LITERATURA, TELEVISIÓN

‘The Outsider’, desde la novela de King, hasta la serie de HBO

Me leí, hace muy poco, ‘The Outsider’ de Stephen King porque me habían llegado comentarios positivos de esta nueva serie de HBO, basada en esa novela. De modo que en cuanto terminé la lectura de sus más de 550 páginas puse el primer capítulo, en gran medida ávido de comprobar hasta qué punto todo lo que yo había imaginado leyendo las páginas de la obra literaria aparecía en las imágenes de la obra de ficción, y en qué aspectos o detalles o soluciones distaba de lo que propuesto por King en uno de sus últimos trabajos. Es un ejercicio interesante porque por un lado opone tu imaginación a la de los directores/creadores de la serie, y por otro lado supone una confrontación entre la estructura y las decisiones creativas del novelista, frente a la estructura y las decisiones creativas de los cineastas.

El debate teórico que surge con las adaptaciones literarias (sobre su pertinencia o no, sobre su fidelidad, su necesidad) siempre ha estado ahí y yo creo que siempre lo estará (y bienvenido sea todo debate teórico, que casi nadie quiere ponerse a dilucidar…), pero una de las ideas más habituales es que no puede compararse un libro a su adaptación cinematográfica, o películas y libros que aunque no participen del mismo argumento, sean obras que nos recuerden las unas a las otras. Y aunque estoy de acuerdo en que sería mejor desechar esa expresión de que «el libro es mejor que la película», o a la inversa, también creo que es inevitable hablar, de una forma teórica, sobre lo que supone la adaptación de una novela concreta, sin necesidad de hablar de mejor o peor, sino de las razones de una y de otra, de su construcción y de sus diferencias. Creo que es lo bastante interesante como para dedicarle estas líneas.

Y aún más si, como es mi caso, y por las razones anteriormente expuestas, primero te lees la novela y acto seguido te pones con la serie. Creo que Stephen King, pese a no parecerme ningún genio de la literatura universal, sí es un autor que se merece un respeto, y cuyo corpus va a perdurar por razones más allá de las comerciales. Se le suele achacar que su escritura es poco literaria, y entiendo esta clase de comentarios. Pero es indiscutible su capacidad para la creación de personajes memorables y llenos de vida, su infalible instinto para los diálogos, su enorme ingenio narrativo. ‘El visitante’/’The Outsider’ es una de sus últimas novelas, y desde el arranque se percibe la rotundidad del que se las sabe todas, de quien hace mucho que tiene cogido el toro por los cuernos, y de alguien que poco a poco te va enredando en una historia apasionante y en cuanto te descuidas te tiene enganchado a una intriga al principio inquietante y después terrorífica.

Cuenta la historia de un asesinato atroz, cometido contra un niño que no llega a los diez años, a quien han sodomizado con una gruesa rama de un árbol y arrancado varias partes de su cuerpo a mordiscos. El caso parece claro para el detective local de ese pueblo ficticio, pues los testigos, las abundantes huellas dactilares e incluso el ADN apuntan a una sola persona, un hombre muy querido en el pueblo al que se arresta inmediatamente. El único problema, el gran problema, es que esa persona no estuvo en la ciudad el día del asesinato, puede demostrarlo con pruebas fehacientes. Se establece en ese momento la imposibilidad de que una persona esté en dos sitios al mismo tiempo, y ni siquiera la opción de un doble o doppelgänger parece viable. El novelista, con su habitual pericia, nos irá introduciendo poco a poco en un horror inimaginable.

Ahora la adaptación. Está escrita nada menos que por Richard Price, un veterano guionista que también se las sabe todas. Ha escrito guiones para Martin Scorsese y ha participado en series como ‘The Wire’ o, más recientemente, ‘The Night of’. Y lo interesante, o más bien irónico, de su adaptación, es que sigue los mimbres de la novela más o menos hasta el episodio 4, y a partir de ahí su historia difiere de la novela cada vez en más aspectos, desde el orden de los acontecimientos hasta las mismas secuencias, y tienen lugar diálogos y hechos que jamás aparecen en el libro, un desarrollo de la investigación alejado de lo que proponía King, hasta llegar a un final algo más parecido y que en la serie es mucho más contundente e inquietante que el de la novela, pues King una vez más escribe un final débil y algo precipitado para su historia.

