ARTÍCULOS, CINE

La plaga de los críticos de cine

Están ahí, en tu ciudad, bajo el cielo nocturno. Por todas partes. Te rodean. Puede ser tu compañero de trabajo, o tu vecino, o tu primo. De hecho son tu vecino o tu primo. Son los críticos de cine, que de un tiempo a esta parte, sobre todo desde que apareció el internet, han proliferado como setas. Bueno… críticos de cine… lo que sean.

Lo diré mil veces y no me cansaré: los críticos de cine son fundamentales, pero no para demostrarte lo listos que son y cuántas películas han visto, y para encontrar conexiones absurdas y estrambóticas entre planos, secuencias, puntos de fuga o filmografías del Nepal y de Indonesia. Nada de eso. Sino para ayudarte a ti y a cualquier otro con un mínimo de interés y curiosidad en construirte tu propio criterio, algo en lo que se tarda años, sino décadas. Los críticos son los intérpretes del material que te entrega el artista, son aquellos que te abren los ojos ante aquello que no eres, por el momento, capaz de ver. Y aún más: son los que tienen como misión en la vida (sí, en la vida; otros tienen como misión en la vida ganar dinero y divertirse los fines de semana) ayudar a salvaguardar lo más hermoso y frágil, y a desechar la mentira, la falacia y lo falsario. Nada más y nada menos.

De modo que…

…por haber visto trece mil películas en diez años no eres un crítico de cine

…por saber juntar palabras de un modo más o menos limpio no eres un crítico de cine

…por ser un perdonavidas en las redes y un flipao capaz de defender las películas de Luc Besson o de Michael Bay, no eres un crítico de cine

Tampoco por sacarte la carrera de periodismo y ponerte a ir de corresponsal (enchufado) a festivales de cine, o a eventos, o a estrenos, eres un crítico de cine. Yo he tenido (lo juro por dios o por el diablo, que me da lo mismo) periodistas con carrera que me han escrito a mí para preguntarme cómo se escribía una crítica de cine. El crítico de cine nace y se hace. El crítico de cine no se limita a ver películas y a tomarse el cubata, sino que se conoce perfectamente la conexión histórica entre la Literatura, el Teatro y el Cine. De hecho, es imposible que un buen crítico de cine no sea también un gran lector, un gran melómano y un conocedor por lo menos solvente de las bellas artes. Un crítico de cine es mucho más que un flipao que va a todos los festivales, porque un verdadero crítico de cine no es el que va a los estrenos y te los comenta, sino que son esos tipos raros, uno entre mil, que te escribe ese ensayo esencial con el que cambiar la perspectiva de cientos de personas, o el que escribe un volumen crucial sobre un tema en concreto que supone una revolución, o el que investiga durante años y da conferencia y clases para ampliar el conocimiento de un aspecto del cine.

Eso es un crítico de cine.

No los que de un tiempo a esta parte, y cada vez más, tienen como único objetivo aumentar las visitas a su sitio, o decir la parida del día para crear polémica, o simplemente llamar la atención para estar en el candelero. Esos son los chiquillos, habitualmente entre veinte y treinta y cinco años, que tienen la enorme suerte de trabajar para un medio que les paga, y que se pasan la vida escribiendo gilipolleces, ya sea en revistas de este país o incluso en la poderosa Variety, escribiendo en Twitter cosas como que ‘Wild at Heart’ fue un gran fallo personal de David Lynch. Se creerán críticos de cine, pero no lo son. Le quitan probablemente el espacio y el trabajo a críticos de cine de verdad…

¿Y antes?

Antes digo hace cincuenta o sesenta años. Pues era parecido y básicamente y a grandes rasgos igual que ahora. Obviamente no viví esa época, pero la conozco bien porque me he molestado en conocerla y en leer absolutamente todo lo que ha caído en mis manos. Antes los críticos de cine, en su mayoría, eran igual de soberbios, ignorantes y sectarios que ahora, sólo que vestían de corbata, fumaban puros y no se juntaban con la chusma… se juntaban con su chusma.

De igual manera que es complicado encontrar a un buen novelista o a un buen cineasta, a uno verdadero, también es complicado encontrar a un verdadero crítico, y da la impresión de que cada generación tiene el suyo. Por eso hay que buscar mucho. Muchísimo, hasta encontrar a gente valiosa, inteligente, sabia, generosa, capaz de mostrarte es capaz de dar de sí.

