CRÍTICA, LITERATURA

Cervantes, de Santiago Muñoz Machado: creyendo las mentiras del mayor de los mentirosos

Sigue llamándome la atención que algunos se lancen a aventuras quizá muy por encima de sus habilidades o posibilidades, en algunos casos, o que se propongan empeños imposibles a los que ellos vuelven aún más imposibles con su ceguera y academicismo. Ocurre en todos los ámbitos, tanto en Literatura como Cine y Televisión. Me pregunto dónde están las mentes verdaderamente inteligentes y profundas. No escribiendo libros, muchas veces, sino seguramente ocupados en otras cuestiones de mayor remuneración…

Viene todo esto a colación porque acabo de leerme este libro:

Está escrito nada menos que por Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española de la lengua, y trata de ser la biografía definitiva de Cervantes y el estudio más completo hasta la fecha de su obra magna, Don Quijote. 1037 páginas contiene nada menos, el volumen, y podríamos decir que tiene una primera parte dedicada a la vida del autor, una segunda a la creación del Quijote, una tercera a la figura de Cervantes como creador, una cuarta a la búsqueda del significado profundo de la obra maestra, una quinta y una sexta dedicadas a las fuentes literarias cervantinas, y otras cinco partes en las que da buena cuenta de su intensa investigación sobre la época y la lengua cervantinas. Se trata, por tanto, de un inmenso esfuerzo por convertir este volumen en el trabajo definitivo sobre el que probablemente sea el escritor más genial de todos los tiempos (con permiso de Dante…). El tal Muñoz Machado, del que yo desconocía su existencia hasta haber leído este volumen, por mucho que sea director de la RAE, seguramente ha tardado muchos años en completarlo y tiene mucha fe en él. Ahora bien, se trata a todas luces de un volumen fallido.

Rastrear y dar forma a la vida de una figura tan huidiza como Cervantes, desde luego es muy complicado. Antes se dejaba muy poco rastro del paso por el mundo, y mucho más si eras una persona humilde. Todavía es muy posible que Shakespeare nunca existiera, o que no escribiera él solo muchas de sus (escasas) obras, y que otras figuras nunca sepamos qué hicieron o no hicieron. Pero si eso es muy complicado, construir una teoría sobre la vida de Cervantes, y una teoría sobre su creación literaria, basándose sobre todo, tal como hace Muñoz Machado, en lo que dijo el propio Cervantes en sus prólogos, o en sus cartas, o en las veces en las que habla en primera persona en sus novelas, es directamente un suicidio, porque Miguel de Cervantes era muchas cosas, pero sobre todo era un mentiroso compulsivo del que no hay que fiarse en ningún momento, porque se ríe de ti a cada paso y te hace imposible que puedas tomarle en serio. Y sorprende que un tipo tan preparado como todo un director de la RAE no sepa verlo y que caiga en la trampa en su voluminoso libro… del que por cierto más de 250 páginas son bibliografía… sin ningún orden ni concierto. A unos diez títulos por página estamos hablando quizá de ¡2500 libros o artículos consultados para componer este ensayo! Si de verdad los ha leído y consultado todos, que lo dudo, desde luego no ha sacado nada en limpio.

Hay algo irreprochable: la investigación documental que ha llevado a cabo el autor de ese ensayo para situarnos en un contexto histórico. Como se le presupone, es un erudito que ha sabido enmarcar a la perfección su trabajo. Del lienzo ahora hablaremos, pero el marco es yo diría perfecto. Se dedica páginas y páginas a dejar claro que lo sabe todo sobre aquella época, sobre costumbres, sobre géneros literarios, personalidades de la época, costumbres, objetos, vestuario, enclaves… de todo. La primera parte, la de lo que se sabe de la vida de Cervantes, es por ello la más sólida y defendible. Lástima que la segunda y la cuarta, que son aquellas en las que el autor trata de darle un significado definitivo al Quijote, sean tan desastrosas. Muñoz Machado toma la muy torpe decisión de explicarnos El Quijote desde dentro, desde la lógica cervantina, como si el autor pudiera explicarnos, a través de sus textos, cuáles son sus razones a cada paso literario que da. El problema es que Cervantes, de cada cinco cosas que decía o dejaba por escrito, diez eran mentira, eran un juego laberíntico en el que los más ingenuos, y Muñoz Machado lo es, se perdieran en un concierto de palos de ciego.

Pero donde Muñoz Machado acaba perdiendo definitivamente el norte es cuando decide otorgar el mismo carácter a Cervantes que al narrador del Quijote, desconociendo, por lo que parece, que escritor y narrador son dos figuras literarias diferentes, complementarias, pero que deben ser estudiadas de manera paralela, no idéntica. Obviamente, el que escribe la novela es Cervantes, pero el narrador es un personaje literario (como en toda novela que se precie de serlo) muy distinto al propio Cervantes, que se convierte en su más firme y poderoso valedor, porque es el que mejor miente y el que más toma el pelo al espectador (creando ese concepto de narrador no fiable…), y Muñoz Machado ¡decide creerle en todo cuanto dice, cuenta y narra! Resulta hasta entrañable observar de qué manera en las 750 páginas reales que dura este ensayo el autor se deja llevar de la mano por un tipo tan cínico y tan inteligente como Cervantes, que como se suele decir «se las da con queso» a todo un director de la RAE porque es muchísimo más inteligente que él.

Para terminar, un aviso: no se trata de ensalzar ni de encumbrar la obra literaria de Cervantes. Para eso, las obras maestras del escritor se valen solas. Se trata de elevarnos a nosotros para ponernos a su altura.

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‘The Northman’ no tiene nada que hacer con ‘Vikings’

Estos días está teniendo lugar en Twitter lo que yo llamo una sacralización y la construcción de un culto. Creíamos que eso era cosa de tiempos remotos, de épocas olvidadas eones atrás, en las que una panda de fanáticos se ponía a adorar, por ejemplo, una roca tallada hasta convertirla en un objeto sagrado. Pero sigue sucediendo en la actualidad. Que el Cine, además de otras cosas, es una religión, lo tengo claro hace mucho tiempo, y que la gente es una flipada (a falta de una palabra mejor) también. A veces, sin embargo, todavía logran sorprenderme.

Con motivo del estreno de ‘The Northman’, tercera realización del estadounidense Robert Eggers, y de los discretos resultados en taquilla que está teniendo, la gente en Twitter se está lanzando a ponerla por las nubes, a considerar que esto es el fin de los tiempos porque las películas de Marvel ha acabado con el Cine tal y como lo conocíamos (de ahí el fracaso comercial de esta cinta), a poner a Eggers como un clásico moderno, un Prometeo crucificado por el anticine, y a la película como una obra de arte monumental a la que si dieran una oportunidad salvaría al cine de la mediocridad absoluta y al necio espectador actual de su ignorancia supina en estos asuntos. ¿Cree el lector que exagero? Ni por un segundo. Leo en Twitter que a uno ‘The Northman’ le hizo enamorarse del cine otra vez, a otro que esto es «absolute cinema», a otro que es la mejor película de lo que llevamos de año (de paso le pone un 10), otro más que es la primera épica vikinga en toda la historia del cine (…)… y la cosa sigue. Que es portentosa, que es «un diamante que brilla de manera espectacular», la mejor de la década, la mejor recreación que se ha visto de la época vikinga, Skarsgård y Kidman «brutales»… ¿No me creen? Pongan The Northman en el buscador de Twitter y lean los tweets más destacados. Ahí los tienen todos. Resulta que estamos ante un acontecimiento artístico de relevancia histórica.

Pero luego vas a ver la película, y no.

Ni es una obra monumental, ni te reconcilia con el cine, ni la mejor de la década, ni es ni mucho menos la mejor recreación de la época vikinga, ni es tan salvaje y brutal y tremenda como aseguran tantas voces. A veces me pregunto hasta qué punto la gente necesita ver una «obra maestra» en cualquier parte, necesita encontrar motivos para ir al cine y está deseando soltar epítetos exultativos, grandiosos, terminando por inflar globos que a lo mejor no están del todo mal, como es el caso, pero que de ningún modo podemos calificar como gran cine.

