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El cañón del revólver XXI

Andamos en medio de la disputa de ver quién es el mejor tenista de todos los tiempos, en base (claro está) a quién tiene más Grand Slams o más títulos en global en su carrera: si Roger Federer, Novak Djokovic o Rafael Nadal. Y la cosa está ajustada, aunque el suizo empieza a quedarse descolgado después de varios años desaparecido, y Nadal parece a punto de claudicar, a la espera de lo que suceda en el US Open y de cómo se desarrolle el año que viene, pero de momento Nadal gana la pelea con 22 GS, nada menos, y le sigue muy cerca el serbio con 21… A mí Nadal me caía bien cuando era un chavalín con greñas que les zurraba a los grandes a base de corazón, piernas y hambre. Ahora es un multimillonario que cena con el rey y pide que se vuelva a votar cuando sale el PSOE… Por otro lado, anda comparando a Djokovic, en su lucha contra las vacunas, nada menos que con Muhammad Ali, como si fuera la misma cosa negarse ir a la guerra de Vietnam y estar tres años sin poder competir. Ahora mismo es casi imposible que ningún deportista de élite te caiga bien, no solamente porque el dinero que ganan es obsceno, sino por sus simpatías políticas y sus caprichos de estrellita disparatada.

En medio de una crisis alimentaria galopante, andan los ucranianos minando el puerto de Odessa. Yo no sé qué le pasa por la cabeza a esta gente, pero están jugando a la ruleta rusa con el pan de cientos de millones de personas, en Europa y en África. Y a la OTAN se la suda. De hecho ha pedido a los países pobres que no compren el grano de Rusia. Es para troncharse de risa. ¡Seguro que los países pobres dicen amén jesús, vamos a comprar el grano de EEUU, mucho más caro! El descaro, la desvergüenza, la bajeza moral de los EEUU y de la OTAN, su desfachatez histórica criminal, es algo que ya excede cualquier calificativo. EEUU y sus aliados son, además de la mayor amenaza para la paz mundial, el mayor causante de hambre en el mundo. Y la gente todavía poniéndose de su lado. Es alucinante.

Sigamos con cosas maravillosas: en una ola de calor de las que hacen historia, el maravilloso alcalde de Madrid decide cerrar varios parques, entre ellos el más grande, el Retiro, porque hay peligro de desprendimiento de ramas y de árboles. Como cuando hay una nevada, vaya. Digo yo que si no podemos ir a refrescarnos a los parques más frondosos de Madrid cuando no se puede ni respirar por la calle, que den otra solución que no sea irse a un centro comercial a ver tiendas y a gastar dinero, o que retiren antes del verano los árboles viejos y moribundos, o que pongan muchos más árboles en Madrid, o que hagan un bono para que la gente pueda ponerse aire acondicionado en casa y pueda usarlo por poco dinero, o lo que sea, antes de obligar a la gente a achicharrarse a cuarenta grados con un viento que parece que has abierto la puerta del horno después de media hora precalentando a todo trapo.

Estoy un poco cansado de eso que los cristofascistas vienen llamando, desde hace décadas, LA RECONCILIACIÓN. Se refieren, claro, a la transición, a hacer las paces entre los dos bandos y a construir juntos una nueva sociedad y bla, bla, bla, aunque en realidad lo que quieren decir es que se respeten las amnistías, no se investigue el pasado, no haya ley de memoria histórica, y un largo etcétera. Pero a mí lo que me da especialmente por culo es la expresión. Reconciliación. Reconciliación de qué. ¿Con los fascistas, con los ultras que acabaron con las libertades en España, que impusieron una dictadura después de un golpe de estado, que asesinaron a decenas de miles de civiles para tirarlos en zanjas, tenemos que reconciliarnos? ¿Por qué? ¿A santo de qué? ¿Quién ha dicho tal cosa? Ellos, los fascistas, tienen que reconciliarse con su dios y con el juez que los mande a prisión, a los que torturaron y asesinaron, y a los que les defienden. Los rojos no tenemos que reconciliarnos con nadie.

Qué manía tienen algunos en tuiter de dejar tres o cuatro planos de una película, o una secuencia, y creer que con eso vale para establecer un argumento y para decidir que tal o cual título es nada menos que una obra maestra. Otros por lo menos plantean hilos más o menos elaborados. Pero la mayoría pasan de eso. Se creen que por ser un «tuit star» y saber algo de Cine, la gente va a aprender cosas, cuando suelen salir igual de ignorantes de sus tuits que cuando entraron. Me encantaría ver a tanto supuesto experto en Cine elaborar sus teorías en un texto largo, en un blog como este o en un libro, y entonces ya veríamos si tienen algo que aportar o bien dicen las mismas cosas que otros han repetido desde hace siete décadas. Me da más bien que va a ser lo segundo.

Último disparo de este revólver: no sé qué es más ridículo ni más absurdo, si ver al Papa Francisco con un penacho de plumas en plan nativo americano, o ver a tanta buena gente ayudando a refugiados ucranianos a quedarse en su casa. No veo a esa buena gente ayudando a los rusos que en el Donbas han sido masacrados desde 2014 por la artillería ucraniana, ni ayudando a los migrantes subsaharianos. Tampoco veo al Papa disfrazándose de drag queen para defender los derechos de algunos colectivos. La gente, sea poderosa o humilde, siempre ayudando a aquellos a los que queda bien ayudar. Todo para aparentar. Todo para salir en la foto y parecer mejor persona de lo que uno es. Recuerdo en estos casos las últimas palabras de Sean Penn en The Thin Red Line, que cierran la película:» todo es una mentira».

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El cañón del revólver (XX)

Cuando somos críos la palabra magia, y todo lo que significa, nos encanta. Cuando somos mayores y seguimos usándola, creo que deberíamos empezar a plantearnos cosas. Dice Bardem a sazón de la doble nominación al Óscar suya y de su mujer Penélope Cruz, que es «algo que me parece mágico». No es cuestión de meterme con Bardem, quien por otro lado está fabuloso en esa peliculita bastante mediocre (por decir algo suave) que es ‘Being the Ricardos’ (Aaron Sorkin, 2021), ni con nadie por el momento, pero la magia no tiene nada que ver con ser famoso, y estar casado con alguien famoso, además de ser buen actor, y que la academia decida nominarte en otro año de cine bastante poco estimulante. Tienen que ver otras cosas, y no creo que haga falta nombrarlas ahora.

Sigamos con la magia. Mucha gente alude a esa palabra cuando se refieren al cine o la literatura, o cuando se refieren a cosas que a ellos les hacen ilusión. Bueno, es respetable, pero seamos claros: todo eso de la magia como algo vibrante, lleno de colorines y que te hace sentir bien, es un invento anglosajón de nuevo cuño… porque ni siquiera Merlín el encantador o las fantasías de Tolkien, que no pueden ser más anglosajonas (ahora vendrá algún listillo diciéndome que el ciclo artúrico es de procedencia francesa, en realidad…), ni siquiera en esas tenemos una concepción de la magia tan a lo Disney y a lo Harry Potter como la que está de moda ahora, digna de niños de cinco años. Pero ahí están las fuentes, para acudir a ellas. En este mundo globalizado y con todos los clásicos gratuitos, no leerlos es más que un crimen, es un pecado.

Un poco de salseo tampoco está mal de vez en cuando: ¿qué hace una chica tan guapa y tan interesante como Zendaya (además de portentosa actriz) con un pan sin sal como el Tom Holland ese? Como no las he visto (ni pienso hacerlo) me entero ahora de que ella es MJ en las nuevas películas de Spider-Man. Debería haber interpretado a su tía May. Tom Holland es un actor con el que todo el mundo está encantado en su papel de Peter Parker. Yo no puedo imaginarme un Peter más inane. Zendaya está triunfando ahora mismo con la segunda temporada de esa serie imprescindible que es ‘Euphoria’, que desde luego no es apta para todos los paladares. La noche y el día.

