El futuro del género en el cine norteamericano

Creo que soy uno de los muchos, tal vez miles o millones, que no solamente vibramos con el cine de autor, o el cine más realista, más intimista o vanguardista. En mi caso, como en el de tantos otros, también vivo para otro tipo de películas, que pueden ser igualmente personales o vanguardistas, pero que están más incrustadas en códigos genéricos ya bastante antiguos o por lo menos con una tradición muy larga, que lamentablemente no les salvaguarda de albergar títulos muy cuestionables o directamente vergonzosos, algunos de ellos acreedores de un gran éxito popular, pero que nada aportan a su estirpe.

Cuando decimos cine de género, el género más duro, por decirlo de alguna manera, yo creo que nunca nos referimos a western, comedia, musical o noir. El cine de género por antonomasia es el Fantástico y la Sci-fi, y dentro de esos ámbitos puede ser aventurero, experimental, intelectual, de terror, más cercano a la sátira, político o incluso social. Puede ser una comedia, puede participar de los mimbres del western, o del musical, o del noir. Pero los géneros más densos, más encriptados y poderosos son el sci-fi (ciencia ficción o ficción científica, como se quiera decir, el género de películas que alertan sobre un futuro plausible), y la fantasía (mundos o personajes de otros mundos que es imposible que existan en el nuestro, y que por lo tanto establecen un espejo nítido al espectador). Y lo que algunos lamentamos es que desde EEUU, que es junto con los países asiáticos el gran foco de estas dos manifestaciones narrativas, tanto la Sci-fi como el Fantástico, no puede decirse que haya vivido unas décadas especialmente fructíferas.

En mi opinión, el daño más duradero lo han causado ciertos títulos, algunos de ellos no del todo despreciables, que han abaratado la aventura, que la han convertido en un juego informático, casi en un videojuego, sin ningún rigor ni exigencia artística, exageradamente comerciales y con directores tremendamente impersonales. Me refiero por supuesto a la trilogía de ‘El señor de los anillos’ de Jackson (cuya segunda película es magnífica, pero que también participa de esto que estoy tratando de explicar), luego extendida con menor fortuna aún en la trilogía de ‘El Hobbit’; me refiero también a la saga ‘Harry Potter’ (cuya tercera película es una obra maestra del Fantástico, pese a todo); a las nuevas trilogías lamentables de ‘Star Wars’, a todo el circo mediático del universo cinemático de Marvel (que tiene algún filme muy estimable), o a las sucesivas de la franquicia Terminator, que quizá nunca debió extenderse más allá de 1991. Todo eso, y muchas otros títulos que parten de esa misma estrategia narraiva, nos hunden en el pesimismo a los que necesitamos de la aventura de la Sci-Fi y del Fantástico para sobrellevar el día a día.

Para terminar de rematar el pesimismo actual, basta ver la nueva película del bueno de Harrison Ford que protagoniza al lado de un perro de dibujos animados…Pues en eso se está convirtiendo el cine de género: cine de dibujos animados.

Y sin embargo, después de echar un vistazo a los últimos años (y es que cada vez estoy más convencido de que hay que dejar pasar entre cuatro o cinco años, mínimo, para valorar una película o narración audiovisual), creo ver que hay esperanza para el género en el seno de los EEUU, quizá la industria cinematográfica más vital y capaz de reinventarse a sí misma. Porque ahora que definitivamente no vamos a poder contar más con John McTiernan (porque dudo que le den más películas), con John Carpenter (que está semiretirado) o con otros grandes directores que o no hacen nada o hacen muy poco (Cameron lleva una sola película en 23 años…), parece que un rayo de luz, o varios, empiezan a alumbrar el horizonte. Me refiero a un puñado de películas que se han estrenado en la última década, que pueden (y van a) abrir camino para la próxima, dirigidas en algunos casos por curtidos veteranos, pero en otros por directores con bastantes años por delante.