Y es que no: ni estamos ante una gran historia –por mucho que digan que es el relato o la leyenda en la que se basó Shakespeare para escribir Hamlet–, ni Skarsgård ni Kidman están enormes, ni la dirección de Eggers es magistral, ni este es un cine capaz de convencer a los cinéfilos más exigentes, ni estamos ante una obra contemporánea monumental. La cosa es más bien diferente, y por mucho que se repita lo contrario no va a ser verdad. ‘The Northman’ es un filme que en cada plano quiere convencerte a gritos (nunca mejor dicho, hay que ver lo que grita todo el mundo en esta película…) de lo grande que es, de lo genial que es, y sin embargo está narrada de manera bastante ortopédica e irregular, con una construcción deficiente en lo que se refiere al itinerario de este guerrero, Amleth, que por supuesto quiere vengarse del asesinato de su padre y recuperar su reino y todo eso. Las cosas suceden aquí porque sí (el encuentro con la bruja en el campamento arrasado, la amistad y posterior enamoramiento con el personaje de Anya Taylor-Joy que no te crees jamás, el encuentro con el segundo brujo al que Amleth encuentra…¡con ayuda de un animal salvaje!, el combate final lidiando con la lava de un volcán…) no porque estén narradas o sucedan de manera orgánica.

Todo resulta teatral y forzado, tremendamente artificioso. Está claro que lo que Eggers perseguía (entre otras cosas…) era crear una sensación de extrañamiento en el espectador, de estar en otra época, en otro mundo casi. Pero eso no se consigue con diálogos teatrales ni una dirección de actores tan plana y tan poco creíble. Los relatos de otras épocas, por muy lejanas y diferentes que sean a la nuestra, han de tener el vínculo de que a fin de cuentas seguimos siendo la misma especie, con las mismas pasiones y los mismos defectos y virtudes que entonces. Si viajáramos con una máquina del tiempo a la Noruega del siglo IX y filmáramos un reportaje, no entenderíamos nada ni sería algo narrativamente interesante. No es el objetivo de un narrador hacer un reportaje histórico, sino hacer una ficción basada en unos personajes y en un mundo antiguo. Y a Eggers no le sale porque ni él mismo se lo cree. Secuencias como la iniciación del muchacho ante el brujo interpretado por Dafoe queda ridícula, y otras como el baile sensual de los amantes o la preparación de los «osos» antes del combate, dan vergüenza ajena. Skarsgård lo intenta con tanta pasión como el propio Eggers (no en vano son los productores de la cinta, ejem…), pero no consigue dotar a su personaje de carisma, ni de fuerza expresiva, ni de mística, ni de prácticamente nada. Sólo es una bestia asesina que quiere vengarse y que funciona a impulsos. Hawke y Kidman están directamente espantosos: jamás te los crees como reyes vikingos, y el giro final del personaje de ella es directamente ignominioso, con risa malvada incluida…

Amigo lector de estas líneas, probable usuario de Twitter que has escrito alabanzas exageradísimas sobre esta película…te voy a contar algo: Eggers ha visto la serie ‘Vikings’, creada por Michael Hirst y emitida entre 2013 y 2020… y tú no la has visto. Así de sencillo. Y aún más: Skarsgård ha visto muchas veces ‘Vikings’, entre otras cosas porque su hermano Gustaf interpretaba allí al inolvidable personaje Floki, el constructor de barcos y uno de los caracteres más extraordinarios del Canon de las series. Alexander la ha visto y se ha dicho: «si mi hermano ha hecho algo tan portentoso, yo también puedo, ¡hagamos una película sobre vikingos!». Y Eggers se ha subido al carro, diciéndose: «¡voy a hacer la película definitiva sobre vikingos!». Pero una cosa es querer y otra es poder. Y aunque creo que Eggers (ya lo dije en su momento en cierto artículo…) es uno de los directores jovenes más prometedores del panorama USA, en este caso ha hecho una película excesivamente autocomplaciente, pétrea, roma, que bajo ningún concepto puede considerarse una gran obra, que por supuesto aprovecha muy bien los parajes de Islandia (¿cómo no hacerlo con esa maravilla de entorno natural?) y que está bien pertrechado con herramientas de realización más que suficientes para armar un espectáculo solvente, pero al que todavía le falta arriesgar mucho y crecer mucho como artista para poder siquiera considerarle un gran cineasta.

¿Es consciente la gente lo difícil que es crear una obra maestra o un filme magistral? A tenor de la gran cantidad de bobadas que leo en Twitter me parece a mí que no. Una obra excepcional fue ‘Vikings’, la serie ya mencionada de Michael Hirst. Eso sí fue la creación cinematográfica (porque es cine, seriado, pero cine) definitiva sobre el mundo vikingo y una verdadera maravilla en todos los sentidos, con personajes monstruosos y salvajes y memorables como Floki, Ragnar, Lagertha, Ivar, Rollo, Athelstan, Torvi, Ecbert… personajes que estaban totalmente vivos, en los que no había ni el menor fingimiento o teatralidad, que a pesar de que conseguían provocarnos extrañamiento eran también cercanos a nosotros, en una aventura perfecta, en la que las cosas no sucedían porque sí, sino que se iban construyendo, se iban narrando, no como en un videojuego parecido a ‘The Northman’ en el que el personaje va encontrándose cosas y superando adversarios o pruebas, sino como una verdadera ficción en la que se plantea una segunda realidad, con tanto bulto, consistencia y persuasión como nuestra realidad.

Skarsgård ya consiguió un gran trabajo, que queda para la historia, en la infravalorada serie ‘True Blood’, en la que daba vida a Eric (quien por cierto se apellidaba irónicamente Northman), de origen vikingo y apasionante historia, y uno de los personajes más fascinantes de la ficción de Alan Ball. No necesita de vehículos de lucimiento como este, tan discutibles, para estar en el candelero, sino de personajes tan memorables como aquel, porque tiene talento de sobra. Lo mismo que Eggers, del que sigo pensando que es un director más que interesante, siempre que no siga dejándose convencer por las sirenas del divismo y no continúe dándose tantas facilidades a sí mismo.

Y en cuanto a la gente que tantas exageraciones escribe en Twitter… hay que ver más cine, pero también hay que leer y ver muchas más series. Y sobre todo hay que tener un pensamiento más crítico y un poco más de sentido común.

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S. Spielberg–J.K. Rowling: grandes narradores para tan cuestionables carreras

Se está estableciendo estos días (ventajas de estar un poco más activo en la puñetera cuenta de Twitter) un debate en torno a la figura de Steven Spielberg. Bueno, debate… están sacando su nombre y su carrera a colación en infinidad de conversaciones, y el hombre está siendo trending topic un día sí y otro también. Hace un par de semanas comenzaron, muchos, a alabar la maestría técnica de ‘West Side Story’ (el remake de 2021 de la película de 1961), y ahora una buena masa de tuiteros llevan unos cuantos días poniendo por las nubes la trayectoria del director oriundo de Ohio, y otra buena masa de tuiteros (yo incluido…) estamos intentando atemperar un poco el entusiasmo del personal, consiguiendo lo contrario: que su defensa de Spielberg sea enardecida y, he de decirlo, todavía más carente de argumentos que de costumbre. Tampoco pasa nada: cada uno que se busque en qué perder el tiempo. Eso sí, me ha sorprendido encontrarme con Rodrigo Cortés, generalmente muy sosegado, pasando al ataque de manera tan poco argumentada. Pero oye, sus desventajas debe traerte el llevar tantos años haciendo ‘Todopoderosos’…

Todo esto, al final, me ha movido a escribir sobre dos figuras enormes en el mundo del espectáculo, a los que algunos (legiones, en realidad) defienden con una pasión que ya podrían dedicar a otras cosas más interesantes y más duraderas: el aludido cineasta estadounidense Steven Spielberg (al que ya he dedicado algunas entradas en el pasado) y la escritora británica J.K. Rowling, que también está teniendo estos días su ración de polémica y de ataques y defensas a ultranza en las redes sociales, por no sé qué declaraciones sobre las personas trans, que a algunos por lo visto tanto han ofendido.