Hacía tiempo que no escuchaba la expresión «ecoansiedad», que por cierto me sorprende que no lo sufra un gran porcentaje de la población, visto cómo está el panorama. La he leído a raíz del último vídeo de la insufrible Rosalía, quien se ha negado ya a hacer ningún tipo de música, buena o mala, y se dedica ahora a perpetrar engendros rítmicos y audiovisuales. En su último clip rodeada de motos y con ropa de lujo. Eso llevan haciéndolo décadas las superestrellas musicales, y me alegro de que por fin haya gente que lo deteste. Pero viendo a Rosalía hay algo más que me produce cierta ansiedad, y es esa búsqueda de sexualizar a las estrellas, y además inútilmente, con planos espantosos copiados de vídeos de Nicki Minaj. Realmente la ley de la pasta lo es todo, y la peña no tiene ningún problema en hacer el ridículo.

Ahora que estamos en esta extraña crisis ucraniana, totalmente creada por los intereses expansionistas de la OTAN (es decir de Estados Unidos), a los «expertos» en pandemias y a los «expertos» en volcanes les han sustituido los expertos en geopolítica. Yo dudo mucho que haya una guerra, pero en caso de haberla, no me cabe duda de que a este lado del mundo los americanitos quedarán como los buenos aunque están invadiendo muy poco sutilmente el este de Europa, y los rusos quedarán como los malos, aunque quieran poner bases militares a sus puertas e incluso bases nucleares a tiro de piedra de Moscú. Ya hace tiempo que estoy convencido de que la gente ve lo que quiere ver, producto en su mayor parte de haber leído la literatura y haber visto el cine equivocados.

Último disparo: se ha estrenado ‘Moonfall’, la última fantasía apocalíptica de Emmerich que cuenta con Halle Berry (ya quisieran muchas de treinta estar como ella a los 56…) como científica capaz de salvar a la Tierra de la caída de nuestro satélite contra ella… Me dan ganas de verla solamente para que me cuenten cómo coño vamos a salvarnos sin la luna, por mucho que les hayan asesorado (según aseguran por tierra, mar y aire) una pléyade de científicos. Igual está curiosa y todo, porque está pasando sin pena ni gloria, y en estos días extraños tal cosa suele ser garantía de interés. Esta no tenía opciones de ser nominada al Óscar, como sí lo ha sido esa nadería inflada de ‘Don’t Look Up’. Pero para qué andarnos con rodeos: estrenan lo nuevo de Paul Thomas Anderson, y eso sí que es una alegría.

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El cañón del revólver (XIX)

Siempre he odiado a los matones. Y hay muchos tipos de matones, no solamente los que te dan de hostias con la mano abierta. También están los abusones que hacen lo que les da la gana sin importar pisar a quien sea, y a menudo por los más nobles motivos. Y de todos ellos, los que más odio son los privilegiados, los que por fortuna tienen mucho más dinero, o mucho más poder que los demás. El caso Novak Djokovic me ha asqueado. Un tipo que es un genio jugando al tenis, nadie lo duda. Pero que cree, por lo visto, que puede hacer lo que quiera donde quiera por el mero hecho de ser famoso y multimillonario. Y va a ser que no. Ahora parece que las autoridades australianas le han retirado el visado de nuevo, después de que un juez le dejara entrar al país. Por mucho que le joda al Novak, las reglas son para todos, y si te apetece no vacunarte te quedas en tu casa, porque no eres libre de ir contagiando a los demás, por mucho que tu mujer diga que «lo más importante es el amor». Lo más importante es el sentido común.

Los privilegiados es lo que tiene, que se creen especiales. Y los que se sienten privilegiados, sin serlo, también se creen especiales. Estos, con el privilegio que les dan los demás. Acaban de decir los gerifaltes de la conferencia episcopal que se niegan a crear una comisión que investigue los delitos sexuales contra menores de edad perpetrados por sus sacerdotes. Y se han quedado tan anchos. Estos tipos no pierden todos los privilegios que les conceden sus creyentes por algún misterio que tiene que ver con un irracionalismo patológico, ni siquiera cuando se descubre que un cura ha violado a no sé cuantos niños, y en lugar de entregarle a las autoridades le cambian de diócesis… con dos ovarios, sí señor. A estas alturas, descubriéndose cientos o miles de casos en Francia, se sospecha que en cualquier momento pueden destaparse miles de casos aquí en España ocultados por esta banda de corruptos y miserables. ¿Y qué les va a pasar? Nada. Es palabra de Dios.

Seguimos con la resaca de las declaraciones de Garzón en The Guardian. Yo creo que la izquierda, siempre con ganas de hacer cosas honestas, se equivoca a la hora de lanzar ciertos mensajes, y los fascios rapiñan todo lo que pueden. Han leído la entrevista (a medias…) y se han frotado las manos, porque The Guardian ha resaltado sólo los titulares más negativos, y no todo lo que este hombre defiende… que es lo mismo que defienden muchos países europeos y la justicia europea: que las macrogranjas son un crimen contra el medio ambiente, que es un modelo de ganadería que no se sostiene y que crea pobreza para muchos y riqueza para unos pocos, y que los animales que hacinan allí viven en condiciones espeluznantes. Pero eso, que sería de puro sentido común (de nuevo el sentido común) en cualquier cabeza, resulta que los fascios han conseguido que parezca una idea horrible. La izquierda, intentando hacer las cosas bien, se olvida de que se juega los cuartos con unos navajeros profesionales.

Tanta noticia absurda amenaza con fundirle a uno las neuronas. Entre toda la inabarcable morralla de noticias absurdas, mis preferidas son las que se dedican a una actriz supuestamente «caída en desgracia», como el artículo que leí hace unos días sobre Meg Ryan. Al parecer, la «novia de américa» (tanto cliché me provoca náuseas irreprimibles), cavó su propia tumba al protagonizar ‘In the Cut’, el filme de Jane Campion de 2003, porque contenía escenas subidas de tono y cosas por el estilo. Pero este año la Campion suena fuerte para alzarse con el Oscar por ‘The Power of the Dog’ (a ver si la veo de una vez…). En realidad, Meg Ryan ha visto declinar su carrera primero porque es mujer, y los buenos personajes femeninos escasean, y segundo porque el paso del tiempo marca las pautas de un mundo tan machista como el cine estadounidense: ya no es una hermosa muchacha de veinte años, sino una mujer madura. Esa es la razón. Achacar el ocaso de su carrera a un filme en el que además está magnífica, quizá el mejor papel de su carrera, es no entender nada de nada. Pero las secciones culturales de los periódicos, de cualquiera, son ya un verdadero chiste.

Vista la primera temporada de ‘Stranger Things’, que además dicen que es la mejor de todas, me reafirmo: NETFLIX es un globo hinchado. Y vista la primera temporada de ‘Peaky Blinder’s’ que está bastante bien sin llegar a arrollar, sigo reafirmándome: NETFLIX tiene todavía mucho que hacer para llegar a tener un repertorio decente. Lo que sí hacen, porque tienen mucho dinero, es convencer a grandes directores como Scorsese, Fincher, Cuarón y otros para que hagan con ellos sus películas, y así quizá llevarse el Oscar a mejor película, algo que están empezando a hacer otras cadenas como Amazon. Pero vista ‘Being the Ricardo’s’ me reafirmo: es muy difícil ser HBO. No es una mala película en absoluto y Bardem está realmente bien, pero es un telefilme que demuestra una vez más que Aaron Sorkin es mucho mejor guionista que director.

