CINE

Rogue One y la Aventura

Creo firmemente, desde hace mucho tiempo, que la crítica «profesional» no ha reflexionado lo suficiente sobre la Aventura y que en general no sabe bien qué hacer con ella. Por otra parte estoy seguro de que no existe sub-género más maltratado en la actualidad por parte de productoras y editoriales, debido por supuesto a su carácter eminentemente comercial. Así las cosas, pasan por aventuras relatos que no lo son, y quedan como grandes exponentes del género títulos (Parque Jurásico, Interstellar, El retorno del rey…) cuyos máximos responsables ni han reflexionado lo suficiente sobre el material que tenían entre manos ni tienen el menor interés en mostrar una Aventura medianamente solvente.

Pocos han comprendido, me temo, el carácter subversivo y catártico de la Aventura, tanto en Literatura como en Cine. Para muchos no es más que una excusa para un espectáculo de efectos especiales, para epatar al espectador con escenografías grandilocuentes y para ganar dinero. Pero la Aventura es siempre, cuando es verdadera, un estudio profundo de psicologías y actitudes frente a la vida, un relato con el que tirar de lo más noble y también de lo más primitivo que alberga el espectador, y una profundización en las neurosis culturales de una generación por entero. Ahí es nada.

La catarsis de Rogue One

Puede que algún lector piense que tantos programas (van dos, falta uno…) sobre Star Wars en Viajeros de la noche, al lado de Carlos y Juanjo, me está haciendo cambiar de opinión sobre estas películas y este universo narrativo en general. Y nada más lejos. Más bien al contrario. Sigo pensando que es una franquicia artificialmente estirada y que para ver algo bueno en ella hay que tragarse mucho título mediocre (como en Obi-Wan, que para ver su magnífico episodio final tienes que ver antes cuatro capítulos muy endebles). Por otra parte, la influencia Disney es lo que le faltaba (a esta saga y a la Aventura en general) para darle la puntada final. Y sin embargo, qué sorpresa tan grata, maravillosa e inesperada este Rogue One: una historia de Star Wars. Si yo hubiera sido un enamorado de esta franquicia seguramente la sorpresa habría sido menor o ninguna en absoluto, y hasta habría pasado inadvertida. Las gemas más brillantes se encuentran, siempre lo he dicho, en el desierto más absoluto.

Rogue One (2016) es, desde su durísimo comienzo hasta su desoladora imagen final, no solamente todo lo que Star Wars debería haber sido desde la magistral The Empire Strikes Back, sino que en su núcleo y en su esencia es un regalo para todos los que vivimos por y para la Aventura, los que sabemos que es algo más, mucho más, que un sub-género palomitero. El director Gareth Edwards, los guionistas Chris Weitz y Tony Gilroy, los autores de la historia John Knoll y Gary Whitta, el director de fotografía Greig Fraser, el músico Michael Giacchino, los montadores, los diseñadores de producción… en fin todo el equipo por entero se lo toma absolutamente en serio, no como si estuvieran filmando la enésima película Star Wars, sino como si estuvieran filmando la última, o mejor aún como si reinventaran la saga por completo, ajenos a las muy problemáticas precuelas de 1999, 2002 y 2005, y aún más a las deleznables continuaciones de 2015, 2017 y 2019, con un entusiasmo y un aliento épico que es verlo para creerlo.

No existe aquí ni una sola concesión a un público infantil, ni el más mínimo ramalazo (a los que tan acostumbrados estamos) a lo sentimentaloide o zafio. Los cineastas elevan desde el comienzo el tono a una altura casi trágica, aderezado con un insuperable sentido de la aventura, y no lo sueltan hasta el final. Con un guion muy elaborado, sorprenden las noticias de rodaje y posproducción problemáticos, porque todo funciona como un reloj. Cuenta sobre todo la triste historia de una hija y un padre separados durante muchos años y que volverán a reunirse en circunstancias terribles, pero también cuenta la peripecia de una panda de perdedores, de supervivientes, que deciden llevar a cabo el que probablemente sea el primer acto altruista de sus vidas, y está todo tan bien contado, con tanta convicción, con tal capacidad persuasiva, que te lo crees en todo momento y que el filme respira con ese aura de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos.

Hace falta mucho coraje para situarse argumentalmente detrás de la mítica película de 1977 y contar los eventos previos a aquel primer encuentro entre la princesa Leia y Darth Vader, y hacerlo de tal manera que pone en serios aprietos al seminal filme de George Lucas. Es Rogue One un relato siempre en el abismo, siempre en movimiento, que sin embargo no parece apresurado o atolondrado, sino firme, sólido y hasta reflexivo. Y para ello hace falta un dibujo de personajes lo bastante sabio como para depositar en ellos, en sus decisiones, réplicas y contrarréplicas, todo el peso del drama. Son Andor (Diego Luna) y Jyn (Felicity Jones) los dos personajes que se hallan ausentes en las precuelas de Lucas, dos caracteres extraordinarios y a la altura de Han Solo y Leia. Luna y Jones bordan sus papeles como si hubieran nacido para ellos, pues no interpretan sino que son los personajes en todo momento, otorgándoles una belleza y una verdad indescriptibles. Y no están solos: el androide K, el guerrero ciego, su acompañante, el villano de la función (el habitualmente magnífico Ben Mendelsohn), Mads Mikkelsen, Forest Whitaker, Riz Ahmed… todos ellos conforman un collage de rostros perfecto, que se diría forma parte del canon de Star Wars desde hace décadas, y no solamente desde hace seis años.

