ARTÍCULOS, CINE

7 Excelentes razones para considerar a Francis Ford Coppola el mejor director de la historia del cine USA

Yo intento dar siempre razones, argumentos, refutaciones. No me gusta cuando la gente se pone a dar opiniones sin más, a salto de mata, y se supone que tienen que valer tanto como cuando te llega alguien más sereno y empieza a explicarte las cosas con mucha mayor autoridad. Las cosas son las que son, no las que se quiere que sean, nunca o casi nunca lo son.

Y como no dejo de dar la tabarra a todo el mundo con Francis Ford Coppola, me obligo a mí mismo a argumentar siempre, a dar razones siempre. He aquí las siete razones más importantes para considerar a Coppola no solamente un genio del cine, sino el más grande creador cinematográfico que ha dado su país, siendo consciente de que tal idea puede resultar excesiva o equivocada para muchos, y es el tipo de ideas que a no pocas personas les ha convencido de que Adrián Massanet está como una regadera.

¿Y por qué siete y no cuatro o treinta nueve? Porque siete quedan muy pintonas:

1

Coppola es el único director de Estados Unidos que no posee un estilo, sino varios estilos, tantos como películas tiene. Su colega Martin Scorsese, otro gran director, posee un estilo muy definido que marca a casi todas sus películas… con variaciones, con lógicas disparidades temáticas o narrativas, pero siempre con ese sentido del montaje tan acusado, con esa forma de ver el mundo. Coppola no es así. Cada película nos encontramos a un Coppola distinto. No es el mismo el que dirige Peggy Sue que One from the Heart, por ejemplo, o el que dirige Tucker que el de The Conversation. Con una sola y obvia excepción: la trilogía The Godfather, que pese a los dieciséis años de hiato entre la segunda y la tercera, posee una asombrosa unidad de estilo. ¿Qué significa esto? Angel Fdez-Santos decía que parecía que Coppola redescubría incesantemente el cine. Parece cierto. Es un director en el que, al contrario de lo que hacen los supuestamente grandes, encontramos muchos directores diferentes. Es un suicidio, pero al mismo tiempo algo sorprendente y fascinante, que me sorprende que no se haya comentado más.

2

A partir de este hecho de que en su cine caben tantos directores, casi, como películas, que en cierto modo niega la teoría del autor, nos topamos con otro que tiene mucho que ver con ese: Coppola, lo dicen todos sus colaboradores e intérpretes, deja a todo el mundo libertad total… o por mejor decir «libertad controlada», a partir de la cual él ya va uniendo las piezas. Es decir que los actores reescriben y crean su papel (como en el teatro), los montadores tienen cierta libertad (a veces más a veces menos) para construir grandes trozos del filme, los directores de fotografía reciben ligeras indicaciones. Supuestamente todo, porque ahí está el genio detrás para unir las piezas nadie sabe muy bien cómo, haciendo sentir a todo el mundo que ellos son los creadores, pero luego demostrando quién es el verdadero creador. Y esto lo hace Coppola asumiendo cada proyecto, como algo único, en el que cada colaborador e intérprete aporta también algo único, de ahí también (y de su cinefilia) la disparidad de estilos.

3

Y a partir de este segundo hecho, otro más: pocos directores tan cinéfilos y tan lectores como Coppola. En una palabra: tan cultos. La enorme cultura de este hombre, en todos los ámbitos, le acercan a un hombre del Renacimiento, una especie de genio loco que de todo sabe y en todo curiosea, sin ser realmente un experto en más que tres o cuatro campos, pero siendo capaz de encontrar conexiones referenciales, conceptuales, en todos los campos del arte. Suya es la frase (que en cierta forma suscribo) de que el cine es una forma maravillosa de literatura. Él es el creador total, que funde Literatura y Música, pintura y artes escénicas, para hacer de sus más grandes filmes una experiencia poética insuperable, inalcanzable para los llamados maestros del «cine clásico», de los que no hay ninguno que pueda acercarse a sus cuatro obras maestras de los años setenta: los dos padrinos, The Conversation y Apocalypse Now.

4

Sigamos con su lado visionario: Coppola es uno de los directores que más han investigado y más han apostado por la tecnología en el cine, más allá de los efectos visuales en los que se centran otros como George Lucas, él fue el pionero del llamado cine electrónico, el que más ha indagado en la necesidad de profundizar en los límites y las posibilidades del sonido en el cine, y el que ha cogido el testigo de otros como Meliés o Welles, para los que el cine era un inmenso mecano a partir del cual crear grandes obras de arte. Pero aún más: es el director para el que el tiempo no es solamente un concepto filosófico, sino uno material, en realidad el concepto clave que puede estudiarse con el cine. El tiempo es la base primordial, tanto temática como sobre todo narrativa, de todos sus filmes, como un elemento maleable, como una herramienta de los dioses a patir de la cual indagar en la naturaleza humana.

5

Fue el primer cineasta estadounidense (después de él ha habido unos pocos más) que ha sabido aunar cine comercial con cine personal, o más exactamente que ha acatado las leyes del cine digamos popular y que aún así ha sido capaz de crear un mundo propio. Por supuesto con The Godfather y con Apocalypse Now, pero también con Bram Stoker’s Dracula, todas ellas enormes éxitos de taquilla, pero al fin y a la postre la visión genuina y muy crítica (con la sociedad, con la naturaleza humana) de un artista incapaz de comprometer su visión.

