CRÍTICA, ENSAYO, TELEVISIÓN

Hablemos un poco de series (2): Las primeras impresiones

Sigamos hablando un poco más de series, este fenómeno global que ha venido para quedarse y que muchos dicen que va a sustituir al cine y todo eso… Bueno, llevamos unos cuantos años con grandes series y de momento, por lo visto, se siguen haciendo películas. Quizá sea porque vienen a representar estados de ánimo, ritmos y tiempos diferentes. O porque, seamos claros, te ofrecen experiencias bastante diferentes. La primera diferencia, obvia, es que el cine puede verse en un cine, pero aunque las series se proyectaran en cines, y bien podría hacerse con todas, la experiencia sería distinta. Es una diferencia similar, aunque no idéntica, a la que existe entre una novela y un relato o conjunto de relatos. Sin embargo sí creo que para entender bien el cine hay que conocer las series a fondo, y para conocer las series a fondo, desde luego hay que tener conocimientos profundos de cine…

En esta charla sobre series que estoy planteando en mi página, vengo un poco a sustituir (aunque sé que es imposible hacerlo del todo) las charlas sobre series que tienen lugar en el bar, en el coche o en el trabajo. No exactamente a sustituir… a enmendar, porque yo también vivo en este mundo y también participo de ellas o por lo menos las escucho todos los días, y por desgracia me encuentro con lugares comunes que, por desgracia, y tal como dije en el anterior capítulo de esta serie, abaratan la experiencia de las series.

Y uno de los lugares comunes más habituales consiste en querer que cada nuevo gran estreno se convierta, desde el primer minuto, en la serie del año. Yo no sé qué fiebre salvaje recorre ahora las redes y a los aficionados, que de pronto cualquier propuesta televisiva es un todo o nada, o una maravilla o una porquería, y ya desde el episodio piloto estamos juzgando una ficción seriada con la misma intensidad con la que pocas horas, o pocos minutos, antes hemos juzgado una serie de cinco temporadas que terminó hace siete años. No tiene ningún sentido, y además se corre el peligro de valorar las cosas desde un prisma deformado y de no aprender nada de nada. Muy pocas series han deslumbrado desde el primer episodio, y las que en teoría lo han hecho a veces se han desinflado pronto. Ni siquiera en el caso de, por ejemplo, una miniserie como ‘True Detective’, cuyo primer episodio por cierto es absolutamente magistral (como toda la primera temporada), y que tuvo que esperar un poco para empezar a adquirir ese aura mítica que ahora mismo la caracteriza.

Recuerdo el caso de ‘The Wire’, que no puede decirse que en su primer episodio te diga que estamos ante una de las mejores series de todos los tiempos… y sin embargo lo estábamos. Y esto sucede porque las series no son películas, porque algunos creadores de series, lo que quieren, lo que buscan y lo que encuentran, es un todo construido a partir de una serie de piezas. Y aunque en efecto algunos episodios puedan ser extraordinarios, lo que se busca es que la serie por completo sea extraordinaria.

Hablábamos de ‘True Detective’. En una miniserie es más complicado, en cierto sentido, porque al contar con seis o siete, o cinco episodios, se supone que todos ellos han de tener una altura enorme, que cada pieza del rompecabezas ha de ser muy brillante, porque se trata de un rompecabezas no demasiado grande. No puedes empezar a hacer grandes cosas en el episodio cinco, por ejemplo, como te sucedería con una serie en la que vas a plantear cinco, siete o diez temporadas… Por eso quizá ‘True Detective’ (siempre la temporada 1, no la 2 ni la 3, desde luego) es una creación superlativa, porque cada uno de sus ocho episodios es una maravilla, y aún así los hay más impresionantes que otros. Lo necesario en una serie es mantener una altura capítulo a capítulo, quizá en alguno bajar un poco esa altura para en el siguiente subirla mucho más, como una preparación. Pero es complicado.

Insisto: una serie no son cuarenta y cinco películas de una hora. Es otra cosa, definitivamente. Quizá una colección de piezas que alcanzan pleno sentido (y no temático ni argumental, espero se me entienda) cuando se ven todas juntas. Por eso valorar una serie (como tantos están haciendo ahora mismo con ‘The Last of Us’) por un solo episodio es una completa estupidez. Pero también es una equivocación garrafal valorar un conjunto de episodios de manera individual, solamente. Lo que debe hacerse es valorar la serie en su conjunto y luego valorar cada capítulo por lo que está buscando de manera individual, si es que está buscando algo de manera individual. En algunos casos puede hacerse (como en ‘House’) y en otros no. Por ejemplo en ‘The Sopranos’ que es quizá la mejor serie de todos los tiempos, tenemos el milagro de que episodio tras episodio tenemos una pieza magistral. Pero eso es rarísimo. Lo más habitual es encontrarse una serie que peldaño a peldaño raya a gran altura, y cada poco regalarnos con un episodio magistral.

Porque las series son, sobre todo, una construcción, igual que las películas. Y esa construcción no se advierte del todo hasta el final, por mucho que pueda advertirse en algunos casos hacia la mitad o incluso antes que estamos ante algo impresionante o quizá decepcionante.

Por eso hay que dejarlas crecer y por eso, quizá, ‘The Last of Us’ va a ser mejor serie según avance, se vaya separando del dichoso videojuego, y alcance autonomía propia para medirse, de tú a tú, con las series de su clase.

Estándar
ARTÍCULOS, CINE

La plaga de los críticos de cine

Están ahí, en tu ciudad, bajo el cielo nocturno. Por todas partes. Te rodean. Puede ser tu compañero de trabajo, o tu vecino, o tu primo. De hecho son tu vecino o tu primo. Son los críticos de cine, que de un tiempo a esta parte, sobre todo desde que apareció el internet, han proliferado como setas. Bueno… críticos de cine… lo que sean.

Lo diré mil veces y no me cansaré: los críticos de cine son fundamentales, pero no para demostrarte lo listos que son y cuántas películas han visto, y para encontrar conexiones absurdas y estrambóticas entre planos, secuencias, puntos de fuga o filmografías del Nepal y de Indonesia. Nada de eso. Sino para ayudarte a ti y a cualquier otro con un mínimo de interés y curiosidad en construirte tu propio criterio, algo en lo que se tarda años, sino décadas. Los críticos son los intérpretes del material que te entrega el artista, son aquellos que te abren los ojos ante aquello que no eres, por el momento, capaz de ver. Y aún más: son los que tienen como misión en la vida (sí, en la vida; otros tienen como misión en la vida ganar dinero y divertirse los fines de semana) ayudar a salvaguardar lo más hermoso y frágil, y a desechar la mentira, la falacia y lo falsario. Nada más y nada menos.

