ARTÍCULOS, Vídeos

Canon de series: títulos de crédito

Todos sabemos de la importancia de la intro en una serie o en una película. Es literalmente la primera imagen que se le entrega al espectador/receptor, aunque sean unos créditos en blanco sobre una pantalla en negro, como ocurre en la mayoría de películas de Woody Allen. Tanto la música (o la falta de ella), como la tipografía de las letras, como la duración, el hecho de que entren a corte en oposición a las primeras imágenes en movimiento, o bien que estén quemados encima de las imágenes con actores… todo es importante para empezar a analizar la obra en cuestión. Y más aún en las series, pues en una película vemos los créditos una vez en cada visionado, pero en una serie los vemos por lo menos una decena de veces, de modo que han de ser parte consustancial de lo que estamos viendo y han de tener eso que suele llamar «pegada».

Escribiendo el Canon, del que ya me quedan afortunadamente no demasiadas semanas de trabajo, me he dado cuenta de que todos los títulos de crédito (o la ausencia de ellos, que también hay ejemplos) son parte de la estrategia narrativa de sus máximos responsables. No son simplemente títulos bonitos o espectaculares, no se trata de un mero reclamo comercial, sino de una parte fundamental de la serie, de cada capítulo, ya que en ellos muchas veces se cuenta una historia, y si la serie es larga y suceden en ella una serie de cambios argumentales y estilísticos, los títulos también cambian en aspectos conceptuales, como es necesario. O bien no cambian en absoluto, o de manera muy sutil, como es el caso de ‘Euphoria’, que simplemente consisten en el cartel con el nombre y un breve fragmento musical… que en los últimos episodios ya no se ve con el fondo en negro sino con un fondo en movimiento. Otro ejemplo sería el de ‘Breaking Bad’, que no cambia en toda la serie:

En ambos casos, el de ‘Euphoria’ y ‘Breaking Bad’, por lo secas y áridas que son en muchos aspectos, no tendría sentido otro tipo de créditos, aunque quizá ‘Breaking Bad’ podría haber hecho algo más conceptualmente. No es necesariamente malo. La de ‘The Sopranos’ tampoco cambia en seis temporadas:

La verdad es que superar esto es difícil. ¿Qué se podía añadir aquí conceptualmente? La idea esencial de estos créditos es sencilla y poderosa: Tony regresando a casa, observando todos sus «dominios», ascendiendo hasta su castillo, pero no con un gesto de satisfacción sino con uno de resignación, de cansancio. Imposible decir más con menos.

Sin embargo hay otras series que sí van cambiando sus títulos temporada a temporada. Uno de los casos más paradigmáticos es el de ‘The Wire’. Sus títulos de crédito van añadiendo imágenes de cada nueva temporada –al igual que en cada temporada que se van ampliando sus límites argumentales: de las barriadas al puerto, de ahí a la concejalía y los puestos de poder, al sistema educativo, a los medios de comunicación– con un nuevo montaje y una nueva versión del tema ‘Way Down in the Hole’, de Tom Waits:

Pero otras van incluyendo sucesivos cambios temporada a temporada, añadiendo nuevos aspectos, nuevas zonas de ese mundo que van expadiendo con cada tanda de episodios. Uno de los casos más nítidos en ese sentido es el de ‘Game of Thrones’, que además se permitía un cambio radical en su aspecto en su última temporada:

Esto también lo fue haciendo ‘Vikings’, que al tema de su primera temporada (el guerrero vikingo que cae al agua en plena batalla y al que acuden unas valkirias para acompañarlo al valhalla), fueron añadiendo aspectos más sutiles y aún más interesantes que los propuestos por la serie de HBO:

Sin embargo, ‘House M.D.’ fue simplificándose cada vez más, desde la magnífica entrada de la primera temporada a la simple, casi ascética de la última, en la que solamente aparecía el título en los últimos episodios (y pido perdón por no poder subirlo aquí, pero no está disponible):

Aunque supongo que los títulos de crédito que marcaron a toda una generación y que se recuerdan con especial admiración, a pesar de que tienen poco que ver con el tono de la serie en muchos momentos (ya que es una serie en cuyo interior laten varias series) son los de ‘Twin Peaks’, que afortunadamente contaron con una nueva intro para la temporada de 2017:

Y para finalizar hay que hacerlo con la serie que posee una intro más poderosa, que no solamente ha ido cambiando conceptualmente con el paso de los años, sino que desde el hiato de la temporada 9 ha cambiado por completo, sin dejar de ser ella misma. Me refiero por supuesto a las intros de ‘The Walking Dead’, que son una obra de arte en sí mismos:

Cada una de estas piezas incide de manera muy importante en los caracteres más importantes de la serie, en su viaje particular y global, además de abordar un aspecto estético fundamental, que da una idea muy definida de lo que se quiere conseguir en cada una de las tempordas.

No se puede dejar nada al azar, sobre todo en estos títulos en los que se pretende (y se consigue, precisamente por eso) pasar a la historia. Unos títulos apropiados no solamente nos preparan en lo anímico y lo psicológico para lo que estamos a punto de ver, nos sirven de introducción para ser unos espectadores más sofisticados respecto a lo que se nos muestra, sino que también son una parte esencial, crucial, de la obra de arte que se supone se va a desplegar ante nuestros ojos. No son la carátula colorida y brillante de un simple best-seller de moda, son la primera línea de batalla para la agónica lucha contra el paso del tiempo.

Estándar
ARTÍCULOS, TELEVISIÓN

El complejísimo canon de las series

Seamos francos: gran parte de la gente que ve series, más que valorarlas de manera reposada, sobre todo aprecia que sean series que les enganchen. Es un asunto retorcido que también comparten las novelas. De hecho, en el marketing de unas y de otras, se emplea cada vez más el término «adictiva», como si eso fuera sinónimo de interés narrativo. Lo que parece que el espectador medio más aprecia es que la serie en cuestión, sea la que sea, le tenga enganchado, que no pueda dejar de verla, aunque sus valores narrativos, sus componentes temáticos y técnicos, estén absolutamente manidos, o aunque en el fondo sepa que lo que está viendo no es nada del otro mundo. Sería interesante averiguar por qué sucede esto, pero no estamos para experimentos sociológicos.

En el largo ensayo que me propongo escribir y en el que voy sobre todo a centrarme en los treinta y pico años de esplendor del formato narrativo de serie televisiva que han tenido lugar desde la aparición de ‘Twin Peaks’. Quizá deba tacharse este compendio inicial de excesivamente anglosajón, pero sobre todo es occidental. No voy a incluir, lógicamente, series del mundo oriental (China, Japón, Corea, Tailandia…) en primer lugar porque llegan muy pocas aquí, y en segundo lugar porque habría que conocer todas las importantes para hacerse una idea general, y eso es complicado. Además, incluir series asiáticas desvirtuaría el tono general de esta lista. Podría considerarse, por tanto, que es un canon occidental de series. Y en efecto la preponderancia de las series anglosajonas es abrumadora. Pero es que no existen prácticamente series españolas, francesas o italianas que merezcan ser tenidas en cuenta, tanto por razones narrativas como meramente temáticas. Al menos se pueden incluir las series de gigantes como Krzysztof Kieslowski, Rainer Werner Fassbinder y Lars Von Trier, que deberían ir en lugares principales.

Las que con toda probabilidad deberían ir en el canon principal serían estas:

TWIN PEAKS

ABC
1990-1991/2017
CREADA POR DAVID LYNCH Y MARK FROST

Con esta empezó todo. Es obligado nombrar algunas series anteriores, pero la precursora de esta época extraordinaria que vivimos es la serie de Lynch y Frost, cuya influencia es enorme y cuyo alcance poético y narrativo todavía está por descubrir en su totalidad.

THE SOPRANOS

HBO
1999-2006
CREADA POR DAVID CHASE

Esta también es obligada, y no ya entre las veinte primeras, sino entre las cinco primeras. La ficción de David Chase es mucho más que la representación cotidiana de una familia cuyo padre es un importante capo mafioso: es la radiografía más despiadada de un Estados Unidos en descomposición.

THE WIRE

HBO
2002-2008
CREADA POR DAVID SIMON

Y esta es la que quizá pugna con más fuerza con ‘The Sopranos’ en convertirse en la crónica contemporánea más certera y descarnada imaginable: un mosaico de cientos de rostros, habitantes de una ciudad, Baltimore, que es la verdadera protagonista. Un relato de fuertes connotaciones literarias, de un realismo apabullante.

