ARTÍCULOS, TELEVISIÓN

La fragilidad de lo genial: ‘The Sopranos’ y ‘The Many Saints of Newark’

Pocas ideas tan rotundas y verdaderas como que incluso los genios lo son cuando pueden, y no cuando quieren… salvo muy escasas excepciones. Viene esto a cuenta del muy reciente visionado de ‘The Many Saints of Newark’ (2021), que ya está disponible en HBO, y que aquí en España tuvieron la dudosa idea de llamar ‘Santos criminales’. Se supone (es mucho suponer, vistos los resultados) que es eso que se llama «precuela» de aquella serie irrepetible titulada ‘The Sopranos’, que desde 1999 a 2007 se convertía en la primera obra maestra absoluta que ha dado la televisión en toda su historia. Y viendo esa continuación-precuela que pasó por los cines con más pena que gloria y que ni siquiera muchos amantes de la serie han visto, no puede uno dejar de pensar en eso: en que la genialidad, en caso de existir, es la cosa más frágil del mundo…

Hace dos semanas que terminé de escribir el libro sobre series en el que voy a intentar establecer el primer Canon de este soporte narrativo, al menos que yo sepa (y no: un Canon no consiste en hacer una lista de los títulos que más te gustan…), y en los prolegómenos de ese volumen también hago una mención al respecto: la inevitable comparación, muy tendenciosa, entre películas y series, y cómo se sigue considerando a las primeras por encima, en cuanto a prestigio o alcance poético, de las segundas, a pesar de que ya hay pocas duda de que las ficciones seriadas han alcanzado una cima difícil de soslayar y prácticamente indiscutible. Pero no porque hayan demostrado ser «mejor o más profundas» que las películas, sino porque cada soporte a veces alcanza momentos de gran esplendor sin necesidad de mirarse en el espejo de otros, y quizá precisamente por eso. Pero una y otra vez no dejan de sucederse las películas que quieren contar los orígenes de un personaje (en Disney no saben hacer otra cosa) o bien quieren «cerrar» una serie, ya sea esta serie truncada (caso de ‘Deadwood’) o porque sus creadores consideren que pueden añadir algo a lo ya contado, o sus financieros quieran aprovechar el tirón comercial… Y luego la mayoría de esas películas dejan bastante que desear, cuando no son directamente nefastas, tal como le sucede a esa ‘The Many Saints of Newark’.

El delicado equilibrio que tiene lugar en una gran serie –equilibrio que por cierto puede darse en un principio pero que en sucesivas temporadas puede ir desvaneciéndose– se ve muchas veces definitivamente destruido por esa película o películas con las que se intenta recorrer aún más de un camino que quizá ya quedó cerrado en su tiempo. Grandes series como ‘Six Feet Under’ (2001-2005) conocen un desarrollo ascendente (en su caso de la primera a la tercera temporada), para luego comenzar a desdibujarse de manera paulatina y casi fatal, para una conclusión precipitada, abrupta, y que solamente es apreciada por aquellos que son fanáticos de esa serie en cuestión, que no miran el material entregado con ojos objetivos. Tal cosa no sucede con algunas elegidas, muy especialmente con ‘The Sopranos’, en la que David Chase y su superlativo equipo de cineastas logró un milagro. Si existe una serie perfecta es esta. Si existe una ficción seriada en la un episodio tras otro sea una lección magistral de puesta en escena (además de ‘The Wire’ y ‘The Walking Dead’), de escritura y de interpretación, es esta catedral del cine seriado de todos los tiempos. ‘The Sopranos’, lo he dicho muchas veces, es la droga más poderosa que existe. Y es una droga que te destruye, y tú feliz de que lo haga. Y te sientes físicamente enfermo por preocuparte por semejante panda de sinvergüenzas, pero no puedes dejar de sentir pena y compasión y hasta una retorcida ternura. ‘The Sopranos’ es definitiva, y con ella Chase, que es el creador y el amo absoluto de esta creación genial, supera incluso (y mira que me duele decirlo) a su maestro Scorsese, porque nunca Scorsese creó nada tan monstruoso como el Tony Soprano de James Gandolfini.

Y ahora, una vez muerto Gandolfini, han convencido a Chase de regresar a ese mundo y de contar el mundo de juventud de Tony (interpretado por el hijo de Gandolfini, Michael, que apenas tiene relevancia dramática), poniendo de protagonista a su cuasi-mentor Dickie Moltisanti (al que da vida un esforzado Alessandro Nivola), y contando una historia que trata de ser apasionante, y emocionante, y sorprendente, y que apenas consigue nada de lo que se propone porque entre otras cosas está servida con total impersonalidad por ese realizador, nunca director, del que ya hemos hablado aquí más de una vez llamado Alan Taylor. Taylor es un realizador incapaz de entender aquello que está contando ni de narrar con su cámara, a pesar de haber sido el director de algunos episodios fundamentales de muchas series fundamentales de las últimas décadas. Esto demuestra (por si hacía falta hacerlo) que no es el director, por mucho que quizá Taylor lo piense, la pieza fundamental de una serie, sino el showrunner, que es quien de verdad marca la diferencia y toma las decisiones. Un director en una serie es un mercenario que simplemente cubre las escenas la mayoría de los casos… y en esta película es lo que hace Taylor: pone la cámara en cualquier lado de cualquier manera, más o menos dejándolo todo muy claro, pero sin la menor intencionalidad ni instinto ni personalidad. Una nulidad total, como la misma película.