De modo que…

…por haber visto trece mil películas en diez años no eres un crítico de cine

…por saber juntar palabras de un modo más o menos limpio no eres un crítico de cine

…por ser un perdonavidas en las redes y un flipao capaz de defender las películas de Luc Besson o de Michael Bay, no eres un crítico de cine

Tampoco por sacarte la carrera de periodismo y ponerte a ir de corresponsal (enchufado) a festivales de cine, o a eventos, o a estrenos, eres un crítico de cine. Yo he tenido (lo juro por dios o por el diablo, que me da lo mismo) periodistas con carrera que me han escrito a mí para preguntarme cómo se escribía una crítica de cine. El crítico de cine nace y se hace. El crítico de cine no se limita a ver películas y a tomarse el cubata, sino que se conoce perfectamente la conexión histórica entre la Literatura, el Teatro y el Cine. De hecho, es imposible que un buen crítico de cine no sea también un gran lector, un gran melómano y un conocedor por lo menos solvente de las bellas artes. Un crítico de cine es mucho más que un flipao que va a todos los festivales, porque un verdadero crítico de cine no es el que va a los estrenos y te los comenta, sino que son esos tipos raros, uno entre mil, que te escribe ese ensayo esencial con el que cambiar la perspectiva de cientos de personas, o el que escribe un volumen crucial sobre un tema en concreto que supone una revolución, o el que investiga durante años y da conferencia y clases para ampliar el conocimiento de un aspecto del cine.

Eso es un crítico de cine.

No los que de un tiempo a esta parte, y cada vez más, tienen como único objetivo aumentar las visitas a su sitio, o decir la parida del día para crear polémica, o simplemente llamar la atención para estar en el candelero. Esos son los chiquillos, habitualmente entre veinte y treinta y cinco años, que tienen la enorme suerte de trabajar para un medio que les paga, y que se pasan la vida escribiendo gilipolleces, ya sea en revistas de este país o incluso en la poderosa Variety, escribiendo en Twitter cosas como que ‘Wild at Heart’ fue un gran fallo personal de David Lynch. Se creerán críticos de cine, pero no lo son. Le quitan probablemente el espacio y el trabajo a críticos de cine de verdad…

¿Y antes?

Antes digo hace cincuenta o sesenta años. Pues era parecido y básicamente y a grandes rasgos igual que ahora. Obviamente no viví esa época, pero la conozco bien porque me he molestado en conocerla y en leer absolutamente todo lo que ha caído en mis manos. Antes los críticos de cine, en su mayoría, eran igual de soberbios, ignorantes y sectarios que ahora, sólo que vestían de corbata, fumaban puros y no se juntaban con la chusma… se juntaban con su chusma.

De igual manera que es complicado encontrar a un buen novelista o a un buen cineasta, a uno verdadero, también es complicado encontrar a un verdadero crítico, y da la impresión de que cada generación tiene el suyo. Por eso hay que buscar mucho. Muchísimo, hasta encontrar a gente valiosa, inteligente, sabia, generosa, capaz de mostrarte es capaz de dar de sí.

Estándar
ARTÍCULOS, CINE, TELEVISIÓN

Malas noticias: ‘The Last of Us’, de HBO, no es un videojuego

Antes de que empiece todo el jaleo y el barullo mediático que previsiblemente va a provocar esta serie que se estrena mañana en EEUU y el lunes en España, convendría matizar algunos asuntos:

–Se trata de una serie, esto es una ficción seriada, no un juego en vídeo, por lo que estamos hablando de algo completamente diferente, ni siquiera complementario.

–Puede ser, por cierto, tan fiel a los videojuegos, o tan poco, como lo deseen sus máximos responsables…

–Para hablar de ella, escribir sobre ella, o juzgarla desde un punto de vista medianamente profesional y solvente, no basta con saber de videojuegos, por tanto.

Digo esto último porque estoy viendo que muchos que escriben en páginas especializadas de videojuegos, y que al parecer ya la han visto entera –algo que tampoco entiendo… ni que la hayan podido ver completa en lugar de uno o dos episodios, ni que les hayan permitido verla a ellos antes que a otros…–, ya se han lanzado a escribir recensiones o comentarios más o menos extensos sobre la serie, como si el hecho de haber jugado a la primera parte de 2013 o a la segunda de 2020, les legitimara para ello, con lo que si no teníamos bastante con la cantidad de «periodistas» que escriben sobre cine sin tener nada que aportar, ahora llegan otros diletantes que creen que basta con soltar cuatro o cinco calificativos grandilocuentes para, de pronto, convertirse también en críticos de cine/series.

Lo dije ayer (fue ayer, ¿no? …sí, fue ayer) en este texto: las series, como las películas o las novelas o relatos, necesitan de verdaderos críticos. Aún diré más: los espectadores/receptores de esas series y películas, como los lectores de novelas o relatos, necesitan imperiosamente de verdaderos críticos. No para que vengan otros más listos que ellos a decirles lo que tienen que ver o leer, o lo que les tiene que gustar o disgustar, sino para ayudarles a formar su propio criterio. Un verdadero crítico tiene como propósito, casi como misión en la vida, proteger, salvaguardar y defender lo más valioso de su medio, y tratar de dejar atrás lo menos importante, lo accesorio, la paja. Y debe hacerlo no con falacias ad hominem o con retórica vacía y voluntariosa, sino con argumentos objetivos, con conocimientos, con rigurosidad. Un crítico, uno realmente bueno, es un intermediario entre la obra y el receptor… pero es también algo más. Es un depositario de la historia de ese medio y es un teórico. Para decir que una serie es buena porque los actores están muy bien y el guion es inteligente y lleno de matices vale cualquiera. Eso no es una crítica.

Y me temo que ‘The Last of Us’ va a necesitar, como toda obra narrativa, de una buena crítica, más que de comentarios (que los pueden hacer, nadie lo prohíbe) de aficionados. Y por supuesto que no va a haber más remedio que hacer una referencia a los dos juegos y medio (si contamos el ‘Left Behind’) de los que parte, pero no para hacer una comparativa, sino para establecer un hecho que quizá por primera vez va a quedar verdaderamente patente: la insalvable distancia, el abismo casi, entre una ficción y un videojuego. Es una oportunidad de oro, por tanto, que no debe desperdiciarse. Sin embargo cuando se hable de las imágenes de la serie los críticos o analistas, si no quieren hacer el ridículo, tienen que hablar de cine y de series, no de videojuegos. Es decir: de dónde parten estas imágenes, a qué otras series o películas aluden, cuáles son sus creaciones precursoras y qué pueden aportar al marco de la aventura, el horror y el «survival». En caso de no hacerlo no estarán haciendo bien su trabajo, tan sencillo como eso.

Porque una cosa que va a ser fundamental es ver hasta qué punto ‘The Last of Us’ bebe directamente de las fuentes y las conquistas (como por cierto, ya hacía el videojuego) de ‘The Walking Dead’ (y para eso hay que verla entera, hasta el final), que a su vez bebía de otras fuentes como la novela ‘La carretera’ de McCarthy, pero también de ‘Guerra Mundial Z’, de Brooks, y por supuesto de ‘Meridiano de sangre’. Pero si habla de ‘The Walking Dead’, como debe ser, va a tener que hablar de otras series como ‘Deadwood’ y de otros filmes como ‘The Terminator’, o de ‘Mad Max’ para ir abriendo boca. Es decir que tiene trabajo. Y bastante. Porque todos esos peajes, y algunos más, van a resultar obligatorios. No va a bastar con decir: es que yo jugué al videojuego y por eso entiendo de qué va la serie o qué aporta. Por desgracia el cine posee más precursores y más conceptos de los que hablar que un crítico competente y profesional no puede pasar por alto.

