CINE

Las 100 mejores películas de la historia

Algunos no necesitamos ni Sight & Sound, ni Variety, ni nada de nada. Las 100 están muy claras, y salvo algunas lógicas variaciones que podemos tener todos, y ausencias justificables, y las reglas internas de cada lista, estarán todas (si se tiene un mínimo de sentido común) o casi todas, y serán listas confeccionadas con un mismo perfil.

En mi caso las reglas son las siguientes:

–Nada de mezclar diferentes cinematografías, ni géneros, ni soportes (mudo, animación, documental

–Se trata de incluir las obras maestras, las de mayor perfección, no las míticas, ni las famosas, ni las habituales… pero tampoco necesariamente las raras, ni las marginales. Sólo las de mayor complejidad, las más grandes, exigentes y perfectas.

–No es una lista cerrada, escrita en piedra. Podría ampliarse a 200 ó 300, pero si elegimos 100 debe ser una lista sólida, sin aristas.

Vamos allá con ellas:

Época Muda

Las 5 europeas:

Nosferatu, de F. W. Murnau (1922)
Napoleon, de Abel Gance (1927)
Metropolis, de Fritz Lang (1927)
La Passion de Jeanne d’Arc, de Carl Theodor Dreyer (1928)
Zemlya, de Aleksandr Dovzhenko (1930)

Las 5 estadounidenses:

The Birth of a Nation, de D. W. Griffith (1914)
Greed, de E.V. Stroheim (1924)
The General, de Buster Keaton (1926)
Sunrise, de F. W. Murnau (1927)
City Lights, de Charles Chaplin (1931)

Época Sonora

25 excepcionales obras maestras estadounidenses de ficción e imagen real:

Apocalypse Now, de F. F. Coppola (1979)
The Godfather Trilogía, de F. F. Coppola (1972-74-90)
The Conversation, de F. F. Coppola (1974)
Goodfellas, de Martin Scorsese (1990)
Taxi Driver, de Martin Scorsese (1976)
Touch of Evil, de Orson Welles (1958)
The Thin Red Line, de Terrence Malick (1998)
The New World, de Terrence Malick (2005)
Wild at Heart, de David Lynch (1990)
The Straight Story, de David Lynch (1999)
The Master, de Paul Thomas Anderson (2012)
Chinatown, de Roman Polanski (1974)
JFK, de Oliver Stone (1991)
The Terminator, de James Cameron (1984)
Titanic, de James Cameron (1997)
The Thing, de John Carpenter (1982)
Robocop, de Paul Verhoeven (1987)
The Silence of the Lambs, de Jonathan Demme (1991)
Eternal Sunshine of the Spotless Mind, de Michel Gondry (2004)
Gone with the Wind, de Victor Fleming (1939)
The Wild Bunch, de Sam Peckinpah (1946)
The Girl with the Dragon Tattoo, de David Fincher (2011)
Boyhood, de Richard Linklatker (2013)
Brokeback Mountain, de Ang Lee (1946)
It’s a Wonderful Life, de Frank Capra (1946)

25 excepcionales obras maestras europeas de ficción e imagen real:

Viridiana, de Luis Buñuel (1961)
Fanny Och Alexander, de Ingmar Bergman (1982)
Viskningar och rop, de Ingmar Bergman (1972)
Såsom i en spegel, de Ingmar Bergman (1961)
Plácido, de L. G. Berlanga (1961)
El verdugo, de L. G. Berlanga (1963)
Nostalghia, de Andrei Tarkovski (1983)
Zerkalo, de Andrei Tarkovski (1974)
El espíritu de la colmena, de Víctor Erice (1973)
Un condamné à mort s’est échappé, de Robert Bresson (1956)
Ordet, de Carl Theodor Dreyer (1954)
Vampyr, de Carl Theodor Dreyer (1932)
Au hasard Balthazar, de Robert Bresson (1966)
La vie d’Adèle, de Abdellatif Kechiche (2013)
La notte, de Michelangelo Antonioni (1961)
Melancholia, de Lars Von Trier (2011)
Breaking the Waves, de Lars Von Trier (1996)
Amarcord, de Federico Fellini (1973)
Chimes at Midnight/Falstaff, de Orson Welles (1966)
M, de Fritz Lang (1931)
Aguirre der Zorn Gottes, de Werner Herzog (1972)
Tess, de Roman Polanski (1979)
Lawrence of Arabia, de David Lean (1962)
Life of Brian, de Terry Jones (1979)
The LadyKillers, de Alexander Mackendrick (1955)

25 excepcionales obras maestras asiáticas de ficción e imagen real:

El intendente Sansho, de Kenji Mizoguchi (1954)
Cuentos de la luna pálida, de Kenji Mizoguchi (1953)
Vida de O-haru, mujer galante, de Kenji Mizoguchi (1952)
La historia del último crisantemo, de Kenji Mizoguchi (1939)
Los siete samuráis, de Akira Kurosawa (1954)
Dersu Uzala, de Akira Kurosawa (1975)
Ran, de Akira Kurosawa (1985)
Primavera tardía, de Yasujiro Ozu (1949)
Cuentos de Tokyo, de Yasukiro Ozu (1953)
Nader y Simin una separación, de Asghar Farhadi (2011)
El viajante, de Asghar Farhadi (2016)
In the Mood for Love, de Wong Kar-Wai (2001)
2046, de Wong Kar-Wai (2004)
Primavera verano otoño invierno… y primavera, de Kim Ki-Duk (2003)
El camino a casa, de Zhang Yimou (1999)
La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou (2004)
Las flores de la guerra, de Zhang Yimou (2011)
Nubes dispersas, de Mikio Naruse (1967)
La voz de la montaña, de Mikio Naruse (1954)
La balada de Narayama, de Shohei Imamura (1983)
La anguila, de Shohei Imamura (1997)
El olor de la papaya verde, de Tran Anh Hung (1993)
Millium Mambo, de Hou Hsiao-Hsien (2003)
Un asunto de familia, de Hirokazu Koreeda (2018)
Onibaba, de Kaneto Shindô (1964)

8 obras maestras de animación:

Pesadilla antes de Navidad, de Henry Selick (1993)
Spider-Man: Into the Spider-Verse, de Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman (2019)
La princesa Mononoke, de Hayao Miyazaki (1997)
Porco Rosso, de Hayao Miyazaki (1992)
El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki (2001)
El ilusionista, de Sylvain Chomet (2010)
Bienvenidos a Belleville, de Sylvain Chomet (2003)
Cristal oscuro, de Jin Henson y Frank Oz (1982)