Último disparo: ahora que estamos en enero, me doy cuenta de que a finales del mes pasado leí unos cuantos artículos sobre los mejores libros de 2021. Ya no me acuerdo de ningún título. Un año más se confirma la imparable decadencia de la literatura. Al menos la literatura generalista, la que llega a las grandes librerías y se vende como rosquillas. Háganme caso: el siglo XXI va a ser el del gran desierto literario, aún peor que el XVIII. Quizá de esas cenizas emerja algo nuevo, autores que sean capaces de renovar formas, de volver a las esencias y de revolucionar la literatura, pero por el momento toca vagar por ese desierto, mientras la gente sigue entonteciéndose leyendo a gente como Arturo Pérez-Reverte, Juan Gómez-Jurado, Rosa Montero, Elvira Lindo, Ildefonso Falcones y gente así, que no escriben literatura ni se plantean hacerlo nunca, sino películas noveladas, cuentos trepidantes, llenos de datos históricos, diálogos absurdos, personajes inverosímiles y tramas estúpidas, que les hacen creer que son muy listos y muy buenos escritores, y con los lectores se creen muy listos y muy buenos lectores, pero que les hace igual de estúpidos que esas novelas que convierten a sus autores en multimillonarios.

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El cañón del revólver (XVIII) – Edición especial: Guillermo Arriaga y la falta de coraje

*En esta ocasión me voy a permitir el lujo de no dedicar mi acostumbrado CAÑÓN DEL REVÓLVER a seis temas (los seis tiros del tambor, los seis párrafos habituales) diferentes, sino tan solo a un tema, a una sola persona: el guionista y novelista Guillermo Arriaga.

Y lo voy a hacer así porque hace pocos días El País le dedicó una entrevista no demasiado extensa a este guionista, director y novelista mexicano, debido a no se sabe muy bien qué, en la que dice más o menos lo de siempre: que él es el tipo más duro y más salvaje que nos podamos imaginar (algo así como el Pérez-Reverte del otro lado del Atlántico…), que como escritor proviene de Herodoto, Dostoyevski y Faulkner, que le gusta mucho asesinar animales con su arco (eso que algunos llaman cazar), y que González-Iñárritu no se portó bien con él. Más o menos lo de siempre. La cosa no tendría mayor trascendencia, ni yo probablemente me habría arrancado a escribir sobre él, si este hombre no hubiera colgado la entrevista en su twitter para, unas pocas horas más tarde, quitar ese link y declarar que se habían tergiversado sus palabras, que Alejandro González-Iñárritu es un director de un talento extraordinario, y que él no quería decir muchas cosas que allí salen, ni mucho menos lo que ha quedado como el titular de la entrevista: «Iñárritu me robó mi mundo». Y es que parece que algunos son muy valientes para salir al monte a cargarse a animales inocentes pero muy poco para sostener sus palabras cuando ve que le pueden perjudicar de alguna manera.

Arriaga demostró ser un gran guionista con las tres películas que escribió para Iñárritu (‘Amores perros’, ’21 Gramos’ y ‘Babel’) y con la que dirigió Tommy Lee Jones (‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’). Eso es inapelable. Luego le llegaron los picores del divismo y decidió que nadie dirigiría sus guiones, de modo que debutó en la dirección con la bastante insustancial ‘The Burning Plain’, que pasó sin pena ni gloria. «Divorciado» de Iñárritu, declaró que el verdadero autor de una película es el guionista, y tal como dice en esa entrevista, en su opinión tenían que haber firmado los dos, como creadores, sus tres proyectos, «como hacen los hermanos Coen» (aunque los Coen dirigen, firman y producen al alimón sus ficciones…). Al hombre no le gustaba estar a la sombra de Iñárritu, y no pocas veces ha declarado que escribe sus guiones como si fueran novelas. Pues no son novelas, amigo Arriaga. Un guion y una novela no se parecen en nada, y el verdadero autor es el director, pues de un mismo guion diez directores harán diez películas completamente distintas. Parece que una realidad tan jodida no ha querido entenderla y así le ha pasado cuando ha decidido ponerse a dirigir.

Además de esto, ha escrito novelas y relatos. Para algunos se trata de un gran novelista y escritor de relatos, siempre con historias duras y truculentas, y con personajes marginales, rudos y violentos. En su justificación tuitera dice que él está muy orgulloso de su premio Alfaguara y que no envidia para nada a Iñárritu. En realidad, todos sabemos (él también, pero no puede decirlo), que todos estos premios millonarios están amañados. ¿Alguien puede creerse que de 400 o 500 escritores que envían anónimamente su novela a ese concurso, van a elegir precisamente la pieza de un guionista consagrado y de un escritor tan conocido como él? Yo concursé en ese premio cierta vez (sin ninguna esperanza de conseguirlo, tan solo como curiosidad) con una de mis novelas, y la ganó una que no voy a nombrar y que era muy inferior en todo a la mía. Claro, Arriaga creerá que ganó porque como escritor se siente que está cazando y porque se siente incluso un heredero de Faulkner. Pero yo he leído su novela premiada, ‘Salvar el fuego’, y sin ser deleznable, no posee ningún rasgo notable. Es plana, auto indulgente, repetitiva, costumbrista y con una violencia que no te crees. En suma, Arriaga es un buen guionista y un novelista como mucho mediocre, por mucho que se sienta imbuido de un espíritu cazador.

Y de ese lado cazador suyo quiero hablar, ante todo. Porque este hombre no hay entrevista que no hable de que le gusta mucho salir a cazar animales unas cuantas veces por año (de igual manera que el Pérez-Reverte gusta de decir, en TODAS sus entrevistas, que él fue reportero de guerra). Y no sólo da la vara con eso de cazar, sino que insiste en que él siente amor por los animales, uno mucho mayor que el que tiene animales en casa. Claro, porque asesinar a un ciervo que vive en la naturaleza es un acto de verdadero amor, no como cuidarlo en tu casa a salvo de cualquier depredación de la vida. En su inmensa magnanimidad, además, caza siempre con arco, no con escopeta, para sentirse todavía más macho. Un detalle con el bicho, aunque estoy seguro de que un tiro bien disparado ahorra a la presa mucho sufrimiento, puestos a cazar, mientras que un flechazo tiene que ser muy bueno (Arriaga confiesa no tener buena puntería, además) para matar al animal, que seguro que está encantado de que se le hinque en la carne una punta de flecha. Seguro que siente mucho amor y respeto. Arriaga seguro que no entiende que eso de cazar es de señoritos y de psicópatas, porque además no tiene el menor rubor en admitir que él también se hace fotos con ellos. Pero no para presumir, ¿eh?, si no por respeto al animal. Bravo.

Para ir acabando, lejos estoy yo de querer defender a El País, un periódico que antaño fue de los mejores de Europa y que ahora da bastante pena. Pero la estrategia de Arriaga de querer escurrir el bulto y echar la culpa al periodista y a sus jefes es bastante burda. ¿Saben por qué? Porque lleva diciendo lo mismo veinte años. Todo ese lloriqueo poco varonil de que Iñárritu no le dejó firmar sus películas como autor, de que se siente traicionado, de que entregó sus mejores guiones a cambio de ser solamente el guionista, lo ha repetido hasta la náusea. ¿Acaso todas esas veces que la prensa ha publicado sus palabras ha sido tergiversado? Yo no lo creo. Claro, lo dice en Twitter y todos sus corifeos, de esos que a cualquiera llaman maestro, le dan la razón, echan pestes de El País, y aquí paz y después gloria. Pero lo dice porque el titular ha sido: «Iñárritu me robó mi mundo». Si dices eso, amigo Iñárritu, no hay nada que tergiversar, y me parece lógico que lo pongan de cabecera. No es lo único que dices. También dices que la idea de ‘El renacido’ fue tuya, y que Iñárritu no tiene nada que ver con todo eso, pues él es un «tipo de ciudad» (todo esto lo han borrado de la entrevista, por cierto, pero estaba ahí). Y por supuesto insistes (esto no lo han borrado por suerte) en que no has visto ni te interesan las posteriores películas de Iñárritu, pero en twitter dices que es un director extraordinario, uno de los mejores del mundo. A eso, en España, le llaman «verse el plumero».