6

Al igual que sucedía con Bergman o Tarkovski, y otros grandes cineastas europeos o asiáticos, y a diferencia de tanto director de cine clásico, para Coppola Cine y Vida son la misma cosa, indivisible, inseparable. Ver la filmografía de Coppola no es solamente observar su evolución, su ascenso y caída, sus rasgos como cineasta, es asistir en directo a una confesión artística a través de sus películas, de todas ellas. Y lo hace así porque no puede evitarlo, porque para él es el modo de hacer arte: construir una autobiografía. Él es Michael Coerleone, su verdadero alter-ego, pero también Harry Caul, y el conde Drácula, y Tucker, y el joven de The Rainmaker, y a partir de esos caracteres conocemos su vida, sus fracasos, sus miserias, sus búsquedas personales, su vida íntima en defintiiva. Si el arte ha de contar la verdad ningún cineasta estadounidense lo ha hecho como este director.

7

Si a su búsqueda del sonido como un elemento clave en la narración fílmica y en la búsqueda de la verdad, a su excelente dirección de actores (entre las más concienzudas de la historia), su capacidad para sacar de sus colaboradores –en ese estilo de «libertad controlada»– lo máximo posible, a su enorme cultura, a su lucha por convertir el cine en algo parecido a la literatura, a su desprecio por las leyes del mercado o su obsesión por hacer del cine su vid a y de su vida su cine añadimos que todos sus filmes son realmente música filmada, obtenemos el cuadro completo. De familia de músicos, para Coppola la puesta en escena y el montaje son en realidad ensamblajes para hacer del cine sobre todo música, tiempo narrado en clave sonora. Ese es el salto verdadero que dieron sus filmes a partir de los años setenta: que el cine se volviera adulto no añadiendo música para hacerlo más atractivo, sino volviéndolo música para poder elevarlo a una de las bellas artes.

Han sido siete epígrafes… pero yo creo que han sido bastante más que siete razones…

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Viajeros de la noche – Capítulo decimoséptimo: Apocalypse Now

Tras un parón de algunas semanas, después de aquel episodio tan escuchado sobre El señor de los anillos, regresamos los Viajeros en una segunda temporada de nuestro programa, esta vez para continuar con el especial que estamos dedicando de varias partes (porque no creemos que se pueda hacer de otra manera) al genio Francis Ford Coppola, uno de esos nombres que justifica que al Cine, que muchas veces no es más que mero entretenimiento y farándula, podamos considerarle a la altura de la Música o la Literatura.

Nos hemos ido, Carlos, Juanjo y yo, a bordo de la patrullera fluvial, hasta el final del río, hasta salirnos de Vietnam, llegar a Camboya y encontrarnos con Kurtz en la jungla, en un viaje con el que pretendemos indagar en los misterios y en la forma de una de las películas medulares de la Historia del Cine, el que probablemente sea el filme mejor fotografía y mejor montado jamás realizado… además del más audazmente escrito y dirigido, que en 1979, sin estar terminado, se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes y cuya leyenda no ha dejado de crecer hasta entonces.

Juanjo y Carlos están tan fascinados como yo por la película, y creo que entre los tres, cada uno con su estilo, hemos sabido encontrar claves y lecturas nuevas a un filme inabarcable, una película que contiene decenas de películas en su interior. Tres horas de viaje, música y horror que creo que merecen mucho la pena, porque me parece uno de los mejores programas que hemos grabado hasta ahora.

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ARTÍCULOS, TELEVISIÓN

Destinados a hacer esa película

Aún recuerdo cuando, ante el requerimiento de nuestra profesora de dirección, todos los alumnos llevamos a clase un ejemplo de lo que consideramos el cine más perfecto o interesante que hubiéramos visto, una secuencia que realmente nos pareciese un ejemplo de lo que quisiéramos conseguir o por lo menos aspirar llegar algún día. No recuerdo la mayoría de ejemplos que trajo el resto de chavales que tuvimos la mala suerte de compartir a una profesora tan incompetente, pero por supuesto me acuerdo de la que puse yo: la secuencia de la falsa reconciliación entre Michael y Fredo en El padrino, parte II (The Godfather, Part II, Coppola, 1974), y aún me acuerdo más de la cara que puso Ana Díez cuando revelé mi elección y proyecté la secuencia en la pantalla. Estoy seguro de que desde entonces me hizo la cruz y no me la quitó hasta que al final del año me largué de la ECAM para no volver más. Viendo las películas que han ido sacando el resto de sufridos compañeros, me alegro aún más de mi decisión…

Ahora, como entonces, no puedo entender que un profesor de cualquier escuela de cine del mundo pueda torcer el gesto cuando un alumno le pone como ejemplo cualquier secuencia de la entera trilogía dirigida por Coppola. Me recuerda a esa anécdota que contaba Paul Thomas Anderson en la que un profesor les advirtió que los que quisieran hacer algo parecido a Terminator 2 podían irse de su clase, a lo que PTA respondió que un alumno de cine podía aspirar a lo que le diese la gana. Creo que ese fue el único día que asistió a esa o a cualquier otra escuela. Sea como fuere, me parece que un par de días después Ana Díez nos dio una magistral clase de cine cuando nos puso los brutos de su película Todo está oscuro (1997) y nos mostró los brutos en los que había filmado una secuencia desde delante, desde detrás, desde los lados, desde arriba… y luego con un objetivo más corto… y luego con un objetivo aún más corto…

Pongo esto como anécdota porque supongo que algunos están destinados a ser atroces profesores de escuelas de cine, pero otros están destinados a hacer esa obra maestra que, le pese a quien le pese, eleva la disciplina a la que pertenezca, a la categoría de verdadero arte. Es el caso de los dos cineastas de los que quiero hablar hoy, siquiera brevemente porque he escrito mucho sobre ellos, uno completamente olvidado y otro completamente defenestrado por el gran público. Me refiero a F. F. Coppola y a James Cameron, respectivamente, uno que ahora va a volver (esperemos que no se caiga todo en el último momento) con Megalópolis, que se estrenará en algún momento del año que viene o el siguiente, y otro que en diciembre por fin trae la secuela de su denostada Avatar. Cuando llegue el momento hablaremos en VDLN de ambos títulos, pero hoy quiero escribir sobre otros dos, porque hace poco estaba pensando que Coppola estaba destinado a hacer El padrino, la trilogía, y que Cameron estaba destinado a hacer Titanic. Y esa es una idea interesante y al mismo tiempo inspiradora.

