CRÍTICA, PODCAST

Viajeros de la noche – Vigésimo cuarto capítulo: La crítica. ¿Cómo analizar una película?

Para el segundo capítulo de enero, nos hemos propuesto llevar a cabo una idea de Juanjo que a él le apetecía mucho hacer: un programa didáctico acerca de cómo analizar una película y sacar el máximo partido de ella. Algo que no es nada fácil de conseguir, porque como el lector de estas líneas comprenderá son muchos temas de los que hay que hablar, pero desde luego lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas. Si en el anterior programa, el de Batman (que por cierto muchos nos han dicho que es de los mejores que hemos editado, nos propusimos hacer feliz sobre todo a Carlos, en este vamos a intentar darle a Juanjo todo lo que se proponga.

Así que hay aquí estamos con nuestro flamante nuevo programa, tratando de dilucidar entre los tres qué aspectos de un filme o de la narrativa cinematográfica son los más valiosos, y qué otros aspectos son bastante más cuestionables. Aunque primero nos hemos puesto a hablar un rato sobre el papel de la crítica, sobre algunas corrientes teóricas, y sobre algunos lugares comunes que no aportan nada. Ahora bien, una vez dejado atrás todo eso, hemos centrado la discusión en cosas más importantes:

El tono

El ritmo

La dirección de actores

El habitual «para qué» en el que yo suelo insistir tanto

Las herramientas necesariamente orgánicas que son la fotografía, el montaje, el sonido

La importancia en los finales de las películas

Mis amigos me han dejado a mí llevar un poco el timón del programa, por lo que no he hecho otra cosa que seguir desarrollando los postulados que defiendo en este blog, y que no son otra cosa que mi propia teoría del cine, algo que estoy seguro cualquier crítico debe tener antes de lanzarse a escribir. Sin una base teórica previa… ¿qué cosa se puede decir que aporte algo al lector?

En fin esperamos que os guste el programa tanto como a nosotros nos ha gustado hacerlo. Y que no os echen atrás las casi cuatro horas, pues garantizamos que se pasan volando.

En Ivoox está el programa original:

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Y en spotifai también puede escucharse para mayor comodida de muchos:

Gracias por escucharnos y ayudarnos a seguir haciendo más programas de Viajeros de la Noche.

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CRÍTICA, ENSAYO, TELEVISIÓN

Hablemos un poco de series (2): Las primeras impresiones

Sigamos hablando un poco más de series, este fenómeno global que ha venido para quedarse y que muchos dicen que va a sustituir al cine y todo eso… Bueno, llevamos unos cuantos años con grandes series y de momento, por lo visto, se siguen haciendo películas. Quizá sea porque vienen a representar estados de ánimo, ritmos y tiempos diferentes. O porque, seamos claros, te ofrecen experiencias bastante diferentes. La primera diferencia, obvia, es que el cine puede verse en un cine, pero aunque las series se proyectaran en cines, y bien podría hacerse con todas, la experiencia sería distinta. Es una diferencia similar, aunque no idéntica, a la que existe entre una novela y un relato o conjunto de relatos. Sin embargo sí creo que para entender bien el cine hay que conocer las series a fondo, y para conocer las series a fondo, desde luego hay que tener conocimientos profundos de cine…

En esta charla sobre series que estoy planteando en mi página, vengo un poco a sustituir (aunque sé que es imposible hacerlo del todo) las charlas sobre series que tienen lugar en el bar, en el coche o en el trabajo. No exactamente a sustituir… a enmendar, porque yo también vivo en este mundo y también participo de ellas o por lo menos las escucho todos los días, y por desgracia me encuentro con lugares comunes que, por desgracia, y tal como dije en el anterior capítulo de esta serie, abaratan la experiencia de las series.

Y uno de los lugares comunes más habituales consiste en querer que cada nuevo gran estreno se convierta, desde el primer minuto, en la serie del año. Yo no sé qué fiebre salvaje recorre ahora las redes y a los aficionados, que de pronto cualquier propuesta televisiva es un todo o nada, o una maravilla o una porquería, y ya desde el episodio piloto estamos juzgando una ficción seriada con la misma intensidad con la que pocas horas, o pocos minutos, antes hemos juzgado una serie de cinco temporadas que terminó hace siete años. No tiene ningún sentido, y además se corre el peligro de valorar las cosas desde un prisma deformado y de no aprender nada de nada. Muy pocas series han deslumbrado desde el primer episodio, y las que en teoría lo han hecho a veces se han desinflado pronto. Ni siquiera en el caso de, por ejemplo, una miniserie como ‘True Detective’, cuyo primer episodio por cierto es absolutamente magistral (como toda la primera temporada), y que tuvo que esperar un poco para empezar a adquirir ese aura mítica que ahora mismo la caracteriza.

Recuerdo el caso de ‘The Wire’, que no puede decirse que en su primer episodio te diga que estamos ante una de las mejores series de todos los tiempos… y sin embargo lo estábamos. Y esto sucede porque las series no son películas, porque algunos creadores de series, lo que quieren, lo que buscan y lo que encuentran, es un todo construido a partir de una serie de piezas. Y aunque en efecto algunos episodios puedan ser extraordinarios, lo que se busca es que la serie por completo sea extraordinaria.

Hablábamos de ‘True Detective’. En una miniserie es más complicado, en cierto sentido, porque al contar con seis o siete, o cinco episodios, se supone que todos ellos han de tener una altura enorme, que cada pieza del rompecabezas ha de ser muy brillante, porque se trata de un rompecabezas no demasiado grande. No puedes empezar a hacer grandes cosas en el episodio cinco, por ejemplo, como te sucedería con una serie en la que vas a plantear cinco, siete o diez temporadas… Por eso quizá ‘True Detective’ (siempre la temporada 1, no la 2 ni la 3, desde luego) es una creación superlativa, porque cada uno de sus ocho episodios es una maravilla, y aún así los hay más impresionantes que otros. Lo necesario en una serie es mantener una altura capítulo a capítulo, quizá en alguno bajar un poco esa altura para en el siguiente subirla mucho más, como una preparación. Pero es complicado.

Insisto: una serie no son cuarenta y cinco películas de una hora. Es otra cosa, definitivamente. Quizá una colección de piezas que alcanzan pleno sentido (y no temático ni argumental, espero se me entienda) cuando se ven todas juntas. Por eso valorar una serie (como tantos están haciendo ahora mismo con ‘The Last of Us’) por un solo episodio es una completa estupidez. Pero también es una equivocación garrafal valorar un conjunto de episodios de manera individual, solamente. Lo que debe hacerse es valorar la serie en su conjunto y luego valorar cada capítulo por lo que está buscando de manera individual, si es que está buscando algo de manera individual. En algunos casos puede hacerse (como en ‘House’) y en otros no. Por ejemplo en ‘The Sopranos’ que es quizá la mejor serie de todos los tiempos, tenemos el milagro de que episodio tras episodio tenemos una pieza magistral. Pero eso es rarísimo. Lo más habitual es encontrarse una serie que peldaño a peldaño raya a gran altura, y cada poco regalarnos con un episodio magistral.

Porque las series son, sobre todo, una construcción, igual que las películas. Y esa construcción no se advierte del todo hasta el final, por mucho que pueda advertirse en algunos casos hacia la mitad o incluso antes que estamos ante algo impresionante o quizá decepcionante.

Por eso hay que dejarlas crecer y por eso, quizá, ‘The Last of Us’ va a ser mejor serie según avance, se vaya separando del dichoso videojuego, y alcance autonomía propia para medirse, de tú a tú, con las series de su clase.