Vamos por partes:

La siempre sufrida Sci-fi

Unos pocos títulos de estos años nos dan una idea de por dónde van a ir los tiros en los próximos años (los más interesantes, se entiende, porque filmes mediocres van a seguir haciéndose), y quienes van a ser los directores, o por lo menos el tipo de director, que va a poder sacarlos adelante. De entre las que se han estrenado desde 2010, yo nombraría tres, para empezar, que sin duda van ser una referencia ineludible para los cineastas de raza de los años veinte de este siglo que quieran hacer cine de género. Son estas:

‘Mad Max: Fury Road’, de George Miller
‘Blade Runner 2049’, de Denis Villeneuve
‘Alita: Ángel de Combate’, de Robert Rodríguez

Tres filmes muy diferentes entre sí, y los tres magníficos (sobre todo el primero), dirigidos respectivamente por un veterano de setenta y tantos años que regresa a su propia franquicia, y por dos cineastas de cincuenta años que todavía tienen muchas películas dentro (porque además son bastante prolíficos, al menos por ahora). Son, creo, la Sci-Fi del futuro, la buena, la perdurable, la que habla del ser humano mientras ofrece un espectáculo apasionante. La primera es la más realista, en cierto sentido, la segunda es la más poética, y la tercera la más eufórica. Yo creo que sus hijas, si las tienen, serán tan eufóricas, tan poéticas y tan realistas como ellas, ya estén dirigidas por estos buenos cineastas o por otros «discípulos» suyos.

Pero también podríamos citar otras algo distintas a la fiesta visual, al desparpajo gozoso de los trabajos de Miller, Villeneuve y Rodríguez. Se trata de una Sci-fi más seria, más grave, por decirlo de alguna manera. La que representan los siguientes filmes:

‘Gravity’, de Alfonso Cuarón
‘Ad Astra’, de James Gray
‘Arrival’, de Denis Villeneuve

Estas tres películas estoy casi seguro de que van a tener vástagos cinematográficos en esta década que en teoría acaba de comenzar (aunque en realidad), pues muchos directores y espectadores reclaman un Sci-Fi más apegado a la realidad, más científico que ficticio, por así decirlo. No me agrada demasiado ‘Interstellar’, de Nolan, pero por ahí van los tiros de lo que vamos a tener. En mi opinión, las futuras películas serán más interesantes si son menos nolanianas (es decir, menos fanáticas de lo verosímil) y son más valientes, cosa que sucede por ejemplo en ‘Ad Astra’, que cuando rompe lo que se espera de ella se vuelve un relato mucho más estimulante. Y lo mismo sucede con ‘Gravity’. En realidad, si algo hermana a la Sci-Fi y al Fantástico es que en ambos, por muy apasionante que sea su trasfondo, sólo es un marco, un espejo para hablar de la naturaleza humana. Lo importante no son los inventos tecnológicos ni los efectos especiales, sino el relato, que con ese marco se revela más capaz de hablar de tú a tú al espectador que una película social.

Por eso el filme de Nolan, más preocupado por epatar que por otra cosa, no me agrada, como no me dice mucho el trabajo de Neill Blomkamp, ni el de Spike Jonze en ‘Her’, ni el de otros que no son capaces, por mucho que lo pretendan, de comprender a sus personajes y conseguir que suframos con ellos. No son malos directores, pero espero que el futuro no sea de ellos, o por lo menos algunas películas no partan de ellos.

El aguerrido género Fantástico

Supongo que por razones obvias es uno de los géneros más comerciales, y por lo tanto el pobre Fantástico ha tenido que soportar muchas cosas, demasiadas indignidades. Sin embargo se ven brotes verdes. Algunos directores, y bastante jóvenes, que pueden devolverle el brío y el rigor. Voy a nombrar de nuevo tres películas que espero abran horizontes:

‘Spider-Man: Into the Spider-Verse’, de Peter Ramsey, Bob Persichetti, Rodney Rothman
‘Doctor Sleep’, de Mike Flanagan
‘The Witch’, de Robert Eggers

Tres películas formidables, sobre todo la primera, que es una obra maestra, y que vienen a reescribir sus manidos géneros para darles otro aliento, para insuflarles de otra vida, impensable hace unos años. Así, los filmes de superhéroes deberían mirarse en la primera, los de suspense gótico en la segunda, y los de terror apocalíptico en la tercera. Y en caso de no hacerlo, los directores de estas películas (sobre todo Flanagan, que tiene cuarenta y pocos, y Eggers, que tiene treinta y pocos) seguirán haciendo películas, si todo va bien y siguen consiguiendo financiación, con lo que podemos esperar cosas buenas en el futuro.