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El narcisismo y el relativismo posmoderno: lacras de la crítica actual

Si yo lo entiendo, de veras que sí. Cuando uno es un chaval y empieza a emocionarse de manera obsesiva con ciertas obras de arte, o con algunas obras narrativas, pensamos que de alguna forma estamos conectados con esa obra… que de alguna forma nos pertenece. Es posible que esto sea algo universal. Tus películas y tus novelas y tus canciones favoritas no son de aquellos que las han escrito, filmado o construido de alguna manera. De eso nada: son tuyas. Hasta cierto punto es normal.

Lo que no es normal es que vayan pasando los años, vayas adquiriendo –supuestamente…– cierta experiencia, te de por escribir sobre películas, o novelas, o series, o canciones, de manera habitual y más o menos profesional, incluso cobrando algún dinero por ello, y sigas en las mismas, creyendo que de alguna forma esas obras o aspirantes a obras, se entienden a través de tu experiencia o de tu conexión con ellas, en lugar de intentar explicar lo que son en sí mismas, cuál es su naturaleza causal, cuál es la voz que inspiró su creación y cómo es que son de esa manera y no de otra. Es decir, llevando a cabo un análisis dialéctico de sus partes, en lugar de ponerte a especular sobre las razones por las que a ti, precisamente a ti en todo el mundo, esa pieza te gusta y esa otra de ahí no te gusta.

Es algo habitual, esa fórmula del «para mí, esto…», o «a mí esta obra me hace sentir…», o «a mí me emociona esto o aquello…». Narciso, en cualquiera de sus versiones mitológicas, fue un joven de una incomparable belleza, que un día se vio reflejado en un estanque, se enamoró de sí mismo y, absorto, cayó al agua y se ahogó. Es en ese mismo estanque, al que se ha venido a llamar posmodernismo, al que van a ahogarse intelectualmente un gran número de espectadores –yo diría que casi todos–, y una cantidad parecida de críticos de Cine, Literatura o Música. Todos ellos hacen lo mismo: hablar desde su situación, hablar de sí mismos que de la obra en sí. Hablar de sus gustos, de sus razones, de su forma de entender su relación con esta u otra película, con ese libro o aquel de más allá. Que si uno se durmió viendo tal película, que si la otra lloró leyendo tal novela. Y a partir de ahí construyen sus críticas, sus comentarios o sus disertaciones sobre la obra en cuestión.

Yo no me imagino a ningún fulano yendo al Panteón de Roma, o Panteón de Agripa, teniendo que escribir un ensayo sobre esta excelsa obra arquitectónica, y poniéndose a comentar si tal obra le aburre, si ese día tenía mucho sueño, o si no siente una especial conexión con ella. Mis profesores de la escuela de arte se habrían quedado bastante perplejos al respecto. Tampoco me imagino a mengana yendo al Museo Nacional del Prado, contemplando durante dos horas Las Meninas para escribir sobre ellas una investigación que tenga que ver… yo qué sé… con su influencia en la pintura holandesa ulterior, y poniéndose a hablar de que se ha emocionado porque la famosa luz que cae detrás de ellas le recuerda un día especial para él, o porque cuando por primera vez vio esta obra le causó una enorme nostalgia y eso hace que vea esta pintura con otros ojos. No tiene ningún sentido pero así sucede con las películas y las novelas.

¿Por qué sucede? No tengo ni idea. El caso es que sucede. Que le ocurra a gente que se pone a dejar paridas en filmaffinity, pues vale, lo puedo entender, pero que le ocurra a otros que van de entendidos, de expertos y de intelectuales por la vida, pues no. Les sucede, de hecho, incluso a grandes artistas –basta echar un vistazo a lo que han votado algunos para la dichosa lista del S&S–, y así es imposible avanzar. La única forma de hacer una crítica o un análisis valioso, es desprendernos de la obra en sí, desaparecer como sujeto operatorio, construir una mirada, una visión en torno a la obra carente de prejuicios, filias y fobias. Esto no va de nosotros, va de esa película o de esa novela. No va de nuestra infancia con ella, ni de lo que sentimos la primera vez que la vimos. Hace algún tiempo escribí un manual de cómo no ser un crítico literario o cinematográfico. Debería ponerlo todos los días en la sección de cartas al director de los periódicos o enviarlo a las revistas que suelo hojear, aunque nadie me hiciera caso.