Es tan diferente en algunos puntos la historia de la serie a la de la novela, que creo que deberían considerar no decir que es una adaptación, sino que es una historia inspirada en ese libro. Y la pregunta que yo me hago es la siguiente: ¿si tu interés de adaptar un libro concreto nace de la lectura de ese libro y de las posibilidades que sospechas que esa historia puede tener en un medio visual, por qué luego, al adaptarla, coges algunos mimbres iniciales y luego inventas personajes, relaciones, situaciones y respuestas que no están en ese libro? Personalmente no lo entiendo. Sí entiendo que por ejemplo se decida que la serie transcurra en una atmósfera otoñal, en lugar del verano abrasador que nos cuenta Stephen King. Yo también me imaginaba más un otoño gris y ominoso antes que un sol constante, porque creo que establece mejor el tono de esta historia. También entiendo que se altere un poco el importante personaje de Holly Gibney y que en la serie parezca casi una psíquica, y puedo entender que, a grandes rasgos, no vas a escribir un guion, necesariamente, calcado página a página de la novela, pero ¿qué necesidad había de cambiar el curso de la investigación, de inventar capítulos nuevos que nada añaden a la trama, por cierto, de alterar las relaciones entre los personajes…? En mi opinión, si en tu adaptación vas a cambiar algo sustancial y ese algo no mejora lo escrito en el libro, no lo hagas.

La serie es más que decente, y tiene algunos momentos realmente magníficos, el reparto está muy bien y su puesta en escena está muy cuidada, con un uso muy psicológico de la cámara y de la atmósfera, y con una música excelente porque está escrita y ejecutada de manera muy inteligente y jamás obvia. Pero diez capítulos se antojan algo excesivos, y la trepidante trama del libro parece diluirse en algunos momentos. Entiendo que querían escribir y realizar algo parecido a una saga, pero con ello sacrificaron la unidad de la historia. El clímax en el bosque, eso sí, es excelente, mucho más potente que el de la novela, que se me antoja insuficiente para la potencia de la la estructura de King.

Llegarán más adaptaciones de King en los próximos meses y años, confirmándole como el autor más adaptado de la historia del cine. Es cierto que la mayoría de sus novelas proponen una aventura muy cinematográfica, pero tanto en su caso como en otros, no estoy seguro de que tenga mucho sentido llamar igual a la historia cuando su estructura, sus personajes y su espíritu tiene poco que ver con King, como ha sucedido tantas veces. Una adaptación es más fiel y puede llamarse así, adaptación, cuando más que ser un calco de la historia original, mantiene intactos el espíritu y la atmósfera original de la novela. Y no es el caso de ‘The Outsider’, una serie muy bien hecha que, como ‘Castle Rock’, parece más inspirada por el universo del autor que otra cosa.

Estándar
CINE, CRÍTICA, LITERATURA

‘El resplandor’ y ‘Doctor Sueño’, Kubrick y King

Cuando me enteré de que iban a estrenar una especie de remake o secuela de ‘El resplandor’, quise pensar que aquello no era sino la enésima jugada comercial a las que tanto nos tienen acostumbrados desde el otro lado del Atlántico. Y lo pensé porque en ese momento no me acordaba de que efectivamente el propio Stephen King había escrito la continuación de una de sus novelas más famosas. Y aquí tenemos ya la película, que por lo que parece no ha entusiasmado a demasiados espectadores, no está provocando el río de dólares esperado, y que sin duda se trata de uno de esos títulos con los que la crítica y el público no sabe muy bien qué hacer.

