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Reescrituras (3) – A Alberto Olmos, que carece del mínimo respeto por sus lectores

Lo de los críticos cinematográficos rancios, perdonavidas, bravucones y cortos de miras en España lo inventó Carlos Pumares, hace ya unos cuantos años. Le siguieron muchos de ese estilo, aunque posiblemente ninguno con tan poca gracia a la hora de escribir ni con tanta desidia en cualquier cosa como Carlos Boyero. Ahora parece haberse unido a este enorme club (porque son legión), el novelista Alberto Olmos, que además de escribir novelas y conseguir que se las publiquen, lleva ya unos años con una columna en ‘El Confidencial’ en la que de vez en cuando (hay que justificar su sueldo, supongo) además de escribir sobre temas culturales como un columnista cualquiera, deja críticas literarias y cinematográficas. Hasta estrellitas les pone a sus críticas, en plan Filmaffinity o IMDb.

Hacía ya un tiempo que no publicaba una de mis reescrituras, pero creo que su «crítica» a ‘Euphoria’ lo merece. Y no porque no esté de acuerdo con ella, aunque evidentemente no lo estoy. Todos los días leo o escucho a personas decir cosas con las que no puedo estar de acuerdo, y sin embargo en algunas ocasiones logran persuadirme de que tienen sus argumentos, de que por mucho que estemos en las antípodas intelectuales son puntos de vista a respetar. Me pasa con mis buenos amigos Carlos Eguren y Juanjo Martínez, con los que comparto podcast, y con bastantes personas más. Me encuentro con personas muy inteligentes que piensan de un modo diametralmente opuesto al mío, pero me gusta hablar con ellos, o enfrentarme a sus ideas, porque por una parte son ideas interesantes y por otra siempre es positivo el debate. Pero luego te encuentras a gente como Alberto Olmos.

Hay dos clases de críticos: los que te toman por un lector inteligente y los que te toman por imbécil. En pocas palabras: los que se toman en serio lo que hacen y los que no. Desde que Olmos se puso con su página Lector-Malherido, decidió qué tipo de crítico iba a ser. Porque además él es un tipo inteligente. Es decir, él no es uno más de esos juntaletras que se ponen a opinar sobre cualquier cosa. Lo hace, opina sobre cualquier cosa, pero es un tipo que tiene cierto verbo y que no tiene la cabeza reseca. Ahora bien, la inteligencia hay que sostenerla. Hace demasiado tiempo que Olmos se ha convertido en una parodia de escritor y en una parodia de crítico, que se cree que por ir en contra de lo establecido, por sistema, es un valor en sí mismo. Es decir, puedes sostener que ‘Moby Dick’ o que ‘Ulysses’ son malas novelas, pero muchacho, tienes que argumentarlo, o en caso contrario eres uno más en la barra de bar soltando ocurrencias y disparates. Y ahora con las series de televisión igual. No se sabe muy bien si lo que escribe Olmos lo piensa verdaderamente o es una pose, porque se ha convertido en el campeón mundial del postureo. Da la impresión de dos cosas: que lo que quiere es llamar la atención desesperadamente, y que no escribe exactamente lo que piensa. Es decir, que no leemos más que disparates suyos. Porque si de verdad piensa lo que escribe, quizá debería pensar en cambiar de oficio. Vamos a ello. Entre paréntesis mi reescritura:

‘Euphoria’: una serie putrefacta, enfermiza y repugnante

(Puedes titular una crítica como te venga en gana, por supuesto, pero si te pones el listón tan alto –o tan bajo, según se mire– tienes que estar luego a la altura de las circunstancias, y no es el caso)

La serie de Sam Levinson naufraga en un estiloso efectismo de videoclip politoxicómano

(Reconozco que no sé lo que es un «videoclip politoxicómano»… esta forma de calificar y de adjetivar una serie tiene un tufo rancio y moralista que lamentablemente se va a ir confirmando a medida que uno avanza en la pieza)

«Es evidente que los drogadictos están sobrerrepresentados en la ficción. Para que el cine y las series hablen más de ti, deberías drogarte. Cualquier droga tiene más cabida en una producción audiovisual que el metro de Madrid, el autobús de Chicago o un puesto de manzanas. La droga hace el cine, quizá por fuera y por dentro simultáneamente.»

