ARTÍCULOS, Vídeos

Canon de series: títulos de crédito

Todos sabemos de la importancia de la intro en una serie o en una película. Es literalmente la primera imagen que se le entrega al espectador/receptor, aunque sean unos créditos en blanco sobre una pantalla en negro, como ocurre en la mayoría de películas de Woody Allen. Tanto la música (o la falta de ella), como la tipografía de las letras, como la duración, el hecho de que entren a corte en oposición a las primeras imágenes en movimiento, o bien que estén quemados encima de las imágenes con actores… todo es importante para empezar a analizar la obra en cuestión. Y más aún en las series, pues en una película vemos los créditos una vez en cada visionado, pero en una serie los vemos por lo menos una decena de veces, de modo que han de ser parte consustancial de lo que estamos viendo y han de tener eso que suele llamar «pegada».

Escribiendo el Canon, del que ya me quedan afortunadamente no demasiadas semanas de trabajo, me he dado cuenta de que todos los títulos de crédito (o la ausencia de ellos, que también hay ejemplos) son parte de la estrategia narrativa de sus máximos responsables. No son simplemente títulos bonitos o espectaculares, no se trata de un mero reclamo comercial, sino de una parte fundamental de la serie, de cada capítulo, ya que en ellos muchas veces se cuenta una historia, y si la serie es larga y suceden en ella una serie de cambios argumentales y estilísticos, los títulos también cambian en aspectos conceptuales, como es necesario. O bien no cambian en absoluto, o de manera muy sutil, como es el caso de ‘Euphoria’, que simplemente consisten en el cartel con el nombre y un breve fragmento musical… que en los últimos episodios ya no se ve con el fondo en negro sino con un fondo en movimiento. Otro ejemplo sería el de ‘Breaking Bad’, que no cambia en toda la serie:

En ambos casos, el de ‘Euphoria’ y ‘Breaking Bad’, por lo secas y áridas que son en muchos aspectos, no tendría sentido otro tipo de créditos, aunque quizá ‘Breaking Bad’ podría haber hecho algo más conceptualmente. No es necesariamente malo. La de ‘The Sopranos’ tampoco cambia en seis temporadas:

La verdad es que superar esto es difícil. ¿Qué se podía añadir aquí conceptualmente? La idea esencial de estos créditos es sencilla y poderosa: Tony regresando a casa, observando todos sus «dominios», ascendiendo hasta su castillo, pero no con un gesto de satisfacción sino con uno de resignación, de cansancio. Imposible decir más con menos.

Sin embargo hay otras series que sí van cambiando sus títulos temporada a temporada. Uno de los casos más paradigmáticos es el de ‘The Wire’. Sus títulos de crédito van añadiendo imágenes de cada nueva temporada –al igual que en cada temporada que se van ampliando sus límites argumentales: de las barriadas al puerto, de ahí a la concejalía y los puestos de poder, al sistema educativo, a los medios de comunicación– con un nuevo montaje y una nueva versión del tema ‘Way Down in the Hole’, de Tom Waits:

Pero otras van incluyendo sucesivos cambios temporada a temporada, añadiendo nuevos aspectos, nuevas zonas de ese mundo que van expadiendo con cada tanda de episodios. Uno de los casos más nítidos en ese sentido es el de ‘Game of Thrones’, que además se permitía un cambio radical en su aspecto en su última temporada:

Esto también lo fue haciendo ‘Vikings’, que al tema de su primera temporada (el guerrero vikingo que cae al agua en plena batalla y al que acuden unas valkirias para acompañarlo al valhalla), fueron añadiendo aspectos más sutiles y aún más interesantes que los propuestos por la serie de HBO:

Sin embargo, ‘House M.D.’ fue simplificándose cada vez más, desde la magnífica entrada de la primera temporada a la simple, casi ascética de la última, en la que solamente aparecía el título en los últimos episodios (y pido perdón por no poder subirlo aquí, pero no está disponible):