Y estaban destinados porque a pesar de que Coppola estaba empeñado en ser un director independiente y underground, en construir una carrera de pequeños pero importantes proyectos, no pudo decir que no a ese importante proyecto que era la adaptación de El padrino, y a su vez no pudo no aprovechar aquel material, que le tocaba tan de cerca en su acervo cultural, para hablar de sí mismo, de su familia, de sus ancestros. Y porque a pesar de que Cameron era un director considerado más apto para el cine de acción, no pudo, una vez tomó contacto con el pecio del Titanic, resistirse a contar la historia del naufragio más famoso de la historia, por lo mucho que a este hombre le fascina el mar y porque a fin de cuentas es probable que se hubiera estado preparando para ello, quizá incluso sin saberlo, durante gran parte de su vida. Porque es posible que los grandes creadores, sean o no reconocidos en su tiempo (por cierto que las primeras críticas de El padrino parte II fueron tan malas como las de El padrino parte III) lo sean entre otras cosas porque existen proyectos, literarios o cinematográficos, muy especiales, únicos, que de alguna forma están esperando al momento propicio para que ellos les doten de vida.

No era el destino de Coppola, sin embargo, filmar Apocalypse Now (porque nada en su filmografía anticipaba esa genialidad, ni siquiera los padrinos), y es un destino que él se impuso a sí mismo y que casi le cuesta la cordura, y no era el destino de Cameron filmar algo como Terminator 2, un proyecto para el que habría esperado algo más o que quizá no hubiese llegado a hacer sino llega a ser por el mandato casi inamovible de Mario Kassar. Pero sí lo era filmar las grandes obras por las que quizá pasen a la posteridad (por mucho que les pese a los que abominan de Titanic o de El padrino parte III), mientras que otras personas tenían como destino hacer sentirse una basura a los veinteañeros que les caían en gracia como alumnos o ponerse a escribir sin parar porque, les lean o no, es lo único que da cierto retorcido sentido a sus vidas.

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ARTÍCULOS, CINE

La genialidad de cierto Cine Estadounidense

Esto no es una retractación del intenso artículo que publiqué ayer, más bien una disertación complementaria. Lo que dije ayer lo sigo manteniendo y posiblemente lo mantenga el resto de mi vida, nadie me ha amenazado en Twitter ni en comentarios anónimos, y no tengo dos personalidades que digan y piensen cosas opuestas. Por eso digo «cierto» Cine Estadounidense.

Porque a pesar de que EEUU es un chiste de país, a pesar de que sus élites muy probablemente acaben con la vida en el planeta tal y como lo conocemos por sus ansias de poder y por su espíritu belicista, Estados Unidos, como todo gran imperio, ha contado y sigue contando con verdaderos genios en las artes, especialmente en las narrativas (pues convendremos que en Música, Pintura y Escultura los pobres no tienen mucho que aportar…), y muy especialmente en Literatura y Cine. Y si en la primera han contado con gigantes de la talla de Walt Whitman, Herman Melvill, Edgar Allan Poe o William Faulkner, en la segunda ha habido algunos que han luchado contra el status quo, e incluso los hay que han triunfado sobre él… al menos durante un tiempo. Porque cuando quiere el Cine Estadounidense es muy crítico con la sociedad y las élites de su propio país. Quizá uno de los que más, y cuando sus creadores gozan de libertad, pueden hacer mucho daño y lograr levantar obras geniales.

En lo referente al Cine, el primero de todos fue Orson Welles, pero Welles nunca tuvo verdadero poder en Hollywood, sólo tuvo poder en lo que tuvo que ver con su primera película, Citizen Kane (1941), en la que tuvo algo que muchos no tuvieron en toda su carrera: el corte final. No les gustó el jovenzuelo bocazas y se lo cargaron antes de que pudiera dar mucho por saco. Su alumno más aventajado, Coppola, sí ostentó ese poder, y con ese poder consiguió el que en mi opinión es el Quijote del Cine, la trilogía El Padrino, y la que en mi opinión es la Divina Comedia del Cine, Apocalypse Now. Nadie, en toda la historia del CE ha sido más crítico, ni más sombrío, respecto a las instituciones, la política exterior, la corrupción endémica de esa sociedad como Coppola. Por eso aprovecharon el desatino de One from the Heart para cargárselo. Lo malo para ellos es que no se lo cargaron del todo, y aún ofreció la genialidad del cierre de su trilogía y alguna obra notable más. Coppola es el espejo en el que todos los cineastas combativos han de mirarse porque nadie ha conseguido un relato tan pesimista sobre el interior de los Estados Unidos…

Y nadie ha hablado con tanta ferocidad sobre la calamitosa política exterior y el belicismo de los Estados Unidos…

Y si la primera es El Quijote del Cine, y la segunda su Divina Comedia, tenemos que irnos con otros creadores (esta vez en peligrosa colectividad) y a otro medio para hablar de la que en mi opinión es La Odisea del Cine, aunque en formato televisivo, la magna The Walking Dead, que bajo mi punto de vista es, junto con las también geniales The Sopranos, The Wire, Deadwood y House, el relato más crítico con una sociedad desquiciada, suicida, que vive encarcelada en un entorno de western en el que ellos se sienten, patológicamente, más ellos mismos…

Y hay otros, como Terrence Malick, David Lynch, Martin Scorsese, el prometedor Sam Levinson… que cuando quieren y les dejan nos enseñan otro Estados Unidos, uno que no sale en ese Cine mentiroso y falaz que tantas patrañas nos ha dado y gracias al cual nos hemos tragado las mentiras más espantosas de la historia contemporánea.

