ARTÍCULOS, CRÍTICA, TELEVISIÓN

‘The Northman’ no tiene nada que hacer con ‘Vikings’

Estos días está teniendo lugar en Twitter lo que yo llamo una sacralización y la construcción de un culto. Creíamos que eso era cosa de tiempos remotos, de épocas olvidadas eones atrás, en las que una panda de fanáticos se ponía a adorar, por ejemplo, una roca tallada hasta convertirla en un objeto sagrado. Pero sigue sucediendo en la actualidad. Que el Cine, además de otras cosas, es una religión, lo tengo claro hace mucho tiempo, y que la gente es una flipada (a falta de una palabra mejor) también. A veces, sin embargo, todavía logran sorprenderme.

Con motivo del estreno de ‘The Northman’, tercera realización del estadounidense Robert Eggers, y de los discretos resultados en taquilla que está teniendo, la gente en Twitter se está lanzando a ponerla por las nubes, a considerar que esto es el fin de los tiempos porque las películas de Marvel ha acabado con el Cine tal y como lo conocíamos (de ahí el fracaso comercial de esta cinta), a poner a Eggers como un clásico moderno, un Prometeo crucificado por el anticine, y a la película como una obra de arte monumental a la que si dieran una oportunidad salvaría al cine de la mediocridad absoluta y al necio espectador actual de su ignorancia supina en estos asuntos. ¿Cree el lector que exagero? Ni por un segundo. Leo en Twitter que a uno ‘The Northman’ le hizo enamorarse del cine otra vez, a otro que esto es «absolute cinema», a otro que es la mejor película de lo que llevamos de año (de paso le pone un 10), otro más que es la primera épica vikinga en toda la historia del cine (…)… y la cosa sigue. Que es portentosa, que es «un diamante que brilla de manera espectacular», la mejor de la década, la mejor recreación que se ha visto de la época vikinga, Skarsgård y Kidman «brutales»… ¿No me creen? Pongan The Northman en el buscador de Twitter y lean los tweets más destacados. Ahí los tienen todos. Resulta que estamos ante un acontecimiento artístico de relevancia histórica.

Pero luego vas a ver la película, y no.

Ni es una obra monumental, ni te reconcilia con el cine, ni la mejor de la década, ni es ni mucho menos la mejor recreación de la época vikinga, ni es tan salvaje y brutal y tremenda como aseguran tantas voces. A veces me pregunto hasta qué punto la gente necesita ver una «obra maestra» en cualquier parte, necesita encontrar motivos para ir al cine y está deseando soltar epítetos exultativos, grandiosos, terminando por inflar globos que a lo mejor no están del todo mal, como es el caso, pero que de ningún modo podemos calificar como gran cine.

Y es que no: ni estamos ante una gran historia –por mucho que digan que es el relato o la leyenda en la que se basó Shakespeare para escribir Hamlet–, ni Skarsgård ni Kidman están enormes, ni la dirección de Eggers es magistral, ni este es un cine capaz de convencer a los cinéfilos más exigentes, ni estamos ante una obra contemporánea monumental. La cosa es más bien diferente, y por mucho que se repita lo contrario no va a ser verdad. ‘The Northman’ es un filme que en cada plano quiere convencerte a gritos (nunca mejor dicho, hay que ver lo que grita todo el mundo en esta película…) de lo grande que es, de lo genial que es, y sin embargo está narrada de manera bastante ortopédica e irregular, con una construcción deficiente en lo que se refiere al itinerario de este guerrero, Amleth, que por supuesto quiere vengarse del asesinato de su padre y recuperar su reino y todo eso. Las cosas suceden aquí porque sí (el encuentro con la bruja en el campamento arrasado, la amistad y posterior enamoramiento con el personaje de Anya Taylor-Joy que no te crees jamás, el encuentro con el segundo brujo al que Amleth encuentra…¡con ayuda de un animal salvaje!, el combate final lidiando con la lava de un volcán…) no porque estén narradas o sucedan de manera orgánica.

