CINE, TELEVISIÓN

Personajes de los que te enamoras (parte I)

Sucede, como en la vida. Pero a diferencia de la vida real, en la ficción te enamoras muchas veces de aquello que te da miedo, de aquello que es totalmente ajeno a ti, de lo terrible, de lo aterrador. En la ficción puedes permitirte el lujo de ser seducido por un carácter con el que no irías a tomar unas copas, al que ni siquiera estrecharías la mano. Pero también sucede lo contrario: en ocasiones un personaje te sorprende tanto como alguien en la vida real, y lo que creías que era de una manera, se convierte en algo totalmente nuevo, en un carácter luminoso, positivo, en un cúmulo de sorpresas agradables. Y ambos personajes, el aterrador y el luminoso, con graves defectos, con contradicciones, pero tan vivos, o aún más, que mucha gente que conoces. Es lo que hace la ficción: expulsar de ti tu conexión emocional con la vida real, y proponerte otra realidad, más aterradora o más luminosa, pero también más verdadera.

Hoy voy a ocuparme de dos personajes masculinos, los que más me han impactado estos últimos meses, y luego me ocuparé de dos femeninos. Primero voy a escribir sobre Ivar, the Boneless, de ‘Vikings’, y sobre Wolf, de ‘Future Man’, y mañana lo haré sobre Rue, de ‘Euphoria’, y sobre Lathgertha, también de ‘Vikings’. ¿Vamos a ello?

Ivar, the Boneless

Cuentan las sagas escandinavas que no existió un rey tan feroz como Ivar el deshuesado, pero no está claro si efectivamente carecía de las dos piernas, o por lo menos de su movilidad, y parece que se le llamaba así por su gran agilidad (irónicamente), ya que adquirió fama de Berserker. Pero todo esto a Michael Hirst le da exactamente igual, y aunque es muy poco probable que un niño vikingo con graves deficiencias de movilidad, o con la osteogénesis imperfecta que parece aquejar a su Ivar pudiese vivir hasta la edad adulta, él propone un rey incapaz de andar con sus piernas pero con una fuerza y una encarnadura como pocas veces hemos visto en la pantalla… ¡Qué creación! Como sucede que amo aún más a Ragnar, Lathgertha y Floki, del mismo modo que cualquiera que venera esta extraordinaria serie, no puedo menos que amar también a Ivar, uno de los personajes más aterradores, más sanguinarios que ha dado no solamente la televisión, sino probablemente el cine en toda su historia. El niño Ivar, luego rey, posee un aura de misticismo, una fiereza visual, incomparable.

Interpretado con una fuerza indescriptible por el joven actor danés Alex Høgh Andersen, la historia de Ivar, que algunos llamarían erróneamente «arco del personaje», es insuperable, desde ese bebé deforme, hasta ese niño dependiente y sobreprotegido por su madre, que encuentra, en el regreso del rey Ragnar, la inspiración suficiente para tomar las riendas de su destino, pues ve en los ojos de Ragnar, en sus palabras, que en efecto él es el verdadero heredero de su capacidad visionaria, de su personalidad, y se lanza a un itinerario suicida que le lleva a ser rey contra todo pronóstico, poseído de una sed de sangre y de una ferocidad ilimitadas. Qué instinto magistral de escritor el de Hirst al concluir el ciclo de Ragnar y comenzar el de Ivar, pasándole el testigo de una forma tan hermosa. Ragnar era un genio táctico en la batalla, y Ivar es por lo menos su igual, venciendo en York y en Kattegat de manera aplastante, convirtiéndose en una leyenda aterradora porque este carácter es todo corazón.

Imposible no enamorarse de él, de su exacerbada pasión. En el mundo real, Ivar sería encerrado en un manicomio como el psicópata espeluznante que en realidad es, pero en la ficción podemos admirar su belleza, podemos sentirnos conmovidos por esa máquina de matar que encuentra su destino en el filo de un hacha.

Wolf

Yo creo que hay creaciones que aparecen casi por casualidad, frente a otras (como el propio Ivar), que surgen muy meditadas y conscientes, dede un principio, de su importancia. Wolf, de la hilarante y muy irregular serie ‘Future Man’ sería de las primeras, de esas que se van modelando a golpe de improvisacion, y porque el actor se entrega a un desmadre sin límites del que podría salir mal parado, pero que por lo menos en esta ocasión sale triunfante, por una de esas raras alquimias que simplemente suceden sin saber muy bien cómo suceden. El Wolf de Derek Wilson es, en pocas palabras, la espina dorsal, el corazón, y el alma de esta serie, y demuestra una vez más que un gran personaje en cine y televisión es responsabilidad conjunta del actor, el guionista y el director, pero sobre todo del director.

