TELEVISIÓN

No existe viaje comparable a The Walking Dead

Sigo pensando que dentro de cuarenta o cincuenta años se recordará esta época de eclosión de series, la de las primeras décadas del siglo XXI, como un momento de esplendor pero también de sombras. No creo que sea casual que este cambio de paradigma en el que muchos vuelven a ficciones seriadas como ocurría en el siglo XVIII y XIX haya tenido lugar precisamente con el desarrollo masivo de las redes sociales tipo Twitter o Facebook, pero sea como sea veo poco probable que tal eclosión se mantenga mucho tiempo más. Dudo que lleguemos a la década de los 30 con esta disparidad de títulos y esta ambición, y mucho menos a la de los 40. Pero nunca se sabe.

Y claro, la mayoría tiene sus favoritas y sus fobias incurables, como no puede ser de otro modo, y encuentro pocos análisis sosegados, pocos o ningún ensayo que trate el tema en profundidad (por eso me he puesto yo con ello, entre otras razones). La gente (incluso críticos o pseudo-criticos de los que tanto abundan) se enfrenta al fenómeno de las series de una forma por lo general equivocada, a mi parecer. Queriendo siempre engancharse, estar a la moda, que el título de turno le cambie la vida. Y aunque creo que todo esto de la narrativa es una droga, una de las más duras que existen, también creo, a pesar de que pueda quedar contradictorio, que experimentar las series como una adicción, y valorarlas por el grado de enganche que te produzcan, es un inmenso error que te impide llegar al fondo de las cosas. La mayoría de las grandes creaciones literarias, cinematográficas y musicales, por no decir todas, poseen una forma muy concreta, una estructura y unas reglas del juego que a menudo son difíciles de analizar y descifrar. Y lo mismo ocurre con las series.

¿Cuáles son las preferidas de todo el mundo? Pues las de siempre: Breaking Bad, Mad Men, The Sopranos, Juego de tronos, Aquí no hay quien viva –he leído a gente estos días que defiende tal cosa–, Lost… ¿Y cuáles son las series más atacadas, sistemáticamente despreciadas por una amplia mayoría?: Vikings, True Blood o The Walking Dead podrían ser tres de ellas. Sobre la magnífica True Blood ya hablé en una ocasión para tratar de defenderla como mejor pude. Hoy hablemos un poco más de The Walking Dead, que creo que no necesita ninguna defensa, por mucho que algunos se empeñen.

Una de las cosas buenas de una serie es que puede durar mucho tiempo, y que por tanto puede arrastrarte emocionalmente hacia lugares a los que quizá solamente las películas más densas e importantes pueden hacerlo, si se trata de una buena serie claro. No sé quién comparó las películas con novelas y las series con relatos, pero en muchos casos debería ser la comparación opuesta: una buena película podría ser un gran relato, por muy densa o larga que sea, y una gran serie podría ser una gran novela, en cuyo interior pueden coexistir varios relatos convergentes. Desde luego tal definición podría aplicarse al caso de The Sopranos y The Wire, dos creaciones que deberían estar entre las cinco o las tres más grandes de todos los tiempos. Y quizá menos a Breaking Bad o Mad Men, siendo ambas series excelentes pero quizá no tan superlativas como las nombradas. Y aunque es una serie que no goza de unanimidad, ni siquiera para machacarla, la que más se acerca a esta definición de todas es The Walking Dead, que muchos no dejan de sorprenderse de que algunos insistamos en que es quizá la serie de series, la más grande de todas con el permiso de The Sopranos y The Wire, o quizá compartiendo con ellas ese triunvirato insuperable a partir del cual el resto de series habrían de mirarse en el espejo.

En Breaking Bad tenemos la maravillosa creación de Bryan Cranston, un actorazo impresionante. En la infravalorada Vikings tenemos los relatos superpuestos de Ragnar, Lagertha y sus hijos. En las sublimes The Sopranos y The Wire obtenemos un viaje inolvidable a través de la mirada de Tony Soprano o de la de la miríada de personajes que bullen en ese babilónico Baltimore creado por David Simon. Pero en The Walking Dead obtenemos algo que va más allá. Porque TWD abarca todo lo que las más grandes han creado y propone una nueva Ilíada, una nueva Odisea. Y no creo exagerar ni un pelo en esto que estoy diciendo. La espeluznante travesía de Rick y de sus compañeros, a través de varios años en los que van perdiendo su humanidad en un mundo apocalíptico para nunca más recuperarla, su necesidad de encontrar un hogar en el que poder establecerse pero la imposibilidad sistemática de dejar las armas en el universo más hostil y sombrío que jamás se ha creado para una serie, es algo muy difícil de igualar. Los dioses no existen en TWD, o tan solo un dios indiferente (el episodio inicial de la segunda temporada es muy elocuente al respecto) que no va a mover un dedo por sus hijos. Rick, Daryl, Carol, Michonne y compañía no han de enfrentarse a los designios de Zeus y del resto de deidades celosas de su valentía, sino que están solos en esa pesadilla interminable, pero en esencia es la misma historia: vencer a la muerte, reencontrarse con su humanidad, buscar la esperanza allí donde no queda ni rastro de ella.

Quedan 8 episodios para que concluya la serie principal (si bien continúa Fear The Walking Dead y se están preparando varias miniseries que concluyan los hilos no cerrados de la principal), algo que tendrá lugar el 20 de noviembre de este año. Parece poco probable que en un futuro podamos vivir un fenómeno de esta envergadura, por mucho que tantos se empeñen en embarrarlo porque no saben muy bien qué hacer con él, porque esperaban, quizá, que TWD fuera una montaña rusa, un parque de atracciones del horror a lo Marvel. Pero no es nada de eso, sino la serie más filosófica y nihilista que se ha creado nunca. Y además no hay serie que pueda acercarse a su dominio del suspense, la acción y el terror. Es simplemente única, y aunque parece que la mayoría tardará décadas en percatarse de ello, algunos ya lo hemos hecho.

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3 comentarios en “No existe viaje comparable a The Walking Dead

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