7 obras maestras del documental:

Shoah, de Claude Lanzmann (1985)
As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty, de Jonas Mekas (2004)
El sol del membrillo, de Victor Erice (1992)
Let’s Get Lost, de Bruce Webber (1988)
I am not your Negro, de Raoul Peck (2016)
Baraka, de Ron Fricke (1992)
Olympia, de Leni Riefenstahl (1938)

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ARTÍCULOS

Vayámonos a una isla desierta, que la cosa está muy mal

Pero muy mal. Entre la inflación, la crisis energética, los precios, la guerra, el calentamiento global… Es para para mandar todo al carajo. Dicen que el siglo XX fue una centuria atroz… pues el siglo XXI está a punto de superarle. O el pueblo, la gente, le dice a las élites, a los mandamases, que hasta aquí hemos llegado, o todo se va a acabar muy rápido y de forma muy dolorosa, o bien lentamente, con las ciudades convertidas en asilos de cientos de millones de ancianos, con los mares y los ríos convertidos en sumideros, con gobiernos autocráticos, con estados policiales. Somos fundamentalmente una especie chalada.

Así que vayámonos cuanto antes a una isla desierta, lo más alejada de todo que sea posible. Eso sí, que tenga televisor, wi-fi y posibilidad de reproducir discos tanto de PS4 como de Blu-ray o DVD, y estoy dispuesto a lo que sea: a vender cocos el resto de mi vida, a alimentarme de raíces, a vestir en taparrabos, a no mantener una relación personal con nadie nunca más, a pasar un calor infernal los trescientos sesenta y cinco días del año, a lavarme con agua de mar y hasta a cantar oraciones a los dioses de los lugareños (de otras islas cercanas, en la mía me quedo yo solito). Tampoco creo que sea tanto pedir. ¿Y habrá que llevarse algo para mantener la cabeza ocupada, no?:

Videojuegos:

Red Dead Redemption
Red Dead Redemption II
The Last of Us
The Last of Us, Part II
Broforce

Películas:

Filmografías completas de:
Lars Von Trier
Luis Buñuel
Robert Bresson
Francis Ford Coppola
David Lynch
Orson Welles
Terrence Malick
Martin Scorsese
Michelangelo Antonioni
Buster Keaton
Akira Kurosawa
Kenji Mizoguchi
James Cameron
John Carpenter

Mad Max: Fury Road
Mud
Manchester by the Sea
Hell or High Water
La vida de Adéle
Die Hard
Who Framed Roger Rabbit

Series:

Deadwood
House
The Walking Dead

Cómics:

La espada salvaje de Conan el bárbaro
Groo
Daredevil: Born Again
Torpedo
Todo Richard Corben
Todo Punisher

Libros:

La obra completa de Miguel de Cervantes
Divina Comedia
Odisea
Ilíada
Edipo Rey
Eneida
Mientras agonizo
Meridiano de sangre
La muerte de Virgilio
Dracula
Moby Dick
Ulysses
La montaña mágica
Pedro Páramo
El lobo estepario
Relatos Edgar Allan Poe
La saga/fuga de JB
Tirano Banderas
Apocalipsis
Todo Sherlock Holmes
Guerra mundial Z
Hacedor de estrellas
Guerra y paz
Los hermanos Karamazov
Esculpir en el tiempo
Frankenstein o el Moderno Prometeo
Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos
La poética
Meditaciones de Marco Aurelio
El capital

Música:

Discografía completa de Guns N’ Roses
Discografía completa de Metallica
Discografía completa de AC/DC
Discografía completa de Glenn Gould
Discografía completa de Extremoduro
Requiem de Mozart
Sinfonías de Beethoven
Conciertos para piano de Chopin
Discografía completa de Massive Attack
Discografía completa de Portishead
Grace, de Jeff Buckley
Truth is a Beautiful Thing, de London Grammar
Discografía completa de Depeche Mode
The Fat of the Land, de The Prodigy
Pictures, de Timo Maas

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ARTÍCULO, CÓMIC, CINE, LITERATURA, TELEVISIÓN

Qué es narrativa (Literatura, Cine) y qué no es narrativa (videojuegos)

Más que buscarlo podría decir que el tema me busca a mí. Basta abrir la boca sobre narrativa en todo tipo de reuniones, debates o redes sociales, y ya me están asaltando norte, este, sur y oeste todo tipo de personas, de formación y oficios muy dispares, que enseguida comienzan a disparar ideas al respecto, a decirme que no tengo ni puta idea, o que no estoy de acuerdo o que esto o que lo otro, sobre todo con el dichoso tema de los videojuegos. Y yo, como no me dejo avasallar, pues siempre contesto y ya está el lío armado. Al menos hablo siempre desde el respeto, aunque algunos no lo merezcan mucho…

Vamos a ver lo que es narrativa y lo que no es narrativa. Pero no lo porque lo diga yo, sino porque las cosas son las que son y las que se llevan estudiando y desarrollando a lo largo de los tiempos. Esto no es un tema de opinión, tal como muchos parece que están empeñados en verlo, sino hechos. Veamos:

  1. La Narrativa es un género literario, esencialmente, en contraposición a la lírica o el teatro. Pero si salimos del ámbito de la Literatura, la narrativa es un texto en palabras o un relato hecho de imágenes y sonidos, que relata hechos ficticios protagonizados por uno o más personajes.
  2. Es decir que para que sea narrativa necesita de personajes y de un sustrato de ficción.
  3. Para que sea narrativa necesariamente ha de disponer de un narrador o punto de vista.
  4. La narración implica una obligatoriedad del paso del tiempo. Es decir: es un tiempo capturado, de A a Z, siendo A un momento material/psicológico determinado y Z otro momento material/psicológico completamente distinto al anterior.
  5. Necesita de un autor.
  6. Necesita de un público.