A su lado, los divismos de colorines de Guillermo del Toro, la épica acartonada de las películas del Marvel Universe, los filmes trillados de terror gótico que nos llegan cada año, se me antojan narraciones prosaicas, innecesarias. Se seguirá haciendo de todo, insisto, pero podemos tener un poco de esperanza en que el género duro sigue vivo, y que hay directores valientes que van a seguir luchando por que así sea.

‘El resplandor’ y ‘Doctor Sueño’, Kubrick y King

Cuando me enteré de que iban a estrenar una especie de remake o secuela de ‘El resplandor’, quise pensar que aquello no era sino la enésima jugada comercial a las que tanto nos tienen acostumbrados desde el otro lado del Atlántico. Y lo pensé porque en ese momento no me acordaba de que efectivamente el propio Stephen King había escrito la continuación de una de sus novelas más famosas. Y aquí tenemos ya la película, que por lo que parece no ha entusiasmado a demasiados espectadores, no está provocando el río de dólares esperado, y que sin duda se trata de uno de esos títulos con los que la crítica y el público no sabe muy bien qué hacer.

‘Doctor Sueño’ es un filme magnífico, que por momentos roza, y hasta abraza a manos llenas, la condición de película magistral. De las ficciones de su clase (terror sobrenatural, thriller gótico y hasta metafísico) es la mejor estrenada en mucho tiempo. Está filmada con un pulso y un estilo, con una clase, que sólo tienen los grandes narradores. Confieso no saber muy bien quién es este Mike Flanagan, pero pienso seguirle la pista y rescatar cualquier filme suyo que pueda encontrar. Lo único que sabía de él es que hace dos años dirigió otra adaptación de King, ‘El juego de Gerald’, que tuvo excelentes críticas aunque tampoco un gran impacto mediático. Ciertamente, no me sorprende… En estos tiempos que corren, la narrativa de calidad no está muy bien vista, que digamos.

Demonios vacíos que se comen a niños, y secuelas brillantes que devoran a sus predecesoras

Es ‘El resplandor’ (The Shining), una de las películas más famosas de la historia del cine en general, y del terror en particular. Y lo es por razones que siempre se me han escapado. Kubrick no estaba interesado (ni tenía por qué estarlo, vaya esto por delante…) en la novela original, sino en coger su carcasa más superficial y construir con ella el filme de terror definitivo. A juzgar por la respuesta de muchos de sus fans, probablemente lo consiguió. En lo personal, a pesar de que encuentro aciertos parciales en su fotografía (siempre soberbia en Kubrick), en su atmósfera, y en algunos momentos puntuales, ésta me parece una de sus peores películas. Y no porque fuera muy poco fiel a la novela, sino porque los cambios que proponía quedaban muy pequeños frente a ella.

Recuerdo lo que dijo Paco Plaza hace bien poco: «¿Qué más podía querer King? Le adapta nada menos que Kubrick y lo hace a lo grande. Y además de una de sus peores novelas». Algo parecido dijo. Supongo que cada uno tiene sus gustos y luego ha de defenderlos. Yo, particularmente, tengo una teoría con la que he dado la vara a bastante gente: ‘El resplandor’ le gusta a la gente que no se ha leído la novela (como creo que en realidad le pasa a Paco Plaza). Si se la leen, si entran al juego de Stephen King, se dan cuenta de que Kubrick le banalizó, le empequeñeció. Kubrick, al igual que hizo en ‘2001, una odisea del espacio’, que es poco más que una sucesión de lujosos cromos de sci-fi que nada aportan al espectador más exigente, lo único que construye son pedazos de celuloide de terror mal ensamblados entre sí y sin coherencia interna ni verdadero alcance estético.