Y narra toda esta locura un Gareth Edwards en estado de gracia, filmando las secuencias de diálogos con gran inteligencia, las de suspense con una perspicacia poco común y las de acción con un poderío y un pulso narrativo que le ponen a la altura de un Irvin Kershner o incluso de un Steven Spielberg. Rogue One está plagada de planos pasmosos (el destructor sobre la base enemiga, la destrucción de la ciudad, el ataque bajo la lluvia, los planos subjetivos del combate final…), y de secuencias formidables, que la sitúan muy por encima de la media y que nos devuelven el sabor de la gran Aventura y le devuelven a la franquicia la dignidad y el lugar que el primer Lucas y Kershner les otorgaron más de treinta años atrás. Hasta su final sombrío y desgarrador es digno de mención. Lo tiene todo esta maravillosa película, que cuenta una vez más la lucha de los humildes, de los desamparados, contra el poder absoluto, algo que está más de actualidad quizá que nunca. La gran Aventura es siempre un relato de supervivencia, de luchar contra lo invencible, de destruir los basamentos de una sociedad hipócrita y corrupta, y eso pocos filmes lo han logrado. Rogue One es uno de ellos.

Estándar
Vídeos

Miscelánea de vídeos (4): George Carlin

Como estos días parece que George Carlin está de moda, por sus monólogos a favor del aborto y porque sus lúcidas palabras siempre vienen bien en tiempos oscuros, voy a dejar aquí varios de sus mejores trabajos, ya que además es de lejos mi cómico favorito, porque era muy crítico con la sociedad estadounidense y la religión, y sus monólogos, además de hacerte morir de risa, te hacen reflexionar sobre gran cantidad de temas muy importantes. Un genio, vaya, que dejó aquella inmortal frase (entre muchas otras) de que «los nazis fueron vencidos, pero el fascismo triunfó, créame amigo mío». Hace poco han estrenado una serie de documentales sobre su figura en HBO, que recomiendo encarecidamente.

Aquí sobre la religión:

Sobre salvar el planeta:

Sobre los diez mandamientos (se pueden poner subtítulos automáticos para los que no controlen mucho inglés):

Sobre volar (de nuevo, pueden poner los subtítulos automáticos):

Sobre el aborto:

Que lo disfruten.

Estándar
PODCAST

Viajeros de la noche – Capítulo decimosegundo: F.F. Coppola – Parte 1 – Trilogía El Padrino

Ni nos habíamos dado cuenta, creo yo, de que este año la primera película de la más mítica saga de todos los tiempos cumplía 50 años, pero era un motivo como cualquier otro para ponernos a hablar de una de las más importantes obras maestras del cine estadounidense, sino la más importante, en nuestro programa número doce de Viajeros de la noche.

En realidad Juanjo y Carlos me lo debían, porque podríamos decir que mayo fue el «mes Lucas», con los programas sobre la trilogía original de Star Wars, sobre Monkey Island y aventuras gráficas y sobre las precuelas de 1999-2002- 2005, todo ello para hacerles felices, porque sé que les hizo felices. Así que esta vez tocaba enfrentarse a un verdadero reto y proponer nuevas ideas para una trilogía sobre la que mucha gente ha escrito (me temo que la mayoría repitiendo lugares comunes), y sobre la que es difícil proponer algo nuevo. Pero nos van los retos, supongo, y si nos hemos puesto a hablar del espacio profundo y de qué diablos es la Literatura… ¿por qué no íbamos a ponernos a hablar sobre las tres películas de los Corleone?

Así que ahí van más de tres horas y media de programa, que juramos y prometemos que se pasan literalmente volando, con los que el espectador puede amenizar ese vuelo a Canarias o a Berlín, o con el que puede hacer pasar más agradables las horas en coche a la playa, o simplemente escuchar por capítulos, ya que la primera hora está dedicada a la primera parte, la segunda hora a la parte II… y la tercera a la parte III, así que no hay pérdida. Estamos muy orgullosos de este programa y esperamos que el inopinado oyente que se pase por aquí redescubra o descubra la trilogía y se plantee las mismas preguntas que nos hicimos nosotros, y unas cuantas más.

Aquí en Ivoox:

Ir a descargar

Y aquí en espotifai:

Muchas gracias por escucharnos y ayudarnos a seguir creciendo.