Pero supongo que habrá que acostumbrarse a que cualquier diga lo que le parece sin la menor formación para ello. Son los tiempos de Twitter, en los que vale más la osadía de la ignorancia que la reputación del conocimiento y la fuerza teórica. Tiempos posmodernos, estos, que tienen visos de durar ya para siempre.

Estándar
ARTÍCULOS, TELEVISIÓN

Hablemos un poco de series (1)

Hablemos, hablemos…

Voy a hablar mucho más de series este año, por un evento que espero tenga lugar pronto, pero hasta ese momento, y cuando llegue, y después también, hablaremos de series aquí más de lo habitual, porque son un fenómeno que como todo el mundo parece que empieza a saber, ha venido para quedarse, pero al mismo tiempo creo que todo lo que las rodea, el fenómeno fan (habitualmente tan dañino) y muchísimos lugares comunes que están empezando a adueñarse de este ámbito, pueden convertir este fenómeno –o ya lo están convirtiendo– en algo alejado de lo que realmente es.

En general está sucediendo lo que pasó con el cine, pero a un ritmo mucho mayor: la banalización de su razón de ser. En general la gente acude a las series por dos razones principales: por moda (hype) o por afinidades con el argumento, en otras palabras porque le atraiga lo que allí se está contando. Y se habla demasiado de la adicción a las series, algo con lo que no puedo estar de acuerdo. ¿Una serie, como una novela, es mejor por engancharte a ella con mayor adicción? No tiene sentido.

A modo de introducción, habría que dejar claras unas cuantas cosas:

–Las series no son un producto, algo que se repite con mayor intensidad que con el cine. Son trabajos creativos, obras narrativas. Productos son las pizzas o las Coca-Colas…

–Las series no son películas alargadas. No son largometrajes de 10 o 20 ó 180 horas. Poseen su propia especificidad narrativa distinta de las películas, del mismo modo que los relatos y las novelas difieren entre sí en algo más que la longitud.

–El máximo responsable de una serie no es el director de un capítulo, tal como sucedería en el cine, sino muchas veces el guionista, que a menudo es el creador, el showrunner de la serie. Él es la cabeza pensante y la que toma las decisiones.

–La serie no solamente son historias de vikingos, o del oeste, o de ladrones y policías. También son formalización de esos contenidos argumentales, y es necesario atender a esa formalización y entenderla.

–Las series, como las películas, necesitan de críticos, de analistas cualificados con algo más que una carrera de periodismo, porque sus imágenes, sonidos y construcciones narrativas así lo precisan. La mayoría de los que escriben sobre series, como la mayoría que escriben sobre películas, son simples reporteros. no críticos.

–Las series también tienen géneros, igual que el cine, y a veces no tiene sentido compararlos. No tiene sentido comparar ‘Arcane’ con ‘The Office’. La primera es una deslumbrante joya de la animación (al menos en lo visual, pues su construcción narrativa adolece de algunas arritmias internas evidentes), y la segunda es una comedia salvaje con forma de falso documental.

Se podrían decir algunas obviedades más, pero de momento podemos dejarlo aquí.

Lo que me gustaría a mí, sobre todo, es que no se considerase «productos» a obras narrativas, y que no se contagiase a las series todo el barro que enfanga el cine. Las series necesitan una respuesta crítica a la altura, y algunos estamos trabajando en que la tengan. En caso contrario, ocurrirá como en el cine y la literatura: acabarán convirtiéndose en algo sin valor, sin brillo, romo e inútil.

Así de claro.

Estándar
ARTÍCULOS, CINE

El 3D no aporta nada al cine

Este es uno de esos debates interminables (como ese que intenta discernir si los videojuegos son narrativa…) que de cuando en cuando vuelven al ruedo para animar un poco la cosa sin que nadie llegue a zanjar el asunto, pero que sin embargo yo tengo meridianamente claros. Con el estreno, hace cuatro semanas, del último filme de James Cameron, que por su parte también está dando bastante que hablar, ha regresado la discusión sobre el 3D –porque como todo el mundo sabe es una película que se ha exhibido en ese formato en las salas que están preparadas para ello (cobrando, de paso, el doble por esas entradas)– y sobre su pertinencia, su alcance y su necesidad o no en estos tiempos en los que se intenta buscar cualquier excusa para ir al cine, como si las películas en sí mismas no fueran suficiente reclamo ya.

Y es curioso, y sintomático, que de mis amigos (que yo también alguno que otro), los que más han defendido la experiencia de ir a ver ‘Avatar’ en cine en 3D sean los que están fervorosamente convencidos de que los videojuegos son un arte comparable al cine o la literatura, o que por lo menos son una forma de narrativa (como si en realidad fueran narrativa o ficción, cosa que jamás pueden ser de forma plena) tan válida como aquellas. Yo no se si es coincidencia, pero no lo creo. Sea como fuere, a algunos que de tonto no tienen ni un pelo les ha convencido verla en 3D hasta el punto de que me insisten en que es la forma de ver esta película. Pero yo, que la he visto en 2D y en 3D y que por tanto he podido, una vez más, comparar ambos medios de manera directa en un mismo filme, voy a explicar aquí, tanto de manera teórica como técnica, porqué el 3D, tanto en Avatar como en cualquier otro filme, es totalmente innecesario desde un punto de vista narrativo, y absolutamente fallido desde un punto de vista técnico.

El 3D, lo que pretende –y más aun con un filme como ‘Avatar’, en el que viajamos a un planeta, a un entorno, absolutamente envolvente como es Pandora– es darle la sensación al espectador de encontrarse en plena jungla, de que tenga la percepción de que casi puede tocar algunos objetos de la pantalla. En pocas palabras: que la imagen le envuelve y que es uno más. Lo que seguramente muchos espectadores, y no pocos directores, sueñan con obtener es esto:

Es decir, algo como lo que obtiene Plissken: estar completamente inmersos en un ambiente, en unas imágenes envolventes, como si fuera un holograma perfecto… o casi. Ahora bien, esto es por una parte técnicamente muy difícil de conseguir en una sala de cine, y narrativamente imposible de lograr con una película. Voy a intentar explicarlo como buenamente pueda:

En un filme se narra con diferentes planos, tamaños de encuadre, profundidades, ópticas e iluminaciones. Es decir. Se tienen primeros planos, planos generales, planos en movimiento, picados, contrapicados… así como planos en los que todo está a foco (grandes angulares), o en los que solamente está a foco un elemento, grande o pequeño, del plano (teleobjetivos). Todo esto, que algunos erróneamente a mi juicio llaman lenguaje de cine, se emplea para narrar una historia, para capturar la verdad de los personajes. Si lo que tenemos, como en los videojuegos, es un único plano en movimiento o en rotación, según manejemos el mando de la consola, o bien una única imagen como en la escena del filme de Carpenter, en la que podemos casi interactuar, no es narración, es un holograma, un diorama gigantesco. Bien: lo que se quiere es hacer películas en 3D. De modo que tendrá más relieve, profundidad y volumen tanto un gran angular como un teleobjetivo, un primer plano o un plano general. ¿Lo tendrá, realmente? Obviamente no. Si hay elementos delante del actor, como en el inicio de esta secuencia…