Aunque supongo que los títulos de crédito que marcaron a toda una generación y que se recuerdan con especial admiración, a pesar de que tienen poco que ver con el tono de la serie en muchos momentos (ya que es una serie en cuyo interior laten varias series) son los de ‘Twin Peaks’, que afortunadamente contaron con una nueva intro para la temporada de 2017:

Y para finalizar hay que hacerlo con la serie que posee una intro más poderosa, que no solamente ha ido cambiando conceptualmente con el paso de los años, sino que desde el hiato de la temporada 9 ha cambiado por completo, sin dejar de ser ella misma. Me refiero por supuesto a las intros de ‘The Walking Dead’, que son una obra de arte en sí mismos:

Cada una de estas piezas incide de manera muy importante en los caracteres más importantes de la serie, en su viaje particular y global, además de abordar un aspecto estético fundamental, que da una idea muy definida de lo que se quiere conseguir en cada una de las tempordas.

No se puede dejar nada al azar, sobre todo en estos títulos en los que se pretende (y se consigue, precisamente por eso) pasar a la historia. Unos títulos apropiados no solamente nos preparan en lo anímico y lo psicológico para lo que estamos a punto de ver, nos sirven de introducción para ser unos espectadores más sofisticados respecto a lo que se nos muestra, sino que también son una parte esencial, crucial, de la obra de arte que se supone se va a desplegar ante nuestros ojos. No son la carátula colorida y brillante de un simple best-seller de moda, son la primera línea de batalla para la agónica lucha contra el paso del tiempo.

Estándar
ARTÍCULOS, CÓMIC, CINE, LITERATURA, TELEVISIÓN

Apocalipsis ahora

En uno de los recientes programas de ‘Viajeros de la noche’, no recuerdo ahora mismo cuál (incluso puede que fuera de micro), me comentaban mis compañeros que a mí me va mucho lo apocalíptico, y que un día deberíamos hacer un programa relacionado con eso. No les falta razón, y me ha hecho pensar en todo aquello que me ha inspirado, porque casi todo lo que escribo es apocalíptico o de supervivencia, y estas ficciones me han obsesionado y fascinado desde muy pequeño. Uno no elige lo que le atrapa, sino más bien al revés.

Y ahora que estamos a las puertas de una probable III Guerra Mundial –aunque yo creo, no se lo digáis a nadie, que llevamos décadas en esa guerra, lo que pasa es que es una guerra muy distinta a las demás…hasta que deje de ser tan distinta…– me es imposible dejar de escribir sobre el tema. La novela que escribí el año pasado está enmarcada en una II Guerra Civil española, y la que espero escribir en la segunda mitad de este año, en cuanto termine de escribir el dichoso libro sobre las series, y si todavía hay salud y no nos han lanzado cuatro o cinco cabezas nucleares sobre nuestras cabezas, será el proyecto más grande que hasta ahora haya acometido sobre un apocalipsis nada improbable. ¿Pero en qué se quedó atrapada mi imaginación desde que tuve uso de razón? En los westerns, claro, y en las películas de aventuras. Pero no en cualquiera, y cada vez menos.

Una de las primeras cosas que me dejó anonadado, y aterrorizado, fue la saga ‘Mad Max’…

La segunda fue realmente formidable, y las otras dos, la primera y la tercera, realmente terroríficas en algunos momentos. Podía sentir yo el abismo de mirar hacia una extinción masiva de la humanidad. Y en 2015 llegaba la portentosa cuarta parte, la mejor de todas sin ningún género de dudas. Muchos de los caracteres más sórdidos de estas películas intento remedarlos o que me sirvan de prototipo para los más violentos y terribles de mis ficciones.