THE WALKING DEAD

AMC
2010-2022
DESARROLLADA POR FRANK DARABONT

Esta es la visión más oscura, y más devastadora, de las ficciones occidentales en televisión. Concluirá su emisión en este año que acaba de empezar y no es precisamente una serie que goce de unanimidad. Tanto mejor, así estaremos algunos más seguros de su inefable grandeza y de que está, sin ninguna duda, entre las más grandes de todos los tiempos.

TRUE DETECTIVE I

HBO
2014
CREADA POR NIC PIZZOLATTO

Esta miniserie, en la que cada año cuenta una historia diferente con actores diferentes, es sencillamente magistral en su primera parte (no así en las dos posteriores): un hipnótico y fascinante viaje a las tinieblas, responsabilidad tanto de Pizzolatto como de Fukunaga y Matthew McConaughey.

FUTURAMA

FOX-COMEDY CENTRAL
1999-2003/2008-2013
CREADA POR MATT GROENING Y DAVID X. COHEN

Habrá que incluir otras series de animación, pero esta es la mejor serie de Groening y una de las creaciones cómicas y de sci-fi más notables que se recuerdan.

DEADWOOD

HBO
2004-2006
CREADA POR DAVID MILCH

Inconclusa, por presiones de producción, finalizada con un filme solvente aunque en ningún modo grande, ‘Deadwood’ es la obra de arte de HBO.

HOUSE M. D.

FOX
2004-2012
CREADA POR DAVID SHORE

No solamente por el personaje central (aunque sin duda es una baza importantísima), la ficcion de David Shore ha de estar entre las veinte canónicas y merece un estudio en profundidad que está tardando en llegar.

VIKINGS

HISTORY CHANNEL
2013-2019
CREADA POR MICHAEL HIRST

Casi con toda probabilidad, la mejor ficción histórica jamás realizada en términos de personajes, de estructura y de ambición temática y técnica. No cabe más épica en una pantalla, y tampoco caben más personajes memorables.

GAME OF THRONES

HBO
2011-2019
CREADA POR DAVID BENIOFF, D.B. WEISS

Es muy posible que daba ser incluida en las veinte canónicas, aunque no lo tengo del todo seguro, porque es una serie que en su recta final flaquea un poco (sin llegar a las cotas de desastre que tanto fan proclamó a los cuatro vientos). En cierto sentido es una serie inevitable.

BAND OF BROTHERS

HBO
2001
CREADA POR TOM HANKS, STEVEN SPIELBERG

La miniserie por antonomasia, aunque no la única, pero si una tiene que estar entre las más grandes posiblemente sea este relato bélico a medio camino con el reportaje documental.

DEKALOG

SFB/TVP
1989
CREADA POR KRZYSZTOF KIESLOWSKI

Extraordinaria creación de Kieslowski, que en lugar de envejecer se vuelve más vigente y punzante con el paso de los años, y que ha de estar en este listado exclusivo.

THE BIG BANG THEORY

CBS
2007-2019
CREADA POR CHUCK LORRE, BILL PRADY

Si hay una comedia que deba estar aquí, es esta. El resto me parecen muy inferiores en casi todo: en diálogos, en creación de personajes, en situaciones, en ingenio… y esto a pesar del evidente bajón de sus últimas temporadas.

Pero no pueden ser las únicas. Un canon puede formarse con veinte títulos principales, no con diez, ni con cien. A partir de esos veinte principales puede hacerse un compendio de ochenta o cien obras secundarias, que deriven de esas y expliquen mejor por qué las otras veinte han sido elegidas. Y ahí comienza la verdadera complejidad de escribir un ensayo de estas características, porque además deberían incluirse algunas series de animación como:

SAMURAI JACK

RICK & MORTY

PRIMAL

SOUTH PARK

y otras… Pero también habría que incluir algunas miniseries imprescindibles como:

BERLIN ALEXANDERPLATZ

OLIVE KITTERIDGE

I, CLADIUS

CHERNOBYL

CREMATORIO

Además de otras como series documentales, series de comedia pura… Y por supuesto en esas veinte hasta el final no voy a saber cuáles de todas estas deben estar incluidas:

SIX FEET UNDER

BREAKING BAD

PEAKY BLINDERS

TELL ME YOU LOVE ME

TREME

FARGO

ROME

SONS OF ANARCHY

MAD MEN

ER

EUPHORIA

RIGET

Vamos, que queda mucho trabajo por hacer, pero va a ser apasionante, y seguramente voy a aprender mucho más (me pasa siempre) que aquello que yo pueda enseñar al que me lea. Lo iremos viendo en sucesivos meses, porque esto no ha hecho más que empezar.

Estándar
CRÍTICA, TELEVISIÓN

‘The Wire’, la búsqueda de la verdad

Duele ver a Idris Elba en multitud de producciones, muchas de ellas descaradamente comerciales y de baja calidad, incluso haciendo del dios nórdico Heimdal pese a ser un hombre negro…producciones en las que incluso ha llegado a parecer un mal actor, porque yo creo que ni el mejor actor del mundo podría haber hecho gran cosa con esos papeles. Y duele, sobre todo, a los que le hemos visto en ‘The Wire’ y creo que a los que le han visto en ‘Luther’ (yo no soy uno de los afortunados) porque nosotros sí sabemos de lo que este hombre es capaz cuando tiene un material interesante con el que trabajar, y pocos materiales más interesantes le han podido llegar, a él y a cualquier otro actor, que el proyecto de HBO titulado ‘The Wire’, que ya es por derecho propio una de las más grandes leyendas de la televisión y, por qué no, del cine americano de las últimas dos décadas.

En mi opinión ‘The Wire’ es, junto con ‘The Sopranos’, la más grande creación televisiva de la historia, con permiso de otras grandes obras que le andan muy cerca como ‘Deadwood’, ‘Twin Peaks’, ‘Six Feet Under’, ‘Vikings’, ‘The Walking Dead’ o ‘Futurama’. Pero es muy difícil que nada pueda compararse a estas dos cimas de la ficción audiovisual moderna, y ni siquiera la encumbrada, y sin duda muy notable, ‘Breaking Bad’ me parece que esté en la misma liga que este monumental drama moderno cuyo marco y a la vez personaje fundamental es la sombría, herida y contradictoria ciudad de Baltimore, así como la miríada de criaturas que la pueblan, comenzando por el golfo y carismático, aunque por momentos despreciable, pero también valiente, al mismo tiempo bebedor, mujeriego, pero frágil y autodestructivo Jimmy McNulty (Dominic West), detective de homicidios del centro de la ciudad, que se empeña en que un juez amigo suyo se ponga a investigar los asesinatos sistemáticos de una desconocida banda de narcotraficantes, lo que será el punto de partida para una investigación que requerirá de un elaborado trabajo de escuchas (de ahí el título, The Wire, que vendría a significar «la escucha» o «el dispositivo de escucha», mucho más que el literal «el cable») con el que tener alguna oportunidad, por remota que sea, de detener a los delincuentes.

Dicho así puede que al lector profano le suene a la misma historia de policías que ha visto cien veces en la televisión, en el cine o incluso en la literatura, pero lo que convierte a esta ficción en algo único es su capacidad para erigirse en un retrato de un tiempo y de una sociedad, con un estilo casi documental, en el que la música extra-diegética (es decir, la que escucha el espectador pero no los personajes) está proscrita, y en la que ha quedado desterrada cualquier atisbo de épica o de heroísmo, porque su creador y máximo responsable, David Simon, tiene como principal objetivo la búsqueda de la verdad, y por ello se percibe, se palpa, casi se huele en cada plano un retrato tan expresivo como la misma vida, sin artificios ni divismos ni códigos del Noir, sino una puesta en escena despojada, casi ascética, de una sencillez y naturalidad pasmosas, con la que los cineastas capturan las peripecias vitales de sus criaturas, sus hermosas y numerosas criaturas, pues McNulty, aunque en cierto modo es el motor y el alma de la trama, es tan sólo la pieza inicial, el primero de las docenas e incluso cientos de personajes a los que da vida un portentoso grupo de actores en los que no hay el menor error de casting.