¿Cómo es posible que ‘The Sopranos’, escrita por Chase, sea una obra genial, y que ‘The Many Saints of Newark’ sea una nulidad de película? Pues lo es.

Muchos no se enteran, ni se quieren enterar, de que un cortometraje no es menos que una película, y que una serie tampoco. Que cada soporte tiene sus propias reglas, su propio tempo, su propia forma. Reglas estrictas. No sé cómo algo tan básico tanta gente no quiere prestarle la atención debida. Y aún hay más: que no hay fórmulas narrativas. La nueva serie de HBO, ‘La casa del dragón’, que parte de ‘Juego de tronos’, puede ser (ojalá me equivoque) una pérdida de tiempo, por mucho que la serie «madre» fuera una experiencia tan épica y llena de grandes momentos. Pero es que si hay algo más frágil que la genialidad es la capacidad analítica de tanto crítico y supuesto experto que debería ver menos títulos sin parar y reflexionar un poco más.

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Vídeos

Miscelánea de vídeos (2): homenajes a series

En este caso me gustaría poner aquí algunos de esos vídeos creados por aficionados y por seguidores de series, en los que se hace un montaje tipo resumen, o en los que se hace homenaje a un personaje en concreto, o al estilo de esa ficción determinada. Son vídeos, creo, hechos con gran talento en muchas ocasiones, y que merecen la pena verse, aunque también advierto que en ellos se pueden encontrar muchos detalles de la trama completa de esos títulos, por lo que no aconsejo verlos a quien no se haya visto las series completas.

Para empezar uno sobre ‘Breaking Bad’, la superlativa creación de Vince Gilligan, subido por un tal Alex Jux, con estupenda música de Zack Hemsey, ‘The Way’, que le va a las mil maravillas:

Para continuar uno realmente impresionante (subido por Thorny Rose) sobre cierto personaje de esa serie no menos impresionante (en mi opinión una obra maestra absoluta) titulada ‘Vikings’. El personaje es el sinpar Ivar, interpretado con una fuerza indescriptible por esa fuerza de la naturaleza que es Alex Høgh Andersen:

Y para terminar la serie que me tiene obsesionado desde que apareció en 2019. Es un vídeo del canal The Beauty of, que tiene verdaderas joyas en su haber, y que aquí una vez más se esfuerza por mostrar la belleza de la serie de Sam Levinson. No hay palabras:

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ARTÍCULOS, TELEVISIÓN

El complejísimo canon de las series

Seamos francos: gran parte de la gente que ve series, más que valorarlas de manera reposada, sobre todo aprecia que sean series que les enganchen. Es un asunto retorcido que también comparten las novelas. De hecho, en el marketing de unas y de otras, se emplea cada vez más el término «adictiva», como si eso fuera sinónimo de interés narrativo. Lo que parece que el espectador medio más aprecia es que la serie en cuestión, sea la que sea, le tenga enganchado, que no pueda dejar de verla, aunque sus valores narrativos, sus componentes temáticos y técnicos, estén absolutamente manidos, o aunque en el fondo sepa que lo que está viendo no es nada del otro mundo. Sería interesante averiguar por qué sucede esto, pero no estamos para experimentos sociológicos.

En el largo ensayo que me propongo escribir y en el que voy sobre todo a centrarme en los treinta y pico años de esplendor del formato narrativo de serie televisiva que han tenido lugar desde la aparición de ‘Twin Peaks’. Quizá deba tacharse este compendio inicial de excesivamente anglosajón, pero sobre todo es occidental. No voy a incluir, lógicamente, series del mundo oriental (China, Japón, Corea, Tailandia…) en primer lugar porque llegan muy pocas aquí, y en segundo lugar porque habría que conocer todas las importantes para hacerse una idea general, y eso es complicado. Además, incluir series asiáticas desvirtuaría el tono general de esta lista. Podría considerarse, por tanto, que es un canon occidental de series. Y en efecto la preponderancia de las series anglosajonas es abrumadora. Pero es que no existen prácticamente series españolas, francesas o italianas que merezcan ser tenidas en cuenta, tanto por razones narrativas como meramente temáticas. Al menos se pueden incluir las series de gigantes como Krzysztof Kieslowski, Rainer Werner Fassbinder y Lars Von Trier, que deberían ir en lugares principales.

Las que con toda probabilidad deberían ir en el canon principal serían estas:

TWIN PEAKS

ABC
1990-1991/2017
CREADA POR DAVID LYNCH Y MARK FROST

Con esta empezó todo. Es obligado nombrar algunas series anteriores, pero la precursora de esta época extraordinaria que vivimos es la serie de Lynch y Frost, cuya influencia es enorme y cuyo alcance poético y narrativo todavía está por descubrir en su totalidad.

THE SOPRANOS

HBO
1999-2006
CREADA POR DAVID CHASE

Esta también es obligada, y no ya entre las veinte primeras, sino entre las cinco primeras. La ficción de David Chase es mucho más que la representación cotidiana de una familia cuyo padre es un importante capo mafioso: es la radiografía más despiadada de un Estados Unidos en descomposición.

THE WIRE

HBO
2002-2008
CREADA POR DAVID SIMON

Y esta es la que quizá pugna con más fuerza con ‘The Sopranos’ en convertirse en la crónica contemporánea más certera y descarnada imaginable: un mosaico de cientos de rostros, habitantes de una ciudad, Baltimore, que es la verdadera protagonista. Un relato de fuertes connotaciones literarias, de un realismo apabullante.