Como último disparo hay que decir que a diferencia de Pérez-Reverte, con el que podría competir Arriaga en eso de hacerse el más macho en cada entrevista, él puede presumir de haber firmado un puñadito de guiones realmente buenos. Pero el guion no es la película. El guionista firma el guion, no la película final. Y bueno, diría que lo cortés no quita lo valiente, aunque aquí de valiente hay poco. No me sorprende que alguien que va por ahí matando animales con su arco en pleno siglo XXI se dedique a decir una cosa en una entrevista por vez número mil, y luego diga lo contrario en su cuenta de Twitter. A eso en España lo llamamos, irónicamente, «tener mucho coraje». Pero precisamente por eso, por la falta de coraje. Dice Arriaga que su intención era dirigir esas tres películas (‘Amores perros’, ’21 gramos’, ‘Babel’). Afortunadamente no fue así, a la vista de sus resultados en ‘The Burning Plain’. Puede darse con un canto en los dientes de que un talento como Iñárritu puso en imágenes sus libretos. Pero en solitario Iñárritu ha seguido trabajando con gran éxito, y no hemos vuelto a ver ningún guion de Arriaga en más de diez años… Seguro que es porque a este cazador le robaron su mundo…

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El cañón del revólver (XVII)

Todavía algunos se sorprenden de que Pablo Casado acuda a una misa en honor al generalísimo y a Primo de Rivera. Lo sorprendente no es eso, tampoco que algunos voten o quieran votar al político más inepto e irrelevante de la historia de España. Para mí, lo realmente sorprendente es que algunos no se enteren o no quieran enterarse de quienes son los del PP (y por extensión los de Ciudadanos y Vox, que son PP2 y PP3, versión light y versión ultra respectivamente). Pareciera que haya que hacerles un dibujo. Son partidos franquistas y fa5ci5ta5, pura y simplemente, y si no salen del armario es como tantos otros políticos que son racistas, u homófobos, o supremacistas: porque no pueden. De momento.

Se nos viene encima una crisis energética sin precedentes. Ya tardaba en llegar. Que lo haya hecho justo después de la crisis epidemiológica del Covid retrata a las sociedades industrializadas casi como ninguna otra cosa. Ahora resulta que no hay luz ni gas para todos. Es mentira. Es otra mentira más que nos tenemos que tragar, y que desde luego no podemos aceptar. En este inmenso y sádico juego de ajedrez que es la geopolítica mundial algunos quieren jugar a los dados y a la ruleta rusa al mismo tiempo. Empiezo a pensar que el siglo XXI será el siglo definitivo: o conseguimos hacer entre todos un mundo más justo, o nos vamos todos al carajo de una puñetera vez.

Tengo que escribir más a fondo sobre esto, pero empiezo a estar aburrido de todo eso de la inclusividad en las películas o en las series, que hace el ridículo todavía con mayor fuerza que esa escena final de las chicas apoyándose unas a otras en el final de la bochornosa ‘Endgame’. Tenemos a una Ana Bolena negra, y tenemos a un hada madrina gay y negro en la nueva versión de ‘La cenicienta’, todo esto para dar más visibilidad al colectivo negro de Estados Unidos. Los negros deberían rechazar esto de manera rotunda. No hay que meter negros en historias con calzador, sino simplemente contar historias de negros. Tan fácil como eso. No creo que se pueda hacer de otra forma…

Viendo la magnífica ‘Succession’ (ya vamos por la tercera temporada) me reafirmo: Estados Unidos es un circo. Demasiado poder, demasiado dinero, demasiados intereses, corruptelas, hipocresías, alianzas nefastas, concupiscencia entre medios de comunicación y políticos… No es la mejor serie de HBO (aunque desde luego pretende serlo), pero pasma que esta cadena haya hecho quizá la radiografía más feroz sobre el poder de los medios, sobre la sordidez que personifican en un mundo cada vez más hipertrofiado, más desquiciado, en una sociedad tan feroz y depredadora como la estadounidense. Y son precisamente los de HBO (la Arcadia televisiva para muchos) los que tienen que conocer al dedillo cómo funcionan estos deplorables tejemanejes corporativos.

Yo creo que muchos ya estamos hartos de esos anuncios buenrollistas que promocionan cerveza, o coches, o lo que sea, y que dan una imagen de felicidad y de vidas perfectas, y de amor y de unicornios y arcoiris. Anuncios que ahora, «en plena época navideña», se multiplican por tierra, mar y aire. Pero me consta que la gente (no toda, pero cada vez más) no tolera que le mientan a la cara y le cuenten historietas. La gente, paradójicamente, quiere que incluso los anuncios sean honestos, o por lo menos que no cuenten mentiras tan descaradas. Es un comienzo.

Último disparo de este revólver: resulta que algunos científicos están hablando en serio sobre una futura terraformación de Marte, como ocurría en la por otra parte bastante floja ‘Total Recall’ (Verhoeven, 1990). Lo explica de manera inmejorable Jose Manuel Nieves en este artículo. Sería alucinante que tal cosa pudiera ser una realidad en un futuro, pero teniendo en cuenta que Marte es tan pequeño y está tan cerca de la Tierra, no es difícil imaginar otra roca esférica y azul girando alrededor del sol, como una hermana pequeña a la Tierra, también superpoblada de seres humanos, con los mismos problemas y las mismas injusticias que en este planeta, pero además sin fauna autóctona, casi un experimento sociológico en el que poder ver, desde fuera, que en muchos sentidos el ser humano no es más que un virus, y que nuestra existencia no añade más que caos al universo.

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El cañón del revólver (XVI)

Está teniendo lugar la Cumbre de Glasgow, a la que han asistido ciento veinte líderes mundiales, para hablar del Cambio Climático y para negociar cómo combatirlo, cómo reducirlo o simplemente cómo hacer el ridículo más absoluto una cita más. El secretario de organización de la ONU, António Guterres, ha declarado literalmente que la humanidad se está cavando su propio tumba, y que esto de revisar los recortes debería ser no cada cinco años sino cada año. Pero como era de esperar, los líderes mundiales, con India y China a la cabeza, no están dispuestos a hacer lo que se ha de hacer, y han propuesto planes muy vagos y podría decirse que catastróficos. Pero, ¿alguien esperaba otra cosa? En un planeta cada vez más pequeñito y más golpeado por la actividad humana, con el segundero cada vez más cerca en el Reloj del Apocalipsis de los científicos, los gobernantes del mundo entero no pueden estar a la altura. Nos creemos que vivimos en un mundo eterno, inalterable, y que otros lidiarán con el problema, no nosotros. Pero estamos todos metidos en el mismo problema, que nos va a estallar en las narices más pronto que tarde.

He estado echando un vistazo al documental sobre Franco que ha puesto a disposición de sus espectadores la cadena Netflix, y he de decir que no entiendo absolutamente nada. Por una parte es un documental alemán que, como su título bien indica, nos va a contar ‘La dura verdad sobre la dictadura de Franco’, y me parece muy bien que se haga, aunque me pregunto por qué algo como esto no se ha hecho en España, por ejemplo. Pero lo que más choca, viéndolo, es la poca gente española que habla en él. De hecho, hasta bien avanzado el primer capítulo no aparece algún historiador español, son todo alemanes o británicos hablando sobre el pasado de este país. No tiene ni puto sentido. Es como si yo hago un documental sobre la Alemania del Telón de Acero y no sale ni un solo historiador, político o intelectual alemán dando su punto de vista. Y para rematar es un documental no doblado al español, en una industria en la que, por alguna razón, TODO se dobla al español, hasta las películas porno. Que alguien me lo explique, por favor. Por lo demás, no hay nada especialmente relevante que nos enseñe este documental a los que algo de historia sabemos. Está hecho para aquellos para los que Franco es una figura totalmente desconocida… y es posible que lo sea, en muchos sentidos…

Ha dicho la presidenta de esta desgraciada comunidad en la que vivo, Isabel Díaz Ayuso, que este es el gobierno más autoritario desde la dictadura, refiriéndose al de Sánchez, claro. Yo me pregunto cómo es posible que personas que no llegan a mil euros de sueldo al mes, que han visto a sus ancianos relegados de los cuidados hospitalarios en plena pandemia, que tienen que aguantar listas de espera de meses para una afección corriente, que tuvieron que vacunarse en el Zendal viviendo en Vallecas, pueden votar a esta mujer… pero en realidad no es cuestión de preguntárselo, es cuestión de lamentar tener unos conciudadanos capaces de votar a políticos miserables como ella, políticos que tampoco son los que ostentan el verdadero poder, porque se trata de marionetas dirigidas por los bancos, los grupos de sanidad privada, los verdaderos artífices de que el mundo sea lo que es: una cloaca en mitad del espacio, como diría Rust Cohle en ‘True Detective’, en la que verdaderos discapacitados mentales se permiten hablar sobre libertad, o zanjar cuestiones artísticas, o hablar sobre las necesidades de la ciudadanía, cuando son ellos los primeros que deberían callarse y dejar que su puesto lo ocupasen otros.