… en la que la burbuja pasa a estar a foco, y el rostro del actor pasa a estar desenfocado, podemos hacer que esa burbuja se salga de la pantalla con 3D, pero para que el efecto fuera absoluto AMBAS cosas deberían estar a foco, y solamente uno debería tener relieve, la burbuja, y una profundidad, el actor. Ahora bien, como está filmado de esta manera, y se intenta construir una narrativa (el personaje desapareciendo en la inmensidad del espacio, comprendiendo su pequeñez en el universo, y al mismo tiempo vislumbrando quizá lo que va a suceder en el futuro entre él y los Na’vi), no es posible hacer ambas cosas a la vez. Tendría que haberse filmado dos veces de dos maneras distintas. ¿Ve el lector a dónde quiero llegar? Y esta disociación entre la narrativa y el 3D ocurre constantemente en el filme. En este y en cualquier otro con 3D. En la segunda parte se supone que nos encontramos con un 3D más avanzado. Y en efecto vemos algunos planos en los que las chispas o los insectos vuelan delante entre nosotros y los personajes (quizá él efecto más conseguido). Pero una vez más se destruye lo que narrativamente se crea en 2D.

Para que el 3D funcionara de manera plena todo debería estar a foco siempre, y todos los planos deberían tener objetos en primer término, en segundo y en tercero, como poco. Pero esto es imposible en un filme. Quedaría absurdo y ciertamente cómico. Lo que el espectador quisiera es un inmenso holograma en el que estar inmerso, y eso no es una película. Es otra cosa. Por suerte, o por desgracia, tanto ‘Avatar’ como su secuela y otros filmes son películas, no hologramas, y tratan de contar su historia de una forma cinematográfica y por tanto opuesta a lo que pretende el 3D. ¿Que algunos planos parece que se salen de la pantalla? Sí. ¿Aporta eso algo a la historia? No. ¿Resta, entonces? Sí. Resta porque con esos trucos de volúmenes, relieves y profundidades destruyen la integridad del plano que los alberga, rompen la tensión de la planificación y el montaje, ya que exigen a nuestro ojo estar pendientes de eso y no de la narrativa (porque las películas sí son narrativa…). Y el 3D todavía está en pañales (como los videojuegos) para ser narrativa, y también lo está técnicamente. Incluso en planos generales algunos personajes quedan borrosos. En los planos de movimiento, cuando no te mareas, las figuras pierden definición y se mueven a saltos. La iluminación molesta cuando es de manera directa y divide el plano en dos… ¡porque tenemos dos ojos y no uno! Y podría seguir pero yo creo que con esto está todo dicho.

El 3D es un reclamo comercial. Nada más. La naturaleza del cine, por el sonido, por la planificación, es darle la sensación y sobre todo la idea psicológica al espectador de estar envuelto en lo que está viendo. Y para eso no hace falta una hipotética tercera dimensión visual. El cine ya es el mejor efecto visual con un montón de dimensiones visuales y sonoras suficientes para hipnotizar (psicológica, que no física ni mentalmente) al espectador.

Estándar
PODCAST

Viajeros de la noche – Vigésimo tercer capítulo: Especial Batman

No podíamos, ni Carlos ni Juanjo ni yo, crear un programa llamado Viajeros de la noche, y no dedicar un especial al señor de la noche por antonomasia, uno de los personajes de cómic más importantes e influyentes de la historia, el creado por Bob Kane y Bill Finger en 1939, que desde entonces ha sido uno de los pilares de la DC Cómics, y desde hace varias décadas uno de esos iconos a los que el cine vuelve una y otra vez, aunque habitualmente con resultados dispares…

De modo que nos hemos pertrechado convenientemente, nos hemos armado con el mapa que la dibujante Cristina Urdiales confeccionó hace un tiempo (y que añado más abajo), y nos hemos largado a dar un paseo por las calles lluviosas y tumultuosas de la corrupta y siempre siniestra y excesiva Gotham, para conocer de primera mano lugares emblemáticos como el Callejón del Crimen, la Mansión Wayne, la Batcueva, Arkham Asylum y unos cuantos sitios más, y para hablar de Bruce/Batman, de Alfred, de Gordon, de los villanos más importantes de su larga y nutrida lista… Han sido más de dos hora y media muy intensas, en las que hemos nombrado, entre otros, los siguientes cómics:

Ego

Batman criatura de la noche

tell tale games

Victoria oscura

Silencio

Año uno

La broma asesina

El regreso del caballero oscuro

Batman: Arkham Asylum

Batman: Arkham Asylum En Locura

Joker de Mark Hamill

Miniseries del Joker

El largo Halloween

Nightfall

La guerra de bromas y asesinos

El hijo del demonio

Aves de presa

Gotham Central

El hombre que ríe

Una muerte en la familia

¿Qué le sucedió al villano de la capa?

Y por supuesto hemos hablado de las películas, y de unos cuantos videojuegos, como los de la saga Arkham, y también los de Tell Tales, y alguno más. Y nos hemos movido por la ciudad con este magnífico mapa:

Así que si queréis daros un buen garbeo por una de las ciudades más míticas de la ficción estadounidense, veniros con nosotros, que no os arrepentiréis. Aquí en Ivoox tenéis el enlace principal:

Ir a descargar

Y por supuesto en Spotify:

Estándar
CINE

¿Por qué el Joker de Heath Ledger es una de las mejores interpretaciones de la Historia del Cine?

Para empezar volveré a decir, por enésima vez, que no soy especial partidario de este filme, como no lo soy de ninguno de Nolan salvo ‘Memento’ (2000), y aún ese con algunas reservas. Tampoco soy especial defensor de las películas de superhéroes, que desde hace unos quince años vienen arrasando con todo y dando la vara al personal y consiguiendo, todo hay que decirlo, muy pocos títulos interesantes.

Yo soy defensor y entusiasta de: grandes secuencias, de grandes estilos, de la puesta en escena, de las grandes interpretaciones. Y aquí en ‘The Dark Knight’ hay una gran interpretación, una de las mejores de la historia del cine. Pero claro, decir eso es fácil y explicarlo, o argumentarlo, un poco más difícil. Yo creo que debería bastar con estos doce vídeos, que representan casi la totalidad de las apariciones de Ledger en la pantalla, para demostrarlo. Pero probablemente (seguramente, en realidad) hay que añadir algo más. Hay que explicar el porqué.

Lo cierto es que ‘The Dark Knight’ es un filme muy parecido a todos los demás de Nolan: puesta en escena grandilocuente y algo repetitiva, escasa profundidad conceptual (lo que hay es lo que vemos, sin trascender), una narrativa bastante esquemática y una dirección de actores efectiva pero elemental. Por eso es más fácil detectar un milagro como la interpretación de Ledger. Con ello, además, se puede ejemplificar muy bien el hecho de que la puesta en escena debe estar al servicio de la dirección de actores y la construcción de personajes, y no al revés, como parece que claman los «especialistas en semántica», porque es aparecer Ledger y de pronto la cámara y el montaje de Nolan se vuelven mucho más interesantes.