Wolf es un guerrero, un superviviente de un futuro apocalíptico, el más feroz, el más rudo y el más despiadado. Venera, además, a su capitana, Tiger (magnífica Eliza Coupe), y desprecia de manera sistemática al protagonista de la historia, Josh Futturman (estupendo Josh Hutcherson), pero cuando viaja al pasado para cambiar el futuro, y comienza a tomar contacto con todo lo que aquí le llama la atención y es tan diferente a su mundo, el personaje comienza a cambiar de forma paulatina y definitiva, sobre todo en su relación con la comida, convirtiéndose en un extraordinario chef. Lo notable de este maravilloso caracter, es que la fuerza de sus pasiones, como le sucede a Ivar, es el trazo invisible que le esculpe y saca de él lo más hermoso y lo más conmovedor que alberga.

Claro, es un tono muy distinto al de ‘Vikings’. Lo que allí es épica, tragedia, aquí es sátira, desparrame. En ‘Future Man’ todo es motivo de risión, y sobre todo Wolf, que en la primera temporada empieza muy gris y al quinto episodio se destapa y lo arrolla todo, que en la segunda es la única razón para verla con agrado, y que en la tercera ya se convierte en un personaje mítico de la televisión. Derek Wilson se transforma y lo transforma con la astucia y el fuste de los grandes cómicos, creando un personaje de leyenda, sin dar la impresión de que actúe en ningún momento, sino siendo él hasta el final. Y Wolf pasa por decenas (literalemente) de estados anímicos, por innumerables situaciones, reveses, giros, sorpresas, golpes, caídas, fracasos, triunfos, revelaciones…y en ningún momento el espectador puede percibir la menor fisura en su composición, ni una sola nota falsa. Puede que ‘Future Man’ no sea la mejor serie que se pueda ver, desde luego no lo es, pero Wolf sí es uno de los mejores personajes de comedia que hemos visto en mucho tiempo, y por eso es imposible no amarle.

Espero haber transmitido mi propia pasión (que ojalá pudiera competir con las pasiones de Ivar y Wolf)… y si no lo he conseguido, mañana lo vuelto a intentar con Lathgertha y Rue.

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‘Future Man’, ejemplo de personajes bien dibujados

No todo en esta vida consiste en buscar y disfrutar cosas excelsas. Por suerte, en el panorama narrativo audiovisual existe una gran variedad de propuestas, algunas de las cuales (como esta de la que voy a escribir ahora) jamás serían incluidas entre lo mejor de la producción del año, pero que si se saben ver con la necesaria carencia de prejuicios, sí poseen los suficientes elementos disfrutables y algunas virtudes esenciales que los vuelven completamente disfrutables, además de albergar una ausencia total de pretensiones. Porque la única pretensión de ‘Future Man’, creada por Howard Overman y Kyle Hunter para la plataforma Hulu, consiste en hacer reír al espectador a golpe de puro ingenio, y eso lo consigue con creces. Pero, además, se pueden aprender unas cuantas cosas de este gozoso desmadre sin pies ni cabeza, y la más importante de las cuales, probablemente, tiene que ver con el siempre complicado trabajo de la creación de personajes.

Cuenta la disparatada historia de un don nadie (por nombre Josh Futturman… interpretado por Josh Hutcherson), un pringado de veintitantos años que todavía vive con sus amorosos padres en su casa de California, quien trabaja como fregasuelos para una importante empresa bioquímica, con una vida social desastrosa, que mata el tiempo y cura frustraciones con sus videojuegos. En uno de esos videojuegos, consistente en ser algo así como un guerrero del futuro que salva a la humanidad de las «guerras bióticas», consigue llegar al final y superarlo con las mejores puntuaciones mundiales. Acto seguido aparecen en su habitación dos soldados o guerreros (llamados Wolf y Tiger) que aparecían en ese mismo videojuego, pero que vienen del futuro, y que le explican que ese juego se creó, precisamente, para encontrar al guerrero perfecto, al salvador que les ayudase en las «guerras bióticas» que efectivamente sucederán, y dando por sentado que ese pringado es un tipo duro y veterano en mil guerras, como ellos mismos, se lo llevan al pasado para llevar a cabo su complicado plan de cambiar el futuro.