Todo resulta teatral y forzado, tremendamente artificioso. Está claro que lo que Eggers perseguía (entre otras cosas…) era crear una sensación de extrañamiento en el espectador, de estar en otra época, en otro mundo casi. Pero eso no se consigue con diálogos teatrales ni una dirección de actores tan plana y tan poco creíble. Los relatos de otras épocas, por muy lejanas y diferentes que sean a la nuestra, han de tener el vínculo de que a fin de cuentas seguimos siendo la misma especie, con las mismas pasiones y los mismos defectos y virtudes que entonces. Si viajáramos con una máquina del tiempo a la Noruega del siglo IX y filmáramos un reportaje, no entenderíamos nada ni sería algo narrativamente interesante. No es el objetivo de un narrador hacer un reportaje histórico, sino hacer una ficción basada en unos personajes y en un mundo antiguo. Y a Eggers no le sale porque ni él mismo se lo cree. Secuencias como la iniciación del muchacho ante el brujo interpretado por Dafoe queda ridícula, y otras como el baile sensual de los amantes o la preparación de los «osos» antes del combate, dan vergüenza ajena. Skarsgård lo intenta con tanta pasión como el propio Eggers (no en vano son los productores de la cinta, ejem…), pero no consigue dotar a su personaje de carisma, ni de fuerza expresiva, ni de mística, ni de prácticamente nada. Sólo es una bestia asesina que quiere vengarse y que funciona a impulsos. Hawke y Kidman están directamente espantosos: jamás te los crees como reyes vikingos, y el giro final del personaje de ella es directamente ignominioso, con risa malvada incluida…

Amigo lector de estas líneas, probable usuario de Twitter que has escrito alabanzas exageradísimas sobre esta película…te voy a contar algo: Eggers ha visto la serie ‘Vikings’, creada por Michael Hirst y emitida entre 2013 y 2020… y tú no la has visto. Así de sencillo. Y aún más: Skarsgård ha visto muchas veces ‘Vikings’, entre otras cosas porque su hermano Gustaf interpretaba allí al inolvidable personaje Floki, el constructor de barcos y uno de los caracteres más extraordinarios del Canon de las series. Alexander la ha visto y se ha dicho: «si mi hermano ha hecho algo tan portentoso, yo también puedo, ¡hagamos una película sobre vikingos!». Y Eggers se ha subido al carro, diciéndose: «¡voy a hacer la película definitiva sobre vikingos!». Pero una cosa es querer y otra es poder. Y aunque creo que Eggers (ya lo dije en su momento en cierto artículo…) es uno de los directores jovenes más prometedores del panorama USA, en este caso ha hecho una película excesivamente autocomplaciente, pétrea, roma, que bajo ningún concepto puede considerarse una gran obra, que por supuesto aprovecha muy bien los parajes de Islandia (¿cómo no hacerlo con esa maravilla de entorno natural?) y que está bien pertrechado con herramientas de realización más que suficientes para armar un espectáculo solvente, pero al que todavía le falta arriesgar mucho y crecer mucho como artista para poder siquiera considerarle un gran cineasta.

¿Es consciente la gente lo difícil que es crear una obra maestra o un filme magistral? A tenor de la gran cantidad de bobadas que leo en Twitter me parece a mí que no. Una obra excepcional fue ‘Vikings’, la serie ya mencionada de Michael Hirst. Eso sí fue la creación cinematográfica (porque es cine, seriado, pero cine) definitiva sobre el mundo vikingo y una verdadera maravilla en todos los sentidos, con personajes monstruosos y salvajes y memorables como Floki, Ragnar, Lagertha, Ivar, Rollo, Athelstan, Torvi, Ecbert… personajes que estaban totalmente vivos, en los que no había ni el menor fingimiento o teatralidad, que a pesar de que conseguían provocarnos extrañamiento eran también cercanos a nosotros, en una aventura perfecta, en la que las cosas no sucedían porque sí, sino que se iban construyendo, se iban narrando, no como en un videojuego parecido a ‘The Northman’ en el que el personaje va encontrándose cosas y superando adversarios o pruebas, sino como una verdadera ficción en la que se plantea una segunda realidad, con tanto bulto, consistencia y persuasión como nuestra realidad.

Skarsgård ya consiguió un gran trabajo, que queda para la historia, en la infravalorada serie ‘True Blood’, en la que daba vida a Eric (quien por cierto se apellidaba irónicamente Northman), de origen vikingo y apasionante historia, y uno de los personajes más fascinantes de la ficción de Alan Ball. No necesita de vehículos de lucimiento como este, tan discutibles, para estar en el candelero, sino de personajes tan memorables como aquel, porque tiene talento de sobra. Lo mismo que Eggers, del que sigo pensando que es un director más que interesante, siempre que no siga dejándose convencer por las sirenas del divismo y no continúe dándose tantas facilidades a sí mismo.

Y en cuanto a la gente que tantas exageraciones escribe en Twitter… hay que ver más cine, pero también hay que leer y ver muchas más series. Y sobre todo hay que tener un pensamiento más crítico y un poco más de sentido común.

