CINE

Postureo Cool vs. Pedante Gafapasta

Se está librando estos días, puede que desde hace ya bastantes años, una batalla sin cuartel en las redes sociales e incluso en la calle, cuyo mayor y más cruento campo de batalla es Twitter. Es algo digno de ver (bueno, en realidad, no lo es… pero sí es algo digno de contar). Los dos bandos contendientes pugnan por la supremacía de ver quién ofrece más y mejores argumentos o más y mejores insultos, y la cosa parece que tiene un ganador claro. De un lado del ring tenemos a los más numerosos, los que van ganando de lejos la contienda, porque tienen a las grandes corporaciones de su parte, y los que utilizan medios más, digamos, navajeros: los del Postureo Cool (en adelante los PC). Del otro lado del ring los únicos que defienden posturas más racionales, los que intentan valorar las cosas en su justa medida, los que exigen un Cine y una Literatura verdaderas, a la altura de los tiempos y de su propio nombre, y que han sido bautizados con el nombre de Pedantes Gafapastas (en adelante los PG).

Los PC son como niños pequeños que se creen que han venido los PG a quitarles sus juguetes. Son personas con algunos conocimientos (sólo algunos) y cierta educación (cierta, nada más), que se han sentido invadidos, atacados por los PG, desde hace mucho tiempo, y de ahí sus ataques virulentos, sus dentelladas y sus rabietas infantiles. Los PG, por su parte, son personas generalmente con preparación académica y/o profesional, que suben el listón de las cosas, que no se conforman con el Cine y la Literatura que desgraciadamente nos ha caído encima, y que esgrimen su pensamiento crítico para intentar cambiar las cosas. Todos los días, en Twitter, soy testigo del combate dialéctico entre unos y otros. He observado hordas de cien, doscientos o mil PC acosando a dos o tres PG porque estos habían dicho que el Cine o la Literatura populares no son tan valiosos como las obras de arte. He sido objeto y testigo de ataques furibundos, de insultos, de denigraciones, incluso de amenazas de muerte. Ríete tú de la guerra ruso-ucraniana. En Twitter no hay sangre (que yo sepa) pero las toneladas de veneno, bilis y toxicidad lo hacen irrespirable la mayoría de las veces que te lanzas «a hablar» con la gente.

Y como a mí de lo que me gusta hablar es de libros, de películas, de eso que llaman cultura (aunque no lo es, pues la cultura es otra cosa), de arte (de arte más exigente y de arte pop) pues me meto en la refriega en no pocas ocasiones, y del otro lado del ring nos asaltan los del PC con sus insultos mucho más elaborados que sus argumentos… y todo para decir que los que buscamos algo más que divertirnos en el cine somos unos «gafapastas» o unos «pedantes», como si con eso se zanjara la cuestión. El otro día, tratando de hacer entrar en razón (misión imposible) a una serie de tuiteros que se creían muy ingeniosos e inteligentes, me sacaron a colación, para sostener la inanidad de sus argumentos, nada menos que las tablillas sumerias y la mecánica cuántica. Ahí es nada. Ante eso, ¿qué se puede decir? Nada, simplemente elogiar el enorme esfuerzo por justificar lo injustificable.

Pero hagamos un pequeño compendio, si es que el calor de Madrid no me ha achicharrado las pocas neuronas que me van quedando. Veamos las armas y posturas de cada cual:

Postureo Cool

Música clásica: me duermo
Cine artístico: para pedantes y listillos
El que me lleve la contraria es un capullo
El que me dé la razón sin más es mi amigo
No necesito argumentos, sólo insultos
El director y el novelista están ahí para divertirme
El arte es para disfrutar
Decir que somos una generación fracasada es insultar a todos los niños del mundo