Esta sandez de argumento, que por supuesto da pie a multitud de referencias a la saga de ‘Regreso al futuro’, y a muchas películas de James Cameron (inolvidable el episodio en el que se cuelan en casa del cineasta para robar el «cameronio», sustancia imprescindible para viajar en el tiempo…) funciona gracias a tres cosas, fundamentalmente: los ingeniosos guiones que proponen casi una aventura diferente en cada episodio de la primera temporada, las delirantes situaciones en las que los guionistas y directores no se cortan a la hora de llevar sus chistes hasta el límite, y sus tres personajes protagonistas, encarnados por un trío de actores en estado de gracia, que consiguen que sus caracteres sean mucho más que caricaturas. Todo ello para componer episodios que no llegan a los treinta minutos, en los que este improbable héroe, elegido por error, tratará de ayudar a sus dos cuestionables compañeros, al mismo tiempo que intenta evitar que maten a todo el mundo, proponiendo planes que siempre salen mal y que les lleva de desastre en desastre.

Creo que Josh Hutcherson está muy bien como el atribulado Josh Futturman, tratando de frenar la naturaleza destructiva de sus dos compañeros, acostumbrados a guerrear y matar sin mucho sentido común, luchando por cambiar el futuro para ser su salvador y al mismo tiempo deseando volver a su casa y que esa pesadilla termine lo mejor posible. A su vez, Eliza Coupe está maravillosa como Tiger, la aguerrida comandante que ha perdido a todos sus hombres menos a uno, en su misión de salvar el mundo, y cuya única alegría consiste en matar más y mejor a todo el que se ponga por delante, hasta que ha de enfrentarse a su verdadera naturaleza. Pero el rey de la función es un extraordinario Derek Wilson interpretando al ofuscado Wolf, un experto en demoliciones que venera a su comandante y que a lo largo de la historia irá descubriendo su capacidad de adaptación a las (numerosas) vicisitudes y majaderías que se les ocurren a los guionistas, y que es mucho más que una máquina de matar. Estos tres personajes, que jamás, ni siquiera en la muy floja segunda temporada, pierden pie ni se diluye por lo disparatado de la trama, son el soporte fundamental de la serie, y su relación, la amistad que mantienen, llega a conmoverte a pesar de estar asistiendo a un espectáculo de comedia negra disparatada, de absurdo por el absurdo, en el que no importan tanto las paradojas de los viajes temporales como proponer algunas de las situaciones más estrambóticas y disparatadas que han podido verse en televisión.

La primera temporada es casi perfecta, dentro de su clase, y es una pena que la segunda, pese a tener algunos momentos que recuerdan al ingenio desenfrenado de la primera, sea tan desafortunada, pues muy pocas cosas funcionan, y cuando funcionan se ven eclipsadas por una cierta desidia en la construcción de las secuencias y en la fabricación de los chistes visuales. Por suerte, el final es absolutamente frenético y disparatado, y el último capítulo es de una brillantez y una rotundidad que recuerdan a episodios magníficos de la primera temporada como ese en que Futturman se cuela vestido de mujer en la casa del amante del potencial villano del futuro. Y la tercera temporada, que es la final, pese a ser mucho más breve que las otras dos, recupera el espíritu de comedia negra desenfrenada y de absurdo total, y vuelve casi al nivel inicial de los primeros trece episodios, regalando a los espectadores otras cuatro horas con Wolf, Tiger y Josh Futturman, en una más que digna despedida y cierre de fiesta, en el que se percibe que los personajes, pese a los muchos avatares que les suceden, pese a que por motivos de un argumento que es como una montaña rusa podrían haberse despeñado en la incoherencia interna, siguen siendo ellos mismos hasta el final, lo que es mérito de los directores y guionistas, pero sobre todo de Hutcherson, de Coupe, y del gran Wilson.

Supongo que no poca gente se acercará a esta serie y enseguida sentirá rechazo o, aún peor, indiferencia. Otros, que necesitamos no solamente de obras excelsas para vivir, agradecemos su ironía, su humor negro, su espíritu descerebrado, que la hermana con ‘Rick y Morty’ o con ‘Futurama’, pero en imagen real, lo que tiene mucho más mérito de lo que parece. Al menos durante treinta y tantos episodios, incluso aquellos decididamente flojos, he sido bastante feliz esperando a que este confinamiento pase y volvamos a una normalidad que ya nunca volverá a ser la misma, pues el futuro ya no es el que era, y de eso saben bien Futturman, Wolf y Tiger.

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