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ARTÍCULOS, CRÍTICA, LITERATURA

El ninguneo sistemático a Cervantes, el más grande de los creadores literarios

Me encontré el otro día, rebuscando en una librería de Madrid a ver si encontraba algo bueno que echarme a la boca, con un volumen cuya contraportada me recordó ciertos demonios. Se trata de ‘El Persiles descodificado, o la Divina comedia de Cervantes’, un libro publicado por Hiperión en 2005 y escrito por Michael Nerlich. En él, se describe la odisea por la que tuvo que pasar la última novela escrita por Cervantes, que ha sido objeto de menosprecio y hasta de burlas («indigno de el autor del Quijote y propio de la senilidad») durante siglos. Me pregunto yo cómo es posible que sea propio de la senilidad un texto rematado (porque empezó a escribirlo bastante antes) justo después de la publicación de la segunda parte del Ingenioso Hidalgo. Pero no es nada nuevo, porque en mi –por otra parte magnífica– edición del Persiles de Cátedra, el autor de la introducción, Carlos Romero Muñoz, no se cansa de aludir a los supuestos errores, imprecisiones o fallos del texto, como si fuera un peaje obligatorio que pagar para acceder a esta novela.

Ya lo he comentado más veces en esta página: en general, pareciera que tenemos que pedir perdón por existir como Literatura, y que nuestro mayor exponente como mucho puede presumir de haber escrito la muy influyente El Quijote (¡que para muchos también está llena de errores!), y que otras obras suyas están lejos de esa «excelencia» porque a fin de cuentas el pobre Cervantes bastante tuvo con lo suyo. Tal es el caso que casi nadie nombra a Cervantes entre los más grandes novelistas de la historia, aunque sí nombran El Quijote, habitualmente, como la más grande o la primera o entre las más importantes. Semejante despropósito me temo que no tiene pinta de extinguirse, y pasarán cien y doscientos años más y seguiremos igual. ¿Por qué sucede esto? No tiene explicación para mí, más allá de la Leyenda Negra española que todo lo pudre y todo lo distorsiona, y de la ceguera tanto de los lectores más mentalmente provectos y la crítica más acobardada del mundo. Así las cosas, se ha aceptado ya que el más grande escritor de todos los tiempos, incluso en prosa –¡aunque jamás escribió nada en prosa!–, a Shakespeare, y quizá algunos, incluido el archifamoso y recalcitrante Harold Bloom, pudieran aceptar, casi como de regalo, que Cervantes se acercó a esa grandeza con su Quijote y Dante con su ‘Divina Comedia’.

Pero tal desatino se cura de una forma muy fácil: leyendo. Leyendo primero, si se quiere, las tragedias, comedias y dramas históricos de Shakespeare, así como sus sonetos. Y luego leyendo las novelas, los relatos (pues eso son realmente sus ‘Novelas Ejemplares’), la poesía y las obras de teatro de Cervantes, todas ellas, desde sus tragedias, hasta las comedias y entremeses que han llegado hasta nuestros días. Y con eso debería bastar, si uno posee una mente lo bastante crítica, despierta y valiente, para dejar claro que las cosas son muy diferentes a como habitualmente se han querido contar. Que Shakespeare, siendo un dramaturgo con algunos aspectos interesantes, es un dramaturgo mediocre y un poeta aceptable sin más, y que sus treinta y tantos dramas, y sus ciento cincuenta y cuatro sonetos no pueden parangonarse, bajo ningún concepto, con la creación literaria del hombre que cambió para siempre la Literatura en occidente. Situar al lado del Quijote una tragedia brillante pero epidérmica, grandilocuente pero vacía, como Hamlet, debería estar penado por ley. Es como situar a un pigmeo al lado de un gigante. Shakespeare ni siquiera puede compararse con Lope de Vega, cuyas mayores obras le pasan por encima. De hecho jamás escribió algo tan genial como ‘La vida es sueño’, de Calderón de la Barca, cuyos monólogos son mucho más bellos, están mucho mejor escritos, poseen una mayor envergadura literaria, conceptual y narrativa que los tan trillados y manoseados del príncipe de Dinamarca. Basta con tener ojos para ver.

A Cervantes le bastaría con sus relatos largos, o novelas cortas, como el diálogo entre Cipión y Berganza en ‘El coloquio de los perros’ para merecer un lugar de honor en la historia de la literatura, porque esos lugares no se alcanzan con palabrería o manipulaciones sociológicas, sino con ingenio, grandeza compositiva, influencia universal. Hasta cuando un autor quiere ser shakesperiano acaba siendo, mal que le pese, cervantino. Que se lo pregunten a Kurt Sutter por su ‘Sons of Anarchy’. Nos hemos tragado el cuento de que la literatura británica es la más grande de la historia y que su teatro es el más profundo, grandioso y memorable, y que sus autores son el faro de occidente. Y es una mentira como una catedral. A poco que rasque uno se da cuenta de que el 99% de la literatura occidental, tal y como la conocemos, la inventó Cervantes, no Shakespeare. Las reglas del juego, en teatro, novela y relato, las puso él y el resto le han seguido porque no tenían opción de hacer otra cosa. Es como en música con Mozart: una vez llegó él, todo quedó obsoleto, y las reglas cambiaron. Pero Mozart posee aclamación universal, y Cervantes «sólo» tiene su Quijote.

Y tal como ha pasado en Literatura ha ocurrido en Cine, porque los anglos tienen la lección bien aprendida, y saben que la propaganda cultural es la mayor de la armas de conquista. John Ford y Alfred Hitchcock son considerados los más grandes cineastas no de su país, sino de todos los tiempos, en todo el mundo. Algo enormemente cuestionable. Basta ver el grueso de su enorme producción –que fue posible únicamente por la enorme capacidad industrial de Hollywood–, y poner al lado a autores europeos como Bergman, Antonioni, Bresson, Buñuel o Tarvkoski, para descubrir no solamente las oquedades de un cine brillante y ampuloso, pero también falsario y superficial, sino la enorme mentira que representan sus ficciones, la extensión del «sueño americano», la propagación de la idea del Cine como máquina de sueños, en lugar de como una herramienta en la búsqueda del conocimiento y la verdad del hombre. Son epígonos perfectos de Shakespeare y representantes absolutos de la certeza de que en general los anglos no saben qué hacer con la ficción, se la toman demasiado en serio, cuando debería ser el juego definitivo, el espejo a partir del cual entender la realidad, no una mentira tan grande como nuestra realidad.

Eso es lo malo. Lo bueno es que las obras de Cervantes están ahí, son de dominio público, no hace falta ni siquiera gastarse diez o quince euros en una edición de sus novelas, o de sus relatos o de sus obras de teatro. Basta leerlas para comprender la inmensa suerte que tenemos de que el más grande escritor que jamás se puso a componer ficciones fue español, y que aunque seguirá esperando a que las cosas caigan por su propio peso, podemos acelerar ese advenimiento, y poner las cosas en su justo lugar de una vez y para siempre. Pero la gente no lee a Cervantes. Dicen leerlo y es mentira. La mayoría de los españoles creen, de hecho, que solamente escribió esa obra, y sin embargo pueden citar (aunque tampoco se las hayan leído…) los títulos de varias piezas de Shakespeare. Realmente lo han conseguido, los anglos. Me quito el sombrero porque han logrado situar a un dramaturgo sobrevalorado por encima del mayor genio universal de las letras. Bravo.