Pedante Gafapasta

El arte es algo más que diversión y disfrute
Dialogar y debatir es crucial para desarrollar ideas
Si no estamos de acuerdo no somos enemigos
Pensar igual no significa que tengamos razón
Lo más difícil es tener un sólo argumento
El artista no es un bufón a mi servicio
El arte no hace el mundo mejor pero nos ayuda a vivirlo
Sin pensamiento crítico somos un fracaso

Ahora bien, muchos a los que llaman «pedantes gafapastas», por mucho que defiendan ideas mucho más constructivas, arriesgadas y valientes que los PC, también caen en insultos gratuitos, en el fanatismo ciego y en la adoración un tanto boba a supuestos iconos artísticos… en otras palabras: tampoco ayudan mucho. Ya que somos unos pedantes y unos gafapastas, hagamos las cosas bien, ya que ellos son una panda de vociferantes, de devoradores de narrativa-basura, no bajemos a la arena con ellos. Que con su pan se lo coman. Nosotros estamos en la obligación de poner sobre la mesa inteligencia, buen gusto y conocimientos, no actitudes de macho alfa adolescente.

Y dicho esto… voy a ver si Filmin funciona un poco mejor que ayer.

Estándar
ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA

No hay asideros… ni en Cine ni en Literatura

Cada loco con su tema, o cada maestrillo con su librillo, pero la mayoría tirando de lugares comunes, de conceptos y de ideas preconcebidas y manoseadas hasta la náusea, pero todos con una misma intención: demostrar a los demás y a uno mismo que «sabe mucho de cine» o que «ama mucho el cine» y y que por tanto todo aquello que escribe o que comenta o que deja en redes sociales está bien fundamentado, aunque carezcan de argumentos verdaderos y tiren de aquello que han oído repetido mil veces.

Esto de interactuar en Twitter tiene su gracia: me siento como cuando estaba en la escuela de cine, en cualquiera de las dos a las que fui, hace ya veinte años, y regresando a los mismos debates y a las mismas bobadas. Es como rejuvenecer dos décadas… pero también es un cansancio infinito, un constatar una y otra vez a las mismas trifulcas con individuos e individuas con graves carencias de personalidad, todos diciendo, sin saberlo, o quizá precisamente sabiéndolo y creyendo que por eso están diciendo verdades como templos, las mismas tonterías sobre las mismas películas, incluso gente que también tiene cierta formación audiovisual o incluso trabaja en ello de alguna u otra manera. Así nos luce el pelo.

Lo cierto es que no hay asideros… ni en Cine ni en Literatura, y por eso es crucial, imprescindible diría yo, construirse una sólida base teórica, que es lo más difícil en estos temas narrativos, y a partir de ella defender tus argumentos y tus ideas, si las tienes y puedes desarrollarlas con dialéctica y con racionalidad, y no como un niño de diez años ofendido por lo que piensen los demás. Algunos creen que citar los títulos de siempre (en sci-fi, ‘Blade Runner’ y ‘2001’, en Western ‘La diligencia’ y ‘Río Rojo’, en bélico ‘Objetivo Birmania’ y ‘Sin novedad en el frente’, por ejemplo…) les vendrá bien a la hora de un debate con otras personas. O que el éxito popular del filme certifica su calidad, o que lo divertida y entretenida que sea es suficiente compara considerarla una buena película (o una buena novela). Si todo eso falla aún quedan dos comodines: los premios que haya ganado (tanto Óscares como premios en certámenes y festivales), y lo que la crítica «profesional» haya dicho de ello. Todo eso, creen algunos, es suficiente, y basta como argumento para contrarrestar los mejores argumentos válidos y mejor construidos del mundo. Pero la realidad es muy diferente.