Es conocido el hecho de que a King no le agradó demasiado la versión de Kubrick. Creo que tampoco llegó al límite de odiarla, como se ha dicho tantas veces, pero desde el principio quedó patente que eran dos sensibilidades narrativas diferentes. Kubrick cambió no solo el final de la novela sino el espíritu mismo de la historia, convirtiendo a Jack en un cliché andante, carente de verdad o profundidad psicológica alguna.. Era lo más lógico que a la hora de escribir la continuación que sus lectores le han pedido durante décadas, King no hiciera una continuación de la historia de la película, sino de su propia historia, y que Flanagan, cogiendo los mandos de la dirección, no hiciera solamente una adaptación de ‘Doctor Sueño’, sino a su manera una continuación de ‘El resplandor’ de Kubrick. Lo notable no es que haya logrado una secuela respetuosa con la mítica película de 1980, sino que en todos los aspectos es una película muy superior a la de Kubrick.

Esta historia de demonios que se alimentan del resplandor de niños a los que hacen sufrir para obtener un alimento más puro es, desde ya mismo, un clásico del cine de terror.

Magnífica novela, soberbia adaptación

Decía yo, hace poco, que algunas de las novelas menos famosas de King, y de las menos extensas, se encuentran a veces entre sus trabajos más apasionantes. ‘Doctor Sueño’ es uno de esos casos. Es una novela de madurez absoluta, en la que continúa una de sus historias más queridas y recordadas, y lo hace sin plagiarse a sí mismo ni repetirse, sino abriendo nuevos caminos narrativos a su ficción, demostrando una vez más que lo que más le importa son los personajes, y sus vidas, y sus vicisitudes. La trama es algo secundario, en el fondo. Importante, claro, pero en realidad secundario. Es un verdadero placer leer ‘Doctor Sueño’ porque una vez más King dota de una vida increíble a sus personajes, que poseen una encarnadura, una verdad, más rotunda que mucha gente que conozco o he conocido.

De igual manera, es un verdadero placer ver ‘Doctor Sueño’, que es tan emocionante, tan vibrante, tan rotunda como la novela. Flanagan dirige con mano firme, adapta con mucho criterio y sensibilidad el texto de King, y monta él mismo, en solitario, sus propias imágenes, en un montaje soberbio. Y no solamente eso, sino que posee una música muy bien ensamblada en la estrategia narrativa de la película, y un trabajo de sonido ejemplar y muy creativo. Y por si no bastaba con eso, las referencias a ‘El resplandor’ son sutiles y nada pueriles, así como las referencias a clásicos del cine de terror como el ‘Frankenstein’ de James Whale. Ahí es nada… Y arma esta portentosa película con tan buen gusto, con tal dominio de los resortes del miedo y el suspense, con tanta vehemencia por lo gótico, lo macabro, insertado con total naturalidad en el mundo real, que se convierte, por méritos propios, en un digno sucesor de John Carpenter a sus cuarenta años.

No es una película de terror de las que se estilan hoy día, y de ahí seguramente su fracaso en taquilla. De poco vale un Ewan McGregor en estado de gracia (su mejor trabajo, el más contenido y el más sabio, en muchos años), la interpretación estelar de la gran Rebecca Ferguson como Rose la Chistera (una de las villanas más inolvidables de los últimos tiempos), o los momentos de puro terror. El espectador medio de hoy día, quinceañero de carné o en sus gustos cinéfilos, probablemente no sabe apreciar los valores narrativos de esta excelente película. Algunos, sin embargo, somos como esos personajes sedientos del resplandor de la película, sólo que estamos sedientos, hambrientos, de narrativa de altura a la que hincar el diente, y por eso sabemos apreciar delicatessen en cuanto se nos pone al alcance.

Poco importa que en un giro esperable, Flanagan decida situar el clímax final en el hotel Overlook. Es lógico y es razonable y con eso hace subir la película hasta extremos macabros difíciles de describir, haciendo un homenaje a la primera película y a todos sus fans, que no son pocos. Tal cosa no sucede en la novela, como es lógico, porque en ‘El resplandor’ de King el hotel no se congelaba, sino que ardía hasta los cimientos. Pero es un final emocionante y conmovedor, el broche final a una película redonda.

Stephen King y la fiebre narrativa

Después de comentar la obra (o, por mejor decir, la producción…) de dos autores españoles tan mediocres, insustanciales e insoportables como Juan Gómez-Jurado y Arturo Pérez-Reverte, quiero dejar por escrito mis sensaciones con la obra (esta vez sí) del que quizá sea el escritor más famoso del mundo en la actualidad, y uno de los de mayores ventas globales de todos los tiempos, el norteamericano Stephen King. Un novelista por el que siento un gran respeto pero del que, en ningún modo, soy otro admirador o fanático de los millones que por el mundo escriben sobre él o hacen vídeos en youtube. Creo que este señor merece que se haga crítica literaria con él (de la de verdad), algo que una vez más tampoco encuentro por ninguna parte.