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ARTÍCULOS, CINE, CRÍTICA

Sobre ‘Blonde’ y la negativa a hacer crítica cinematográfica

Que Andrew Dominik es un talento raro, esquivo y a la postre exuberante, es algo que algunos tenemos claro desde aquel ya lejano primer filme, titulado Chopper (2000), que ya nos dejó descolocados y con ganas de más, y que se ha visto confirmado con posteriores trabajos. Pero este cineasta australiano, que no tiene prisa, que presenta una nueva película cada siete, o cada diez años, ya ha cumplido los 55, y al igual que algunos grandes, no se mete presión para inflar su filmografía con títulos alimenticios o menores, y ya en 2007 deslumbró con su extraordinaria The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, un western lírico en el que aunaba una mirada a lo Malick y las imágenes perturbadoras de Deadwood para crear uno de los filmes estadounidenses más originales en lo que llevamos de siglo. No quedó ahí la cosa, y en 2012, de nuevo con Brad Pitt, firmó un título noir rotundamente anti-comercial, que se salía por los márgenes de su marco para ofrecer una experiencia sensorial y anímica de primer orden con Killing Them Softly. Pero Dominik no es como Fincher: no es un director estrella capaz de filmar películas personales. Es un desconocido que levanta un proyecto cuando puede y sin agobios, tratando de cerrar, cada vez, una pieza casi única…

Y así ha sido de nuevo con este Blonde que es, desde su nacimiento, uno de los filmes del año, le pese a quien le pese (y parece que les pesa a muchos), que se zambulle con ímpetu casi suicida en la adaptación de la famosa novela de Joyce Carol Oates sobre uno de los mitos por antonomasia del siglo XX, y probablemente el más trágico y definitorio de todos en el ámbito estadounidense. Se trata de un filme poderoso, quizá irregular en algunos tramos, con algunas de las imágenes y algunos de los planos más pasmosos en lo que llevamos de década, y en el que Ana de Armas, milagro, se convierte en actriz (cuando todo parecía indicar que sería incapaz de ello…), dejándose literalmente la piel en el empeño y saliendo triunfante a la hora de dar vida a ese mito. No es poca cosa. Dominik, que además se encarga del guion en solitario, filma una zona introductoria magnífica, durísima, tenebrosa, dedicada a la infancia de Norma Jean, y a continuación propone un viaje que es una verdadera pesadilla por las bambalinas del Hollywood más hipócrita, sórdido y machista que quepa imaginar (que por otra parte tiene visos de ser demasiado real…). Pocas veces hemos asistido a una crítica tan feroz de los tejemanejes de las grandes majors, de sus chantajes a las grandes estrellas, de la misoginia brutal que dominaba cada una de las esferas de creación de una película. Blonde es el filme más anti-hollywood en unos cuantos años de cine.

Y sin embargo, por enésima vez, el grueso de la crítica «profesional» no ha estado a la altura de las circunstancias, ni en EEUU ni en España. Pero vamos a centrarnos en España… cuyos críticos, la mayoría, han repetido las mismas cosas que los del otro lado del Atlántico…

A este filme se le podrían haber reprochado algunas cosas, quizá de forma severa. Eso puede hacerse con la mayoría de las películas, de las series o de las novelas, así se trate de títulos magníficos. Pero hay que hacerlo bien. Al contrario de lo que le pasa a mucha gente (tal como compruebo en Twitter día sí y día también) yo no me ofendo si a una obra que a mí me parece excelsa alguien, con buenos argumentos, la cuestiona. Del mismo modo, cuando yo doy los míos, me da igual quién se ofenda porque eso es decisión suya. Ahora bien, me gustaría que cuando alguien se hace llamar crítico cinematográfico (o literario…) alguna que otra vez ejerciera, y no siempre se dejara llevar por los lugares comunes y las ideas al uso que demasiadas veces han enfangado ese ya de por sí difícil oficio. Con el estreno de Blonde vuelvo a preguntarme si muchos que se dicen ser críticos y cobran un sueldo por ello no deberían dedicarse a otra cosa: a ser activistas, influencers en youtube, sociólogos o curas. De hecho, cada vez estoy más convencido de que muchos críticos no son cineastas frustrados, sino sacerdotes malogrados.

En el caso de Blonde, lo tenían fácil: con todo el jaleo del #MeToo, han mirado con lupa, y con muy poco acierto, la tragedia de esta excelente actriz de comedia, acaso la estrella más sexualizada de la historia del cine, y han afilado bien los cuchillos, pero quienes han quedado en ridículo son ellos, exigiendo que el filme fuera algo que no tenía por qué ser, ya que me temo que un artista tiene todo el derecho a contar la historia que le de la gana, y como le de la gana. Pero resulta que ya no pueden ejercer ese derecho, y mucho menos con la Monroe, a la que han erigido de mártir de la causa (una más), y como tal mártir ungida por los sacerdotes (los/las criticos/as), de tal modo que si se quiere hacer un filme sobre su vida y avatares hay que hacerlo todo muy blanco, ha de quedar como una luchadora feminista, como una flor genial aplastada por los hombres, y la mirada del director (aunque preferiblemente debería ser una directora…) ha de plegarse en todo momento a la de la figura sojuzgada por el matriarcado. ¿Y qué hace Blonde? Pues todo lo contrario, de ahí las iras y los ataques de muchos (sobre todo de muchas…). ¿Cómo se atreve a comenzar el filme con el famoso plano del vestido blanco flotante? ¿Por qué no se cuenta que era una mujer fuerte, que montó su propia productora, que defendió los derechos civiles de la minoría, en lugar de volver a contar que era una mujer muy atractiva a la que se rifaban los hombres y las productoras como si fuera un pedazo de carne? ¡Habrase visto tamaña ignominia!

La crítica de cine habla de todo menos de cine. Nadie habla de cómo está hecha la película, ni de la visión de los cineastas, ni de la construcción o pertinencia técnico-narrativa, conceptual o estilística. Este caso me recuerda al de Mad Max: Fury Road, en el que algunas feministas abominaban de la película… ¡porque salían mujeres en taparrabos!… ignorando de hecho que se trata de uno de los filmes más furiosamente (nunca mejor dicho) feministas de lo que llevamos de siglo. Pero esto es lo que hay: los periodistas se convierten en pseudo-novelistas, los novelistas en pseudo-editores y los críticos en pseudo-sacerdotes de la moral. Todo lo que haga falta, antes de hacer aquello por lo que se supone que te pagan.

Uno de los grandes males del cine actual reside precisamente en el hecho de que la crítica se ha borrado de sus funciones. Y sin crítica competente es muy difícil que el cine brille.

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CRÍTICA, LITERATURA

Cervantes, de Santiago Muñoz Machado: creyendo las mentiras del mayor de los mentirosos

Sigue llamándome la atención que algunos se lancen a aventuras quizá muy por encima de sus habilidades o posibilidades, en algunos casos, o que se propongan empeños imposibles a los que ellos vuelven aún más imposibles con su ceguera y academicismo. Ocurre en todos los ámbitos, tanto en Literatura como Cine y Televisión. Me pregunto dónde están las mentes verdaderamente inteligentes y profundas. No escribiendo libros, muchas veces, sino seguramente ocupados en otras cuestiones de mayor remuneración…

Viene todo esto a colación porque acabo de leerme este libro:

Está escrito nada menos que por Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española de la lengua, y trata de ser la biografía definitiva de Cervantes y el estudio más completo hasta la fecha de su obra magna, Don Quijote. 1037 páginas contiene nada menos, el volumen, y podríamos decir que tiene una primera parte dedicada a la vida del autor, una segunda a la creación del Quijote, una tercera a la figura de Cervantes como creador, una cuarta a la búsqueda del significado profundo de la obra maestra, una quinta y una sexta dedicadas a las fuentes literarias cervantinas, y otras cinco partes en las que da buena cuenta de su intensa investigación sobre la época y la lengua cervantinas. Se trata, por tanto, de un inmenso esfuerzo por convertir este volumen en el trabajo definitivo sobre el que probablemente sea el escritor más genial de todos los tiempos (con permiso de Dante…). El tal Muñoz Machado, del que yo desconocía su existencia hasta haber leído este volumen, por mucho que sea director de la RAE, seguramente ha tardado muchos años en completarlo y tiene mucha fe en él. Ahora bien, se trata a todas luces de un volumen fallido.

