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Viajeros de la noche – Capítulo decimosexto: Viaje a Tierra Media

Bueno, pues lo hemos conseguido: hemos cerrado temporada y nada menos que con la obra de Tolkien como tema principal de nuestra charla. No está mal para cerrar

Y dirá el lector: ¿para qué cerrar temporada? Ni que estuvierais a sueldo de una compañía que tuviera que hacer balance de costes. No lo estamos, es cierto, pero viene bien coger aire, organizar los contenidos, y prepararnos para dar nuevos enfoques y nuevos impulsos a una segunda temporada. Eso significa que estaremos algunas semanas descansando y dedicándonos cada uno a nuestras cosas, y no tardaremos mucho en volver con nuevos y, espero, desafiantes contenidos.

Yo creo que hemos ido de más a menos, y que a pesar de los inevitables problemas y limitaciones técnicas que pueden surgir a las primeras de cambio, nos hemos desenvuelto muy bien. Pero tenemos que seguir mejorando, tenemos que seguir soltándonos y siendo más nosotros mismos, y tenemos que seguir hablando de cosas que realmente sean interesantes. De momento, hemos dedicado nuestros esfuerzos, aprovechando la llegada de cierta serie de Amazon, al abigarrado y nada sencillo universo de Tolkien, muy especialmente a El señor de los anillos.

Hemos hablado de El Hobbit también, y de El Silmarillion, y de todo lo que hemos podido acerca del autor de origen sudafricano, pero era también obligado hablar del fallido aunque también sugerente y por momentos hipnótico filme de Ralph Bakshi…

Y por supuesto de la cansina (aunque con buenos momentos) trilogía de Peter Jackson…

Y por supuesto el horror de la trilogía de El Hobbit

Y todo esto nos ha dado para un animado debate de más de tres horas y media que, estamos muy seguros, no se hace largo en absoluto. Más bien corto. Lo prometemos. O sea que te animamos a ponerte con él para alegrarte ese viaje a la playa del fin de semana, o ese trabajo coñazo en el que sin embargo te permiten ponerte unos auriculares.

Además he sido bastante bueno y no me he lanzado cual troll a por casi nada. Casi nada. O sea que excusas ninguna. Aquí lo tenéis en Ivoox:

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Y en Spotify, claro:

No tardaremos mucho en volver, si es que el mundo no se va al carajo de una vez.

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Animación radical

Que el cine se ha vuelto muy académico y muy poco atrevido (y me refiero, claro, al cine que «puede» verse, no al que hay que buscar con gran determinación para poder verlo), me parece una evidencia. Pero no todo el cine, afortunadamente. Desde que a mediados del siglo pasado algunos pioneros comenzaron a crear animación para adultos, ese género no ha dejado de darnos alegrías y de forzar las formas cinematográficas hasta el límite. No me resisto a poner aquí algunas piezas que se me quedaron en el tintero cuando hace unos días hablé aquí sobre que el cine de animación juega definitivamente en otra liga.

Para empezar el piloto de una serie que nunca vio la luz, pero de la que podemos disfrutar de una primera historia que es casi un cortometraje. Dirigido por Aaron Srpinger (con ayuda no acreditada de Genndy Tartakovski), este delirante ‘Korgoth of Bararia’ (2006) sería algo así como un homenaje/parodia particularmente afortunado. Mucho humor, violencia y erotismo para un trabajo estupendo que ojalá hubiera tenido más episodios:

Podemos irnos bastante más lejos en el tiempo, concretamente a 1977, para encontrar uno de los mejores y más valientes trabajos de Ralph Bakshi, ‘Wizards’, que aquí se llamó ‘Los hechiceros del tiempo’, y que es uno de sus filmes más libres, imaginativos y poéticos, en el que además ignora muchas convenciones narrativas para ofrecer una experiencia animada de primer nivel:

En Italia, como en toda Europa, también han tenido lugar muchos fenómenos de animación realmente sorprendentes, como este ‘West and Soda’ (1965), de Bruno Bozzetto, un disparatado spaguetti western animado que basa gran parte de sus conceptos en un minimalismo muy elaborado, en una paleta de color exacerbada, en unos caracteres extremos y en muchísimo ingenio:

Y para terminar, uno de los filmes más bellos del checo Jiri Trnka, filmado como todos los suyos con la vetusta y venerable técnica stop-motion: ‘A Midsummer Nights’ Dream’ (1959), sobre el original de William Shakespeare, y con subítulos en español, porque para mi sorpresa lo pasaron por La 2 de Televisión Española, y de ahí es esta copia:

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El cine de animación juega en otra liga

Para la mayoría de espectadores, e incluso (y esto es lo más terrible) para la mayoría de la crítica, el cine de animación se reduce a Disney, Pixar, Studio Ghibli y poco más. Es decir, a un tipo de cine muy determinado y poco sorprendente, que en sus formas netamente cinematográficas casi nunca tiene nada que aportar, cuando no se trata de un cine directamente para niños (dado el carácter infantil, en teoría, de un cine hecho de dibujos animados). Los grandes estudios, como los nombrados, de vez en cuando hacen una película que gusta a mucha gente en todo el mundo y que por tanto reclama el punto de vista de los críticos, y si es lo suficientemente universal o tiene valores, ya le cuelgan la etiqueta de obra maestra y vuelven a ignorar, de manera sistemática, el cine de animación, centrándose en el que es supuestamente importante: los dramas de prestigio del cine de imagen real.