Pero para extinción masiva la de ‘The Terminator’ (1984), que vi poco después:

Recuerdo ver esto, con menos de diez años, una y otra vez, aunque su visionado me resultaba demasiado intenso, demasiado desolador. Era un acto masoquista que ahora, con la guerra de Ucrania y de otras partes del mundo amenazando con tragarse al planeta entero, casi me ha hecho a la idea, me ha preparado de alguna forma, para lo que se puede avecinar.

Otras películas de ahora, tan magistrales como ‘Children of Men’ (2005)…

O ’12 Monkeys’ (1995)…

Me hacen sentirme ya como en casa… Pero no solamente de películas «vivo» yo, también de otras cosas, como por ejemplo videojuegos… y el videojuego survival por excelencia, el más impresionante, inolvidable y memorable, es por supuesto, ‘The Last of Us’…

Y ‘The Last of Us, Part II’…

Aunque la ficción insuperable, la más influyente y excelsa, de supervivencia y apocalipsis, es por supuesto, ‘The Walking Dead’…

Y si para terminar vamos al cómic, tendría que nombrar uno que no le gusta a mucha gente, pero que a mí me vuelve loco, con cuya portada voy a cerrar este artículo. Este tipo de ficciones han dado mucha morralla, pero también han dado obras maestras como la aquí expuestas, que literalmente me obsesionan. Vivo por cosas como estas, por muy terribles y desesperanzadas que sean. Sólo así quizá miro al mundo y me siento con un poco más de esperanza… porque todavía no se han dado estos horrores, y quizá haya alguna probabilidad de que no se den.

Estándar
ARTÍCULOS, TELEVISIÓN

El complejísimo canon de las series

Seamos francos: gran parte de la gente que ve series, más que valorarlas de manera reposada, sobre todo aprecia que sean series que les enganchen. Es un asunto retorcido que también comparten las novelas. De hecho, en el marketing de unas y de otras, se emplea cada vez más el término «adictiva», como si eso fuera sinónimo de interés narrativo. Lo que parece que el espectador medio más aprecia es que la serie en cuestión, sea la que sea, le tenga enganchado, que no pueda dejar de verla, aunque sus valores narrativos, sus componentes temáticos y técnicos, estén absolutamente manidos, o aunque en el fondo sepa que lo que está viendo no es nada del otro mundo. Sería interesante averiguar por qué sucede esto, pero no estamos para experimentos sociológicos.

En el largo ensayo que me propongo escribir y en el que voy sobre todo a centrarme en los treinta y pico años de esplendor del formato narrativo de serie televisiva que han tenido lugar desde la aparición de ‘Twin Peaks’. Quizá deba tacharse este compendio inicial de excesivamente anglosajón, pero sobre todo es occidental. No voy a incluir, lógicamente, series del mundo oriental (China, Japón, Corea, Tailandia…) en primer lugar porque llegan muy pocas aquí, y en segundo lugar porque habría que conocer todas las importantes para hacerse una idea general, y eso es complicado. Además, incluir series asiáticas desvirtuaría el tono general de esta lista. Podría considerarse, por tanto, que es un canon occidental de series. Y en efecto la preponderancia de las series anglosajonas es abrumadora. Pero es que no existen prácticamente series españolas, francesas o italianas que merezcan ser tenidas en cuenta, tanto por razones narrativas como meramente temáticas. Al menos se pueden incluir las series de gigantes como Krzysztof Kieslowski, Rainer Werner Fassbinder y Lars Von Trier, que deberían ir en lugares principales.

Las que con toda probabilidad deberían ir en el canon principal serían estas:

TWIN PEAKS

ABC
1990-1991/2017
CREADA POR DAVID LYNCH Y MARK FROST

Con esta empezó todo. Es obligado nombrar algunas series anteriores, pero la precursora de esta época extraordinaria que vivimos es la serie de Lynch y Frost, cuya influencia es enorme y cuyo alcance poético y narrativo todavía está por descubrir en su totalidad.