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Canon de series: títulos de crédito

Todos sabemos de la importancia de la intro en una serie o en una película. Es literalmente la primera imagen que se le entrega al espectador/receptor, aunque sean unos créditos en blanco sobre una pantalla en negro, como ocurre en la mayoría de películas de Woody Allen. Tanto la música (o la falta de ella), como la tipografía de las letras, como la duración, el hecho de que entren a corte en oposición a las primeras imágenes en movimiento, o bien que estén quemados encima de las imágenes con actores… todo es importante para empezar a analizar la obra en cuestión. Y más aún en las series, pues en una película vemos los créditos una vez en cada visionado, pero en una serie los vemos por lo menos una decena de veces, de modo que han de ser parte consustancial de lo que estamos viendo y han de tener eso que suele llamar «pegada».

Escribiendo el Canon, del que ya me quedan afortunadamente no demasiadas semanas de trabajo, me he dado cuenta de que todos los títulos de crédito (o la ausencia de ellos, que también hay ejemplos) son parte de la estrategia narrativa de sus máximos responsables. No son simplemente títulos bonitos o espectaculares, no se trata de un mero reclamo comercial, sino de una parte fundamental de la serie, de cada capítulo, ya que en ellos muchas veces se cuenta una historia, y si la serie es larga y suceden en ella una serie de cambios argumentales y estilísticos, los títulos también cambian en aspectos conceptuales, como es necesario. O bien no cambian en absoluto, o de manera muy sutil, como es el caso de ‘Euphoria’, que simplemente consisten en el cartel con el nombre y un breve fragmento musical… que en los últimos episodios ya no se ve con el fondo en negro sino con un fondo en movimiento. Otro ejemplo sería el de ‘Breaking Bad’, que no cambia en toda la serie:

En ambos casos, el de ‘Euphoria’ y ‘Breaking Bad’, por lo secas y áridas que son en muchos aspectos, no tendría sentido otro tipo de créditos, aunque quizá ‘Breaking Bad’ podría haber hecho algo más conceptualmente. No es necesariamente malo. La de ‘The Sopranos’ tampoco cambia en seis temporadas:

La verdad es que superar esto es difícil. ¿Qué se podía añadir aquí conceptualmente? La idea esencial de estos créditos es sencilla y poderosa: Tony regresando a casa, observando todos sus «dominios», ascendiendo hasta su castillo, pero no con un gesto de satisfacción sino con uno de resignación, de cansancio. Imposible decir más con menos.

Sin embargo hay otras series que sí van cambiando sus títulos temporada a temporada. Uno de los casos más paradigmáticos es el de ‘The Wire’. Sus títulos de crédito van añadiendo imágenes de cada nueva temporada –al igual que en cada temporada que se van ampliando sus límites argumentales: de las barriadas al puerto, de ahí a la concejalía y los puestos de poder, al sistema educativo, a los medios de comunicación– con un nuevo montaje y una nueva versión del tema ‘Way Down in the Hole’, de Tom Waits:

Pero otras van incluyendo sucesivos cambios temporada a temporada, añadiendo nuevos aspectos, nuevas zonas de ese mundo que van expadiendo con cada tanda de episodios. Uno de los casos más nítidos en ese sentido es el de ‘Game of Thrones’, que además se permitía un cambio radical en su aspecto en su última temporada:

Esto también lo fue haciendo ‘Vikings’, que al tema de su primera temporada (el guerrero vikingo que cae al agua en plena batalla y al que acuden unas valkirias para acompañarlo al valhalla), fueron añadiendo aspectos más sutiles y aún más interesantes que los propuestos por la serie de HBO:

Sin embargo, ‘House M.D.’ fue simplificándose cada vez más, desde la magnífica entrada de la primera temporada a la simple, casi ascética de la última, en la que solamente aparecía el título en los últimos episodios (y pido perdón por no poder subirlo aquí, pero no está disponible):

Aunque supongo que los títulos de crédito que marcaron a toda una generación y que se recuerdan con especial admiración, a pesar de que tienen poco que ver con el tono de la serie en muchos momentos (ya que es una serie en cuyo interior laten varias series) son los de ‘Twin Peaks’, que afortunadamente contaron con una nueva intro para la temporada de 2017:

Y para finalizar hay que hacerlo con la serie que posee una intro más poderosa, que no solamente ha ido cambiando conceptualmente con el paso de los años, sino que desde el hiato de la temporada 9 ha cambiado por completo, sin dejar de ser ella misma. Me refiero por supuesto a las intros de ‘The Walking Dead’, que son una obra de arte en sí mismos:

Cada una de estas piezas incide de manera muy importante en los caracteres más importantes de la serie, en su viaje particular y global, además de abordar un aspecto estético fundamental, que da una idea muy definida de lo que se quiere conseguir en cada una de las tempordas.