Y lo primero que quiero decir de estos dos es algo que seguramente luego me costará defender en alguna conversación, cuando me recuerden estas palabras, pero no tendré más remedio que mantenerme firme: tanto Spielberg como Rowling, cada uno en su campo, son extraordinarios narradores, personas de un talento para eso de ponerse a filmar o de ponerse a escribir sólo cuestionable por aquellos que quieran tapar el sol con un dedo. Lástima, claro, que hayan dedicado su enorme talento a empresas tan descaradamente y en el fondo patéticamente comerciales, lo que les ha impedido con toda seguridad conseguir una obra de mucho mayor calado, a cambio eso sí, de hacerse multimillonarios. Lo han conseguido, lo de arramplar con tanta pasta, porque son los máximos exponentes de la industria del imperio anglosajón. Con el mismo talento y las mismas ganas de forrarse no lo habrían conseguido de pertenecer a la industrias china, rusa o iraní, aunque estoy seguro de que habrían seguido intentándolo. En el Siglo de Oro español (no sé por qué lo llaman así, cuando en realidad fueron dos siglos, pero en fin) se hizo posible, por las características culturales y políticas de la esfera hispana, el Barroco Literario, y de allí salieron Cervantes, Quevedo, Calderón y Lope, entre otros. En el siglo XX y XXI, el capitalismo feroz anglosajón ha creado a Spielberg y a Rowling. A cada cual lo suyo.

Lo he dicho en Twitter creo que en cuatro o cinco hilos estos días, y lo voy a repetir aquí: Spielberg es un portento visual de primerísimo nivel. No llega quizá a los exacerbados niveles de un Malick o de un Welles, pero no le anda lejos. Es un realizador absolutamente prodigioso, capaz de mover la cámara como en una danza, de encuadrar y reencuadrar y mover a los actores como si respirase. Es algo que además en su caso parece intuitivo, y no elaborado, aunque en realidad debe estar trabajadísimo. Este hombre ha nacido para contar historias con una cámara. Lleva el cine en las venas tanto como un Welles, un Ford o un Hawks. Sin embargo tiene un gran inconveniente: el desajuste que existe entre lo que cuenta y cómo lo cuenta es abismal, irreparable. Sus formas son las de un danzarín superdotado, pero sus temas, el sistema de pensamiento que los sostiene, el modo en que objetiva los conceptos que pretende manejar, es tan endeble que a menudo cuesta creerlo. Por eso, necesita de un guion a la altura de las circunstancias, que pocas veces ha encontrado: ‘Jaws’ (1975), ‘Catch Me If You Can’ (2002), ‘Munich’ (2005), ‘Lincoln’ (2012), y poco más. El guion que escribió en solitario para ‘A.I’ (2001) se desmorona a los cuarenta y cinco minutos, porque no es capaz de sostener la tensión del relato. Sus intentos de gran melodrama con ‘Schindler’s List’ (1993) y ‘Saving Private Ryan’ (1998), se quedan en eso, intentos de un realizador superlativo, muy bien hechas técnicamente, pero un director, un artista, que no está a la altura de lo que cuenta.

Luego está la Rowling. En el único Todopoderosos que recuerdo medianamente interesante, con Rodrigo Cortés tratando de poner un poco de sentido común en la mesa, el director de ‘Buried’ decía en cierto momento que Rowling sacrificaba el estilo, al final de su famosa saga, en favor de la trama. No estoy de acuerdo con él. El estilo de Rowling es bastante poco literario a lo largo de las siete novelas. Los libros de Harry Potter están diseñados, en muchas de sus partes, como si fueran películas, o por lo menos como si estuvieran pensadas para una futura adaptación cinematográfica (es decir, como el 99,99% de los best-sellers de la esfera anglosajona). La originalidad literaria de Rowling es igual a cero desde ‘La piedra filosofal’. Ahora bien, Rowling posee una fuerza expresiva y sobre todo narrativa de primera magnitud, que se traduce en : 1 – la fuerza de sus personajes, 2 – la fuerza de sus escenas culminantes, 3 – la precisión absoluta de los diálogos. Esta mujer ha enterrado, en una saga millonaria, un talento en ciernes que la habría acercado a Stephen King (este sí, le pese a quien le pese, un verdadero novelista), con quien tiene numerosas y nunca atribuidas deudas. La historia del niño mago interesa cero, pero hay en las páginas de sus libros, sobre todo en ‘El príncipe mestizo’ una verdadera escritora pugnando por salir, capaz de ser persuasiva y convincente en todas y cada una de las páginas de semejante mamotreto dedicado al público infantil.

Dicen que Spielberg estuvo cerca de dirigir el primer Harry Potter. Desde luego, habría sido el culmen de este tinglado de historietas de niños magos y de cine diseñado para las grandes audiencias. Ambos, Spielberg y Rowling, chapados no ya en oro si no en diamantes de muchos kilates, viven ajenos a críticas y comentarios. Están en la cima del mundo. Y su influencia en el Cine y en la Literatura es nefasta, a falta de otra palabra mejor. La industria sólo quiere ahora blockbusters y grandes ventas de libros. Todo lo demás no existe. Y millones de fans riéndoles las gracias, dando la turra con su «genialidad» y llamando fanáticos –ironía suprema– a los que pretendemos poner un poco de orden entre tanto jaleo. No he visto nunca tanto fervor con el gran genio del cine estadounidense totalmente olvidado hoy día, FF Coppola, ni con el gran novelista estadounidense vivo, el autor de la sublime y terrible ‘Blood Meridian’, Cormac McCarthy. Supongo que lo fácil es defender a los que más venden y los que más ganan, que no necesitan defensa de nadie. Arrimarse al sol que más calienta, o como diablos se diga. Otros seguiremos defendiendo a aquellos que pese a ser verdaderos y no impostados genios parecen olvidados por todos, ya que sus trabajos son durísimos, y en lugar de dar placer proporcionan displacer. Es la diferencia fundamental, me temo, entre los que defienden lo comercial y los que defendemos el Cine y la Literatura.

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Recopilación de críticas

Para los que no lo sepan, tengo otro blog (en realidad, tengo otros dos…) en los que sigo ensayando el complejo y árido oficio de la crítica cinematográfica y literaria, que muchos dicen poder escribir pero que muy pocos han logrado dominar realmente, por muchos años que se hayan puesto con ello y por muchas ínfulas que se den de conocer el cine y la literatura. Por lo menos lo hago lo más profesional y sincero que puedo, y creo que al cabo de tanto tiempo al final me he labrado un estilo propio, que tanto mis detractores como mis seguidores pueden reconocer con facilidad, y eso ya es mucho.

Lo más difícil de una crítica es llegar a lugares en los que se pueda argumentar algo, en los que se pueda proponer otra cosa que el «me gusta» o el «yo pienso u opino así». Es tan difícil que en realidad dudo que nunca se consiga del todo. Yo sigo intentándolo y supongo que seguiré intentándolo toda la vida. Corresponde a los lectores enjuciar si lo he logrado o no.

Hace tiempo que quería hacer esto, pues creo que le va a dar un poco más de visibilidad de mi otro blog, al que simplemente he llamado Cinema & Letras, porque no se me ocurría un título mejor. Ahora que estoy hasta arriba de trabajo, escribiendo ficción y no ficción, además de mis otras responsabilidades diarias, me parece un buen momento para hacerlo. Pongo una pequeña muestra de todo lo que hay ahí:

Letras

‘The Lord of the Rings’, de JRR Tolkien
‘De Profundis’, de Oscar Wilde
‘Vampire$’, de John Steakly
‘It’, de Stephen King
‘Der tod des Vergil’, de Hermann Broch
‘Blood Meridian’, de Cormac McCarthy
‘Moby Dick’, de Herman Melvill
Star Maker’, de Olaf Stapledon
‘Auf den marmorklippen’, de Ernst Jünger

Cinema

De género y de autor:

‘Alien’, de Ridley Scott
‘Robocop’, de Paul Verhoeven
‘Prince of Darkness’, de John Carpenter
‘Kill Bill, Vol.2’, de Quentin Tarantino
‘Nymphomaniac, Vol. 1 & 2’, de Lars Von Trier
‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’, de Michel Gondry
‘Y tu mamá también’, de Alfonso Cuarón
Ran’, de Akira Kurosawa
‘Alexander’, de Oliver Stone