Vamos a echar un vistazo a cada de las secuencias en las que aparece este actor portentoso (que antes de ‘Brokeback Mountain’ era un intérprete bastante mediocre…), y confío en saber explicarme y estar inspirado para trasladar todas las razones que me llevan a pensar que estamos ante una de las cimas interpretativas del cine de todos los tiempos:

1 – Secuencia del robo:

Como presentación, la puesta en escena está bastante bien, además de emplear el recurso habitual de presentar al villano de espaldas y colocándose la máscara, lo más destacable es que no se la quita hasta el final, y tampoco dice nada hasta el final. Bajo la máscara, otra máscara, la del verdadero Joker, ahora en primerísimo primer plano, y finalmente dándonos la espalda al meterse en el autobús. Es decir, que gran parte de la secuencia es sólo lenguaje no verbal (que como veremos maneja a la perfección), y al final golpea con su rostro y con su voz. Imposible empezar mejor.

2 – Secuencia con los jefes mafiosos:

Esta es la verdadera presentación, la puesta en largo, del personaje. De nuevo llega de espaldas, pero lo primero que se escucha es su risa. Durante la película mostrará diferentes tipos de risas. Esta burlona y desafiante. Su maquillaje no es perfecto, como el Joker de Jack Nicholson. Ya aquí demuestra que es más inteligente y más decidido que todos los que están en la mesa. Todas las miradas convergen a él y es el que manda en la secuencia de manera clara.

3 – Secuencia de «why so serious?»:

Cambio de registro absoluto. De la risa burlona y desafiante, pasa aquí al ataque. Engaña a todos haciéndose pasar por muerto. Aquí da verdadero miedo contando la supuesta historia de su infancia. Lo genial de esta escena es que un personaje que a su vez está interpretando un papel.

4 – Secuencia del vídeo casero:

Sin lugar a dudas la escena más aterradora de todas. Ledger lleva aquí la pequeña cámara en su mano, de modo que podemos decir que la puesta en escena es toda suya. Otro primer plano en el que vemos a un monstruo fuera de sí… pero antes hemos escuchado su monstruosa voz gritando a su víctima. En este Joker, al contrario que en el resto, su voz es tan importante, tan poderosa, como su aspecto.

5 – Secuencia del «now i’m always smiling»:

Secuencia en la que se van superponiendo las capas hasta ahora mostradas: lenguaje no verbal (el modo en que amedrenta a su víctima), voz poderosa, interpretar una escena dentro de una escena (nueva mentira sobre cómo se hizo las heridas), un nuevo registro de su risa. Aquí Ledger podría haber optado por alguno de los anteriores cuatro registros. En lugar de eso los une todos y da uno nuevo: el del villano capaz de enfrentarse a Batman.

6 – Secuencia del «Hit me!»:

Aquí es un todo o nada. Batman tiene que elegir entre atropellarle y acabar con él, rompiendo así su única regla, o estrellarse. Joker sabe perfectamente lo que va a hacer… pero aún tiene que arriesgarse. Al decir «hit me!» vemos a un nuevo Joker: el que se lo juega todo a una carta y ha de forzarse a no moverse aunque su instinto le diga lo contrario.

7 – Secuencia del interrogatorio:

Probablemente la escena más recordada y en cierto modo la más completa y la que ofrece más matices. Aquí el Joker va a dar un muestrario casi competo de su ideología. Es un mentiroso y un manipulador al estilo de Charles Manson, pero también es un ideólogo. Nolan le da la oportunidad de hablar y Ledger no la desaprovecha. Es su diálogo más racional, en el que habla de tú a tú a alguien que considera su igual (Batman), cuando todo se descontrola, recuperamos el Joker de otras secuencias: el burlón, el cínico, el que se lo juega todo a una carta, el de la risa de hiena. Sencillamente magistral.

8 – Secuencia de la llamada de teléfono:

Otra breve y magistral secuencia: el Joker manipulador en toda su complejidad. Primero mostrándose vulnerable y luego comenzando a pinchar una herida emocional que sabe le dará ventaja. Tanto la máscara de su rostro como la voz consiguen un efecto perturbador.

9 – Secuencia de la montaña de dinero:

Aquí tenemos un nuevo Joker (ya van unos cuantos), esta vez manejándose ya como un jefe de la mafia, como el líder absoluto del submundo de Gotham, pero también tenemos unas gotas del Joker ideólogo («no es cuestión de dinero, sino de mandar un mensaje»).

10 – Secuencia con Harvey Dent/Dos Caras:

Esta es la secuencia técnicamente más compleja de todas para un actor, porque en ella es en la que va ofreciendo más registros, y porque delante tiene al mejor actor después de él, Aaron Eckhart, que a su vez da otro recital interpretativo (siempre inferior al de Ledger, por supuesto). La sinergia entre los dos es perfecta. Aquí el ideólogo Joker se vuelve más persuasivo que nunca, siendo a veces burlón, a veces desquiciado, y de nuevo se juega todo a una carta: cara o cruz que Dent le vuele la cabeza. Todo concluye con los ojos de Ledger mirando a su interlocutor. Excelso.

11 – Secuencia de los ferrys (sólo voz):

Aquí una nueva vuelta de tuerca a un escándalo de interpretación: esta vez sólo voz. Es suficiente, porque con ella aterroriza a todos los presentes y a cualquier espectador que se precie. Todo es un experimento sociológico que seguramente termine mal. Es tremendamente difícil fusionar un pensamiento psicótico con una actitud racional y además resultar narrativamente atractivo. Y aquí Ledger lo logra con una aparente facilidad que le pone en la estratosfera.

12: Secuencia final:

Traca final: Joker/Ledger comienza por todo lo alto, sintiéndose ganador, y después pierde su última partida por un mero despiste. Pero no importa, porque es el ganador moral, y lo sabe. Colgado boca abajo de muchos metros de altura, sigue dominando completamente la escena, y aunque acaba llorando (algo que rompe con la lógica del personaje), es un cierre perfecto para su personaje.

Bien, con este personaje, esta caracterización y esta ejecución, quedan clara varias cosas:

–Es muy difícil encontrar un personaje tan extremo del que su intérprete no pierda el control.

–Es un trabajo de una enorme complejidad técnica.

–La puesta en escena termina contagiándose de su presencia, es decir está a su servicio, y no al revés.

–El repertorio de registros dentro de una gran interpretación, en este caso, parece casi inabarcable.

–Arrancando estas secuencias de la película, o imaginándolas con un actor menos dotado que Ledger parece claro que la altura global del filme se resentiría enormemente.