No se puede dejar nada al azar, sobre todo en estos títulos en los que se pretende (y se consigue, precisamente por eso) pasar a la historia. Unos títulos apropiados no solamente nos preparan en lo anímico y lo psicológico para lo que estamos a punto de ver, nos sirven de introducción para ser unos espectadores más sofisticados respecto a lo que se nos muestra, sino que también son una parte esencial, crucial, de la obra de arte que se supone se va a desplegar ante nuestros ojos. No son la carátula colorida y brillante de un simple best-seller de moda, son la primera línea de batalla para la agónica lucha contra el paso del tiempo.

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Miscelánea de vídeos (2): homenajes a series

En este caso me gustaría poner aquí algunos de esos vídeos creados por aficionados y por seguidores de series, en los que se hace un montaje tipo resumen, o en los que se hace homenaje a un personaje en concreto, o al estilo de esa ficción determinada. Son vídeos, creo, hechos con gran talento en muchas ocasiones, y que merecen la pena verse, aunque también advierto que en ellos se pueden encontrar muchos detalles de la trama completa de esos títulos, por lo que no aconsejo verlos a quien no se haya visto las series completas.

Para empezar uno sobre ‘Breaking Bad’, la superlativa creación de Vince Gilligan, subido por un tal Alex Jux, con estupenda música de Zack Hemsey, ‘The Way’, que le va a las mil maravillas:

Para continuar uno realmente impresionante (subido por Thorny Rose) sobre cierto personaje de esa serie no menos impresionante (en mi opinión una obra maestra absoluta) titulada ‘Vikings’. El personaje es el sinpar Ivar, interpretado con una fuerza indescriptible por esa fuerza de la naturaleza que es Alex Høgh Andersen:

Y para terminar la serie que me tiene obsesionado desde que apareció en 2019. Es un vídeo del canal The Beauty of, que tiene verdaderas joyas en su haber, y que aquí una vez más se esfuerza por mostrar la belleza de la serie de Sam Levinson. No hay palabras:

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El complejísimo canon de las series

Seamos francos: gran parte de la gente que ve series, más que valorarlas de manera reposada, sobre todo aprecia que sean series que les enganchen. Es un asunto retorcido que también comparten las novelas. De hecho, en el marketing de unas y de otras, se emplea cada vez más el término «adictiva», como si eso fuera sinónimo de interés narrativo. Lo que parece que el espectador medio más aprecia es que la serie en cuestión, sea la que sea, le tenga enganchado, que no pueda dejar de verla, aunque sus valores narrativos, sus componentes temáticos y técnicos, estén absolutamente manidos, o aunque en el fondo sepa que lo que está viendo no es nada del otro mundo. Sería interesante averiguar por qué sucede esto, pero no estamos para experimentos sociológicos.

En el largo ensayo que me propongo escribir y en el que voy sobre todo a centrarme en los treinta y pico años de esplendor del formato narrativo de serie televisiva que han tenido lugar desde la aparición de ‘Twin Peaks’. Quizá deba tacharse este compendio inicial de excesivamente anglosajón, pero sobre todo es occidental. No voy a incluir, lógicamente, series del mundo oriental (China, Japón, Corea, Tailandia…) en primer lugar porque llegan muy pocas aquí, y en segundo lugar porque habría que conocer todas las importantes para hacerse una idea general, y eso es complicado. Además, incluir series asiáticas desvirtuaría el tono general de esta lista. Podría considerarse, por tanto, que es un canon occidental de series. Y en efecto la preponderancia de las series anglosajonas es abrumadora. Pero es que no existen prácticamente series españolas, francesas o italianas que merezcan ser tenidas en cuenta, tanto por razones narrativas como meramente temáticas. Al menos se pueden incluir las series de gigantes como Krzysztof Kieslowski, Rainer Werner Fassbinder y Lars Von Trier, que deberían ir en lugares principales.

Las que con toda probabilidad deberían ir en el canon principal serían estas:

TWIN PEAKS

ABC
1990-1991/2017
CREADA POR DAVID LYNCH Y MARK FROST

Con esta empezó todo. Es obligado nombrar algunas series anteriores, pero la precursora de esta época extraordinaria que vivimos es la serie de Lynch y Frost, cuya influencia es enorme y cuyo alcance poético y narrativo todavía está por descubrir en su totalidad.