Supongo que desdeñar con tanta pasión a dos mediáticos (pseudo)novelistas ibéricos, y apreciar la carrera de otro estadounidense que se ha hecho multimillonario con sus ventas, y que además no goza precisamente de ningún prestigio crítico, puede no dejarme en buen lugar ante los ojos de algunos. No me importa. Me consta que hay buenos cuentistas o escritores de relatos españoles, pero si el ocasional lector de estas líneas tiene tiempo, ganas y energía (me temo que le hará falta mucha), vuelvo una vez más a habilitar los comentarios para que me deje, si le apetece, algún nombre de algún novelista español verdaderamente grande de los últimos… digamos… veinte años. Y si además es capaz de vendérmelo con un poco de gracia, puede incluso que le haga caso y me lea algo de lo suyo. Por lo demás, no siempre unas ventas descomunales garantizan tener delante a un mal escritor, aunque a menudo sean indicativo de que no te vas a encontrar nada bueno.

Lo cierto es que pocos elementos externos de Stephen King ayudan a cambiar la imagen objetiva que se tiene de él. A sus increíbles ventas, constantes a lo largo de varias décadas, hay que añadir lo prolífico que es (aunque por suerte ya nadie sospeche de que tenga a varios escritores fantasma a sueldo escribiendo las novelas por él) y a que gran parte (no toda) su obra pertenece a ese poco prestigioso, por no decir «infame», género del terror. Con estos mimbres, muchos no quieren ni acercarse a él, y el paso de los años, de los títulos y de las adaptaciones cinematográficas no ha hecho sino confirmar la teoría de quienes no han leído ni una sola línea de sus libros. Tampoco es mi intención ensalzar a este novelista como uno de los más regios de la actualidad, pero sí, quizá, ser uno de los que ayuden a desmontar prejuicios y lugares comunes acerca de sus libros.

La senda del perdedor

Si valoramos los libros de Stephen King desde las alturas de la exquisitez literaria, es muy probable que nos parezca un novelista tirando a normalito. No posee una prosa distinguida, elaborada y excelsa, y jamás podría escribir un libro como ‘Meridiano de sangre’ o como ‘La subasta del lote 49’, o como ‘Mientras agonizo’. Su suerte, sin embargo, reside en que él es totalmente consciente de ello. No puede escribir novelas así y por eso ni siquiera lo intenta. Él está a otra cosa. King, que de niño y chaval tenía todas las papeletas para ser un perdedor y un fracasado en su vida, es un fervoroso obsesionado por contar historias, las más impactantes, poderosas y emocionantes que pudiera escribir. Y a eso se sigue dedicando. No es un literato extraordinario, pero sí es un narrador extraordinario.

Cuando no tienes nada que perder, porque eres un Loser con todas las letras, y vives en una caravana y cobras el salario mínimo, pero al mismo tiempo sospechas o empiezas a darte cuenta de tu caudal narrativo, te entregas a ello con una pasión desbordada. Eso es lo que hizo King, y no es de extrañar que muchas de sus novelas sean efectivamente del género del terror, porque quizá ese tono, ese espíritu, es en el que él podía disparar con mayor potencia, extrayendo de sus demonios interiores una riqueza imaginativa incomparable. Que con sus primeras novelas consiguiera un éxito arrollador no es más que un efecto colateral (aunque supongo muy satisfactorio para él y su cuenta corriente…) que aunque ha desvirtuado en gran medida la percepción que se tiene de él, no ha corrompido la que él tenía de sí mismo, que ha seguido siendo fiel a sus ideas y a su forma de escribir y de entender la literatura.