Así, a grosso modo, no parece muy complicado. Vamos a desgranar algunos de los conceptos aquí nombrados:

–La figura del narrador casi es la más importante, tanto en Literatura como en Cine (y series). Puede ser en primera persona, segunda o tercera. Puede ser omnisciente (lo conoce todo), equisciente (conoce algunas cosas), deficiente (conoce muy poco), poco fiable (miente), múltiple (son varias voces narrativas las que narran los hechos) y algunos tipos más… La construcción del narrador es esencial en una novela y también en una película. Se dice que la cámara es una suerte de narrador y es cierto, pero también podría decirse que un personaje hablando en off es narrador, o que al coger la cámara el punto de vista de un personaje se convierte en narrador, y todo eso es cierto. Todo esto para definir el crucial aspecto del punto de vista, que es el que moldea y perfila las obras narrativas hasta en sus más mínimos detalles.

–El concepto de ficción, que ha traído de cabeza a los más grandes pensadores de todos los tiempos. La ficción podría decirse que es, para no alargar mucho el tema, un tablero de juego con las reglas perfectamente cerradas sobre sí mismas, que no admiten ningún tipo de variación, alteración u omisión, porque además son parte de la estrategia narrativa, del tono poético y del estilo final de la novela o película. La ficción se erige así en una segunda realidad, que ha de ser tan coherente (con sus reglas internas) y tan verosímil como la propia realidad nuestra. Esto significa que la narrativa, como todo arte, tiene como objetivo final crear la vida con otras reglas, una vida tan vívida (valga la redundancia) como la nuestra, o puede que más, porque todo lo que aquí es relativo, en una ficción puede (y debe) ser absoluto. En otras palabras, la vida es un absoluto, la muerte es un absoluto, el amor, el odio, el deseo, la violencia, la historia.. y al confrontar esos absolutos con nuestra vida real podemos entender mejor qué necesitamos de ellos.

–Los personajes como definidores de una forma de pensamiento. La del creador, claro. Tanto en Cine como en Literatura. Los personajes son una extensión de la personalidad del autor, y por ello se convierten en las pistas más fiables (cuando hablamos de una ficción poderosa, claro) de sus intenciones y sus ideas. Son algo así como el camino de miguitas que nos lleva hasta la conclusión final. Y algo más, claro: lo que necesitamos para vernos reflejados en esa ficción. Los personajes han de estar tan vivos, ser tan creíbles y albergar una encarnadura tan real como una persona fuera de la pantalla o de las páginas de una novela. Y esto es uno de los aspectos más complicados del complejo arte de la narración. Se requiere de un narrador experto para conseguir que los personajes sean algo más que meras sombras o clichés andantes. Tanto es así que hay grandes narradores que no consiguen hacerlos realmente creíbles.

Ahora. ¿Por qué los videojuegos no son narrativa, o si lo son es una narrativa de muy pobre alcance?

Para certificar la existencia de un ser humano no basta con tener un 1% de su ADN. Tampoco un 50% o un 60%. Para ser realmente un ser humano es necesario tener el 100% del ADN humano. Con estas cosas ocurre lo mismo. Puedes tener un tanto por ciento de narrativa, pero no lo suficiente como para considerarte tal. Porque:

–Los juegos en vídeo, al permitir al jugador interaccionar, rompen el pacto ficcional, erosionan la ficción que se supone posee una narración, y crean otra cosa, no narrativa.

–El narrador es ahora el jugador (en teoría, que no en la práctica), que puede hacer o deshacer a su antojo.

–El personaje creado es ahora el jugador, que puede hacer que ese personaje actúe de forma diferente si él lo quiere.

Es evidente que en muchos juegos hay personajes, o intento de, se construye una ficción, o intento de, pero por su propia naturaleza, que es la naturaleza de los juegos, rompe la unidad imprescindible de una obra narrativa, a la que además se le exige una solidez, una fuerza interna, que por lo visto no se exige a los videojuegos, en los que prima sobre todo la libertad (una libertad de nuevo sólo aparente). Claro que muchos juegos cuentan historias, o pequeñas historias, pero contar una historia no es narrativa necesariamente. Para que los VJ fueran narrativa necesitarían que el jugador lo fuese, y que fuese el creador el que lo crease mientras lo juega, pero siempre desde la ficción. Esto es imposible, claro está, fuera de la Literatura y el Cine.

Y todo esto no son opiniones. No son ideas mías. El arte requiere de un pensamiento científico puro, que examine sus partes y establezca las diferencias. Ni una novela es una película, ni un cómic es una novela ni un videojuego es narrativa. Todo esto no es ideológico. No son preferencias. Es constatar las cosas como son.

En este mundo posmoderno, en el que el autor ha muerto (igual que Dios), en el que el arte puede ser hasta el modo de hacer la cama o lo que hace un tiktoker, que se considere a los videojuegos narrativa, o incluso arte, no es sorprendente. Pero la verdad cae por su propio peso. Si la ficción muere, la libertad personal muere con ella. Es para eso para lo que sirve la ficción, para hacernos libres en un mundo, en una existencia, en el que la libertad carece de sentido operatorio. No somos libres, ni podemos, ni debemos serlo. Salvo en la ficción. Y si no existe la ficción, ni la narrativa, sino una serie de eventos informáticos en tres dimensiones, mundos digitales en los que poder perdernos y aislarnos de la realidad, perderemos esa isla de libertad que es la verdadera ficción, la verdadera narrativa.

Y algunos no estamos dispuestos. Así de claro.

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CINE, PODCAST

Viajeros de la noche – Vigésimo segundo capítulo: Especial Avatar

Si lo pensamos fríamente, era inevitable que los viajeros nos planteáramos un programa sobre uno de los eventos cinematográficos del año, seguramente el más masivo que existe ahora mismo, y que lo hiciéramos desde las coordenadas de una profunda revisión crítica, porque esta es una franquicia que da de sí bastante más de lo que algunos algunos quieren o pueden ver. De modo que nuestro viaje número veintidós lo hemos dedicado a las últimas dos película de James Cameron.

Y lo mejor de todo es que en la mesa de debate no había una unanimidad manifiesta en torno a estas películas, más bien todo lo contrario. Y ese es, bajo mi punto de vista (siempre lo he dicho), un buen síntoma: cuando casi todo el mundo está de acuerdo en torno a algo hay que empezar a sospechar. Suelen ser películas o novelas que pronto pasan al olvido, irónicamente. Las otras, aquellas con las que muchos no saben qué hacer, se mantienen vivas por décadas y suelen responder a nuevas preguntas que se van haciendo en nuevos tiempos. Es uno de los poderes insoslayables de la ficción.