Porque lo que generalmente -no siempre, pero casi– es un éxito popular se trata de una narrativa de muy baja calidad, por definición, ya que el público no quiere grandes complicaciones a la hora de ver una película o leer un libro, y menos aún si le dan lo que quiere. Porque los premios no son ni mucho menos infalibles y demasiadas veces son políticos, y ni siquiera Cannes o Venecia aciertan siempre, ni llevan en sus secciones a concurso joyas absolutas en todas las ediciones, sino muchas veces verdaderos engendros que no se explica uno qué hacen ahí. Porque la crítica, me temo, ha desertado en muchas ocasiones de su profesión, y ni siquiera las cabeceras más leídas y con más predicamento tienen una sólida base teórica a la que atenerse, y suelen contradecirse o valorar filmes o novelas que son verdaderas calamidades que a los pocos años dejan ver el desastre encumbrando que fueron, mientras dejaron pasar o machacaron sin piedad las piezas más hermosas y revolucionarias…

Lo único que de verdad puede ayudarte, si estás decidido a indagar y a dejar tus ideas por escrito y a debatir con otros y a demostrar lo listo que eres y lo mucho que sabes, es usar la cabeza y el sentido común, es haber ido a una escuela de cine o desde luego tener un bagaje muy superior al que en general tienen muchos de los escriben y proclaman a los cuatro vientos cuando deberían callar y dejar hablar a otros, es ser original, no repetir lo que otros llevan cincuenta años diciendo, seguir un camino trazado y unas ideas y defenderlas como mejor puedas, aprender y aprender y aprender a lo largo de los años y de las décadas y no caer jamás en la autocomplacencia. Tal vez así, con mucho esfuerzo, muchas lecturas, mucha escritura, mucha reflexión, aprendiendo de los que sabes que son los mejores y son de tu cuerda, no dejándote llevar por modas o por el posmodernismo rampante, puedas aprender algo y llegar a algo y no hacer el más absoluto de los ridículos en Twitter.

De todas formas… la impresión que tengo en los últimos tiempos es que a la gente le encanta hacer el ridículo en Twitter y cada vez que abre la boca en temas relacionados con el Cine y la Literatura.

Estándar
ARTÍCULOS

Sobre mi corta experiencia en Twitter

Yo creo que ya, a pocos días de haberme vuelto un poco más activo en mi cuenta de Twitter, de haber enlazado esta página para ir subiendo las actualizaciones, y en definitiva de emplearla para algo más que para ver noticias o reírme con los ingeniosos (no todos, pero sí muchos) chistes del personal, puedo hacerme un poco una idea de lo que es Twitter, siete años después de haberme abierto una cuenta y de haberla cerrado. Quizá dentro de un tiempo escriba un artículo que se titule, en consonancia, «sobre mi ya larga experiencia en Twitter», pero vamos paso a paso.

En primer lugar, los pros. Creo que Twitter es una herramienta fantástica para hablar con gente, tal cual. Por su inmediatez, por su facilidad, por su sencillez. Porque resulta verdaderamente sencillo (pese a sus contras, de los que luego hablaré…) establecer un diálogo y hasta un debate interesante con alguien desconocido, y eso, en este mundo en el que nadie quiere hablar con nadie que no conozca a menos que se den circunstancias especiales, tiene un valor inmenso. Twitter ha cambiado el mundo de una forma, yo creo, mucho más sustancial que Facebook, y nos ayuda a comunicarnos de una forma mucho menos invasiva y tóxica que Whatsapp.

Hay más pros: gracias a Twitter es muy fácil tomarle la temperatura a la gente y a los hechos, y la forma en que los hechos moldean a la gente y la gente moldea los hechos. Basta que suceda cualquier evento importante, la hecatombe y el esperpento que está sufriendo el PP estos días, para ver cómo la gente se posiciona rápidamente y cómo empieza a destacar unos datos y unos hechos sobre otros, y como esos hechos destacados y cómo esos datos expuestos desde determinado punto de vista atraen a otras personas, o bien para estar a favor o bien para estar radicalmente en contra. Alguien dijo que Twitter es una enorme barra de bar en la que todo el mundo dice lo que piensa. No estoy muy de acuerdo. En mi opinión Twitter es como un enorme barullo en la plaza del pueblo, un barullo de gente en la que todos se posicionan rápidamente, como el juego de la silla.