THE SOPRANOS

HBO
1999-2006
CREADA POR DAVID CHASE

Esta también es obligada, y no ya entre las veinte primeras, sino entre las cinco primeras. La ficción de David Chase es mucho más que la representación cotidiana de una familia cuyo padre es un importante capo mafioso: es la radiografía más despiadada de un Estados Unidos en descomposición.

THE WIRE

HBO
2002-2008
CREADA POR DAVID SIMON

Y esta es la que quizá pugna con más fuerza con ‘The Sopranos’ en convertirse en la crónica contemporánea más certera y descarnada imaginable: un mosaico de cientos de rostros, habitantes de una ciudad, Baltimore, que es la verdadera protagonista. Un relato de fuertes connotaciones literarias, de un realismo apabullante.

THE WALKING DEAD

AMC
2010-2022
DESARROLLADA POR FRANK DARABONT

Esta es la visión más oscura, y más devastadora, de las ficciones occidentales en televisión. Concluirá su emisión en este año que acaba de empezar y no es precisamente una serie que goce de unanimidad. Tanto mejor, así estaremos algunos más seguros de su inefable grandeza y de que está, sin ninguna duda, entre las más grandes de todos los tiempos.

TRUE DETECTIVE I

HBO
2014
CREADA POR NIC PIZZOLATTO

Esta miniserie, en la que cada año cuenta una historia diferente con actores diferentes, es sencillamente magistral en su primera parte (no así en las dos posteriores): un hipnótico y fascinante viaje a las tinieblas, responsabilidad tanto de Pizzolatto como de Fukunaga y Matthew McConaughey.

FUTURAMA

FOX-COMEDY CENTRAL
1999-2003/2008-2013
CREADA POR MATT GROENING Y DAVID X. COHEN

Habrá que incluir otras series de animación, pero esta es la mejor serie de Groening y una de las creaciones cómicas y de sci-fi más notables que se recuerdan.

DEADWOOD

HBO
2004-2006
CREADA POR DAVID MILCH

Inconclusa, por presiones de producción, finalizada con un filme solvente aunque en ningún modo grande, ‘Deadwood’ es la obra de arte de HBO.

HOUSE M. D.

FOX
2004-2012
CREADA POR DAVID SHORE

No solamente por el personaje central (aunque sin duda es una baza importantísima), la ficcion de David Shore ha de estar entre las veinte canónicas y merece un estudio en profundidad que está tardando en llegar.

VIKINGS

HISTORY CHANNEL
2013-2019
CREADA POR MICHAEL HIRST

Casi con toda probabilidad, la mejor ficción histórica jamás realizada en términos de personajes, de estructura y de ambición temática y técnica. No cabe más épica en una pantalla, y tampoco caben más personajes memorables.

GAME OF THRONES

HBO
2011-2019
CREADA POR DAVID BENIOFF, D.B. WEISS

Es muy posible que daba ser incluida en las veinte canónicas, aunque no lo tengo del todo seguro, porque es una serie que en su recta final flaquea un poco (sin llegar a las cotas de desastre que tanto fan proclamó a los cuatro vientos). En cierto sentido es una serie inevitable.

BAND OF BROTHERS

HBO
2001
CREADA POR TOM HANKS, STEVEN SPIELBERG

La miniserie por antonomasia, aunque no la única, pero si una tiene que estar entre las más grandes posiblemente sea este relato bélico a medio camino con el reportaje documental.

DEKALOG

SFB/TVP
1989
CREADA POR KRZYSZTOF KIESLOWSKI

Extraordinaria creación de Kieslowski, que en lugar de envejecer se vuelve más vigente y punzante con el paso de los años, y que ha de estar en este listado exclusivo.

THE BIG BANG THEORY

CBS
2007-2019
CREADA POR CHUCK LORRE, BILL PRADY

Si hay una comedia que deba estar aquí, es esta. El resto me parecen muy inferiores en casi todo: en diálogos, en creación de personajes, en situaciones, en ingenio… y esto a pesar del evidente bajón de sus últimas temporadas.

