El cine mudo es el pre-cine

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Conseguir explicarse con ciertas cosas, con ciertas ideas que en tu interior parecen cristalinas, a veces es bastante difícil, por mucho que lleves (como es mi caso) varias décadas (en plural) dándole a la tecla con decisión. Porque hay ideas tan implantadas en la psique de determinados colectivos que enfrentarse a ellas, oponerse y resultar(te) convincente, puede ser complicado. Existe, por ejemplo, la muy extendida idea de que el cine estadounidense de los años treinta, cuarenta y cincuenta, el cine llamado por muchos “clásico” (aunque más bien sería prudente referirse a él como “académico” en muchos sentidos) es lo más grande que le ha pasado jamás a este extraño arte, o de que John Ford es el director más grande, sin discusión, de todos los tiempos, o que el cine es un conjunto de formas lingüísticas, de técnicas narrativas, y que ya con ello puede explicarse y entenderse (esto piensan tantos estructuralistas). Y contra todo ello algunos nos rebelamos cuando nos ponemos a escribir sobre este fenómeno llamado cine.

Y una de esas ideas, que tanto estructuralistas como puristas de toda condición repiten hasta la náusea, con un empeño digno de mejor causa, es que el verdadero cine es el mudo, y que todo lo demás es algo así como un añadido, un anexo sin demasiado interés, porque allí, en el mudo, está todo. Y es esta otra de tantas ideas que a mí me sublevan, que son dignas de mentes perezosas y poco reflexivas, y de atildados que necesitan decir cosas muy rimbombantes para dar la impresión de gran profundidad intelectual, a los que cabría preguntarles, en primer lugar, para qué siguen viendo películas sonoras, o para qué las compran y las comentan, si el verdadero cine es el que existió hasta finales de los años veinte. Alguno habrá, me consta, que no ve películas producidas a partir de determinado año, pero…¿mudas? Esgrimen, estos intelectuales, que dado que no había sonido, el cine mudo creó muchas, o todas, las reglas visuales de este arte. Pero eso sería lo mismo que decir que se hacen películas con una plantilla predefinida, que la puesta en escena es una artesanía similar a la costura, y que los grandes directores posteriores se han limitado a copiar el patrón, algo defendido por personas que luego creen en la “teoría del autor”.

Decir que el cine mudo es el verdadero cine es algo parecido, salvando las lógicas distancias, a decir que la pintura paleocristiana medieval es la verdadera pintura, o para no irnos tan atrás, que la fotografía en blanco y negro es la verdadera fotografía (aunque aquí sí diremos que, indefectiblemente, posee mayores calidades poéticas y expresivas). El cine inicialmente era mudo porque no había capacidad para hacerlo de otra manera, y en efecto el cine mudo creó muchas de las formas narrativas que hoy conocemos, pero no todas. Porque le faltaba algo esencial: el sonido. Los que piensan que el cine mudo es lo más grande de la historia, y siguen viendo películas, me consta que consideran el sonido como un simple elemento decorativo, como un mal necesario. Como un pegote, vaya. No parecen querer entender que el sonido (y la música…), es algo más que un empapelamiento, algo más que un mero acompañamiento para hacer de las imágenes algo más comprensible o ameno.

En realidad, el sonido es lo que da carácter de realidad a las imágenes. Porque es tal y como percibimos el mundo, es nuestra realidad, y el cine opera con realidades. Más o menos poéticas, pero realidades. El cine mudo son las pinturas rupestres de este arte bastardo, pero inmersos como estamos en un mundo cortoplacista, en el que queremos comprimir en ciento veinticinco años de existencia todo un arte, rápidamente le otorgamos un estatus bastante irreal. Pero sin el sonido las imágenes parecen fantasmas, casi como sombras chinescas contra una pared. No es ya algo arcaico, sino vetusto. El cine debe aspirar a ser algo más que fotografías en movimiento. Y en verdad lo es. Me rebelo también ante la idea de que el cine son imágenes en movimiento, frase equívoca y reduccionista que convierte una explicación técnica en un axioma de índole poética. El cine, me parece a mí, es movimiento capturado en imágenes y sonidos, y no al revés.

Dentro de ciento cincuenta, de doscientos años, si es que seguimos aquí (algo cada vez más dudoso, pero seamos optimistas por una vez), cuando la Historia del Cine sea algo más amplio, más apreciable, quizá dejemos de decir que el cine mudo es el verdadero cine, el primero y el único verdaderamente valioso, y que el cine posterior, además, deje de considerarse como el cine clásico, como la cima expresiva de lo que se ha podido ver en una pantalla, algo que probablemente pertenezca más a los años setenta del pasado siglo, o quién sabe, a un futuro momento en el que todas las capacidades expresivas y estéticas del cine por fin alcancen un cénit no dependiente del mercado, ni de ideologías ni academicismos de ninguna clase. Ojalá esté por llegar ese momento. Pero el cine tal y como lo conocemos, con toda su potencia visual y sonora, empezó con Orson Welles, al lado del cual todos sus contemporáneos o compañeros de generación, incluso los más dotados de ellos, parecen adolescentes jugando con una cámara. Y sólo en los años setenta, con Coppola y Scorsese, debido por fin a la debacle de los estudios y a la desaparición de tanto director estrella, se pudo recoger todo lo sembrado por ese genio y empujar al cine hacia el futuro.

Y todo esto no significa que el cine mudo no albergue obras extraordinarias, clave para el desarrollo del cine futuro (como por ejemplo, aquella cuya imagen ilustra este artículo, pero no tiene sentido comparar a aquellos directores con estos. Es otra liga, es otro mundo, es casi otro arte.

Plural: 3 comentarios en “El cine mudo es el pre-cine”

  1. Completamente de acuerdo en todo lo que se explica, pero en el caso de los anuncios, sobre todo en TV si son mudos o pones el volumen a cero son mucho mejores que con todo su sonido, aquí si volvería yo al cine mudo, que por supuesto tiene obras maestras, aunque a mi el que me gustaba era un cine semi-mudo al que le ponían un narrador, como a Jaimito que iba haciendo versos y te explicaba porqué iba a recibir, por ejemplo los guantazos próximos, en la vida me he llegado a reír tanto, hacía unas rimas chabacanas que yo disfrutaba en el cine de mi barrio, de reestreno, en los albores de los 60 a mis 9 o 10 añitos, que estuvieron a punto de desternillarme literalmente.
    “Larry Semon (conocido como Tomasín o Jaimito, en otro corto rescatado del olvido durante la posguerra española, con comentarios jocosos de Ramos de Castro.”(https://www.youtube.com/watch?v=GWHcBLML8GE)
    Dejo aquí un ejemplo, aunque los había aun mejores para reír como un poseso.

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