(Este párrafo es puro estilo Olmos: una expresión grandilocuente y rebuscada -«sobrerrepresentados»– para tratar de sostener una idea con poca enjundia –que los drogadictos tienen mucha presencia en las ficciones– que reincide en lo rancio y moralista de este hombre: menos drogadictos y más puestos de manzanas. Y una sentencia absurda y mal escrita: «la droga hace el cine, quizá por fuera y por dentro simultáneamente»…)

«Jean Luc Godard consideraba en ‘Historia(s) del cine’ que el séptimo arte era una ramificación de la industria cosmética. Podemos subir la apuesta y estimar que el cine y las series de televisión son en realidad departamentos de publicidad del narco. Es cierto que la droga es ilegal, que su precio no atiende a razones, que no se puede adquirir en El Corte Inglés y que su etiquetado resulta mejorable. Pero no es cierto que no disponga de su propia campaña de promoción permanente, el otoño-invierno de la cocaína, la Semana de Oro de la marihuana. La droga se anuncia más en televisión que el pan Bimbo.»

(Siguiendo su estilo, ahora toca cita o referencia pseudo-culta: Godard. Y él por supuesto va a subir la apuesta de esa cita tan culta. Siguen una serie de bromas y chascarrillos sin gracia marca de la casa que nada tienen que ver con la serie que, se supone, va a criticar)

«‘Euphoria’, en fin, empieza como el clásico drama con drogas que debería conmoverte, pero enseguida piensas, después de ver dos o tres capítulos, si tú también tendrás guardado por ahí el teléfono de algún camello enrollado. Es tan guay drogarse. Son tan guapos los que se drogan. Salen luces de colores todo el tiempo, cuando te drogas. Y no, no tienes el teléfono del camello.»

(Empezamos de una vez, pero añade ese «en fin» como si todo lo que hubiera dicho anteriormente, que es parecido a la nada, ya apuntalara su «crítica», y comienza a dejar claro que no ha entendido la serie ni en una décima parte, porque si ves ‘Euphoria’ y crees que es guay drogarse es que has caído en la trampa… y que no te has visto ni siete capítulos, como efectivamente luego reconoce)

«En ‘The Wire’ los drogadictos no eran imitables, porque resultaban penosos, feos, sucios y se drogaban en pisos abandonados junto a ratas y bolsas de basura. Llámenlo realidad. En ‘Euphoria’ (solo por empezar con uno de sus elementos disuasorios), la droga va aparejada a la belleza y a la aceptación social, y se entiende además que así es la juventud en Estados Unidos y, por supuesto, en todo el mundo, en Madrid o Sevilla, mocitos eternamente rodeados por luces de neón y ropa chillona alucinando químicas. Entonces la gente, incluso los jóvenes, ven ‘Euphoria’ como la serie que les define, lo que solo puede interpretarse como decadencia aspiracional de la peor especie. Aspirar a decaer es lo que nos faltaba, amigos

(El dislocado texto sigue por derroteros de comparativa, con la excelsa ‘The Wire’ como ejemplo máximo. Si has visto ‘The Wire’ y crees que en ella la droga va aparejada a la belleza y la aceptación social es que necesitas unas gafas mejores, muchacho, o bien estarte atento a la serie… tampoco mucho, basta con fijarse cada cinco minutos… puedes enterarte de que esa idea es falsa incluso cambiando los pañales al niño o jugando con el móvil al mismo tiempo… Y la guinda del pastel: viene a decir el amigo crítico –le llamo amigo porque él también me ha llamado crítico a mí– que esta serie es mala para los jóvenes… ¿Cómo y cuándo un novelista con alguna cosa interesante se vuelve un catequista de ochenta años mentales? Digno de estudio)

«A los únicos a los que define ‘Euphoria’ es a los Javis, a C. Tangana, a gente que no tiene que enviar su currículo el lunes por la mañana a 15 departamentos de personal y creen que ‘after’ es una filosofía de vida. A todos los demás, esta serie únicamente les hace soñar con una vida mejor: una vida a partir de la cual HBO se dignaría a hacerte una serie.»

(Pues claro, todos los que nos hemos sentido conmovidos con esta serie aspiramos a ‘After’ como filosofía de vida. Es increíble (o falso, que yo creo que por ahí andan los tiros…) que un tipo que escribe novelas y al que se le supone un bagaje intelectual y cultural se crea que porque una serie hable de adictos sea perfecta para adictos, o que una serie que hable de cazadores furtivos legitime a cazadores furtivos, o que una serie que hable de un violador legitime a los violadores)

«Hay dos colisiones simpáticas en el fenómeno de ‘Euphoria’. Una la encontramos en que su creador, Sam Levinson, rodó en 2018 una de las mejores películas del siglo XXI, ‘Assassination Nation’. Lo agónico es que ‘Assasination Nation’ es exactamente igual que ‘Euphoria’, es decir, trata los mismos temas enfermizos, salen los mismos personajes jóvenes femeninos hastiados de Instagram, amén de abusos, transexuales, suburbios con jardín y luces de neón cada cinco planos, pero presenta un lamentable 6 como nota en Imdb, mientras que Euphoria disfruta de un delirante ¡8,4!»