Pero no pueden ser las únicas. Un canon puede formarse con veinte títulos principales, no con diez, ni con cien. A partir de esos veinte principales puede hacerse un compendio de ochenta o cien obras secundarias, que deriven de esas y expliquen mejor por qué las otras veinte han sido elegidas. Y ahí comienza la verdadera complejidad de escribir un ensayo de estas características, porque además deberían incluirse algunas series de animación como:

SAMURAI JACK

RICK & MORTY

PRIMAL

SOUTH PARK

y otras… Pero también habría que incluir algunas miniseries imprescindibles como:

BERLIN ALEXANDERPLATZ

OLIVE KITTERIDGE

I, CLADIUS

CHERNOBYL

CREMATORIO

Además de otras como series documentales, series de comedia pura… Y por supuesto en esas veinte hasta el final no voy a saber cuáles de todas estas deben estar incluidas:

SIX FEET UNDER

BREAKING BAD

PEAKY BLINDERS

TELL ME YOU LOVE ME

TREME

FARGO

ROME

SONS OF ANARCHY

MAD MEN

ER

EUPHORIA

RIGET

Vamos, que queda mucho trabajo por hacer, pero va a ser apasionante, y seguramente voy a aprender mucho más (me pasa siempre) que aquello que yo pueda enseñar al que me lea. Lo iremos viendo en sucesivos meses, porque esto no ha hecho más que empezar.

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Personajes de los que te enamoras (Parte II)

Me ocupaba ayer de los dos personajes masculinos que más he han impactado en los últimos meses y ahora voy a ocuparme de los dos femeninos: Rue, la protagonista de ‘Euphoria’, y Lathgertha (o Lagertha, depende de donde consultes el nombre original), uno de los caracteres más importantes de la impresionante serie ‘Vikingos’. Y me doy cuenta de que mientras Ivar the Boneless y Wolf eran caracteres casi opuestos, pues uno representaba un optimismo y vitalidad que el otro negaba, tanto Rue como Lathgertha participan de un mismo sentido trágico de la vida, de un mismo patetismo entendido como una gran angustia o padecimiento moral, que les cala hasta los huesos y que es la médula del trabajo de sus dos maravillosas actrices.

Rue

Fue ‘Euphoria’ una de las grandes alegrías audiovisuales del año pasado. Ocho episodios dedicados a un grupo de personajes adolescentes absolutamente perdidos aunque crean que tienen su vida controlada y crean saber lo que quieren. Y fue grande, entre otras muchas cosas, por sus actores, especialmente sus actrices. El personaje central, Rue, está interpretado por la joven actriz y cantante Zendaya. Y es imposible no enamorarse de ese caracter. Porque en ella se comprimen décadas de interpretaciones basadas en la adicción a las drogas y el alcohol, pero pocas veces o ninguna lo habíamos visto con esta belleza, con esta hondísima verdad. Zendaya interpreta como si no fuera ella, y desde el mismo inicio se transforma en este personaje bastante calamitoso, totalmente desnortado, encantador, manipulador, frágil, conmovedor y haciendo un pulso con la muerte casi en cada secuencia.

La serie comienza y termina con ella. La primera imagen es la de Rue en el útero de su madre, y ya oímos su extraordinaria voz narradora para contarnos que la primera vez que perdió (y no la última) fue cuando la obligaron a abandonar aquel entorno tan acogedor. Nació tres días después del 11 de septiembre, y sus padres estuvieron tres días viendo las imágenes de las torres caer mientras era amamantada. Residente de una barriada de clase media, Rue padece trastorno por déficit de atención y posiblemente trastorno bipolar, y ya desde niña sabe que su ritmo cerebral va en disonancia con el de aquellos que la rodean, incluida su hermana y su sufrida madre. Pero hay algo más: un sentimiento cáustico y nihilista de la existencia que la empuja hacia una autodestrucción irrevocable. Sólo parece encontrar algo de paz y estabilidad mental en su frágil relación con la extraña y casi feérica Jules…

Imposible no llegar a amar a varios personajes (la mayoría terribles, enormemente imperfectos, poco recomendables) de ‘Euphoria’, pero a ninguno como a Rue. Pocas veces en la televisión o el cine reciente hemos acompañado a un personaje hasta sus últimas consecuencias, y pocas veces nos hemos sentido al mismo tiempo tan repelidos y tan cautivados por un ser de ficción como aquí, arrastrados por ese vendaval que es Zendaya, como si no fuera ella, como si fuera de otro mundo, conmovidos y estremecidos por su vacío existencial, por su enorme pasión a la hora de hacerse daño a sí misma o de juntarse con personas que van a abandonarla tarde o temprano.

Lathgertha (o Lagertha)

Hablaba ayer de Ivar, de cómo cogió el testigo de Ragnar (de forma explícita en las imágenes), para convertirse en el gran antagonista, en el héroe/villano de la serie. Pero el alma de ‘Vikings’ fue Ragnar…y su corazón Lagertha. Fue este un personaje real, seguramente una amalgama de doncellas escuderas (del mismo modo que Ragnar fue un compendio de varios reyes escandinavos), pero es parte de la estrategia del guionista Michael Hirst convertirla en un ser de carne y hueso, en una fusión perfecta que se convierte en uno de los personajes femeninos de ficción más importantes de lo que llevamos de siglo, y quizá el más bello, emocionante y gigantesco de todos ellos. Lagertha ya pertenece a la eternidad, porque es de ella de quien mana el sentido místico y casi espiritual, en toda su nitidez, de esta gran creación.