Series

‘Sons of Anarchy’, de Kurt Sutter
‘Mindhunter’, de David Fincher
‘Exterminate All the Brutes’, de Raoul Peck
‘The Wire’, de David Simon

Videojuegos

‘Red Dead Redemption II’
‘The Last of Us, Part II’, de Neil Druckmann

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El cañón del revólver (IX)

Hace ya bastante tiempo, desde luego bastantes meses y bastantes años, que proliferan por las televisiones privadas las reporteras guapas y bien vestidas… no solamente guapas, sino bastante sensuales, con pelo largo, vestidos estupendos y taconazos, incluso para presentar el tiempo. Y yo me pregunto: ¿cómo es que las feministas y demás grupos que llevan a cabo una más que necesaria y justa lucha por la igualdad de las mujeres y en contra de su cosificación, que ya incluso estaban por prohibir las marquesinas en las que saliese una chica guapa en bikini, no han puesto el grito en el cielo y han exigido que esto deje de suceder? Porque, insisto, llevamos bastantes años así. En televisión española no tanto, pero en otras cadenas, la que presenta el telediario, la que hace un reportaje sobre el tiempo en los Pirineos y la entrevista a la figura mediática de turno es muy difícil que no sea una chica o una mujer de muy buen ver, que dudo que sean mejores periodistas que la que tienen una aspecto físico menos atractivo. Raro es, desde luego, y no les deja en buen lugar, ni a las cadenas televisivas, ni a los que luchan por la igualdad.

De una proliferación a una ausencia que me ha llamado la atención desde el principio de los tiempos: ¿por qué en los cd’s de bandas sonoras de películas que te comprabas antes en la Fnac y en los que escuchas ahora en Spotify suele faltar, precisamente, ese tema que sabes que está en la película (¡porque lo has oído!) o incluso ese corte, en el caso de ser una partitura musical escrita por Wiliams, Morricone o cualquiera de estos, que a ti te encanta y que era la razón primordial por la que comprabas el cd o por lo que ahora te pones con ese disco en tu equipo? Es incomprensible. Es más, en algunos casos, incluyen cortes o canciones que no están en la película, o que a lo mejor estaban en su versión inicial que luego retiraron de montaje, o lo que sea. Deberían explicar estas ausencias, porque a lo mejor esa es la razón por la que quisieras escuchar o comprarte ese disco en primer lugar. O que no digan «esta es la música de la película», o de la serie, que digan simplemente: «esto es algo de la música de la película… y si no está precisamente la canción que tú querías y que no encuentras en ningún otro sitio, sencillamente te jodes».

La asociación española de críticos literarios (la AECL) ha decidido dar el premio de la crítica a ‘Línea de fuego’, publicada el año pasado por Alfaguara y escrita, por supuesto, por Arturo Pérez-Reverte. Se lo ha dado (según me dice mi colega JJ, que vive en Cartagena, ciudad natal del ínclito novelista, estaba cantado que así iba a ser) aludiendo que esa novela es «la ‘Ilíada’ del siglo XXI»… y se han quedado tan anchos. La última novela de un glorificado escritor de novelas históricas es comparable al texto que funda la literatura occidental. Hale. Y yo digo que este buen hombre algo de responsabilidad tendrá en ser un novelista bastante justito (por decir algo suave), pero los críticos literarios españoles la tienen toda en hacer el más espantoso de los ridículos premiando un best-seller como la mejor novela del año y de compararla con uno de los textos fundacionales de la narrativa grecolatina. Pero, oye, ya deberíamos estar acostumbrados a estos dislates. Lo mejor de todo es el pasotismo del autor, que ni siquiera lo ha mencionado en su Twitter ni ha dicho gran cosa al respecto en los medios. Lo que para otro autor habría sido un gran honor (…bueno, dependiendo del nivel de la crítica literaria), para este señor es una anécdota más. ¡Bravo!

Al igual que sucede con ‘Bram Stoker’s Dracula’, muchos nos pasamos la vida «defendiendo» ‘El padrino, parte III’, como si realmente hiciera falta defenderla, aunque en realidad es un verdadero placer hacerlo, y es que el mundo se divide en dos: los que equivocadamente piensan que es un filme muy menor o incluso nefasto, y los que acertadamente pensamos, pese a ser una franca minoría, que es mucho más que un digno final de la más excelsa trilogía de la historia del cine, y que es un filme muy superior a los numerosos títulos que, precisamente, esa gran mayoría defiende sin ningún rubor. Ángel Fdez-Santos escribió sobre ella que se trataba de una obra de incalculable audacia e inteligencia y que estaba resuelta en las cercanías de la perfección, y por una vez no se equivocó. En efecto, es ‘El padrino, parte III’ un compendio de audacia e inteligencia como pocas veces se ha visto en cine, y una verdadera confesión y catarsis íntima en forma de película (por mucho que el bueno de Bracero, por ejemplo, niegue cualquier bondad a esta obra maestra…), que en su nuevo montaje, estrenado hace pocos meses, ya es el colmo de la perfección, pese a que se siga mirando de reojo las dos «intocables» primeras películas de la trilogía, aunque se quiera escarbar con torpeza en sus defectos o zonas grises. Y es que llegar a estas alturas es muy difícil, casi imposible, pero sus detractores pueden seguir quedándose con sus Bravehearts, sus Matrixes, sus Crashes, sus Listas de Schindlers, con exquisiteces de la Nouvelle Vague o con lo que les da la gana, que así hablan más de ellos mismos que de esta extraordinaria creación cinematográfica.

Pues yo estoy de acuerdo en que se vacune a los jugadores de la selección española de fútbol en la Eurocopa. De hecho, cuando ha empezado todo este jaleo, yo daba por hecho que estarían todos vacunados, del mismo modo que daba por hecho que todos los deportistas (miles) que van a ir a los JJOO estarían también vacunados. Ingenuo que es uno, pero si esta gente va a asistir a un importante evento internacional en el que van a interactuar entre todos, si estos eventos ya están aprobados y han de celebrarse porque hay muchos intereses en riesgo, entonces no veo ninguna razón por la que no se les tenga que vacunar. Otra cosa sería que estuviéramos en el principio de la vacunación, y hubiera mucha gente de riesgo esperando. Pero ancianos y la mayoría de profesiones importantes ya han sido vacunados, y ya hay vacunas para todos. ¿Por qué ellos no? Y en caso de que no se les quiera vacunar, pues no se celebra la Eurocopa, ni los Juegos, ni nada. Seré un lelo, pero para mí esto es de estricto sentido común.

Último disparo: estoy un poco cansado… bueno, lo voy a decir: estoy hasta los huevos de que tanto buenista y tanto supuesto intelectual, o escritor, o periodista, o amo de casa, o camionera, o juez, o quien sea, repita hasta la saciedad que para que reine la concordia debe quedar claro que en la Guerra Civil no hubo buenos ni malos, sino que todos eran hermanos y españoles y que hablar de buenos y malos es una simplificación de lo que allí hubo, porque a fin de cuentas los rojos eran tan malos como los militares sublevados, y todos eran igual de malos, o igual de buenos o yo qué sé ya… Me pregunto si todos estos dirían lo mismo respecto a la II Guerra Mundial. Es decir, que los nazis no eran los malos y los aliados los buenos, sino que allí no había ni buenos ni malos, porque todos eran seres humanos, y para encontrar la concordia… ¿A que no lo dirían? Entonces… ¿por qué lo dicen de la Guerra Civil Española? Y si lo dicen de la Guerra Civil Española… ¿no será por algo en concreto? Ojalá lo entendiera todo el mundo de una vez y para siempre: lo que tuvo lugar no fue una lucha fratricida entre hermanos. No. Lo que tuvo lugar allí fue un golpe de estado de una panda de fascistas contra un gobierno LEGÍTIMO. Imperfecto, sí, como tantos otros, pero salido de las urnas. Un golpe de estado perpetrado por una panda de fascistas que instalaron una dictadura tras una sangrienta guerra de tres años que duró varias décadas y cuyas consecuencias todavía colean… guerra en la que por cierto llevaron a cabo asesinatos sistemáticos de comunistas y republicanos (es decir, un genocidio). Tratar de igualar a los del otro bando, los LEGÍTIMOS, diciendo que ellos también mataron de manera cruel a los FASCISTAS, es no solamente perverso, también responde a oscuros intereses. Por supuesto que los todos los combatientes eran personas. Mi propio abuelo luchó del lado equivocado. Pero lamentablemente unos lucharon por una causa fascista y otros lucharon por la república. Y no hay concordia posible con los que quieren establecer dictaduras, por mucho que sus nietos y bisnietos se ofendan. Que se ofendan si quieren… ¿eso cambia en algo lo que acabo de decir?