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Viajeros de la noche – Capítulo decimosegundo: F.F. Coppola – Parte 1 – Trilogía El Padrino

Ni nos habíamos dado cuenta, creo yo, de que este año la primera película de la más mítica saga de todos los tiempos cumplía 50 años, pero era un motivo como cualquier otro para ponernos a hablar de una de las más importantes obras maestras del cine estadounidense, sino la más importante, en nuestro programa número doce de Viajeros de la noche.

En realidad Juanjo y Carlos me lo debían, porque podríamos decir que mayo fue el «mes Lucas», con los programas sobre la trilogía original de Star Wars, sobre Monkey Island y aventuras gráficas y sobre las precuelas de 1999-2002- 2005, todo ello para hacerles felices, porque sé que les hizo felices. Así que esta vez tocaba enfrentarse a un verdadero reto y proponer nuevas ideas para una trilogía sobre la que mucha gente ha escrito (me temo que la mayoría repitiendo lugares comunes), y sobre la que es difícil proponer algo nuevo. Pero nos van los retos, supongo, y si nos hemos puesto a hablar del espacio profundo y de qué diablos es la Literatura… ¿por qué no íbamos a ponernos a hablar sobre las tres películas de los Corleone?

Así que ahí van más de tres horas y media de programa, que juramos y prometemos que se pasan literalmente volando, con los que el espectador puede amenizar ese vuelo a Canarias o a Berlín, o con el que puede hacer pasar más agradables las horas en coche a la playa, o simplemente escuchar por capítulos, ya que la primera hora está dedicada a la primera parte, la segunda hora a la parte II… y la tercera a la parte III, así que no hay pérdida. Estamos muy orgullosos de este programa y esperamos que el inopinado oyente que se pase por aquí redescubra o descubra la trilogía y se plantee las mismas preguntas que nos hicimos nosotros, y unas cuantas más.

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Miscelánea de vídeos (3): F. F. Coppola

Como dentro de pocos días vamos a hacer un nuevo programa de Viajeros de la noche, que además va a ser el primero de una serie sobre F.F. Coppola, me dan ganas de hablar del maestro a todas horas… pero lo mejor es que le dejemos hablar a él, que lo hace mejor que nadie, y por eso he decidido que este nuevo capítulo de miscelánea de vídeos, esté dedicado a su figura.

Por ejemplo con esta entrevista en la que habla un poco de la futura (se filma este año) Megalópolis:

O el reciente homenaje a los 50 años de El padrino:

Pero vayamos más atrás, vayamos a algunas charlas esenciales, como esta sobre Apocalypse Now con Roger Ebert en Cannes:

O esta del Director Guild of America sobre el impacto de su cine, con gente tan magnífica como Paul Thomas Anderson, con quien tiene unas palabras muy interesantes:

O su discurso al recibir el Princesa de Asturias:

Pero para terminar nada mejor que este magnífico documental español sobre su obra y legado:

Que lo disfruten…

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ARTÍCULOS, CINE

Los 7 directores más grandes de EEUU

Creo que en general el cine «clásico» estadounidense está sobredimensionado y sus grandes tótems, salvo excepciones, han sido aupados allí durante generaciones de manera artificial y poco defendible hoy día. Lo he dicho muchas veces y lo volveré a decir por muy políticamente incorrecto que sea y por mucho que cualquier cinéfilo que se pase por aquí me tache de ignorante: los John Ford, Howard Hawks, Billy Wilder, Michael Curtiz, Raoul Walsh, Alfred Hitchcock, Ernst Lubitsch, Joseph L. Mankiewicz, y tantos otros, fueron grandes directores, gente que tenía cine en las venas y que trajeron no pocas buenas películas, películas importantes en su época, pero en absoluto eran gigantes, sino buenos escritores en algunos casos, o grandes realizadores en otros, que en el mejor de los casos consiguieron algunas obras personales, pero que en ningún modo podían aprovechar todas las posibilidades del cine porque estaban inmersos en un aparato de producción, en unas convenciones narrativas que prácticamente nunca pudieron saltarse.

Hay excepciones, claro: ahí están ‘It’s a Wonderful Life’ (1946), de Frank Capra, o ‘Gone with the Wind’ (1939), de Victor Fleming (…y de George Cukor, y de Sam Wood… pero sobre todo de David O. Selznick), como dos ejemplos de películas que empujaban la narrativa de su tiempo a nuevas direcciones, o el genio del cine mudo Buster Keaton, o el gran David W. Griffith. Excepciones haylas, pero son eso, excepciones. Hasta la llegada de Orson Welles en 1941, el cine estadounidense se consideraba a sí mismo el mejor del mundo. Pero aquel chaval de 24 años les demostró que no, que aún tenían mucho que aprender… y bien que les humilló aquello. Y hasta la década de los 70 nadie cogió el testigo de Welles.

