencias técnicas. Fdez-Santos, además, fue a la escuela de Cine.

Un crítico es alguien que para empezar debe poseer una base teórica profunda sobre aquello que va a comentar, y debe estar ajeno a modas, estrenos, farándulas y divismos. Su misión es importantísima: estar a la altura de aquello que va a criticar, desarrollar sus ideas en ensayos, libros, investigaciones; ejercer de intermediario (no se me ocurre una palabra mejor) entre la obra y el espectador/receptor, y esto tanto en Cine, como en Música o Literatura. El crítico es el profesional que te abre los ojos ante aquello que estás viendo, que te incita a conocer más, a desechar prejuicios, a expandir tu vida creativa, y lo hace no con filias o fobias, sino con ideas arraigadas en un canon, con argumentos de peso, con hechos técnicos y objetivos, en una investigación que dura siglos y de la que él es solamente el último representante. Ni más, ni menos. El arte, incluido el narrativo, si perdura es por los críticos que lo defienden, lo muestran, lo desmenuzan y lo visibilizan.

Y la única razón por la que tantas personas quieran destruir a los críticos cinematográficos, y a cualquier crítico de cualquier disciplina, y quieran dejar bien claro que todo es cuestión de gustos personales, es que se sienten atacados, disminuidos, ante un crítico que a lo mejor tiene tanto de crítico como ellos, es decir todos estos reporteros que simplemente dicen lo que a ellos les interesa. Ah, pero luego todos estos que quieren destruir al crítico no pierden ni un momento en atiborrar redes sociales con sus «críticas», demostrando en la mayoría de los casos su ignorancia y su indolencia, y que de verdad se necesitan críticos valientes, sosegados y capaces de encontrar Arte en un marasmo de marketing, posmodernismo e intereses comerciales.

Críticos de verdad siempre habrá. Otra cosa es que encuentren los canales para dejar sus investigaciones, y que los espectadores/receptores se interesen por esos trabajos y no por lo que dice el reportero estrella en los estrenos del fin de semana.

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