THE WALKING DEAD

AMC
2010-2022
DESARROLLADA POR FRANK DARABONT

Esta es la visión más oscura, y más devastadora, de las ficciones occidentales en televisión. Concluirá su emisión en este año que acaba de empezar y no es precisamente una serie que goce de unanimidad. Tanto mejor, así estaremos algunos más seguros de su inefable grandeza y de que está, sin ninguna duda, entre las más grandes de todos los tiempos.

TRUE DETECTIVE I

HBO
2014
CREADA POR NIC PIZZOLATTO

Esta miniserie, en la que cada año cuenta una historia diferente con actores diferentes, es sencillamente magistral en su primera parte (no así en las dos posteriores): un hipnótico y fascinante viaje a las tinieblas, responsabilidad tanto de Pizzolatto como de Fukunaga y Matthew McConaughey.

FUTURAMA

FOX-COMEDY CENTRAL
1999-2003/2008-2013
CREADA POR MATT GROENING Y DAVID X. COHEN

Habrá que incluir otras series de animación, pero esta es la mejor serie de Groening y una de las creaciones cómicas y de sci-fi más notables que se recuerdan.

DEADWOOD

HBO
2004-2006
CREADA POR DAVID MILCH

Inconclusa, por presiones de producción, finalizada con un filme solvente aunque en ningún modo grande, ‘Deadwood’ es la obra de arte de HBO.

HOUSE M. D.

FOX
2004-2012
CREADA POR DAVID SHORE

No solamente por el personaje central (aunque sin duda es una baza importantísima), la ficcion de David Shore ha de estar entre las veinte canónicas y merece un estudio en profundidad que está tardando en llegar.

VIKINGS

HISTORY CHANNEL
2013-2019
CREADA POR MICHAEL HIRST

Casi con toda probabilidad, la mejor ficción histórica jamás realizada en términos de personajes, de estructura y de ambición temática y técnica. No cabe más épica en una pantalla, y tampoco caben más personajes memorables.

GAME OF THRONES

HBO
2011-2019
CREADA POR DAVID BENIOFF, D.B. WEISS

Es muy posible que daba ser incluida en las veinte canónicas, aunque no lo tengo del todo seguro, porque es una serie que en su recta final flaquea un poco (sin llegar a las cotas de desastre que tanto fan proclamó a los cuatro vientos). En cierto sentido es una serie inevitable.

BAND OF BROTHERS

HBO
2001
CREADA POR TOM HANKS, STEVEN SPIELBERG

La miniserie por antonomasia, aunque no la única, pero si una tiene que estar entre las más grandes posiblemente sea este relato bélico a medio camino con el reportaje documental.

DEKALOG

SFB/TVP
1989
CREADA POR KRZYSZTOF KIESLOWSKI

Extraordinaria creación de Kieslowski, que en lugar de envejecer se vuelve más vigente y punzante con el paso de los años, y que ha de estar en este listado exclusivo.

THE BIG BANG THEORY

CBS
2007-2019
CREADA POR CHUCK LORRE, BILL PRADY

Si hay una comedia que deba estar aquí, es esta. El resto me parecen muy inferiores en casi todo: en diálogos, en creación de personajes, en situaciones, en ingenio… y esto a pesar del evidente bajón de sus últimas temporadas.

Pero no pueden ser las únicas. Un canon puede formarse con veinte títulos principales, no con diez, ni con cien. A partir de esos veinte principales puede hacerse un compendio de ochenta o cien obras secundarias, que deriven de esas y expliquen mejor por qué las otras veinte han sido elegidas. Y ahí comienza la verdadera complejidad de escribir un ensayo de estas características, porque además deberían incluirse algunas series de animación como:

SAMURAI JACK

RICK & MORTY

PRIMAL

SOUTH PARK

y otras… Pero también habría que incluir algunas miniseries imprescindibles como:

BERLIN ALEXANDERPLATZ

OLIVE KITTERIDGE

I, CLADIUS

CHERNOBYL

CREMATORIO

Además de otras como series documentales, series de comedia pura… Y por supuesto en esas veinte hasta el final no voy a saber cuáles de todas estas deben estar incluidas:

SIX FEET UNDER

BREAKING BAD

PEAKY BLINDERS

TELL ME YOU LOVE ME

TREME

FARGO

ROME

SONS OF ANARCHY

MAD MEN

ER

EUPHORIA

RIGET

Vamos, que queda mucho trabajo por hacer, pero va a ser apasionante, y seguramente voy a aprender mucho más (me pasa siempre) que aquello que yo pueda enseñar al que me lea. Lo iremos viendo en sucesivos meses, porque esto no ha hecho más que empezar.

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CRÍTICA, TELEVISIÓN

‘La unidad’, pura cáscara al servicio de la nada

Desde luego, hay que reconocer que en España las producciones televisivas al menos lo intentan. En algunas les sale más o menos bien la jugada, y en otras, la mayoría, pues no. En esta época en la que las ficciones televisivas han alcanzado grandes niveles de popularidad y han supuesto algunos logros estéticos memorables, en nuestro país las plataformas audiovisuales importantes han comenzado a crear sus propios contenidos narrativos, y han invertido mucho en grandes nombres y en grandes historias, muchas de ellas de género (de terror, policíaco, de Sci-Fi), lo cual es digno de mención. Pero este gran esfuerzo económico y humano se ha traducido, por desgracia, en un buen número de ficciones inanes, como por ejemplo la muy reciente ‘La unidad’, que Movistar + ya ofrece íntegra, en su primera temporada, a sus clientes.