Considerar obras maestras a buenas películas, bien escritas, en algunos casos bien interpretadas incluso hoy día, bien realizadas para los medios de su tiempo, como ‘The Apartment’, ‘The Searchers, ‘To Be or Not to Be’, ‘All About Eve’, ‘Saskatchewan’, ‘Casablanca’, ‘Bringig Up Baby’, y situarlas en muchos casos por encima a las genialidades de Orson Welles, y a lo que llegó en los años setenta del pasado siglo, es cuanto menos discutible a estas alturas. El cine, concretamente el cine estadounidense, es el único arte narrativo que se permite zanjar que lo realizado en unas pocas décadas de manera totalmente industrial, es superior a lo que han logrado grandes artistas reinventando la narrativa audiovisual casi con cada nueva película. Es algo asombroso. ¿Pero como considerar que esas películas van a sobrevivir mucho más tiempo cuando ni siquiera nacieron con vocación de prevalecer, sino con un cariz marcadamente comercial, dispuesto sobre todo a hacer sentir mejor consigo mismos a los espectadores?

Los filmes son sobre todo empeños imposibles, y las obras maestras deben ser los mayores empeños, los mayores esfuerzos. Y los genios son, entre otras cosas, los que hacen posible esos anhelos que en manos de otros buenos directores simplemente se quedan en buenas o interesantes películas. Pero lo único que importa es lo que se propusieron (y cómo se lo propusieron) hacer estos colosos, y lo que han conseguido entregar al espectador. Es decir qué dificultades atravesaron, qué exigencias se autoimpusieron y qué complejidades (técnicas, narrativas, sociológicas) tuvieron que superar. ¿Cómo se puede siquiera comparar una buena película de Wilder, absolutamente incrustada en una industria acorazada y plegada sobre sí misma como es la estadounidense, con las hazañas narrativas, técnicas y de producción de estos gigantes?

Cada uno con sus filmes más superlativos, aquí están los siete magníficos:

Orson Welles

Citizen Kane
The Magnificent Ambersons
Touch of Evil
The Trial
Chimes at Midnight/Falstaff
F for Fake

Francis Ford Coppola

The Godfather
The Conversation
The Godfather, Part II
Apocalypse Now
Rumble Fish
The Cotton Club
The Godfather, Part III
Bram Stoker’s Dracula

Martin Scorsese

Taxi Driver
Raging Bull
Goodfellas
Casino
The Wolf of Wall Street
Silence

Terrence Malick

Badlands
Days of Heaven
The Thin Red Line
The New World
Knight of Cups
Hidden Life

David Lynch

The Elephant Man
Blue Velvet
Twin Peaks (serie)
Wild at Heart
Lost Highway
The Straight Story
INLAND EMPIRE

James Cameron

The Terminator
Aliens
Terminator 2: Judgment Day
Titanic
Avatar

John Carpenter

The Thing
Prince of Darkness
They Live

Y ya mañana nos pondremos con los europeos.

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Los más grandes creadores del cine de Estados Unidos

En mi opinión, considerar que (salvo las excepciones de grandes creadores del pre-cine –el mudo– como Buster Keaton o David Wark Griffith), los gigantes del cine de Estados Unidos se encuentran incrustados en las décadas de los 30, 40 y 50, es lo mismo que afirmar que la novelística del siglo XIX es superior a la del XX en formas y profundidad conceptual sólo por ser anterior, cuando yo creo que no hay discusión que en la formalización de un segundo mundo ficticio, en el desarrollo de las herramientas puramente novelísticas (y de nuevo salvo excepciones como las de Dostoyevski o Melville…), los Joyce, Torrente Ballester, Faulkner, Woolf, Broch, Hesse, Mann… llegaron mucho más allá que sus colegas de la centuria anterior.

Iría aún más lejos: considerar a directores (sin duda capitales para el establecimiento de unas formas previas de entender la narración y la expresión cinematográficas) como John Ford, Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Howard Hawks, Ernst Lubitsch, Joseph L. Mankiewicz, George Cukor, William Wyler, Elia Kazan o incluso Fritz Lang (que en su etapa americana es muy inferior a su etapa europea), los realizadores más importantes de la historia por encima de los que llegaron en los años 70 (con la sola excepción de Orson Welles), resulta algo parecido a considerar la novelística hispana del Renacimiento superior a la del Barroco. Por la sencilla razón de que las formas se superan, de que el desarrollo de un arte significa el desvelamiento de cuáles son sus verdaderas esencias. No significa ser «mejor» (que tampoco sé lo que supone en este contexto), significa ir más lejos, escribir las formas del cine de una manera más rotunda y asentar las bases de todo gran director que se precie: el sentido del montaje y la dirección de actores. Conceptos, ambos, que en los años 30, 40 y 50 estaban en pañales en Estados Unidos, o quizá más valdría la pena decir que estaban muy supeditados a las convenciones de los estudios y del Star-System.

Hoy día no tendría sentido poner en una película a actores como John Wayne o Humphrey Bogart, ni tendría ningún sentido descuidar ni el más mínimo corte de montaje. En el arte, todo lo que no va hacia delante no es arte, sino un kitsch, y de eso saben mucho los directores de la etapa «dorada» de EEUU. De esto ya he hablado bastante en estas páginas mías, y también de los que considero los más grandes creadores de Estados Unidos, pero hoy me gustaría profundizar un poco más en cada uno de ellos:

Orson Welles

Welles es inevitable. Él fue el primer verdadero autor instalado primero en el seno de la industria, gracias al extraordinario éxito radiofónico de ‘War of the Worlds’, y después expulsado por su soberbia, su enfrentamiento con los estudios, su potente crítica al «establishment» y la sospecha de ser comunista. Sólo pudo completar once largometrajes desde aquel formidable ‘Citizen Kane’ para la historia, y de ellos sólo cuatro más en EEUU, pero su leyenda es casi imbatible en la historia del cine, así como su aura de genio de ese país.