Estándar
ARTÍCULOS, CINE

Una teoría de los géneros: las mejores de cada clase

Me he dado cuenta de que he escrito una teoría de los 8 géneros cinematográficos, pero que no he destacado, en cada uno de ellos, cuáles son las que considero las mejores películas dentro de clase o marco genérico. He aquí las más importantes de cada grupo, que pueden ser nueve, diez o doce (o tres) y que no necesariamente han de ser «obras maestras», pero que dentro de su género son un paradigma incuestionable:

Fantástico

Nosferatu, 1922, de F. W. Murnau
Vampyr, 1932, de Carl Theodor Dreyer
Bride of Frankenstein, 1935, de James Whale
La Belle et la Bête, 1946, de Jean Cocteau
Dark Crystal, 1982, de Jim Henson y Frank Oz
The Empire Strikes Back, 1982, de Irvin Kershner
Prince of Darkness, 1987, de John Carpenter
Bram Stoker’s Dracula, 1992, de Francis Ford Coppola
Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, 2004, de Alfonso Cuarón
Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001, de Hayao Miyazaki

Sci-Fi

Metropolis, 1927, de Fritz Lang
Things to Come, 1936, de William Cameron Menzies
Soylent Green, 1973, de Richard Fleischer
Stalker, 1979, de Andrei Tarkovski
The Thing, 1982, de John Carpenter
The Terminator, 1984, de James Cameron
Aliens, 1986, de James Cameron
Robocop, 1987, de Paul Verhoeven
They Live, 1988, de John Carpenter
Terminator 2: Judgment Day, 1991, de James Cameron
12 Monkeys, 1995, de Terry Gilliam
Children of Men, 2006, de Alfonso Cuarón
Mad Max: Fury Road, 2015, de George Miller

Histórico

La Passion de Jeanne d’Arc, 1928, de Carl Theodor Dreyer
Gone with the Wind, 1939, de David O’Selznick
Rashōmon, 1950, de Akira Kurosawa
Lawrence of Arabia, 1962, de David Lean
Il Gattopardo, 1963, de Luchino Visconti
Lincoln, 2012, de Steven Spielberg

Noir

Out of the Past, 1947, de Jacques Tourneur
Touch of Evil, 1958, de Orson Welles
The Hustler, 1961, de Robert Rossen
Chinatown, 1974, de Roman Polanski
Blue Velvet, 1986, de David Lynch
Carlito’s Way, 1993, de Brian De Palma
La caja 507, 2002, de Enrique Urbizu

Bélico

All Quiet on the Western Front, 1930, de Lewis Milestone
La battaglia di Algeri, 1966, de Gillo Pontecorvo
Apocalypse Now, 1979, de Francis Ford Coppola
Ran, 1985, de Akira Kurosawa
The Thin Red Line, 1998, de Terrence Malick

Comedia

The Ladykillers, 1955, de Alexander Mackendrick
Plácido, 1961, de Luis García Berlanga
El verdugo, 1963, de Luis García Berlanga
Life of Brian, 1979, de Terry Jones

Western/Survival

The Wild Bunch, 1968, de Sam Peckinpah
Pat Garrett and Billy the Kid, 1973, de Sam Peckinpah
Unforgiven, 1992, de Clint Eastwood
Shi mian mai fu, 2004, de Zhang Yimou
The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, 2007, de Andrew Dominik

Musical

West Side Story, 1961, de Robert Wise
Aladdin, 1992, de John Musker y Ron Clements
The Nightmare Before Christmas, 1993, de Henry Selick

Estándar
ARTÍCULOS

Realidad & Ficción

Recientemente he tenido varias conversaciones, que han surgido de manera espontánea, acerca del carácter dual y de la dialéctica que se establece siempre entre realidad y ficción, dos conceptos, dos mundos antagónicos pero complementarios que dan lugar a más errores de forma y fondo de los que a veces podemos imaginar. Y también recientemente leí cierta cita de Cortázar en la que afirmaba que no hay diferencia entre lo tangible y lo intangible, entre realidad e ilusión.

Más allá de las ideas de cada cual, que luego nos vamos a ver obligados a defender o a sostener si no queremos quedar como verdaderos imbéciles, lo cierto es que algunas cosas resulta difícil sostenerlas, por una parte, y que ese tipo de argumentaciones, si argumentaciones se les puede llamar, son un indicativo muy poderoso del mundo en que vivimos y del estado de las cosas. Yo, en lo que me toca, voy a intentar dejar aquí por escrito cuáles son las mías, y voy a hacerlo con ejemplos concretos, que siempre vienen bien.

Confundir realidad y ficción, hacerlo de manera patológica, es algo que solamente hacen personas con serios problemas psicológicos. Pero confundirlos de manera filosófica, es decir, de manera intelectual, como una idea revolucionaria o idílica, es algo aún peor, que bajo mi punto de vista es digno de gente muy ignorante o que no ha reflexionado lo suficiente. Comprender la ficción como lo que verdaderamente es, un espejo de la realidad, es esencial no solamente para poder conocerla mejor, sino para vivir en este mundo de una manera más eficiente, creo yo. La fantasía, la ficción, es un fenómeno de la psique humana con la que poder no ya evadirnos, que dirían muchos, sino simplemente soportar la mera existencia, que sin ficción carecería aún más, si cabe, de sentido. Construimos ficciones para entendernos mejor y para tener herramientas con las que afrontar la realidad, no porque la ficción sea una realidad efímera u oculta. No lo es, no puede serlo. La línea que divide realidad y ficción está ahí para algo: para no volvernos locos, para poder vivir con un poco de sensatez. La ficción, además, parte de la realidad, y no al revés. La ficción se crea desde la realidad, no la realidad desde la ficción.