A Carlos nunca le entusiasmó el primer filme (algo de eso explica en su última entrada) y eso que creo que pocos hay por ahí tan conocedores y tan amantes de la sci-fi y de la fantasía. A Juanjo le gustó mucho pero con sus peros. Y a nuestro invitado de la noche, nuestro buen amigo Borja Navarro, le parece que debemos puntualizar algunas cosas y por eso se esfuerza en apuntárnoslas a lo largo del programa. Lo bueno de estos debates es que a pesar de las diferencias vamos encontrando puntos en común, y extrayendo conceptos que quizá por separado no serían tan nítidos. Estoy muy orgulloso de este programa porque con él hemos demostrado que no hace faltas ser un fanboy ni un hater para ponerse a hablar de ‘Avatar’.

Y, bueno, como Carlos era el único que todavía no había visto la segunda parte, hemos dedicado un buen trecho del programa a ponerle sobre la mesa los pros (sobre todo yo) y los contras (sobre todo Juanjo). A ver si va a verla y nos cuenta si finalmente ha entrado en este mundo fascinante de Pandora. Por lo pronto me gustaría decir aquí lo siguiente –y es algo que dije en el programa y que de alguna forma he dicho en la crítica de la revista Cintilatio– sobre ‘Avatar: The Way of Water’: es la obra de un maestro. Un filme, como el primero, de una belleza y de una emoción arrolladoras. Y creo que dentro de diez o quince años, cuando tengamos la trilogía, o la franquicia en su totalidad, nos daremos cuneta de la catedral que ha hecho James Cameron, con el objetivo último de construir la mayor crítica sobre la acción del hombre contra el entorno natural que se ha visto en el cine.

Así que yo creo que merece mucho la pena que le deis al play en el sitio original:

Ir a descargar

O bien en Spoti, que a lo mejor os es más cómodo:

Gracias por seguir escuchándonos.

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CINE, Vídeos

Miscelánea de videos (5): Navidad mal

No es que no me guste la Navidad –aunque en realidad no me gusta demasiado– es que no detesto que me digan cómo me tengo que sentir en unas fechas o por un evento determinado. Eso es todo. A mí todo lo que sea invierno, lluvia, nieve, nubes, tormentas, chimeneas, cuentos de fantasmas, todo eso me encanta. Y si encima de estás de vacaciones, muchísimo más.

Pero me gusta mucho más ir en contra de lo establecido, y defender aquello que se carga las convenciones y te dice: ni amor, ni paz universal ni gaitas. Caña, pandemónium. Eso es mucho más divertido. Y si se hace bien, pues mejor. Aquí van algunas secuencias de mis filmes navideños predilectos (…y creo que también predilectos para la mitad de la humanidad), perfectos para pasar estas fechas un poco más animado:

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ARTÍCULOS, CINE

Sobre los «malos guiones» de ‘Avatar: The Way of Water’ y ‘Mad Max: Fury Road’

Lo que pasa es que nadie se acuerda ya, o no se quiere acordar. Mi palabra favorita, durante todo este año 2022, para referirme al público, y probablemente a gran parte de la crítica, es «veleidoso». El habitual «donde dije ‘digo’ digo ‘Diego’», y los no menos habituales subterfugios para buscar razones para atacar un filme de gran calado y de enorme elaboración, tanto interna como externa. Creo que fue Coppola el que dijo que «podríamos describir un mal filme como aquel al que le saben encontrar defectos, y un bueno como aquel que esconde los suyos». Pero en realidad es mucho más que eso. Se trata de desarmar con argumentos vacíos de contenido que, aparentemente, no pueden ser refutados. Lo malo es que Cine, en Literatura y en narrativa en general, casi todos los argumentos pueden ser refutados si no presentan la menor solidez.

Hace siete años (cómo pasa el tiempo, joder…) que se estrenaba ‘Mad Max: Fury Road’ (2015), la gran obra maestra de George Miller –…bueno, un poco más, que llegó en primavera…–, y los que puedan leer estas líneas seguramente no se acordarán, o no quieran acordarse, que los argumentos que se esgrimieron contra ella fueron exactamente los mismos que los que ahora se quieren emplear para atacar sin piedad la nueva realización del siempre odiado James Cameron, ‘Avatar: The Way of Water’ (2022). Los mismos. Verbigracia: que visualmente era una maravilla pero que su guion era más simple que el mecanismo de un botijo, y que por tanto no se podía, bajo ningún concepto, considerar ese filme de Miller un gran filme. Creo que todavía existen foros con pseudo-críticas (de esas que escriben los aficionados que no tienen nada mejor que hacer, aficionados que por otra parte detestan a los críticos… ironías de la vida) en la que tipos o tipas furibundos o furibundas arremeten contra Miller por haber visto una películas tan estúpida, tan vacía, con un guion que alguien podría escribir, eso dicen, en un fin de semana. ¡Los guiones! ¡Los guionistas! Esos son lo más importante de las películas. Todo lo demás es paja. Por lo visto lo que querían esa horda de muchachos/as era que Max y Furiosa tuvieran un profundo diálogo «shakesperiano», y que la historia debía haberse desgajado en varios tiempos narrativos, que confluyeran en paralelo, y que el final hubiera gozado de uno de esos giros de guion que dejan a la peña con la boca abierta. Quizá así lo habrían considerado un buen guion.

Yo tengo una teoría sobre la mayoría de los que, cuando ven una película que personalmente no les gusta, no les atrae o no les convence, se lanzan a poner el guion a la altura del barro. Es un poco la misma que uso con todos los que ante una serie o una película con cierta complejidad dicen que es «shakesperiano». En primer lugar son personas que jamás han leído, mucho me temo, una tragedia (o comedia, o pieza histórica… tanto da) de Shakespeare, que son la cosa más simple del mundo. Todas, por cierto, incluso ‘Hamlet’. En segundo lugar son personas que nunca jamás han escrito una sola obra de ficción, ni un solo cuento, ni un solo guion de cortometraje, aunque sea de manera amateur. Absolutamente nada. Digo la mayoría, ¿eh?. En tercer lugar, su profundización en la historia del cine es bastante limitada, y quizá no conozcan ni una sola película de Robert Bresson, cuyas historias, cuyos guiones, son de una sencillez abrumadora. Como por ejemplo ‘Au hasard Balthazar’ (1966), que es una anécdota mínima. Pero tampoco hace falta irse a Francia. Podemos quedarnos en Estados Unidos. Supongo que tampoco habrán reparado en la enorme sencillez de ‘The Straight Story’, o en la de otros filmes de Lynch, al menos en lo que concierne a su guion. O de Malick. En cuarto y último lugar son personas que, muchas veces, no tienen ningún reparo en apreciar otras películas que sí son realmente simples e incluso infames, como las dos últimas películas de ‘Los Vengadores’, que seguramente tengan un guion super complicado, pero que es una estupidez como un piano de grande. Sea como fuere, cuando te llamas George Miller no puedes hacer algo sencillo como podría hacerlo alguien que se llama Bresson. Y cuando eres Cameron y estrenas una película en los últimos 25 años, más te vale prepararte, porque te van a caer por todos lados y van a mirar cada detalle con lupa.

