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‘Avatar’ y el carné de cinéfilo

Vista de nuevo ‘Avatar’ (James Cameron, 2009) con motivo de que este año va a llegar su secuela tras varios años de posponer el estreno, me reafirmo en lo que pensé de ella hace ya trece largos años: que es un filme de aventuras portentoso y una verdadera maravilla visual, y que pese a que seguramente no sea el mejor filme de su director (y por cierto que sería complicado decidir cuál de sus cuatro obras magistrales ocuparía ese lugar) desde luego es superior a ‘The Abyss’ (1989) y sin duda infinitamente superior a esa bobada hinchada por ciertos espectadores poco exigentes llamada ‘True Lies’ (1994), que demostraba que el humor no es precisamente el punto fuerte de este cineasta.

Pero a ‘Avatar’ le sucedió como a ‘Titanic’ doce años antes: fue el blanco perfecto de los cinéfilos más exigentes, más radicales, esos que no pueden tolerar que un filme de 200 millones de dólares sea una gran película, y que por supuesto van a buscar defectos hasta debajo de las piedras. Si una horda de ignorantes pudo masacrar ese filme excepcional, casi perfecto, que fue ‘The Godfather, Part III’ (F.F. Coppola, 1990), ¿qué no iban a poder hacer con esta? Así, el argumento de que es un plagio o por lo menos una copia de ‘Bailando con lobos’ (‘Dances with Wolves’, Kevin Costner 1990) o de la historia de Pocahontas, caló hondo en muchos, como si eso fuera demostración de algo, concretamente de la pobreza conceptual de esta película. También se dijo que ‘Titanic’ era un «Romeo y Julieta en el mar» y que Sofía Coppola estaba espantosa en ‘The Godfather, Part III’, como si eso fueran razones suficientes como para considerar basura a esas películas. Pero de donde no hay supongo que no se puede pedir ni esperar nada.

Y hay que reconocer que James Cameron se lo pone fácil a todos esos, con su enorme egolatría y con esas declaraciones suyas del tipo de que va a revolucionar el cine o va a llevar el cine hasta sus límites. Eso significa dar más munición a los que esperan con el colmillo torcido, y lleno de veneno, que su carrera se hunda, que las secuelas sean un fracaso y que por fin todos tengamos que reconocer que este tío es un bluff total y que sus películas no valen nada. ¿Quién se ha creído que es? ¿Steven Spielberg? Pero la realidad es muy diferente, por mucho que tantos radicales se empeñen en lo contario.

‘Avatar’ es un filme muy bello, lleno de inteligencia, ingenio y sabiduría narrativa, que en efecto plantea una párabola de los nativos americanos en este Pandora fascinante que, en realidad, es nuestro propio mundo. La estructura del filme consiste en contarnos las atrocidades cometidas contra ese pueblo en la tan cacareada y mitificada «conquista de América» anglosajona, por lo que se erige en un filme muy crítico, tanto con el pasado de su país como con su presente militarista, desde el punto de vista de una aventura Sci-Fi muy elaborada. No puedo asegurarlo en lo referente al espectador lleno de rabia e indignación, pero yo no he visto en ‘Bailando con lobos’ ni en ‘Pocahontas’ todo este trasfondo tecnológico en el que unos invasores de otro mundo (nosotros, cosa rara en el Cine) llegan para esquilmar las riquezas naturales de ese planeta, y en el que unos científicos tratan de establecer contacto con una raza alienígena a través de unos avatares que imitan su fisiología y su apariencia. Seguro que Costner o que Malick lo filmaron pero luego lo dejaron fuera del montaje final. Tampoco he visto todo lo relativo a la cultura y la mitología Na’vi, que en efecto recuerda mucho a los indios, pero que nos habla de cuestiones como Eywa, el Vínculo, Toruk Makto, los Ikran, el bosque bioluminiscente, la fauna llena de animales parecidos a los nuestros pero diferentes en no pocos detalles. Seguro que fui al baño todas las veces que tales cosas aparecían en los filmes de Costner y Malick…

No es muy sutil, todo hay que decirlo, el significado del Vínculo (the Bond), con el que los Na’vi se conectan a muchas criaturas del entorno natural y a los mismos árboles milenarios, para dejar claro que en ese entorno todo está unido como si fuera una sola cosa, pero sí es muy original y fascinante el hecho de que los árboles del planeta forman una especie de red neuronal capaz de almacenar recuerdos. Todo esto lo cuenta Cameron con un poder de fascinación que parece salirle sólo, con una convicción y una seguridad en sí mismo que sólo poseen los verdaderamente grandes. Y en cuanto a su despliegue visual, es algo extraordinario. Leí en la crítica de El País, por Javier Ocaña, titulada nada menos que ‘La involución artística’, que «los cuerpos son planos, como un mal holograma, casi como un recortable de los niños de hace 50 años». De nuevo no sé qué película ha visto este señor. Nunca, nadie, ni siquiera el Jackson de ‘The Lord of the Rings’, pudo soñar con dar una vida a unas criaturas con tal perfección como aquí. Neytiri, Jake y todos los demás, están vivos, y son totalmente creíbles siempre, en todo momento. Pero supongo que los prejuicios y la cortedad de miras le hacen a uno ver lo que quiere ver y no lo que está en la pantalla.

Y por muy bonito y New Age y pacifista que les resulte a algunos, lo cierto es que es un filme muy sombrío, en el que una vez más el gran ejército de Estados Unidos llega y masacra todo lo que le tiene por delante con tal de ganar dinero, sin importarle el sufrimiento ajeno. La secuencia de la destrucción de Hometree es directamente portentosa y desoladora, y todo un homenaje a los nativos americanos masacrados en mil guerras indias en las que los blancos les provocaron e incumplieron todas sus promesas hasta borrar del mundo su identidad y su cultura. Así funcionamos las personas «civilizadas», viene a decirnos Cameron, la mayoría de las veces, y esto tiene que dejar de suceder. Porque además, sospechamos todos que si un escenario como el de ‘Avatar’ tiene lugar, y quien sabe si algún día así es, sucedería exactamente lo mismo que vemos aquí.