THE SOPRANOS

HBO
1999-2006
CREADA POR DAVID CHASE

Esta también es obligada, y no ya entre las veinte primeras, sino entre las cinco primeras. La ficción de David Chase es mucho más que la representación cotidiana de una familia cuyo padre es un importante capo mafioso: es la radiografía más despiadada de un Estados Unidos en descomposición.

THE WIRE

HBO
2002-2008
CREADA POR DAVID SIMON

Y esta es la que quizá pugna con más fuerza con ‘The Sopranos’ en convertirse en la crónica contemporánea más certera y descarnada imaginable: un mosaico de cientos de rostros, habitantes de una ciudad, Baltimore, que es la verdadera protagonista. Un relato de fuertes connotaciones literarias, de un realismo apabullante.

THE WALKING DEAD

AMC
2010-2022
DESARROLLADA POR FRANK DARABONT

Esta es la visión más oscura, y más devastadora, de las ficciones occidentales en televisión. Concluirá su emisión en este año que acaba de empezar y no es precisamente una serie que goce de unanimidad. Tanto mejor, así estaremos algunos más seguros de su inefable grandeza y de que está, sin ninguna duda, entre las más grandes de todos los tiempos.

TRUE DETECTIVE I

HBO
2014
CREADA POR NIC PIZZOLATTO

Esta miniserie, en la que cada año cuenta una historia diferente con actores diferentes, es sencillamente magistral en su primera parte (no así en las dos posteriores): un hipnótico y fascinante viaje a las tinieblas, responsabilidad tanto de Pizzolatto como de Fukunaga y Matthew McConaughey.

FUTURAMA

FOX-COMEDY CENTRAL
1999-2003/2008-2013
CREADA POR MATT GROENING Y DAVID X. COHEN

Habrá que incluir otras series de animación, pero esta es la mejor serie de Groening y una de las creaciones cómicas y de sci-fi más notables que se recuerdan.

DEADWOOD

HBO
2004-2006
CREADA POR DAVID MILCH

Inconclusa, por presiones de producción, finalizada con un filme solvente aunque en ningún modo grande, ‘Deadwood’ es la obra de arte de HBO.

HOUSE M. D.

FOX
2004-2012
CREADA POR DAVID SHORE

No solamente por el personaje central (aunque sin duda es una baza importantísima), la ficcion de David Shore ha de estar entre las veinte canónicas y merece un estudio en profundidad que está tardando en llegar.

VIKINGS

HISTORY CHANNEL
2013-2019
CREADA POR MICHAEL HIRST

Casi con toda probabilidad, la mejor ficción histórica jamás realizada en términos de personajes, de estructura y de ambición temática y técnica. No cabe más épica en una pantalla, y tampoco caben más personajes memorables.

GAME OF THRONES

HBO
2011-2019
CREADA POR DAVID BENIOFF, D.B. WEISS

Es muy posible que daba ser incluida en las veinte canónicas, aunque no lo tengo del todo seguro, porque es una serie que en su recta final flaquea un poco (sin llegar a las cotas de desastre que tanto fan proclamó a los cuatro vientos). En cierto sentido es una serie inevitable.

BAND OF BROTHERS

HBO
2001
CREADA POR TOM HANKS, STEVEN SPIELBERG

La miniserie por antonomasia, aunque no la única, pero si una tiene que estar entre las más grandes posiblemente sea este relato bélico a medio camino con el reportaje documental.

DEKALOG

SFB/TVP
1989
CREADA POR KRZYSZTOF KIESLOWSKI

Extraordinaria creación de Kieslowski, que en lugar de envejecer se vuelve más vigente y punzante con el paso de los años, y que ha de estar en este listado exclusivo.

THE BIG BANG THEORY

CBS
2007-2019
CREADA POR CHUCK LORRE, BILL PRADY

Si hay una comedia que deba estar aquí, es esta. El resto me parecen muy inferiores en casi todo: en diálogos, en creación de personajes, en situaciones, en ingenio… y esto a pesar del evidente bajón de sus últimas temporadas.