Leo en Filmaffinity que un crítico, a quien desconozco, ha escrito un comentario en el que dice que se trata de un «portentoso thriller». Otro pone que es «pura adrenalina». Un tercero destaca su «realismo y verosimilitud», y un cuarto que es «espectacular». En la sección de los comentarios del público, varios claman por su gran calidad o le dedican otros calificativos muy elogiosos. Yo no sé qué serie han visto, pero seguro que no es la misma que he visto yo. Porque si algo no es esta serie es realista ni verosímil, si algo no hay en ella es adrenalina ni espectacularidad, y a grandes rasgos es imposible decir que se trate de un portentoso thriller. Luego entro en sus críticas a leer sus «argumentos» y no puede decirse que a la palabra le sobren las comillas que le he puesto…

Dani de la Torre, creador de esta serie, ya había avisado que es un director ambicioso con la lección bien aprendida en lo tocante al cine de género estadounidense. Dicho de otra manera: en su forma de organizar sus ficciones se percibe a un hombre que ha visto muchos thrillers comerciales americanos y que está dispuesto a hacer lo mismo en este país, una suerte de traslación de esos códigos narrativos. Y lo cierto es que lo consiguió con la muy aparatosa ‘El desconocido’, una película que podría haber protagonizado perfectamente Will Smith en New York o Liam Neeson en París, en lugar de Luis Tosar en La Coruña. Un montaje muy picado, un argumento muy trepidante, mucho ruido y mucho circo y una película más o menos solvente, a la que sin embargo le faltaba lo más esencial: que te la creyeras. Incidió tres años más tarde con ‘La sombra de la ley’, otro policíaco muy vistoso, con aura de cine negro «clásico», también con Luis Tosar, y con unos problemas de verosimilitud mucho mayores. Y ahora con ‘La unidad’ tenemos exactamente lo mismo pero acrecentado, quizá porque este cineasta se ha visto refrendado y no tiene intención de hacer otra cosa.

Es ‘La unidad’ la historia de una unidad de élite especializada en terrorismo yihadista. Cuando capturan a un importante terrorista internacional en los primeros compases de la trama pondrán a nuestro país en el punto de mira de una peligrosa célula y tratarán de desarticularla. Es decir, que la serie se mete en un fregado de gran complejidad, con unas cuantas localizaciones, con bastantes actores, y como no podía ser de otra manera, tratando de contar las intimidades más realistas y cercanas de sus criaturas, los policías miembros de esa unidad. Tratando, digo, porque desde la primera secuencia en la que la imagen no contiene a trescientos extras, o tiros o explosiones, se percibe la incapacidad de sus responsables para armar un drama creíble, complejo y denso. Dani de la Torre y sus colaboradores se muestran muy habilidosos en lo tocante a la presentación de vibrantes escenarios, imágenes aéreas de Madrid, Melilla o Figueres, grandes angulares para interiores muy vistosos o exteriores muy elaborados en el juego de luces, un montaje muy picado (en jerga, un montaje con mucho corte…), muchas cámaras casi desde todos los ángulos, mucho movimiento de travelling, cámara en mano, etc… pero al mismo tiempo se muestran muy limitados a la hora de trabajar con los actores, de establecer sus caracteres y sus relaciones, de escribir los diálogos, de armar secuencias memorables o importantes, de dar vida a sus criaturas.

Ni uno solo de los muchos diálogos que jalonan esta serie suena natural. Ni uno, y puedo prometer, para mayor escarnio, que muchos de ellos no se entienden, porque los actores, o lo que sean, más que hablar balbucean, un mal muy extendido en el cine español. Pero cuando se entienden es para escuchar las mismas cosas que hemos oído en centenares de películas, en una celebración del cliché que se extiende a todos los aspectos conceptuales de un trabajo que nada aporta al espectador, en el que de la Torre demuestra que ha visto películas de Denis Villeneuve y de Jacques Audiard, pero que no ha aprendido lo más esencial. También es muy posible que haya visto la magnífica ‘A Most Wanted Men’, pero todo lo que en el filme de Corbijn es sugestivo, contenido y sutil, aquí es torpe, obvio y bobo. Técnicamente la serie aparenta mucha solvencia, pero todo es pura cáscara, pura epidermis, debajo de la cual agoniza la nada. El director filma cada secuencia desde ocho puntos de vista diferentes, desde el interior de coches, desde el otro lado de cristaleras, en picado, en contrapicado, desde un lado, del otro, pero su puesta en escena es ortopédica, muy fastuosa, pero estéril. Por ver, podría haber visto ‘Gigantes’, en la que Enrique Urbizu consigue hacer creíble un material algo irregular y logra filmar algunos momentos magníficos. Es decir, todo lo contrario de esta supuesta gran serie.