Mientras sigamos pensando que las obras de arte son lo que a cada uno de nosotros le apetece que sean, en lugar de lo que son en sí mismas, mientras la crítica profesional, gran parte de ella, siga ensimismada en ella misma sin ser capaz de dar respuestas a los retos que les proponen las obras narrativas, no avanzaremos en ningún sentido. Todo será como en S&S: una retahíla de ocurrencias, un grimorio en el que no existe un consenso, una dialéctica, un argumentación ponderada. Y todo será igual de aburrido, de repetitivo, de escasamente enriquecedor, que es ahora mismo. Así de claro.

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La (pseudo)crítica que no sirve para nada

Es sorprendente la cantidad de gente que quiere ser crítica de Cine o crítica de Literatura. Se diría que es algo vocacional, hasta que acabas indagando, acabas rascando un poco más, y te acabas dando cuenta de la verdad de las cosas. También es sorprendente la cantidad de gente que ha estudiado en una escuela de Cine y que se pone a hablar de cosas de Cine, y que no tiene nada que aportar, que por más que dice cosas no aprendes nada ni te sirve para nada.

Hay gente, muchísima, que se pasa la vida despotricando contra los críticos, dejando claro que para ellos/as son una panda de sabiondos, unos culturetas, unos pedantes, unos listillos que van por ahí creyéndose mejor que los demás, creyendo que ellos tienes razón y los demás, que están armados de razones y los demás son tontos. He llegado a conocer a gente que trabajaba en blogs de cine y cosas similares que decía lo mismo de los críticos que los típicos garrulos de barra de bar, de camiseta de fútbol para ir de copas y de pegar perdigonazos a perros desvalidos. Les he oído con estas orejas y les he visto con estos ojos ponerse ciegos y sordos de furia cuando se intenta razonar con ellos, decirles que a lo mejor los críticos, alguno de ellos, puede que por casualidad, sepan algo de lo que están hablando y que el gusto de cada cual no tiene nada que ver con eso. Les he visto ponerse violentos, les he visto estar a punto de sacar la navaja y liarse a trompazos.

Luego, muchos de esos son los que están dispuestos a sentarse en la silla de crítico en cuanto les ponen un ordenador o un móvil delante, pueden darse de alta de manera gratuita en algún foro, y se les da la oportunidad de escribir lo que piensan. Se les olvida todo lo de antes, se les olvida lo que detestan a esos «sabiondos de mierda», y se ponen a escribir una (pseudo)crítica y ya se sienten con autoridad para hablar de cualquier cosa. Luego están los que en algún momento de su vida han estudiado algo de Cine, o algo de arte, o han hecho algún corto, o han visto muchas películas y se ponen a escribir sobre Cine con mucho entusiasmo, y te hablan de semántica, y de planos, y de avances técnicos en la historia del Cine, y lo mismo vale lo que dicen ellos que lo que dicen los otros antes mencionados, porque no aprendes absolutamente nada ni te sirve para nada. Claro, luego muchos que no tienen ni pajolera idea les leen y se piensan que están descubriendo el Mediterráneo, pero valdría lo mismo que se pusieran a leer un libro en cirílico, porque salen de la fiesta igual de ignorantes que entraron.

El Cine no es semántica ni lenguaje

Y si de alguna forma lo es, lo es en un grado muy menor, igual que sucede con la Literatura y con la Música. No diríamos que la Literatura es un lenguaje ni que la Música es un lenguaje, sino una forma de expresión artística. El problema del Cine es que opera con realidades… ¿Cómo va a ser una realidad un conjunto de símbolos o de signos? En la realidad existen símbolos y existen signos, claro que sí, pero reducir la experiencia vital a un conjunto de signos, reducir una película a pictoricismo, es hacerle un flaco favor.

Porque el Cine no es un conjunto de cuadros

Y eso a pesar de lo que piensan algunos, y de lo que insisten en ello. Si el Cine es un conjunto de cuadros en movimiento, y la relación que se establece entre esos cuadros, y el simbolismo de una sombra o de un reflejo en un espejo, entonces el Cine es muy poca cosa. Por supuesto que la semántica es un aspecto importante, y el cineasta puede comunicarse con el espectador a través de ella, pero no lo es todo, ni es lo único, como parece que tantos se empeñan en ver. Valorar una película por los signos más o menos velados, más o menos ocultos que se perciben en la composición de un plano, es tener una idea roma, barata, prosaica del cine.