Con él comienza otra forma de entender el sentido del montaje de una película y otra forma de dirigir actores, alejada de la teatralidad de sus contemporáneos más famosos y más exitosos. Es decir, con él el cine de Estados Unidos comienza a caminar.

Francis Ford Coppola

Welles fue el que echó a andar, y Coppola el que recogió el testigo para terminar su trabajo y alcanzar la cima del cine estadounidense. Ni un solo director de ese país posee cuatro películas consecutivas del calibre de ‘The Godfather’-‘The Conversation’-‘The Godfather, Part II’-‘Apocalypse Now’. Esto es de otra galaxia.

Pero aunque su carrera sólo contase con las siguientes (‘One from the Heart’, ‘The Outsiders’, ‘Rumble Fish’, ‘Cotton Club’, ‘Tucker’, ‘The Godfather, Part III’, ‘Bram Stoker’s Dracula’, ‘The Rainmaker’), estaríamos hablando igualmente de un gigante. La suma de todo ello pone su carrera en una estratosfera muy difícil de igualar.

Martin Scorsese

Muy cerca de su amigo Coppola se encuentra Scorsese. La regularidad de Scorsese no la tiene Coppola (si bien Scorsese no tiene las cuatro grandes obras maestras de su rival), pero realmente muy pocos pueden presumir de poseer tantas obras notables consecutivas y algunas obras maestras memorables en su trayectoria.

La experta dirección de actores de Scorsese y su inédito sentido del montaje ponen al discípulo bastante por encima de sus maestros Ford, Fuller y Cassavetes. Scorsese tiene ya una carrera para la eternidad.

Terrence Malick

Malick es el poeta del cine estadounidense, el autor más enigmático y conceptualmente profundo de todos ellos, si bien en su irregular (y por muchos muy discutible) carrera no todo es excelso. Pero cuando lo es, es prácticamente insuperable. Maravilló con sus dos primeras películas (‘Badlands’ y ‘Days of Heaven’), y nos dejó pasmados con sus dos portentosas obras maestras (‘The Thin Red Line’ y ‘The New World’). A partir de ahí, ha realizado magníficas aunque desequilibradas películas, y sigue buscando un cine que represente una experiencia única.

David Lynch

Uno de los pocos verdaderos directores del cine estadounidense, y un artista insobornable e incorruptible (incluso a pesar de sus devaneos con la industria en la estimulante ‘Dune’). Su estilo es único y personalísimo, tal vez el más personal y consistente del cine estadounidense. Y lo es sobre todo porque su sentido del montaje es único y su dirección de actores también.

Dicen que es un director «laberíntico». En realidad es un director artista que con cada nueva película empuja las posibilidades del cine hacia nuevos territorios.

John Carpenter

Puede que sorprenda que le incluya en esta lista, pero además de un gran sentido del montaje y una magnífica dirección de actores, Carpenter es uno de los directores estadounidenses que mejor planifica y narra sus secuencias y sus películas. Alumno confeso de Hawks, incluso en sus filmes menos logrados como ‘Vampires’ se percibe una dirección experta, propia de un maestro en el arte de dirigir películas, con un estilo, una vez más, único.

Su trilogía de obras maestras (‘The Thing’, ‘Prince of Darkness’, ‘They Live’) le sitúa muy por encima de sus contemporáneos en cine de género, y entre los más grandes de todos los tiempos por una trayectoria compacta, personalísima y muy crítica con la sociedad estadounidense.

James Cameron

Y para finalizar imposible no nombrar no solamente al mejor director de sci-ifi y acción de todos los tiempos, sino también a otro cineasta estratosférico, ninguneado por ciertos sectores de la crítica, pero cuyo excepcional sentido del montaje y la dirección de actores le sitúan muy por encima de prácticamente cualquier otro, a pesar de su corta filmografía.

Sus cuatro obras maestras absolutas (‘The Terminator’, ‘Aliens’, ‘T2: Judgement Day, ‘Titanic’), además de ‘The Abyss’ y ‘Avatar’, son más que grandes espectáculos o historias épicas: son el viaje más apocalíptico y devastador, las visiones más oscuras del futuro de la humanidad.

A estos siete gigantes habría que sumar dos más, Paul Thomas Anderson y David Fincher, que acabarán siendo el octavo y el noveno, pero de momento ahí quedan para que el lector se forme su propia opinión.

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ARTÍCULOS, CINE

¿El cine estadounidense llegó a su techo?

Todo parece indicarlo así. Pero no fue, tal como he defendido muchas veces, con el llamado cine clásico de los años cuarenta y cincuenta (en el que sólo participó tangencialmente el único genio que vivió en aquella época, Orson Welles, exiliado gran parte de su carrera) sino en los años setenta, con el que recogió el testigo: Francis Ford Coppola, hoy olvidado pero todavía vivo, quizá capaz de filmar su ‘Megalópolis’ a sus ochenta y pico años y de volver a demostrar quién fue… Sea como fuere, algunos han dicho (con acertado criterio a mi parecer), que después de ‘The Godfather, Part II’, no se podía filmar nada. Bueno, lo único que se podía filmar fue ‘Apocalypse Now’, y se filmó. ¿Y después?