Pero no pueden ser las únicas. Un canon puede formarse con veinte títulos principales, no con diez, ni con cien. A partir de esos veinte principales puede hacerse un compendio de ochenta o cien obras secundarias, que deriven de esas y expliquen mejor por qué las otras veinte han sido elegidas. Y ahí comienza la verdadera complejidad de escribir un ensayo de estas características, porque además deberían incluirse algunas series de animación como:

SAMURAI JACK

RICK & MORTY

PRIMAL

SOUTH PARK

y otras… Pero también habría que incluir algunas miniseries imprescindibles como:

BERLIN ALEXANDERPLATZ

OLIVE KITTERIDGE

I, CLADIUS

CHERNOBYL

CREMATORIO

Además de otras como series documentales, series de comedia pura… Y por supuesto en esas veinte hasta el final no voy a saber cuáles de todas estas deben estar incluidas:

SIX FEET UNDER

BREAKING BAD

PEAKY BLINDERS

TELL ME YOU LOVE ME

TREME

FARGO

ROME

SONS OF ANARCHY

MAD MEN

ER

EUPHORIA

RIGET

Vamos, que queda mucho trabajo por hacer, pero va a ser apasionante, y seguramente voy a aprender mucho más (me pasa siempre) que aquello que yo pueda enseñar al que me lea. Lo iremos viendo en sucesivos meses, porque esto no ha hecho más que empezar.

Estándar
ARTÍCULOS, CINE, TELEVISIÓN

En el estreno de la última temporada de ‘The Walking Dead’

Estoy convencido de que la gran mayoría de la gente ve series (como ve películas o lee libros) con la extravagante idea de que eso que están «consumiendo» debe ser lo más parecido a una montaña rusa de emociones, un torbellino que les deje extasiados, en el que no deban pensar demasiado, se les de todo hecho y terminen ahítos. También estoy convencido de que los espectadores, en general, no quieren que una serie (o una película o una novela) les impacte de modo anímico y psicológico, sino que lo que quieren es volverse adictos a esa visión o a esa lectura, y como cualquier adicto simplemente seguir consumiendo sin el menor espíritu crítico. Por último estoy convencido de que a la gente le gustan cosas estrafalarias como salir por la tele haciendo el bobo, pero lo que más le gusta a la gente es opinar. De cualquier cosa, repitiendo lo mismo que dicen los demás, con el estilo y las ideas más chabacanas posibles, como para reafirmarse. En el estreno de la última temporada de ‘The Walking Dead’, muchas de esas voces volverán a querer hacerse oír y volverán a decir las mismas cosas de siempre con los argumentos peregrinos y ese estilo tan refinado a los que nos tienen acostumbrados.

Echemos un vistazo a esa página llamada Filmaffinity (en la que por cierto mi querido Bracero igual le pone un 10 a casi cualquier película de Hitchcock que se lo pone a ‘Blade Runner’) que básicamente es el foro donde todos los espectadores del mundo que desean dar su opinión pueden hacerlo, y donde se pueden dejar críticas (siempre no profesionales, es decir comentarios de barra de bar) de cualquier título. Si vamos a ‘The Walking Dead’ encontramos lo siguiente, de un tal YonkiKong: «El problema empieza cuando tenemos que tirar del guión, diálogos, desarrollo de los personajes… un niño de nueve años… espera, ¿que no lo hizo un niño de nueve años?», esto, de un tal Herr Jasper «demasiado relleno para tan poco zombi…», esto otro, de un tal random_play: «en la segunda temporada hablamos. Hablamos mucho. Hablamos un montón. Hablamos de lo mal que está la cosa, de lo chungo que está el futuro, de lo mal que lo estamos pasando, de embarazos, de muerte, de destrucción…». La cosa empieza a ponerse seria con gente como thefrang que escribe: «La historia se centra demasiado en las historias personales, por momentos parece una telenovela venezolana, siendo la única diferencia que mientras en las primeras tenemos despampanantes latinas de pechos grandes, aquí tenemos una vieja marimacho maltratada por su marido», o con otros como paupaipai que sentencia: «definiré bodrío infumable: cuando se dedican a rellenar minutos de serie apelando a los sentimientos, crisis absurdas y flaixbacks (???) vacíos. Cuando estancan a los personajes en un mismo escenario durante temporadas enteras para recortar gastos…» En general lo que veo son dos cosas: que muchos espectadores tenían muy claro lo que esperaban de una serie de zombis, y que no han visto la misma serie que otros como yo.

