CINE, TELEVISIÓN

En EEUU, y en HBO, también cometen equivocaciones descomunales

No voy a ponerme elitista o a representar una farsa: yo también veo mucha ficción americana, o por mejor decir estadounidense (¡porque ni siquiera Norteamérica está sólo conformada por EEUU!), hasta el punto que es la nacionalidad de la mayoría de las ficciones que veo. Intento ver todo lo que puedo de cualquier país, pero es inevitable, como le sucede a mucha gente, que el grueso de las películas y las series que pasan por mi televisor vengan del país de los cowboys, el Marlboro y el whisky de Kentucky. Y, como no puede ser de otra manera, he escrito mucho sobre películas y series estadounidenses, y voy a seguir haciéndolo, a menudo para bien, porque es innegable que se trata de una industria extraordinaria, con una vitalidad y un empuje arrolladores, a pesar de que, como tampoco puede ser de otra manera, nos vendan mucha basura, mucho producto precocinado y mucha bobada reaccionaria.

Por eso, además, puedo decir con mayor fundamento lo que titula este artículo, y es que allí, como en todas partes, también meten la pata hasta el fondo. Que no son infalibles, ni siquiera la casa que, mucho antes de Pixar, representa algo así como la Arcadia para tantos como yo: la bendita y maldita a partes iguales HBO.

Creo que los actores anglosajones, tanto principales como característicos, son los mejores del mundo en su estilo, creo que allí existe un verdadero sindicato de escritores-guionistas que se protege a sí mismo y que ha alcanzado un nivel de profesionalización y de poder en la industria inaudito en otros países, creo que allí los realizadores, hasta el menos conocido, son de primera división…hasta los productores, muchas veces, son gente de un talento y un compromiso innegable. Y aún así cuando se equivocan, cuando se vuelven mortales, son como todos los demás.

Viene esto a cuento de que he visto completas, y me ha costado lo mío, las temporadas 2 y 3 de ‘True Detective’ (…en realidad primero la 3, hace meses, y ahora la 2), y he confesar que no entiendo absolutamente nada. Nada de nada. Y no quiero decir que no entienda sus enrevesados argumentos, aunque también, sino que no entiendo cómo han podido equivocarse de una manera tan descomunal, aunque esto, en realidad, demuestra hasta qué punto es muy difícil hacer un buen trabajo, y que no hay que dar nada por sentado cuando se trata de una ficción, cuando estamos hablando de narrativa, porque un tono equivocado, un montaje mal sintonizado, puede dar al traste el delicado equilibrio en una película o en una serie. Y también tiene mucho que ver la diosa fortuna en ese asunto.

La primera temporada de ‘True Detective’ ya es historia de la televisión, y no solamente por una de las mejores interpretaciones que yo jamás he visto, sino por su impecable guion y su fastuosa puesta en escena. Todo funcionaba, todo le salía bien a esa temporada, con una densidad conceptual, una atmósfera, un tono visual, un diseño de producción, un diseño de sonido…que rozaban la perfección. Se le podrían achacar un par de defectos sin importancia en la zona final, pero son defectos mínimos, eclipsados por la majestuosa rotundidad del conjunto. Pero era una historia autoconclusiva. Y al creador, Nic Pizzolato, se le ocurrió que sucesivas temporadas, como una gran saga, tuvieran tramas y personajes diferentes, porque todo parecía presagiar una serie mítica, de 2, 3 o 4 temporadas… y no, la cosa no ha sido así.

Porque por mucho que se empeñen algunos defensores, la segunda temporada no se sostiene, y la tercera, pese a que posee algún elemento más estimulante, tampoco. Y es curioso, y hasta paradójico, que el planteamiento y el elenco actoral sean más que interesantes, y no acabo de decidirme si es un problema de guion, de dirección o de montaje, o de todo a la vez, pero la solidez, la densidad de la primera temporada han desaparecido por completo, y de pronto nos encontramos con una serie increíblemente convencional, carente de cualquier personalidad visual, sin ningún ritmo, en la que la emoción parece evadida de la imagen, con decisiones muy cuestionables de montaje o de construcción, con unos personajes que intentan ser interesantes pero que parecen impostados, sin fuerza, con unas tramas que intentan ser ingeniosas y vibrantes y que quedan enrevesadas y hasta delirantes.