Pero realmente no se puede entender el cine sin conocer la animación, del mismo modo que no se puede entender la literatura sin leer literatura española. Y en cuanto comienzas a conocer la animación, en todas sus facetas, ámbitos, estilos y técnicas, descubres que juega en otra liga, que es mucho más que Disney y Pixar, y que es capaz de llegar a soluciones, a imágenes, a ideas, que el cine de imagen real tiene vetadas, y en realidad es anterior al cine de imagen real Muy anterior, como prueba la existencia del artefacto llamado linterna mágica. Y aunque en sus inicios en el cine industrial, los creadores de animación se volcaron sobre todo en una animación más enfocada al público infantil, sobre todo en Estados Unidos, en otras partes del mundo la animación ha sido cualquier cosa menos infantil:

Esta es una de las bellísimas películas en animación stop-motion (marionetas animadas fotograma a fotograma) del checo Jiří Trnka, un verdadero pionero en ese tipo de cine, que por su propia naturaleza es capaz de crear mundos y texturas mucho más ricos y expresivos que el cine de imagen real, que por sus meras características opera con realidades (valga la redundancia) y no con la alquimia de la expresividad pura. El estilo de Trnka influyó a muchos otros cineastas de todo el mundo e incluso llegó a inspirar a uno de los maestros del cine de animación en general y de la stop-motion en particular, el norteamericano Henry Selick, a quien debemos tres joyas superlativas: ‘The Nightmare Before Christmas’…

…’James and the Giant Peach’…

…y Coraline

Que sólo en su apariencia son películas más infantiles, pues esconden en su lógica narrativa una lúgubre y pesimista visión del mundo. Sin embargo el referente absoluto en cuanto animación para adultos es otro norteamericano, el gran Ralph Bakshi, uno de los cineastas más influyentes de la historia del cine y posiblemente uno de los más ignorados cuando no de los más desconocidos, cuya apasionante carrera asentó las bases del cine de animación para adultos de hoy, al menos en occidente, empezando por ‘Fritz the Cat’…

…siguiendo por ‘Wizards’….

…pasando, cómo no, por la inconclusa ‘El señor de los anillos’, de la que sólo pudo filmar la primera mitad (para mi gusto muy superior a la trilogía de Jackson, pese a todo)…

…y terminando por el magistral ‘American Pop’…

…los filmes de Bakshi, además de ser verdaderas virguerías visuales, son trabajos muy críticos con la sociedad, violentos, a menudo sensuales, que se han identificado con la contracultura Underground. Empleando a menudo técnicas como la rotoscopia o la animación hiperrealista, Bakshi es un referente ineludible para el cine de animación, y por lo tanto para el cine en general.

La animación es, en sí misma, cuando la técnica trasciende el mero argumento del filme, una obra de arte visual, rango al que sólo pueden acceder algunos filmes de imagen real que a menudo tienden al preciosismo o al esteticismo. Pero tal cosa en la animación no sucede, y al mismo tiempo puede ejercer de reflexión, de espejo, a una sociedad o a múltiples sociedades, porque no entiende de fronteras. A fin de cuentas, la animación es lo que todo cine aspira a ser: un arte eminentemente visual y un soporte narrativo puro. De tal forma que con la animación los géneros suelen hiperestilizarse, volverse más abstractos, e incluso más poéticos, como le sucede a menudo al Studio Ghibli:

Este es uno de los pasajes más bellos de los últimos años, y John Ford tendría que reencarnarse diez veces para poder filmarlo. Pero los japoneses están completamente locos, artísticamente hablando, y son capaces de filmar verdaderas barbaridades como esta:

Para los japoneses, como para los directores y verdaderos amantes de este cine, la animación es como una religión. Está la animación, y luego el cine en imagen real está después. La insistencia de festivales y crítica en ignorar de manera sistemática la animación dice mucho del estado de las cosas, y de la ceguera de muchos estamentos del cine, incapaces de darse cuenta de lo que es una palmaria realidad: no que el cine de animación (incluyendo a las series de animación) sea algo más que películas para niños, sino que demasiado a menudo deja al cine en imagen real en ridículo, pues posee una mayor armonía entre sus partes por el mero hecho de que todo en la película está creado por los animadores.

Y en animación España es un referente mundial, aunque por supuesto con las dificultades que tiene cualquier artista en este «maravilloso» país a la hora de sacar adelante los proyectos. Hace poco con la estupenda ‘Buñuel en el laberinto de las tortugas’, sobre el rodaje de ‘Las Hurdes’:

Dudo mucho que una película de imagen real tuviera el encanto de esta película contando las mismas cosas que ella.

Y si nos metemos en series, obtenemos muchos más ejemplos, de todo el mundo, que van a servir para cerrar este ya largo artículo con una sonrisa en los labios (mía, y espero que del lector… de nada):

Una de las mejores creaciones Sci-Fi de la historia:

Otra:

Una de una belleza infinita (muy influenciada, esta sí, por Kurosawa):

Y cómo no:

Y así podríamos seguir ad eternum…

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