Luego se supone que la narrativa está hecha por y para la gente… Pero cuando nos adentramos en páginas dedicadas a desgranar películas y series de televisión, la cosa cambia: en lugar de apreciar la obra en su conjunto, y de conectar los detalles entre sí, el escritor de turno se dedica a comentar sus gustos personales y en el caso de TWD a comparar cada nuevo episodio, recién visto, con todo lo anterior o con lo que él esperaría que fuera la serie (es decir, casi lo mismo que los comentaristas de barra de bar de Filmaffinity, pero sin su estilo barriobajero). Unos y otros, cada vez que les leo, me convencen finalmente de una cosa: que casi nadie sabe muy bien qué hacer con esta serie. Los que han leído el cómic la comparan con el cómic, los que se han visto tres o cuatro temporadas la abandonan porque no es lo que esperaban, los que quieren un «apocalipsis zombi» la critican porque tiene poco zombi (y lo dicen en serio…), los que quieren un drama con más enjundia la critican porque tiene mucho zombi, y los que son adictos de otras series la ponen en un ránking muy bajo porque a fin de cuentas cómo de importante puede ser una serie sobre un «apocalipsis zombi».

Sería de agradecer que la gente comentara las obras que ha visto, y no las que no ha visto en su totalidad. En este punto lamento decir que si quieres opinar sobre TWD, en el supuesto caso en que tu opinión le importe a alguien, deberías haber visto las diez temporadas que hasta ahora se han emitido, y estar esperando a ver la última para tener una visión global. De lo contrario no tienes autoridad para comentarla, como no tienen autoridad los que hablan mal de ‘Juego de tronos’ sin haber visto ni un solo episodio (doy fe de que los hay). Aún así puedo entender que personas que se hayan visto las tres primeras temporadas, por ejemplo, puedan decir lo que ha sido para ellas ese visionado, pero no es posible, sencillamente, que hayan visto otra serie distinta a la que le están ofreciendo en la pantalla. Porque lo que están comentando estas personas es, sencillamente, otra serie. El gran problema de TWD es que todo el mundo, desde el que se ha leído los cómics hasta el que tiene debilidad por los «apocalipsis zombis», tiene muy claro lo que quiere y espera ver en la serie, y cuando la serie le ofrece otra cosa ni siquiera se toma la molestia de averiguar qué es esa otra cosa.

Supongo que ya habrá más intérpretes, críticos e investigadores de cine y del audiovisual que lo hayan dicho, pero ‘The Walking Dead’ es una de las series más importantes de la historia de la televisión, y como creación cinematográfica es una de las más excelsas. Es, le pese a quien le pese, historia de la televisión con mayúsculas, pero además, a falta de esta última temporada que va a constar de veinticuatro episodios que concluirán esta larga historia, es una obra extraordinaria a la que si uno accede sin los prejuicios de rigor, es muy complicado sacarle defectos. Ni siquiera el sobado argumento de que han estirado el chicle durante demasiadas temporadas es aquí válido, porque TWD es una gran saga cuya verdadera naturaleza es, precisamente, su carácter de saga, el concepto del paso del tiempo. Y pocas series, por no decir ninguna, ha llegado a la temporada 10 (sin duda una de las mejores) en tan buen estado de forma. La impresión inequívoca que se tiene viendo esta serie con los ojos bien abiertos, es que toda ella está concebida desde un principio como una estructura cerrada, sin improvisaciones (mientras que otras series de cuatro o cinco temporadas dan la impresión de todo lo contrario), que es un mundo, casi un universo, autosuficiente y cerrado en sí mismo, y que sus once temporadas han sido necesarias para contar la historia debidamente. Tanto es así que mucho tienen que haberse equivocado en esta temporada 11 para que finalmente esta obra monumental no sea en su globalidad el hito que ya se advierte que es.