A veces he dicho, parafraseando a Viñó, que la ficción «es una segunda realidad». En efecto lo es, una segunda, pero no una primera. Nos parezca bien o mal, nos joda más o menos, esta es nuestra realidad y no hay otra. Parte del proceso de convertirnos en personas adultas e inteligentes, consiste en comprender la realidad como es, no como se quiere que sea. Para los impulsos secretos e inconfesables, para las neurosis compulsivas, para los sueños y las pesadillas inalcanzables, está la ficción, y está bien que así sea.

Recuerdo que cuando fui a ver ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit, Zemeckis, 1988) yo era aún muy niño. No tenía ni diez años y ese mundo de animación, esa escenografía y esos personajes tan extremos me parecieron lo mejor que yo podría ver jamás. Tal como sucede en la película, yo quería que los dibujos animados, los «dibus» como allí los llaman («toons» en inglés), también formaran parte de «nuestra» realidad, del mismo modo que es parte de la realidad del personaje interpretado por el gran Bob Hoskins. Quería a todos los personajes de la Marvel, de Disney y de lo que hiciera falta, campando a sus anchas por nuestras calles, y quería un lugar como «Dibuliwood» («Toon Town» en su versión original) donde ir a perderme. Y cuando me di cuenta, lo recuerdo bien, de que tal cosa no podía ser posible, me puse muy triste. Pero algunos años más tarde lo pensé bien: no me gustaría que los dibus y un sitio como Toon Town pudiera existir. Había algo siniestro en ellos y la película se encargaba muy bien, y de forma muy sutil, en hacérmelo saber.

La ficción suele ser muy atractiva y adictiva, pero en ella reside el germen que ha de convencernos de que no es un mundo habitable por nosotros. Por muy interesante y fascinante que nos parezca el mundo de ‘The Walking Dead’, ‘Futurama’, ‘Bram Stoker’s Dracula’, ‘Dogville’, ‘Snowpiercer’ o ‘La princesa Mononoke’, no nos gustaría vivir en ese mundo. Nos atraen, precisamente, porque no podemos entrar en ellos. Si pudiéramos la cosa sería muy distinta, y lo sabemos. Los personajes de esas series o esas películas nombradas viven en un infierno, y vivir en un infierno no le gusta a nadie. Si tanto les gustaría a algunos vivir en una de esas ficciones, les recomiendo darse una vuelta por Libia, por Palestina o por Ucrania, y que luego vengan a contarnos… si es que son capaces de volver. La fina línea que nos separa de esas ficciones es la que nos permite verlas. Si no hubiese línea no querríamos verlas, sino huir de ellas. Es por tanto, éticamente hablando, esencial que las ficciones no se muestren a sí mismas como un mundo en el que quizá debiéramos vivir, sino que nos muestren ese horror o ese carácter siniestro de la manera más descarnada posible, para que podamos vivir mejor nuestra realidad. No hay más, ese es el truco.

Who Framed Roger Rabbit es tremendamente fascinante, pero también terriblemente oscura, violenta y cáustica. El garbeo, breve pero intenso, que se da Valiant por las calles de Toon Town es bien explícito al respecto: el hombre está perdido, a merced de criaturas sádicas que no comparten su mortalidad, y solamente es capaz de salir de allí porque conoce sus reglas, pero termina huyendo porque en esa ficción no puede vivir sin volverse loco o terminar muerto. Es fundamental (mucho más de lo que parezca) entender que la ficción se rige por normas muy distintas a las de nuestra realidad. Que en una serie llamen marica o negro a un personaje, algo que suele pasar, no significa que la serie sea racista, sino que precisamente está criticando que alguien haga algo como eso. Que una serie vaya sobre un asesino machista, no significa necesariamente que sus creadores crean que está bien andar por ahí haciendo pedazos a las mujeres. Bien podría ser el caso, pero para eso están las reglas de la propia ficción, para dejar clara la postura de su creador. No se le pueden pedir responsabilidades a la ficción, o a un personaje de la ficción, del mismo modo que haríamos con uno real. Solamente se le debe pedir una: que sea coherente en sus partes. Que el juego que establece sea férreo y honesto consigo mismo hasta el final.

Y al espectador sólo se le puede pedir una cosa: que sepa distinguir, que posea la madurez y la inteligencia suficientes como para no engancharse ni creerse lo que ve en pantalla o lee en un libro. Nada puede sustituir a la realidad, la cruda realidad, y en el fondo es bueno que así sea.