¿Qué es lo que le llega habitualmente al que jamás ha leído nada de Stephen King? Pues la forma de vender sus novelas, evidentemente, que en sus inicios no fue la más adecuada, y que en algunas épocas posteriores era bastante equívoca. El que no conozca la obra de King, me consta, cree que es un escritor con tendencia fácil hacia lo macabro, en el que lo más importante es el terror o el horror en sí mismo, que nos cuenta historias de estadounidenses de clase media y de la «américa profunda» que nada tienen que ver con nosotros, que su escritura y que sus historias carecen de la menor profundidad emocional o psicológica, y que son novelas para pasar el rato sin ningún otro interés. Nada de todo esto es verdad, pero convencer de eso se hace muy complicado cuando por ejemplo Alberto Olmos dice en una entrevista de hace ya bastantes años que no puede leer a King porque una frase no tiene conexión con la siguiente, cuando el purista Harold Bloom, recientemente fallecido, no le concedía el menor mérito, o cuando la mayoría de las adaptaciones cinematográficas de sus novelas (dicen que es el autor más adaptado al cine de la historia) inciden precisamente en esa falta de valores narrativos.

Ni siquiera el hecho de que algunas adaptaciones de sus novelas o relatos sean magníficas películas, como por ejemplo ‘Cadena perpetua’ (The Shawshank Redemption’, Darabont, 1994), que en mi opinión es una obra maestra incontestable, ‘Carrie’ (De Palma, 1976), que ha envejecido pero que tiene momentos magníficos, ‘Misery’ (Reiner, 1987), que pese a estar un tanto sobrevalorada y a tener un tono un tanto equívoco posee la magistral interpretación de Kathy Bates, ni siquiera eso hace cambiar de idea a muchos, que se quedan con las más cutres o desafortunadas adaptaciones de sus historias más macabras. Le sucede un poco como a Robert E. Howard, cuyas adaptaciones de Conan el bárbaro, más basadas en taparrabos y testosterona que en el verdadero espíritu howardiano, desvirtúan en gran medida la imagen de su literatura.

La situación llega hasta tal punto que incluso una de las películas de terror más famosas de todos los tiempos, admirada por millones de fanáticos, como ‘El resplandor’ (The Shining, Kubrick, 1980), es considerada una buena película porque se aleja de la novela de King. Mi opinión es la siguiente: la película de Kubrick le gusta mucho a la gente que no se ha leído la novela de King. Si se la leyesen se darían cuenta de que su historia es mil veces más interesante e imaginativa que la de la película, y que Kubrick tan solo cogió el esqueleto básico de la novela (tres personas que se van a vivir unos meses a un hotel cerrado en invierno, que da la casualidad de estar maldito o encantando, o lo que Kubrick creyese que era mejor para epatar al espectador). El director no entendió, ni quiso entender, la novela de King, que es lo mismo que les sucede a muchos que no quieren ni acercarse a sus ficciones.

Construyendo un universo

Hay muchas razones para no considerar a King un escritor eminentemente literario, sobre todo si consideramos la literatura en dos niveles bien diferenciados: la literatura como forma de arte absoluto, y la literatura como forma narrativa. Ambos niveles a veces pueden unirse, pero es bastante complicado que lo hagan. La mayor parte, o toda, la literatura de King pertenece al segundo grupo. Está muy influenciado por la forma de escribir del gran Richard Matheson, quien no en vano le dedicó una de sus colecciones de cuentos por considerar a King el futuro del género… y no se equivocó. La forma de representación de Matheson, su prosa, su estilo, dejaron una honda huella en el joven King, quien muchos años más tarde le dedicó su novela ‘Cell’ (2006).

En lo temático, sin embargo, King no tiene ningún problema en admitir que está muy influenciado por Lovecraft y por toda una miríada de escritores pulp y de la black mask, cuyo estilo directo y seco también ha intentado emular en algunos de sus trabajos. También, y aquí vendrán los puristas a no dejar pasar ni una, está muy influenciado por las películas de su infancia, pero al contrario que algunos pésimos escritores de hoy día (algunos de los cuales han tenido su valoración en estas páginas mías), King es un verdadero escritor por varios motivos. Y el primero de todos ellos es que al contrario que muchos, él posee un universo propio (que tantos han tratado de emular con tan poca fortuna), y un profundo conocimiento de la literatura narrativa, de la que ha extraído sus mejores armas para escribir los mejores relatos y novelas de los que ha sido capaz.