Porque si se quiere hacer una crítica hay que llegar bastante más lejos

Porque el Cine tiene algo de Literatura, de Teatro, de Fotografía, de Música, de Arquitectura y de Pintura. Estaría bien saber de todo eso, y no solamente lo que son o dejan de ser… por si queda alguna duda llevamos seis párrafos intentando decir lo que es el Cine. Pero el Cine no es solamente la mezcla de otras muchas artes, que puede que lo sea, sino que se supone que es un arte narrativo. Estaría bien saber de narrativa, y no solamente que se escribe con uve y con dos erres. El Cine es un arte en movimiento y en perpetuo cambio, así que habría que aceptar que mucho de lo que se ha hecho ya no sirve para nada, y que mucho de lo que se hace intenta emerger de esa nada para conseguir algo. Saber de historia del Cine está bien, pero no podemos podemos volvernos locos con el mal llamado Cine Clásico o no aprenderemos nada.

El Cine, como arte narrativo, intenta narrar algo, erigirse como una segunda realidad, con bulto y consistencia, con coherencia, con credibilidad. Como arte poético ha de aspirar a una abstracción del conocimiento, del racionalismo, de la existencia humana. Como arte figurativo y musical ha de aspirar a una armonía, a una construcción expresiva.

No tiene el menor sentido ponerse a valorar una película de Godard como si fuera una de Clint Eastwood y viceversa, como no tiene ningún sentido pretender que la gente aprenda de Cine hablando del simbolismo o de la metáfora que representa un plano. Si estamos en un momento crítico del Cine en todo el mundo es en gran parte porque los (pseudo)críticos de Cine (y de Literatura, y de Música) proliferan, y de que las personas más inteligentes, las más preparadas, las más valientes, son acalladas, son marginadas y nadie quiere escucharlas ni leeras. Así de sencillo.

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Sobre lo de hacer críticas o reseñas

Eso es una cosa que le gusta a todo el mundo: escribir lo que opina sobre algo. Es casi como una droga, o un derecho conquistado: antes no se podía escribir algo y que te leyeran más de cincuenta o sesenta personas (si eras capaz de dar la brasa a toda tu familia y a todos tus amigos), ahora es mucho más fácil. Se opina sobre lo que ocurre, sobre lo que se ve… se opina incluso sobre quien opina. Las opiniones son gratis y dejándolas por escrito, o haciendo un vídeo con ellas, puede servir incluso de terapia, de desahogo, de purga. Y de lo que más se opina, por alguna razón, es de series, de películas, de libros, de cómics o de álbumes musicales. Supongo que sería imposible hacer un cálculo de cuántas opiniones y sentencias y exclamaciones se suben a la red, en forma escrita o audiovisual, a lo largo de un día, pero seguro que son muchos miles. Opiniones e ideas, la mayoría de ellas, formuladas sin reflexionar, creando el caldo de cultivo perfecto para fanatismos, para enfrentamientos, para sectarismos y polarizaciones extremas, hasta el punto de que hay quien se dedica simplemente a escribir contra aquellos que a ellos no les agradan, dejándoles ataques directos continuados en sus sitios o en sus perfiles, como verdaderos talibanes del pensamiento ajeno.

Pero ni una sola de esas ideas o imprecaciones u opiniones, o muy escasas de entre ellas, son verdaderamente críticas o reseñas. La gente, en sitios como Filmaffinity o en Twitter, o en las páginas web en las que deja comentarios que no le interesan a nadie (y al autor menos que a ningún otro), no escribe más que eso, opiniones. No deja por escrito o en un vídeo otra cosa que sus gustos. Dice lo que le gusta, lo que le encanta o detesta, y nada más. Y eso no es una crítica o reseña. Ni siquiera es un comentario. Luego pueden ir diciendo por ahí que escriben o graban reseñas, pueden incluso mentirse a sí mismos pensando que lo hacen. Pero lo cierto es que una crítica o una reseña es algo muy diferente a casi todo lo que nos encontramos por ahí, y por desgracia esto sucede incluso con medios muy leídos y supuestamente profesionales, pues gente como Carlos Boyero comenta lo que a él le gusta, sin más argumentos. Extendida a los cuatro vientos la idea de que el arte es subjetivo, de que todas las opiniones son válidas, de que las ideas de todo el mundo son igualmente importantes y respetables, ha calado bien honda la idea de que un crítico literario o cinematográfico es alguien contándonos lo que a él le gusta (y esto vale también para pseudo-críticos como Harold Bloom). Pero la realidad, le pese a quien le pese (y por lo visto le pesa a mucha gente que está por lo políticamente correcto) es muy diferente.

