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The Walking Dead: Durísima, irreprochable y magistral

Concluida ya la serie, después de trece años de emisión y once temporadas, en las que han tenido lugar ciento setenta y siete episodios, podemos echar un vistazo a lo que ha dado de sí esta producción de la AMC, creada por Frank Darabont sobre el cómic de Robert Kirkman, y que desde su nacimiento hasta ahora ha sufrido la incomprensión generalizada de buena parte de los espectadores, a pesar de tratarse de un fenómeno mundial como va a ser difícil que se repita durante tantos años seguidos.

Un camino muy largo, el de estos trece años (si contamos que comenzamos en octubre de 2010), pero que al mismo tiempo se hace muy corto, porque esto es una gran novela-río, si se permite el símil, en la que a una gran profundidad en los caracteres y en los conceptos se añade una intensidad pocas veces vista en las situaciones, conflictos y acontecimientos que jalonan la trama, que hacen absurda esa acusación de ser una serie «en la que no ocurre nada» –acusación que suele hacerse a todo tipo de series para demostrar que no se es muy proclive a lo que en ellas se cuenta–, y que son la mayor prueba de que nos hallamos ante un inmenso esfuerzo narrativo y conceptual, que no puede ser despachado en cuatro o cinco líneas, sino que exige del espectador cualificado que quiera hablar de ella algo más que una mirada superficial. ‘The Walking Dead’ es cualquier cosa menos algo superficial, y esa es una de las razones que impiden una mayor unanimidad en torno a su legado.

Las tinieblas de un mundo aterrador

No existe ninguna serie, en toda la historia de la televisión, que haya planteado un universo tan siniestro, aplastante y descorazonador como esta. Así mismo, no existe probablemente una criatura al mismo tiempo tan terrorífica como el zombi (palabra por cierto que no se nombra en ningún capítulo, así como en ningún número del cómic) y tan poderosa a la hora de erigirse en metáfora de la muerte, de la pérdida, de la devastación emocional. El zombi en Romero, su verdadero creador, pues fue él quien impuso las reglas del juego, es una criatura que afecta a nuestra psique, que como las momias de Egipto nos recuerdan el miedo atávico a la muerte y la capacidad del ser humano para el mal. Pero el Zombi de Darabont, de Nicotero y del equipo creativo de esta serie realmente colectiva, es algo más: es un estado emocional, es un itinerario anímico desde la falsa seguridad del mundo moderno hasta las oscuridades de una existencia al límite.

El problema principal de esta serie irrepetible consiste, sencillamente, en que la gente no sabe qué hacer con ella. ‘The Walking Dead’ se negó, desde un principio, a convertirse en una serie-espectáculo, en un parque de atracciones de horror. Es mucho más que eso. Se negó también, para escarnio de sus seguidores, a ser una mera copia del cómic. Muy al contrario, se propuso crear una ficción mucho más rugosa, mucho más a ras de suelo, en la que no hubiera componendas ni paños calientes de ninguna clase, en la que sus supervivientes no tuvieran el mínimo descanso, no ya físico, sino emocional, y en la que la racionalidad absoluta –siempre teniendo en cuenta la imposibilidad de una infestación de muertos vivientes…– presidiera la puesta en escena hasta en sus últimas consecuencias. De todas las series del canon que he construido, que espero que vea luz más pronto que tarde, es la que posee un sistema narrativo más complejo y de las pocas que lleva este sistema narrativo hasta el final sin traicionarse jamás, lo que irónicamente puede que haya terminado por despistar a algunos y por causar rechazo a otro buen número de espectadores.

Porque si bien ‘The Sopranos’, ‘The Wire’, ‘Deadwood’ o ‘House’ nos pintan un mundo de cualquier color menos de rosa, ninguna de ellas, pese a su innegable grandeza, ha perfilado un universo tan pesimista y tan global, tan definitivo. Después de ‘TWD’ cualquier ficción apocalíptica corre un riesgo enorme de caer en la parodia.

Dialéctica de los géneros

Escribiré más, en cuanto tenga ocasión y pueda ordenar el torrente de ideas y sensaciones que deja esta serie arrolladora, sobre los componentes narrativos que la conforman y las ideas conceptuales que la elevan muy por encima de la media incluso de un momento de grandes series como el que llevamos dos décadas y pico disfrutando. Pero baste por ahora decir que ‘TWD’ es una fusión perfecta entre terror, acción y western, con algunas gotas de sci-fi, con otras gotas de fantasía oscura, y todo ello gobernado por un sólo impulso: hablar de la pérdida como la emoción más devastadora y definitiva que puede experimentar el ser humano. Toda la serie está construida alrededor de esta idea. Hay otras por supuesto que poner en consideración, tales como la pertenencia al grupo, la fina línea moral que separa el supuesto bien de las decisiones de uno contra el supuesto mal de las decisiones del rival, un ensayo profundo sobre el sacrificio no tanto como acto hacia uno mismo sino más bien como acto hacia lo colectivo, una profunda relectura de las múltiples razones para poner en tela de jucio la construcción de una democracia participativa… y muchas otras, porque esta serie, como las obras maestras del Cine o la Literatura, es filosofía pura antes que acción…

Pero, insisto: en acción, terror y suspense, no existe una serie que pueda acercarse a ella. ‘The Sopranos’ es una excelsa relectura de los códigos de la tragedia y la comedia negra, fundidos en una sola cosa. ‘The Wire’ es una reconstrucción de los códigos del género negro y del policiaco, para crear un reportaje novelístico, si tal expresión puede emplearse. ‘Deadwood’ es una deconstrucción de las razones del western, para condensarlo en una mirada honesta sobre unos hechos velados por la historia. ‘House’ es un estudio psicológico sobre las razones de un hombre para aislarse del mundo entero, sin perder su humanidad. Y ‘The Walking Dead’ es una ficción que hace uso de los marcos genéricos –el terror, el western– no para enaltecerlos, subvertirlos o deconstruirlos, sino como herramientas propicias para contar un apocalipsis más interno que externo, más íntimo que espectacular.

Algunos sabemos que pasarán pocos años antes de empezar a ver esta serie con otros ojos, para empezar a valorarla como una de las grandes de la historia. Aunque para empezar hay que verla entera, desde el principio, hasta el final… por lo que probablemente habrá que ver las tres miniseries que se están preparando para el año que viene, que van a significar el verdadero final de esta saga que, le pese a quien le pese, es ya Historia con mayúsculas de la televisión.

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