ARTÍCULOS, CINE

Premios como los Óscar desvirtúan el cine

Ahora que acaban de anunciarse las nominaciones para la entrega número 95 (…nada menos) de los premios Óscar, cabe de nuevo preguntarse por la pertinencia no ya de los calvos dorados, sino de cualquier tipo de premio en cualquier clase de disciplina artística: si son justos, si tienen sentido, si valen para algo, si no habría que plantearlos de otra manera, si entregar premios cada año es demasiado…

Lo he dicho alguna vez y lo repito las veces que haga falta: no es un premio como el Óscar, o la Palma de Oro, o el que sea, el que otorga categoría o prestigio a un filme o una obra cualquiera. Es al revés. Es el hecho de que los que entregan su premio sepan que lo están entregando a quien deben, a quien es obligado, entregarlo, para que sea el premio el que obtenga la categoría que esa obra, que ese filme o lo que sea, posee en sí mismo. Seguro que se me entiende.

El que crea que por el hecho de obtener un premio internacional, incluso el de mejor película, ya estamos seguro ante una gran obra que hay que ver y elogiar sí o sí, está muy equivocado, porque muchas veces los premios se otorgan según una lógica interna, según un tinglado industrial, según unas necesidades políticas. Esa es la realidad. Y no significa, claro que no, que alguna vez se entregue el premio de turno a la persona, o a la obra, que más se lo merece. Sólo significa que pretender que los premios están ahí para ensalzar lo mejor y lo más valioso es de ser muy, pero que muy, inocente.

Pero volvamos a los Óscar y a lo que quiero decir con este artículo que estoy escribiendo. El hecho de entregar veintipico categorías de premios seguramente es algo muy entretenido para una noche de premios, estrellas y glamour. No digo que no. Ahora bien: un filme puede estar nominado hasta en diecisiete categorías, si se diera el caso: película, director, actor principal, actor secundario, actriz principal, actriz secundaria, guion original (o adaptado), filme en habla no inglesa (se han dado casos incluso este año), fotografía, montaje, diseño de producción, maquillaje, vestuario, sonido, efectos visuales, canción original y música original. Ha habido filmes, como todo el mundo sabe, que ha tenido doce o trece o catorce nominaciones, y que han llegado a llevarse hasta once estatuillas, lo que en teoría es lo más de lo más. Una mente sencilla podría pensar que son once medallas de oro. Nada más y nada menos. O sea que si un filme gana, por ejemplo, seis, pero otro gana diez, pues estaría claro que el segundo es mejor. Por pura lógica matemática.

Pero esto no son matemáticas.

El hecho de dividir así el mérito de los departamentos, algo hasta cierto punto lógico para cierto sentido del espectáculo y de la competencia, lo que consigue es desvirtuar el cine. Sí es verdad que hace a la gente más consciente de departamentos clave en la producción de un filme, tales como la fotografía, el montaje, el diseño de producción, el vestuario, la música, el sonido etc… Tampoco creo que la gran mayoría de la gente se ponga a investigar qué hace realmente cada uno de esos departamentos y los jefes que los capitanean, pero ese es otro cantar. Sea como fuere, dividir así los méritos de la película lo que consiguen es que se premie, por ejemplo, una fotografía espectacularmente hermosa, de parajes impresionantes, de colores vibrantes, antes que otra más apagada, o menos atractiva, digamos. Con el montaje lo mismo. Lo que se suele premiar en montaje es un corte muy picado, que llame mucho la atención sobre sí mismo, muy sincopado, muy espectacular

Pero los distintos departamentos, por mucho que tengan a un jefe de gran talento, están todos supeditados al director. Es decir, que la mejor fotografía y el mejor montaje deberían ser aquellos que mejor han entendido la visión del director en su supuesta gran obra. Y eso es muy complicado, tanto de conseguir como de premiar.

En definitiva: que si premias a un director, o a su película, estás premiando la labor de la fotografía, del montaje, del diseño de producción. Si le das el Óscar al director, se lo deberías dar también al montador, al director de fotografía y al diseñador de producción de manera casi obligada. Su trabajo es una extensión del trabajo del director, no una tarea aislada de él. Y si lo es, aislada, por muy espectacular que resulte, es un mal trabajo. La labor de los profesionales de inmenso talento que trabajan para un director es hacer realidad su visión con todas sus fuerzas. Punto final. Y premios como los Óscar, que tienen su importancia, consiguen que parezca que aquí cada uno va a lo suyo. Es decir, contribuyen a que la gente se entere todavía menos en qué consiste este embrollo del cine.

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