No he leído ni una sola crítica negativa de este segundo Avatar –tampoco del primero en su momento– en medios supuestamente profesionales o en prensa, que no diga que el guion de esta película es inexistente, o que es muy pobre, o que es nefasto. Luego me he ido a su historial de críticas, de todos esos críticos, y me encuentro con que jamás, en ninguna otra crítica, ni siquiera de aquellas que no les gustan, comentan la supuesta pobreza del guion. Y yo, que como el lector sabe estudié cine en dos escuelas de Madrid, que llevo más de quince años escribiendo críticas, que he escrito guiones y prosa, que he escrito seis novelas y una docena de cuentos largos que por el momento nadie quiere publicar, sé perfectamente que el guion de ‘Avatar: The Way of Water’, igual que el de ‘Mad Max: Fury Road’, puede parecer simple, pero que en realidad es de una (falsa) sencillez repleta de detalles propios de un gran guionista. Sé que en ambas se emplea una gran aventura para establecer una radiografía muy nítida y muy certera de sus personajes, caracteres sobre los que sus máximos responsables jamás pierden el control, y cuya partitura está perfectamente ensamblada por el casting. El interés de Miller y de Cameron es hablarnos del interior de sus personajes, de Jake, Max, Neytiri, Furiosa y el resto de seres que pueblan sus ficciones, para establecer con ellos un espejo en el que poder mirarnos, para golpearnos lo máximo posible con sus vicisitudes. Y eso solamente lo logras desde guiones muy medidos que establezcan un entramado de rostros, réplicas y contrarréplicas, de actitudes, miradas y decisiones, que luego depurar en rodaje y montaje. Por eso ‘Mad Max: Fury Road’ se llevó, entre otros, el Óscar al mejor montaje, premio que adelanto desde ahora mismo que también se va a llevar la película de Cameron, un prodigio de puntos de vista convergentes, de alternancia de tiempos y espacios narrativos, para una aventura sin límites. Y no pasa nada que haya que esperar siete años, o catorce, para que la gente se quite de los ojos la maraña de prejuicios y empiece a darse cuenta por sí misma.

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ARTÍCULO, CINE

Los 7 tipos de cinéfilos que existen

Porque no son todos iguales, ni muchísimo menos. Se supone que a todos les une lo mismos: la pasión por el cine. ¿Pero qué significa eso de «la pasión por el cine»?. Poca cosa, en realidad. Eso de pasión en ciertos casos es muy relativo. Lo que la mayoría de la gente siente o tiene es pasión por uno mismo, por sus propios gustos y apetencias, que en teoría nadie les puede arrebatar. Pero supongo que ese es otro tema

Algunos dirían que los hay de todos los tipos y colores, pero yo, que soy así de generoso, voy a agruparlos en siete tipos principales, para no volvernos locos, y esto siempre teniendo en cuenta que para mí un cinéfilo es, en teoría, algo más que una persona que se pasa la vida viendo películas: es alguien que conoce el medio desde una base más o menos sólida hasta un verdadero experto en todo lo relativo a lo audiovisual.

Empecemos… y por cierto que hay personas que pueden ser de más de un tipo a la vez…

1: El purista tedioso

Estos son los cinéfilos que abogan por una supremacía absoluta de cierto tipo de cine, frente a todos los demás. Para resumir un poco su punto de vista: está el cine como obra de arte, y luego todo lo demás, que en general es basura. Y en el caso de no ser basura, quizá se salven por algunos aspectos en los que nadie más se fija salvo estos puristas. Suelen defender, a capa y espada, a directores marginales que pueden ser interesantes, pero que casi nadie conoce (si en algún momento empiezan a ser conocidos, u obtienen cierta aceptación popular, enseguida cambian de ídolos), o bien suelen defender cinematografías extremas como las únicas salvables, ya sea la iraní, la mozambiqueña o la andorrana, o bien suelen defender etapas del cine como las más «puras» y preciosas, como por ejemplo el mudo. Este tipo de cinéfilo no está preparado para asumir una multiplicidad de probabilidades, un descubrimiento de opciones artísticas o expresivas. Para ellos el cine es una sola cosa, la que ven a través de un único prisma, y lo que no se adhiere a eso sencillamente no es cine.

2: El hollywoodiense americanito

Este es un poco el opuesto del anterior, aunque a su manera también son puristas. Pero en este caso de algo muy concreto: el cine de Hollywood. Y cuando digo el cine de Hollywood me refiero a ese tipo de cine espectacular, repleto de efectos especiales, de estrellas, de persecuciones de coches, ese trasnochado y musculado «american way of life» que tantas películas de colegas, de polis, de tiros, de americanadas, nos ha dado. Estos cinéfilos son los que no verían una película iraní, o italiana, o incluso española, ni a tiros. Ni aunque les pagasen por ello. Y si la ven es por error, y desde luego les parece un bodrio, porque el cine está para entretener, para pasarlo bien mientras comes palomitas con tus colegas, no para pensar, ni para «ralladas» de supuestos artistas que van de exquisitos, ni para pedantes gafapastas que se creen que hay cine por encime de ese que a ellos les gusta, por el cine es lo que ellos pagan que sea, y punto final, se acabó la discusión.

3: El amargao

Este es el clásico cinéfilo que en realidad no disfruta el cine. Que lo ve pero no le gusta, no le encuentra nada interesante en un 99,99% de las ocasiones. Es el elitista por antonomasia, y no le convencen ni por un lado ni por otro, porque todo es una puta basura salvo las pocas cosas que, muy de cuando en cuando, alguien verdaderamente elegido le pone delante de los ojos. Ni siqueira se le puede considerar un elitista, porque ni hay élites ni las busca, ni las necesita. Lo que necesita es una joya, una luz en las tinieblas, que le quite el amargamiento aunque sólo sea durante dos horas, porque el amargamiento volverá. Yo he conocido unos cuantos de esos, y puedo jurar que han visto más películas que yo y que muchos otros. Pero para lo que les sirve más les valdría ponerse a mirar por la ventana.