Tenemos nueva película de Ridley Scott, la número veintisiete nada menos (ya me gustaría que algunos verdaderos grandes directores hubieran tenido una carrera tan prolífica…), intitulada ‘El último duelo’ (‘The Last Duel’) y que se está anunciando en la tele a bombo y platillo como el «acontecimiento cinematográfico del año». Seguro que lo es para sus seguidores (que no son pocos) y para los más despistados, pero no para otros (que somos bastantes más). Ya he demostrado en estas páginas mías, y en otras muchas, que este señor es un bluff total… eso sí, un genio a la hora de crear atmósferas y un tío muy listo en lo que tiene que ver con el autobombo. Ya dijo que su ‘Robin Hood’ iba a ser memorable (memorable fue lo insustancial de su trayectoria comercial y de su impacto en la crítica), y me acuerdo aquello de que «no existe en la actualidad un filme como ‘Gladiator'». A sus 83 años empezó su carrera con un filme llamado precisamente ‘The Duellists’, pero no va a ser un círculo perfecto con el que cerrar (de una vez), su inflada carrera, porque tiene otra en camino con la que intentar, por enésima vez, conseguir ese Óscar a mejor director que tantas veces le han negado y que según sus incondicionales se merece desde hace tanto tiempo. Bueno, si le dieron ese premio a Guillermo del Toro, a Damien Chazelle, a Michele Hazanavicius, a Tom Hooper, a Danny Boyle, a Peter Jackson o a Ron Howard, bien se lo merece él, pues juega en su misma liga.

Yo creo que la gente ya ha desarrollado una sordera selectiva, que se parece mucho a una neurosis, o incluso a una esquizofrenia de libro. Resulta que han prohibido anuncios de dulces en horario infantil para combatir la obesidad de los niños, y ya están muchos diciendo que se van a prohibir los dulces. Esto es como cuando se aprueba una ley de eutanasia y se comenta que van a empezar a matar a ancianos, o cuando se aprueba una ley del aborto y se dice que van a abortar a todas horas las niñas de quince años… A algunas personas no es que les guste exagerar, es que les gusta mentir. Retorcer y manipular en tu beneficio la realidad es mentir, porque consiste en ocultar la verdad. Y nadie retuerce ni manipula la realidad con tanta saña y tanta mala baba como los fascistas.

Último disparo de este revólver: parece que Zuckerberg está on fire con su nuevo juguetito, que se va a llamar Meta, en sustitución de Facebook, aunque esa red social y otras subsidiarias seguirán estando disponibles.. un universo virtual, un meta universo que dicen es el futuro de las interacciones digitales.. A mí esto sí que me da repelús, sobre todo viniendo de un tipo que hace poco tuvo que dar explicaciones en el senado por las turbias prácticas de su multimillonaria empresa, de las que seguro sabemos un 1%. Me parece una estupidez ponerse a crear mundos virtuales tipo ‘Ready Player One’ cuando tenemos este mundo listo para irse a tomar por saco, pero oye, muchos acabarán cayendo en sus redes (worst joke ever…) y haciendo aún más millonarios a los millonarios que ya están chapados en platino y meando diamantes en sus mansiones de oro, y olvidando un poco más la cruda, la terrible realidad, que es lo único que tenemos, por muy cruda y jodida que sea. Así de sencillo.

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El cañón del revólver (XV)

Inmersos como estamos en las festividades del Día de la Hispanidad, vuelvo a pensar lo que tantas veces he pensado: que celebrar este evento con un desfile militar es una equivocación gigantesca. Ahora que tantas voces están dispuestas a volver a dar alas a la Leyenda Negra española, y que tantos países y organizaciones piden que España pida perdón por actos cometidos hace más de quinientos años (lo que me parece algo también del todo absurdo…), que se insista desde aquí en celebrar el 12 de octubre con el desfile que el ejército debería reservar para el 30 de mayo, verdadero día de las fuerzas armadas, es para hacérselo mirar. Esto es herencia del más rancio franquismo y del más esperpéntico ultraderechismo que existe en toda Europa. No es el Día de la Hispanidad, en el que se podrían establecer nuevos puentes culturales entre las naciones que hablan español en todo el mundo, con eventos culturales, literarios, sociales… es el Día de la Ultraderecha, con media España atenta a lo que hagan Felipe VI y los políticos de uno y otro signo, con una exaltación a la figura del rey y a la existencia de un ejército entre los más corruptos del mundo. Parece claro que las cosas podrían y deberían hacerse de otra manera.

Nos encontramos en el setecientos aniversario (como bien sabe mi buen amigo Javier Gallego) de la muerte del que para muchos especialistas es el poeta supremo, el florentino Dante Alighieri, autor de la monumental ‘La divina comedia’ y de otras obras excelsas como ‘Vita Nuova’ (que me estoy leyendo ahora), y no sé yo si una efeméride tan importante cala bien entre los lectores asiduos, ni siquiera entre los amantes de la literatura, pues me temo que a muchos ya Dante les parece demasiado lejano, y cabe preguntarse si dentro de doscientos o trecientos años, si es que llegamos, seguirá prestándole algo de atención, por lo menos desde el ámbito académico, a gente como Dante, Cervantes y compañía (compañía en la que no figura, lo siento amigos británicos, el sobrevaloradísimo William Shakespeare), y quienes de los grandes del siglo XX serán por entonces venerados. Del siglo XXI me temo que pocos o ninguno, porque por el momento no surgen grandes figuras capaces de rivalizar con las de la pasada centuria, no digamos con los grandes poetas o novelistas clásicos.

Parece ser que en El País siguen situando las crónicas de las corridas de toros en la zona de cultura, al lado de las artes. Y eso a pesar de que la popularidad de estos eventos no es, ni mucho menos, la de antaño. Uno de los argumentos más recurrentes de estos sádicos salidos de Atapuerca es que esto de los toros es cultura, y arte, y tradición, y supongo que por eso alguien, hace muchas décadas, decidió incluirlo en la sección de cultura de los grandes periódicos. Uno se pregunta, inevitablemente, qué clase de tarados acuden a un espectáculo en el que se tortura a un animal hasta la muerte, apuñalándole, haciéndole escupir sangre y finalmente clavándole una espada en el corazón. Algunos nos preguntamos hasta cuándo continuará esto, si a finales del siglo XXI, en los que yo dudo seguir vivo, seguirán torturándose animales por diversión, o seguirán criándose animales para las pieles de los ricachones, o cosas por el estilo. Y como me imagino la respuesta dan ganas de apagar la luz y mandar todo al cuerno.

El otro día la antigua superestrella de la radio Jose María García, nada sospechoso de izquierdismos, dijo algo así como que escuchas hablar a Isabel Díaz Ayuso durante quince minutos y ya te das cuenta de que la pobre no está a la altura ni para gestionar un patio de vecinos. Yo no sería tan generoso. Con quince segundos escuchándola en algún mitin, mientras lee el papelito que le han dado sus asesores, me es suficiente. Hay mucha gente, me parece, que está en puestos de trabajo, incluso de gran responsabilidad, que está clarísimo que no debería estar ahí. La mayoría. Y hay otra mucha gente que mereciera mejor suerte y no hay manera, no le dan absolutamente nada que merezca la pena. Así funciona este extraño mundo, en el que community managers de perros terminan de presidentas de la comunidad, periodistas de tercera categoría se sienten capaces de mirarle de tú a tú a Cervantes, y listillos de los que tienen mucha astucia o mucho morro terminan dirigiendo películas y ganando mucho dinero mientras verdaderos artistas se mueren de hambre. Y luego hablan del esfuerzo, de la fuerza de voluntad y de perseguir tus sueños. Palabras que se lleva el viento.