Hagamos un breve compendio, poniendo en primer lugar a Welles y Coppola, y luego viendo las más grandes obras que llegaron al cine estadounidense a partir del río creado por ‘Apocalypse Now’:

CITIZEN KANE
TOUCH OF EVIL
CHIMES AT MIDNIGHT/FALSTAFF

THE GODFATHER
THE CONVERSATION
THE GODFATHER, PART II
APOCALYPSE NOW

Años posteriores y década de los 80:

Raging Bull, de Martin Scorsese
Goodfellas, de Martin Scorsese
The Thing, de John Carpenter
Prince of Darkness, de John Carpenter
They Live, de John Carpenter
The Elephant Man, de David Lynch
Blue Velvet, de David Lynch
The Terminator, de James Cameron
Aliens, de James Cameron
Robocop, de Paul Verhoeven
Die Hard, de John McTiernan

Años 90:

The Age of Innocence, de Martin Scorsese
Casino, de Martin Scorsese
Terminator 2: Judgment Day, de James Cameron
Titanic, de James Cameron
The Thin Red Line, de Terrence Malick
Lost Highway, de David Lynch
The Straight Story, de David Lynch
The Silence of the Lambs, de Jonathan Demme
JFK, de Oliver Stone
The Shawshank Redemption, de Frank Darabont
Unforgiven, de Clint Eastwood
Dead Man Walking, de Tim Robbins
Carlito’s Way, de Brian De Palma
12 Monkeys, de Terry Gilliam

Nuevo siglo

Gangs of New York, de Martin Scorsese
The Aviator, de Martin Scorsese
Wolf of Wall Street, de Martin Scorsese
Silence, de Martin Scorsese
Avatar, de James Cameron
The New World, de Terrence Malick
There Will Be Blood, de Paul Thomas Anderson
The Master, de Paul Thomas Anderson
Eternal Sunshine of the Spotless Mind, de Michel Gondry
Brokeback Mountain, de Ang Lee
Munich, de Steven Spielberg
Lincoln, de Steven Spielberg
The Assasination of Jesse James by the Coward Robert Ford, de Andrew Dominik
I’m not There, de Todd Haynes
The Girl With the Dragon Tattoo, de David Fincher
Boyhood, de Richard Linklater
Spider-Man: Into the Spider-Verse, de Peter Ramsey, Rodney Rothman y Bob Persichetti

Y no creo que se pueda añadir ninguna más. Ninguna más gigantesca, magistral o directamente obra maestra. Obras notables hay muchas, pero se trata de buscar, en este ramillete exclusivo, lo más grande, lo que pueda competir con ‘The Godfather, Part II’ y ‘Apocalypse Now’. Lo que se pueda parangonar. Y aunque tenemos ahí a gente extraordinaria como Scorsese, Lynch, Carpenter, Cameron, Fincher o Malick, que son quizá los cinco que más han hecho por empujar al cine estadounidense en estas últimas cuatro décadas y los que han conseguido obras maestras de mayor calado, pero supongo que el lector estará de acuerdo conmigo en que ninguno de esos gigantes llegó a hacer un ‘Apocalypse Now’, porque nadie ha podido. En grandeza, épica y visión quizá ‘Titanic’ se acerque, o ‘Gangs of New York’ (bastante más desequilibrada, eso sí), en audacia y personalidad ‘Lost Highway’, o ‘The Master’. Lo complicado con las cimas de Coppola es que parecen haber marcado también la cima del cine estadounidense, y se me hace muy difícil pensar (no hay nada imposible, eso sí), que se pueda llegar más allá, que se pueda poner algo por encima de eso, máxime cuando durante cuarenta años lo que han hecho los más grandes ha sido acercarse y nada más.

Pero es que incluso ‘The Godfather, Part III’, la coda de su trilogía en 1990, contiene más audacia e inteligencia que muchas obras maestras de su tiempo. Así que habrá que esperar mucho, y mucho tendrá que cambiar el lenguaje, si queremos volver a vivir una revolución semejante y que el techo vuelva a ensancharse otra vez.

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ARTÍCULOS, CINE

¿Por qué Francis Ford Coppola es el mayor genio de la historia del cine estadounidense?

De igual manera que se lleva repitiendo, durante siglos, que el mayor genio de la literatura universal es William Shakespeare, un individuo que es poco probable que escribiera las treinta y pico piezas teatrales que se le suponen (y que en el caso de haberlas escrito, no puede ni compararse con Cervantes, Dante o Tolstoi, por poner tres ejemplos máximos de lo hispano, lo italiano y lo ruso), se nos lleva insistiendo de manera pertinaz durante décadas que el mayor genio de la historia del cine estadounidense es John Ford, y que en caso de no serlo ese lugar pueden ocuparlo otros como Howard Hawks, Alfred Hitchcock o Billy Wilder. Pero las cosas son mucho más evidentes de lo que se quiere que sean, y de igual manera que la literatura británica, alemana o francesa no tienen un Quijote, sucede que ni John Ford, ni Alfred Hitchcock, ni desde luego Wilder, Hawks, Lubitsch, Lang o cualquier nombre que el lector avezado en estos temas (es decir, que tenga verdadero interés por el audiovisual y conozca el cine estadounidense a fondo) quiera esgrimir, con una sola excepción, tiene un ‘The Godfather’ (1972), y ya eso debería ser (aunque en modo alguno va a serlo en esta disertación) argumento suficiente.