4: El tragaldabas

Estos, como su mismo nombre indica, se lo tragan todo y lo aman todo y tienen orgasmos prácticamente con todo. Ya puede ser un Fellini o un Bergman, una infame película de animación coreana o una película de serie Z hecha por su primo en un fin de semana, que para él todo eso es arte. No distinguen, ni hacen ascos a nada, y en su casa poseen la friolera de 55.000 películas entre Beta, VHS, DVD o Blu-ray, así como cientos de pirateados, y recuerda cada puto título, y es capaz de zamparse treinta y cinco películas sin pestañear en un fin de semana. Se les reconoce sobre todo por su hablar arrastrado, sus ojos inyectados en sangre y un poco salidos de las órbitas y por un ligero temblor en las manos. Normal, no puede ser sano tragarse tanta bazofia.

5: El de los clásicos estadounidenses

Estos son quizá los más habituales, los más pelmas y los menos divertidos (aún menos, incluso, que los recalcitrantes de los puristas). Con ellos la cosa es simple: por una parte está el cine estadounidense de los años 30, 40 y 50, por otra parte todo lo demás. Es un coñazo hablar con ellos porque no aceptan otra cosa, ni se puede razonar con ellos. Todo es Ford, Hitchcock y Wilder. Si pudieran, se pasarían la vida poniéndose en bucle sus filmografías. Más de uno tiene pósters de esos tres tipos en su despacho. Saben que después de ellos, el cine puede durar 300 años más que no va a conseguir llegar a esa cumbre en su vida. Y los pobrecitos de los autores europeos… de verdad, qué pringados. ¿Quién puede competir con un western de Ford, una de suspense de Hitch o una comedia de Wilder? Absolutamente NADIE.

6: El trash

Estos me caen bastante bien. Saben lo que quieren y lo tienen bien delimitado y no dan mucho por saco. A estos lo que les mola es lo intenso, lo hardcore, lo que los estómagos sensibles no están dispuestos a ver ni en pintura. Porque ese el verdadero cine: el gore, el salvaje, el porno, el glam-rock… nada de dramas ni de película de prestigio. Eso es para blanditos. Lo que de verdad es lo más es ese tipo de ficción en la que apartarías la mirada cada cinco segundos. Experiencias extremas. Y para relajarse, de cuando en cuando, quizá algo de serie B, pero la más cutre y estúpida posible, tipo Russ Meyer. Sólo un rato, ¿eh?

7: El inteligente

Estos son los que leen libros, además de ver películas, los que escuchan música, los que no tienen prisa, los que no conceden una importancia capital a la semántica, ni a nada en particular, los que están abiertos a todo tipo de cine, siempre que tenga algo interesante y honesto que mostrar… en definitiva los que se zambullen en el cine con algo más que fanatismos o purismos, o limitaciones o restricciones de ninguna clase. Son, por cierto, los menos comunes de los cinéfilos.

Ahora te pregunto: ¿tú de qué clase eres?

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ARTÍCULOS, CINE

Cinematografía comparada: ‘Seven’ & ‘The Silence of the Lambs’

A raíz de una breve conversación con un compañero de Twitter, en la que él ponía por encima como villano al John Doe de ‘Seven’ frente al Hannibal Lecter de ‘The Silence of the Lambs’ –luego ponía a la pareja asesina de ‘Funny Games’ por encima incluso de John Doe–, me ha parecido que era hora de hacer una comparativa que llevaba yo un tiempo rumiando, y que puede establecerse a partir de sus dos antagonistas principales, estos dos psicópatas sangrientos –no todos los psicópatas son sangrientos…– de manual, pero también entre sus imágenes, las de dos de los thrillers más famosos de los últimos treinta años, el dirigido por el no especialista Jonathan Demme, y la segunda realización de un joven David Fincher.

Porque si se quiere comparar a dos personajes, por muy extremos y al límite que sean esos personajes, y estaremos de acuerdo en que tanto el doctor Lecter como el misterioso hombre sin nombre de ‘Seven’ son de ese tipo de caracteres, se debe comparar la película por entero. ¿Cómo decidir cuál de los dos es un personaje más fascinante, grandioso y perfecto, salvo con las imágenes de las que forman parte, con las interacciones en las que participan y finalmente con lo que consiguen las construcciones narrativas en las que están incrustados? Imposible, creo yo. Lo que habría que hacer es comparar ambas ficciones, sus estrategias narrativas, frente a frente, y quizá llegar a alguna conclusión, aunque no creo que haya muchas dudas de que el Lecter creado por Hopkins y Demme es bastante superior al Doe de Spacey y Fincher, mucho más fascinante e hipnótico, mucho más complejo e inabarcable, pues se trata de una de las mejores interpretaciones de todos los tiempos. Y su contrincante se queda en un hábil guiñol de tintes siniestros que no consigue ni la mitad que el otro a pesar de la famosa escena de la caja… Vamos por partes, nunca mejor dicho.

Al final un filme es un todo, en el que las partes son indivisibles y se retro-alimentan entre sí, es una estructura con muchas partes y piezas que han de unirse de manera armónica (no solamente el tamaño de los planos y los elementos que en ellos se organizan…). Hablar de las interpretaciones y las creaciones de Anthony Hopkins y de Kevin Spacey es hablar de todo lo que les rodea: puesta en escena, diseño de producción, sonido, montaje, planificación visual. Es curioso que ambas comparten el mismo músico, Howard Shore, que para ambas crea partituras y sonoridades con ciertos puntos en común pero realmente muy diferentes, y es indiscutible que ‘Seven’ parte del éxito de ‘The Silence of the Lambs’, cuatro años anterior, para llevar más lejos sus premisas de una investigación criminal sobre los asesinatos de un terrible psicópata… si bien en el caso del filme de Demme no se trata tanto de Lecter como del también temible Buffalo Bill… aunque finalmente el preso Lecter se pone a hacer de las suyas.