Y te quedas perplejo, porque se puede demostrar una enorme torpeza en un episodio o en varios, pero no en dos temporadas seguidas. Y aún más perplejo te quedas cuando el guionista es el mismo de la primera temporada. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Dónde está el fallo? Es muy difícil hacerle un análisis forense a estas dos temporadas de ‘True Detective’, pero creo que los guiones son bastante planos, la dirección no entiende bien esos guiones, y el montaje acaba por estropearlo todo. Es posible que por ahí vayan los tiros. De otra forma no me lo explico. Pero es algo que sucede a veces, tanto en series, como en películas. Algo falla, en algún punto de la realización, y todo se viene abajo.

Estoy pensando en la trilogía inicial de ‘Spider-Man’, dirigida por Sam Raimi. La primera era interesante, la segunda era muy emocionante, y la tercera era deficiente. ¿Por qué? Por pequeños detalles. La segunda parte conseguía narrar las dudas del héroe de manera muy eficaz y hasta conmovedora, pero la tercera parte intentaba profundizar en su lado oscuro, con la excusa del personaje Veneno, y fracasaba de manera notable, y quedaba hasta ridícula…. También estoy pensando en la tercera parte de ‘El señor de los anillos’ de Peter Jackson. La segunda, ‘Las dos Torres’, le quedó francamente bien, y puede que la fortuna tuviera mucho que ver, pero casi todo funcionaba y estaba en su sitio. ¿Por qué de pronto en la tercera parte chirrían tantas cosas? ¿Cómo es posible que el mismo equipo, o casi el mismo equipo, haga algo tan bien, y de pronto haga algo tan deficiente? Puede que tenga que ver, por supuesto, con el montador (que es una figura mucho más importante de lo que la gente se cree), pero te quedas igualmente perplejo.

Pero no creo que tenga nada que ver con el hecho de que sean terceras partes. La tercera película de ‘Regreso al futuro’ es sin duda la mejor de las tres, además de ser un Western maravilloso. Tiene que ver conque puedes tener un equipo de primera división, puedes tener una gran historia entre manos, pero algo falla, bien al principio bien al final, y las diferentes partes de una ficción no sintonizan entre sí, y el conjunto queda muy desequilibrado, atonal y hasta absurdo. Y esto les pasa incluso a los más grandes. Y por cosas como esta hay que rebajar expectativas y ver cada nueva película o temporada, o cada nuevo trabajo, no tanto con reservas sino sin ningún tipo de prejuicio, ni siquiera positivo, con los ojos limpios y sabiendo que en cualquier momento (y por eso la nueva temporada de Euphoria la veré sin expectativas) el invento puede venirse abajo y tú, espectador, con el gesto de quien se ha dado de bruces con la cruda realidad.

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El montaje narrativo de ‘Las dos torres’

No es la famosa, exitosa y multipremiada adaptación de ‘El señor de los anillos’ santo de mi devoción, como no es santo de mi devoción el propio Peter Jackson, responsable principal de la trilogía, un director que en los años noventa era un prometedor director del Fantástico, pero que luego demostró que no era más que otro mercenario vendido al cine comercial. La primera película, ‘La comunidad del anillo’, le quedó bastante decente, trepidante y atractiva. La tercera y última, ‘El retorno del rey’, le quedó bastante amorfa, excesiva y mal dirigida. Pero la segunda, ‘Las dos torres’, le quedó particularmente bien. Muy fina, muy equilibrada y muy sólida. Un filme magnífico, sobre todo en sus primeros 45 min, sobre todo por su construcción, su montaje interior, del que me propongo hablar en las próximas líneas.