Ahora que la Covid nos da un respiro (aparente) y no es obligatorio llevar la mascarilla por la calle (aunque yo diría que es muy recomendable), y han abierto terrazas y discotecas, Madrid ha vuelto a la jodida normalidad: atascos insufribles, el metro hasta la bandera a cualquier hora del día, macro-botellones, el centro hasta la bandera de gente hasta las tantas. La gente está como loca por salir, beber y ser parte de la masa devoradora de ocio, y algunos que ya no estamos acostumbrados a este gentío, después de tantos meses de pandemia, lo lamentamos profundamente. Estamos superpoblados, supernecesitados, superdependientes de encontrarnos con grandes cantidades de personas para sentirnos mejor, compartir nuestras miserias (y nuestros virus), y contribuir al caos de las ciudades, y esto después de casi 100.000 muertes y numerosos enfermos que todavía no se han recuperado. No hemos aprendido absolutamente nada de este virus.

Último disparo de este revólver, que además tiene que ver con lo que acabo de escribir: la gente en Madrid ha elegido pasárselo bien por encima de la sanidad y la educación. Es decir al PP y a la ultraderechista Isabel Díaz Ayuso (que no milita en VOX porque le daría menos oportunidades de alcanzar puestos de poder), y a sus ideas de que la libertad consiste en emborracharte, no poder alquilar un piso decente, no tener médicos por la tarde, y que no haya profesores ni psicólogos para todos. Perfecto. Que esto lo vote gente de dinero es lo normal (aunque no defendible), pero que lo voten curritos que no llegan a fin de mes es directamente grotesco. Me acuerdo de ‘It’s a Wonderful Life’ de Capra, en la que Bedford Falls se ha convertido en Pottersville, y en lugar de ser una ciudad decente se ha convertido en un paraíso para los especuladores, los banqueros y la gente sin escrúpulos. Eso es Madrid: ha dejado de ser Bedford Falls y ya es Pottersville. Y esto sólo es el principio.

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El cañón del revólver (XIV)

La colonización cultural estadounidense llega a niveles, a veces, muchas veces, insoportables, nauseabundos. El otro día, leyendo algún periódico (no quiero ni acordarme de cuál) hablaban sobre Roger Ebert y Gene Siskel, me parece que sobre un libro, o un documental sobre ellos, o algo así, argumentando que se trataba de los dos críticos cinematográficos más importantes del mundo. Eso… ¿quién lo ha dicho eso? ¿Ellos? ¿Los estadounidenses? ¿Los mismos Ebert y Siskel antes de palmar? Con eso sucede como con Harold Bloom, «el crítico literario más importante del mundo»…. ¿para quién? Para él, digo yo. Los estadounidenses, que se llaman a sí mismos «americanos», que tienen sus ligas de baseball a las que ellos llaman las «ligas mundiales», no tienen ningún reparo, como buenos anglosajones que son, en ir pisando fuerte, en decirle al mundo occidental que ellos son los mejores. Y nosotros, sin el menor atisbo de espíritu, se lo concedemos. Pues bien: la crítica cinematográfica y literaria de ese país se encuentra entre la más deleznable, la más obtusa y nefasta que yo he leído y escuchado. Por no comprender, no comprenden ni su propio cine ni su propia literatura, que ya tiene delito.

Ahora que el volcán Cumbre Vieja de La Palma ha despertado y ha empezado a escupir lava y ceniza en cantidades preocupantes, siento la irrefrenable tentación de repetir el mantra de que solamente al ser humano se le ocurre construir una ciudad a las faldas o en la cercanía de un volcán que tarde o temprano despertará… pero no lo voy a hacer (en realidad, ya lo he hecho…). Lo que una vez más demuestra esta catástrofe, es que somos la última mierda en comparación con la Tierra, y que ni siquiera darnos cuenta de eso, palparlo, percibirlo en nuestras carnes, nos hace un poco más humildes, sino todavía más soberbios, como si fuéramos capaces de comprenderlo y controlarlo, como si todo esto nos proporcionara herramientas para enfrentar futuras catástrofes, en lugar de demostrarnos de una santa vez que no tenemos control de las fuerzas de la naturaleza, y que si un pequeño volcán escupiendo lava nos pone contra las cuerdas, no podemos ni imaginar lo que podemos experimentar si de verdad este planeta se vuelve hostil con sus criaturas.

Se estrena nueva película de Clint Eastwood y se publica nuevo libro de Arturo Pérez-Reverte. A veces uno se siente en una especie de bucle infinito, o en un déjà vu constante. Desde luego, Eastwood vale como director bastante más que Pérez-Reverte como novelista, pero cabe preguntarse por qué a veces los menos interesantes o los más repetitivos son los que más publican o más dirigen, y por qué siguen haciéndolo a ciertas alturas de la vida. Me pregunto si Pérez-Reverte seguirá publicando con 90 tacos. Supongo que sí, si está en buen estado de salud. Nos contará historias de la primera o la segunda guerra mundial, o de conflictos que él ha cubierto como reportero, o alguna otra historia de mar. Apasionante todo. En cuanto a Eastwood, la veneración que se siente por él como cineasta tiene más que ver con el hecho de su gran energía pese a su avanzada edad que por el verdadero alcance de su obra, y eso lo sabemos todos. Y no parece que ‘Cry Macho’ vaya a cambiar la dinámica…

Al hilo de eso que estoy diciendo, se anuncia el más que posible proyecto final de la carrera de F.F. Coppola, el largamente anunciado, y pospuesto y deseado ‘Megalópolis’, que será una gran producción en la que el cineasta de ochenta y dos años tendrá que poner gran parte de su bolsillo si quiere verlo realidad. Ojalá todo salga como él quiera y ojalá sea una gran película, pero estoy seguro que si eso sucede, no se le tendrá tanta veneración ya como a Eastwood, ni estarán todos los medios, y todos los bloggers, y todos los plumillas deseando verla. ¿Por qué iban a estarlo? Sólo se trata del cineasta más grande que ha dado el cine estadounidense, creador de fruslerías como la trilogía de ‘El Padrino’, o ‘Apocalypse Now’ o ‘La conversación’. Es decir, las visiones más oscuras de la historia del cine del otro lado del charco. ¿Ha hecho Eastwood algo siquiera cercano a esto? Mucho me temo que no, por mucho que incluso críticos destacados estén más que dispuesto a creer que sí. Sólo ‘Sin perdón’ es una verdadera gran obra, pero no tiene nada que hacer con las cinco nombradas.

Cambiando de tercio radical: hemos asistido a un verano lleno de noticias sobre agresiones homófobas que se ha terminado, de manera elocuente, con una manifestación nazi en plena Chueca insultando al colectivo LGTBI. Yo sólo quisiera decir una cosa que es un secreto a voces: todos esos que se manifiestan insultando a homosexuales, todos esos que no soportan, o dicen que no soportan, ver a dos hombres, o dos mujeres, besándose, todos los que de una u otra forma sacan a relucir su homofobia, en el fondo temen ser homosexuales, y es muy posible que sean homosexuales reprimidos. Gente que siente atracción por otros de su mismo sexo, o que siente inclinaciones y apetitos que reprime a base de odiar y aplastar a ese colectivo. Les odian, en el fondo, porque ellos sí han «salido del armario», algo que no pueden hacer todos estos nazis y cristofascistas a los que en realidad les gustaría hacerlo, pero les da pavor. Cuando eres inteligente odias aquello que desprecias o que te hace daño, pero cuando eres un retrasado salido de Atapuerca, odias aquello que admiras y envidias.