Rastrear y dar forma a la vida de una figura tan huidiza como Cervantes, desde luego es muy complicado. Antes se dejaba muy poco rastro del paso por el mundo, y mucho más si eras una persona humilde. Todavía es muy posible que Shakespeare nunca existiera, o que no escribiera él solo muchas de sus (escasas) obras, y que otras figuras nunca sepamos qué hicieron o no hicieron. Pero si eso es muy complicado, construir una teoría sobre la vida de Cervantes, y una teoría sobre su creación literaria, basándose sobre todo, tal como hace Muñoz Machado, en lo que dijo el propio Cervantes en sus prólogos, o en sus cartas, o en las veces en las que habla en primera persona en sus novelas, es directamente un suicidio, porque Miguel de Cervantes era muchas cosas, pero sobre todo era un mentiroso compulsivo del que no hay que fiarse en ningún momento, porque se ríe de ti a cada paso y te hace imposible que puedas tomarle en serio. Y sorprende que un tipo tan preparado como todo un director de la RAE no sepa verlo y que caiga en la trampa en su voluminoso libro… del que por cierto más de 250 páginas son bibliografía… sin ningún orden ni concierto. A unos diez títulos por página estamos hablando quizá de ¡2500 libros o artículos consultados para componer este ensayo! Si de verdad los ha leído y consultado todos, que lo dudo, desde luego no ha sacado nada en limpio.

Hay algo irreprochable: la investigación documental que ha llevado a cabo el autor de ese ensayo para situarnos en un contexto histórico. Como se le presupone, es un erudito que ha sabido enmarcar a la perfección su trabajo. Del lienzo ahora hablaremos, pero el marco es yo diría perfecto. Se dedica páginas y páginas a dejar claro que lo sabe todo sobre aquella época, sobre costumbres, sobre géneros literarios, personalidades de la época, costumbres, objetos, vestuario, enclaves… de todo. La primera parte, la de lo que se sabe de la vida de Cervantes, es por ello la más sólida y defendible. Lástima que la segunda y la cuarta, que son aquellas en las que el autor trata de darle un significado definitivo al Quijote, sean tan desastrosas. Muñoz Machado toma la muy torpe decisión de explicarnos El Quijote desde dentro, desde la lógica cervantina, como si el autor pudiera explicarnos, a través de sus textos, cuáles son sus razones a cada paso literario que da. El problema es que Cervantes, de cada cinco cosas que decía o dejaba por escrito, diez eran mentira, eran un juego laberíntico en el que los más ingenuos, y Muñoz Machado lo es, se perdieran en un concierto de palos de ciego.

Pero donde Muñoz Machado acaba perdiendo definitivamente el norte es cuando decide otorgar el mismo carácter a Cervantes que al narrador del Quijote, desconociendo, por lo que parece, que escritor y narrador son dos figuras literarias diferentes, complementarias, pero que deben ser estudiadas de manera paralela, no idéntica. Obviamente, el que escribe la novela es Cervantes, pero el narrador es un personaje literario (como en toda novela que se precie de serlo) muy distinto al propio Cervantes, que se convierte en su más firme y poderoso valedor, porque es el que mejor miente y el que más toma el pelo al espectador (creando ese concepto de narrador no fiable…), y Muñoz Machado ¡decide creerle en todo cuanto dice, cuenta y narra! Resulta hasta entrañable observar de qué manera en las 750 páginas reales que dura este ensayo el autor se deja llevar de la mano por un tipo tan cínico y tan inteligente como Cervantes, que como se suele decir «se las da con queso» a todo un director de la RAE porque es muchísimo más inteligente que él.

Para terminar, un aviso: no se trata de ensalzar ni de encumbrar la obra literaria de Cervantes. Para eso, las obras maestras del escritor se valen solas. Se trata de elevarnos a nosotros para ponernos a su altura.

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ARTÍCULOS, CRÍTICA, TELEVISIÓN

‘The Northman’ no tiene nada que hacer con ‘Vikings’

Estos días está teniendo lugar en Twitter lo que yo llamo una sacralización y la construcción de un culto. Creíamos que eso era cosa de tiempos remotos, de épocas olvidadas eones atrás, en las que una panda de fanáticos se ponía a adorar, por ejemplo, una roca tallada hasta convertirla en un objeto sagrado. Pero sigue sucediendo en la actualidad. Que el Cine, además de otras cosas, es una religión, lo tengo claro hace mucho tiempo, y que la gente es una flipada (a falta de una palabra mejor) también. A veces, sin embargo, todavía logran sorprenderme.

Con motivo del estreno de ‘The Northman’, tercera realización del estadounidense Robert Eggers, y de los discretos resultados en taquilla que está teniendo, la gente en Twitter se está lanzando a ponerla por las nubes, a considerar que esto es el fin de los tiempos porque las películas de Marvel ha acabado con el Cine tal y como lo conocíamos (de ahí el fracaso comercial de esta cinta), a poner a Eggers como un clásico moderno, un Prometeo crucificado por el anticine, y a la película como una obra de arte monumental a la que si dieran una oportunidad salvaría al cine de la mediocridad absoluta y al necio espectador actual de su ignorancia supina en estos asuntos. ¿Cree el lector que exagero? Ni por un segundo. Leo en Twitter que a uno ‘The Northman’ le hizo enamorarse del cine otra vez, a otro que esto es «absolute cinema», a otro que es la mejor película de lo que llevamos de año (de paso le pone un 10), otro más que es la primera épica vikinga en toda la historia del cine (…)… y la cosa sigue. Que es portentosa, que es «un diamante que brilla de manera espectacular», la mejor de la década, la mejor recreación que se ha visto de la época vikinga, Skarsgård y Kidman «brutales»… ¿No me creen? Pongan The Northman en el buscador de Twitter y lean los tweets más destacados. Ahí los tienen todos. Resulta que estamos ante un acontecimiento artístico de relevancia histórica.

Pero luego vas a ver la película, y no.

Ni es una obra monumental, ni te reconcilia con el cine, ni la mejor de la década, ni es ni mucho menos la mejor recreación de la época vikinga, ni es tan salvaje y brutal y tremenda como aseguran tantas voces. A veces me pregunto hasta qué punto la gente necesita ver una «obra maestra» en cualquier parte, necesita encontrar motivos para ir al cine y está deseando soltar epítetos exultativos, grandiosos, terminando por inflar globos que a lo mejor no están del todo mal, como es el caso, pero que de ningún modo podemos calificar como gran cine.