Lo he dicho ya y lo repetiré las veces que haga falta hasta que me denuncie algún aludido o se me quiten las ganas de escribir sobre el tema: el interés y la fuerza de los personajes no solamente es uno de los motivos por los que una ficción tiene opciones de ser perdurable, sino que es el signo del carácter, la personalidad, la verdadera cultura y la talla humana de sus creadores. Si tenemos a un escritor imbécil, creará personajes estúpidos e insoportables. Si tenemos a un escritor pedante y soberbio, creará personajes engolados y pretenciosos. Si el creador de la serie o de la novela es realmente alguien interesante, con algo que contar, sus personajes también lo serán. Y si tenemos a un portentoso escritor, un hombre de gran talla humana, pese a sus inevitables defectos, si es un verdadero gran creador no solamente creará una gran historia muy original e impactante y todo lo que se quiera, sino que sobre todo dibujará, con ayuda del casting y los actores, unos personajes soberbios, memorables, que trascenderán sus arquetipos y se erigirán en seres con más encarnadura que mucha gente que conocemos. En resumen, si eres Juan Gómez-Jurado crearás personajes estúpidos e insoportables, si eres Arturo Pérez-Reverte crearás personajes machistas, violentos, clasistas y arrogantes, y si eres David Simon crearás la fauna más fascinante, con permiso de la de David Chase en ‘The Sopranos’, que se ha visto en una pantalla.

Porque sobre todo ‘The Wire’ es una ficción sobre grupos sociales artificiales convertidos en faunas con sus propias reglas, el signo de los tiempos. Por un lado los detectives y demás miembros de la policía (McNulty, Bunk, «Kima» Greggs, Lester Freamon, Carver, Hauk, Sydnor, Norris, «Prez», Beadie Russell, el sargento Landsman, el teniente Daniels, el comisario Burrell, el comisario adjunto Rawls, el comandante Colvin, el comandante Valchek…entre otros), los traficantes o camellos (Avon Barksdale, «Stringer» Bell, Marlo Stanfield, Partlow, Bodie, Wallace, Poot, «Snoop» Pearson, «Wee-Bay», «Cheese»… entre otros muchos), los atracadores, asesinos o vividores callejeros (Omar Little, el Hermano Mouzone…), los abogados y fiscales (el juez Daniel Phelan, la ayudante del fiscal rhonda Pearlman, el abogado Maurice Levy…), los trabajadores del crucial puerto de Baltimore (Frank Sobotka, Nick Sobotka, Ziggy Sobotka, «Cara de caballo», «Fifty», Maui…), los distinguidos políticos de la ciudad (el senador Davis, el concejal Carcetti, el alcade Royce, el delegado Watkins, Anthony Gray, Coleman Parker, Teresa D’Agostino…), los atribulados miembros del sistema educativo (de nuevo «Prez», «Dukie», Randy, Namond, Michael, la directora adjunta Marcia, y varios profesores más…), los sufridos periodistas del Baltimore Sun y otros periódicos («Gus» Haynes, James Whiting, Kiebanow, Tim Phelps, etc…). Por no nombrar a los yonquis, y a los familiares de los personajes nombrados, y a muchos más. Un crisol de personajes en el que por alguna alquimia no te pierdes en ningún momento ni sobra un carácter ni falta una coma, pues todos ellos están dibujados con la misma firme mano y con idéntica sagaz mirada.

Los necesita David Simon para la serie, pues si la primera temporada transcurre en las calles más pobres de la ciudad, la segunda lo hace además en los puertos de Baltimore; la tercera, además de en las calles y en el puerto, en los pasillos del ayuntamiento y demás instituciones públicas de la ciudad; la cuarta, además de todo eso, en las aulas de los depauperados colegios e institutos; y la quinta en las calles, los puertos, los pasillos gubernamentales, las aulas y las oficinas de redacción de los principales medios de comunicación, con los que los cineastas crean una tupida realidad que es la de Baltimore pero que podría ser la de cualquier ciudad moderna, y a uno se le hace la boca agua imaginándose lo que podría haber sido una creación de este tipo en una ciudad tan corrupta y con una historia tan terrible como Madrid. Pero aquí es muy difícil que algún día llegue a realizarse algo así.