Último disparo: me escucho a mí mismo en el podcast, y de verdad que no me reconozco. ¿Ese soy yo? Creía tener una voz más reposada, más interesante… al menos un poco interesante. Pero desde luego no la tengo. Qué poco nos gusta escuchar nuestra propia voz, en la mayoría de los casos. Y sin embargo qué interesante es. Nos pasamos la vida repitiendo la idea de que es necesario ponerse en el lugar de los demás para entenderles, pero en realidad ni siquiera somos capaces de escuchar nuestra propia voz, de aceptarnos como somos. Y esto me lleva a pensar que gran parte de la llamada «sabiduría popular», la que construye ideas como esa (hay que aprender a ponerse en el lugar de los demás) no son más que estupideces y lugares comunes. ¿Cómo vas a ponerte en el lugar de los demás cuando escuchas tu voz y te causa rechazo? Amar o aceptar a los demás suena muy bonito, pero sería más bonito aceptarnos a nosotros mismos tal como somos, y así quizá todo sería más fácil, y no haríamos del mundo esta cloaca infecta que es. Aunque en el caso de los nazis y los cristofascistas no cuento con ello. Ellos no se aceptan, no aceptan su homosexualidad, o cualesquiera apetitos que tengan, o su propia diferencia… de esa neurosis sale todo ese odio y ese asco por los demás, y por eso deberían ser expulsados de la sociedad.

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El cañón del revólver (XIII)

Volviendo a releer esta maravilla totalmente (tristemente, paradójicamente) desconocida que es ‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’, del inigualable Miguel de Cervantes, me doy cuenta de una vez, o por mejor decir, me convenzo a mí mismo de que no siempre los de Cátedra aciertan, y es que esta que tengo en mis manos más que una edición crítica de esta obra maestra, parece una edición «pedante e inoperante», pues su responsable, Carlos Romero Muñoz, que seguro que es un tipo cien mil veces más culto y entendido que yo, en lugar de interpretar la obra en las numerosas anotaciones a pie de página, pareciera que está más interesado en demostrar cuántas obras clásicas conoce y han podido servir de referencia al autor, y en reiterar una y otra vez los errores o lapsus o imprecisiones de Cervantes antes que en desentrañar y mostrar las razones por las que es una obra monumental. ¿Qué mas me da a mí en qué obra clásica (muchas veces, cogida por los pelos) podemos encontrar una alusión previa a esa frase o a esa solución cervantina, o si lo que quiere decir tal personaje es algo que sugiere un desatino de su autor? Sin embargo, en lugar de demostrar torpezas o errores, lo que hace el tal Romero Muñoz, las más de las veces, es señalar involuntariamente las numerosas trampas y los vericuetos por los que el muy hábil Cervantes nos lleva sin que nos demos cuenta, y es que este hombre era demasiado inteligente incluso para los críticos de hoy en día.

Queda ya demostrado que el tiempo es una cosa cíclica, no lineal, y que los eventos se repiten y se superponen unos sobre otros, como capas de una cebolla: resulta que el impresentable de Teodoro García Egea ha afirmado que tanto él como Pablo Casado se van a remojar en el Mar Menor para demostrar que está «mejor que nunca», y claro, todo el mundo se ha acordado, como no podía ser de otra manera, de la famosa foto de Manuel Fraga bañándose en la playa de Palomares en 1966 tras la caída de cuatro bombas termonucleares en aguas cercanas a ese punto. Lo del Mar Menor, que de pronto todo el mundo parece escandalizado con ello, pasa todos los putos años, absolutamente todos, porque eso es una catástrofe medioambiental de proporciones desconocidas incluso para los que están en el ajo. Y seguirá pasando porque nadie quiere hacer lo que se debería haber hecho: limpiar toda la zona y cumplir con una ley de 1987 que nadie ha querido cumplir. «Mares menores» en el mundo hay muchos, y demuestran que el ser humano, sobre todo en su faceta turística, es una plaga, y que poco nos pasa para los despropósitos que somos capaces de perpetrar… Y lo del PP no es una plaga, es directamente el club de la comedia.

Escuchando mi propia voz en el primer episodio de ‘Cíclopes & Minotauros’ me doy cuenta no solo de que no me gusta nada mi propia voz (como al parecer no le gusta prácticamente a nadie) sino que además, muchas veces, doy una intención tonal a la frase muy distinta de la que pretendo. En otras palabras, que en mis oídos parece que estoy muy serio cuando digo algo y al oírlo en el programa parece que estoy como irónico, y a veces juraría que he imprimido el tono más neutro o más seco o menos soberbio de todos los tiempos, y luego resulta que no, que sueno de manera totalmente diferente a como pretendía o a como creía que sonaban mis palabras. Qué curioso. Y me pregunto si eso pasará también con mi forma de escribir: a mí me parece mucho más sosegada y argumentada que la del 90% de la gente que leo por ahí, pero quizá a los que me lean, a algunos, o a muchos, les parezca soberbia o pedante o fuera de lugar. Imposible saberlo.

Descubro, no sé si asombrado pero desde luego sí bastante sorprendido, que se ha hecho un videojuego de la película de Alfred Hitchcock de 1958 ‘Vértigo’, que se titula ‘Alfred Hitchcock Vertigo’ y se subtitula «Can You Trust Your Own Mind?». Eso sí, con personajes completamente diferentes al Scottie de James Stewart o a la Madeleine de Kim Novak, y con una trama también diferente. Entonces… ¿Por qué se llama ‘Alfred Hitchcock Vertigo’? Hay muchas cosas que no entiendo de los videojuegos, y supongo que al final eso de los videojuegos y el cine dará para el debate más encarnizado de todos los tiempos en el podcast (JJ está esperando ansioso tal evento), pero hay una cosa que tengo bien clara: si en el cine muchos directores son bastante menos inteligentes de lo que parecen, en los videojuegos los creadores adolecen de una ingenuidad y de un candor casi desarmantes. Y eso que la película de Hitchcock me parece enormemente sobrevalorada y por momentos ridícula y sin pies ni cabeza, pero eso no tiene nada que ver. Con videojuegos como ese uno pierde la esperanza en un soporte que casi nunca da alegrías narrativas.

Viendo por fin el segundo capítulo de ‘It’, la adaptación al cine de la novela de Stephen King, me reafirmo: algunas adaptaciones no deberían llamarse así, sino que deberían dejar claro que son muy libres traslaciones a la pantalla de originales literarios. No solamente que la película es muy mediocre (que lo es), sino que gran parte de lo que sucede en ella no sucedía en la novela de King. He leído a veces la fórmula «guión inspirado en» o cosas parecidas, que son más justas para casos como este. Las adaptaciones, vaya por delante, no deben ser nunca literales… pero otra cosa muy diferente es que deban ser casi otra historia distinta. Es como si en ‘El Padrino’ en lugar de que sea Michael el que coge las riendas de la familia lo hiciera Fredo, o como si en ‘El sur’ la niña tuviera una relación incestuosa con su padre. Un sinsentido total. Pero King parece encantado con estas adaptaciones tan chuscas y tan torpes, incluso de sus mejores novelas. Veremos algún día lo que han hecho con la serie sobre ‘Apocalipsis’, sin duda su mejor trabajo, esperando que Randall Flagg no sea un bufón sin la menor gracia, y que el virus «Capitán Trotamundos» en lugar de ser una supergripe no sea… yo qué sé… una variante genética lanzada al espacio por alienígenas venidos de Marte.

