ARTÍCULOS, CINE

Violencia mal Vs. Violencia bien

La violencia. Ya he hablado alguna vez sobre ella aquí. El sentido de la violencia es fundamental en narrativa, porque es la esencia del drama. Todo drama es violento por naturaleza, y así el narrador ha de poseer una mirada importante sobre ella y ha de saber narrarla y de su expresión de todo ello se deducen muchas de sus fortalezas o debilidades poéticas. No hablamos solamente de pegar tiros y de hacer volar coches por los aires, claro, hablamos de tensión, de construcción de una secuencia o de una imagen culminante. Y no todos los directores o novelista están capacitados para ello, ni muchísimo menos.

De hecho muy pocos lo están. Aunque existen miles que poder contrastar, voy a dejar dos ejemplos para que el lector entienda lo que quiero decir. Uno de Brian De Palma, que rara vez sabe filmar violencia, otro de John Carpenter, que casi siempre sabe lo que tiene entre manos y le saca el máximo provecho. Son dos secuencias de filmes famosos que casi todo el mundo habrá visto: Los intocables de Eliot Ness (The Untouchables, 1987) y La cosa (The Thing, 1982). Vamos allá.

La primera en dos partes, para que se entienda entera:

En este caso, De Palma, que sigue con sus juegos referenciales a Hitchcock y Eisenstein, perfila una gran escena de tiroteo y persecución, con un toque operístico como a él le gusta. Nada que objetar a la zona central, del tiroteo, con Ness/Costner persiguiendo al villano y finalmente dándole caza. Mucho que objetar en la zona final. De Palma da la impresión de que no se toma en serio lo que cuenta, y de que es un director de actores bastante justito. Cuando todo llega a su colofón, no te crees el momento en que el malo maloso se ríe del asesinato del amigo del protagonista, perpetrado por él mismo, y del modo en que el frío Ness, que intenta no ceder a su impulso de matarle, al final se deja llevar y lo arroja por la cornisa. De Palma tiene la malísima idea de hacer un plano a lo Hitchcock, a lo película de años 50. El resultado es una comedia involuntaria. Ver a Billy Drago bracear en el aire es ridículo, y regodearse luego en el cadáver reventado contra el coche es bochornoso. Pero De Palma no sabe filmar la violencia directamente.

Veamos su opuesto:

Esta secuencia extraordinaria, dividida en varios bloques, es un ejemplo del genio carpenteriano, no solamente porque encierra una enorme violencia y tensión, sino porque es un estudio, «in crescendo», del carácter de los personajes y la naturaleza del ser humano ante una situación límite, que entre otras cosas es aquello para lo que sirve la violencia. Cada plano y cada sonido de esta maravilla son una lección de cómo hacer violencia y destrozarle los nervios al espectador.

Yo creo que con estos dos ejemplos queda meridianamente claro lo que quiero decir.

Estándar