Por suerte para la fantasía y el terror, ‘The Walking Dead’ va a situarse, si la temporada 11 no es un fracaso absoluto (y yo creo que aunque lo fuera), al lado de ‘The Sopranos’, ‘The Wire’ y muy pocas más como lo más memorable y perfecto que se ha hecho en televisión. No puede ser de otra manera cuando temporada extraordinaria tras temporada extraordinaria (con mención especial para la 2, la 5 y la 10, que alcanzan cotas de narrativa y de poética muy difíciles de igualar), su formidable equipo de guionistas son capaces de llevar la experiencia apocalíptica hacia extremos nunca trillados y siempre creativos y sorprendentes, su equipo de directores (con Greg Nicotero a la cabeza) nunca se entrega a un divismo ni a una grandilocuencia vacua, sino que cuenta la historia del modo más austero y doloroso posible, y su enorme equipo de actores es un reparto sin la menor fisura en el que todos y cada uno de ellos jamás interpreta teatralmente sino que viven la secuencia con enorme intensidad y sobre todo verdad… eso sin mencionar el superlativo trabajo de escenografía y la soberbia fotografía (un aspecto casi nunca comentado) que nos dan secuencias de una belleza y de una precisión técnica apabullantes. ¿Se puede pedir más?

Han sido hasta ahora doce años de pérdidas (el verdadero tema de la serie) y de episodios memorables (de los que es inexplicable que la gente pueda decir que es aburrido, o que no sucede nada, cuando no dejan de suceder cosas en cada secuencia), y ahora queda el último año y medio para despedirla y empezar a valorarla en su justa medida… si es que los espectadores más recalcitrantes son capaces de quitarse la venda de los ojos, y los intérpretes más superficiales son capaces de estar a la altura de las circunstancias.

Estándar
ARTÍCULOS, TELEVISIÓN

‘The Walking Dead’ se acerca ya a las más grandes de la historia

Esperando a su conclusión (queda una temporada doble, la número once nada menos) para poner sobre la mesa argumentos definitivos, claro está, pero cada vez se acerca más. Y esto no es una ocurrencia de alguien al que le guste mucho la serie, ni de alguien que quiera dictar sentencia en nada, sino que se trata de una evidencia que salta a la vista si se ve la serie sin la tonelada de prejuicios de los que adolecen sus más hueros comentaristas, y tratando de verla como es, no como se quiere que sea, porque yo ya estoy convencido de que se trata de una de las ficciones televisivas más autoexigentes que se han hecho nunca, muy superior a muchas otras contemporáneas y sobrevaloradas, en la que nada sobra y nada falta y que es más, mucho más, que una serie apocalíptica, o que un survival en un mundo plagado de zombis (caminantes los llaman aquí).