Nunca me cansaré de insistir en algo fundamental, tanto en Literatura como en Cine: el «para qué» se hace, cuál es su objetivo primordial como construcción narrativa. Si vemos ambas ficciones y nos ponemos serios, parece claro que el objetivo principal de ‘Seven’ es proporcionar al espectador una experiencia de horror extrema, un estado anímico casi apocalíptico, en el que el mundo es un lugar cercano a lo infernal (por cierto, que el score de Shore ayuda enormemente a ello), algo a lo que invitan algunos componentes temáticos como las alusiones a la ‘Divina Comedia’ de Dante. Y aunque pudiera parecer que ‘El silencio de los corderos’ pretende proporcionar una experiencia similar al espectador, basta rascar un poco en la superficie para darnos cuenta de que no, de que al final lo que se consigue es un estado anímico mucho más ambivalente, intrincado y difícil de definir, que por supuesto también participa de un pandemónium de horror, pero cuyo desenlace es mucho más problemático para el espectador/receptor que el de ‘Seven’, pues en él se mezcla la euforia de la victoria de Starling frente al supuesto villano del relato, mientras el verdadero villano (Lecter, claro), está a punto de continuar sus actividades y la llama por teléfono para recordárselo.

Esto es sólo lo evidente, además. Por debajo de ello hay muchas más cosas. Las que definen a ‘Seven’ como un brillantísimo «ejercicio de estilo», como se suele decir, con una fotografía y un diseño de producción muy influyentes, con un endiablado sentido de la planificación y el montaje de un Fincher que empezaba a mostrar la altura de su talento como narrador –aunque aún le faltaría bastante para encontrar su propia voz–, y que aunque acaba siendo un filme bastante artificioso en sus propuestas, sin duda es un thriller bastante por encima de la media. Y la que definen a ‘The Silence of the Lambs’ como una de las mejores películas estadounidenses de la historia, pues en ella se combina un sentido del suspense único, una mirada al mundo tremendamente humana y dolorosa, y un sentido operístico, musical, que acercan sus imágenes a la poesía fílmica, a una ficción rebosante de clarividencia y expresividad artísticas.

Y esto sucede porque el «para qué» de Demme consiste en mucho más que en dar sustos o en crear una sinfonía de terror. Lo que él pretende, y consigue con creces (pese a recalcitrantes que buscan en el Cine lo que el Cine no es) es crear una reflexión durísima sobre la condición humana, sobre el peso de los recuerdos y la arbitrariedad y crueldad de toda vida, servido como una ópera cercana a lo apocalíptico, tal como haría un Coppola, y todo esto es algo que no consigue la cinta de Fincher, sobre todo porque ni siquiera se plantea llegar a lugares ni remotamente tan complejos y resbaladizos.

Lo que convierte a Lecter en un psicópata, en un villano mucho más interesante y memorable que el John Doe de Spacey, es que el caracter de Hopkins no es simplemente un sádico, o un asesino con sus razones, sino que posee varios niveles internos, pues tal como explicó Demme: «se trata de un buen hombre atrapado en la mente de un loco». Pero no olvidemos que es un loco de diseño, no un loco verdadero. Lecter es un genio intelectual, pero también es un sociópata puro, tal como le describen en la película (y en la novela…)… pero sólo en teoría. Esto significaría que se trata de alguien impulsivo, arrogante, que se deja llevar por sus emociones. Pero eso no es lo que hace Lecter. Por supuesto tiene sus vanidades, pero no se trata de alguien impulsivo o arrogante. Más bien está por encima del bien y del mal. Le acercaría a una figura nietzscheana, en ese sentido, si además no fuera una persona tremendamente compasiva con los sentimientos y las desgracias de los que se acercan a él y se ofrecen a contárselas sin alardear de ellas. Podríamos decir que Lecter ha decidido que no merece la pena seguir siendo humano en cuanto a su relación con los demás, pero no en cuanto los traumas ajenos, si son verdaderos, como catalizadores de un cambio probablemente doloroso, pero cambio vital al fin y al cabo.

Toda la puesta en escena, el argumento, la estrategia narrativa… todo en este filme orbita alrededor de esta idea que acabo de describir. Y en el centro de todo eso está la figura de Lecter, y a su lado la de Starling, como seres totémicos a los que poner en un pedestal, porque la impresionante dialéctica que se establece entre ambos viene a significar un doble cambio: la recuperación de la libertad física de él y la obtención de la libertad espiritual, anímica, de ella… y de cómo ambas libertades se relacionan y se estorban entre sí en el magistral y memorable momento final. Estos conceptos quedan muy lejos, inaccesibles al a ratos apasionante a ratos demasiado fácil juego del ratón y el gato establecido en ‘Seven’, y de toda la hojarasca mística que John Doe despliega en su diálogo final.

Es la diferencia entre las obras de arte y las buenas película de género.

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CINE, MÚSICA, PODCAST

Viajeros de la noche – Vigésimo primer capítulo: Superprogramón BSO, Vol. 1

Nos apetecía mucho este programa, la verdad, pero las cosas llevan su tiempo y siempre queremos hacerlo lo mejor posible, de modo que se ha hecho esperar. Pero ya está aquí, y creo que son tres sobre la música de cine y para el cine que merecen mucho la pena, porque no solamente hablamos de aquellos temas que más nos han marcado en diferentes momentos de nuestra vida, que también, sino que sobre todo intentamos indagar en lo que significa la música de las películas, sin olvidarnos de las lecciones de auténticos expertos como Conrado Xalabarder, que siempre insisten en que la música de cine sirve para mucho que para empapelar una secuencia…

Porque realmente es así. La música es un elemento narrativo más, y uno de los más poderosos, y el compositor o el supervisor musical es una figura clave para el éxito del futuro filme, acaso el cineasta más importante después del director y junto con el director de fotografía. La música es sonido, pero también es ritmo, y tono, y conceptos e ideas, y un guion narrativo que entra en una dialéctica constante con el guion que suponen las imágenes. Por eso durante una hora hemos hablado de varios conceptos fundamentales a la hora de entender este vasto territorio que son las llamadas BSO.

Pero luego, durante las dos horas siguientes, cada uno de nosotros ha elegido dos compositores, y de cada uno de ellos hemos elegido tres cortes distintos, que hemos desarrollado y hemos comentado con los compañeros, para que el oyente conozca bien nuestros puntos de vista y también tenga deseos de incluir él a los suyos. Han sido los siguientes:

De James Horner (por Juanjo):

‘Take Her to Sea, Mr Murdoch’, Titanic.
‘Hymn to the sea’, Titanic.
‘Promises – End Titles’, The Amazing Spider-Man.