Ver ‘The Wire’ es una experiencia eufórica y sombría, vibrante y angustiosa, que te abre la mente y te hace comprender hasta donde puede llegar el audiovisual cuando se tiene la honestidad como valor absoluto, y cuando se sabe que sin personajes vivos tu ficción puede ser muy original y todo lo que se quiera, pero que en pocos años quedará obsoleta. No como esta maravilla, a la que muchos volvemos una y otra vez, agradecidos por su mera existencia.

Estándar
TELEVISIÓN

Mi ranking de series de televisión

En realidad no es mi ranking, pero al menos es un compendio de las series más importantes que he visto, un breve resumen y un comentario sobre algunas de ellas. Porque, además, es muy difícil hacer una lista o un artículo de opinión serio, dada la gran cantidad de series existentes y el escaso tiempo para verlas todas, sobre todo cuando se trata de títulos de varios años y casi cien capítulos de duración. No se puede ver todo en cine, leer todo lo posible, escuchar música a todas horas y además ser un experto en series. La vida no da para todo.

Pero aún sin haberlo visto todo (algo imposible, dadas las circunstancias) voy a arriesgarme a escribir lo que pienso, en términos de ranking, de importancia, de influencia y de grandeza.

Las dos mejores series de todos los tiempos son ‘The Sopranos’ (1999-2006), creada por David Chase, y ‘The Wire’ (2002-2008), creada por David Simon. Si tuviera que elegir entre las dos, me quedaría con la primera, aunque no es una decisión fácil, porque la serie de Simon es extraordinaria desde el principio hasta el final, y el collage de rostros, actores y personajes más prodigioso que jamás se ha visto en una pantalla. Pero supongo que hay que elegir, y no he visto nada más terrible ni definitivo que la tragedia íntima de Tony Soprano, por mucho que por ejemplo en Jot Down digan que la muerte de Nancy Marchand truncó la serie y le impidió acercarse a la perfección. No solo creo que no es así, sino que de alguna forma la hizo crecer más allá de sus límites iniciales.

Ambas obras maestras no habrían podido existir sin la creación, más de una década antes, de la serie más influyente de la historia: ‘Twin Peaks’ (1990-1991, 2017), creada por David Lynch y Mark Frost, y que es puro Lynch desde el primer fotograma hasta el último. Otras series como ‘X-Files’ (1993-2002, 2016-2018), creada por Chris Carter, me parecen mucho más convencionales, en todos los sentidos, y hasta pueriles, teniendo en cuenta la enorme influencia, la perfección formal, la exigencia narrativa de Lynch y su equipo.

Pero si se quiere hablar de series (la mayoría americanas, me temo), es imposible no establecer un ranking entre sus géneros o estilos. Y en el estilo o género sitcom (abreviatura que en inglés se refiere a situational comedy, y que vendría significar comedia de enredo…más o menos), y que engloba todas esas comedias algo teatrales, muchas veces con público, la mayoría en platós cerrados, con pocos tiros de cámara (posiciones de plano) dramáticos, y con risas enlatadas, creo que la insuperable es ‘The Big Bang Theory’ (2007-2019), creada por Cuck Lorre y Bill Prady, para mi gusto muy superior a otras como ‘Friends’ (1994-2004) o incluso la maravillosa ‘Frasier’ (1993-2004), por la sencilla razón de que tiene mucho más ingenio en sus guiones y en sus personajes, llegando a albergar algunos de los mejores diálogos de los últimos tiempos en una ficción de comedia. Y solamente en sus tres o cuatro temporadas finales tuvo un bajón de inspiración o de imaginación en sus guiones. De modo que creo que reina por encima de casi cualquier otra.

Por otro lado, tendríamos no pocas series que podríamos calificar de westerns, o «survivals», que más perezosamente podrían ser calificadas como series de aventuras, tales como ‘Lost’ (2004-2010), o ‘The 100’ (2014-), de fantasía, sci-fi o terror. Pero la más redonda de todas ellas, pese a sus no pocos detractores, es ‘The Walking Dead’ (2010-), bajo mi punto de vista, pues ninguna otra reúne tales calidades y fortalezas en un tan delicado equilibrio de historia, personajes, realización y profundidad emocional.