‘Doctor Sueño’ es un filme magnífico, que por momentos roza, y hasta abraza a manos llenas, la condición de película magistral. De las ficciones de su clase (terror sobrenatural, thriller gótico y hasta metafísico) es la mejor estrenada en mucho tiempo. Está filmada con un pulso y un estilo, con una clase, que sólo tienen los grandes narradores. Confieso no saber muy bien quién es este Mike Flanagan, pero pienso seguirle la pista y rescatar cualquier filme suyo que pueda encontrar. Lo único que sabía de él es que hace dos años dirigió otra adaptación de King, ‘El juego de Gerald’, que tuvo excelentes críticas aunque tampoco un gran impacto mediático. Ciertamente, no me sorprende… En estos tiempos que corren, la narrativa de calidad no está muy bien vista, que digamos.

Demonios vacíos que se comen a niños, y secuelas brillantes que devoran a sus predecesoras

Es ‘El resplandor’ (The Shining), una de las películas más famosas de la historia del cine en general, y del terror en particular. Y lo es por razones que siempre se me han escapado. Kubrick no estaba interesado (ni tenía por qué estarlo, vaya esto por delante…) en la novela original, sino en coger su carcasa más superficial y construir con ella el filme de terror definitivo. A juzgar por la respuesta de muchos de sus fans, probablemente lo consiguió. En lo personal, a pesar de que encuentro aciertos parciales en su fotografía (siempre soberbia en Kubrick), en su atmósfera, y en algunos momentos puntuales, ésta me parece una de sus peores películas. Y no porque fuera muy poco fiel a la novela, sino porque los cambios que proponía quedaban muy pequeños frente a ella.

Recuerdo lo que dijo Paco Plaza hace bien poco: «¿Qué más podía querer King? Le adapta nada menos que Kubrick y lo hace a lo grande. Y además de una de sus peores novelas». Algo parecido dijo. Supongo que cada uno tiene sus gustos y luego ha de defenderlos. Yo, particularmente, tengo una teoría con la que he dado la vara a bastante gente: ‘El resplandor’ le gusta a la gente que no se ha leído la novela (como creo que en realidad le pasa a Paco Plaza). Si se la leen, si entran al juego de Stephen King, se dan cuenta de que Kubrick le banalizó, le empequeñeció. Kubrick, al igual que hizo en ‘2001, una odisea del espacio’, que es poco más que una sucesión de lujosos cromos de sci-fi que nada aportan al espectador más exigente, lo único que construye son pedazos de celuloide de terror mal ensamblados entre sí y sin coherencia interna ni verdadero alcance estético.

Es conocido el hecho de que a King no le agradó demasiado la versión de Kubrick. Creo que tampoco llegó al límite de odiarla, como se ha dicho tantas veces, pero desde el principio quedó patente que eran dos sensibilidades narrativas diferentes. Kubrick cambió no solo el final de la novela sino el espíritu mismo de la historia, convirtiendo a Jack en un cliché andante, carente de verdad o profundidad psicológica alguna.. Era lo más lógico que a la hora de escribir la continuación que sus lectores le han pedido durante décadas, King no hiciera una continuación de la historia de la película, sino de su propia historia, y que Flanagan, cogiendo los mandos de la dirección, no hiciera solamente una adaptación de ‘Doctor Sueño’, sino a su manera una continuación de ‘El resplandor’ de Kubrick. Lo notable no es que haya logrado una secuela respetuosa con la mítica película de 1980, sino que en todos los aspectos es una película muy superior a la de Kubrick.

Esta historia de demonios que se alimentan del resplandor de niños a los que hacen sufrir para obtener un alimento más puro es, desde ya mismo, un clásico del cine de terror.

Magnífica novela, soberbia adaptación

Decía yo, hace poco, que algunas de las novelas menos famosas de King, y de las menos extensas, se encuentran a veces entre sus trabajos más apasionantes. ‘Doctor Sueño’ es uno de esos casos. Es una novela de madurez absoluta, en la que continúa una de sus historias más queridas y recordadas, y lo hace sin plagiarse a sí mismo ni repetirse, sino abriendo nuevos caminos narrativos a su ficción, demostrando una vez más que lo que más le importa son los personajes, y sus vidas, y sus vicisitudes. La trama es algo secundario, en el fondo. Importante, claro, pero en realidad secundario. Es un verdadero placer leer ‘Doctor Sueño’ porque una vez más King dota de una vida increíble a sus personajes, que poseen una encarnadura, una verdad, más rotunda que mucha gente que conozco o he conocido.