Y es en el capítulo actores donde esta ficción termina de hacer aguas por todas partes, con un casting desastroso, en el que casi nadie está donde debe, y en el que todos viven en una historia distinta. Ya lo he dicho muchas veces: una de las grandes virtudes de un buen cineasta es la dirección de actores, que es mucho más que susurrarle al actor un estado de ánimo. La protagonista, Nathalie Poza, es la jefa de unidad más improbable que quepa imaginar, y está muy mal dirigida. La he visto en pocos títulos, pero aquí parece perdida, con el mismo estado de ánimo, entre despistada y amargada, y el mismo rictus desorientado, durante toda la serie. Y al igual que ella, el resto de actores (incluido Luis Zahera, en su típico rol exagerado y amanerado), aunque algunos de ellos no son actores ni lo serán jamás, y los que medianamente lo son no pueden crear un personaje digno porque su director no les ayuda para poder hacerlo y el guion, un libreto en que el ingenio y la intensidad brillan por su ausencia (que cualquier espectador, créanme, podría escribir si se lo propusiera, y mejor que Alberto Marini, Amèlia Mora y Dani de la Torre), les ayuda menos todavía. Son meros fantoches bailando sobre unos cimientos inexistentes, caricaturas de personajes sin vida, de los muchos que hemos visto en nuestra cinematografía.

De modo que sí, podemos hacer thrillers a la americana, con muchos gritos, muchos tiros, muchos ángulos de cámara, grandes angulares, muchas localizaciones, muchos muertos, muchos polis…. eso parece fácil, y más aún si te respalda una gran productora. Lo que parece mucho más difícil, de hecho casi inalcanzable, es hacer una buena serie, es que el director tenga algo que contar y no sea todo un artificio al servicio de la nada, que la ficción tenga un personalidad propia, y que cuando se relatan acontecimientos luctuosos como el del atropello de decenas de personas (quizá el momento más deleznable de la serie) se haga algo digno, severo, en claro homenaje a las víctimas de Barcelona, y no con el propósito de hacer un espectáculo sangriento, rescatando una tragedia reciente para montar una ficción comercial. Pero nada puede sacar el espectador mínimamente exigente, pues no hay ni una sola idea de puesta en escena, ni de narrativa, ni de personajes, ni de diálogos, que rescatar de esta pésima serie.

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TELEVISIÓN

‘Future Man’, ejemplo de personajes bien dibujados

No todo en esta vida consiste en buscar y disfrutar cosas excelsas. Por suerte, en el panorama narrativo audiovisual existe una gran variedad de propuestas, algunas de las cuales (como esta de la que voy a escribir ahora) jamás serían incluidas entre lo mejor de la producción del año, pero que si se saben ver con la necesaria carencia de prejuicios, sí poseen los suficientes elementos disfrutables y algunas virtudes esenciales que los vuelven completamente disfrutables, además de albergar una ausencia total de pretensiones. Porque la única pretensión de ‘Future Man’, creada por Howard Overman y Kyle Hunter para la plataforma Hulu, consiste en hacer reír al espectador a golpe de puro ingenio, y eso lo consigue con creces. Pero, además, se pueden aprender unas cuantas cosas de este gozoso desmadre sin pies ni cabeza, y la más importante de las cuales, probablemente, tiene que ver con el siempre complicado trabajo de la creación de personajes.

Cuenta la disparatada historia de un don nadie (por nombre Josh Futturman… interpretado por Josh Hutcherson), un pringado de veintitantos años que todavía vive con sus amorosos padres en su casa de California, quien trabaja como fregasuelos para una importante empresa bioquímica, con una vida social desastrosa, que mata el tiempo y cura frustraciones con sus videojuegos. En uno de esos videojuegos, consistente en ser algo así como un guerrero del futuro que salva a la humanidad de las «guerras bióticas», consigue llegar al final y superarlo con las mejores puntuaciones mundiales. Acto seguido aparecen en su habitación dos soldados o guerreros (llamados Wolf y Tiger) que aparecían en ese mismo videojuego, pero que vienen del futuro, y que le explican que ese juego se creó, precisamente, para encontrar al guerrero perfecto, al salvador que les ayudase en las «guerras bióticas» que efectivamente sucederán, y dando por sentado que ese pringado es un tipo duro y veterano en mil guerras, como ellos mismos, se lo llevan al pasado para llevar a cabo su complicado plan de cambiar el futuro.

Esta sandez de argumento, que por supuesto da pie a multitud de referencias a la saga de ‘Regreso al futuro’, y a muchas películas de James Cameron (inolvidable el episodio en el que se cuelan en casa del cineasta para robar el «cameronio», sustancia imprescindible para viajar en el tiempo…) funciona gracias a tres cosas, fundamentalmente: los ingeniosos guiones que proponen casi una aventura diferente en cada episodio de la primera temporada, las delirantes situaciones en las que los guionistas y directores no se cortan a la hora de llevar sus chistes hasta el límite, y sus tres personajes protagonistas, encarnados por un trío de actores en estado de gracia, que consiguen que sus caracteres sean mucho más que caricaturas. Todo ello para componer episodios que no llegan a los treinta minutos, en los que este improbable héroe, elegido por error, tratará de ayudar a sus dos cuestionables compañeros, al mismo tiempo que intenta evitar que maten a todo el mundo, proponiendo planes que siempre salen mal y que les lleva de desastre en desastre.