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CRÍTICA

El cañón del revólver (V)

A menos de un mes de las elecciones de la CAM, vemos ataques con explosivos a sedes de Podemos, somos testigos del maquillaje de la Sta. Pepis de los medios de comunicación afines o vendidos al capital, seguimos tragándonos las mentiras del departamento de sanidad del gobierno de la comunidad, y en general somos telespectadores y radioyentes de un circo que no ha hecho más que comenzar y cuyas consecuencias son impredecibles, por mucho que las encuestas (afines también a la derecha) estén cantando ya victoria. En Oviedo vuelven a poner nombres de franquistas a calles, y en Murcia resulta que va a ser el partido fascista Vox quien se ocupe de la educación. Así las cosas, no ir a votar, a quien sea con tal de que no salga triunfante la ultraderecha en la capital, no es un derecho sino un deber de todo ciudadano de buena voluntad.

En algunos países como Israel o Chile la vacunación va viento en popa, y en la cultivada, modernísima y liberal Europa vamos como buenamente podemos, apenas sin vacunas para los mayores de 80 o la franja de setenta años, y de nuevo con países como Francia o Inglaterra sufriendo verdaderos estragos de la pandemia. Y hablamos de países ricos… ¿qué sucede entonces con los dependientes y los marginales, como por ejemplo los refugiados de esos países ricos? No me cabe en la cabeza que alguien considere al Tratado de Maastricht como otra cosa que como papel higiénico, porque lo que contiene, lo que propugna y lo que defiende no vale para nada en una Europa más desunida, insolidaria y clasista que nunca.

Leo en varios periódicos que la corriente del Golfo está en mínimos históricos de actividad, y que es posible incluso que se detenga, como consecuencia del calentamiento global y el derretimiento del hielo del polo sur con lo que conlleva de añadir agua dulce al océano, lo que de tener finalmente lugar sería una catástrofe de proporciones colosales, que los medios de comunicación, televisiones, radios, periódicos tienen la obligación de informar y de investigar a fondo, para que la población mundial sea consciente de a lo que nos enfrentamos. Pero me juego la paga del mes a que el lector de estas líneas no sabía mucho de ello. Los que ocultan o tapan información son tan criminales como los que llevan a cabo el crimen, y estas noticias deberían ser portada de todos los periódicos, y no la última estupidez del gobierno catalán o el español.

Resulta que al gobierno egipcio no se le ocurre otra cosa para revitalizar sus ingresos turísticos, que organizar un fastuoso desfile con los sarcófagos de veintidós momias de reyes y reinas del Antiguo Egipto, algo que muchos analistas suspicaces han recibido como poco con estupefacción. No se entiende muy bien qué pretenden, pero queda claro que el enorme acervo cultural de ese país y de otros como Grecia, les queda muy grande a sus actuales gobernantes. Muy pero que muy grande, pues dejan claro, con cada maniobra política que llevan a cabo, que su patrimonio universal les importa un carajo, y que aquí lo que prima es la ganancia pronta y fácil, aún a costa del deterioro de sus piezas de incalculable valor histórico. Pero el arte, de cualquier tipo, jamás le ha importado a las élites, tan sólo a sus traductores y a algunos receptores/espectadores.

No sé quién se sorprende todavía de que una nueva brecha de seguridad en Facebook haya propiciado un listín telefónico de quinientos millones de números privados que han pasado a manos de grandes corporaciones. La gente… ¿qué se piensa que son grandes redes sociales y compañías multimillonarias como Facebook y Twitter? ¿Regalos a la humanidad para que comparta sus fotos veraniegas y las chorradas que se les ocurren cuando se despiertan inspirados? Son compañías mafiosas, a las que no debemos dar la menor información, porque ahora mismo, y hasta dentro de mucho tiempo, lo más valioso que las empresas pueden comprar y vender son DATOS. Y nosotros, como corderitos, creyendo que es un patio de recreo en el que solazarnos…

Último disparo de este quinto revólver para la situación en la antigua Birmania, ahora Myanmar: yo no sé qué clase de alimaña hay que ser para vestirte de soldado y disparar a quemarropa contra tus conciudadanos. No me cabe en la cabeza ese conato de guerra civil que en realidad es un golpe de estado criminal, como no me cabe ninguna guerra en que los soldados se dediquen a aniquilar a civiles desarmados que son sus compatriotas, obligándoles por tanto a armarse y a iniciar una guerra desigual como la que tuvo lugar en España. En estos casos, y en los muchos que habrá en el futuro, la comunidad internacional no puede intervenir… pero a veces da la impresión de que debería hacerlo. De acuerdo, sería una injerencia en la soberanía de otro país, pero… ¿acaso no queda esa soberanía anulada en cuanto a sus dirigentes se les va la chaveta y empiezan a aniquilar a todo bicho viviente? ¿No deberíamos pasar ya de banderas y de gestos diplomáticos para garantizar que no tengan lugar atrocidades en cualquier parte del mundo? A fin de cuentas, de eso se trató la II Guerra Mundial, sólo que se dejó el trabajo a medias y muchos tiranos y fascistas encubiertos siguieron por ahí, asomando la patita de vez en cuando y provocando un caudaloso río de sangre cuando gobiernan.

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CRÍTICA, LITERATURA

La frivolidad

Creo que la frivolidad es como otro virus que se expande por los escritores españoles, sólo que este incuba durante mucho más tiempo, en algunos casos años y años, hasta que un día por fin empieza a dar síntomas, al principio unos pocos aislados y poco a poco más y más deprisa, hasta que el susodicho se convierte en otro de los infectados, otro de los zombis andantes que convierten nuestra literatura en una caricatura sin la menor gracia. Y en este caso no estoy hablando de los que se dedican a escribir best-sellers al estilo de los anglosajones, sino de los que en teoría están en contra de todo eso y tratan de escribir una literatura más exigente, y aseguran en columnas, en entrevistas y siempre que pueden que ellos son diferentes.

Tal cosa le ha sucedido a Alberto Olmos, que de novelista promesa pasó a escritor de blogs en los que vertir chulería y desparpajo a la hora de escribir críticas literarias (si es que críticas literarias se les podía llamar), sin dejar de publicar algunos trabajos en cuanto tenía material para hacerlo, y finalmente de columnista en El Confidencial, donde con su espacio Mala Fama puede escribir tanto de libros como de actualidad. Parecía, o eso decía él, que se había borrado de eso de publicar nuevos trabajos, pero resulta que no, y aquí tenemos nueva novela y nueva recopilación de textos críticos, pero con este hombre ya convertido en otro de esos novelistas de vuelta de todo, escribiendo autoficción sobre el embarazo de su novia, renegando de posturas e ideas suyas de otras épocas y siendo, al fin, otro de esos casos clínicos de narcisismo mal curado, de prepotencia y soberbia que tanto abunda por estos lares.

En una reciente entrevista concedida a ABC, Olmos dice: «A mí la paternidad me sacó de la droga del ego…». No me da a mí esa sensación. A continuación espeta varias cosas seguidas, casi sin dejar tiempo al lector inteligente para respirar, frases como «(la crítica literaria) ha perdido muchísima influencia para bien, por un lado, desde la llegada de las redes sociales y de los blogs. Cualquiera puede opinar en cualquier sitio. Eso está bien, porque antes había cuatro o cinco lugares donde expresar opinión acreditada sobre libros. En cuanto te nombran crítico en «Babelia» tienes un poder que no te lo has ganado tú. Yo cuando empecé a hacer reseñas literarias en mi blog el prestigio me lo ganaba reseña a reseña. Y la crítica literaria, según la veo y la practico… Yo lo que trato es hacer un texto que tenga valor por sí mismo…». Todo esto lo dice seguido. Recuerdo aquel comentario que hizo en el que en una novela de King la frase siguiente no tiene relación con la anterior.