De igual manera, es un verdadero placer ver ‘Doctor Sueño’, que es tan emocionante, tan vibrante, tan rotunda como la novela. Flanagan dirige con mano firme, adapta con mucho criterio y sensibilidad el texto de King, y monta él mismo, en solitario, sus propias imágenes, en un montaje soberbio. Y no solamente eso, sino que posee una música muy bien ensamblada en la estrategia narrativa de la película, y un trabajo de sonido ejemplar y muy creativo. Y por si no bastaba con eso, las referencias a ‘El resplandor’ son sutiles y nada pueriles, así como las referencias a clásicos del cine de terror como el ‘Frankenstein’ de James Whale. Ahí es nada… Y arma esta portentosa película con tan buen gusto, con tal dominio de los resortes del miedo y el suspense, con tanta vehemencia por lo gótico, lo macabro, insertado con total naturalidad en el mundo real, que se convierte, por méritos propios, en un digno sucesor de John Carpenter a sus cuarenta años.

No es una película de terror de las que se estilan hoy día, y de ahí seguramente su fracaso en taquilla. De poco vale un Ewan McGregor en estado de gracia (su mejor trabajo, el más contenido y el más sabio, en muchos años), la interpretación estelar de la gran Rebecca Ferguson como Rose la Chistera (una de las villanas más inolvidables de los últimos tiempos), o los momentos de puro terror. El espectador medio de hoy día, quinceañero de carné o en sus gustos cinéfilos, probablemente no sabe apreciar los valores narrativos de esta excelente película. Algunos, sin embargo, somos como esos personajes sedientos del resplandor de la película, sólo que estamos sedientos, hambrientos, de narrativa de altura a la que hincar el diente, y por eso sabemos apreciar delicatessen en cuanto se nos pone al alcance.

Poco importa que en un giro esperable, Flanagan decida situar el clímax final en el hotel Overlook. Es lógico y es razonable y con eso hace subir la película hasta extremos macabros difíciles de describir, haciendo un homenaje a la primera película y a todos sus fans, que no son pocos. Tal cosa no sucede en la novela, como es lógico, porque en ‘El resplandor’ de King el hotel no se congelaba, sino que ardía hasta los cimientos. Pero es un final emocionante y conmovedor, el broche final a una película redonda.

Estándar
CRÍTICA, LITERATURA

Stephen King y la fiebre narrativa

Después de comentar la obra (o, por mejor decir, la producción…) de dos autores españoles tan mediocres, insustanciales e insoportables como Juan Gómez-Jurado y Arturo Pérez-Reverte, quiero dejar por escrito mis sensaciones con la obra (esta vez sí) del que quizá sea el escritor más famoso del mundo en la actualidad, y uno de los de mayores ventas globales de todos los tiempos, el norteamericano Stephen King. Un novelista por el que siento un gran respeto pero del que, en ningún modo, soy otro admirador o fanático de los millones que por el mundo escriben sobre él o hacen vídeos en youtube. Creo que este señor merece que se haga crítica literaria con él (de la de verdad), algo que una vez más tampoco encuentro por ninguna parte.

Supongo que desdeñar con tanta pasión a dos mediáticos (pseudo)novelistas ibéricos, y apreciar la carrera de otro estadounidense que se ha hecho multimillonario con sus ventas, y que además no goza precisamente de ningún prestigio crítico, puede no dejarme en buen lugar ante los ojos de algunos. No me importa. Me consta que hay buenos cuentistas o escritores de relatos españoles, pero si el ocasional lector de estas líneas tiene tiempo, ganas y energía (me temo que le hará falta mucha), vuelvo una vez más a habilitar los comentarios para que me deje, si le apetece, algún nombre de algún novelista español verdaderamente grande de los últimos… digamos… veinte años. Y si además es capaz de vendérmelo con un poco de gracia, puede incluso que le haga caso y me lea algo de lo suyo. Por lo demás, no siempre unas ventas descomunales garantizan tener delante a un mal escritor, aunque a menudo sean indicativo de que no te vas a encontrar nada bueno.