Este trabajo, por parte de Ledger, es de una genialidad absoluta por su enorme autoxigencia, por la facilidad con la que podría haber caído en la parodia, el lugar común o la autocomplacencia que te lleva a secuencias con facilidades evidentes. Resulta imposible verle la tramoya a Ledger, a pesar de que hay un inmenso trabajo de preparación detrás. Pareciera que es puro instinto, que es llegar y lograrlo, sin ensayos ni trucos. Y finalmente resulta persuasivo, convincente en todo momento. Es de admirar este papel, a la altura de un Hopkins en ‘The Silence of the Lambs’ (1991) o una Stone en ‘Basic Instinct’ (1990)… incluso de un D. Lewis en ‘There Will Be Blood’ (2007). La forma en que Ledger se la juega en cada escena, se plantea diferentes retos (voz, risa, lenguaje no verbal, diferentes tonos interpretativos), y sale triunfante de todos ellos es realmente histórica. Y lo hace siempre con una máscara que revela su verdadera naturaleza, en lugar de ocultarla. Es decir, lo hace componiendo un personaje real, rugoso, físico, tangible.

Y por eso es uno de los mejores trabajos de la Historia del Cine.

Estándar
ARTÍCULOS

4 años

Parece mentira, pero ya van a hacer 4 años desde que abrí este sitio… un sitio al que no sabía qué nombre poner, ni que aspecto… y la verdad es que tampoco sabía para qué lo iba a utilizar, si iba a tener tiempo, si las ganas iban a durar más de dos meses. Pero aquí estamos, cuatro años después.

¿Para qué tener un blog hoy día? Principalmente, creo, para desahogarse de las ideas que a uno le van asaltando todos los días, de las cuestiones que no tienen respuesta, de aventuras intelectuales y personales que resuenan en ti y te dejan exhausto hasta que por fin te animas un día y te pones a escribir sobre ellas. ¿Pero existe para algo más? Sí, para dos cosas más, fundamentalmente: para darte a conocer y para mejorar en tu escritura. Creo que son suficientes razones.

Por eso decidí llamarlo con mi nombre, y que el dominio también fuera mi propio nombre. Así puedo dar a conocer, a todo aquel que quiera leerme, todas mis ideas, mis luchas constantes, también mis vanidades… Aquí pueden saber de casi todo lo que escribo, de las novelas que hasta ahora he completado, de algunos relatos, de mis ensayos. En definitiva de mi camino para convertirme en un escritor respetado, no solamente de prosa o de ensayo, también como crítico. Y es que uno ya va teniendo experiencia. Son más de diecisiete años escribiendo en diversos sitios, algunos más leídos que otros, dejando artículos en revistas especializadas, en multitud de sitios en los que los lectores pueden rastrearme, ver de qué pie cojeo y darme una oportunidad.

Pero también lo de seguir aprendiendo, desarrollándome, mejorando como escritor, como ensayista y crítico. Todos los días. Esto no va a parar. Aunque a veces tengo ganas de dejarlo y mandarlo todo al carajo, lo cierto es que algo me dice que aunque llegue un momento en que me rinda, en que nadie me lea, o en que me cancelen en todos sitios –o todo a la vez–, no voy a dejar de escribir. Tengo la sospecha de que lo haré hasta el día –quién sabe si lejano o cercano– de mi muerte. Y quizá para entonces la cosa haya cambiado y deje de ser simplemente uno más que escribe críticas y libros que a poca gente le llegan.

Porque se avienen algunas noticias editoriales realmente fantásticas, que espero explicar aquí muy pronto. Y en un futuro más proyectos e ideas que se me amontonan en la cabeza y en las manos. Y ya tengo la suerte de ir contando cada vez con más lectores, y con más amigos, y con más seguidores, que me dan ganas de continuar creciendo y demostrando hasta dónde puedo llegar. Porque nunca es demasiado tarde. De momento vamos cerrando estos cuatro años (que se cumplirán en febrero). Y por el momento puedo dar algunos datos:

Hasta el momento 179.485 visitas… no está nada mal.
664 entradas publicadas
40.172 visitantes únicos
Cuento con 293 seguidores (sólo en wordpress, pues habría que sumar los de Twitter)
que me han dejado nada menos que 2.500 comentarios
Y veo que me leen de muchos países del mundo (lógicamente más en España e Hispanoamérica)

No me puedo quejar, la verdad, sobre todo para un blog sin publicidad y sin patrocinadores de ninguna clase, en el que digo siempre lo que me apetece y a veces soy bastante cañero. Yo creo que los próximos 4 (o 14, o 24) años van a ser todavía mejores. Aquí seguiré en mi blog al pie del cañón

Y en Viajeros de la Noche, claro…

Estándar
ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA, TELEVISIÓN

La necesidad de la Ficción

Desde hace cientos, miles de años, la humanidad se cuenta historias a sí misma. En el principio de los tiempos de forma oral y a partir de la invención de la escritura dejando, como se suele decir, negro sobre blanco. Fue a mediados del siglo XV, con la invención de la imprenta, que todo cambió, y los libros, y las historias que muchos de ellos contienen, se multiplicaron y se distribuyeron con mucha mayor facilidad por todo el mundo. Hasta llegar al momento actual, en el que los libros de ficción, y las películas y las series, se han convertido en mercancía con la cual hacer negocio multimillonario. Ahora todo el mundo «consume» ficción, como si fuera un producto más, como de una pizza o una coca-cola se tratase. La gente «se engancha» a las series, se obsesiona con las películas, lee a todas horas porque considera que es una forma de «cultura». Pero muchos siguen pensando que esto son frivolidades, que es un «pasatiempos», una forma de matar el aburrimiento. Que todo esto de las historias en particular, y de la narrativa en general, es una cuestión de ocio que no implica cuestiones importantes de la humanidad. ¿Realmente es así? ¿Realmente las historias, como se suele decir, valen para algo más que para llenar al tiempo y «distraernos»?

Es importante señalar que el hecho de contar una historia no implica necesariamente que se trate de narrativa, y que el hecho de que sea narrativa no significa que hablemos de historias, ni que sea ficción. No todas las historias son narrativa o contienen ficción, y no todas las ficciones cuentan una historia de manera obvia o lineal o poseen una narrativa destacable. Pero sí podemos decir que tanto la Ilíada como la Odisea son ficciones, son historias y son narrativa. Seguro que antes de ellas, hace tres mil años, hubo otras ficciones, otros relatos extraordinarios que se escribieron con forma de narrativa, de una ficción cerrada sobre sí misma, que no nos han llegado por las guerras, por la estupidez o por la crueldad humana, o simplemente por la mala suerte no han llegado a sobrevivir hasta nuestros días, pero las tenemos a ellas. Podemos trazar un cordón umbilical que va desde Homero hasta las series de televisión más geniales de ahora mismo. Todo eso es la ficción que ha alimentado a la humanidad desde hace muchísimo tiempo. Pero la ha alimentado ¿de qué exactamente? ¿De invenciones? ¿De sin-sentidos? ¿De qué? En la actualidad, con el advenimiento de juegos informáticos que se proyectan en vídeo, y aun peor, de la lacra del posmodernismo, a la ficción ha venido a sustituirla una especie de hiperrealidad, una construcción en virtud de la cual el autor desaparece, el espectador/receptor puede alterar la supuesta ficción a su antojo, adentrándonos todos en otra clase de artefacto, uno que propone sustituir la realidad por otra, una realidad virtual tan minuciosa, tan detallada, que podría rivalizar con la nuestra. Es posible que la gente deje de necesitar de la ficción. Pero si tal cosa sucede… ¿qué dejará de proveerle?