No me acaba de quedar claro por qué dice que la crítica ha perdido influencia para bien. No me explica el porqué de esta aseveración. Y lo de que cualquiera puede opinar en cualquier sitio…antes también se podía, sólo que no se dejaba por escrito. Y la frase siguiente, que antes había cuatro o cinco lugares donde poder expresar opinión acreditada… ¿en qué quedamos, en que cualquiera puede escribir, o en que se necesitan sitios con opinión acreditada. No es lo mismo. Y me temo, querido Olmos, que lo del ego no se te ha curado con el hecho de tener hijos cuando afirmas que tu prestigio te lo ganabas reseña a reseña…. no creo que seas, precisamente, un crítico prestigioso. Las reseñas de Olmos eran más bien chascarrillos (porque lo cierto es que el hombre tiene verborrea, gracejo y mala leche), no críticas literarias serias (por cierto, habría que distinguir de una vez lo que son reseñas de lo que son críticas). Como si estuviera menos de acuerdo con este hombre me tiraría por la ventana, y como parece que yo tengo las ideas mucho más claras, me es imposible no dejarlas por escrito.

En un delirio de tontería supina dice que «Kiko Matamoros ha hecho lo que hay que hacer: no sé por qué he conocido este libro y me da igual quién es el autor, pero lo recomiendo. Eso ya es imposible. Eso es la esencia de la crítica literaria y no se hace nunca». Eso no es la esencia de la crítica literia, amigo Olmos. Y si no lo sabes por lo menos no deberías salir en un periódico (aunque ese periódico sea un panfleto reaccionario como el ABC) y decir bobadas, a cada cual más grande: «El rollo este del arte, para empezar, no tiene ninguna técnica». No tendrán técnica tus novelas, o tus columnas, Olmos, pero técnica y ciencia tienen, y mucho, las obras literarias, como te pueden demostrar cientos o miles de teóricos y verdaderos críticos literarios en todo el mundo. No, el ego no se te ha curado, y te empuja a decir estupideces para llamar la atención, como un Pérez-Reverte cualquiera.

Porque la cosa sigue para bingo: «Yo creo que en los «best seller», irónicamente, hay más profesionalidad que en los libros literarios. En los «best seller» sí que hay autores que tienen en cuenta cómo se cuenta una historia desde un punto de vista más bien cinematográfico, o al menos el planteamiento-nudo-desenlace. No tienen estos caprichos que tenemos los autores literarios de ahora me dejo llevar, ahora esto lo pongo porque me apetece, este libro tiene una parte que es un diario porque me da la gana», y para premio: «A mí si este libro se vende por millones porque la gente se cree que es una guía para el embarazo pues de puta madre». Y cerramos cum laude: «los Javier Marías, Savater, Muñoz Molina o Marina en los debates… Recuerdo que decían cosas complejas, interesantes. Ahora nos vemos obligados a decir obviedades» (ni que lo digas, Olmos…).

Olmos tuvo la suerte (quiero creer que fue suerte) de quedar finalista del premio Herralde de novela a los veintipocos años. Yo creo que ahí ya le entró el bicho, y se le ha quedado incubando. Ahora que ya ha perdido la fuerza y la pasión de la juventud, y tras firmar una obra literaria bastante irrelevante (‘Trenes hacia Tokyo’ posee rasgos interesantes, sin más, y el resto es la obra de un pseudo-novelista aspirando a una trascendencia que nunca podrá obtener) viene a contarnos la historia de su paternidad. Esta es la literatura que tenemos ahora. Tantos años haciendo de killer de la literatura, de defender a autores raros y arriesgados, de hablar de literatura con descaro e irreverencia, para terminar escribiendo bobadas en Zenda, debe ser duro para un ego intelectual como el suyo. Al final, la soberbia y el ego de Pérez-Reverte se les pega (es fundador de Zenda) a los que ni siquiera son conocidos para el gran público. Y la querencia por escribir chorradas en Twitter, como un Juan Gómez-Jurado cualquiera, también. ¿En qué se diferencia este autor de esos nombres, salvo en que vende muchos menos libros que ellos? Es a veces divertido escribiendo, y nada más. Eso no compensa un ego tan desmesurado.

En realidad, parece que la indolencia y la frivolidad son hoy en día la moneda de cambio entre los escritores españoles. Yo no sé a quién le puede aportar algo una mente tan roma, tan falta de verdadera pasión, de verdadera literatura. Este hombre, y otros como él, acaban convirtiéndose en aquello que dicen despreciar. Si eres un descreído y vas de enfant terrible, mantente en tus trece, o además serás un cínico. Pero parece que ya nada importa nada, y lo que menos importa de todo es la literatura. ¿Cuál será la próxima novela de este personaje? ¿Otra autoficción en la que nos cuenta cómo lleva a cabo la crianza de sus hijos (la matraca que da en twitter con las ocurrencias de su hija, por cierto…)? ¿Una sátira política en la que un tal Alberto Gómez se introduce en esferas de poder para llevar a cabo algún acto subversivo? Sea como sea seguro que serán apasionantes trabajos literarios, con el beneplácito de sus editores, que estarán encantados conque venda cuatro o cinco mil ejemplares y queden olvidados al cabo de tres o cuatro años. Para eso están nuestros editores, y para eso nuestros escritores. Para no aportar nada a aquello que se dedican, salvo ego, idolencia, y frivolidad.

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CRÍTICA, LITERATURA, MÚSICA, TELEVISIÓN

Palabras, imágenes y sonidos: Trumbo, Johnny y Metallica

Aún recuerdo lo que me decían mis amigos de cierta canción de ‘Metallica’ de su disco ‘…And Justice For All’, de 1988. Habían pasado varios años, pero yo todavía no lo había oído. No era como ahora, que disponemos de Spotify y podemos escuchar lo que nos de la gana cuando nos de la gana. En aquella época tenías que buscar una tienda de discos de confianza, o tenías que tener la suerte de que algún amigo lo tuviera para copiarte el CD, y antes de eso incluso todavía el casete. Pero de tanto insistirme en que tenía que escucharla, yo que andaba fascinado con el ‘Black Album’, con el doble disco del famoso directo de AC/DC, con algunos álbumes de Megadeth, al final lo conseguí. No era una cinta de muy buena calidad, pero el caso es que tenía el disco, y en el cuarto corte, efectivamente, se incluía el tema, ‘One’, de siete minutos y veintiséis segundos de duración. Uno de mis amigos más puesto en heavy (y con el pelo más largo) me aseguraba que era uno de los mejores temas del género de la historia, y que era una pena que en ese álbum no se incluyera el tema ‘Master of Puppets’ para ser ya perfecto, o que en el disco ‘Master of Of Puppets’ (1986), no hubiera un tema como One. La verdad es que me pareció, y me sigue pareciendo, una idea muy acertada.