Lo cierto es que pocos elementos externos de Stephen King ayudan a cambiar la imagen objetiva que se tiene de él. A sus increíbles ventas, constantes a lo largo de varias décadas, hay que añadir lo prolífico que es (aunque por suerte ya nadie sospeche de que tenga a varios escritores fantasma a sueldo escribiendo las novelas por él) y a que gran parte (no toda) su obra pertenece a ese poco prestigioso, por no decir «infame», género del terror. Con estos mimbres, muchos no quieren ni acercarse a él, y el paso de los años, de los títulos y de las adaptaciones cinematográficas no ha hecho sino confirmar la teoría de quienes no han leído ni una sola línea de sus libros. Tampoco es mi intención ensalzar a este novelista como uno de los más regios de la actualidad, pero sí, quizá, ser uno de los que ayuden a desmontar prejuicios y lugares comunes acerca de sus libros.

La senda del perdedor

Si valoramos los libros de Stephen King desde las alturas de la exquisitez literaria, es muy probable que nos parezca un novelista tirando a normalito. No posee una prosa distinguida, elaborada y excelsa, y jamás podría escribir un libro como ‘Meridiano de sangre’ o como ‘La subasta del lote 49’, o como ‘Mientras agonizo’. Su suerte, sin embargo, reside en que él es totalmente consciente de ello. No puede escribir novelas así y por eso ni siquiera lo intenta. Él está a otra cosa. King, que de niño y chaval tenía todas las papeletas para ser un perdedor y un fracasado en su vida, es un fervoroso obsesionado por contar historias, las más impactantes, poderosas y emocionantes que pudiera escribir. Y a eso se sigue dedicando. No es un literato extraordinario, pero sí es un narrador extraordinario.

Cuando no tienes nada que perder, porque eres un Loser con todas las letras, y vives en una caravana y cobras el salario mínimo, pero al mismo tiempo sospechas o empiezas a darte cuenta de tu caudal narrativo, te entregas a ello con una pasión desbordada. Eso es lo que hizo King, y no es de extrañar que muchas de sus novelas sean efectivamente del género del terror, porque quizá ese tono, ese espíritu, es en el que él podía disparar con mayor potencia, extrayendo de sus demonios interiores una riqueza imaginativa incomparable. Que con sus primeras novelas consiguiera un éxito arrollador no es más que un efecto colateral (aunque supongo muy satisfactorio para él y su cuenta corriente…) que aunque ha desvirtuado en gran medida la percepción que se tiene de él, no ha corrompido la que él tenía de sí mismo, que ha seguido siendo fiel a sus ideas y a su forma de escribir y de entender la literatura.

¿Qué es lo que le llega habitualmente al que jamás ha leído nada de Stephen King? Pues la forma de vender sus novelas, evidentemente, que en sus inicios no fue la más adecuada, y que en algunas épocas posteriores era bastante equívoca. El que no conozca la obra de King, me consta, cree que es un escritor con tendencia fácil hacia lo macabro, en el que lo más importante es el terror o el horror en sí mismo, que nos cuenta historias de estadounidenses de clase media y de la «américa profunda» que nada tienen que ver con nosotros, que su escritura y que sus historias carecen de la menor profundidad emocional o psicológica, y que son novelas para pasar el rato sin ningún otro interés. Nada de todo esto es verdad, pero convencer de eso se hace muy complicado cuando por ejemplo Alberto Olmos dice en una entrevista de hace ya bastantes años que no puede leer a King porque una frase no tiene conexión con la siguiente, cuando el purista Harold Bloom, recientemente fallecido, no le concedía el menor mérito, o cuando la mayoría de las adaptaciones cinematográficas de sus novelas (dicen que es el autor más adaptado al cine de la historia) inciden precisamente en esa falta de valores narrativos.