Porque la ficción, operativamente, no sirve para nada. No salva vidas, como dice que hacen los videojuegos en algunos casos. Con la ficción los ancianos no mejorarán sus capacidades neuronales tal como parece que consiguen hacer con ciertas aplicaciones. Los relatos, las historias, la música, no lograrán sacarlos de la realidad como sí lo harán los hologramas y los artefactos del posmodernismo. Por lo que parece, con ciertos videojuegos o aplicaciones, puedes hacer a la gente feliz, puedes conseguir que personas con Alzheimer vivan en una realidad paralela que les haga sentirse mejor consigo mismos, o puedes hacer que personas que viven en un infierno al menos se evadan durante un tiempo y accedan a un mundo de sueños, entre otras muchas cosas. Es básicamente lo que ha pretendido hacer la narrativa anglosajona desde Shakespeare hasta John Ford, sin olvidarnos de Spielberg, Lucas y otros muchos: que el espectador/receptor viva en una especie de montaña rusa, de parque de atracciones, de «mundo mágico», durante unas horas o unos días. Dicen que en un futuro no muy lejano tendremos, todos nosotros y a un precio asequible, aparatos parecidos a los que vimos en Ready Player One (del propio Spielberg…), chismes con los que te introduces en una realidad virtual pasmosa, alucinante, en la que vivir aventuras extraordinarias, convertidos en otras personas. Ese es el futuro que nos espera, que se supone, además, que va a sustituir al cine, a las series, a la literatura y a todo lo que hasta ahora hemos conocido como Narrativa. Porque ahora se avecina una nueva narrativa. Eso dicen.

Ahora bien, insistimos: la ficción no sirve para nada operativo. No se concibió para eso.

No te hace mejor persona
No te hace más listo
No te enseña nada, sino más bien te exige que llegues con la lección aprendida
No te libera de nada
No te cambia
No te hace entender
No te hace olvidar

¿Entonces? ¿Para qué sirve este invento del demonio? ¿No se supone que las cosas sirven para algo? Sobre todo en el mundo actual. Las cosas se hacen para algo concreto, para una utilidad material, o no se hacen. Se supone, claro… que es mucho suponer. En caso contrario… ¿qué hacen los llamados «artistas», o los llamados «poetas», insistiendo con sus ficciones, con sus canciones, con sus narrativas? Las cosas se hacen para ganar dinero, para ganar fama o para ganar influencia. Eso es lo que nos enseña el mundo anglosajón, lo que lleva enseñándonos desde hace siglos. Si la ficción no sirve para eso, su mera existencia carece de sentido. Y sin embargo… Sin embargo es posible, sólo posible, que albergue un sentido mayor del que inicialmente parece.

Podemos decir que la ficción es el único lugar donde tanto el autor como el lector/receptor es completamente libre. La libertad es una cosa resbaladiza, oscura, fluctuante, caprichosa. Suena muy bien. Libertad. Suena de la hostia. Tanto que muchos líderes neoliberales se han apropiado de esa palabra e incluso existe en el ideario y en la bandera de algunos países. La LIBERTAD. Un concepto grandioso, del que todos quieren apropiarse. Como el AMOR, como la FELICIDAD. La libertad. Pero en cuanto se intenta aprehenderlo, se disuelve como un azucarillo, o bien se convierte en otra cosa al intentar esgrimirlo. Justo en lo contrario: en represión, en odio, en esclavitud del pensamiento. Dicho de otra forma, eso de la libertad, en el mundo operatorio, el nuestro, en el que nacemos, sufrimos y un día nos morimos para siempre, tiene toda la pinta de un engaña-bobos. Además, ¿libertad para qué? ¿para hacer lo que nos dé la gana sin que nadie pueda pararnos? ¿Eso es la libertad? Suena más bien a otra cosa. Suena a caos, a egoísmo sin límites, a barbarie, a locura. Y se supone que la libertad es algo bueno, ¿no? Pero cuanto más crecemos, y más aprendemos, y sobre todo cuando conseguimos afilar nuestra mente hasta hacerla crítica, nos damos cuenta de que no somos libres y de que nunca lo seremos.

En el mundo operatorio, claro.

Pero hay otro mundo en el que sí podemos ser libres, y en el que esa libertad no significa que podamos hacer lo que nos dé la gana. Significa otra cosa mucho más importante y mucho más profunda. Y no es el mundo de los videojuegos, de una realidad virtual en la que puedes convertirte en la persona que tú quieras y vivir aventuras en apariencia sin límite. No. Es el mundo de la ficción, claro, ese que alguien ha construido para nosotros, tanto en Literatura como en Cine o Televisión, y en el que podemos ser libres porque el poder inmenso de la ficción consigue que en su seno las cosas signifiquen algo al convertirse en absolutos y al alcanzar una verdad que rara vez, o nunca, alcanza la vida real. Lo he dicho muchas veces: la ficción es el espejo perfecto de la realidad, la otra cara de una moneda, de una existencia operatoria que a poco que la examinemos carece de sentido. Pero hemos logrado, criaturas pensantes que jamás debieron existir en el mundo natural porque somos demasiado conscientes de nosotras mismas, hacer más soportable la vida gracias a la ficción, soportarnos a nosotros mismos, no ya entendernos, sino al menos conocernos. Es por eso que llevamos siglos leyendo y viendo historias representadas en el escenario o en la pantalla. Ansiamos, sin siquiera saberlo, otorgarle un estatus de verdad a nuestra vida, y eso sólo se consigue con la «frívola» ficción. Al vivir allí la vida de otros personajes, al experimentar en ellos sensaciones y eventos que en la vida real no adquieren un cariz de experiencia por estar amputadas e incompletas, somos más conscientes de nuestra propia realidad. No como evasión, por tanto, sino como complemento intelectual y anímico de nuestra propia vida. Somos más conscientes del amor (y del odio, por qué no) que podemos sentir, somos más conscientes de la muerte, somos más conscientes de la fugacidad de nuestra existencia. Eso es lo que nos hace libres.

¿Y los videojuegos? No han venido a complementar la realidad, sino a inventarse otra. No quieren sustituir al cine o la literatura, sino a la propia realidad. Es por eso que son un callejón sin salida posmoderno (uno más).

Sin ficción, la única ventana de libertad que poseemos se cerrará. Con lo cual seremos un poco más esclavos. Seremos definitivamente esclavos. La ficción siempre es libertaria, terrorista, peligrosa. Por eso quieren continuamente aherrojarla, prohibirla, ponerle cerco, sin conseguirlo nunca. Pero si en favor del posmodernismo, si en base a un futuro tecnológico de realidades virtuales e hiperrealismo, logran finalmente acabar con la ficción, aniquilarán una de las pocas cosas que valen la pena del ser humano, uno de los pocos actos altruistas y libres que ha construido en su historia, y no solamente será un esclavo, sino que no habrá nada por lo que merezca la pena vivir. Así de claro.

