El persistente espectáculo de la naturaleza

Siempre me ha parecido extraño que la mayoría de la gente, al menos de este espejismo al que llamamos “mundo occidental”, prefiera el verano a cualquier otra estación del año. No solamente porque el verano, cuando es muy cálido, resulta muy incómodo para el día a día, no permite descansar por la noche, lo hace todo mucho más difícil… sino porque desde un punto de vista estético, meramente lumínico o de ambiente es, de lejos, la estación menos interesante de las cuatro. El verano, en la naturaleza, es tiempo de penuria, y nosotros nos solazamos en ella porque disponemos de agua corriente y exprimimos los recursos naturales, y probablemente nos regocijamos de su llegada porque supondrá viajes y placer. Pero el verano es la época muerta del año, en la que nada sucede, en la que ni una nube surca el cielo, en la que el aire es caliente y el suelo es aún más caliente, en la que no hay olores, ni sonidos. En la que la nada se hace presente.

¿Qué puede hacer el verano frente a los colores del otoño, o frente a las sensaciones de la primavera, o frente al ambiente, la atmósfera del invierno? Quiero pensar que quienes no nos dejamos avasallar por ideas preconcebidas, somos capaces de maravillarnos con una niebla densa, con una tormenta de granizo, agua o nieve, con nubes en formación, con esa indefinible sensación de que la atmósfera, la tierra, el aire, están vivos… y nosotros con ellos. La naturaleza, para bien o para mal, es un persistente espectáculo en el que no pueden dejar de sentirse fascinados los espíritus más inquietos, imaginativos y fecundos. La mejor literatura participa de ese ensimismamiento por las tormentas, por los temporales, por los fenómenos más incontrolables e impredecibles. Y lo mismo el cine. Salvo magníficas excepciones, las historias más hipnóticas participan de los eventos naturales más prodigiosos, más portentosos, más poderosos en definitiva. Siempre es mucho más interesante una tormenta que un día soleado, por la misma razón que siempre es más bello, desde el punto de vista de la luz, un atardecer que un mediodía.

La naturaleza es inspiración constante, en lo bello y en lo terrible, para el artista. Con la humanidad por entero puesta de rodillas por la pandemia más mortífera en un siglo, vencida por un ser sin vida miles de veces más pequeño que uno solo de nosotros, volvemos al punto cero, ese en el que nos sentimos vulnerables, frágiles…mortales en definitiva. Ni todos nuestros más increíbles avances científicos han podido hacer nada por cientos de miles de personas, algunas en buen estado de salud y muy jóvenes. Y el desastre económico y social que ha aparejado, y el dolor que ha causado, dará para que cientos de artistas escriban o filmen inspirados en ello, quizá con nobleza o quizá con tendenciosidad. Cuando hayan pasado algunos lustros estas ficciones comenzarán a tomarse de una forma más lúdica, menos grave. Será nuestra manera de haber aceptado el pasado en nuestra biografía, de haber sobrevivido a un fenómeno más de la naturaleza, a otro de sus espectáculos aleccionadores, que nos hacen sentir tan pequeños que sentimos la necesidad de autoafirmarnos, de decir “aquí estoy”, de decir “no me voy a ir así como así”. Quizá sea esa la prueba definitiva de que estamos al margen de la naturaleza, más allá de ella, conlleve eso lo que conlleve.

Cuando ese espectáculo no somos nosotros mismos, provocando nuestra destrucción, o buscando nuestra salvación, nuestro lugar en el mundo, conocemos el poder, el verdadero poder, del entorno que nos rodea. Conocemos lo pequeños que somos realmente en el universo, y no hay mayor espectáculo que ese, el que no va a cesar y va a procurarnos inspiración y sustento narrativo mientras sigamos aquí y mientras sigamos necesitando exorcizar nuestras penas y nuestros miedos.

Plural: 8 comentarios en “El persistente espectáculo de la naturaleza”

  1. Definitivamente destruiremos nuestro planeta antes de buscar la salvación. Se puede aprender desde el amor pero siempre nos buscamos aprender desde el sufrimiento.

    Me pregunto qué pensaría de nosotros la vida inteligente más allá de las estrellas

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      1. ¿Crees en la ufología? A veces me pregunto de cara a un contacto si sería como independence day, mars attack, la llegada o ultimátum a la Tierra con una especie de Klatuu, parando los pies a tanta barbarie injustificada.

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      2. No sé Adrián. Hay tantísimos misterios como las pirámides de Egipto, los moais, las esculturas de nazca, etcétera sumado a tropecientos avistamientos que es bastante probable que eso pase. Realmente, hay tanto por descubrir y el planeta Tierra está a la cola del universo conocido y por conocer

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      3. Es como la película Constantine ¿Crees que lo sé cuenta puede darse, un tema mil y una vez presentados en el cine de las más variopintas formas?

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      4. Bueno, depende de si eres creyente o no. Tiene múltiples variantes y a saber lo que es verdad y lo que no

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