Ni el arte es lo que a cada uno le apetece que sea, ni un crítico o reseñista es alguien contándonos lo que a él particularmente le gusta, ni todas las ideas u opiniones son igualmente importante o respetables. Quien piensa esto último necesita creer que el mundo es un lugar mágico en el que las ideas más abominables pueden coexistir con las más constructivas, quien piensa lo segundo no tiene ningún interés en la crítica ni la interpretación de una obra de arte, y quien piensa lo primero sencillamente no tiene el menor interés en el arte, ni lo conoce ni sabe lo que es, y en lugar de molestarse en intentar averiguarlo, se lo inventa por su cuenta porque así es todo mucho más fácil y requiere mucho menos trabajo.

Todos estos chavalillos que acaban de salir de la facultad de filología y que se creen más que preparados para ponerse a escribir sobre libros, y que decididos a hacerlo abren canales en youtube, o abren páginas web, o tienen los contactos y la suerte suficiente como para empezar a hacerlo en grandes medios tradicionales como la televisión o la radio o incluso la prensa, se estrellan una y otra vez contra un hecho en el que seguramente no habían reparado: ya existen muchos críticos literarios o cinematográficos que están fracasando antes que ellos en la complejísima proeza de estar a la altura de las circunstancias, porque sucede que la gran literatura es superior e irreductible a la crítica más afinada, la que lo intentó con las mejores armas. Y me temo que las armas de los recién llegados son más bien escasas, romas e incapaces. Hay que ser un verdadero genio para tener veintipocos años y saber lo que es la literatura o cuales son sus manifestaciones más importantes, para ponerse a escribir sobre ello y tener algo que decir al respecto. Pero estos muchachillos están más que dispuestos a volver a descubrir el Mediterráneo, y a hacerlo con los mapas equivocados, sin la preparación debida, y tratando de convencer al personal de que sus lecturas son las adecuadas.

¿Y saben por qué lo hacen? Porque les leen y les escuchan personas todavía más ignorantes que ellos, y en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Cuando no tienes ni pajolera idea sobre narrativa, ficcionalidad o literatura, te llega un tipo y te cuenta la memez esa de la sanchificación del Quijote y la quijotizacion de Sancho, y tú te quedas perplejo, o te cuenta en qué consiste la diferencia entre fantasía y ciencia ficción y tú sacas el cuaderno, te pones a tomar apuntes y tienes la sensación de que estás aprendiendo algo. Todos esos que quisieran aprender de literatura o de cine, o de arte, lo tienen muy fácil: ahí tienen a gente realmente preparada que puede ayudarles a aprender, y bastante rápido además. Están al alcance de la mano en las redes. Pero prefieren seguir a estos booktubers, leer a estos niños tan osados, porque creen que van a ser más amenos y les van a enseñar las mismas cosas. Pero sólo con muchos años de estudio e investigación se llega a algo. No hay atajos. No hay colegas de veintidós años que hayan dado con lo que es la literatura, o la narrativa.

Al final todos nos enfrentamos con el mismo problema, que no es un problema, sino la solución: la cruda, la maldita, la paciente realidad.

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CINE, CRÍTICA

El estrepitoso fracaso de la crítica cinematográfica

De la crítica literaria no voy a hablar, porque ya lo hice en otro artículo. La crítica literaria se ha borrado, sencillamente. Pero la cinematográfica no tanto. Seguimos teniendo señores que escriben en periódicos acerca de las películas que van a ver cortesía de las distribuidoras, o de los festivales a los que acuden. Y tenemos a adolescentes de cuarenta o cincuenta años (en la mayoría de los casos), que escriben en infinidad de blogs sobre cine, adolescentes sin la menor preparación cinematográfica ni artística, pero que lo hacen. Muy pocas o casi ninguna mujer, cosa curiosa. Y el eterno debate de si la crítica sirve para algo sigue abierto, y con lo que tenemos actualmente me temo que los detractores ganan la partida.

Para mucha gente el crítico es ese que (supuestamente) sabe mucho de cine, ese que (supuestamente) ha visto muchas películas y las ha visto bien, y ese que (supuestamente) está autorizado para separar el grano de la paja. Son muchos supuestos. Y dentro de ellos el espectador ve al crítico como un arrogante que no deja de darle collejas por las tonterías que él va a ver, mientras le invita a ver otras cosas, infinitamente más aburridas aunque quizá mucho más «artísticas», que a él, al espectador medio, no le dicen nada. En ese debate poco se puede hacer, porque no solamente depende de la capacidad del crítico, sino de las ganas que tenga ese hipotético espectador medio de aprender algo… es decir, ninguna.