Y es que no: ni estamos ante una gran historia –por mucho que digan que es el relato o la leyenda en la que se basó Shakespeare para escribir Hamlet–, ni Skarsgård ni Kidman están enormes, ni la dirección de Eggers es magistral, ni este es un cine capaz de convencer a los cinéfilos más exigentes, ni estamos ante una obra contemporánea monumental. La cosa es más bien diferente, y por mucho que se repita lo contrario no va a ser verdad. ‘The Northman’ es un filme que en cada plano quiere convencerte a gritos (nunca mejor dicho, hay que ver lo que grita todo el mundo en esta película…) de lo grande que es, de lo genial que es, y sin embargo está narrada de manera bastante ortopédica e irregular, con una construcción deficiente en lo que se refiere al itinerario de este guerrero, Amleth, que por supuesto quiere vengarse del asesinato de su padre y recuperar su reino y todo eso. Las cosas suceden aquí porque sí (el encuentro con la bruja en el campamento arrasado, la amistad y posterior enamoramiento con el personaje de Anya Taylor-Joy que no te crees jamás, el encuentro con el segundo brujo al que Amleth encuentra…¡con ayuda de un animal salvaje!, el combate final lidiando con la lava de un volcán…) no porque estén narradas o sucedan de manera orgánica.

Todo resulta teatral y forzado, tremendamente artificioso. Está claro que lo que Eggers perseguía (entre otras cosas…) era crear una sensación de extrañamiento en el espectador, de estar en otra época, en otro mundo casi. Pero eso no se consigue con diálogos teatrales ni una dirección de actores tan plana y tan poco creíble. Los relatos de otras épocas, por muy lejanas y diferentes que sean a la nuestra, han de tener el vínculo de que a fin de cuentas seguimos siendo la misma especie, con las mismas pasiones y los mismos defectos y virtudes que entonces. Si viajáramos con una máquina del tiempo a la Noruega del siglo IX y filmáramos un reportaje, no entenderíamos nada ni sería algo narrativamente interesante. No es el objetivo de un narrador hacer un reportaje histórico, sino hacer una ficción basada en unos personajes y en un mundo antiguo. Y a Eggers no le sale porque ni él mismo se lo cree. Secuencias como la iniciación del muchacho ante el brujo interpretado por Dafoe queda ridícula, y otras como el baile sensual de los amantes o la preparación de los «osos» antes del combate, dan vergüenza ajena. Skarsgård lo intenta con tanta pasión como el propio Eggers (no en vano son los productores de la cinta, ejem…), pero no consigue dotar a su personaje de carisma, ni de fuerza expresiva, ni de mística, ni de prácticamente nada. Sólo es una bestia asesina que quiere vengarse y que funciona a impulsos. Hawke y Kidman están directamente espantosos: jamás te los crees como reyes vikingos, y el giro final del personaje de ella es directamente ignominioso, con risa malvada incluida…

Amigo lector de estas líneas, probable usuario de Twitter que has escrito alabanzas exageradísimas sobre esta película…te voy a contar algo: Eggers ha visto la serie ‘Vikings’, creada por Michael Hirst y emitida entre 2013 y 2020… y tú no la has visto. Así de sencillo. Y aún más: Skarsgård ha visto muchas veces ‘Vikings’, entre otras cosas porque su hermano Gustaf interpretaba allí al inolvidable personaje Floki, el constructor de barcos y uno de los caracteres más extraordinarios del Canon de las series. Alexander la ha visto y se ha dicho: «si mi hermano ha hecho algo tan portentoso, yo también puedo, ¡hagamos una película sobre vikingos!». Y Eggers se ha subido al carro, diciéndose: «¡voy a hacer la película definitiva sobre vikingos!». Pero una cosa es querer y otra es poder. Y aunque creo que Eggers (ya lo dije en su momento en cierto artículo…) es uno de los directores jovenes más prometedores del panorama USA, en este caso ha hecho una película excesivamente autocomplaciente, pétrea, roma, que bajo ningún concepto puede considerarse una gran obra, que por supuesto aprovecha muy bien los parajes de Islandia (¿cómo no hacerlo con esa maravilla de entorno natural?) y que está bien pertrechado con herramientas de realización más que suficientes para armar un espectáculo solvente, pero al que todavía le falta arriesgar mucho y crecer mucho como artista para poder siquiera considerarle un gran cineasta.

¿Es consciente la gente lo difícil que es crear una obra maestra o un filme magistral? A tenor de la gran cantidad de bobadas que leo en Twitter me parece a mí que no. Una obra excepcional fue ‘Vikings’, la serie ya mencionada de Michael Hirst. Eso sí fue la creación cinematográfica (porque es cine, seriado, pero cine) definitiva sobre el mundo vikingo y una verdadera maravilla en todos los sentidos, con personajes monstruosos y salvajes y memorables como Floki, Ragnar, Lagertha, Ivar, Rollo, Athelstan, Torvi, Ecbert… personajes que estaban totalmente vivos, en los que no había ni el menor fingimiento o teatralidad, que a pesar de que conseguían provocarnos extrañamiento eran también cercanos a nosotros, en una aventura perfecta, en la que las cosas no sucedían porque sí, sino que se iban construyendo, se iban narrando, no como en un videojuego parecido a ‘The Northman’ en el que el personaje va encontrándose cosas y superando adversarios o pruebas, sino como una verdadera ficción en la que se plantea una segunda realidad, con tanto bulto, consistencia y persuasión como nuestra realidad.

Skarsgård ya consiguió un gran trabajo, que queda para la historia, en la infravalorada serie ‘True Blood’, en la que daba vida a Eric (quien por cierto se apellidaba irónicamente Northman), de origen vikingo y apasionante historia, y uno de los personajes más fascinantes de la ficción de Alan Ball. No necesita de vehículos de lucimiento como este, tan discutibles, para estar en el candelero, sino de personajes tan memorables como aquel, porque tiene talento de sobra. Lo mismo que Eggers, del que sigo pensando que es un director más que interesante, siempre que no siga dejándose convencer por las sirenas del divismo y no continúe dándose tantas facilidades a sí mismo.

Y en cuanto a la gente que tantas exageraciones escribe en Twitter… hay que ver más cine, pero también hay que leer y ver muchas más series. Y sobre todo hay que tener un pensamiento más crítico y un poco más de sentido común.

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S. Spielberg–J.K. Rowling: grandes narradores para tan cuestionables carreras

Se está estableciendo estos días (ventajas de estar un poco más activo en la puñetera cuenta de Twitter) un debate en torno a la figura de Steven Spielberg. Bueno, debate… están sacando su nombre y su carrera a colación en infinidad de conversaciones, y el hombre está siendo trending topic un día sí y otro también. Hace un par de semanas comenzaron, muchos, a alabar la maestría técnica de ‘West Side Story’ (el remake de 2021 de la película de 1961), y ahora una buena masa de tuiteros llevan unos cuantos días poniendo por las nubes la trayectoria del director oriundo de Ohio, y otra buena masa de tuiteros (yo incluido…) estamos intentando atemperar un poco el entusiasmo del personal, consiguiendo lo contrario: que su defensa de Spielberg sea enardecida y, he de decirlo, todavía más carente de argumentos que de costumbre. Tampoco pasa nada: cada uno que se busque en qué perder el tiempo. Eso sí, me ha sorprendido encontrarme con Rodrigo Cortés, generalmente muy sosegado, pasando al ataque de manera tan poco argumentada. Pero oye, sus desventajas debe traerte el llevar tantos años haciendo ‘Todopoderosos’…

Todo esto, al final, me ha movido a escribir sobre dos figuras enormes en el mundo del espectáculo, a los que algunos (legiones, en realidad) defienden con una pasión que ya podrían dedicar a otras cosas más interesantes y más duraderas: el aludido cineasta estadounidense Steven Spielberg (al que ya he dedicado algunas entradas en el pasado) y la escritora británica J.K. Rowling, que también está teniendo estos días su ración de polémica y de ataques y defensas a ultranza en las redes sociales, por no sé qué declaraciones sobre las personas trans, que a algunos por lo visto tanto han ofendido.