Estándar
CINE, Vídeos

Miscelánea de vídeos (3): F. F. Coppola

Como dentro de pocos días vamos a hacer un nuevo programa de Viajeros de la noche, que además va a ser el primero de una serie sobre F.F. Coppola, me dan ganas de hablar del maestro a todas horas… pero lo mejor es que le dejemos hablar a él, que lo hace mejor que nadie, y por eso he decidido que este nuevo capítulo de miscelánea de vídeos, esté dedicado a su figura.

Por ejemplo con esta entrevista en la que habla un poco de la futura (se filma este año) Megalópolis:

O el reciente homenaje a los 50 años de El padrino:

Pero vayamos más atrás, vayamos a algunas charlas esenciales, como esta sobre Apocalypse Now con Roger Ebert en Cannes:

O esta del Director Guild of America sobre el impacto de su cine, con gente tan magnífica como Paul Thomas Anderson, con quien tiene unas palabras muy interesantes:

O su discurso al recibir el Princesa de Asturias:

Pero para terminar nada mejor que este magnífico documental español sobre su obra y legado:

Que lo disfruten…

Estándar
ARTÍCULOS, CÓMIC, CINE, LITERATURA, MÚSICA, TELEVISIÓN

No solo de Cine se puede vivir

Algo de lo que me he dado cuenta después de tantos años en las diferentes escuelas de Cine a las que fui (alguna mejor que otra…), después de tanto escribir, de hacer cortometrajes, de charlar a todas horas sobre Cine y Literatura, después de ponerme en serio con lo de ser novelista, y ahora que estoy con el Canon de Series y con Viajeros de la noche, es que muchos que creen que «saben mucho» de Cine, independientemente de que tal cosa sea cierta o no, son bastante soberbios, y que la mayoría de ellos únicamente ven películas, una tras otra, y poca cosa más. Es decir: son unos analfabetos de manual.

A lo largo de los veinte últimos años de mi vida no puedo enumerar cuántos tipos (sobre todo varones, es lo que tiene la testosterona…) me han dado la vara con cuántas miles de películas han visto, con cuánto saben de eso que ellos llaman «el séptimo arte», y por tanto los extraordinarios cinéfilos que son. Basta que yo abra la boca sobre alguna película en cualquier debate, para que surjan dos o tres de esos y luego no me dejen en paz (a veces durante años…), insistiéndome en que se han visto prácticamente todo lo que se ha hecho en Cine, algo prácticamente imposible teniendo en cuenta la producción anual de películas. Se parece a eso de que mi coche es más grande y más potente que el tuyo, es decir a una sustitución neurótica del tamaño del pene. Pero, claro, luego hablas con ellos más allá de las cuatro o cinco cosas que dicen dominar, y casi siempre te las tienes con un adolescente disfuncional, a veces de cuarenta o cincuenta años…

Lo cierto es que no sólo de Cine se puede vivir, y si de verdad quieres conocer a fondo el Cine no te queda otro remedio que conocer de bastantes cosas más. Algunos un poco más avispados se empapan de la semántica y del lenguaje cinematográfico y bueno, pareciera que tienen algo que en realidad no tienen, pero lo cierto es que a menos que tengas conocimientos por lo menos básicos de Literatura, Teatro, Poesía, Fotografía, Pintura, Música y Arquitectura, lo llevas más bien crudo. En realidad, todas las artes se alimentan unas de otras, y por mucho que te hayas visto en tu vida 16.000 películas, si apenas lees y si no tienes nociones de bellas artes, te quedas (como se quedan el 99%) en un friki, un fanático que no sabe muy bien de lo que habla. Las tres artes más abstractas (la Literatura, la Música y el Cine) se vampirizan unas a otras, en mayor o menor medida, mucho más de lo que pudiera parecer, y cuando alguien se pone a hablar o a escribir sobre una película, queda meridianamente claro, y con gran rapidez, qué tipo de lecturas y qué tipo de música son las que habitualmente lee o escucha… si es que lee o escucha algo.

Sin embargo no es necesario conocer el Cine, siquiera tangencialmente, para conocer la Literatura y la Música, y ese es uno de los no pocos indicios que nos hacen sospechar que son artes mucho más desarrolladas que este por el que tantos escriben y hablan y están obsesionados. Además, ver 2.000 películas es relativamente fácil, pero no así leer 2.000 libros.