(Aqui ya empieza el desbarre y la falta de coherencia absoluta: ‘Assassination Nation’ le parece una de las mejores películas del siglo XXI –no lo es, pero bueno es lo que él dice–, y ‘Euphoria’ es exactamente igual… pero ‘Euphoria’ es putrefacta, enfermiza y repugnante… ¿Que por qué? Vete a saber, pero a este hombre le alucina que la primera tenga un 6 y la segunda un 8,4… ¡viva la disgregación mental!)

«Este error de todo el mundo (creer, a diferencia de mí, que ‘Assassination Nation’ es mucho peor que ‘Euphoria’, cuando es justamente al revés) nos sugiere una comparación con el trabajo de Nicolas Winding Refn. Después de presentar ‘Drive’ (2011) o ‘The neon demon’ (2016), auténticas obras referenciales del cine contemporáneo, Winding Refn se volvió indigesto en su serie para Prime Video, ‘Demasiado viejo para morir joven’, que, a fin de cuentas, era lo mismo pero con 10 horas de duración.»

(Y al desbarre le sigue el postureo más clásico: a mí gusta más la película de Levinson que su serie, y yo tengo razón, y por eso la serie es una porquería. A él le sugiere una comparación con Winding Refn en la que vuelve a decir la misma incoherencia de antes)

«Lo que estima uno, un poco a voleo, es que la intensidad alucinógena, desbordada y parcelada por la obligación de llenar con ella ocho o diez horas de ficción, acaba naufragando naturalmente. En cierto sentido, es como si uno se sube a una montaña rusa y le dicen que cada veinte metros deberá bajarse, irse a su casa, hacer su vida y luego a la semana siguiente subirse de nuevo en la montaña rusa justo donde lo dejó. Obviamente, el viaje espídico y emocionante de la montaña rusa ya no es el mismo. Ese bajar y subir constantemente a la montaña rusa es lo que define las series de Levinson y Winding Refn. Son una tortura, vamos.»

(Dice que «un poco a voleo». Yo creo que las críticas y el pensamiento entero de Olmos es todo él «un poco a voleo». Aquí por lo menos da un argumento más o menos defendible –después de unos cuantos párrafos descoyuntados–: que la intensidad no puede sostenerse durante diez capítulos. Pero claro, como no ha visto la serie no sabe que lo dice es falso)

«La otra simpática contradicción de la serie tiene que ver con su protagonista, Zendaya. Hay que imaginar a Zendaya (sea el caso o no) rodando de lunes a viernes ‘Spiderman: no way home’ y, los fines de semana, ‘Euphoria’. ¿Hoy me toca telaraña o cocaína?, le debía de preguntar a su representante cada día de rodaje. Hoy, telaraña, maja.»

(Otro párrafo increíble, que o bien le descalifica para siempre como crítico y/o humorista –eso hacen los actores, amigo Olmos, hoy te hacen ‘Django Unchained’ y mañana ‘The Wolf of Wall Street’…– o bien demuestra a las claras que nos toma a todos por imbéciles. ¿De verdad este hombre se cree gracioso o que está argumentando con chorradas como esta?)

«No en vano, la actriz se ha visto necesitada de enviar un mensaje a sus fans —que lo son, obviamente, más por ‘Spiderman’ que por una serie marginal— avisándoles de que quizás ‘Euphoria’, donde aparecen penes erectos, abusos sexuales, drogas vendidas por niños y depresión sofisticada en cantidades estomagantes, quizá, repito, no es lo que esperan de ella los que la han visto volar abrazada al Hombre Araña, tan sana y sonriente como Heidi.»

(Claro, «marginal» una serie que es la más vista desde ‘Juego de tronos’…. ¿Esto es una crítica o una crónica de salsa rosa?)

«Personalmente, me desagrada mucho ‘Euphoria’. De hecho, escribo esta pieza sin haber visto entera la serie, ya que me provoca una gran repugnancia y no me pagan lo suficiente. Visualmente, es muy pintona, pero desde el punto de vista moral es de una considerable bajeza. Básicamente, se trata de niños ricos de Hollywood jugando a combinar problemas muy gordos de los que apenas saben nada para poder rodar planos a cámara lenta con música de fondo compuesta por algún amigo que vive en la mansión de enfrente. Toda ella es, en definitiva, una celebración de lo putrefacto, una estilización de lo enfermizo, vendida como realidad adolescente por adultos que confunden la adolescencia con la tendencia, la moda, el vacío y el brilli-brilli.»