Último disparo de este revólver: parece que sigue candente lo del tema Ibai y se están multiplicando los debates (si debates se les puede llamar) que discuten sobre si tiene más vigencia internet que los medios de información «tradicionales». Yo hablé aquí sobre el tema Ibai (que me parece una tomadura de pelo), pero sobre ese debate diría que no hay tal debate. Las radios y las televisiones van a seguir existiendo, y es más, se van a seguir sirviendo de internet para llegar a más oyentes y más televidentes, y los chavales sin la menor preparación como Ibai pero con doscientos millones de seguidores se van a seguir aprovechando de este medio para seguir medrando y para que perdamos el tiempo con discusiones estériles que no llevan a ninguna parte. Es lo que pasa cuando el grueso de películas se hacen para chavales, y cuando el grueso de novelas se escriben para chavales, en lugar de para espectadores o lectores exigentes. Y es lo que pasa cuando la comunicación se deja en manos de chavales para chavales: que todo es una tomadura de pelo y una broma y un meme. ¿A alguien le sorprende?

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El cañón del revólver (XII)

Como estamos inmersos en los JJOO de Tokyo, me parece que unos cuantos tiros van a ir en esta dirección… empezando por la cantidad de deportes que hay. No creo ser el único que piense que son demasiadas disciplinas, como si casi cualquier deporte, incluido el billar o el ajedrez, pudiera ser olímpico… Parece claro que el corazón de las olimpiadas son las disciplinas de atletismo, natación y gimnasia rítmica, además de a lo mejor lucha grecorromana y poca cosa más. Ya tenemos demasiadas competiciones anuales de fútbol, baloncesto, tenis y otros, que además eclipsan a lo verdaderamente importante. Pero las olimpiadas (que me entusiasman, vaya por delante, por mucho que me queje) no son otra cosa que un negocio, y todo el mundo quiere ser olímpico, y se aprovechan de eso. Pero si de verdad se trataba de recuperar el espíritu de las grandes olimpiadas de la antigüedad, los creadores de las olimpiadas modernas tendrían que haberles dicho a los jugadores de fútbol y de baloncesto y de tenis que se fueran a paseo, que ya bastante dinero o fama poseen, y que existen otros deportistas en el mundo que se merecen su espacio y su tiempo, además de que incluirles a ellos, y a otros muchos, es un enorme dispendio económico, cada vez más insostenible. Eso es lo que tendrían que haberles dicho, si hubieran tenido coraje, porque ya es demasiado tarde.

Se ha organizado mucho revuelo con la renuncia parcial de Simone Biles (que según veo ha conseguido el bronce en la final de aparatos) por sus problemas psicológicos… y la peña ha reaccionado como era de esperar: unos siendo demasiado condescendientes con la gimnasta, otros atacándola por no saber aguantar la presión. Lo típico. Me gustaría ver a esos que dicen que hay que aguantar la presión (Djokovic a la cabeza, haciendo el ridículo más espantoso en la lucha por el bronce…) siendo Simon Biles cinco minutos. Creo que esta chica ha sido muy valiente. Por lo demás, sin que ello sea contradecirme en modo alguno, me gusta mucho cuando los chulitos de los estadounidenses se vienen abajo y pierden, porque les odio. Como casi siempre han estado arriba en el medallero, son los típicos deportistas que van de sobrados y de superestrellas, y me encanta verles salir derrotados y quedarse con esa cara de «pero, ¿cómo es posible que me esté pasando esto a mí si soy estadounidense?». Así que espero que no ganen el oro en baloncesto, y reciban esa cura de humildad que los prepotentes y los soberbios se ganan cada día de su vida.

Voy viendo que algunas personas compran mis relatos, y mi ensayo de Coppola, pero luego no me dicen ni pío. Es más, les escribo a sus correos (porque al adquirir cualquiera de estas piezas a través de la web has de dejar tu mail), para saber de sus impresiones y darles las gracias, y no me contestan. ¡De verdad que no muerdo! Además: si has pagado los dos o tres euros que te habrá costado, tienes todo el derecho a decirme lo que sea, incluso a dejarme claro que lo mío no es escribir, que vaya desperdicio de dinero, y que deseas que te lo devuelva. No lo entiendo… a lo mejor es que todos esos mails de agradecimiento que he escrito, por la razón que sea, han ido directamente a la bandeja de spam. Sea como fuere, si alguno de los que han pagado por mi trabajo lee esto, que sepas que te estoy agradecido, no tanto por el poco dinero que he conseguido sino por haberte interesado en lo que escribo. Los cuatro relatos que están aquí son los mejores que he escrito nunca, de lejos, y estoy muy orgulloso del ensayo de Coppola. Si tienes tiempo y/o ganas puedes dejarme un comentario aquí. Sólo muerdo a los tarugos, no a los que me dan una oportunidad y usan algo de su tiempo y su dinero en leerme.

A pesar de que televisión veo poca, lo menos que puedo, fui testigo en su momento, hace apenas algunas semanas, de la brutal campaña de promoción que Antena 3, una cadena que jamás se ha caracterizado por su respeto al espectador inteligente, le dedicó a esa serie titulada ‘Tierra amarga’, de la que yo no había oído hablar jamás, pero que resulta que iba a ser el próximo fenómeno social. Me entero luego de que es una telenovela turca, porque ahora se llevan las telenovelas turcas, y al parecer de fenómeno social nada. Echando un vistazo a una escena al azar de esta serie (juro que lo he hecho, muy a mi pesar), me doy cuenta de que en Turquía hacen las mismas telenovelas basura que en Venezuela, México o Colombia, con los mismos argumentos delirantes y con la misma puesta en escena pastosa e inoperante, y me doy cuenta también de que dentro de veinte años volverán a estar de moda las telenovelas, pero esta vez las jamaicanas, o las polacas, ¡yo qué sé!, y serán la misma bazofia, y cuando acaben, pasarán diez años o treinta años o cincuenta años, y volverán a hacer la misma basura, y es que en cine y en televisión a veces parece que estamos en el día de la marmota, y vas pasando canales y todo es la misma bobada para personas sin la menor exigencia, y en cuanto hacen algo interesante sientes que has llegado a un oasis después de tanto desierto.

Volvamos a los JJOO: yo creo que los de Tiempo de Juego (ya saben, Paco González, Manolo Lama), son los mejores a la hora de retransmitir el fútbol en la radio. Ahora bien, te narran la final de Nadal en un Grand Slam o se van a los JJOO y la cosa cambia… Adviertes, porque no eres tonto, los mismos trucos que usan para contarte un partido de fútbol, y que ya no les funcionan tan bien, que en el fondo no son más que unos flipaos (Lama a la cabeza), bastante machistas, bastante egocéntricos, que no tienen mucha idea de deporte, lo que además me reafirma en una idea que a pocos les gustará (pero para eso estamos): que el fútbol no es un deporte de la misma manera que un libro de Ken Follett no es literatura. Y que si estás acostumbrado, llevas toda la vida de hecho, narrando partidos de fútbol, ya no estás capacitado para contar los deportes a la gente. El fútbol es una mamarrachada para chavales millonarios y aneuronales, que sólo gusta además a los que no siguen otro deporte. No es un deporte, es un show, un enfrentamiento de egos, de virilidades. En definitiva, la nada.

Último disparo de este revólver: este fin de semana iniciamos, unos amigos y yo, una aventura más que interesante que contaré aquí a fondo y que espero tenga bastante recorrido. La inicio porque tengo la suerte de contar con buenos amigos, con los que se puede hablar de cosas tan apasionantes como poesía, historia y narrativa. Es imprescindible a veces, para poder crecer, tener delante de ti a un interlocutor interesante, cosa que muchas veces escasea. Con un interlocutor interesante tú creces, él crece, y los temas que te interesan y otros que no conocías empiezan a flotar a tu alrededor y a percibirse con mayor nitidez, empiezas a investigar de verdad, a profundizar en ellos, a elevarte. Durante toda mi vida, salvo en muy escasas ocasiones, he tenido compañeros de trabajo en blogs o en revistas o simples interlocutores, de los que no se podía aprender nada, porque no tenían nada interesante que aportar. Y eso se percibe enseguida. Sabes si tienes delante de ti a un tarugo que se las da de experto en cine o en literatura, o si tienes a alguien que de verdad es inteligente. Y yo tarugos que se creían algo y no eran nada he conocido a espuertas. Alguno incluso estará leyendo estas líneas y saben perfectamente lo que son.

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