No me cabe duda de que tanto la película que veremos este año como la tercera parte de 2024 van a ser igualmente masacradas por un gran sector de espectadores y crítica, que no va a tolerar que venga este señor a traernos grandes espectáculos de aventuras ni mensajes «buenistas» sobre el respeto al entorno natural. Pero seguro que van todos a verla. Y los que no vayan a verla no me cabe duda de que sin haberla visto también la calificarán de basura. Para entonces ya tendrán ‘The Northman’ en blu-ray para comprársela y verla todas las veces que quieran.

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CINE

James Cameron y la conquista del espacio

No sé dónde ni cuándo lo escribí por primera vez, pero sería deseable (si no obligatorio), que nuestros más admirados artistas lo fueran por sus méritos objetivos, y no por una suerte de excéntrica mitomanía. Sé que es pedir mucho en la mayoría de los casos, pero no debería serlo tanto en el caso de supuestos «expertos» en esto del cine. Sea como fuere, que cada cual argumente como buenamente pueda, si es que puede.

Digo esto porque en mi opinión no existen dos películas capaces de contar al espectador la conquista del espacio exterior de la misma manera que lo han hecho ‘Aliens’ (1986) y ‘Avatar’ (2009), ambas, por supuesto, realizaciones de James Cameron, el más grande director de sci-fi de la entera historia del cine. Otros, supongo, se quedarían con la lisérgica y endeble ‘2001: una odisea del espacio’ de Kubrick, o incluso con la arrogante y embarullada ‘Interstellar’ de Nolan. Allá ellos. Otros optamos por un cine mucho más emocionante y paradójicamente menos cerebral.

Cameron, de alguna manera, es en sí mismo una afortunada mezcla de cineasta y científico. Entre sus escasas ficciones ya ha contado lo que puede pasar en el planeta Tierra si se nos desmadra la inteligencia artificial (con las extraordinarias ‘Terminator’ y ‘Terminator 2’), pero también ha sido de los más apasionados, y de los más ingeniosos, a la hora de contar el viaje a las estrellas. El primero de ellos, como todo el mundo sabe, secuela de la mítica película de 1979 ‘Alien’, de Ridley Scott, para la que reelaboró un guión original que iba a llamarse, muy premonitoriamente, ‘Madre’. Y creo, sinceramente, que pocas películas, por no decir ninguna, reflejan con esta fuerza el enigma de un viaje a lo desconocido, el vértigo de la exploración y la colonización espacial, la batalla por la supervivencia contra una especie alienígena hostil. Muy superior al filme de Scott, ‘Aliens’ es una portentosa obra maestra.

Por si el ocasional lector no es consciente de esto, que sepa (y esto no es ninguna fantasía) que la colonización humana del sistema solar va a empezar muy pronto, quizá en la próxima década. Y que después tendrá lugar la lógica exploración interestelar, comenzando probablemente con una estrella cercana como Alpha Centauri. La idea es viajar a un planeta habitable y no emplear para ello más de veinte o treinta años terrestres a pesar de que quizá se hallen a decenas, o centenares de años luz. Estamos muy lejos de conseguir eso, al menos en teoría, y películas como ‘Aliens’ podrían dar la sensación de dejadez científica por mor de una historia espacial más espectacular, pero nada más lejos de la verdad.

Cameron, en lugar de optar por un realismo técnico que coarte la fantasía, más propio de Christopher Nolan, parte de la ciencia para contar una ficción, y no al revés. Y triunfa allí donde otros fracasan o construyen sci-fi poco duradera, a pesar de que ‘Aliens’ es una producción modesta, de que como realizador aún tendría que evolucionar, y de que gran parte de la historia transcurre en angustiosos interiores. Poco de todo eso importa porque el aliento de gran épica, de relato de exploración estelar, que alberga esta gran obra, es insoslayable. Parece mentira que su estreno tuviera lugar hace casi treinta y cuatro años, y de que no tenga ningún plano hecho con CGI, porque de alguna misteriosa manera soporta con entereza el paso del tiempo, mucho mejor que títulos parecidos bastante más recientes o de ahora mismo.

Y en la muy famosa ‘Avatar’, de la que pronto nos llegará su segunda parte, Cameron propone el reverso a ese relato, contando una historia en la que los invasores, y por tanto la especie hostil, somos nosotros, la especie humana. No recuerdo ninguna película en la que esto suceda. Y lo hace esbozando los primeros detalles de un mundo nuevo, al que llama Pandora, y con los Na’vi como especie dominante, muy cercanos en su cultura a los nativos americanos. Construye así una parábola sobre la exploración humana como devastadora de otros mundos, a los que únicamente quiere esquilmar sin aprender nada de ellos.

La grandeza del cine de Cameron consiste en la emoción, la tensión psicológica de sus historias, en sus ideas sobra la humanidad como civilización y como especie. Son algunas de las razones que le sitúan muy por encima, a pesar de su poco prolífica carrera, de muchos otros directores muy admirados por el público menos exigente y más bakala. No me cabe duda de que muchos científicos jóvenes de hoy día que despuntan en disciplinas como la astronomía o la ingeniería espacial, vieron nacer su vocación viendo películas como las nombradas, mucho antes que documentales o filmes mucho más fríos y falsamente precisos. Es la imaginación la que nos empuja al futuro, y no el conocimiento. Al menos eso es lo que yo creo.

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