(Y ya el delirio narcisista y antiprofesional más rotundo que he leído en mucho tiempo: ni se ha visto la serie ni le pagan lo suficiente para hacerlo. Por lo demás, las últimas líneas son dignas de alguien que no sabe separar realidad de ficción, que no hace el mínimo esfuerzo en entender lo que le están poniendo delante de las narices, y que encima se cree el tipo más listo de la clase)

Lo que esta crítica tendría que haber hecho, para ser del todo coherente, es decir lo siguiente: «me llamo Alberto Olmos, soy más listo que tú porque yo lo he decidido, no me gusta ni la crítica literaria ni cinematográfica, y tampoco me gusta otra cosa que cachondearme de todo y demostrar que el nihilismo intelectual es mi forma de vida. Por eso series como ‘Euphoria’ me hacen picar el anzuelo y creer que celebran lo nauseabundo, cuando en realidad es que ni siquiera me ha apetecido verla entera ni estoy preparado para ello». Esa es la breve reescritura que puede hacerse de una pieza tan lamentable como esta.

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ARTÍCULOS, Vídeos

Canon de series: títulos de crédito

Todos sabemos de la importancia de la intro en una serie o en una película. Es literalmente la primera imagen que se le entrega al espectador/receptor, aunque sean unos créditos en blanco sobre una pantalla en negro, como ocurre en la mayoría de películas de Woody Allen. Tanto la música (o la falta de ella), como la tipografía de las letras, como la duración, el hecho de que entren a corte en oposición a las primeras imágenes en movimiento, o bien que estén quemados encima de las imágenes con actores… todo es importante para empezar a analizar la obra en cuestión. Y más aún en las series, pues en una película vemos los créditos una vez en cada visionado, pero en una serie los vemos por lo menos una decena de veces, de modo que han de ser parte consustancial de lo que estamos viendo y han de tener eso que suele llamar «pegada».

Escribiendo el Canon, del que ya me quedan afortunadamente no demasiadas semanas de trabajo, me he dado cuenta de que todos los títulos de crédito (o la ausencia de ellos, que también hay ejemplos) son parte de la estrategia narrativa de sus máximos responsables. No son simplemente títulos bonitos o espectaculares, no se trata de un mero reclamo comercial, sino de una parte fundamental de la serie, de cada capítulo, ya que en ellos muchas veces se cuenta una historia, y si la serie es larga y suceden en ella una serie de cambios argumentales y estilísticos, los títulos también cambian en aspectos conceptuales, como es necesario. O bien no cambian en absoluto, o de manera muy sutil, como es el caso de ‘Euphoria’, que simplemente consisten en el cartel con el nombre y un breve fragmento musical… que en los últimos episodios ya no se ve con el fondo en negro sino con un fondo en movimiento. Otro ejemplo sería el de ‘Breaking Bad’, que no cambia en toda la serie:

En ambos casos, el de ‘Euphoria’ y ‘Breaking Bad’, por lo secas y áridas que son en muchos aspectos, no tendría sentido otro tipo de créditos, aunque quizá ‘Breaking Bad’ podría haber hecho algo más conceptualmente. No es necesariamente malo. La de ‘The Sopranos’ tampoco cambia en seis temporadas:

La verdad es que superar esto es difícil. ¿Qué se podía añadir aquí conceptualmente? La idea esencial de estos créditos es sencilla y poderosa: Tony regresando a casa, observando todos sus «dominios», ascendiendo hasta su castillo, pero no con un gesto de satisfacción sino con uno de resignación, de cansancio. Imposible decir más con menos.

Sin embargo hay otras series que sí van cambiando sus títulos temporada a temporada. Uno de los casos más paradigmáticos es el de ‘The Wire’. Sus títulos de crédito van añadiendo imágenes de cada nueva temporada –al igual que en cada temporada que se van ampliando sus límites argumentales: de las barriadas al puerto, de ahí a la concejalía y los puestos de poder, al sistema educativo, a los medios de comunicación– con un nuevo montaje y una nueva versión del tema ‘Way Down in the Hole’, de Tom Waits:

Pero otras van incluyendo sucesivos cambios temporada a temporada, añadiendo nuevos aspectos, nuevas zonas de ese mundo que van expadiendo con cada tanda de episodios. Uno de los casos más nítidos en ese sentido es el de ‘Game of Thrones’, que además se permitía un cambio radical en su aspecto en su última temporada:

Esto también lo fue haciendo ‘Vikings’, que al tema de su primera temporada (el guerrero vikingo que cae al agua en plena batalla y al que acuden unas valkirias para acompañarlo al valhalla), fueron añadiendo aspectos más sutiles y aún más interesantes que los propuestos por la serie de HBO:

Sin embargo, ‘House M.D.’ fue simplificándose cada vez más, desde la magnífica entrada de la primera temporada a la simple, casi ascética de la última, en la que solamente aparecía el título en los últimos episodios (y pido perdón por no poder subirlo aquí, pero no está disponible):

Aunque supongo que los títulos de crédito que marcaron a toda una generación y que se recuerdan con especial admiración, a pesar de que tienen poco que ver con el tono de la serie en muchos momentos (ya que es una serie en cuyo interior laten varias series) son los de ‘Twin Peaks’, que afortunadamente contaron con una nueva intro para la temporada de 2017:

Y para finalizar hay que hacerlo con la serie que posee una intro más poderosa, que no solamente ha ido cambiando conceptualmente con el paso de los años, sino que desde el hiato de la temporada 9 ha cambiado por completo, sin dejar de ser ella misma. Me refiero por supuesto a las intros de ‘The Walking Dead’, que son una obra de arte en sí mismos:

Cada una de estas piezas incide de manera muy importante en los caracteres más importantes de la serie, en su viaje particular y global, además de abordar un aspecto estético fundamental, que da una idea muy definida de lo que se quiere conseguir en cada una de las tempordas.

No se puede dejar nada al azar, sobre todo en estos títulos en los que se pretende (y se consigue, precisamente por eso) pasar a la historia. Unos títulos apropiados no solamente nos preparan en lo anímico y lo psicológico para lo que estamos a punto de ver, nos sirven de introducción para ser unos espectadores más sofisticados respecto a lo que se nos muestra, sino que también son una parte esencial, crucial, de la obra de arte que se supone se va a desplegar ante nuestros ojos. No son la carátula colorida y brillante de un simple best-seller de moda, son la primera línea de batalla para la agónica lucha contra el paso del tiempo.

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Vídeos

Miscelánea de vídeos (2): homenajes a series

En este caso me gustaría poner aquí algunos de esos vídeos creados por aficionados y por seguidores de series, en los que se hace un montaje tipo resumen, o en los que se hace homenaje a un personaje en concreto, o al estilo de esa ficción determinada. Son vídeos, creo, hechos con gran talento en muchas ocasiones, y que merecen la pena verse, aunque también advierto que en ellos se pueden encontrar muchos detalles de la trama completa de esos títulos, por lo que no aconsejo verlos a quien no se haya visto las series completas.

Para empezar uno sobre ‘Breaking Bad’, la superlativa creación de Vince Gilligan, subido por un tal Alex Jux, con estupenda música de Zack Hemsey, ‘The Way’, que le va a las mil maravillas:

Para continuar uno realmente impresionante (subido por Thorny Rose) sobre cierto personaje de esa serie no menos impresionante (en mi opinión una obra maestra absoluta) titulada ‘Vikings’. El personaje es el sinpar Ivar, interpretado con una fuerza indescriptible por esa fuerza de la naturaleza que es Alex Høgh Andersen:

Y para terminar la serie que me tiene obsesionado desde que apareció en 2019. Es un vídeo del canal The Beauty of, que tiene verdaderas joyas en su haber, y que aquí una vez más se esfuerza por mostrar la belleza de la serie de Sam Levinson. No hay palabras:

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TELEVISIÓN

‘Euphoria’, o el estado de gracia

No sucede demasiado a menudo, o más bien casi nunca… precisamente por eso cuando sucede te resulta más fácil darte cuenta. Recuerdo bien la conmoción que experimenté al ver en cine ‘El camino a casa’ (‘Wo de fu qin mu qin’, Zhang Yimou, 1999), o ‘Titanic’ (James Cameron, 1997), o cuando vi varias veces seguidas en televisión ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’ (Michel Gondry, 2004), o cuando en plena pandemia pude por fin ver ‘Spider-man: Into the Spider-Verse’ (Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman, 2018): la sensación, o más bien la intuición, de que aquello que estaba viendo iba a ser algo mítico, irrepetible, y de que detrás de las cámaras se encontraba gente en estado de gracia. Y algo más: lo afortunado que te sientes por verlo nacer como mito. Las personas que estaban en Cannes en 1979 debieron sentir algo parecido cuando vieron el primer pase de cierta película de Francis Ford Coppola…

Y tal cosa me ha vuelto a suceder con ‘Euphoria’, tanto hace casi dos años, con la primera temporada de la serie (que en realidad es de 2019), como ahora con la segunda recién concluida: la percepción de que estaba asistiendo al nacimiento de algo demasiado grande para ciertas mentalidades, o demasiado extremo para otras, pero de lo que alguna forma yo también era parte, porque había sido testigo de cómo nacía de la nada y se convertía en lo que es ahora: una de las grandes series canónicas de lo que llevamos de siglo, y una de las más enigmáticas. Viéndola, me pregunto qué habrá de especial en la miniserie israelí, de diez episodios aparecidos en 2012, en la que se basa, o si habrá algo interesante en algún sentido, porque viendo esta ‘Euphoria’ (2019-?) sobre todo me pregunto quién es este Sam Levinson y cómo un talento de esta magnitud se ha manifestado de semejante forma cuando todo lo anterior que ha hecho no anticipaba ni mucho menos lo que ha sido capaz de lograr.

