ARTÍCULOS, CINE

Sobre los «malos guiones» de ‘Avatar: The Way of Water’ y ‘Mad Max: Fury Road’

Lo que pasa es que nadie se acuerda ya, o no se quiere acordar. Mi palabra favorita, durante todo este año 2022, para referirme al público, y probablemente a gran parte de la crítica, es «veleidoso». El habitual «donde dije ‘digo’ digo ‘Diego’», y los no menos habituales subterfugios para buscar razones para atacar un filme de gran calado y de enorme elaboración, tanto interna como externa. Creo que fue Coppola el que dijo que «podríamos describir un mal filme como aquel al que le saben encontrar defectos, y un bueno como aquel que esconde los suyos». Pero en realidad es mucho más que eso. Se trata de desarmar con argumentos vacíos de contenido que, aparentemente, no pueden ser refutados. Lo malo es que Cine, en Literatura y en narrativa en general, casi todos los argumentos pueden ser refutados si no presentan la menor solidez.

Hace siete años (cómo pasa el tiempo, joder…) que se estrenaba ‘Mad Max: Fury Road’ (2015), la gran obra maestra de George Miller –…bueno, un poco más, que llegó en primavera…–, y los que puedan leer estas líneas seguramente no se acordarán, o no quieran acordarse, que los argumentos que se esgrimieron contra ella fueron exactamente los mismos que los que ahora se quieren emplear para atacar sin piedad la nueva realización del siempre odiado James Cameron, ‘Avatar: The Way of Water’ (2022). Los mismos. Verbigracia: que visualmente era una maravilla pero que su guion era más simple que el mecanismo de un botijo, y que por tanto no se podía, bajo ningún concepto, considerar ese filme de Miller un gran filme. Creo que todavía existen foros con pseudo-críticas (de esas que escriben los aficionados que no tienen nada mejor que hacer, aficionados que por otra parte detestan a los críticos… ironías de la vida) en la que tipos o tipas furibundos o furibundas arremeten contra Miller por haber visto una películas tan estúpida, tan vacía, con un guion que alguien podría escribir, eso dicen, en un fin de semana. ¡Los guiones! ¡Los guionistas! Esos son lo más importante de las películas. Todo lo demás es paja. Por lo visto lo que querían esa horda de muchachos/as era que Max y Furiosa tuvieran un profundo diálogo «shakesperiano», y que la historia debía haberse desgajado en varios tiempos narrativos, que confluyeran en paralelo, y que el final hubiera gozado de uno de esos giros de guion que dejan a la peña con la boca abierta. Quizá así lo habrían considerado un buen guion.

Yo tengo una teoría sobre la mayoría de los que, cuando ven una película que personalmente no les gusta, no les atrae o no les convence, se lanzan a poner el guion a la altura del barro. Es un poco la misma que uso con todos los que ante una serie o una película con cierta complejidad dicen que es «shakesperiano». En primer lugar son personas que jamás han leído, mucho me temo, una tragedia (o comedia, o pieza histórica… tanto da) de Shakespeare, que son la cosa más simple del mundo. Todas, por cierto, incluso ‘Hamlet’. En segundo lugar son personas que nunca jamás han escrito una sola obra de ficción, ni un solo cuento, ni un solo guion de cortometraje, aunque sea de manera amateur. Absolutamente nada. Digo la mayoría, ¿eh?. En tercer lugar, su profundización en la historia del cine es bastante limitada, y quizá no conozcan ni una sola película de Robert Bresson, cuyas historias, cuyos guiones, son de una sencillez abrumadora. Como por ejemplo ‘Au hasard Balthazar’ (1966), que es una anécdota mínima. Pero tampoco hace falta irse a Francia. Podemos quedarnos en Estados Unidos. Supongo que tampoco habrán reparado en la enorme sencillez de ‘The Straight Story’, o en la de otros filmes de Lynch, al menos en lo que concierne a su guion. O de Malick. En cuarto y último lugar son personas que, muchas veces, no tienen ningún reparo en apreciar otras películas que sí son realmente simples e incluso infames, como las dos últimas películas de ‘Los Vengadores’, que seguramente tengan un guion super complicado, pero que es una estupidez como un piano de grande. Sea como fuere, cuando te llamas George Miller no puedes hacer algo sencillo como podría hacerlo alguien que se llama Bresson. Y cuando eres Cameron y estrenas una película en los últimos 25 años, más te vale prepararte, porque te van a caer por todos lados y van a mirar cada detalle con lupa.

No he leído ni una sola crítica negativa de este segundo Avatar –tampoco del primero en su momento– en medios supuestamente profesionales o en prensa, que no diga que el guion de esta película es inexistente, o que es muy pobre, o que es nefasto. Luego me he ido a su historial de críticas, de todos esos críticos, y me encuentro con que jamás, en ninguna otra crítica, ni siquiera de aquellas que no les gustan, comentan la supuesta pobreza del guion. Y yo, que como el lector sabe estudié cine en dos escuelas de Madrid, que llevo más de quince años escribiendo críticas, que he escrito guiones y prosa, que he escrito seis novelas y una docena de cuentos largos que por el momento nadie quiere publicar, sé perfectamente que el guion de ‘Avatar: The Way of Water’, igual que el de ‘Mad Max: Fury Road’, puede parecer simple, pero que en realidad es de una (falsa) sencillez repleta de detalles propios de un gran guionista. Sé que en ambas se emplea una gran aventura para establecer una radiografía muy nítida y muy certera de sus personajes, caracteres sobre los que sus máximos responsables jamás pierden el control, y cuya partitura está perfectamente ensamblada por el casting. El interés de Miller y de Cameron es hablarnos del interior de sus personajes, de Jake, Max, Neytiri, Furiosa y el resto de seres que pueblan sus ficciones, para establecer con ellos un espejo en el que poder mirarnos, para golpearnos lo máximo posible con sus vicisitudes. Y eso solamente lo logras desde guiones muy medidos que establezcan un entramado de rostros, réplicas y contrarréplicas, de actitudes, miradas y decisiones, que luego depurar en rodaje y montaje. Por eso ‘Mad Max: Fury Road’ se llevó, entre otros, el Óscar al mejor montaje, premio que adelanto desde ahora mismo que también se va a llevar la película de Cameron, un prodigio de puntos de vista convergentes, de alternancia de tiempos y espacios narrativos, para una aventura sin límites. Y no pasa nada que haya que esperar siete años, o catorce, para que la gente se quite de los ojos la maraña de prejuicios y empiece a darse cuenta por sí misma.

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