Y lo primero que quiero decir de estos dos es algo que seguramente luego me costará defender en alguna conversación, cuando me recuerden estas palabras, pero no tendré más remedio que mantenerme firme: tanto Spielberg como Rowling, cada uno en su campo, son extraordinarios narradores, personas de un talento para eso de ponerse a filmar o de ponerse a escribir sólo cuestionable por aquellos que quieran tapar el sol con un dedo. Lástima, claro, que hayan dedicado su enorme talento a empresas tan descaradamente y en el fondo patéticamente comerciales, lo que les ha impedido con toda seguridad conseguir una obra de mucho mayor calado, a cambio eso sí, de hacerse multimillonarios. Lo han conseguido, lo de arramplar con tanta pasta, porque son los máximos exponentes de la industria del imperio anglosajón. Con el mismo talento y las mismas ganas de forrarse no lo habrían conseguido de pertenecer a la industrias china, rusa o iraní, aunque estoy seguro de que habrían seguido intentándolo. En el Siglo de Oro español (no sé por qué lo llaman así, cuando en realidad fueron dos siglos, pero en fin) se hizo posible, por las características culturales y políticas de la esfera hispana, el Barroco Literario, y de allí salieron Cervantes, Quevedo, Calderón y Lope, entre otros. En el siglo XX y XXI, el capitalismo feroz anglosajón ha creado a Spielberg y a Rowling. A cada cual lo suyo.

Lo he dicho en Twitter creo que en cuatro o cinco hilos estos días, y lo voy a repetir aquí: Spielberg es un portento visual de primerísimo nivel. No llega quizá a los exacerbados niveles de un Malick o de un Welles, pero no le anda lejos. Es un realizador absolutamente prodigioso, capaz de mover la cámara como en una danza, de encuadrar y reencuadrar y mover a los actores como si respirase. Es algo que además en su caso parece intuitivo, y no elaborado, aunque en realidad debe estar trabajadísimo. Este hombre ha nacido para contar historias con una cámara. Lleva el cine en las venas tanto como un Welles, un Ford o un Hawks. Sin embargo tiene un gran inconveniente: el desajuste que existe entre lo que cuenta y cómo lo cuenta es abismal, irreparable. Sus formas son las de un danzarín superdotado, pero sus temas, el sistema de pensamiento que los sostiene, el modo en que objetiva los conceptos que pretende manejar, es tan endeble que a menudo cuesta creerlo. Por eso, necesita de un guion a la altura de las circunstancias, que pocas veces ha encontrado: ‘Jaws’ (1975), ‘Catch Me If You Can’ (2002), ‘Munich’ (2005), ‘Lincoln’ (2012), y poco más. El guion que escribió en solitario para ‘A.I’ (2001) se desmorona a los cuarenta y cinco minutos, porque no es capaz de sostener la tensión del relato. Sus intentos de gran melodrama con ‘Schindler’s List’ (1993) y ‘Saving Private Ryan’ (1998), se quedan en eso, intentos de un realizador superlativo, muy bien hechas técnicamente, pero un director, un artista, que no está a la altura de lo que cuenta.

Luego está la Rowling. En el único Todopoderosos que recuerdo medianamente interesante, con Rodrigo Cortés tratando de poner un poco de sentido común en la mesa, el director de ‘Buried’ decía en cierto momento que Rowling sacrificaba el estilo, al final de su famosa saga, en favor de la trama. No estoy de acuerdo con él. El estilo de Rowling es bastante poco literario a lo largo de las siete novelas. Los libros de Harry Potter están diseñados, en muchas de sus partes, como si fueran películas, o por lo menos como si estuvieran pensadas para una futura adaptación cinematográfica (es decir, como el 99,99% de los best-sellers de la esfera anglosajona). La originalidad literaria de Rowling es igual a cero desde ‘La piedra filosofal’. Ahora bien, Rowling posee una fuerza expresiva y sobre todo narrativa de primera magnitud, que se traduce en : 1 – la fuerza de sus personajes, 2 – la fuerza de sus escenas culminantes, 3 – la precisión absoluta de los diálogos. Esta mujer ha enterrado, en una saga millonaria, un talento en ciernes que la habría acercado a Stephen King (este sí, le pese a quien le pese, un verdadero novelista), con quien tiene numerosas y nunca atribuidas deudas. La historia del niño mago interesa cero, pero hay en las páginas de sus libros, sobre todo en ‘El príncipe mestizo’ una verdadera escritora pugnando por salir, capaz de ser persuasiva y convincente en todas y cada una de las páginas de semejante mamotreto dedicado al público infantil.

Dicen que Spielberg estuvo cerca de dirigir el primer Harry Potter. Desde luego, habría sido el culmen de este tinglado de historietas de niños magos y de cine diseñado para las grandes audiencias. Ambos, Spielberg y Rowling, chapados no ya en oro si no en diamantes de muchos kilates, viven ajenos a críticas y comentarios. Están en la cima del mundo. Y su influencia en el Cine y en la Literatura es nefasta, a falta de otra palabra mejor. La industria sólo quiere ahora blockbusters y grandes ventas de libros. Todo lo demás no existe. Y millones de fans riéndoles las gracias, dando la turra con su «genialidad» y llamando fanáticos –ironía suprema– a los que pretendemos poner un poco de orden entre tanto jaleo. No he visto nunca tanto fervor con el gran genio del cine estadounidense totalmente olvidado hoy día, FF Coppola, ni con el gran novelista estadounidense vivo, el autor de la sublime y terrible ‘Blood Meridian’, Cormac McCarthy. Supongo que lo fácil es defender a los que más venden y los que más ganan, que no necesitan defensa de nadie. Arrimarse al sol que más calienta, o como diablos se diga. Otros seguiremos defendiendo a aquellos que pese a ser verdaderos y no impostados genios parecen olvidados por todos, ya que sus trabajos son durísimos, y en lugar de dar placer proporcionan displacer. Es la diferencia fundamental, me temo, entre los que defienden lo comercial y los que defendemos el Cine y la Literatura.

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CINE, CRÍTICA, LITERATURA, TELEVISIÓN

Recopilación de críticas

Para los que no lo sepan, tengo otro blog (en realidad, tengo otros dos…) en los que sigo ensayando el complejo y árido oficio de la crítica cinematográfica y literaria, que muchos dicen poder escribir pero que muy pocos han logrado dominar realmente, por muchos años que se hayan puesto con ello y por muchas ínfulas que se den de conocer el cine y la literatura. Por lo menos lo hago lo más profesional y sincero que puedo, y creo que al cabo de tanto tiempo al final me he labrado un estilo propio, que tanto mis detractores como mis seguidores pueden reconocer con facilidad, y eso ya es mucho.

Lo más difícil de una crítica es llegar a lugares en los que se pueda argumentar algo, en los que se pueda proponer otra cosa que el «me gusta» o el «yo pienso u opino así». Es tan difícil que en realidad dudo que nunca se consiga del todo. Yo sigo intentándolo y supongo que seguiré intentándolo toda la vida. Corresponde a los lectores enjuciar si lo he logrado o no.