Adaptación, como todo el mundo sabe, del cómic homónimo escrito por Robert Kirkman, que hace poco también llegó a su fin, ‘The Walking Dead’ puede ser fácilmente la serie más incomprendida de los últimos veinte años, lo que no deja de ser una buena señal. Carente de una cabeza visible o showrunner, esto es, de un director creativo absoluto que maneje los hilos en la sombra, tal como fue David Chase en ‘The Sopranos’, pues el buen director que fue Frank Darabont, ya semi-retirado, empezó la serie pero la abandonó a las primeras de cambio, se trata de una serie que cuenta con un grupo de creadores, que trabajan al alimón, cada uno en su área, para darle vida. A saber: Greg Nicotero, Angela Kang, David Alpert, Gale Anne Hurd, Denise M. Huth, Scott M. Gimple… que son los que deben llevarse gran parte del mérito de que esta joya de la televisión y el cine exista, además por supuesto del excelente equipo de guionistas que saca oro puro del cómic de Kirkman llevándoselo a su terreno. Y ese fuerte cariz de creación colectiva se traslada a una historia que principalmente trata sobre la importancia de la colectividad, del grupo, de una visión de la sociedad mucho más horizontal, en clara oposición a las dictaduras y regímenes totalitaristas-capitalistas propias de los enemigos acaudillados a los que se enfrentan. ‘The Walking Dead’ puede ser fácilmente una de las narraciones que más y mejor han defendido nunca el anarquismo (no confundir con anarquía…).

Y lo que muchos de sus detractores alegan, además de la manida frase «se ha estirado mucho el chicle»…., es que por una parte no ocurre nada en la serie, porque siempre ocurre lo mismo, es decir, que la serie solamente va de matar zombis y que hay poco drama humano, y lo que otros detractores alegan es que hay demasiado drama humano y poca acción. Y en lo que todos parecen estar de acuerdo es que hay algún episodio bueno y mucho relleno insustancial. Y yo, la verdad, he de decir que no sé qué serie están viendo, y que si ven la misma serie que yo llevo viendo más de una década, es que o no pueden o no se quieren enterar: porque es una narración que no da tregua al espectador capítulo a capítulo (por cierto son bastantes más que las series de prestigio de la HBO, que suelen tener 10 o 12, mientras que aquí hay 16 por temporada), en la que no hay nada de relleno porque no se lo pueden permitir manejando como manejan media decena de caracteres protagonistas, una veintena de principales, medio centenar de secundarios e innumerables episódicos, que a fin de cuentas es una saga sobre el fin del mundo en la que no hay soluciones fáciles ni mágicas, presidida por un pesimismo y una melancolía tan abrumadores que me sorprende que alguna vez haya tenido un éxito masivo y repleta de suspense y de decisiones difíciles en cada episodio.

De hecho, aunque una serie tan larga ha tenido temporadas menos impresionantes y episodios algo más circunstanciales (porque la perfección es imposible), asombra el nivel medio de todas las temporadas e impresiona el de las más deslumbrantes por el trenzado insuperable de intimismo y acción sin límites, de tensión insoportable y momentos de arrasadora devastación anímica. Siendo, además, una historia metáfora de nuestro tiempo, se trata de una ficción con abundantes y muy sutiles cargas de profundidad que suponen un problema constante, tanto emocional como psicológico, para el espectador, pues pone constantemente en tela de juicio los valores y los pilares de nuestra sociedad, situándonos un muy inquietante espejo en el que mirarnos y no sacarnos precisamente favorecidos. ¿Y hay más? Pues sí que lo hay: una puesta en escena increíblemente depurada, sin aspavientos ni divismos de ninguna clase, con algunas decisiones sorprendentes y muy creativas, propias de cineastas de primerísimo nivel narrativo, y un montaje formidable y siempre lleno de ideas visuales. Hay capítulos de suspense y terror que son una verdadera lección de cine, y otros en los que solamente tenemos poco más que una simple conversación, y que son magistrales.

Pocas series, por no decir ninguna, han llegado a la temporada diez (que es sin duda la mejor junto con la segunda y la quinta) con este nivel de depuración estilística y de potencia argumental. Ya veremos cómo la cierran en la última temporada, pero todo apunta a que ‘The Walking Dead’, que ya es, le pese a quien le pese, historia de la televisión, va a ser además una de las más grandes obras maestras jamás realizadas en el medio, y la perfecta radiografía, ahora que estamos entre crisis sociales y pandemias, del siglo XXI.

Estándar