ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA

La narrativa anglosajona frente a todas las demás

Hay una forma de entender la narrativa, tanto la literaria como la cinematográfica, que es absolutamente anglosajona. Está su forma de entenderla, y está la que tienen otros, y es a menudo muy diferente y en ocasiones diametralmente opuesta. Pero la narrativa angloparlante es la que triunfa en casi todo el mundo, la que todo el mundo imita y la que casi todo el mundo ve o lee. Esto es así.

Y más que hablar del porqué, lo suyo para empezar sería hablar de cómo es la narrativa anglosajona, de cuáles son sus constantes desde Shakespeare, algo para lo que habría que escribir un libro, si es que no ha habido alguien que lo haya hecho ya, o toda una serie de libros, en los que se explicara el modo en que lo anglosajón, en Inglaterra, Reino Unido, luego Estados Unidos y Canadá y Australia, y finalmente en todo el mundo, ha calado de manera definitiva, hasta el punto de que para muchos es la forma de hacer las cosas más adecuada, y el resto son formas marginales, formas secundarias de entender la Literatura y el Cine, tanto a la hora de hacerlo, como a la hora de entenderlo, como de hacer crítica, etc, etc…

Por supuesto que no es mi intención escribir aquí un libro, claro que no, pero sí podríamos establecer algunas pinceladas clave con las que hacernos una idea de lo que estamos hablando:

1– La narrativa anglosajona es de dentro a fuera, y esto en sus máximos exponentes, desde el bardo de Avon a John Ford. Quiero decir con esto que entienden la creación artística como algo aparentemente profundo, pero sustancialmente superficial. No hacia el interior de los personajes, sino desde los personajes hacia los elementos más epatantes del drama: las líneas de diálogo más contundentes, las acciones externas más afectadas, la épica más desaforada, la narrativa entendida como un espectáculo total.

2– Para ellos, desde siempre, la narrativa es un producto. Bueno, la narrativa y todo lo demás. Ahora todo el mundo piensa que una película, una serie o un libro es un producto de consumo. Y esto viene del mundo anglosajón, en el que la libre competencia es feroz y acaba fagocitando también a los artistas y narradores. Todo está a la venta y todo tiene un precio, y la narrativa tiene el precio que le pongan los que la compran.

3– La narrativa deriva cada vez más y más a un libro o una película de autoayuda. No todo es así, y por supuesto hay excepciones notables, pero en general consideran que un relato o una película ha de contener algún aprendizaje moral y los personajes han de cumplir su cometido. Si empiezan superados por algún tipo de drama personal, al final lo superarán, habrán aprendido de sus errores y empezarán una vida nueva. Ya hasta el cine español es así. Véanse ‘Cinco lobitos’…

4– La que se hace en EEUU tiene tan aprendida su función de propaganda política que se le cuelan los mensajes subliminales casi sin darse cuenta. Sucede que en películas o series incluso de gente que se autodenominaría progresista, se cuelan ideas conservadoras o directamente reaccionarias. Véanse los documentales de Michael Moore o las series de Alan Ball, si no me creen. La patraña del «american way of life» se ha colado tan profundo en su psique que no pueden evitarlo. Cine ideológico puro.

5– El Cine y la Literatura son para ellos esencialmente entretenimiento. Cuando alguno se pone a hacer algo un poco más exigente lo denominan entretenimiento de calidad, o película o novela de prestigio.

6– Porque para ellos el Cine es una fábrica de sueños y la Literatura es algo muy parecido. Son sueños lo que buscan, no conocimiento, no filosofía ni verdad. Quieren que los espectadores acudan al cine en masa para sostener su primacía, y para eso les venden sueños, nostalgia, infancia perdida, regreso al hogar.

7– Las críticas cinematográficas o literarias son un compendio de clichés y lugares comuunes, adjetivos exultativos o ataques mal argumentados. Como no existe una teoría literaria o cinematográfica anglosajona, como no tienen la menor intención de construirla y mantenerla, su crítica es de ceros y unos: o merece la pena haberlo hecho/escrito, o no merece la pena.

8– Los espectadores anglosajones (que ya son mayoría en todo el mundo) entienden por tanto el Cine y la Literatura como una evasión, con un parque de atracciones, casi como ir a Disneylandia. Porque consumen el Cine, porque todo esto es un producto que ellos compran y venden, salvo lo que sea de prestigio, que es ganar premios.

No todo lo anglosajón es así, por supuesto que no, pero sí mayoritariamente, o por lo menos lo que pretenden. Pero de la diversión, del entretenimiento y el parque de atracciones rara vez se puede extraer algo elevado e importante, que le sirva de algo al espectador, que tenga otro propósito más que hacerle pasar un buen rato y ofrecerle un libro de auto-ayuda. Lo europeo es, o ha sido casi siempre, muy diferente, muy alejado de esta forma caníbal de entender la narrativa, que la vuelve un mero videojuego, un mero pasatiempo. Los narradores están ahí para algo más que para entretener a la gente en sus ratos libres. Pero supongo que esto es cada vez más difícil de entender en un mundo occidental ya tan volcado en lo angloparlante que no tardará mucho en colapsar culturalmente.

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