Lo que yo siempre, ingenuamente, espero (por mucho que algunos piensen que no digo la verdad en esto) es encontrar interlocutores válidos, con los que poder hablar y quizá aprender, pero eso no es fácil según uno va cumpliendo años y va a acumulando bagaje. Y no me refiero ya a ese vertedero intelectual y moral que es Twitter, sino en el día a día, en nuestras interacciones sociales. Pareciera que todo es una competición a ver quién vio la película más rara o el libro más inclasificable, en lugar de compartir conocimientos, o de llegar a hechos consumados. Por eso me gusta hablar con mis compañeros de Viajeros de la noche, porque creo que no vamos de sobrados, sino que indagamos lo mejor que podemos en aquello sin lo que no podemos vivir… y nunca es sólo Cine, también series, cómic, Literatura, Música, videojuegos… lo que sea. No hay tiempo para nada y los años pasan volando sin que uno se entere, pero el poco tiempo disponible no puede dedicarse solamente al Cine, por mucho que nos vuelva locos…

Estándar
CINE

Postureo Cool vs. Pedante Gafapasta

Se está librando estos días, puede que desde hace ya bastantes años, una batalla sin cuartel en las redes sociales e incluso en la calle, cuyo mayor y más cruento campo de batalla es Twitter. Es algo digno de ver (bueno, en realidad, no lo es… pero sí es algo digno de contar). Los dos bandos contendientes pugnan por la supremacía de ver quién ofrece más y mejores argumentos o más y mejores insultos, y la cosa parece que tiene un ganador claro. De un lado del ring tenemos a los más numerosos, los que van ganando de lejos la contienda, porque tienen a las grandes corporaciones de su parte, y los que utilizan medios más, digamos, navajeros: los del Postureo Cool (en adelante los PC). Del otro lado del ring los únicos que defienden posturas más racionales, los que intentan valorar las cosas en su justa medida, los que exigen un Cine y una Literatura verdaderas, a la altura de los tiempos y de su propio nombre, y que han sido bautizados con el nombre de Pedantes Gafapastas (en adelante los PG).

Los PC son como niños pequeños que se creen que han venido los PG a quitarles sus juguetes. Son personas con algunos conocimientos (sólo algunos) y cierta educación (cierta, nada más), que se han sentido invadidos, atacados por los PG, desde hace mucho tiempo, y de ahí sus ataques virulentos, sus dentelladas y sus rabietas infantiles. Los PG, por su parte, son personas generalmente con preparación académica y/o profesional, que suben el listón de las cosas, que no se conforman con el Cine y la Literatura que desgraciadamente nos ha caído encima, y que esgrimen su pensamiento crítico para intentar cambiar las cosas. Todos los días, en Twitter, soy testigo del combate dialéctico entre unos y otros. He observado hordas de cien, doscientos o mil PC acosando a dos o tres PG porque estos habían dicho que el Cine o la Literatura populares no son tan valiosos como las obras de arte. He sido objeto y testigo de ataques furibundos, de insultos, de denigraciones, incluso de amenazas de muerte. Ríete tú de la guerra ruso-ucraniana. En Twitter no hay sangre (que yo sepa) pero las toneladas de veneno, bilis y toxicidad lo hacen irrespirable la mayoría de las veces que te lanzas «a hablar» con la gente.

Y como a mí de lo que me gusta hablar es de libros, de películas, de eso que llaman cultura (aunque no lo es, pues la cultura es otra cosa), de arte (de arte más exigente y de arte pop) pues me meto en la refriega en no pocas ocasiones, y del otro lado del ring nos asaltan los del PC con sus insultos mucho más elaborados que sus argumentos… y todo para decir que los que buscamos algo más que divertirnos en el cine somos unos «gafapastas» o unos «pedantes», como si con eso se zanjara la cuestión. El otro día, tratando de hacer entrar en razón (misión imposible) a una serie de tuiteros que se creían muy ingeniosos e inteligentes, me sacaron a colación, para sostener la inanidad de sus argumentos, nada menos que las tablillas sumerias y la mecánica cuántica. Ahí es nada. Ante eso, ¿qué se puede decir? Nada, simplemente elogiar el enorme esfuerzo por justificar lo injustificable.

Pero hagamos un pequeño compendio, si es que el calor de Madrid no me ha achicharrado las pocas neuronas que me van quedando. Veamos las armas y posturas de cada cual:

Postureo Cool

Música clásica: me duermo
Cine artístico: para pedantes y listillos
El que me lleve la contraria es un capullo
El que me dé la razón sin más es mi amigo
No necesito argumentos, sólo insultos
El director y el novelista están ahí para divertirme
El arte es para disfrutar
Decir que somos una generación fracasada es insultar a todos los niños del mundo

Pedante Gafapasta

El arte es algo más que diversión y disfrute
Dialogar y debatir es crucial para desarrollar ideas
Si no estamos de acuerdo no somos enemigos
Pensar igual no significa que tengamos razón
Lo más difícil es tener un sólo argumento
El artista no es un bufón a mi servicio
El arte no hace el mundo mejor pero nos ayuda a vivirlo
Sin pensamiento crítico somos un fracaso

Ahora bien, muchos a los que llaman «pedantes gafapastas», por mucho que defiendan ideas mucho más constructivas, arriesgadas y valientes que los PC, también caen en insultos gratuitos, en el fanatismo ciego y en la adoración un tanto boba a supuestos iconos artísticos… en otras palabras: tampoco ayudan mucho. Ya que somos unos pedantes y unos gafapastas, hagamos las cosas bien, ya que ellos son una panda de vociferantes, de devoradores de narrativa-basura, no bajemos a la arena con ellos. Que con su pan se lo coman. Nosotros estamos en la obligación de poner sobre la mesa inteligencia, buen gusto y conocimientos, no actitudes de macho alfa adolescente.

