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Hablemos un poco de series (1)

Hablemos, hablemos…

Voy a hablar mucho más de series este año, por un evento que espero tenga lugar pronto, pero hasta ese momento, y cuando llegue, y después también, hablaremos de series aquí más de lo habitual, porque son un fenómeno que como todo el mundo parece que empieza a saber, ha venido para quedarse, pero al mismo tiempo creo que todo lo que las rodea, el fenómeno fan (habitualmente tan dañino) y muchísimos lugares comunes que están empezando a adueñarse de este ámbito, pueden convertir este fenómeno –o ya lo están convirtiendo– en algo alejado de lo que realmente es.

En general está sucediendo lo que pasó con el cine, pero a un ritmo mucho mayor: la banalización de su razón de ser. En general la gente acude a las series por dos razones principales: por moda (hype) o por afinidades con el argumento, en otras palabras porque le atraiga lo que allí se está contando. Y se habla demasiado de la adicción a las series, algo con lo que no puedo estar de acuerdo. ¿Una serie, como una novela, es mejor por engancharte a ella con mayor adicción? No tiene sentido.

A modo de introducción, habría que dejar claras unas cuantas cosas:

–Las series no son un producto, algo que se repite con mayor intensidad que con el cine. Son trabajos creativos, obras narrativas. Productos son las pizzas o las Coca-Colas…

–Las series no son películas alargadas. No son largometrajes de 10 o 20 ó 180 horas. Poseen su propia especificidad narrativa distinta de las películas, del mismo modo que los relatos y las novelas difieren entre sí en algo más que la longitud.

–El máximo responsable de una serie no es el director de un capítulo, tal como sucedería en el cine, sino muchas veces el guionista, que a menudo es el creador, el showrunner de la serie. Él es la cabeza pensante y la que toma las decisiones.

–La serie no solamente son historias de vikingos, o del oeste, o de ladrones y policías. También son formalización de esos contenidos argumentales, y es necesario atender a esa formalización y entenderla.

–Las series, como las películas, necesitan de críticos, de analistas cualificados con algo más que una carrera de periodismo, porque sus imágenes, sonidos y construcciones narrativas así lo precisan. La mayoría de los que escriben sobre series, como la mayoría que escriben sobre películas, son simples reporteros. no críticos.

–Las series también tienen géneros, igual que el cine, y a veces no tiene sentido compararlos. No tiene sentido comparar ‘Arcane’ con ‘The Office’. La primera es una deslumbrante joya de la animación (al menos en lo visual, pues su construcción narrativa adolece de algunas arritmias internas evidentes), y la segunda es una comedia salvaje con forma de falso documental.

Se podrían decir algunas obviedades más, pero de momento podemos dejarlo aquí.

Lo que me gustaría a mí, sobre todo, es que no se considerase «productos» a obras narrativas, y que no se contagiase a las series todo el barro que enfanga el cine. Las series necesitan una respuesta crítica a la altura, y algunos estamos trabajando en que la tengan. En caso contrario, ocurrirá como en el cine y la literatura: acabarán convirtiéndose en algo sin valor, sin brillo, romo e inútil.

Así de claro.

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