En cuanto a las series más épicas, ya sean de fantasía o históricas, creo que sería la clase de ficciones televisivas más difícil de decidir una reina absoluta, pues aunque ‘Juego de tronos’ (2011-2019) es realmente imponente y magnífica, otras como ‘Vikings’ (2013-), con mucho menos presupuesto y mucha menos publicidad, no le va a la zaga en cuanto a creación de personajes y tramas, y en cuanto a grandeza narrativa, entendiendo grandeza narrativa como la capacidad de levantar un mundo propio, de hablar de temas universales, de hacer vivir a una serie de personajes absolutamente nítidos, y hacerlo partiendo de la verdad de aquello que se está contando, sin trucos ni tendenciosidad, sin soberbia ni impostada grandilocuencia. Por esas razones, y por algunas más, quizá ‘Vikings’ sea todavía mejor serie que ‘Game of Thrones’, pareciéndome la segunda realmente magnífica.

Pero eso sucede con no pocas series importantes. Cuando una creación nace, ya sea una serie, una película, un libro…cuando aparece en el mundo, automáticamente convive y se relaciona con otras creaciones anteriores, lo que es un modo muy elegante de decir que compite con ellas por un lugar no solamente en el imaginario popular o en beneficios o en éxito, sino en grandeza estética. Por eso, cuando por ejemplo aparece ‘Breaking Bad’ (2008-2013), de Vince Gilligan, o surge ‘Mad Men’ (2007-2015), de Matthew Weiner, es imposible no certificarlas como grandes series, como magníficas ficciones, pero inevitablemente por debajo de otras enormes, que logran eclipsarlas por muy magníficas que sean, y ninguna de las dos puede competir, ni siquiera acercarse, a ‘The Sopranos’. En mi opinión están varios peldaños por debajo, por mucho que Weiner fuera uno de los socios de David Chase en ‘The Sopranos’, o pese al enorme influjo y carisma de la serie protagonizada por Bryan Cranston.

La razón de que resulte tan complicado superar a ‘Los Soprano’ es que la serie de David Chase, a lo largo de seis temporadas ofrecía a sus espectadores un episodio magistral tras otro, un relato extraordinario tras otro, sin desmayo, sin bajada de calidad. Y eso por ejemplo no lo pudo hacer la maravillosa serie ‘Six Feet Under’ (2001-2005), de Alan Ball, que podría haber sido una de las dos o tres mejores series de la historia pero que a partir de la cuarta temporada, y sobre todo la quinta, sufrió un desdibujamiento de los personajes, una caída de tensión en las tramas, más que evidente.

Y de todos los procedimentales (series con capítulos más o menos conclusivos, en los que se trata un caso o crimen o misterio cada vez), la insuperable, bajo cualquier punto de vista, es ‘House M.D.’ (2004-2012), de David Shore, que partiendo de un esquema detectivesco y de unos personajes protagonistas muy inspirados en el Holmes y Watson de Arthur Conan Doyle, es mucho más que cualquier serie de polis, o de crímenes al uso, pues a lo largo de ocho temporadas se adentró por terrenos morales y psicológicos muy complejos y muy poco comerciales, y sin embargo logró concitar delante del televisor a millones de personas de todo el mundo con temas existenciales, nihilistas, con un sentido del humor arrollador y con un cinismo plasmado en algunos de los mejores diálogos que jamás se escribieron para televisión.

Pero mi serie favorita, por encima de otras que considero superiores, es la truncada y trágica y terrible ‘Deadwood’ (2004-2006), que además de ser un western canónico, salvo por el hecho de sus abundantes y elaborados diálogos, es una tragedia universal y casi un fresco histórico de enorme calado y alcance estético, que con un guion, unos actores y sobre todo una puesta en escena absolutamente insuperables, narraba, como quizá ninguna película lo hizo jamás, la forma en que se construyó Estados Unidos y los prolegómenos de territorios narrativos como los que luego explora ‘Los Soprano’ o ‘The Wire’.

Pero supongo que cada cual tendrá su lista y su particular altar y ranking de series. Aquí les he dejado el mío, que quizá en unos años cambie, dada la gran cantidad de ficciones que nos llegan temporada tras temporada.

Estándar