Algunos dirán que exagero, tanto si se lo digo en persona como si leen estas líneas. Pero estoy seguro de que no. Ahora que tantas voces decían que los buenos tiempos de HBO habían pasado a la historia, y que su hegemonía televisiva había tocado a su fin con la temporada final, hace ya tres años, de ‘Game of Thrones’ (2011-2019), la cadena hace un salto mortal sin red apostando hasta las últimas consecuencias por esta ficción de Levinson, una verdadera locura que en ningún momento puede calificarse solamente de «drama para adolescentes». No creo que el famoso cineasta Barry Levinson, al que muchos recordarán por haber filmado títulos como ‘Rain Man’ (1989), por la que ganó el Óscar a mejor director, y de otras como ‘Bugsy’ (1991), ‘El secreto de la pirámide’ (‘Young Sherlock Holmes’, 1985) o ‘Good Morning Vietnam’ (1987), pudiera haber pensado en tener un hijo que con una serie un día iba a hacer algo mucho más importante que todo lo que ha hecho él en toda su poco estimulante filmografía.

Contando bastante de su experiencia con las drogas, Sam Levinson ya no es el impersonal pero sugerente debutante de ‘Another Happy Day’ (2011), o el cineasta brillante y prometedor, pero también exagerado y poco cabal de ‘Assassination Nation’, ni siquiera es el director de la bastante auto-indulgente y superficial ‘Malcolm & Marie’ (2021) que filmó para NETFLIX aprovechando parón de la pandemia; porque con ‘Euphoria’ se pone en la liga de los David Chase, David Milch o Michael Hirst, creando una serie tan absolutamente original y contundente que es verlo para creerlo. Con una energía para el montaje que envidiaría un joven Paul Thomas Anderson y un no tan joven Martin Scorsese, con una capacidad pasmosa para crear planos memorables en perfecta sintonía con sus operadores, nos narra la caída en los infiernos de esta inolvidable Rue Bennett (la cantante y bailarina Zendaya, estrella de Disney Channel… como si no fuera ella, haciendo suyo un papel dificilísimo), y lo hace con una personalidad que le sitúa entre los grandes creadores de series de la actualidad.

¿De dónde nace este talento puro para la puesta en escena y la dirección de actores? ¿Cómo surge esta imaginación portentosa para el dinamismo y la energía, el juego de colores, luces y sombras de esta serie ya mítica? Antes que otra cosa, y a pesar de las apariencias, ‘Euphoria’ es un musical, probablemente el más extraño y sórdido jamás realizado, pero que pertenece a ese género porque es música en imágenes, y sólo unos pocos cineastas son capaces de hacer algo como eso.

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CINE, TELEVISIÓN

Personajes de los que te enamoras (Parte II)

Me ocupaba ayer de los dos personajes masculinos que más he han impactado en los últimos meses y ahora voy a ocuparme de los dos femeninos: Rue, la protagonista de ‘Euphoria’, y Lathgertha (o Lagertha, depende de donde consultes el nombre original), uno de los caracteres más importantes de la impresionante serie ‘Vikingos’. Y me doy cuenta de que mientras Ivar the Boneless y Wolf eran caracteres casi opuestos, pues uno representaba un optimismo y vitalidad que el otro negaba, tanto Rue como Lathgertha participan de un mismo sentido trágico de la vida, de un mismo patetismo entendido como una gran angustia o padecimiento moral, que les cala hasta los huesos y que es la médula del trabajo de sus dos maravillosas actrices.

Rue

Fue ‘Euphoria’ una de las grandes alegrías audiovisuales del año pasado. Ocho episodios dedicados a un grupo de personajes adolescentes absolutamente perdidos aunque crean que tienen su vida controlada y crean saber lo que quieren. Y fue grande, entre otras muchas cosas, por sus actores, especialmente sus actrices. El personaje central, Rue, está interpretado por la joven actriz y cantante Zendaya. Y es imposible no enamorarse de ese caracter. Porque en ella se comprimen décadas de interpretaciones basadas en la adicción a las drogas y el alcohol, pero pocas veces o ninguna lo habíamos visto con esta belleza, con esta hondísima verdad. Zendaya interpreta como si no fuera ella, y desde el mismo inicio se transforma en este personaje bastante calamitoso, totalmente desnortado, encantador, manipulador, frágil, conmovedor y haciendo un pulso con la muerte casi en cada secuencia.