Ni siquiera el hecho de que algunas adaptaciones de sus novelas o relatos sean magníficas películas, como por ejemplo ‘Cadena perpetua’ (The Shawshank Redemption’, Darabont, 1994), que en mi opinión es una obra maestra incontestable, ‘Carrie’ (De Palma, 1976), que ha envejecido pero que tiene momentos magníficos, ‘Misery’ (Reiner, 1987), que pese a estar un tanto sobrevalorada y a tener un tono un tanto equívoco posee la magistral interpretación de Kathy Bates, ni siquiera eso hace cambiar de idea a muchos, que se quedan con las más cutres o desafortunadas adaptaciones de sus historias más macabras. Le sucede un poco como a Robert E. Howard, cuyas adaptaciones de Conan el bárbaro, más basadas en taparrabos y testosterona que en el verdadero espíritu howardiano, desvirtúan en gran medida la imagen de su literatura.

La situación llega hasta tal punto que incluso una de las películas de terror más famosas de todos los tiempos, admirada por millones de fanáticos, como ‘El resplandor’ (The Shining, Kubrick, 1980), es considerada una buena película porque se aleja de la novela de King. Mi opinión es la siguiente: la película de Kubrick le gusta mucho a la gente que no se ha leído la novela de King. Si se la leyesen se darían cuenta de que su historia es mil veces más interesante e imaginativa que la de la película, y que Kubrick tan solo cogió el esqueleto básico de la novela (tres personas que se van a vivir unos meses a un hotel cerrado en invierno, que da la casualidad de estar maldito o encantando, o lo que Kubrick creyese que era mejor para epatar al espectador). El director no entendió, ni quiso entender, la novela de King, que es lo mismo que les sucede a muchos que no quieren ni acercarse a sus ficciones.

Construyendo un universo

Hay muchas razones para no considerar a King un escritor eminentemente literario, sobre todo si consideramos la literatura en dos niveles bien diferenciados: la literatura como forma de arte absoluto, y la literatura como forma narrativa. Ambos niveles a veces pueden unirse, pero es bastante complicado que lo hagan. La mayor parte, o toda, la literatura de King pertenece al segundo grupo. Está muy influenciado por la forma de escribir del gran Richard Matheson, quien no en vano le dedicó una de sus colecciones de cuentos por considerar a King el futuro del género… y no se equivocó. La forma de representación de Matheson, su prosa, su estilo, dejaron una honda huella en el joven King, quien muchos años más tarde le dedicó su novela ‘Cell’ (2006).

En lo temático, sin embargo, King no tiene ningún problema en admitir que está muy influenciado por Lovecraft y por toda una miríada de escritores pulp y de la black mask, cuyo estilo directo y seco también ha intentado emular en algunos de sus trabajos. También, y aquí vendrán los puristas a no dejar pasar ni una, está muy influenciado por las películas de su infancia, pero al contrario que algunos pésimos escritores de hoy día (algunos de los cuales han tenido su valoración en estas páginas mías), King es un verdadero escritor por varios motivos. Y el primero de todos ellos es que al contrario que muchos, él posee un universo propio (que tantos han tratado de emular con tan poca fortuna), y un profundo conocimiento de la literatura narrativa, de la que ha extraído sus mejores armas para escribir los mejores relatos y novelas de los que ha sido capaz.

En ese universo (no hablo del multiverso de King, en el que cada novela conecta con las otras por detalles o enlaces temáticos), King ha sido capaz de crear, gracias a lo prolífico que es y a su fértil imaginación, una forma casi única de escribir que le pertenece sólo a él, y que le ha hecho acreedor de un lugar privilegiado en el imaginario colectivo de los que sí han dado el paso de quitarse los prejuicios de encima y leer algunas de sus novelas. Puede no ser un escritor literario, pero es incontestable que si se leyera cualesquiera de sus novelas, unos pocos párrafos, sin saber qué se está leyendo, se podría reconocer con bastante facilidad que es una de sus ficciones. Porque King posee otra cosa que sólo pertenece a los grandes narradores y a todos los grandes escritores literarios: un gran oído musical.