Es imposible no enamorarse de ella desde su primera aparición en pantalla, y la acompañaremos nada menos que durante setenta y un episodios (el personaje que tiene más aparición, de lejos, y más peso dramático), interpretada por la bella y feroz actriz Katheryn Winnick, que al igual que sus colegas Zendaya, Derek Wilson y Alex Høgh Andersen, se transforma totalmente en el personaje hasta el punto de que parece haber nacido para darle vida. Será imposible, en el futuro, desligar a la actriz de este personaje, por muchos papeles que llegue a interpretar. Y no es un papel en absoluto fácil o sencillo. Lagertha es mucho más que una guerrera y una reina. Es, en sí misma, la suma de todos los valores vikingos, de todas sus contradicciones y de todas sus oscuridades, del mismo modo que Ragnar, pero desde una perspectiva femenina.

Lagertha sufre numerosas traiciones (hasta que llega a preguntarse si todo el mundo, alguna vez, terminará traicionándola) y numerosas pérdidas emocionales. La primera, la peor de todas, la que arrastrará el resto de su vida: la traición de Ragnar y perderle a manos de otra mujer. Pero luego perderá su nuevo reino, y perderá Kattegat, y se verá obligada a recuperarlos una y otra vez, a ser una guerra más grande que sus homólogos varones, y a saber que está completamente sola pese a ser, de lejos, el personaje más amado por sus compañeros y por el espectador. La fuerza de sus pasiones se comprimen en una sola cosa: superar el pasado…hasta que decide volver a él y entregarse a la nostalgia de los días perdidos con Ragnar. No cabe mayor belleza, ni mayor emoción, en el rostro de una actriz.

Me doy cuenta, para terminar, de que han sido las pasiones de estos cuatro personajes las que me han conquistado. Queremos ser capaces de albergar pasiones semejantes, o sospechamos poder experimentarlas, pero también nos frenamos y llegamos a creer que nunca podremos vivirlas a fondo. Es por eso que nos acercamos a estas ficciones.

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CINE, TELEVISIÓN

Personajes de los que te enamoras (parte I)

Sucede, como en la vida. Pero a diferencia de la vida real, en la ficción te enamoras muchas veces de aquello que te da miedo, de aquello que es totalmente ajeno a ti, de lo terrible, de lo aterrador. En la ficción puedes permitirte el lujo de ser seducido por un carácter con el que no irías a tomar unas copas, al que ni siquiera estrecharías la mano. Pero también sucede lo contrario: en ocasiones un personaje te sorprende tanto como alguien en la vida real, y lo que creías que era de una manera, se convierte en algo totalmente nuevo, en un carácter luminoso, positivo, en un cúmulo de sorpresas agradables. Y ambos personajes, el aterrador y el luminoso, con graves defectos, con contradicciones, pero tan vivos, o aún más, que mucha gente que conoces. Es lo que hace la ficción: expulsar de ti tu conexión emocional con la vida real, y proponerte otra realidad, más aterradora o más luminosa, pero también más verdadera.

Hoy voy a ocuparme de dos personajes masculinos, los que más me han impactado estos últimos meses, y luego me ocuparé de dos femeninos. Primero voy a escribir sobre Ivar, the Boneless, de ‘Vikings’, y sobre Wolf, de ‘Future Man’, y mañana lo haré sobre Rue, de ‘Euphoria’, y sobre Lathgertha, también de ‘Vikings’. ¿Vamos a ello?

Ivar, the Boneless

Cuentan las sagas escandinavas que no existió un rey tan feroz como Ivar el deshuesado, pero no está claro si efectivamente carecía de las dos piernas, o por lo menos de su movilidad, y parece que se le llamaba así por su gran agilidad (irónicamente), ya que adquirió fama de Berserker. Pero todo esto a Michael Hirst le da exactamente igual, y aunque es muy poco probable que un niño vikingo con graves deficiencias de movilidad, o con la osteogénesis imperfecta que parece aquejar a su Ivar pudiese vivir hasta la edad adulta, él propone un rey incapaz de andar con sus piernas pero con una fuerza y una encarnadura como pocas veces hemos visto en la pantalla… ¡Qué creación! Como sucede que amo aún más a Ragnar, Lathgertha y Floki, del mismo modo que cualquiera que venera esta extraordinaria serie, no puedo menos que amar también a Ivar, uno de los personajes más aterradores, más sanguinarios que ha dado no solamente la televisión, sino probablemente el cine en toda su historia. El niño Ivar, luego rey, posee un aura de misticismo, una fiereza visual, incomparable.