La serie comienza y termina con ella. La primera imagen es la de Rue en el útero de su madre, y ya oímos su extraordinaria voz narradora para contarnos que la primera vez que perdió (y no la última) fue cuando la obligaron a abandonar aquel entorno tan acogedor. Nació tres días después del 11 de septiembre, y sus padres estuvieron tres días viendo las imágenes de las torres caer mientras era amamantada. Residente de una barriada de clase media, Rue padece trastorno por déficit de atención y posiblemente trastorno bipolar, y ya desde niña sabe que su ritmo cerebral va en disonancia con el de aquellos que la rodean, incluida su hermana y su sufrida madre. Pero hay algo más: un sentimiento cáustico y nihilista de la existencia que la empuja hacia una autodestrucción irrevocable. Sólo parece encontrar algo de paz y estabilidad mental en su frágil relación con la extraña y casi feérica Jules…

Imposible no llegar a amar a varios personajes (la mayoría terribles, enormemente imperfectos, poco recomendables) de ‘Euphoria’, pero a ninguno como a Rue. Pocas veces en la televisión o el cine reciente hemos acompañado a un personaje hasta sus últimas consecuencias, y pocas veces nos hemos sentido al mismo tiempo tan repelidos y tan cautivados por un ser de ficción como aquí, arrastrados por ese vendaval que es Zendaya, como si no fuera ella, como si fuera de otro mundo, conmovidos y estremecidos por su vacío existencial, por su enorme pasión a la hora de hacerse daño a sí misma o de juntarse con personas que van a abandonarla tarde o temprano.

Lathgertha (o Lagertha)

Hablaba ayer de Ivar, de cómo cogió el testigo de Ragnar (de forma explícita en las imágenes), para convertirse en el gran antagonista, en el héroe/villano de la serie. Pero el alma de ‘Vikings’ fue Ragnar…y su corazón Lagertha. Fue este un personaje real, seguramente una amalgama de doncellas escuderas (del mismo modo que Ragnar fue un compendio de varios reyes escandinavos), pero es parte de la estrategia del guionista Michael Hirst convertirla en un ser de carne y hueso, en una fusión perfecta que se convierte en uno de los personajes femeninos de ficción más importantes de lo que llevamos de siglo, y quizá el más bello, emocionante y gigantesco de todos ellos. Lagertha ya pertenece a la eternidad, porque es de ella de quien mana el sentido místico y casi espiritual, en toda su nitidez, de esta gran creación.

Es imposible no enamorarse de ella desde su primera aparición en pantalla, y la acompañaremos nada menos que durante setenta y un episodios (el personaje que tiene más aparición, de lejos, y más peso dramático), interpretada por la bella y feroz actriz Katheryn Winnick, que al igual que sus colegas Zendaya, Derek Wilson y Alex Høgh Andersen, se transforma totalmente en el personaje hasta el punto de que parece haber nacido para darle vida. Será imposible, en el futuro, desligar a la actriz de este personaje, por muchos papeles que llegue a interpretar. Y no es un papel en absoluto fácil o sencillo. Lagertha es mucho más que una guerrera y una reina. Es, en sí misma, la suma de todos los valores vikingos, de todas sus contradicciones y de todas sus oscuridades, del mismo modo que Ragnar, pero desde una perspectiva femenina.

Lagertha sufre numerosas traiciones (hasta que llega a preguntarse si todo el mundo, alguna vez, terminará traicionándola) y numerosas pérdidas emocionales. La primera, la peor de todas, la que arrastrará el resto de su vida: la traición de Ragnar y perderle a manos de otra mujer. Pero luego perderá su nuevo reino, y perderá Kattegat, y se verá obligada a recuperarlos una y otra vez, a ser una guerra más grande que sus homólogos varones, y a saber que está completamente sola pese a ser, de lejos, el personaje más amado por sus compañeros y por el espectador. La fuerza de sus pasiones se comprimen en una sola cosa: superar el pasado…hasta que decide volver a él y entregarse a la nostalgia de los días perdidos con Ragnar. No cabe mayor belleza, ni mayor emoción, en el rostro de una actriz.

Me doy cuenta, para terminar, de que han sido las pasiones de estos cuatro personajes las que me han conquistado. Queremos ser capaces de albergar pasiones semejantes, o sospechamos poder experimentarlas, pero también nos frenamos y llegamos a creer que nunca podremos vivirlas a fondo. Es por eso que nos acercamos a estas ficciones.

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CRÍTICA, TELEVISIÓN

‘Euphoria’, una deslumbrante joya de ficción

No es fácil decidir qué ponerse a ver, y estos días de confinamiento menos todavía. Soy de los que piensan, y seguro que no soy el único, que se hacen demasiadas películas, se producen demasiadas series, y se escriben demasiados libros. Y en un gran porcentaje no valen la pena. Pero no te puedes fiar sólo de tu olfato, por mucho que algunos lo tengamos bien desarrollado. Te puedes perder algunas maravillas que andan por ahí llamando la atención, y que tú crees que no son para ti, o que no valen la pena. O puedes, simplemente, no elegir correctamente en qué invertir las próximas horas o días de tu vida. Y con HBO me sucede eso. Me pongo a mirar qué serie ver, y no me decido. Y al final no veo nada, o me pongo a ver lo que ya he visto. Por suerte, esta semana me he decidido a ver ‘Euphoria’, de la que no había leído absolutamente ninguna crítica.