Y dicho esto… voy a ver si Filmin funciona un poco mejor que ayer.

Estándar
ARTÍCULOS, CINE

La aventura desaprovechada

¿Qué ha hecho el subgénero de aventuras para verse relegado, en casi todas sus manifestaciones, a un divertimento para chavales de seis a doce años? Y yo no digo que no deban hacerse películas para ese rango de edad…supongo que hay que hacer todo en este mundo. Pero que todo sea así es para tirar la toalla. Y todo esto, claro, tiene que ver, con la enésima «aventura jurásica»…

¿A quién no pueden fascinarle los dinosaurios? Seres enormes (no todos, pero sí muchos de ellos) que vivieron hace millones de años y que fueron los vertebrados terrestres dominantes durante la friolera de ciento quince millones de años. Cualquiera con un poco de imaginación, siquiera residual (de esa con la que te evades de lo cotidiano) se habrá imaginado alguna vez cómo tuvo que ser ese mundo. ¿Y a qué amante de las aventuras y de los relatos de supervivencia no le apetece verse en ese marco en el que somos poco más que seres diminutos en comparación con colosos que valiéndose de un solo gesto te arrancarían la cabeza, en el que poder vivir en un entorno fastuoso, de vegetación y fauna exuberantes? Los dinosaurios son el monstruo definitivo en cierto sentido… porque existieron de verdad, y no hay límite a la hora de fabular una ficción, por lo que no hay motivo para no emplearlos siempre que sea posible.

Tampoco había motivo para convertirlos en una barraca de feria.

En su sexta aparición dentro de esta extraña saga que está siendo la que inició Steven Spielberg allá por 1993, y que ha conocido continuaciones en 1997 (todavía dirigida por él, pero ya la última), 2001, 2015 (en una especia de reboot, o recapitulación…), 2018 y 2022, la que ahora nos ocupa, la cosa ha ido de mal en peor por la sencilla razón de que cuando pones el listón muy bajo, y la cosa funciona, y existen muchísimos espectadores que van a ver en masa tu película, que además se convierte en una película «de culto» e incluso en una obra maestra para personas que incluso presumen de su exigencia, pues para qué vas a subirlo. Para nada. Lo mejor es dejar las cosas como están. ¿A quién le importa la verdadera aventura? ¿A cuatro frikis que se criaron leyendo ‘La espada salvaje de Conan’ o los cómics de Richard Corben? ¡Que les den morcilla y que vengan los niños (pequeños y adultos a mí) que aquí lo que importa es hacer caja a base de pasmosos efectos especiales (de esos que se quedan atrasados a los dos o tres años) y de guiones y personajes inverosímiles y/o directamente bobos, que no es cuestión de arriesgar una inversión millonaria y los ejecutivos de los estudios tienen que pagarse sus yates y sus vicios…

Que un talento como Spielberg, capaz de hacer maravillas en ‘Jaws’ (1975), se propusiera en 1993 convertir el cine de aventuras y supervivencia en un videojuego, no es óbice para que otros lo intenten también. Talento a raudales a disposición de la gran maquinaria hay de sobra, pero talento capaz de pasar de todo eso y de hacer un relato consistente y fascinador, al parecer muy pocos. Ahí queda Genndy Tartakovski con su portentosa ‘Primal’, en la que obtenemos un relato mudo perfectamente trenzado en el que un ser humano primitivo y una bestia de más de cuatro metros de alto establecen una improbable amistad. ¿No queríamos dinosaurios? Pues ahí tenemos esa maravilla animada, que nos plantea un mundo remoto absolutamente hipnótico, denso y creíble, en el que sentimos ese extrañamiento capaz de causarnos escalofríos porque sospechamos que así, más o menos, era este desgraciado planeta Tierra hace millones de años. Y si no tenemos ganas de ver series, podemos leer cosas fabulosas como el nunca suficientemente recomendado ‘Rip: Tiempo atrás’ (lo comentamos en el último Viajeros de la noche), del recientemente fallecido (¿ustedes se enteraron? yo tampoco) Richard Corben, en el que una vez más ofrecía una magistral paleta de blancos y negros emulsionados por él mismo, y un grafismo sencillamente espectacular con el que parece que estamos viendo una puta película de la perfección visual que nos regalan.

Y habrá más ejemplos, seguro, con los que escritores, dibujantes y cineastas no pretendan tomar al respetable por una panda de adolescentes ávidos de aventuras vacías. Pero, oigan, que no podemos dejar que el Cine se extinga. Hay que ir a ver grandes estrenos comerciales. Y por eso cumpliré 73 años y seguirán estrenando películas de la saga jurásica.