Hasta aquí, me temo, los pros. Ahora toca hablar de los contras. El más importante que yo veo es la escasez, por no decir la ausencia, de reflexión en Twitter. Antes dije que es un lugar magnífico para empezar debates… pero la mayoría de esos debates se quedan en nada: simples sentencias de algunos que van de listos en su tema y que no generan un diálogo, sino que únicamente esperan adhesión o rechazo. Yo creo que las redes sociales sólo deberían ser empleadas por personas con un muy alto grado de madurez. En caso contrario lo enfangan todo con su toxicidad y con una soberbia que yo no sé muy bien de dónde viene. La gente trata Twitter, pasmosamente para mí, como un muro de las lamentaciones o como un muro en el que todo lo que allí se escribe queda grabado en mármol. Ni una cosa ni la otra. Twitter debería ser un medio, no un fin.

Ya he hablado aquí más de una vez de gente como @Bracero666, y otros muchos como él, que simplemente se limitan a explicar avances en las técnicas narrativas cinematográficas y a establecer sentencias tales como «tal película del año 37 fue la primera en emplear tal herramienta narrativa y por eso es una de las mejores de la historia». o bien «tal director es capaz de darle al montaje tal sentido narrativo y por eso es uno de los mejores de la historia», cuando no directamente a decir que tal o cual película, generalmente desconocida, es una de las mejores de la historia y luego a diseccionar una secuencia en la que se lograba tal efecto dramático… Eso no vale para nada, y mucho menos para conseguir que la gente aprenda algo de cine. Sí sirve, supongo, para quedar muy cool y que se «sabe mucho de cine», pero por desgracia ni el cine ni la literatura ni la música son un compendio de técnicas narrativas. Son algo más, pero me temo que este tipo de usuarios son mayoría en Twitter.

Además, Twitter es un sistema de castas, inevitable por el hecho de los seguidores, los me gusta y los comentarios como elemento diferenciador. En pocas palabras, si tienes muchos comentarios y seguidores eres un crack, y si no los tienes eres un pringado. No llevaba yo ni dos días interactuando en esta red social cuando un energúmeno (un facha, como no) despreció mis comentarios y me insultó porque tengo solamente 27 seguidores. Yo no sé si es posible llevar unos días, o unas semanas, en Twiter y tener 27.000 seguidores. Seguramente sí. No me importa. Llevo mucho tiempo escribiendo en internet, hace años que tengo mis páginas personales, y tengo miles de lecturas al mes. Me enorgullezco de esos 27 seguidores. No me siento menos por ello, ni siento estar debajo en el escalafón de nada. Claro, en un mundo en que eres mejor escritor cuantos más libros vendas, o mejor usuario en Twitter cuantos más seguidores tengas, esto que me dijo ese mequetrefe pues tiene su lógica. Le bloqueé claro, como he bloqueado ya a unos cuantos que al parecer se levantan por la mañana sólo por el gusto de insultar y escupir odio. No serán los últimos a los que bloquee.

Twitter es una red social que posee un efecto burbuja imposible de evitar. La gente allí se siente con el poder de decir lo que piensa, de atacar al que no piensa como ellos (no con ideas, que sería por lo menos lícito, sino con insultos y amenazas). Y esto en español y en inglés (no domino otros idiomas como para meterme en esas cuentas o hilos). Todo el mundo parece igual de narcisista, vacuo, soberbio y en el fondo ingenuo. Es como moverse en una enorme pecera en la que se dispara en todas direcciones con argumentos muchas veces peregrinos. Algunos a los que sigo, sin embargo, son excelentes pensadores y activistas, y otros son certeros diseccionando la actualidad. Algo es algo. Por allí me quedaré hasta que me canse y aburra, y si algún día tengo alguno más de 50 seguidores empezaré a preocuparme porque sentiré que puedo formar parte de ciertas castas a las que nunca he querido pertenecer.

Estándar