Creo que Josh Hutcherson está muy bien como el atribulado Josh Futturman, tratando de frenar la naturaleza destructiva de sus dos compañeros, acostumbrados a guerrear y matar sin mucho sentido común, luchando por cambiar el futuro para ser su salvador y al mismo tiempo deseando volver a su casa y que esa pesadilla termine lo mejor posible. A su vez, Eliza Coupe está maravillosa como Tiger, la aguerrida comandante que ha perdido a todos sus hombres menos a uno, en su misión de salvar el mundo, y cuya única alegría consiste en matar más y mejor a todo el que se ponga por delante, hasta que ha de enfrentarse a su verdadera naturaleza. Pero el rey de la función es un extraordinario Derek Wilson interpretando al ofuscado Wolf, un experto en demoliciones que venera a su comandante y que a lo largo de la historia irá descubriendo su capacidad de adaptación a las (numerosas) vicisitudes y majaderías que se les ocurren a los guionistas, y que es mucho más que una máquina de matar. Estos tres personajes, que jamás, ni siquiera en la muy floja segunda temporada, pierden pie ni se diluye por lo disparatado de la trama, son el soporte fundamental de la serie, y su relación, la amistad que mantienen, llega a conmoverte a pesar de estar asistiendo a un espectáculo de comedia negra disparatada, de absurdo por el absurdo, en el que no importan tanto las paradojas de los viajes temporales como proponer algunas de las situaciones más estrambóticas y disparatadas que han podido verse en televisión.

La primera temporada es casi perfecta, dentro de su clase, y es una pena que la segunda, pese a tener algunos momentos que recuerdan al ingenio desenfrenado de la primera, sea tan desafortunada, pues muy pocas cosas funcionan, y cuando funcionan se ven eclipsadas por una cierta desidia en la construcción de las secuencias y en la fabricación de los chistes visuales. Por suerte, el final es absolutamente frenético y disparatado, y el último capítulo es de una brillantez y una rotundidad que recuerdan a episodios magníficos de la primera temporada como ese en que Futturman se cuela vestido de mujer en la casa del amante del potencial villano del futuro. Y la tercera temporada, que es la final, pese a ser mucho más breve que las otras dos, recupera el espíritu de comedia negra desenfrenada y de absurdo total, y vuelve casi al nivel inicial de los primeros trece episodios, regalando a los espectadores otras cuatro horas con Wolf, Tiger y Josh Futturman, en una más que digna despedida y cierre de fiesta, en el que se percibe que los personajes, pese a los muchos avatares que les suceden, pese a que por motivos de un argumento que es como una montaña rusa podrían haberse despeñado en la incoherencia interna, siguen siendo ellos mismos hasta el final, lo que es mérito de los directores y guionistas, pero sobre todo de Hutcherson, de Coupe, y del gran Wilson.

Supongo que no poca gente se acercará a esta serie y enseguida sentirá rechazo o, aún peor, indiferencia. Otros, que necesitamos no solamente de obras excelsas para vivir, agradecemos su ironía, su humor negro, su espíritu descerebrado, que la hermana con ‘Rick y Morty’ o con ‘Futurama’, pero en imagen real, lo que tiene mucho más mérito de lo que parece. Al menos durante treinta y tantos episodios, incluso aquellos decididamente flojos, he sido bastante feliz esperando a que este confinamiento pase y volvamos a una normalidad que ya nunca volverá a ser la misma, pues el futuro ya no es el que era, y de eso saben bien Futturman, Wolf y Tiger.

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CRÍTICA, TELEVISIÓN

‘Euphoria’, una deslumbrante joya de ficción

No es fácil decidir qué ponerse a ver, y estos días de confinamiento menos todavía. Soy de los que piensan, y seguro que no soy el único, que se hacen demasiadas películas, se producen demasiadas series, y se escriben demasiados libros. Y en un gran porcentaje no valen la pena. Pero no te puedes fiar sólo de tu olfato, por mucho que algunos lo tengamos bien desarrollado. Te puedes perder algunas maravillas que andan por ahí llamando la atención, y que tú crees que no son para ti, o que no valen la pena. O puedes, simplemente, no elegir correctamente en qué invertir las próximas horas o días de tu vida. Y con HBO me sucede eso. Me pongo a mirar qué serie ver, y no me decido. Y al final no veo nada, o me pongo a ver lo que ya he visto. Por suerte, esta semana me he decidido a ver ‘Euphoria’, de la que no había leído absolutamente ninguna crítica.

Ahora sí, ahora ya he leído algunas críticas elogiosas, y no pocos comentarios positivos, pero por mi parte puedo decir que una vez más HBO lo han vuelto a hacer, han vuelto a dar en el clavo con otra producción propia con la que indagan en la sociedad estadounidense actual, y han firmado una verdadera joya, creada por el bastante joven y poco conocido Sam Levinson, adaptando al parecer una serie israelí, que ya es por derecho propio una de las grandes series de la casa, y cuyos ocho episodios (también se agradecen series así de cortas…) es imposible que dejen indiferente a nadie, cuando no incomodar, divertir y hasta conmover a la gran mayoría de los que se atrevan a acercarse a sus sorprendentes imágenes.

La cosa va de una chiquilla llamada Rue (impresionante el trabajo de la actriz y cantante Zendaya…), de unos diecisiete años, y de su vida en una barriada de clase media de Los Ángeles. Rue, que nació tres días después del ataque a las Torres Gemelas, desarrolla adicción a las drogas, por su carácter depresivo y su personalidad bipolar, y la historia comienza a su salida de rehabilitación. Vive con su madre y con su hermana pequeña, y tiene un círculo de amistades del instituto, especialmente su grupo de amigas, cada cual con sus problemas, y sus historias, su pasado y sus particularidades. Así vista parecería otra típica historia de adolescentes, pero ‘Euphoria’ está muy lejos de ser eso, hasta el punto de que me parece que dentro de su clase (historia juvenil, drama adolescente de sexo, drogas y música a tope) es la mejor, la más profunda y estimulante que yo he visto…y he visto unas cuantas.