La única excepción, por supuesto, es Orson Welles, cuya truncada carrera se erige de alguna manera en un prólogo de la de Coppola, y que en los años cuarenta (con ‘Citizen Kane’ y ‘The Magnificent Ambersons’), y en los cincuenta (con ‘Touch of Evil’), ya supera a todos sus contemporáneos en el seno del cine estadounidense, sin contar sus extraordinarias aventuras europeas posteriores. Coppola toma el testigo de semejante ambición, la de hacer del cine estadounidense algo más que una narrativa embebida de sí misma e incapaz de avanzar en sus formas y exigencias artísticas, y aprovecha la oportunidad de adaptar la novela de Puzo para borrar del mapa a todos sus rivales y erigirse en lo que Welles no pudo terminar: el gran cronista y crítico de la sociedad estadounidense, el más complejo y poderoso realizador, a la vez que el más influyente, cuyo cine de los años setenta significa, por sí mismo, el paso del cine de su país de un academicismo agotado a una rotunda adultez en la que yo cabe la ingenuidad ni el idealismo ni por parte del director ni por parte del espectador. Coppola y su genio obligan al audiovisual a dar un salto desde el falso clasicismo de los años cuarenta y cincuenta, y las dudas y búsquedas de los sesenta, al apogeo de los años setenta, y con ‘The Godfather’ reformula las conquistas de ‘Citizen Kane’ y las lleva más allá, logrando la aclamación universal (de taquilla, de influencia y de crítica), con la que Welles soñó toda su carrera.

¿Y cómo logra tal hazaña y tal conquista? Coppola posee, como artista, una serie de singularidades que le vuelven absolutamente único, y que le elevan mucho más alto que el grueso de sus contemporáneos, con la salvedad de Scorsese (quien pese a todo, como luego veremos, tampoco es rival para él). Coppola es el único director de la historia que ha sido capaz de aunar con éxito, en sus cuatro obras maestras de los años setenta, los avances técnicos y narrativos tanto europeos como americanos. Como narrador, además, posee un inefable equilibrio entre lo mejor del clasicismo y la modernidad que él siempre ha buscado por encima de todo. Al ser, además, de ascendencia italiana (al igual que Scorsese), es decir al provenir de un mundo católico (que no tiene nada que ver con las creencias religiosas de cada cual, esto debe quedar claro), este cineasta posee una mentalidad muy diferente a la protestante, con lo que ello implica de posicionamiento intelectual en todo lo que tiene que ver con la forma de entender el arte, el negocio del arte, la figura del artista… con las posibilidades que esto ofrece de efectuar una mirada crítica al mundo mayoritariamente protestante que le rodea en Estados Unidos. Los ancestros poéticos de Coppola, para entendernos, no son los del Eje Atlántico (Shakespeare, Montaigne, Hegel, Kant, Nietzsche…), sino los del Eje Mediterráneo, mucho más rico (Sófocles, Séneca, Plutarco, Dante, Cervantes…), y valiéndose de ese acervo puede, por su inmensa cultura, golpear mucho más duro con su sistema de ideas, y ofrecer una crítica y una visión mucho más elevadas, sombrías y terribles que las que consiguió Welles, y eso es exactamente lo que hace en la trilogía ‘The Godfather’.

Algunos ponen por encima de él a Martin Scorsese, con quien comparte acervo. Pero Scorsese tampoco tiene un ‘The Godfather’. El único filme de Scorsese que es una obra maestra excepcional, un 10 absoluto, es ‘Goodfellas’. Y en efecto ‘Goodfellas’ puede estar al mismo nivel (estratosférico, casi inalcanzable) del primer ‘Godfather’, pero no desde luego al del segundo ni el tercero. Y la cosa no queda ahí, porque además de eso, Coppola tiene un ‘The Conversation’ y sobre todo tiene un ‘Apocalypse Now’. He dicho antes que ninguno de esos directores de los años treinta, cuarenta y cincuenta tienen un ‘The Godfather’. Pero es que sobre todo ninguno tiene un ‘Apocalypse Now’. Claro que además de ‘Goodfellas’, Scorsese tiene nada menos que ‘Taxi Driver’, ‘Raging Bull’, ‘Casino’ y ‘Silence’, que son todas magistrales, pero todas ellas están al mismo nivel que ‘The Conversation’. Ninguna de ellas alcanza las alturas imposibles de ‘The Godfather, Part II’, ‘Apocalypse Now’ o ‘The Godfather, Part III’. Y, en efecto, Scorsese tiene muchas más obras notables que Coppola porque ha gozado de una carrera mucho más fluida y regular, pero las obras notables, cercanas a lo magistral, de Coppola, son también de una altura y una influencia avasalladoras (‘One From the Heart’, ‘Rumble Fish’, ‘The Outsiders’, ‘Cotton Club’, ‘Tucker’, ‘Bram Stoker’s Dracula’).

Y falta por nombrar una singularidad artística de Coppola: es un director que no posee un solo estilo, sino varios, casi inabarcables, mientras que directores gigantescos como Welles, Lynch, Malick o el propio Scorsese (por nombrar a los cinco más grandes que ha dado ese cine), poseen un estilo muy marcado… pero tan solo uno. El director de ‘The Godfather’, no es el mismo que el de ‘Apocalypse’, o el de ‘Rumble Fish’ o el de ‘Bram Stoker’s Dracula’. Coppola ha conseguido algo increíble: ser varios directores en uno, ofrecer una variedad de registros narrativos y estilísticos inédito en la historia del cine. Compartiendo además su extraordinaria dirección de actores con Scorsese, la búsqueda y experimentación en sonoridades y texturas musicales con Lynch, la mirada y el lirismo exacerbados con Malick y la grandiosidad en los caracteres y en los temas con Welles, a algunos no nos cabe la menor duda de que Coppola es el cineasta más importante y genial de la historia del cine estadounidense. Podría decirse que es una evidencia clamorosa, precisamente por tener de compañeros de viaje a semejantes gigantes. Pero el monstruo de la naturaleza es Francis Ford Coppola.

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