Con ese oído ha sido capaz de erigirse como uno de los mejores dialoguistas de la actualidad, y no precisamente uno de los más reconocidos. Pero si prestamos un poco de atención, observaremos la increíble frescura y naturalidad de sus diálogos, con los que es capaz de conseguir atrapar al lector y hacerle creer aquello que está contando, olvidándose de que es una ficción, como muy pocos escritores de hoy en día. Y de su capacidad innata para escribir diálogos surge la que sin duda es una de sus grandes fortalezas como novelista: su gigantesco talento a la hora de crear personajes. Y no solamente personajes memorables desde un punto de vista estético e icónico (y de esos tiene docenas), sino que esos personajes, en la mayoría de sus libros, están vivos. Son personajes creíbles de arriba a abajo, a los que él dota de una vida y una verdad sólo al alcance de los grandes novelistas de todos los tiempos. Y esa, y no otra, aunque estoy seguro de que muchos no estarán de acuerdo conmigo, es la razón del enorme éxito de ventas de sus novelas.

Si la razón fuera su capacidad para escribir historias horripilantes, hay muchos otros que se le parecen, y que escriben historias tan terroríficas, o más, que las suyas. En su caso, es una afortunada mezcla de imaginación, ingenio, suspense y humanidad, que él ha sabido dosificar muy bien para golpear anímicamente al lector de la forma más perdurable posible. Y es por eso que el lector se identifica con los personajes de King de una forma poderosísima, hasta tal punto que llega a afectarle la historia que le están contando. El horror en sí mismo no le interesa a King casi nunca. Lo que le interesan son sus personajes, o por mejor decir las personas a las que él dota de vida en sus páginas. Cuando King escribe ‘El resplandor’ está más interesado en contarte la historia de esa familia desestructurada, que en los horrores de hotel Overlook, en los que estaba más interesado Kubrick.

Novelas, novelas cortas, libros de relatos, ensayos, guiones…

Sin embargo, como es bien sabido, aunque de la cantidad nace muchas veces la calidad, también deriva la irregularidad. No todos los trabajos, como es hasta lógico, de King, gozan de idéntica inspiración o solidez, y en algunos casos es palpable que King no se siente cómodo con aquello que está contando.

Personalmente considero que ‘Apocalipsis’, también titulada ‘The Stand’, es su obra maestra. No me he leído todas las novelas de King, porque tiene muchas y hay que leer más cosas, pero sí la mayoría de las más importantes, y dudo que este hombre tenga algo de este calibre escondido entre su producción. Ni siquiera la celebérrima ‘It’, con la que comparte similar número de páginas en edición de bolsillo (1.500, nada menos), se le acerca. ‘Apocalipsis’, que cuenta la casi extinción de la humanidad por un supervirus de la gripe, es de una rara perfección, en la que King nos narra la historia de docenas de personajes, a cada cual más interesante y verdadero, sin desfallecer jamás de intensidad, ingenio y riqueza expresiva. Es una novela colosal cuya lectura se hace fácil, y cuya trama es apasionante y de una hondura y humanidad difíciles de describir.

En comparación con ella, ‘It’, para muchos su gran obra, se me antoja una brillante historia con momentos extraordinarios, pero más tendente a la dispersión, y en la que King cae en cierta incontinencia verbal y profusión de detalles que el lector se pregunta si son realmente necesarios para contar la historia. La trama, eso sí, es una vez más apasionante y, esta vez sí, terrorífica, con el payaso Pennywise convertido en uno de los monstruos más icónicos y duraderos de la ficción narrativa de nuestro tiempo. ‘It’ es, sin duda, una gran novela, en la que el horror no tiene tanta importancia como las vidas y las personalidades de sus caracteres principales, de nuevo dotados de una vida y una verdad incontestables.