Creo que le puse cuatro estrellas en el Archivo de Mini Críticas. Me gusta hasta su fotografía. Creo que tiene imágenes de fantasía portentosas, y bastantes de ellas. La iconografía funciona, la música es perfecta, la atmósfera es la mejor de las tres películas, la batalla final es impresionante. Tiene sus defectos, claro. Elijah Wood está pasadísimo, no veo al Frodo ni al Sam de la novela, es muy soberbia y autocomplaciente, es algo sensiblera y maniquea, la dirección de actores es muy mecánica en ocasiones. Pero me da igual, porque el acabado, el montaje, es extraordinario. En cine el montaje es algo así como el entintado en el cómic. No sé si el lector de estas líneas lo sabe: el dibujo a lápiz es algo importante, es la base, pero el entintado final es la clave, y cambia muchas veces por completo el dibujo a lápiz. A veces son dos artistas diferentes, a veces la tinta termina por elevar el material, otras lo arruina o lo empobrece. En cine es igual. El montaje no solamente es pegar planos y armar la película de modo lógico. Es construirla. Es definirla. Es reescribirla también.

En esta ocasión se encarga del montaje Michael Horton, un editor que no ha hecho nada de gran envergadura, pero que se nota que es un tipo que sabe muy bien lo que hace en esta ocasión, pues firma un corte muy elaborado, con muchos aspectos interesantes en esos primeros 45 minutos aludidos anteriormente. Ojalá hubieran contado con él para ese desbarajuste absoluto de ‘El retorno del rey’…

Escalofrío, épica, hechicería

El montaje es corte, es estilo. Es decidir, es descartar. Pero también es construir. Con el montaje se puede contar una historia de una forma más interesante que presentando simplemente los hechos en sentido lineal. Y es precisamente lo que hace ‘Las dos torres’. Comenzamos con una imagen de las montañas nevadas, y con un regreso al momento en que los personajes (y los espectadores) creyeron que era el final de Gandalf. Pero no es así: Gandalf cae y en su caída se enfrenta al Balrog. Caen y caen por cientos de metros al corazón de la montaña, y cuando van a estrellarse contra un lago interior, la imagen explota y pasamos a corte a Frodo, que se despierta. Todo ha sido un sueño, ¿o no?

Este comienzo no es casual, y va a enganchar, va a conectar con una estrategia posterior. Pero de momento estamos con Frodo y Sam, en su viaje a Mordor, y obtenemos el largo capítulo de su encuentro con Gollum, su lucha con él y finalmente con la persuasión de Frodo para que la criatura les lleve hasta las puestas de Mordor. Si el espectador/lector de estas líneas se fija, la imagen de los riscos de la montaña conecta a corte de montaje con otros riscos, por los que pasa la compañía de Uruk-Hai creados por Saruman para conseguir el anillo para sí mismo, que cargan consigo a Merry y Pippin. Bien, tenemos varias líneas narrativas:

  1. Frodo y Sam, yendo a Mordor.
  2. Merry y Pippin, siendo cargados por los orcos camino de Isengard.
  3. Aragorn, Legolas y Gimli, persiguiendo a esos orcos para salvar a Merry y Pippin.
  4. Éomer, soldado rohirrim, regresando tras una escaramuza a Edoras, donde el rey de Rohan, manipulado por Saruman y Grima, le expulsa de allí.
  5. (oculto) La transformación de Gandalf el Gris en Gandalf el Blanco, tras vencer al Balrog.
  6. (interludios) muy breves, de Saruman.

Bien, en la novela de Tolkien todo esto se soluciona de una manera bastante poco ortodoxa, pues el novelista divide las acciones en los libros, algo que pocos escritores harían, de tal modo que el libro 4 (segundo de ‘Las dos torres’) está dedicado exclusivamente a Frodo y Sam, mientras que el libro 3 contaba toda la historia de Aragorn, Gimli, Legolas, Saruman, Gandalf… Esto sencillamente no era posible hacerlo así en la película. Se imponía un montaje en paralelo con diversas acciones, pero ahora veamos de qué manera tan brillante lo hace Michael Horton, a quien habría que atribuir gran parte del mérito de la altura de esta película:

Nos habíamos quedado con 1 (Frodo y Sam), y el elegante corte a 2 (Merry y Pippin). Una vez en 2 (orcos llevándose secuestrados a Merry y Pippin), se va alternando de un modo muy emocionante con 3 (Aragorn, Legolas y Gimli siguiendo a los orcos para liberar a sus amigos), con música enfática y épica que lo conecta todo. 1 es siempre el segmento más largo (de hecho, son los segmentos más largos hasta el final de la película), y 2 y 3 los más cortos, alternándose para dar al espectador la sensación de huida y persecución. Cuando Aragorn se da cuenta de que los orcos van directos a Isengard, a Saruman, vamos directos a corte con el personaje interpretado por Christopher Lee (6), un breve interludio que sirve para entender cómo afecta la deforestación del bosque al despertar de los ents, y también para enganchar de manera natural con los ataques de los orcos de Saruman a los pueblos de Rohan, lo que nos lleva directamente a Éomer (4).

Éomer, por supuesto, no sabe que el rey de Edoras está controlado por Saruman. Le expulsan de allí en cuanto descubre la traición de Grima. Y regresamos (con un corte algo brusco esta vez), al juego de huida y persecución de 2 y 3. Esto concluye cuando nos quedamos en 2 porque los orcos, al llegar la noche, descansan cerca del bosque de Fangorn. Tiene lugar una pelea, Merry y Pippin intentan huir, llegan los rohirrim capitaneados por el expulsado Eomer (4), y los masacran a todos, y nos quedamos con la imagen del caballo a punto de pisotear a Pippin. Corte a 3, Legolas advirtiendo que algo ha pasado durante la noche. Se encuentran con 4, con Éomer y sus hombres a caballo, que primero les son hostiles y luego les dejan marchar, advirtiéndoles que no dejaron a nadie con vida del grupo de los orcos. En efecto, el trío perseguidor llega hasta lo que queda de los orcos, creyendo muertos también a Merry y Pippin, pero enseguida Aragorn se da cuenta de que no, de que los hobbits consiguieron escapar a Fangorn.

¿Cómo ha armado todo esto Peter Jackson con ayuda de Michael Horton? Tanto 2, como 3 y 4, son líneas argumentales que serían algo así como flechas en movimiento, un movimiento que al final va a cruzarse o a detenerse. 2 y 3 van en una dirección, 4 se cruza primero con 2 y los orcos quedan destruidos, y luego con 3 y les explica lo sucedido, de tal modo que por fin 3 alcanza a los orcos, muertos. Aragorn deduce lo que ha sucedido en el combate nocturno, con un hábil montaje de flash-backs a modo de insertos, y al llegar a Fangorn la acción se retrotrae al pasado, a lo que pasó por la noche, con los hobbits encontrando a Bárbol, y Bárbol dejándoles a los pies del «mago blanco», que podemos suponer que es Saruman.

Tenemos un nuevo corte, algo brusco, a 1, a Frodo y Sam con Gollum, que atraviesan las extensas ciénagas y por la noche están a punto de ser descubiertos por un espectro del anillo, y regresamos a 3 (Aragorn, Legolas…), entrando en Fangorn tras los pasos de 2 (Merry y Pippin), y encontrándose también con el mago blanco, que no es Saruman, sino Gandalf, quien les cuenta su batalla contra el balrog (en la novela lucha con esa criatura durante nueve días antes de vencerla…), que conecta con la primera secuencia de la película, la de Gandalf cayendo con el balrog por el abismo. Y así obtenemos un relato circular que se cierra a lo 43 min, aproximadamente, y que como puede el lector constatar con este breve resumen, está muy brillantemente armado.

El resto de la película no es tan brillante, me temo, aunque está muy por encima de la otras dos películas. Pero todo esto podrían haberlo contado de un modo mucho más convencional, ordenándolo de forma lineal, sin cuidar tanto los detalles que enganchan, de manera orgánica, un segmento con otro. Detalles como esos dan cuenta de lo cuidado y de lo pensado que está todo en este bloque de casi tres cuartos de hora, y es un buen ejemplo de montaje narrativo, de una búsqueda de representación y expresividad que moldea espacio y tiempo para crear una narración interesante.

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