Este relato tiene como objetivo radiografiar toda una generación (la nacida con el siglo) cada vez más perdida, en un mundo desquiciado, en una Estados Unidos hiperviolenta, hipercompetitiva, casi feroz, que no deja espacio a las equivocaciones y mucho menos a los sentimientos. Y, para ello, nos narra el impacto que las drogas, la pornografía, el alcohol y las interrelaciones personales tienen en unas mentes todavía tan impresionables, tan frágiles. No se corta en imágenes de violencia extrema, de sexo gráfico (con desnudos totales, sobre todo masculinos), en que veamos a estos chavales destruidos o consumidos por sus pasiones, sus adicciones, sus depresiones o por la brutal realidad en la que viven. Pero sobre cualquier otra cosa, la serie es deslumbrante por la forma en que lo cuenta.

En su puesta en escena, Sam Levinson y su equipo de cineastas se revelan como aplicados discípulos de Scorsese o incluso de Paul Thomas Anderson (de hecho el cuarto episodio parece filmado por el director de ‘Magnolia’). La energía de la cámara y del montaje es absolutamente arrolladora, con unos movimientos, unos cortes y en conjunto una resolución visual de una riqueza expresiva insoslayable. Y todo ello da pie a un juego de tonos y contratonos realmente insuperable, y así en esta deprimente historia hay mucha comedia negra, y también tono de fábula, y por supuesto romanticismo, y un magnífico erotismo (qué poco erotismo hay hoy en día en ficción…), tienen lugar secuencias luminosas, que dan paso a otras de una sordidez casi insoportable. No da respiro una serie que es casi como una montaña rusa en la que al final lo que acaba primando son los personajes, y sus vidas.

Porque aunque la mayoría de ellos, o todos, incluida la protagonista Rue, son personajes bastante patéticos, mezquinos, y hasta psicópatas o personas despreciables, la serie trata de comprenderlos, empatiza con ellos y terminan importándonos, del primero al último, porque logra que en estos ocho episodios sintamos que convivimos con ellos, con sus adicciones, sus penas y sus pequeños triunfos, todo ello magnificado por un grupo de actores en verdad formidable, todos ellos, en el que no se nota el menor fingimiento ni interpretación, sino que viven la secuencia y que han nacido para encarnar a estos personajes, que se mueven como animales por esta secuencia fragmentada, dislocada, en la que un evento sirve para explicar otro evento pero en el que a menudo las acciones y las consecuencias no van necesariamente unidas en el tiempo.

Tendrá segunda temporada, esta serie. Ojalá me equivoque, pero dudo que puedan repetir este triunfo, del mismo modo que ‘True Detective’ (otra serie con ocho episodios, por cierto) no pudo repetir una primera temporada absolutamente fastuosa. Ya veremos. De momento ahí queda esta joya, y el poso que deja, tras acompañar durante ocho horas a unos personajes más vivos que mucha gente que conozco.

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TELEVISIÓN

Mi ranking de series de televisión

En realidad no es mi ranking, pero al menos es un compendio de las series más importantes que he visto, un breve resumen y un comentario sobre algunas de ellas. Porque, además, es muy difícil hacer una lista o un artículo de opinión serio, dada la gran cantidad de series existentes y el escaso tiempo para verlas todas, sobre todo cuando se trata de títulos de varios años y casi cien capítulos de duración. No se puede ver todo en cine, leer todo lo posible, escuchar música a todas horas y además ser un experto en series. La vida no da para todo.

Pero aún sin haberlo visto todo (algo imposible, dadas las circunstancias) voy a arriesgarme a escribir lo que pienso, en términos de ranking, de importancia, de influencia y de grandeza.

Las dos mejores series de todos los tiempos son ‘The Sopranos’ (1999-2006), creada por David Chase, y ‘The Wire’ (2002-2008), creada por David Simon. Si tuviera que elegir entre las dos, me quedaría con la primera, aunque no es una decisión fácil, porque la serie de Simon es extraordinaria desde el principio hasta el final, y el collage de rostros, actores y personajes más prodigioso que jamás se ha visto en una pantalla. Pero supongo que hay que elegir, y no he visto nada más terrible ni definitivo que la tragedia íntima de Tony Soprano, por mucho que por ejemplo en Jot Down digan que la muerte de Nancy Marchand truncó la serie y le impidió acercarse a la perfección. No solo creo que no es así, sino que de alguna forma la hizo crecer más allá de sus límites iniciales.

Ambas obras maestras no habrían podido existir sin la creación, más de una década antes, de la serie más influyente de la historia: ‘Twin Peaks’ (1990-1991, 2017), creada por David Lynch y Mark Frost, y que es puro Lynch desde el primer fotograma hasta el último. Otras series como ‘X-Files’ (1993-2002, 2016-2018), creada por Chris Carter, me parecen mucho más convencionales, en todos los sentidos, y hasta pueriles, teniendo en cuenta la enorme influencia, la perfección formal, la exigencia narrativa de Lynch y su equipo.