De algunos amigos, y de sus gustos, te podías (y te puedes) fiar. De otros no, claro. Recuerdo también que algunos me insistían en que esa canción que yo, fascinado, escuchaba una y otra vez era «la banda sonora de ‘Johnny cogió su fusil’, una película «de la hostia» que parecía mentira que yo no hubiera visto todavía». No es que no pudiera fiarme de los gustos de estos, es que, obviamente, One no es la banda sonora de ‘Johnny Got His Gun’ (Dalton Trumbo, 1971), por mucho que se cabrearan (qué chiquillos…) ante mis serias dudas. Bastaba ver a Jason Robards bastantes años más joven que entonces, y bastaba comprobar en alguna parte el año de producción de la película. Yo nunca he andado muy bien de matemáticas, pero sospecho que es bastante complicado que una película, del año que sea, tenga la banda sonora de una canción que se escribe y se graba 15 años después. Que igual me equivoco, ¿eh? Me equivoco todos los días con un montón de cosas, pero algo me dice que aquí no ando muy lejos de la verdad. Aunque es entendible: en el vídeo de la canción, ‘Metallica’ incluyó imágenes de esa película, y en aquellos tiempos no teníamos IMDB ni ninguna otra cosa para decirnos los años de producción de las películas. Simplemente vieron ese vídeo y se convencieron de que no podía ser de otra manera: nada menos que Metallica poniendo la música para una película de Dalton Trumbo…

Dalton Trumbo… que moría en 1976, antes incluso de que Metallica se formara como banda. Bastante teníamos en aquella época, en la que todavía flipábamos con ‘Thriller’, de Michael Jackson, el videoclip más alucinante e importante de la historia. No conocíamos a Dalton Trumbo, y habría sido bueno que lo hiciéramos. Guionista de prestigio, fue perseguido en la caza de brujas de McCarthy por su declarado comunismo, y lo pasó muy mal para sacar adelante a su familia sin dejar de escribir, aceptando encargos de lo más variopintos, y a pesar de todo consiguiendo dos Oscares escribiendo guiones firmados por otros. Escritor apasionado y magnífico, pacifista convencido, había escrito en 1939 la novela ‘Johnny cogió su fusil’, que en 1971 convirtió en película dirigida por él mismo, y ganando el premio del jurado en Cannes.

‘Johnny Got His Gun’ podría ser uno de los relatos antibelicistas más poderosos de la historia del cine. Como mucha gente sabe, narra la odisea de un soldado que tras recibir el impacto de una bomba queda horriblemente mutilado, perdiendo ambas piernas, ambos brazos, así como la cara y los oídos. Queda por tanto incapaz de moverse, de oír, de ver, de oler y de hablar. Es posible que en alguna guerra haya tenido lugar un caso como este, aunque poco probable. En realidad, la intención de Trumbo era crear una alegoría sobre el infinito horror de la guerra, y lo logró con creces. Johnny es no solamente un personaje, es una representación, un homenaje, un canto, a cualquier soldado de cualquier parte del mundo, a su capacidad de sufrimiento, y a la injusticia de ir a luchar por tu país para acabar en un estado peor que la muerte. Su visionado es obligatorio para cualquier cinéfilo de pro.

En 2015, llegó la película ‘Trumbo’, sobre la vida del gran guionista, y en cuyo tramo final hablan de la creación de esta magnífica película. Trumbo está interpretado por esa bestia parda (siempre me refiero a él con estos términos, pero es que no se me ocurren otros mejores) que siempre ha sido Bryan Cranston. Y la película es realmente estupenda, con una producción muy cuidada y una dirección más que solvente de Jay Roach, merece mucho la pena verse, porque con ella tienes la sensación de que accedes a la verdad de aquellos tumultuosos y oscuros años de represión intelectual:

Y llegamos por fin a ‘Metallica’. En mi opinión, la decisión del grupo de incluir en el vídeo bastantes imágenes de la película, muy bien montadas, por cierto, resulta en un más que digno homenaje a la película y en un apoyo notable a la letra y al tono de la propia canción, como si ambas cosas se retroalimentaran. Aún hoy, resulta un video más que interesante, y el tema, por supuesto, mantiene la vieja fuerza y su capacidad de catarsis. Y aquí termina este relato, en el que hacemos un viaje que se inicia con unos recuerdos de hace ya bastantes años, y en el que pasamos por libros, películas, videoclips y canciones, todos ellos interactuando en la psique colectiva de artistas y espectadores para crear una experiencia identitaria:

I can’t remember anything
Can’t tell if this is true or dream
Deep down inside I feel to scream
This terrible silence stops me
Now that the war is through with me
I’m waking up, I cannot see
That there is not much left of me
Nothing is real but pain now
Hold my breath as I wish for death
Oh please, God, wake me
Back to the womb, that’s much too real
In pumps life that I must feel
But can’t look forward to reveal
Look to the time when I’ll live
Fed through the tube that sticks in me
Just like a wartime novelty
Tied to machines that make me be
Cut this life off from me
Hold my breath as I wish for death
Oh please, God, wake me
Now the world is gone, I’m just one
Oh God, help me
Hold…

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CINE, CRÍTICA, LITERATURA, MÚSICA, TELEVISIÓN

Las grandes distancias

La mayoría de la gente no es consciente de la distancia existente entre los planetas del sistema solar. Creen que están ahí fuera, y que si saliesen volando como Superman, o a bordo de una nave espacial, bastaría con echar un vistazo en alguna dirección, y encontrarían Marte, o Venus. Y que si viajaran en su dirección durante una hora a mil kilómetros por hora, o diez mil kilómetros por hora, verían acercarse Júpiter, o el Sol. Pero esto no es así, ni por asomo. En realidad, el Sol está a ciento cincuenta millones de kilómetros de la Tierra (o 149.597.870.700 metros), es decir a una distancia trescientos ochenta y nueve veces superior a la que nos separa de la Luna, que por cierto está mucho más lejos de lo que parece. Y Júpiter, cuando la Tierra está situada entre el Sol y su órbita, puede estar a unos seiscientos sesenta millones de kilómetros de aquí, es decir más de cuatro veces la distancia del Sol. Si fuéramos en una autopista imaginaria (a 120 km por hora) en línea recta, tardaríamos más de seiscientos años en llegar a su cercanía. Por no hablar de otros planetas como Neptuno o Plutón, a los que tardaríamos varias horas en llegar a la mítica velocidad de la luz (300.000 kilómetros por segundo).

Pues en el caso de las obras literarias, cinematográficas, ocurre lo mismo: a veces tengo la impresión de que la gente no se da cuenta de las grandes diferencias, de las grandes distancias entre una obra y otra. Y a veces sucede que incluso escritores o directores (los fraudes, los que necesitan mantener el status quo para sobrevivir) caen en ese juego, y buscan igualar todo, como si todo tuviese el mismo valor, como si nada estuviera por encima de otra cosa, o por debajo de otra cosa, o como si las diferencias fueran mínimas, y se pudiera meter todo en el mismo saco. Pero por suerte o por desgracia, no se puede, y esta dinámica postmodernista del todo vale lo mismo y cualquier criterio es válido y vale tanto una idea como otra y una formación con la falta de formación y una obra de aventuras de kiosco igual que otra obra de creación literaria, no se sostiene y es uno de los males de esta época de locos en la que los diseñadores gráficos escriben (mal), los escritores venden publicidad y los editores y los productores se han convertido en lo más parecido a traficantes de droga. Y lo peor de todo es que el panorama actual no tiene visos de cambiar, sino de ir a peor, con el público cada vez más aborregado siguiendo los designios de las grandes compañías de entretenimiento (editoriales, productoras, cadenas de televisión), sin hacer el más mínimo caso a las personas con un poco de formación intelectual.

Yo cada vez que me enfrento a una crítica, ya sea en el Archivo de Mini Críticas o en Cinema & Letras, y tengo que decidirme entre un ☆☆ y un ☆☆☆, o entre un 8 y un 9, algo que en ocasiones es extremadamente difícil, pienso de nuevo en grandes distancias, en distancias entre la Tierra y Marte, o entre Marte y Júpiter, y en todos los aspectos que me harían cambiar de opinión (no de gusto) para quedarme en uno de los planetas o para viajar hasta el otro. Porque no solamente es un tema de calidad, sino que una película es tan diferente a otra como lo es un planeta de otro, en tamaño, en forma, en color, en textura, un 6 o 6,5 y un ☆☆☆ poseen unas particularidades muy distintas a un ☆☆☆☆☆, definitivamente, y si eres, o te propones ser, un crítico profesional, más te vale saberlo. Ayer mismo escribí sobre ‘Sobre los acantilados de mármol’, de Ernst Jünger, que me parece una excelente novela. Bueno, no es que me lo parezca a mí, es que lo es. El caso es que lo más fácil hubiera sido calificarla con un 9 o un 10, y desde luego con ★★★★★. Pero no hubiera sido del todo justo. Porque ‘Sobre los acantilados de mármol’, a la que no se le puede reprochar nada, no posee la grandeza áurea, la magnificencia colosal, de ‘La montaña mágica’, o de ‘Mientras agonizo’. Esas sí son un 10 rotundo, y la magnífica novela de Jünger no. A esa le calza un 8 de manera perfecta. Puede que un 8,5 incluso, pero seguro que un 8.