Hace tiempo que quería hacer esto, pues creo que le va a dar un poco más de visibilidad de mi otro blog, al que simplemente he llamado Cinema & Letras, porque no se me ocurría un título mejor. Ahora que estoy hasta arriba de trabajo, escribiendo ficción y no ficción, además de mis otras responsabilidades diarias, me parece un buen momento para hacerlo. Pongo una pequeña muestra de todo lo que hay ahí:

Letras

‘The Lord of the Rings’, de JRR Tolkien
‘De Profundis’, de Oscar Wilde
‘Vampire$’, de John Steakly
‘It’, de Stephen King
‘Der tod des Vergil’, de Hermann Broch
‘Blood Meridian’, de Cormac McCarthy
‘Moby Dick’, de Herman Melvill
Star Maker’, de Olaf Stapledon
‘Auf den marmorklippen’, de Ernst Jünger

Cinema

De género y de autor:

‘Alien’, de Ridley Scott
‘Robocop’, de Paul Verhoeven
‘Prince of Darkness’, de John Carpenter
‘Kill Bill, Vol.2’, de Quentin Tarantino
‘Nymphomaniac, Vol. 1 & 2’, de Lars Von Trier
‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’, de Michel Gondry
‘Y tu mamá también’, de Alfonso Cuarón
Ran’, de Akira Kurosawa
‘Alexander’, de Oliver Stone

Series

‘Sons of Anarchy’, de Kurt Sutter
‘Mindhunter’, de David Fincher
‘Exterminate All the Brutes’, de Raoul Peck
‘The Wire’, de David Simon

Videojuegos

‘Red Dead Redemption II’
‘The Last of Us, Part II’, de Neil Druckmann

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ARTÍCULOS, CINE, CRÍTICA, LITERATURA

El cañón del revólver (IX)

Hace ya bastante tiempo, desde luego bastantes meses y bastantes años, que proliferan por las televisiones privadas las reporteras guapas y bien vestidas… no solamente guapas, sino bastante sensuales, con pelo largo, vestidos estupendos y taconazos, incluso para presentar el tiempo. Y yo me pregunto: ¿cómo es que las feministas y demás grupos que llevan a cabo una más que necesaria y justa lucha por la igualdad de las mujeres y en contra de su cosificación, que ya incluso estaban por prohibir las marquesinas en las que saliese una chica guapa en bikini, no han puesto el grito en el cielo y han exigido que esto deje de suceder? Porque, insisto, llevamos bastantes años así. En televisión española no tanto, pero en otras cadenas, la que presenta el telediario, la que hace un reportaje sobre el tiempo en los Pirineos y la entrevista a la figura mediática de turno es muy difícil que no sea una chica o una mujer de muy buen ver, que dudo que sean mejores periodistas que la que tienen una aspecto físico menos atractivo. Raro es, desde luego, y no les deja en buen lugar, ni a las cadenas televisivas, ni a los que luchan por la igualdad.

De una proliferación a una ausencia que me ha llamado la atención desde el principio de los tiempos: ¿por qué en los cd’s de bandas sonoras de películas que te comprabas antes en la Fnac y en los que escuchas ahora en Spotify suele faltar, precisamente, ese tema que sabes que está en la película (¡porque lo has oído!) o incluso ese corte, en el caso de ser una partitura musical escrita por Wiliams, Morricone o cualquiera de estos, que a ti te encanta y que era la razón primordial por la que comprabas el cd o por lo que ahora te pones con ese disco en tu equipo? Es incomprensible. Es más, en algunos casos, incluyen cortes o canciones que no están en la película, o que a lo mejor estaban en su versión inicial que luego retiraron de montaje, o lo que sea. Deberían explicar estas ausencias, porque a lo mejor esa es la razón por la que quisieras escuchar o comprarte ese disco en primer lugar. O que no digan «esta es la música de la película», o de la serie, que digan simplemente: «esto es algo de la música de la película… y si no está precisamente la canción que tú querías y que no encuentras en ningún otro sitio, sencillamente te jodes».

La asociación española de críticos literarios (la AECL) ha decidido dar el premio de la crítica a ‘Línea de fuego’, publicada el año pasado por Alfaguara y escrita, por supuesto, por Arturo Pérez-Reverte. Se lo ha dado (según me dice mi colega JJ, que vive en Cartagena, ciudad natal del ínclito novelista, estaba cantado que así iba a ser) aludiendo que esa novela es «la ‘Ilíada’ del siglo XXI»… y se han quedado tan anchos. La última novela de un glorificado escritor de novelas históricas es comparable al texto que funda la literatura occidental. Hale. Y yo digo que este buen hombre algo de responsabilidad tendrá en ser un novelista bastante justito (por decir algo suave), pero los críticos literarios españoles la tienen toda en hacer el más espantoso de los ridículos premiando un best-seller como la mejor novela del año y de compararla con uno de los textos fundacionales de la narrativa grecolatina. Pero, oye, ya deberíamos estar acostumbrados a estos dislates. Lo mejor de todo es el pasotismo del autor, que ni siquiera lo ha mencionado en su Twitter ni ha dicho gran cosa al respecto en los medios. Lo que para otro autor habría sido un gran honor (…bueno, dependiendo del nivel de la crítica literaria), para este señor es una anécdota más. ¡Bravo!

Al igual que sucede con ‘Bram Stoker’s Dracula’, muchos nos pasamos la vida «defendiendo» ‘El padrino, parte III’, como si realmente hiciera falta defenderla, aunque en realidad es un verdadero placer hacerlo, y es que el mundo se divide en dos: los que equivocadamente piensan que es un filme muy menor o incluso nefasto, y los que acertadamente pensamos, pese a ser una franca minoría, que es mucho más que un digno final de la más excelsa trilogía de la historia del cine, y que es un filme muy superior a los numerosos títulos que, precisamente, esa gran mayoría defiende sin ningún rubor. Ángel Fdez-Santos escribió sobre ella que se trataba de una obra de incalculable audacia e inteligencia y que estaba resuelta en las cercanías de la perfección, y por una vez no se equivocó. En efecto, es ‘El padrino, parte III’ un compendio de audacia e inteligencia como pocas veces se ha visto en cine, y una verdadera confesión y catarsis íntima en forma de película (por mucho que el bueno de Bracero, por ejemplo, niegue cualquier bondad a esta obra maestra…), que en su nuevo montaje, estrenado hace pocos meses, ya es el colmo de la perfección, pese a que se siga mirando de reojo las dos «intocables» primeras películas de la trilogía, aunque se quiera escarbar con torpeza en sus defectos o zonas grises. Y es que llegar a estas alturas es muy difícil, casi imposible, pero sus detractores pueden seguir quedándose con sus Bravehearts, sus Matrixes, sus Crashes, sus Listas de Schindlers, con exquisiteces de la Nouvelle Vague o con lo que les da la gana, que así hablan más de ellos mismos que de esta extraordinaria creación cinematográfica.

Pues yo estoy de acuerdo en que se vacune a los jugadores de la selección española de fútbol en la Eurocopa. De hecho, cuando ha empezado todo este jaleo, yo daba por hecho que estarían todos vacunados, del mismo modo que daba por hecho que todos los deportistas (miles) que van a ir a los JJOO estarían también vacunados. Ingenuo que es uno, pero si esta gente va a asistir a un importante evento internacional en el que van a interactuar entre todos, si estos eventos ya están aprobados y han de celebrarse porque hay muchos intereses en riesgo, entonces no veo ninguna razón por la que no se les tenga que vacunar. Otra cosa sería que estuviéramos en el principio de la vacunación, y hubiera mucha gente de riesgo esperando. Pero ancianos y la mayoría de profesiones importantes ya han sido vacunados, y ya hay vacunas para todos. ¿Por qué ellos no? Y en caso de que no se les quiera vacunar, pues no se celebra la Eurocopa, ni los Juegos, ni nada. Seré un lelo, pero para mí esto es de estricto sentido común.