En ese universo (no hablo del multiverso de King, en el que cada novela conecta con las otras por detalles o enlaces temáticos), King ha sido capaz de crear, gracias a lo prolífico que es y a su fértil imaginación, una forma casi única de escribir que le pertenece sólo a él, y que le ha hecho acreedor de un lugar privilegiado en el imaginario colectivo de los que sí han dado el paso de quitarse los prejuicios de encima y leer algunas de sus novelas. Puede no ser un escritor literario, pero es incontestable que si se leyera cualesquiera de sus novelas, unos pocos párrafos, sin saber qué se está leyendo, se podría reconocer con bastante facilidad que es una de sus ficciones. Porque King posee otra cosa que sólo pertenece a los grandes narradores y a todos los grandes escritores literarios: un gran oído musical.

Con ese oído ha sido capaz de erigirse como uno de los mejores dialoguistas de la actualidad, y no precisamente uno de los más reconocidos. Pero si prestamos un poco de atención, observaremos la increíble frescura y naturalidad de sus diálogos, con los que es capaz de conseguir atrapar al lector y hacerle creer aquello que está contando, olvidándose de que es una ficción, como muy pocos escritores de hoy en día. Y de su capacidad innata para escribir diálogos surge la que sin duda es una de sus grandes fortalezas como novelista: su gigantesco talento a la hora de crear personajes. Y no solamente personajes memorables desde un punto de vista estético e icónico (y de esos tiene docenas), sino que esos personajes, en la mayoría de sus libros, están vivos. Son personajes creíbles de arriba a abajo, a los que él dota de una vida y una verdad sólo al alcance de los grandes novelistas de todos los tiempos. Y esa, y no otra, aunque estoy seguro de que muchos no estarán de acuerdo conmigo, es la razón del enorme éxito de ventas de sus novelas.

Si la razón fuera su capacidad para escribir historias horripilantes, hay muchos otros que se le parecen, y que escriben historias tan terroríficas, o más, que las suyas. En su caso, es una afortunada mezcla de imaginación, ingenio, suspense y humanidad, que él ha sabido dosificar muy bien para golpear anímicamente al lector de la forma más perdurable posible. Y es por eso que el lector se identifica con los personajes de King de una forma poderosísima, hasta tal punto que llega a afectarle la historia que le están contando. El horror en sí mismo no le interesa a King casi nunca. Lo que le interesan son sus personajes, o por mejor decir las personas a las que él dota de vida en sus páginas. Cuando King escribe ‘El resplandor’ está más interesado en contarte la historia de esa familia desestructurada, que en los horrores de hotel Overlook, en los que estaba más interesado Kubrick.

Novelas, novelas cortas, libros de relatos, ensayos, guiones…

Sin embargo, como es bien sabido, aunque de la cantidad nace muchas veces la calidad, también deriva la irregularidad. No todos los trabajos, como es hasta lógico, de King, gozan de idéntica inspiración o solidez, y en algunos casos es palpable que King no se siente cómodo con aquello que está contando.

Personalmente considero que ‘Apocalipsis’, también titulada ‘The Stand’, es su obra maestra. No me he leído todas las novelas de King, porque tiene muchas y hay que leer más cosas, pero sí la mayoría de las más importantes, y dudo que este hombre tenga algo de este calibre escondido entre su producción. Ni siquiera la celebérrima ‘It’, con la que comparte similar número de páginas en edición de bolsillo (1.500, nada menos), se le acerca. ‘Apocalipsis’, que cuenta la casi extinción de la humanidad por un supervirus de la gripe, es de una rara perfección, en la que King nos narra la historia de docenas de personajes, a cada cual más interesante y verdadero, sin desfallecer jamás de intensidad, ingenio y riqueza expresiva. Es una novela colosal cuya lectura se hace fácil, y cuya trama es apasionante y de una hondura y humanidad difíciles de describir.

En comparación con ella, ‘It’, para muchos su gran obra, se me antoja una brillante historia con momentos extraordinarios, pero más tendente a la dispersión, y en la que King cae en cierta incontinencia verbal y profusión de detalles que el lector se pregunta si son realmente necesarios para contar la historia. La trama, eso sí, es una vez más apasionante y, esta vez sí, terrorífica, con el payaso Pennywise convertido en uno de los monstruos más icónicos y duraderos de la ficción narrativa de nuestro tiempo. ‘It’ es, sin duda, una gran novela, en la que el horror no tiene tanta importancia como las vidas y las personalidades de sus caracteres principales, de nuevo dotados de una vida y una verdad incontestables.

