CINE

Sobre ‘Athena’ y la soberbia de algunos

Desde que empecé a escribir sobre cine, hace unos dieciocho años, se me ha reprochado unas cien veces que puedo ser muy tajante, muy soberbio y altivo en mis apreciaciones, que debería ser un poco más humilde, más tolerante con las ideas ajenas y menos demoledor. Yo prometo que he hecho lo posible al respecto, y he procurado, porque escucho a los demás, atemperar mi forma de expresarme, y ya que algunos fuegos nunca se pueden apagar del todo, me he preocupado de argumentar a fondo todas mis opiniones, para que al menos si resultan tajantes que estén bien armadas. Supongo que no se me creerá, ni tienen por qué creerme, cuando diga que lo he pasado mal con este tema, porque una cosa que odio es ser un presuntuoso, en cualquier área de la vida.

Ahora bien… durante estos años además de escribir, también he leído. Y mucho. Es posible, y aquí me da igual cómo suene, que sea una de las personas de las que se dedica a escribir todos los días que más críticas cinematográficas o literarias haya leído. Leo todo lo que encuentro, y cuando se acaba lo que hay busco más. He leído cientos de libros de cine, y miles de reseñas en revistas, periódicos y sitios web, sobre todo para comparar mi trabajo con el de los demás y para ver cómo está el panorama. Y resulta que mi supuesta soberbia, mi tono tajante y contundente que tanto tengo que atemperar, no es nada comparado con el de otros/as, que parece que van perdonando la vida por ahí a todo bicho viviente. Así que por una parte hace ya un tiempo que he decidido que no voy a preocuparme ya por resultar demasiado contundente, sin dejar de ser argumentativo y reflexivo en todo lo posible; y por otra parte no voy a tener consideración intelectual ninguna con tanto «pseudo-crítico» que vete tú a saber por qué ejerce de tal, y con tanto «pseudo-comentarista» que no tiene nada que hacer en sus ratos libres más que meterse en Filmaffinity o en IMDb a escribir estupideces sobre grandes películas o grandes series.

Viene esto un poco a cuento porque tras quedar seriamente golpeado por el visionado de la magnífica Athena (Romain Gavras, 2022), me he puesto a leer, como es mi costumbre (y prometo que algún día abandonaré este nefasto hábito… aunque no sé cómo) todo lo que he podido sobre este filme, en todas las webs, periódicos y revistas que he encontrado, y pese a que algunos coinciden en que se trata de un ejercicio de cine absolutamente portentoso, muchos no están tan de acuerdo. Y no se trata de dilapidar a los que no estén de acuerdo con lo que uno piensa, sino de glosar las chorradas en las que tantos abundan. En este caso no pocos «pseudo-comentaristas» que se creen que por haber visto muchas películas tienen alguna noción sobre guion, puesta en escena y montaje. Y resulta que muchísimos espectadores, tanto en IMDb como en Filmaffinity, se han puesto a decir que el guion de Athena poco menos que es una porquería, y que se trata por ello de una película muy pobre, con muchos fuegos artificiales y poco más. Y yo, que al igual que en lo referente a mi trabajo también escucho siempre a los demás con mucha atención y respeto por si me hacen cambiar de opinión, he llegado a la conclusión de que a algunos no se les puede tener respeto en sus ideas. De verdad: ¿qué esperaba esta gente de este filme? ¿Que albergara escenas de diálogo «shakesperiano» como se suele decir? ¿Que se pusiera a mostrar cosas de forma convencional para que se sintieran más a gusto con lo que estaban viendo? Es deprimente leer lo que escribe la gente sobre las películas…

Este caso me recuerda al de Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015), en el que tantos echaron pestes de ella porque decían que tenía un guion muy simple, o que «no tenía guion». Y me recuerda porque en ambos casos se trata de experiencias extremas, que en ningún momento se sostienen por una dramaturgia convencional, sino que proponen una aventura survival de primera magnitud en la que no caben componendas teatrales. Esto, y no otra cosa, es el cine del futuro: cine vivo, candente, vehemente, que se deje de coartadas literarias para que el espectador obtenga directamente en vena una vivencia que no obtendría de otro modo. Tanto el filme de Miller como el de Gavras son una absoluta maravilla visual, un trabajo de cámara prodigioso en el que cada secuencia es un inmenso esfuerzo narrativo y en el que toda su estructura es una puesta en abismo que muchos críticos puristas y muchos espectadores ensoberbecidos sencillamente no están preparados para apreciar, y todo ello no de forma «gratuita», sino para zambullirnos en historias apasionantes y durísimas sobre el destino de la sociedad, sobre los demonios que nos devoran desde dentro, sobre personajes al límite que no se resignan a ser corderos de un sistema envilecido y fascista. El plano secuencia inicial de Athena, que dura diez minutos, es sencillamente uno de los planos secuencia más extraordinarios de la historia del cine, que habría admirado el mismo Welles o el mismo Scorsese, y no he leído ni una sola crítica profesional que lo analice, siquiera que lo nombre o lo certifique. En cambio, muchos no tienen otra que hacer que dejar su mala baba y su complejo de inferioridad en las redes, mientras alaban filmes, series o novelas que no es que estén caducos, es que directamente nacen muertos.

Pero oye, que algunos que hemos estudiado cine durante años y hemos escrito críticas y libros con rigurosidad y esmero, tenemos que tener mucho ojito con nuestras palabras, porque a menudo somos demasiado contundentes y demasiado tajantes, y eso no puede ser porque puede haber algunos que se ofendan o que te tachen de soberbio.

Lo dicho, una pena.

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