ARTÍCULOS, CINE

La construcción narrativa

Una película no son cuadros (o encuadres) superpuestos. Es decir, desde un punto de vista totalmente prosaico lo son: doscientos, o quinientos, o mil quinientos –o más…– planos unidos por el montaje para dar al espectador/receptor una ilusión de continuidad espacio-temporal… pero eso no significa que esos doscientos, o tres mil quinientos, planos sean cuadros con cualidades pictóricas (composición, color, simbolismo visual…), y mucho menos que esas cualidades pictóricas sean definitorias y lo más importante a lo que pueda aspirar el cine.

Quienes así piensan, y me temo que así piensan muchísimos que se ponen a escribir sobre cine y narrativa en revistas o en Twitter, me temo que no comprenden de lo que estamos hablando, y que se aferran a una concepción de las cosas que empobrece muchísimo lo que el cine o una serie, o un cortometraje, pueden dar de sí. El cine no son 24 cuadros por segundo, sino 24 imágenes por segundo que han de convertirse en imagen en movimiento… en tiempo… por eso son narrativa y por eso la pintura o la escultura o la arquitectura no son narrativa. Son otra cosa de la que por cierto el cine también es partícipe en según qué momentos, pero no son tan importantes como la construcción narrativa que depende del tiempo. Del tiempo dependen la Literatura, aún más la Música, y muchísimo más el Cine. Si quieres ver cuadros con cualidades pictóricas ponte a estudiar Historia del Arte, si quieres ver narrativa ponte a ver películas… y si quieres comentar películas comienza a entender –si no quieres hacer el ridículo– conceptos tales como narrativa, anti-narrativa o tipos de narrativa, que lo vas a necesitar.

Porque al igual que en una catedral, en un puente de grandes dimensiones o cualquier otro tipo de construcción arquitectónica, las películas, al igual que las novelas, se construyen sobre sí mismas. Ya dije en otra ocasión, y lo he dejado por escrito en no sé cuántos trabajos, que cualquier película, serie, novela o relato es un sistema narrativo en sí mismo, un juego con sus propias reglas. Pero es que ese juego, si se me permite el símil, consiste en ir elevándose en una construcción progresiva en la que no es lo mismo el inicio que el final, en la que no es que los planos tengan relación conceptual entre ellos, es que siempre han de ir hacia arriba, como una enorme escalera que subiera –o tratara de subir…– y que luego bajara, según las necesidades y búsquedas del director, y que en el caso de que una secuencia no esté bien construida, por muy pertinentes que sean sus planos o sus cortes o incluso su contexto dramática, será un error porque no está bien ensamblada con todo lo demás.

Por eso son tan importantes conceptos como ritmo, tono, énfasis, armonía entre las partes, intensidad… conceptos musicales que muchos supuestos expertos o cinéfilos veteranos repudian porque o bien no quieren entenderlos o bien están demasiado ensimismados consigo mismos. Pero es esencial que un crítico, sino quiere tomarle el pelo a sus lectores u oyentes, comprenda bien lo que significan en una construcción, y por eso momentos como este…

…que en sí mismo es bastante brillante, está mal diseñado por lo que significa dentro de la construcción del filme, al que no añade nada, o momentos como este…

…(que por cierto parece un anuncio de colonia), está tan mal construido respecto a la estructura general, porque son como piezas disonantes, en tono, en ritmo y forma, respecto a la obra global, pero ejemplos hay decenas…

…centenares…

…puede que miles, en películas famosas, elogiadas o exitosas…

… y esto sucede porque la mayoría de cineastas están más pendientes de contar una historia agradable para el público que de construir una narración poderosa, un sistema narrativo que sea como un mecanismo de relojería en el cada pieza esté relacionada con todas las demás y en las que el conjunto de todas esas piezas tenga un significado rotundo, que sufriría de manera fatal que una de esas piezas fuera retirada o alterada.

Filmes como por ejemplo ‘Locke’, ‘La caja 507’, ‘La vida de Adele’, ‘The Walking Dead’, ‘Sons of Anarchy’, ‘El padrino, parte II’ o ‘Titanic’ son construcciones perfectas, en las que sus creadores consiguen que todas las piezas, en su sistema narrativa, en el juego que proponen con sus propias reglas, encajen a la perfección unas con otras, sin que sobre ninguna, sin que el tiempo que proponen quede falso, sin que los espacios narrativos se estorben, y sobre todo proponen una experiencia total y satisfactoria para el espectador/receptor, un crescendo imparable, una sensación de que estás llevado en volandas, sin necesidad de pensar, sin capacidad para reaccionar pararte a fijarte en cuestiones pictóricas, arrollado por las imágenes y los sonidos, que te golpean con toda la dureza posible. Otros pueden quedarse con las historias que les gustan, o con cuestiones como el jarrón que se cambia de sitio en ‘Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles’, pero esto último no es narrativa, eso es pintura.

Así de claro.

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Un comentario en “La construcción narrativa

  1. Pingback: Cinematografía comparada: ‘Seven’ & ‘The Silence of the Lambs’ | Adrián Massanet

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