Ahora sí, ahora ya he leído algunas críticas elogiosas, y no pocos comentarios positivos, pero por mi parte puedo decir que una vez más HBO lo han vuelto a hacer, han vuelto a dar en el clavo con otra producción propia con la que indagan en la sociedad estadounidense actual, y han firmado una verdadera joya, creada por el bastante joven y poco conocido Sam Levinson, adaptando al parecer una serie israelí, que ya es por derecho propio una de las grandes series de la casa, y cuyos ocho episodios (también se agradecen series así de cortas…) es imposible que dejen indiferente a nadie, cuando no incomodar, divertir y hasta conmover a la gran mayoría de los que se atrevan a acercarse a sus sorprendentes imágenes.

La cosa va de una chiquilla llamada Rue (impresionante el trabajo de la actriz y cantante Zendaya…), de unos diecisiete años, y de su vida en una barriada de clase media de Los Ángeles. Rue, que nació tres días después del ataque a las Torres Gemelas, desarrolla adicción a las drogas, por su carácter depresivo y su personalidad bipolar, y la historia comienza a su salida de rehabilitación. Vive con su madre y con su hermana pequeña, y tiene un círculo de amistades del instituto, especialmente su grupo de amigas, cada cual con sus problemas, y sus historias, su pasado y sus particularidades. Así vista parecería otra típica historia de adolescentes, pero ‘Euphoria’ está muy lejos de ser eso, hasta el punto de que me parece que dentro de su clase (historia juvenil, drama adolescente de sexo, drogas y música a tope) es la mejor, la más profunda y estimulante que yo he visto…y he visto unas cuantas.

Este relato tiene como objetivo radiografiar toda una generación (la nacida con el siglo) cada vez más perdida, en un mundo desquiciado, en una Estados Unidos hiperviolenta, hipercompetitiva, casi feroz, que no deja espacio a las equivocaciones y mucho menos a los sentimientos. Y, para ello, nos narra el impacto que las drogas, la pornografía, el alcohol y las interrelaciones personales tienen en unas mentes todavía tan impresionables, tan frágiles. No se corta en imágenes de violencia extrema, de sexo gráfico (con desnudos totales, sobre todo masculinos), en que veamos a estos chavales destruidos o consumidos por sus pasiones, sus adicciones, sus depresiones o por la brutal realidad en la que viven. Pero sobre cualquier otra cosa, la serie es deslumbrante por la forma en que lo cuenta.

En su puesta en escena, Sam Levinson y su equipo de cineastas se revelan como aplicados discípulos de Scorsese o incluso de Paul Thomas Anderson (de hecho el cuarto episodio parece filmado por el director de ‘Magnolia’). La energía de la cámara y del montaje es absolutamente arrolladora, con unos movimientos, unos cortes y en conjunto una resolución visual de una riqueza expresiva insoslayable. Y todo ello da pie a un juego de tonos y contratonos realmente insuperable, y así en esta deprimente historia hay mucha comedia negra, y también tono de fábula, y por supuesto romanticismo, y un magnífico erotismo (qué poco erotismo hay hoy en día en ficción…), tienen lugar secuencias luminosas, que dan paso a otras de una sordidez casi insoportable. No da respiro una serie que es casi como una montaña rusa en la que al final lo que acaba primando son los personajes, y sus vidas.

Porque aunque la mayoría de ellos, o todos, incluida la protagonista Rue, son personajes bastante patéticos, mezquinos, y hasta psicópatas o personas despreciables, la serie trata de comprenderlos, empatiza con ellos y terminan importándonos, del primero al último, porque logra que en estos ocho episodios sintamos que convivimos con ellos, con sus adicciones, sus penas y sus pequeños triunfos, todo ello magnificado por un grupo de actores en verdad formidable, todos ellos, en el que no se nota el menor fingimiento ni interpretación, sino que viven la secuencia y que han nacido para encarnar a estos personajes, que se mueven como animales por esta secuencia fragmentada, dislocada, en la que un evento sirve para explicar otro evento pero en el que a menudo las acciones y las consecuencias no van necesariamente unidas en el tiempo.

Tendrá segunda temporada, esta serie. Ojalá me equivoque, pero dudo que puedan repetir este triunfo, del mismo modo que ‘True Detective’ (otra serie con ocho episodios, por cierto) no pudo repetir una primera temporada absolutamente fastuosa. Ya veremos. De momento ahí queda esta joya, y el poso que deja, tras acompañar durante ocho horas a unos personajes más vivos que mucha gente que conozco.

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