Estándar
CINE

Las 100 mejores películas de la historia

Algunos no necesitamos ni Sight & Sound, ni Variety, ni nada de nada. Las 100 están muy claras, y salvo algunas lógicas variaciones que podemos tener todos, y ausencias justificables, y las reglas internas de cada lista, estarán todas (si se tiene un mínimo de sentido común) o casi todas, y serán listas confeccionadas con un mismo perfil.

En mi caso las reglas son las siguientes:

–Nada de mezclar diferentes cinematografías, ni géneros, ni soportes (mudo, animación, documental

–Se trata de incluir las obras maestras, las de mayor perfección, no las míticas, ni las famosas, ni las habituales… pero tampoco necesariamente las raras, ni las marginales. Sólo las de mayor complejidad, las más grandes, exigentes y perfectas.

–No es una lista cerrada, escrita en piedra. Podría ampliarse a 200 ó 300, pero si elegimos 100 debe ser una lista sólida, sin aristas.

Vamos allá con ellas:

Época Muda

Las 5 europeas:

Nosferatu, de F. W. Murnau (1922)
Napoleon, de Abel Gance (1927)
Metropolis, de Fritz Lang (1927)
La Passion de Jeanne d’Arc, de Carl Theodor Dreyer (1928)
Zemlya, de Aleksandr Dovzhenko (1930)

Las 5 estadounidenses:

The Birth of a Nation, de D. W. Griffith (1914)
Greed, de E.V. Stroheim (1924)
The General, de Buster Keaton (1926)
Sunrise, de F. W. Murnau (1927)
City Lights, de Charles Chaplin (1931)

Época Sonora

25 excepcionales obras maestras estadounidenses de ficción e imagen real:

Apocalypse Now, de F. F. Coppola (1979)
The Godfather Trilogía, de F. F. Coppola (1972-74-90)
The Conversation, de F. F. Coppola (1974)
Goodfellas, de Martin Scorsese (1990)
Taxi Driver, de Martin Scorsese (1976)
Touch of Evil, de Orson Welles (1958)
The Thin Red Line, de Terrence Malick (1998)
The New World, de Terrence Malick (2005)
Wild at Heart, de David Lynch (1990)
The Straight Story, de David Lynch (1999)
The Master, de Paul Thomas Anderson (2012)
Chinatown, de Roman Polanski (1974)
JFK, de Oliver Stone (1991)
The Terminator, de James Cameron (1984)
Titanic, de James Cameron (1997)
The Thing, de John Carpenter (1982)
Robocop, de Paul Verhoeven (1987)
The Silence of the Lambs, de Jonathan Demme (1991)
Eternal Sunshine of the Spotless Mind, de Michel Gondry (2004)
Gone with the Wind, de Victor Fleming (1939)
The Wild Bunch, de Sam Peckinpah (1946)
The Girl with the Dragon Tattoo, de David Fincher (2011)
Boyhood, de Richard Linklatker (2013)
Brokeback Mountain, de Ang Lee (1946)
It’s a Wonderful Life, de Frank Capra (1946)

25 excepcionales obras maestras europeas de ficción e imagen real:

Viridiana, de Luis Buñuel (1961)
Fanny Och Alexander, de Ingmar Bergman (1982)
Viskningar och rop, de Ingmar Bergman (1972)
Såsom i en spegel, de Ingmar Bergman (1961)
Plácido, de L. G. Berlanga (1961)
El verdugo, de L. G. Berlanga (1963)
Nostalghia, de Andrei Tarkovski (1983)
Zerkalo, de Andrei Tarkovski (1974)
El espíritu de la colmena, de Víctor Erice (1973)
Un condamné à mort s’est échappé, de Robert Bresson (1956)
Ordet, de Carl Theodor Dreyer (1954)
Vampyr, de Carl Theodor Dreyer (1932)
Au hasard Balthazar, de Robert Bresson (1966)
La vie d’Adèle, de Abdellatif Kechiche (2013)
La notte, de Michelangelo Antonioni (1961)
Melancholia, de Lars Von Trier (2011)
Breaking the Waves, de Lars Von Trier (1996)
Amarcord, de Federico Fellini (1973)
Chimes at Midnight/Falstaff, de Orson Welles (1966)
M, de Fritz Lang (1931)
Aguirre der Zorn Gottes, de Werner Herzog (1972)
Tess, de Roman Polanski (1979)
Lawrence of Arabia, de David Lean (1962)
Life of Brian, de Terry Jones (1979)
The LadyKillers, de Alexander Mackendrick (1955)

25 excepcionales obras maestras asiáticas de ficción e imagen real:

El intendente Sansho, de Kenji Mizoguchi (1954)
Cuentos de la luna pálida, de Kenji Mizoguchi (1953)
Vida de O-haru, mujer galante, de Kenji Mizoguchi (1952)
La historia del último crisantemo, de Kenji Mizoguchi (1939)
Los siete samuráis, de Akira Kurosawa (1954)
Dersu Uzala, de Akira Kurosawa (1975)
Ran, de Akira Kurosawa (1985)
Primavera tardía, de Yasujiro Ozu (1949)
Cuentos de Tokyo, de Yasukiro Ozu (1953)
Nader y Simin una separación, de Asghar Farhadi (2011)
El viajante, de Asghar Farhadi (2016)
In the Mood for Love, de Wong Kar-Wai (2001)
2046, de Wong Kar-Wai (2004)
Primavera verano otoño invierno… y primavera, de Kim Ki-Duk (2003)
El camino a casa, de Zhang Yimou (1999)
La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou (2004)
Las flores de la guerra, de Zhang Yimou (2011)
Nubes dispersas, de Mikio Naruse (1967)
La voz de la montaña, de Mikio Naruse (1954)
La balada de Narayama, de Shohei Imamura (1983)
La anguila, de Shohei Imamura (1997)
El olor de la papaya verde, de Tran Anh Hung (1993)
Millium Mambo, de Hou Hsiao-Hsien (2003)
Un asunto de familia, de Hirokazu Koreeda (2018)
Onibaba, de Kaneto Shindô (1964)

8 obras maestras de animación:

Pesadilla antes de Navidad, de Henry Selick (1993)
Spider-Man: Into the Spider-Verse, de Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman (2019)
La princesa Mononoke, de Hayao Miyazaki (1997)
Porco Rosso, de Hayao Miyazaki (1992)
El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki (2001)
El ilusionista, de Sylvain Chomet (2010)
Bienvenidos a Belleville, de Sylvain Chomet (2003)
Cristal oscuro, de Jin Henson y Frank Oz (1982)

7 obras maestras del documental:

Shoah, de Claude Lanzmann (1985)
As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty, de Jonas Mekas (2004)
El sol del membrillo, de Victor Erice (1992)
Let’s Get Lost, de Bruce Webber (1988)
I am not your Negro, de Raoul Peck (2016)
Baraka, de Ron Fricke (1992)
Olympia, de Leni Riefenstahl (1938)

Estándar