Y estamos hablando de uno de los novelistas europeos más interesantes del siglo XX. Por eso cuando veo las críticas de las novedades literarias y veo altas calificaciones o que los comentaristas de turno empiezan a animarse, respecto a novelas bastante discutibles, con expresiones como «magistral» u «obra maestra» sé, primero, que no tienen una visión global de la literatura, y segundo, que no son verdaderos críticos, sólo reseñistas y por tanto publicistas de las obras que comentan, incluso aunque las pongan mal. Y en el cine ocurre exactamente lo mismo. Yo sé que ‘Malas tierras’ (‘Badlands’, 1973), de Terrence Malick, no es una obra maestra. ¿Saben cómo lo sé? Porque ‘La delgada línea roja’ (‘The Thin Red Line’, 1998) sí lo es. En el caso en que se me ocurra ponerle un 9 o un 10 a ‘Badlands’… ¿qué diablos le pongo a ‘The Thin Red Line’? ¿Un 15, un 16? No estamos hablando de teoría cinematográfica o literaria, estamos hablando de narratología, de estilística. Y es imposible no confirmar que el estilo, la narrativa esencial de la segunda película, está muy por encima, porque resulta mucho más esférica, más refinada, más agudizada, que en la primera, pese a que la primera ya posee rasgos de estilo muy notables que la convierten en una gran película.

Lo más fácil del mundo es coger una buena película, una gran película, y rápidamente considerarla una «Obra Maestra», y proclamarlo en los medios y en las redes sociales, y sentirse en posesión de la verdad. Pero una obra maestra, por definición, es la culminación de un estilo, es la perfección narrativa (que no conceptual, muchas obras maestras son imperfectas en ese sentido) y estilística alcanzada por un artista concreto en un medio muy definido. Si fuera por tanto cinéfilo y lector de segunda fila, estaríamos rodeados de obras maestras, películas mediocres y basura de películas y de novelas. Esas son las únicas calificaciones que comprenden, del mismo modo que se creerán que te subes a un cohete espacial y en menos de dos horas te plantas en Neptuno.

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CRÍTICA

Cómo no escribir una crítica cinematográfica o literaria (5 puntos)

Escribí yo hace poco en una crítica que la cinefilia es veleidosa. En general la especie humana es veleidosa. ¿Cuántas veces hemos escuchado a tantos individuos quejándose de la crítica, poniéndola por los suelos, negando su importancia, incluso su necesidad? Si me hubieran dado un euro por cada vez que he escuchado cosas como esa quizá ya no tendría que trabajar para vivir. Muchos espectadores desprecian la figura del crítico…y sin embargo en cuanto tienen la oportunidad o los medios, se ofrecen a serlo, mucho más ahora que internet ofrece esa posibilidad en infinidad de foros en los que cualquiera puede registrarse y dejar sus opiniones. Por ejemplo, en Filmaffinity. 1005 críticas veo que tiene ‘Origen’ (‘Inception’, Nolan 2010). Mil cinco críticas. 475 ‘Titanic’. 1.262 ‘Avatar’. Son muchas. Luego reniegan de la crítica y no quieren que nadie les diga lo que tienen que ver ni dónde está el cine más elevado, pero a muchos les gusta dejar su opinión.

Yo mismo he trabajado en sitios en los que los articulistas renegaban de los críticos y de la crítica en general… ¡pero luego se dedicaban a eso todos los días! Veleidosa es poco. La especie humana no hay por donde cogerla. Pero eso sería tema para otro artículo. En este, y como veo que tantos se empeñan en dejar negro sobre blanco sobre sus opiniones cinematográficas, o literarias, me ofrezco a explicar lo que en mi opinión no debe hacerse cuando te pones a ello. «Algo» de experiencia tengo, así que supongo que estoy autorizado, y prometo que va a ser ameno:

  1. Ya decía el divino Wilde que cuando uno habla sobre algo (y esto se aplica a una crítica artística), al final sobre todo habla de sí mismo. Esto es inevitable. Pero, dentro de que sea inevitable, en una crítica no se debe proceder a contar tu vida como si a alguien le interesara. La gente que te lee quiere averiguar cuáles son las virtudes y/o los defectos de la obra bajo el punto de vista de un supuesto experto (o sea tú), no para saber qué miembro de tu familia la diñó el día que se estrenaba la película. Incluso en críticas más o menos profesionales, asombra la cantidad de gente que utiliza el yo en cada frase, o que explica lo que a él le gusta, o lo que a él le sucede. Una crítica no es un diario íntimo, es un análisis forense de un material narrativo. Seamos serios, por favor. ¿Qué es eso de «aquel día yo no estaba de humor»…»mi novia me prometió que»…»Para empezar debo decir que en mi opinión»…?
  2. En segundo lugar, es importante saber que una crítica literaria/cinematográfica no consiste en contar la historia de la novela o de la película. Muchos pseudo-críticos (o gente que trabaja en blogs, le pagan por ello, y se cree crítico….) emplean el término Spoilers (una revelación de una parte importante de la trama), o el cartel «cuidado Spoilers». Prometo a quien haga falta que un buen crítico no ha de contar el giro de guion o aquello que precipita el final, o las motivaciones de los protagonistas, ni ningún detalle importante de la trama, para escribir la crítica. Es más, al potencial lector de tu crítica no le interesa que se lo cuentes. Lo que tienes que hacer es centrarte en cómo está hecha, en qué tipo de película es, en qué persigue el director, en qué puede esperar el espectador…¡y para eso no hay que contar ningún spoiler! Así que, querido amigo lector, si te encuentras con una crítica que los utilice, huye…
  3. No hay que hacer spoilers, pero hay que emplear una herramienta perpetrada por la humanidad desde hace milenios, un sistema de representación gráfica de un idioma (si hablamos de crítica escrita), o un lenguaje verbal algo más evolucionado que el de los chimpancés (si es una crítica oral). Centrémonos en la escrita, que así se titula este ensayo. No es necesario ser Marcel Proust, Lev Tolstoi o William Faulkner para escribir crítica cinematográfica o literaria. No es preciso poseer un estilo depurado, una escritura barroca, o un verbo suntuoso. Pero ayuda un poco haber leído y no ser un verdadero zoquete. Yo he conocido a licenciados en periodismo que intentaban escribir críticas y no sabían dónde poner una coma o el significado de muchas palabras cotidianas. He compartido sitio con gente que no sabía ni armar una frase. Luego querían ser críticos artísticos, algo muy respetable, pero les habría sido de ayuda haber estudiado algo más que el bachiller o que diseño gráfico.
  4. Se trata de escribir una crítica, no un manual técnico. Por otra parte, se trata de escribir con rigurosidad y para un lector inteligente, no para otros zoquetes. Viene esto a cuento de que determinados términos sobran. Ponerse a hablar de cuestiones muy profundas de técnica cinematográfica en una crítica o una reseña (no son exactamente lo mismo), está fuera de lugar, de igual manera que palabras soeces, expresiones groseras o vulgarismos retratan más al supuesto crítico que a la obra en sí, incluso en aquellos casos en que el crítico detesta la obra que está criticando. Ni que decir tiene que ponerse a insultar a los actores, o al actor, o enzarzarse en cuestiones semánticas es digno de gente que no le interesa aquello que está haciendo y no tiene el menor respeto por el lector.
  5. Y ya para terminar estaría bien dejar los prejuicios en la puerta, y entrar en la crítica con una mentalidad lo más limpia posible, alejada de clichés, lugares comunes, ideas preestablecidas y cosas así. No es necesario haber visto todas las películas de la historia del cine, pero sí es necesario conocer el cine, tener cierta personalidad, no intentar agradar necesariamente al lector, ser libre y al mismo tiempo riguroso.

Yo creo que no es tan difícil. O quizá sí, no lo sé. Pero cualquiera puede ser un Boyero de la vida y muy pocos pueden realmente despertar la curiosidad del espectador, obligarle a tener un criterio propio, esgrimir argumentos poderosos. Eso parece reservado a una casta cada vez más limitada de individuos.

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