Otras grandes, y muy famosas, novelas de King, como ‘Misery’ o ‘El resplandor’, son sin duda excelentes narraciones, muy bien medidas y contadas por este gran escritor, así como ‘Cementerio de animales’, que no es una gran novela, pero cuyas últimas cincuenta páginas son verdaderamente aterradoras.

Pero creo que King tiene verdaderas joyas no demasiado conocidas, y que en las novelas menos extensas demuestra un talento y una gracia en el contar casi genética. Me refiero a novelas cortas como ‘El cuerpo’, que es absolutamente emocionante y maravillosa (y que dio lugar a la conocida película ‘Cuenta conmigo’, también de Rob Reiner). También otras como ‘Verano de corrupción’, o ‘El fugitivo’, o ‘Ojos de fuego’, que es realmente estupenda, o ‘La niebla’, llena de ingenio. Esas novelas, menos ambiciosas en lo temático y en su extensión, nos revelan sus verdaderas armas de narrador, lo que le gusta contar historias, espeluznantes o no, el casi inagotable caudal creativo de este hombre.

Otras novelas son mucho menos conseguidas o directamente muy cuestionables, como su querencia por contarnos relatos de máquinas que se vuelven malvadas (no en vano dirigió una única película, ‘Maximun Overdrive’, precisamente sobre este tema), que ha repetido en novelas como ‘Christine’ o ‘From a Buick 8’, y que rebajan la calidad de su obra. King ha intentado, con bastante éxito, desmarcarse del terror puro en estupendas novelas como ‘La chica que amaba a Tom Gordon’, en la que muestra su capacidad para la literatura de supervivencia, o la trilogía reciente sobre el detective Bill Hodges, con la que se adentra en el noir más clásico. Pero por ejemplo su primer volumen de la que el considera su Magnum Opus, ‘La torre oscura’, titulado ‘El pistolero’, es bastante mediocre y no consigue elaborar una mítica hasta que escribe su segundo volumen, ‘La llegada de los tres’, probablemente una de sus mejores novelas.

No he leído el resto de sus novelas de la saga ‘La Torre oscura’, aunque espero hacerlo dentro de no mucho tiempo. Por lo que sé, dentro de esta larga serie también hay títulos más conseguidos que otros. Pero de momento baste decir que ‘El pistolero’ es muy irregular, y que ‘La llegada de los tres’, el segundo volumen, es directamente sensacional.

Tampoco me convence en ‘La historia de Lisey’, una novela casi autobiográfica sin duda bien escrita, pero en la que da la sensación de no sentirse del todo cómodo. ‘Desesperación’ podría haber sido una gran novela, y aunque es larga parece desfalleciente, con temas repetitivos de sus novelas previos, con un suspense no del todo conseguido.

De su gigantesca producción cuentística se pueden destacar algunos cuentos excelentes, y otros más alimenticios. Es un buen escritor de relatos, algunos muy Poe, otros muy Lovecraft. Me gustan más los que están apegados a la realidad, los más fabuladores, como ‘El último peldaño de la escalera’, o ‘Corazones en la Atlántida’, que ‘Los chicos del maíz’, por ejemplo, mucho más convencional. Su estupendo libro en el que te explica sus técnicas de escritura, llamado precisamente ‘Mientras escribo’, es muy recomendable, aunque sin duda podía haber llegado más lejos en sus premisas.

En definitiva, para valorar a King, hay que leerle. Y si se leen sus novelas libres de prejuicios, tanto mejor. Dudo que a este hombre nadie le haya regalado nada. Su estatus lo ha logrado a base de trabajo duro, de un enorme interés por sus personajes, de una imaginación y un ingenio indiscutibles salvo por los más recalcitrantes, de una fiebre narrativa que lo ha llevado a construir una obra gigantesca en títulos. Tiene libros mejores y libros peores, como es inevitable. Pero sus grandes novelas perdurarán. Y él sabe que dentro de doscientos años, en el improbable caso de que la especie humana siga existiendo, su nombre, por suerte o por desgracia, será recordado.