Pero hay otros debates que me interesan más, en esto de crítica sí o crítica no. Yo siempre he repetido eso que dijo Wilde de que el crítico es aquel capaz de escuchar la voz que inspiró al artista cuya obra va a criticar. Y lo sigo pensando, pero no creo que haga falta hilar tan fino. Quizá el crítico de cine, simplemente, deba ejercer como honesto intermediario entre la película y el espectador no cualificado. Quizá el crítico deba ser más divulgador y menos árbitro del buen gusto. A lo mejor sería buena idea que el crítico, en lugar de dejar claro sus propios gustos cinematográficos (o la carencia de ellos), o su propia sensibilidad artística (….o la carencia de ella), diese argumentos sólidos a los que el lector de la crítica pueda añadir o anteponer los suyos. Pero me temo que en eso, como en todo lo demás, la crítica ha fracasado, y esto va tanto por los críticos españoles como por los del resto del mundo que he podido leer.

Dudo mucho, pero mucho, que la misión del crítico sea la de decir que tal película es estupenda porque el guión es magnífico y los actores están fenomenales, o que tal otra es una basura porque el director es un pirado y las imágenes son incomprensibles. Eso lo puede hacer cualquier chimpancé, y el espectador lo sabe. Por eso tantos de ellos se han metido a escribir en blogs y se han sentido como si pudieran desplazar a los verdaderos críticos, porque los verdaderos críticos no hablan de las películas. Eso es lo más difícil. Escribir sobre la profundidad o pertinencia del argumento, sobre lo bien o lo mal que están los actores, no es hablar de la película. Para ello es necesario escribir sobre cómo está hecha la película y por qué. Y eso es a veces muy complicado, porque significa enfrentar tu mente con la del director, de igual a igual.

Pero lo que de verdad me molesta, me aburre y me indigna, son todos esos críticos (legiones de ellos) que han idealizado el cine americano de los años treinta, cuarenta y cincuenta, y que de manera sistemática, al comentar una película reciente o de las últimas décadas, contraponen la película actual con las de entonces. Eso es un error grave de concepto, porque las películas son hijas de su tiempo, para empezar, y porque esos (pseudo)críticos no se dan cuenta, en segundo lugar, que con esa forma de trabajar lo que están haciendo es proponer, de manera soterrada, que el cine debería haberse mantenido con los mismos códigos narrativos, que no debería haber evolucionado, y que debería ser, todavía, poco más que teatro filmado. Y claro, esos críticos se aferran a figuras que, más o menos, se mantienen en esos códigos «clásicos» de hacer películas, con principio, nudo y desenlace. Y muchos les creen y así nos va.

Por suerte el cine ha evolucionado, aunque muchos críticos no se quieran dar cuenta, y con ello ha desvelado las carencias y limitaciones del cine de los años treinta, cuarenta y cincuenta, sobre todo el norteamericano, que es el que más ha envejecido, tanto en temática, como en conceptos como en narrativa, salvo en contadas ocasiones. ‘Sed de mal’ o ‘El ángel exterminador’ nunca envejecerán y siempre serán vigentes, pero no así ‘Ben-Hur’ o ‘El sargento negro’. Algunas cosas se superan, le pese a quien le pese, y el cine sigue su camino, como cualquier otra forma de (hipotético) arte. Insistir en volver a formas narrativas anticuadas y superadas en contra de otras que se han instalado por un imperativo de progreso intelectual, social y estético, es el mayor error de todos los grandes errores de la crítica cinematográfica más vetusta.

Y en esas estamos. Los críticos cinematográficos son más despreciados, ninguneados, ignorados que nunca. El espectador no cualificado no tiene el menor deseo de aprender. Cada vez es más difícil escoger qué ver, y cómo ver, entre la maraña creciente de películas y series a la carta. No creo que de todo esto tengan sólo culpa los creadores, o el público. La crítica también tiene parte de responsabilidad, y muy grande. Si en lugar de aspirar a ser jueces, aspirasen a ser profesores o guías, quizá la cosa cambiase. Pero para eso es necesaria una valentía y una honestidad intelectual de la que muchos parecen carecer.

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