Pero si se quiere hablar de series (la mayoría americanas, me temo), es imposible no establecer un ranking entre sus géneros o estilos. Y en el estilo o género sitcom (abreviatura que en inglés se refiere a situational comedy, y que vendría significar comedia de enredo…más o menos), y que engloba todas esas comedias algo teatrales, muchas veces con público, la mayoría en platós cerrados, con pocos tiros de cámara (posiciones de plano) dramáticos, y con risas enlatadas, creo que la insuperable es ‘The Big Bang Theory’ (2007-2019), creada por Cuck Lorre y Bill Prady, para mi gusto muy superior a otras como ‘Friends’ (1994-2004) o incluso la maravillosa ‘Frasier’ (1993-2004), por la sencilla razón de que tiene mucho más ingenio en sus guiones y en sus personajes, llegando a albergar algunos de los mejores diálogos de los últimos tiempos en una ficción de comedia. Y solamente en sus tres o cuatro temporadas finales tuvo un bajón de inspiración o de imaginación en sus guiones. De modo que creo que reina por encima de casi cualquier otra.

Por otro lado, tendríamos no pocas series que podríamos calificar de westerns, o «survivals», que más perezosamente podrían ser calificadas como series de aventuras, tales como ‘Lost’ (2004-2010), o ‘The 100’ (2014-), de fantasía, sci-fi o terror. Pero la más redonda de todas ellas, pese a sus no pocos detractores, es ‘The Walking Dead’ (2010-), bajo mi punto de vista, pues ninguna otra reúne tales calidades y fortalezas en un tan delicado equilibrio de historia, personajes, realización y profundidad emocional.

En cuanto a las series más épicas, ya sean de fantasía o históricas, creo que sería la clase de ficciones televisivas más difícil de decidir una reina absoluta, pues aunque ‘Juego de tronos’ (2011-2019) es realmente imponente y magnífica, otras como ‘Vikings’ (2013-), con mucho menos presupuesto y mucha menos publicidad, no le va a la zaga en cuanto a creación de personajes y tramas, y en cuanto a grandeza narrativa, entendiendo grandeza narrativa como la capacidad de levantar un mundo propio, de hablar de temas universales, de hacer vivir a una serie de personajes absolutamente nítidos, y hacerlo partiendo de la verdad de aquello que se está contando, sin trucos ni tendenciosidad, sin soberbia ni impostada grandilocuencia. Por esas razones, y por algunas más, quizá ‘Vikings’ sea todavía mejor serie que ‘Game of Thrones’, pareciéndome la segunda realmente magnífica.

Pero eso sucede con no pocas series importantes. Cuando una creación nace, ya sea una serie, una película, un libro…cuando aparece en el mundo, automáticamente convive y se relaciona con otras creaciones anteriores, lo que es un modo muy elegante de decir que compite con ellas por un lugar no solamente en el imaginario popular o en beneficios o en éxito, sino en grandeza estética. Por eso, cuando por ejemplo aparece ‘Breaking Bad’ (2008-2013), de Vince Gilligan, o surge ‘Mad Men’ (2007-2015), de Matthew Weiner, es imposible no certificarlas como grandes series, como magníficas ficciones, pero inevitablemente por debajo de otras enormes, que logran eclipsarlas por muy magníficas que sean, y ninguna de las dos puede competir, ni siquiera acercarse, a ‘The Sopranos’. En mi opinión están varios peldaños por debajo, por mucho que Weiner fuera uno de los socios de David Chase en ‘The Sopranos’, o pese al enorme influjo y carisma de la serie protagonizada por Bryan Cranston.

La razón de que resulte tan complicado superar a ‘Los Soprano’ es que la serie de David Chase, a lo largo de seis temporadas ofrecía a sus espectadores un episodio magistral tras otro, un relato extraordinario tras otro, sin desmayo, sin bajada de calidad. Y eso por ejemplo no lo pudo hacer la maravillosa serie ‘Six Feet Under’ (2001-2005), de Alan Ball, que podría haber sido una de las dos o tres mejores series de la historia pero que a partir de la cuarta temporada, y sobre todo la quinta, sufrió un desdibujamiento de los personajes, una caída de tensión en las tramas, más que evidente.

Y de todos los procedimentales (series con capítulos más o menos conclusivos, en los que se trata un caso o crimen o misterio cada vez), la insuperable, bajo cualquier punto de vista, es ‘House M.D.’ (2004-2012), de David Shore, que partiendo de un esquema detectivesco y de unos personajes protagonistas muy inspirados en el Holmes y Watson de Arthur Conan Doyle, es mucho más que cualquier serie de polis, o de crímenes al uso, pues a lo largo de ocho temporadas se adentró por terrenos morales y psicológicos muy complejos y muy poco comerciales, y sin embargo logró concitar delante del televisor a millones de personas de todo el mundo con temas existenciales, nihilistas, con un sentido del humor arrollador y con un cinismo plasmado en algunos de los mejores diálogos que jamás se escribieron para televisión.

Pero mi serie favorita, por encima de otras que considero superiores, es la truncada y trágica y terrible ‘Deadwood’ (2004-2006), que además de ser un western canónico, salvo por el hecho de sus abundantes y elaborados diálogos, es una tragedia universal y casi un fresco histórico de enorme calado y alcance estético, que con un guion, unos actores y sobre todo una puesta en escena absolutamente insuperables, narraba, como quizá ninguna película lo hizo jamás, la forma en que se construyó Estados Unidos y los prolegómenos de territorios narrativos como los que luego explora ‘Los Soprano’ o ‘The Wire’.

Pero supongo que cada cual tendrá su lista y su particular altar y ranking de series. Aquí les he dejado el mío, que quizá en unos años cambie, dada la gran cantidad de ficciones que nos llegan temporada tras temporada.

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