Último disparo: estoy un poco cansado… bueno, lo voy a decir: estoy hasta los huevos de que tanto buenista y tanto supuesto intelectual, o escritor, o periodista, o amo de casa, o camionera, o juez, o quien sea, repita hasta la saciedad que para que reine la concordia debe quedar claro que en la Guerra Civil no hubo buenos ni malos, sino que todos eran hermanos y españoles y que hablar de buenos y malos es una simplificación de lo que allí hubo, porque a fin de cuentas los rojos eran tan malos como los militares sublevados, y todos eran igual de malos, o igual de buenos o yo qué sé ya… Me pregunto si todos estos dirían lo mismo respecto a la II Guerra Mundial. Es decir, que los nazis no eran los malos y los aliados los buenos, sino que allí no había ni buenos ni malos, porque todos eran seres humanos, y para encontrar la concordia… ¿A que no lo dirían? Entonces… ¿por qué lo dicen de la Guerra Civil Española? Y si lo dicen de la Guerra Civil Española… ¿no será por algo en concreto? Ojalá lo entendiera todo el mundo de una vez y para siempre: lo que tuvo lugar no fue una lucha fratricida entre hermanos. No. Lo que tuvo lugar allí fue un golpe de estado de una panda de fascistas contra un gobierno LEGÍTIMO. Imperfecto, sí, como tantos otros, pero salido de las urnas. Un golpe de estado perpetrado por una panda de fascistas que instalaron una dictadura tras una sangrienta guerra de tres años que duró varias décadas y cuyas consecuencias todavía colean… guerra en la que por cierto llevaron a cabo asesinatos sistemáticos de comunistas y republicanos (es decir, un genocidio). Tratar de igualar a los del otro bando, los LEGÍTIMOS, diciendo que ellos también mataron de manera cruel a los FASCISTAS, es no solamente perverso, también responde a oscuros intereses. Por supuesto que los todos los combatientes eran personas. Mi propio abuelo luchó del lado equivocado. Pero lamentablemente unos lucharon por una causa fascista y otros lucharon por la república. Y no hay concordia posible con los que quieren establecer dictaduras, por mucho que sus nietos y bisnietos se ofendan. Que se ofendan si quieren… ¿eso cambia en algo lo que acabo de decir?

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CRÍTICA

El cañón del revólver (V)

A menos de un mes de las elecciones de la CAM, vemos ataques con explosivos a sedes de Podemos, somos testigos del maquillaje de la Sta. Pepis de los medios de comunicación afines o vendidos al capital, seguimos tragándonos las mentiras del departamento de sanidad del gobierno de la comunidad, y en general somos telespectadores y radioyentes de un circo que no ha hecho más que comenzar y cuyas consecuencias son impredecibles, por mucho que las encuestas (afines también a la derecha) estén cantando ya victoria. En Oviedo vuelven a poner nombres de franquistas a calles, y en Murcia resulta que va a ser el partido fascista Vox quien se ocupe de la educación. Así las cosas, no ir a votar, a quien sea con tal de que no salga triunfante la ultraderecha en la capital, no es un derecho sino un deber de todo ciudadano de buena voluntad.

En algunos países como Israel o Chile la vacunación va viento en popa, y en la cultivada, modernísima y liberal Europa vamos como buenamente podemos, apenas sin vacunas para los mayores de 80 o la franja de setenta años, y de nuevo con países como Francia o Inglaterra sufriendo verdaderos estragos de la pandemia. Y hablamos de países ricos… ¿qué sucede entonces con los dependientes y los marginales, como por ejemplo los refugiados de esos países ricos? No me cabe en la cabeza que alguien considere al Tratado de Maastricht como otra cosa que como papel higiénico, porque lo que contiene, lo que propugna y lo que defiende no vale para nada en una Europa más desunida, insolidaria y clasista que nunca.

Leo en varios periódicos que la corriente del Golfo está en mínimos históricos de actividad, y que es posible incluso que se detenga, como consecuencia del calentamiento global y el derretimiento del hielo del polo sur con lo que conlleva de añadir agua dulce al océano, lo que de tener finalmente lugar sería una catástrofe de proporciones colosales, que los medios de comunicación, televisiones, radios, periódicos tienen la obligación de informar y de investigar a fondo, para que la población mundial sea consciente de a lo que nos enfrentamos. Pero me juego la paga del mes a que el lector de estas líneas no sabía mucho de ello. Los que ocultan o tapan información son tan criminales como los que llevan a cabo el crimen, y estas noticias deberían ser portada de todos los periódicos, y no la última estupidez del gobierno catalán o el español.

Resulta que al gobierno egipcio no se le ocurre otra cosa para revitalizar sus ingresos turísticos, que organizar un fastuoso desfile con los sarcófagos de veintidós momias de reyes y reinas del Antiguo Egipto, algo que muchos analistas suspicaces han recibido como poco con estupefacción. No se entiende muy bien qué pretenden, pero queda claro que el enorme acervo cultural de ese país y de otros como Grecia, les queda muy grande a sus actuales gobernantes. Muy pero que muy grande, pues dejan claro, con cada maniobra política que llevan a cabo, que su patrimonio universal les importa un carajo, y que aquí lo que prima es la ganancia pronta y fácil, aún a costa del deterioro de sus piezas de incalculable valor histórico. Pero el arte, de cualquier tipo, jamás le ha importado a las élites, tan sólo a sus traductores y a algunos receptores/espectadores.

No sé quién se sorprende todavía de que una nueva brecha de seguridad en Facebook haya propiciado un listín telefónico de quinientos millones de números privados que han pasado a manos de grandes corporaciones. La gente… ¿qué se piensa que son grandes redes sociales y compañías multimillonarias como Facebook y Twitter? ¿Regalos a la humanidad para que comparta sus fotos veraniegas y las chorradas que se les ocurren cuando se despiertan inspirados? Son compañías mafiosas, a las que no debemos dar la menor información, porque ahora mismo, y hasta dentro de mucho tiempo, lo más valioso que las empresas pueden comprar y vender son DATOS. Y nosotros, como corderitos, creyendo que es un patio de recreo en el que solazarnos…

Último disparo de este quinto revólver para la situación en la antigua Birmania, ahora Myanmar: yo no sé qué clase de alimaña hay que ser para vestirte de soldado y disparar a quemarropa contra tus conciudadanos. No me cabe en la cabeza ese conato de guerra civil que en realidad es un golpe de estado criminal, como no me cabe ninguna guerra en que los soldados se dediquen a aniquilar a civiles desarmados que son sus compatriotas, obligándoles por tanto a armarse y a iniciar una guerra desigual como la que tuvo lugar en España. En estos casos, y en los muchos que habrá en el futuro, la comunidad internacional no puede intervenir… pero a veces da la impresión de que debería hacerlo. De acuerdo, sería una injerencia en la soberanía de otro país, pero… ¿acaso no queda esa soberanía anulada en cuanto a sus dirigentes se les va la chaveta y empiezan a aniquilar a todo bicho viviente? ¿No deberíamos pasar ya de banderas y de gestos diplomáticos para garantizar que no tengan lugar atrocidades en cualquier parte del mundo? A fin de cuentas, de eso se trató la II Guerra Mundial, sólo que se dejó el trabajo a medias y muchos tiranos y fascistas encubiertos siguieron por ahí, asomando la patita de vez en cuando y provocando un caudaloso río de sangre cuando gobiernan.

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