Interpretado con una fuerza indescriptible por el joven actor danés Alex Høgh Andersen, la historia de Ivar, que algunos llamarían erróneamente «arco del personaje», es insuperable, desde ese bebé deforme, hasta ese niño dependiente y sobreprotegido por su madre, que encuentra, en el regreso del rey Ragnar, la inspiración suficiente para tomar las riendas de su destino, pues ve en los ojos de Ragnar, en sus palabras, que en efecto él es el verdadero heredero de su capacidad visionaria, de su personalidad, y se lanza a un itinerario suicida que le lleva a ser rey contra todo pronóstico, poseído de una sed de sangre y de una ferocidad ilimitadas. Qué instinto magistral de escritor el de Hirst al concluir el ciclo de Ragnar y comenzar el de Ivar, pasándole el testigo de una forma tan hermosa. Ragnar era un genio táctico en la batalla, y Ivar es por lo menos su igual, venciendo en York y en Kattegat de manera aplastante, convirtiéndose en una leyenda aterradora porque este carácter es todo corazón.

Imposible no enamorarse de él, de su exacerbada pasión. En el mundo real, Ivar sería encerrado en un manicomio como el psicópata espeluznante que en realidad es, pero en la ficción podemos admirar su belleza, podemos sentirnos conmovidos por esa máquina de matar que encuentra su destino en el filo de un hacha.

Wolf

Yo creo que hay creaciones que aparecen casi por casualidad, frente a otras (como el propio Ivar), que surgen muy meditadas y conscientes, dede un principio, de su importancia. Wolf, de la hilarante y muy irregular serie ‘Future Man’ sería de las primeras, de esas que se van modelando a golpe de improvisacion, y porque el actor se entrega a un desmadre sin límites del que podría salir mal parado, pero que por lo menos en esta ocasión sale triunfante, por una de esas raras alquimias que simplemente suceden sin saber muy bien cómo suceden. El Wolf de Derek Wilson es, en pocas palabras, la espina dorsal, el corazón, y el alma de esta serie, y demuestra una vez más que un gran personaje en cine y televisión es responsabilidad conjunta del actor, el guionista y el director, pero sobre todo del director.

Wolf es un guerrero, un superviviente de un futuro apocalíptico, el más feroz, el más rudo y el más despiadado. Venera, además, a su capitana, Tiger (magnífica Eliza Coupe), y desprecia de manera sistemática al protagonista de la historia, Josh Futturman (estupendo Josh Hutcherson), pero cuando viaja al pasado para cambiar el futuro, y comienza a tomar contacto con todo lo que aquí le llama la atención y es tan diferente a su mundo, el personaje comienza a cambiar de forma paulatina y definitiva, sobre todo en su relación con la comida, convirtiéndose en un extraordinario chef. Lo notable de este maravilloso caracter, es que la fuerza de sus pasiones, como le sucede a Ivar, es el trazo invisible que le esculpe y saca de él lo más hermoso y lo más conmovedor que alberga.

Claro, es un tono muy distinto al de ‘Vikings’. Lo que allí es épica, tragedia, aquí es sátira, desparrame. En ‘Future Man’ todo es motivo de risión, y sobre todo Wolf, que en la primera temporada empieza muy gris y al quinto episodio se destapa y lo arrolla todo, que en la segunda es la única razón para verla con agrado, y que en la tercera ya se convierte en un personaje mítico de la televisión. Derek Wilson se transforma y lo transforma con la astucia y el fuste de los grandes cómicos, creando un personaje de leyenda, sin dar la impresión de que actúe en ningún momento, sino siendo él hasta el final. Y Wolf pasa por decenas (literalemente) de estados anímicos, por innumerables situaciones, reveses, giros, sorpresas, golpes, caídas, fracasos, triunfos, revelaciones…y en ningún momento el espectador puede percibir la menor fisura en su composición, ni una sola nota falsa. Puede que ‘Future Man’ no sea la mejor serie que se pueda ver, desde luego no lo es, pero Wolf sí es uno de los mejores personajes de comedia que hemos visto en mucho tiempo, y por eso es imposible no amarle.

Espero haber transmitido mi propia pasión (que ojalá pudiera competir con las pasiones de Ivar y Wolf)… y si no lo he conseguido, mañana lo vuelto a intentar con Lathgertha y Rue.

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