Otras grandes, y muy famosas, novelas de King, como ‘Misery’ o ‘El resplandor’, son sin duda excelentes narraciones, muy bien medidas y contadas por este gran escritor, así como ‘Cementerio de animales’, que no es una gran novela, pero cuyas últimas cincuenta páginas son verdaderamente aterradoras.

Pero creo que King tiene verdaderas joyas no demasiado conocidas, y que en las novelas menos extensas demuestra un talento y una gracia en el contar casi genética. Me refiero a novelas cortas como ‘El cuerpo’, que es absolutamente emocionante y maravillosa (y que dio lugar a la conocida película ‘Cuenta conmigo’, también de Rob Reiner). También otras como ‘Verano de corrupción’, o ‘El fugitivo’, o ‘Ojos de fuego’, que es realmente estupenda, o ‘La niebla’, llena de ingenio. Esas novelas, menos ambiciosas en lo temático y en su extensión, nos revelan sus verdaderas armas de narrador, lo que le gusta contar historias, espeluznantes o no, el casi inagotable caudal creativo de este hombre.

Otras novelas son mucho menos conseguidas o directamente muy cuestionables, como su querencia por contarnos relatos de máquinas que se vuelven malvadas (no en vano dirigió una única película, ‘Maximun Overdrive’, precisamente sobre este tema), que ha repetido en novelas como ‘Christine’ o ‘From a Buick 8’, y que rebajan la calidad de su obra. King ha intentado, con bastante éxito, desmarcarse del terror puro en estupendas novelas como ‘La chica que amaba a Tom Gordon’, en la que muestra su capacidad para la literatura de supervivencia, o la trilogía reciente sobre el detective Bill Hodges, con la que se adentra en el noir más clásico. Pero por ejemplo su primer volumen de la que el considera su Magnum Opus, ‘La torre oscura’, titulado ‘El pistolero’, es bastante mediocre y no consigue elaborar una mítica hasta que escribe su segundo volumen, ‘La llegada de los tres’, probablemente una de sus mejores novelas.

No he leído el resto de sus novelas de la saga ‘La Torre oscura’, aunque espero hacerlo dentro de no mucho tiempo. Por lo que sé, dentro de esta larga serie también hay títulos más conseguidos que otros. Pero de momento baste decir que ‘El pistolero’ es muy irregular, y que ‘La llegada de los tres’, el segundo volumen, es directamente sensacional.

Tampoco me convence en ‘La historia de Lisey’, una novela casi autobiográfica sin duda bien escrita, pero en la que da la sensación de no sentirse del todo cómodo. ‘Desesperación’ podría haber sido una gran novela, y aunque es larga parece desfalleciente, con temas repetitivos de sus novelas previos, con un suspense no del todo conseguido.

De su gigantesca producción cuentística se pueden destacar algunos cuentos excelentes, y otros más alimenticios. Es un buen escritor de relatos, algunos muy Poe, otros muy Lovecraft. Me gustan más los que están apegados a la realidad, los más fabuladores, como ‘El último peldaño de la escalera’, o ‘Corazones en la Atlántida’, que ‘Los chicos del maíz’, por ejemplo, mucho más convencional. Su estupendo libro en el que te explica sus técnicas de escritura, llamado precisamente ‘Mientras escribo’, es muy recomendable, aunque sin duda podía haber llegado más lejos en sus premisas.

En definitiva, para valorar a King, hay que leerle. Y si se leen sus novelas libres de prejuicios, tanto mejor. Dudo que a este hombre nadie le haya regalado nada. Su estatus lo ha logrado a base de trabajo duro, de un enorme interés por sus personajes, de una imaginación y un ingenio indiscutibles salvo por los más recalcitrantes, de una fiebre narrativa que lo ha llevado a construir una obra gigantesca en títulos. Tiene libros mejores y libros peores, como es inevitable. Pero sus grandes novelas perdurarán. Y él sabe que dentro de doscientos años, en el improbable caso de que la especie humana siga existiendo, su nombre, por suerte o por desgracia, será recordado.

Estándar