ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA, TELEVISIÓN

El trago más amargo

Una de las razones de escribir estos artículos, ensayos y textos en general, es darme respuestas a mí mismo: ¿por qué hago lo que hago? ¿por qué escribo? ¿por qué investigo sobre Cine y Literatura en particular pero también sobre el arte en general? ¿Qué busco? ¿Qué necesito? ¿Quién soy?

Por eso quizá sorprendan algunos temas, o algunos tonos cuando intento sacar en limpio de todo lo que me bulle por dentro, lo que me interesa desentrañar, lo que sospecho que anda por ahí pero no logro atrapar a manos llenas, sólo rozar con la punta de los dedos. Todo esto que es mi vida creativa, mis intentos por crear una novela, o un cuento o conjunto de ellos, que valga la pena, que sea un buen trabajo y no una de esas creaciones semi-profesionales de las que tanto abundan. Algo que sea bueno, necesario, importante. Porque hay que ser ambicioso, pero la ambición puede matarle a uno. También intento ser un buen crítico, un buen escritor sobre Cine y Literatura, establecer mis propios códigos, mi propia teoría, que voy desgranando texto a texto, día a día, párrafo a párrafo, año a año…

Estoy empezando a pensar que el arte narrativo (la Música, el Cine, la Literatura… los pongo en mayúsculas porque así creo que deberían ir escritos…), sobre todo por el hecho de operar con realidades, imágenes y sonidos, han de aspirar a crear una segunda realidad, es decir una ficción, tan sólida como la nuestra y aún más verdadera. Y digo «aún más» porque es importante destacar que en nuestra realidad casi nada es verdadero o perdurable, pero en la ficción sí, debe serlo. Creo, también, que el arte es un estudio de la condición humana, de la naturaleza del ser humano, y que ese es su verdadero propósito. Creo, para terminar, que el arte sirve, si es que sirve para algo, para prepararnos para la muerte, porque si crea una segunda realidad, en esa segunda realidad la muerte es aún más verdadera que en la nuestra, y si es un estudio de la condición humana, ¿cómo va a serlo sino estudia el acontecimiento más importante de nuestras breves vidas? Claro que algunos dirían que el arte narrativo sobre todo debe entretener. Pero yo les diría que están equivocados. El arte, en eso estaremos de acuerdo, no es un mero divertimento.

Y, siguiendo el hilo que estamos tejiendo y acabando ya el extremo de dicho hilo, si el arte narrativo ha de prepararnos para la muerte, por fuerza ha de ser racional y crítico. No le queda otra, por suerte o por desgracia. El arte narrativo, el verdadero, el que no se deja engañar por cantos de sirena, por modas o por la necesidad de epatar al público, ha de ser el trago más amargo que podamos imaginar. Empiezo a estar seguro que ese es su mayor poder. Crear una herida psíquica de gran calado, porque en caso contrario no sirve para nada. Quizá para hacernos sonreír y hacernos experimentar una falsa sensación de alivio, y poco más. ¿De verdad eso puede ser el arte, y aún el arte narrativo? Seguramente no. Ahora bien, para ser el trago más amargo no basta con contar una historia triste, sobre personas que sufren desgracias, o sobre hechos luctuosos que nos lleven a la lágrima. No es exactamente eso. Para conseguir proporcionar ese trago, hace falta un artista original, que nos proporcione el displacer de una experiencia que no conocíamos y que nos lleve a lugares a los que no nunca hemos ido, y que por tanto no estamos preparados para visitar. Y todo el libro, todo el filme, debe ir destinado a encontrar esos lugares. No es, digámoslo claro, una herida o un trago amargo en lo emocional, aunque también, sino en lo anímico, en lo intelectual. Es un desafío psicológico aquello a lo que debemos enfrentarnos si de verdad es arte narrativo de gran calado, que perdure.

Esto lo han conseguido un puñado de películas de cada época, unos cuantos libros y bastante música culta. Lo que se llama «comunicar una cualidad trascendental de la emoción». Algo que consiguen verdaderos poetas cuando están en la cima de su creatividad, y que supone ese trago que no debemos despreciar jamás, porque sólo con él el arte, siquiera el narrativo, valdrá para algo más que para entretenernos los fines de semana.

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