Estándar
ARTÍCULOS

Infiernos y narrativas: La III Guerra Mundial (II)

El ciudadano medio cree que está informado, que sabe lo que sucede, leyendo la prensa y viendo el telediario. Algunos incluso se toman la molestia de leer varios periódicos de (en teoría) dispar signo ideológico, y varios telediarios, incluso aquello que generalmente no les agrada, por eso de conseguir una mayor pluralidad de pensamiento y tal. Y así, creen que están informados de lo que sucede en cuestiones como la guerra en Ucrania, la economía y otras cuestiones que nos afectan todos. Desgraciadamente, no basta con eso.

El otro día tuve un aburrido «rifi-rafe» con varios tuiteros (todos muy listos y muy defensores de la libertad de expresión y de su derecho a disfrutar de cine-basura y de best-sellers-basura, mientras insultan, atacan y denigran a todo el que piense diferente a ellos y les demuestre lo equivocados que están) en los que unos pocos insistimos en la necesidad de un pensamiento crítico. Ese pensamiento crítico no solamente va a ayudarte a dejar de pensar que el Cine y la Literatura están ahí para divertirte, sino a dejar de vivir en la niebla. Porque vivimos en la niebla, todos nosotros.

El que crea que vive en un mundo libre, no tiene ni idea de lo que dice.
El que crea que la justicia prevalece y el bien al final triunfa, languidece en un cuento de hadas.
Porque estamos en el peor de los mundos posibles.

Creemos que vivimos en una sociedad libre, en la que podemos elegir nuestro futuro, nuestra identidad y nuestro estilo de vida. No es cierto. Desde luego no en las geografías más devastadas del planeta, pero tampoco aquí, en el mundo libre. Ni siquiera en un país que se considera una democracia, como España. España ya no existe. Hace mucho que dejó de existir. No tenemos la soberanía para tomar nuestras propias decisiones como país. Como mucho, la decisión de elegir un gobernante que al final se parece bastante a otros que hemos tenido y que acaba haciendo las mismas cosas que hacen otros en otros países de Europa. Porque Europa tampoco existe. Europa es ya la OTAN: un brazo obediente, armado y sumiso de los EEUU. Y el que piense otra cosa, insisto, vive en un cuento de hadas. En materia económica dependemos de Bruselas, y en materia geo-estratégica, dependemos de EEUU. Ellos deciden y nosotros acatamos. En el supuesto caso de que queramos «desmarcarnos» de ello, salirnos de la OTAN, decirle que no a los abusos de Bruselas, enseguida nos castigarían de tal manera que sería peor aún que este vasallaje humillante: entraríamos en la lista negra de países díscolos, nos calificarían de comunistas (sin serlo, como le pasa a Rusia, China y tantos otros), nos arruinarían y harían de nuestra existencia un infierno. País democrático y libre, sí claro….

Lo que está teniendo lugar desde los años ochenta es una III Guerra Mundial encubierta, ni más ni menos, y no soy el único que lo piensa. Tras el desastre global de la II Guerra Mundial, las conflagraciones ya no van a ser (hasta que no quede otro puto remedio) las mismas de antes. Ya no van a tener lugar grandes movimientos de tropas, tanques y tiroteos y explosiones, por lo menos de la misma manera y con los mismos tiempos de antes. Ya lo dijo George Carlin: «los nazis fueron vencidos, pero el fascismo triunfó». Es una gran verdad. El fascismo se ha adueñado de EEUU, que está dispuesta, incluso a cargarse este puto planeta, para conseguir dominarlo y poseerlo sin la menor oposición. Pero enfrente tiene a Rusia y China, entre otros, que no se lo van a poner tan fácil. Por eso ataca a sus aliados (Yugoslavia, Turquía), por eso crea el ficticio estado de Israel (otros fascistas), por eso oprime a los países más pobres del mundo y forma alianzas dudosas, derriba líderes, crea pobreza, origina inestabilidad económica y energética, presiona de manera criminal a sus adversarios… todo esto blanqueado y maquillado por nuestros medios de comunicación, incluso los más progresistas, porque ellos son los malos y nosotros los buenos. El adoctrinamiento ha vencido, y el Gran Hermano nos vigila, amigos y amigas. Y si no se lo creen, no se lo crean.

Si de verdad estuviésemos en un mundo justo, que buscara el bien de todos, que respeta la declaración de Derechos Humanos, lucharíamos, todos, contra regímenes totalitaristas, que oprimen a las mujeres y a las minorías, lucharíamos contra aquellos que quieren controlar los recursos, haríamos lo indecible para ayudar a países como Palestina, Cuba, el Sáhara, Haití… Pero claro, para hacer eso tendríamos que luchar contra el mismo Estados Unidos, y contra la OTAN. Y no sé a qué estamos esperando para hacerlo. Y si es lo último que hacemos, al menos habremos hecho alguna cosa honesta y valiente en nuestras irrelevantes vidas.

Pero no lo haremos, claro que no. Seguiremos viendo el fútbol, y leyendo novelas idiotas, y enganchados a malas series, sin el mejor pensamiento crítico. Eso se nos da de lujo. Aprovechemos todo lo que nos ofrece la burbuja antes de que estalle. Y estallará, tarde o temprano, y tendremos que elegir bando.

Estándar