De Christopher Young (por Carlos):

‘Hellbound/Second Sight Seance’, Hellbound Hellraiser II.
‘Concerto to Hell’, Drag Me to Hell.
‘Birth of Sandman’, Spider-Man 3.

De Ennio Morricone (por Adrián):

‘Man with a Harmonica’, Once Upon a Time in the West.
‘On Earth as it is in Heaven’, The Mission.
‘Deborah’s Theme’, Once Upon a Time in America.

De John Williams (por Juanjo):

‘The Map Room: Dawn’, Raiders of the Lost Ark.
‘Rescue from Cloud City/Hyperspace’, The Empire Strikes Back.
‘The Jedi Steps and Finale’, The Force Awakens.

De Howard Shore (por Carlos):

‘The Breaking of the Fellowship’, The Felllowship of the Ring.
‘The Finale’, The Fly.
‘Main Title’, Dead Ringers.

De Hans Zimmer (por Adrián):

‘Journey to the Line’, The Thin Red Line.
‘Supermarine’, Dunkirk.
‘Imagine the Fire’, The Dark Knight Rises.

Y no ha dado tiempo para más. Como tenemos pensado hacer más volúmenes de música de cine, esto es sólo un aperitivo, de modo que ya hablaremos de otras músicas y otros títulos. Por ahora este programa nos ha quedado estupendo. Podéis escucharlo en Ivoox:

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O bien en Spotify:

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ARTÍCULOS, CINE

La construcción narrativa

Una película no son cuadros (o encuadres) superpuestos. Es decir, desde un punto de vista totalmente prosaico lo son: doscientos, o quinientos, o mil quinientos –o más…– planos unidos por el montaje para dar al espectador/receptor una ilusión de continuidad espacio-temporal… pero eso no significa que esos doscientos, o tres mil quinientos, planos sean cuadros con cualidades pictóricas (composición, color, simbolismo visual…), y mucho menos que esas cualidades pictóricas sean definitorias y lo más importante a lo que pueda aspirar el cine.

Quienes así piensan, y me temo que así piensan muchísimos que se ponen a escribir sobre cine y narrativa en revistas o en Twitter, me temo que no comprenden de lo que estamos hablando, y que se aferran a una concepción de las cosas que empobrece muchísimo lo que el cine o una serie, o un cortometraje, pueden dar de sí. El cine no son 24 cuadros por segundo, sino 24 imágenes por segundo que han de convertirse en imagen en movimiento… en tiempo… por eso son narrativa y por eso la pintura o la escultura o la arquitectura no son narrativa. Son otra cosa de la que por cierto el cine también es partícipe en según qué momentos, pero no son tan importantes como la construcción narrativa que depende del tiempo. Del tiempo dependen la Literatura, aún más la Música, y muchísimo más el Cine. Si quieres ver cuadros con cualidades pictóricas ponte a estudiar Historia del Arte, si quieres ver narrativa ponte a ver películas… y si quieres comentar películas comienza a entender –si no quieres hacer el ridículo– conceptos tales como narrativa, anti-narrativa o tipos de narrativa, que lo vas a necesitar.

Porque al igual que en una catedral, en un puente de grandes dimensiones o cualquier otro tipo de construcción arquitectónica, las películas, al igual que las novelas, se construyen sobre sí mismas. Ya dije en otra ocasión, y lo he dejado por escrito en no sé cuántos trabajos, que cualquier película, serie, novela o relato es un sistema narrativo en sí mismo, un juego con sus propias reglas. Pero es que ese juego, si se me permite el símil, consiste en ir elevándose en una construcción progresiva en la que no es lo mismo el inicio que el final, en la que no es que los planos tengan relación conceptual entre ellos, es que siempre han de ir hacia arriba, como una enorme escalera que subiera –o tratara de subir…– y que luego bajara, según las necesidades y búsquedas del director, y que en el caso de que una secuencia no esté bien construida, por muy pertinentes que sean sus planos o sus cortes o incluso su contexto dramática, será un error porque no está bien ensamblada con todo lo demás.

Por eso son tan importantes conceptos como ritmo, tono, énfasis, armonía entre las partes, intensidad… conceptos musicales que muchos supuestos expertos o cinéfilos veteranos repudian porque o bien no quieren entenderlos o bien están demasiado ensimismados consigo mismos. Pero es esencial que un crítico, sino quiere tomarle el pelo a sus lectores u oyentes, comprenda bien lo que significan en una construcción, y por eso momentos como este…

…que en sí mismo es bastante brillante, está mal diseñado por lo que significa dentro de la construcción del filme, al que no añade nada, o momentos como este…

…(que por cierto parece un anuncio de colonia), está tan mal construido respecto a la estructura general, porque son como piezas disonantes, en tono, en ritmo y forma, respecto a la obra global, pero ejemplos hay decenas…

…centenares…

…puede que miles, en películas famosas, elogiadas o exitosas…

… y esto sucede porque la mayoría de cineastas están más pendientes de contar una historia agradable para el público que de construir una narración poderosa, un sistema narrativo que sea como un mecanismo de relojería en el cada pieza esté relacionada con todas las demás y en las que el conjunto de todas esas piezas tenga un significado rotundo, que sufriría de manera fatal que una de esas piezas fuera retirada o alterada.

Filmes como por ejemplo ‘Locke’, ‘La caja 507’, ‘La vida de Adele’, ‘The Walking Dead’, ‘Sons of Anarchy’, ‘El padrino, parte II’ o ‘Titanic’ son construcciones perfectas, en las que sus creadores consiguen que todas las piezas, en su sistema narrativa, en el juego que proponen con sus propias reglas, encajen a la perfección unas con otras, sin que sobre ninguna, sin que el tiempo que proponen quede falso, sin que los espacios narrativos se estorben, y sobre todo proponen una experiencia total y satisfactoria para el espectador/receptor, un crescendo imparable, una sensación de que estás llevado en volandas, sin necesidad de pensar, sin capacidad para reaccionar pararte a fijarte en cuestiones pictóricas, arrollado por las imágenes y los sonidos, que te golpean con toda la dureza posible. Otros pueden quedarse con las historias que les gustan, o con cuestiones como el jarrón que se cambia de sitio en ‘Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles’, pero esto último no es narrativa, eso es pintura.

Así de claro.

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